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15. Friné Brakys

"Nereidas:

Según la mitología griega las nereidas son las ninfas del mar, viviendo en sus profundas aguas la mayor parte del tiempo, se cree que en algunas ocasiones emergían a la superficie para ayudar a marineros en problemas.

Según varias descripciones de los antiguos griegos las nereidas poseían un cuerpo recubierto de escamas y en ocasiones tenían forma de pez, similares a las maravillosas criaturas que en la actualidad conocemos como sirenas y tritones.

Suponemos que, si existen,…"

Bla, bla, bla… ¿para qué seguir leyendo? Lo que ella buscaba no lo encontraría allí, más bien no lo encontraría en ningún lado de esa inservible biblioteca.

Un suspiro cansado salió de sus labios sin que ella pudiera siquiera pensar en retenerlo. Ya llevaba un mes y medio rebuscando en aquella biblioteca y no encontraba nada.

Estupidos magos incultos¿qué creían¿Qué las sirenas y los tritones son los únicos seres mágicos acuáticos que existen? No, claro que no, existen mil y un seres que los magos no se molestan en descubrir y mucho menos analizar. Pero claro, las ninfas también tenían la culpa¿por qué rayos eran tan desconfiadas?

Otro suspiro involuntario escapo por sus labios casi sin darse cuenta.

Resumiendo todos sus grandes descubrimientos¿qué había conseguido?... Nada, absolutamente nada, solo un crónico y progresivo dolor de cabeza y unas ganas de matar a alguien lenta, muy lentamente.

Cerró los ojos y se recostó en la silla con gran cansancio. El tiempo se le acababa y si no encontraba alguna manera de despistar a sus padres todos sus planes se irían por el caño, casi literalmente hablando.

Malditas leyes inútiles, estupidas prohibiciones y tontas ninfas.

Si tan solo consiguiera una biblioteca antigua… o tal vez pudiera consultar algún oráculo… no, la segunda opción quedaba descartada, para presentarse a un oráculo tendría que hacerlo con su verdadera figura y de este modo facilitaría las cosas a quienes la buscaban.

Otra opción era decírselo a sus amigos… opción descartada¿qué les diría? "Hola chicos, emmm saben, no quería que lo supieran pero yo… yo soy una nereida." Opción definitivamente descartada.

Entonces volvía a la primera, que era conseguir una biblioteca antigua.

¿Y donde conseguía una así?

Andrew poseía una, en esa mansión griega suya… pero para entrar tenía que evadir a las doncellas doradas y "eso" era imposible con I mayúscula.

¿Y por qué no pedirle ayuda al vampiro?

Por que era precisamente eso, un vampiro, un ser, aunque mágico como ella, entrenado para matar, incluso mataban para conseguir su comida. Además este era un vampiro joven, de nada serviría pedirle ayuda si el sabía tan poco como los magos.

¿No podría pedirles ayuda a las doncellas?

No, claro que no, para que ellas pudieran ayudarla tenían que abandonar su labor y para hacer eso debían hablar con Andrew, lo que se traducía en pedirle ayuda al vampiro y volvía a la pregunta anterior, la cual ya había negado.

Resistió los impulsos de comenzar a pegarse la cabeza contra el borde de la mesa hasta quedar inconsciente, eso sería mal visto y alguien podía llegar a pensar que estaba loca… o que los exámenes finales estaban alterando sus nervios.

Suprimió una amarga risa, ojalá fueran solo los exámenes finales lo que la preocupaban…

Se obligó a regresar al problema actual, faltaba bastante para los exámenes y no podría llegar a ellos si no evitaba que sus padres la encontraran.

¿A quién podía pedirle ayuda?... A sus amigos, no, definitivamente no¡ni siquiera sabían su verdadero nombre! Para ellos ella era Elizabeth Taylor, una chica inglesa común y corriente.

¡Oh, Vamos! No era común y corriente, no era inglesa y definitivamente su nombre no era Elizabeth Taylor, ni siquiera comenzaba con la misma letra. Ella era una Nereida, era griega y se llamaba Friné Brakys, ni siquiera era como se veía, su cabello era en realidad rubio no negro y sus ojos eran verdes no negros, pero claro, si quería huir tenía que verse diferente.

Volviendo nuevamente al tema principal… ¿a quién le pediría ayuda? La única persona que conocía su secreto ya poseía demasiados problemas como para afrontar uno más. Entonces, por eliminación, nuevamente solo quedaba el vampiro.

¿Qué tanto podría conocer el vampiro acerca de ese tipo de criaturas mágicas en especial? Además no confiaba completamente en él¿para qué se encontraba allí, en Hogwarts?, al principio había dicho que era por que necesitaba protección, pero ahora él mismo estaba del bando de la oscuridad, ayudando a Voldemort…

Pero por otro lado… según los periódicos el se había auto-proclamado el actual heredero de Merlin. Eso no había dejado de dar vueltas en su cerebro¿sería verdad, o no? Tal vez si lo fuera… después de todo, el chico era "el alma mas pura", el alma "destinada a poseer la mansión griega".

Bien, decidido, después de un mes y medio en la biblioteca lo único que había conseguido era decidir que le pediría ayuda al vampiro.

Eso por un lado, por otro lado también tenía que tomar serias medidas de protección, debería alejarse de sus amigos si no quería que los dañaran, en especial a Remus. Aunque el últimamente actuaba algo extraño, sobretodo cuando estaba cerca de Sirius… y no podía dejar de notar que varias veces al día desaparecía justo al mismo tiempo que Sirius.

No era ilusa, sabía perfectamente que Remus la engañaba con Sirius… Oh dios, que irónico resultaba esto. Y todo era por ese vampiro, pero bueno, no podía culparlos, ellos eran "pareja" después de todo, y con pareja se refería a la pareja destinada a los seres mágicos, cada ser mágico tenía una pareja destinada exclusivamente para ellos, así como la de Remus era Sirius y la de Andrew era Tom por lo que podía ver. Ella aun no había encontrado la suya, pero esperaba encontrarla pronto, a menos que quisiera que sus padres le designaran un pretendiente.

Ah, pero para designarle un pretendiente primero debían encontrarla. Sonrió divertida¿cuánto podría haber pasado? Una hora, dos quizá, y había vuelto al principio, justo a la parte en que debía conseguir escapar de cualquier modo posible.

Se levanto de su asiento con un grácil y elegante movimiento, apiló ordenadamente los libros y se encargó de ponerlos en su lugar correspondiente en las diversas estanterías.

Una vez terminada esa labor volvió a la mesa, recogió sus cosas y se marchó de la biblioteca.

Al salir choco con alguien y ambos cayeron al piso, ella arriba de él, obteniendo un gruñido por parte del pobre chico aplastado.

- Lo lamento. – musitó ella parándose de un salto y tendiéndole una mano para ayudarle a levantarse.

Regulus Black, desde el piso, fulminó a la chica con la mirada y se paró el solo, rechazando la ayuda que la chica le ofrecía.

Intercambiaron unas miradas que destilaban odio e indiferencia y siguieron cada cual por su camino.

Liz camino lenta y tranquilamente hacia la sala multipropósito, necesitaba despejarse un poco para terminar de decidir de que manera le diría a Andrew su "situación" y tratar de pensar como y cuando cortaría con Remus.

No tardo mucho en llegar al pasillo en el cual estaba la puerta para entrar a la dichosa sala, encontrándose con que la puerta estaba visible, es decir, había alguien dentro.

Sin importarle verdaderamente quien estaría dentro, ella entró, dispuesta a "compartir" la sala con quien fuese que estuviera allí, pero no se esperaba lo que se encontró. (N/A: oh… me salio la vena morbosa, cuidado gente)

En un sofá grande, de dos cuerpos (plazas), se encontraban Remus y Sirius, besándose apasionadamente. Furia fue lo primero que sintió Liz al ver esa imagen tan shockeante, luego una especie desconocida de celos, lo cual después paso a ser vergüenza y finalmente resignación y ligera diversión al imaginar unos cuernos saliendo de su cabeza y creciendo hasta llegar al techo (N/A XD).

Cerró la puerta a sus espaldas y se recostó en ella, esa parejita no saldría de allí a no ser que Remus le pidiera perdón de rodillas. Tosió para llamar su atención y en cuanto los dos chicos voltearon a verla enrojecieron tanto que Liz incluso llego a preguntarse si eso no sería malo para su cerebro, tanta sangre acumulada en un mismo lugar podía llegar a ser malo para las pocas neuronas que les quedaban enteras.

Remus era el que peor se encontraba, su arrepentimiento se vería hasta en otro continente y Sirius… Sirius estaba ligeramente arrepentido aunque mas bien avergonzado.

-¿Y bien? – pregunto Liz al ver que ninguno de los dos quería comenzar a disculparse.

- Yo… Liz lo siento. – dijo Remus con tono tembloroso.

La carita arrepentida que tenía su novio y futuro ex novio hizo que se le revolvieran las entrañas y todas las ganas de obtener una buena y divertida venganza se esfumaron así como el anterior enojo que cargaba consigo misma.

- No importa Remus, supongo que lo mejor será que cortemos. – dijo abatida¿es que no podía enojarse con ese chico que la había ENGAÑADO con todas las letras de la palabra? – Pueden seguir con lo suyo. – musito, se dio media vuelta y abandono la sala de los menesteres, aun mas enojada consigo misma de lo que había estado minutos antes.

Lo que tenía que hacer era ver las cosas por el lado positivo, al menos ya había "dejado" a Remus, eso significaba un problema menos en su lista.

Miro a ambos lados del pasillo, dudando hacía donde debía ir, finalmente decidiéndose por ir a buscar a Andrew para ver si podía sacarse dos problemas de en sima en un solo día.

Bajo hasta la entrada de la sala común de las serpientes solo para que Joshua Labaque, el chico que había visto hablar con Andrew en varias ocasiones le dijera que el vampiro estaba en la torre de astronomía, o al menos ahí le había dicho que iba a estar cuando el pregunto.

Maldiciendo a Andrew en un idioma que solo ella y el resto de los de su raza conocía, emprendió el camino hacia la torre de astronomía.

Al llegar, cansada por haber recorrido medio colegio en pocos minutos, se encontró con que Andrew estaba sentado en el piso, en medio del cuarto, flotando a medio metro del piso en posición de meditación. (N/A les juro que no se de donde salen estas ideas)

- Andrew. – lo llamó acercándose algo confundida, no sabía de ningún vampiro que supiera meditar o siquiera que pudieran hacerlo.

El chico no contesto inmediatamente, pero ella supo que la había escuchado por que comenzó a descender lentamente hasta volver a tocar el piso.

De un salto el chico se puso de pie, tenía una enorme sonrisa en su rostro y sus ojos brillaban más de lo normal, con algo de alegría y, si no estaba equivocada, también noto un ligero brillo de tranquilidad, de paz. Paz que ella no tenía y no tendría hasta sacarse de encima todos sus problemas.

- ¿Si? – preguntó Andrew acercándose un par de pasos en pocos segundos, haciendo que ella retrocediera instintivamente. – Lo siento, costumbre. – dijo él disculpándose con una sonrisa al notar que había asustado a la chica.

- Yo… - Liz inspiró armándose de valor. – necesito tu ayuda. – terminó de decir.

Andrew enarcó una ceja de una manera que a Liz le recordó a Lucius Malfoy cuando este aun estaba en Hogwarts.

- ¿En que te puedo ayudar?

- Antes que nada tienes que prometerme que no se lo dirás a nadie. – pidió ella.

Andrew sonrió de lado. – Soy una tumba.

- Podemos, emmm… ¿ir a esa mansión tuya? – pregunto nerviosa, de repente comenzaba a pensar que no era una idea tan buena después de todo.

- Seguro. – dijo Andrew ahora confundido. Adelantándose un par de pasos, esta vez más lentamente para no asustarla, le pasó un brazo por la cintura y desapareció con ella antes de que Liz pudiese siquiera pensar en quejarse.

Ambos se aparecieron en la mitad de la sala de la mansión de Andrew, Liz aferrada a este algo asustada por lo rápido e inesperado de todo eso.

- ¡Maldición¡La próxima avisa antes de aparecerte! – le espetó, separándose de él, aun algo asustada.

- ¿De qué querías hablarme? – preguntó Andrew ignorando lo anteriormente dicho por la chica.

Ella inspiro y expiro un par de veces tratando de calmarse.

- ¿Sabes algo de las Nereidas?

Andrew estuvo pensando por un largo rato hasta que finalmente asintió.

- Si, conocí a una, en realidad conocí a una Limnátide (ninfa que habita en lagos y ciénagas peligrosos), pero se lo que son las Nereidas. – contesto extrañado por la pregunta.

Liz abrió los ojos de par en par, las limnátide eran unas locas, algunas incluso veían tantas muertes en los lugares en los que habitaban que se convertían en asesinas y normalmente si alguien conocía una limnátide no sobrevivía.

- Y ¿sabes si en tu biblioteca podría haber más información acerca de las nereidas? – preguntó comenzando a sentir algo que no había sentido desde hacía mucho tiempo, esperanza.

- Seguramente habrá¿para que la necesitas? – pregunto curioso. – ¿Conoces tú alguna nereida?

Liz negó lentamente con su cabeza.

- Yo soy una. – musitó bien bajo, esperando que Andrew no la escuchara, pero este no era un vampiro por nada y lo escucho a la perfección.

- Vaya… - fue lo único que dijo Andrew en un tono tan seco y neutral que asustó a Liz.

Andrew se quedó en silenció por varios minutos hasta que finalmente esbozó una pequeña sonrisa al captar una parte de los pensamientos de Liz.

- Ven, te mostrare la biblioteca y la parte en la que esta la información acerca de los seres mágicos acuáticos. – dijo y comenzó a caminar hacia la puerta que estaba a la izquierda de la chimenea, la que llevaba a la biblioteca. Liz extrañada lo siguió en silencio, esperando que no se arrepintiera después.

La biblioteca era enorme, podría llegar a decirse que era veinte veces más grande que la de Hogwarts, era una habitación con paredes de tres metros de alto repleta de libros de todos los tipos imaginables, y en medio de la habitación se encontraban algunos sillones color beige dispersos, de manera que le daba algo de vida a la biblioteca que otras no poseían.

Andrew la guió hasta una de las paredes y señalo unas estanterías bastante altas. – Los libros están hasta allá, pero acá tienes la lista – le dio una lista que había aparecido de la nada frente a él. – cuando quieres un libro solo tienes que decir su titulo y el libro vendrá volando hasta ti. – le sonrió de manera amigable y sincera por primera vez desde que pisaron la mansión. – Si necesitas algo solo llama a Selene o a Metis, ellas estarán a tu completa disposición durante el tiempo que estés aquí. En cuanto quieras regresar al colegio solo diles que hagan un traslador.

- ¿Por que lo haces tan sencillo¿Dónde están las preguntas interminables y la desconfianza? – preguntó extrañada de que todo hubiera sido tan fácil.

- Supuse que no querrías preguntas y se que es horrible que desconfíen de ti tus amigos. Ya me ha pasado en algunas ocasiones, en donde después de decir lo que soy mis amigos se alejan o comienzan a tener miedo… Lo hago sencillo por que me parece que tú lo necesitas de ese modo. – dijo en un tono que Liz no supo identificar, dejando de lado su sonrisa por unos minutos para después volver a sonreír. – Además, eres una nereida, no un vampiro o un licántropo. Las nereidas son pacificas… - hizo una pausa y sonrió burlonamente. - la mayoría de las veces. – completó divertido.

Liz no sabía que decir, había supuesto que por ser un vampiro el chico no tendría sentimientos o sería un desgraciado, nunca creyó que podría ser tan considerado y amable.

- Nos vemos mañana en el colegio. – le dijo Andrew sonriendo antes de darse media vuelta, comenzando a caminar hacia la puerta.

- ¡Andrew! – lo llamó Liz, haciendo que el parara y volteara. – ¿Me ayudarías? – le preguntó.

Andrew demoró unos minutos antes de asentir y volver sobre sus pasos, dejándose caer en el sofá más cercano, haciéndole una seña a la chica para que se acercara.

- Comencemos por "Seres Antiguos y sus características".

Dicho libro salió volando desde la estantería, acercándose a Andrew lentamente hasta caer en su falda.

- ¿Y yo? – pregunto Liz leyendo la larga lista sin saber cual de todos elegir.

- "Seres acuáticos extraños". – musitó Andrew ojeando el libro, haciendo que otro libro saliera volando para caer esta vez en la falda de Liz.

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Espero que les haya gustado, lamento haber tardado tanto pero, tal y como lo prometí en otro fic, actualice el día de mi cumple!!! Así que no se pueden quejar ;)

Bye, beshos