Título: Broken memories. Capítulo 7: Diamond in the rough.
Rating: PG-13.
Pareja: Boone/Shannon.
Resumen: Las manos de Boone temblaban cuando finalmente consiguió liberarse. Haciendo caso omiso de las náuseas, pero acordándose en un último instante de lucidez del cuchillo, abandonó corriendo el claro. Saltando troncos caídos, atravesando la maleza y guiándose por la aterrorizada voz de su hermanastra, cruzó la jungla mientras hacía algo que llevaba siglos sin hacer: rezar.
Advertencias: puede contener spoilers.
Disclaimer: ninguno de los personajes de Lost, ni la serie, me pertenecen, lo cual es una pena.
Dejar reviews adelgaza.
Boone recuerda la vez en que, estimulado por la droga de Locke, creyó que Shannon había muerto y el sentimiento que le invadió, sentimiento que le perseguiría hasta el final de sus días.
Alivio.
Recuerda que, cuando abrió los ojos, todavía atado al tronco del árbol, se encontró rodeado de exuberante jungla por todas partes. El reflejo plateado del cuchillo brillaba, colocado con extrema precisión justo fuera de su alcance. Cerró los ojos de nuevo y los apretó con fuerza con la esperanza de que, al volver a abrirlos, todo habría desaparecido.
Por supuesto, eso no sucedió.
Fue entonces cuando oyó el primer grito de Shannon, procedente del otro extremo de la selva. Su mente comenzó a funcionar con desesperada normalidad, uniendo cabos, tomando decisiones.
De pronto, la distancia que lo separaba del cuchillo era corta, un mero obstáculo demasiado fácil de salvar.
Se abalanzó sobre el arma y trató de cortar la cuerda que mantenía ligadas sus manos con exasperante lentitud. En su mente, los gritos de Shannon seguían reproduciéndose en bucle, llegando a formar uno único y desgarrador, garantía de que estaba sufriendo las más exquisitas torturas.
Las manos de Boone temblaban cuando finalmente consiguió liberarse. Haciendo caso omiso de las náuseas, pero acordándose en un último instante de lucidez del cuchillo, abandonó corriendo el claro. Saltando troncos caídos, atravesando la maleza y guiándose por la aterrorizada voz de su hermanastra, cruzó la jungla mientras hacía algo que llevaba siglos sin hacer: rezar.
Rezaba para que Shannon no parase de gritar porque, si lo hacía, sólo podía significar una cosa, y Boone no estaba dispuesto a aceptar esa posibilidad. No entonces.
Los chillidos se intensificaron cuando él, surgido de entre los arbustos, la encontró, para ser automáticamente sustituidos por un suspiro de reconocimiento. Todavía temblando y ayudándose del cuchillo, desligó las cuerdas que sujetaban a Shannon al árbol y soportó su mirada escrutadora e inquisitiva.
Pero no pudo aguantar el dolor en su voz cuando le preguntó por los motivos de Locke. No pudo evitar contárselo todo; la escotilla, la razón por la que nunca traían jabalíes al campamento, las sospechas de Locke. Las suyas propias.
Y entonces, recuerda Boone, el monstruo. Un ruido tremendo y escalofriante, como si un gigante estuviese zarandeando toda la isla, arrasándolo todo a su paso, y luego sus pisadas, corriendo como alma que lleva el diablo. Dos pares de pisadas, y de pronto sólo uno.
- ¡Shannon¡Shannon!
La buscaba ciegamente, se autoconvence ahora Boone, con la desesperación rebosando por todos y cada uno de los poros de su piel. Y por fin la encontró, junto al riachuelo, desmadejada como una marioneta a la que su titiritero privó cruelmente de hilos y, por tanto, de vida.
- ¡Shannon!
Ahora, en los últimos minutos de su existencia, Boone recuerda que los cinco metros que lo separaban de su hermanastra moribunda se le hicieron eternos. Los cubrió lo más deprisa que pudo, y aun así llegó demasiado tarde. La sostuvo entre sus brazos, y su peso era ligero como el de una pluma, y sus ojos estaban empañados, enfocados en algo que él no podía ver.
- Shannon… Shan… -todavía puede oír el tono de súplica que impregnó su susurro, cómo desenterró la abreviatura que usaba en tan contadas ocasiones y el modo en que ella respondió con un suave gemido, como si estuviera rota por dentro. Boone le acarició la delicada piel del rostro cubierto parcialmente de sangre, y le apartó un mechón de pelo rubio que le caía incómodamente sobre la frente.- Shan, Shan, no te mueras. No te mueras, por favor. No, Shan, no…
Boone cierra los ojos y rememora para deshacerse del dolor esa débil sonrisa que consiguió esbozar Shannon mientras se le escapaba el último aliento. En realidad no importa que todo fuera una enorme alucinación provocada por el ungüento que Locke le había puesto en el cráneo; lo que en realidad importa es que las últimas palabras de la visión de su hermanastra sonaron muy parecidas a 'Te quiero, Boone'.
Y eso reconforta a Boone mientras alza los párpados, pegados por restos de sangre seca, y le dice a Jack con voz ahogada que no lo haga, que no le corte la pierna, que no servirá de nada. En los últimos minutos ha afrontado su pasado y ha saldado todas las cuentas que tenía pendientes, excepto una. Así que levanta la cabeza, sintiendo la agonía del dolor clavándosele como un hierro al rojo vivo, y busca con la mirada a Shannon, ella es lo único que lo retiene todavía aquí, pero no la encuentra.
- Dile a Shannon… -empieza, porque de repente la verdad cae como una losa sobre él y se acuerda vagamente de que debe de estar con Sayid.- Dile a Shannon que…
- ¿Qué, Boone? –nota la cálida presencia del médico a su lado, tocándole el hombro con la mano como para infundirle fuerza o algo así. Boone permite que una sonrisa le surque velozmente el rostro y luego ésta se desvanece junto con su hilo de voz.-
- Que…
Jack se muerde el labio inferior para controlar las lágrimas, pero no lo logra. Se encuentra frente al cuerpo sin vida de Boone y no es el primer paciente que se le muere, pero sí, piensa con amargura, el primero en la isla. Alarga la mano y le cierra los ojos mientras traga saliva y siente un picor que se le hace ajeno, extraño tras las retinas.
Se pregunta, en medio de la confusión post-óbito, qué debería decirle a Shannon. Probablemente un 'Dijo que te quería', aunque no la hiciera feliz, sería lo más adecuado.
Pero cuando la ve caminar a lo largo de la playa, cogida de la mano de Sayid, riendo como una colegiala en su primera cita, no es capaz de reunir el valor necesario. Su actuación se circunscribe a un par de líneas musitadas de corrido, cuanto más rápido mejor, como si así la pena causada fuera a ser menor, y pasa a entregarle el protagonismo a Shannon, reina del drama por excelencia.
En el fondo, ella ha nacido para ese papel, piensa Jack mientras la observa alejarse hacia el lugar donde Boone reposa para siempre, pero no en paz.
