N/A: HOLAAA!!! Tanto tiempo ¿verdad? u.u sí, sí, lo más probable es q estén molestos conmigo x todo lo q he demorado en actualizar… De verdad lo lamento, más aún sabiendo que hay varias personitas que aún leen esta historia.
Ah, y antes q me olvide, como yo tengo la "extraña" costumbre de enviar mensajes personales a todos quienes me dejan un review "vía e-mail, etc", hay dos personas q debido a q no dejaron sus mails y q además no están inscritos en esta página, no hallé otra manera que agradecerles en este nuevo cap.
-Jim: Gracias x tu mensaje y q bn q creas q escribo bien, hermoso y fantástico (XD, bueno los 2 últimos adjetivos los puse yo :P). Deseo volver a saber de ti, así q ojala leas este new chapther.
-MegafanHP: No sabes cuan feliz me haces al decir q este ff es uno de tus favoritos!!! jijiji q emoción!!! No vuelvas a preocuparte xq te aseguro q seguiré escribiendo ste ff hasta q lo finalice!!! Tbn yo me he refugiado en los ff H&Hr, porque tienes razón, en estas historias esta pareja sí es una realidad XD. Muchísimas gracias y espero q puedas leer esto!!!
Ok. ahora, volviendo al tema, estoy deseosa de dar las gracias a todas las personas q han dejado una crítica x muy pequeña q sea esta. Eso demuestra lo amables q son. Ojalá q este capítulo les guste, lo escribí con mucha dedicación para todos ustedes q aún continúan recordando esta historia… Ah, x cierto, un consejito :P, debido a todos los meses q he demorado en publicar este nuevo cap. lo mejor sería q se dieran una pequeña vueltecita al cap. anterior para q no se sientan un poco "perdidos", ya saben, x si se les olvidó en q había terminado la historia…
YYYYY bueno, basta ya de tanta plática y ahora los dejo con este capítulo nuevito nuevito.
Además les tengo un regalito al final del cap.!!! Nos vemos cuando terminen de leer!!
Capítulo VIII:
Paseo por el Lago.
Durante todo el trayecto a Hogwarts, Harry se mantuvo en un prudente silencio, simulando escuchar las conversaciones de Ron y Neville.
Respecto a Hermione... ésta no le hablaba, o más bien, no quería hacerlo. Y él sospechaba el por qué. Una sola palabra bastaba para explicarlo todo: Malfoy.
Si no hubiera sido tan imbécil, y ni tan celoso, jamás la habría dejado a merced de ese Slytherin detestable.
Harry disimuladamente la miró, pero ésta se veía enfrascada en su libro. Contempló sus largos cabellos castaños. ¡Merlín, cuánto deseaba acariciarlos! Descendió su vista hasta esos hermosos labios... El joven saboreó los suyos, en un vano intento de tener el sabor de ella en su boca... Bajó aún más sus ojos, y un calor excitante lo recorrió completamente al quedarse observando, medio embobado, las curvas pronunciadas de su amiga. Bendita blusa, que se ceñía sensualmente a todo el torso de la muchacha, casi como si de una segunda piel se tratase.
Desvió la mirada cuando escuchó que alguien le hablaba:
-Disculpa, ¿decías Neville?
-¿Quieres grageas? ¿o chocolate? Como no te he visto comer nada en todo el trayecto...
-Mmm... no gracias. No tengo apetito.
Sólo se le antojaba volver a saborear los labios de la persona castaña que tenía al frente.
-¿Y tú Hermione, quieres algo?
La joven sólo se limitó a negar con la cabeza, sin dejar de leer el gran y pesado libro.
Luego, pasados unos minutos de incómodo silencio en el vagón, Ron soltó con impaciencia:
-Bueno, ¿van a decir qué les sucede a ustedes dos?
Harry miró a Ron y luego a Hermione, quien, al igual que él, se mostraba confundida.
-¿De qué hablas?.-Inquirió ella, sin entender.
-Me refiero al hecho de que tú y Harry no se han dirigido la palabra desde que él fue a buscarte donde Malfoy.-Explicó Ron, perspicaz.
-Y apropósito, ¿qué quería?.-Preguntó muy interesado Neville.
-Nada.-Respondió cortante Hermione.
-¿Segura?
-No tendría por qué no estarlo.-Soltó con naturalidad, pero sin mirar a Harry.
-¿Y cuando llegó Harry? ¿Malfoy estaba insultándote?
Esta vez, la muchacha se quedó pensando la respuesta, pero Harry decidió contestar por ella:
-Podríamos decir que sí, la estaba insultando y de una manera muy desagradable.-Espetó con amargura mientras recordaba todo lo que había visto.
Su amiga lo miró insondable y retomó la lectura de su libro.
Después de las palabras emitidas por Harry, no se volvió a tocar el tema y pronto Ron y Neville se enfrascaron en una conversación-disputa sobre los mejores equipos de Quidditch.
Ya se había hecho de noche cuando todos los estudiantes bajaban del tren escolar. Un frío viento se sentía en el ambiente cuando Harry, Ron, Hermione y Neville esperaban la llegada de los carros. Disimuladamente notó cómo su mejor amiga se estremecía casi con brusquedad por las gélidas brisas. Una voz en su interior le dijo que era el momento propicio para hacer las paces con ella. Se acercó a ella por detrás, pero sus emociones, sus nervios y peor aún, su cuerpo, lo traicionaron y sin previo aviso abrazó a la chica por la cintura. Ésta pegó un gran salto y algo alarmada volteó un poco la cabeza para saber quién era la persona que la abrazaba de aquella manera.
Harry esperó por un momento a que ella se molestara por su gesto de cariño y que se soltase de inmediato de él, o aún peor, que lo golpeara. Pero nada de eso ocurrió, porque Hermione al darse cuenta de que era Harry (y nó algún desconocido) el que hacía eso, preguntó:
-¿Qué haces, Harry?
Él ahogó un suspiro de alivio. Por lo menos, su voz no sonaba molesta. Él nunca se había caracterizado por ser alguien expresivo, pero con su amiga, con su mejor amiga, tenía el fuerte deseo de demostrarle que sí lo era.
Inconscientemente, la apretó más a su cuerpo, mientras apoyaba su cabeza en el hombro de la muchacha:
-No lo sé, sólo vi que tenías frío.
Frío que al principio él también había tenido, pero que ahora había extinguido su calor corporal. En realidad ni él mismo sabía con exactitud el por qué de aquel gesto de cariño, sólo sabía que segundos antes había querido hablarle, pero que sus pensamientos y sus ansias de tenerle estrechada a su cuerpo, le ganaron a su sentido de la razón por lo que actuó según sus impulsos. Acercando su nariz a su cuello, aspiró una fragancia realmente embriagadora, hasta el punto de volver a sentir un cosquilleo en su bajo vientre.
Debido a que Hermione pareció quedarse sin palabras, él preguntó, temeroso:
-¿Te sientes incómoda? ¿o aún estás enojada conmigo?
-¿Enojada? –repitió ella- ¡yo no estoy enojada contigo!
-¿Ah no? –algo en su interior pareció encenderse aún más- ¿y entonces por qué no tomaste la mano que te tendí en el vagón de Malfoy?.-Preguntó, sin soltarla aún.
-Pues... porque elegiste un mal momento para entrar... –Dijo Hermione, en voz baja y vacilante.
-¿Qué? ¡pero yo pensé que lo que querías era alejarte de él! ¿Acaso querías que ese imbécil continuara besándote...?.-Comenzó a replicar Harry, incrédulo y meditando el hecho de que había vuelto a equivocarse y que a Hermione sí le gustaba en realidad el rubio Slytherin. Muy renuente, empezó a soltar a su amiga para terminar el abrazo.
-¡Nó, no me refería a eso! -exclamó al instante la muchacha, mientras tomaba con sus propias manos las de Harry y volvía a posarlas sobre su cintura, demostrando así que no quería que aquel abrazo tan... afectuoso llegara a su fin.- quise decir que... bueno, que yo quería demostrarme a mi misma y también a Malfoy, que puedo defenderme sola... y estaba a punto de sacármelo de encima cuando llegaste y... lo siento, sé que soy muy desagradecida... tu sólo querías ayudar y yo...
-Ok. No hay problema.-Dijo un Harry que ya no cabía más en la felicidad y alegría que lo embargaba.
Primero: Hermione había dicho prácticamente que no le interesaba Malfoy, o sea, que sólo quería demostrarle que sabía defenderse sola ¿pero para qué?, para que éste se diera por enterado de que no volviera a molestarla.
Segundo: ¡Ella aún quería que la abrazara!
Nuevamente volvió a oler su aroma mientras sentía que el cosquilleo en su bajo vientre iba aumentando cada vez más; era una sensación de ansiedad casi incontrolable, y que ni siquiera parecía saciarse un poco al sentir el cuerpo de su amiga haciendo contacto con el suyo.
-Te quiero mucho.-Susurró ella, casi inaudiblemente cuando los carruajes hacían acto de presencia y todos se arremolinaban para ocuparlos.
Sorprendido por aquellas palabras y con el ligero miedo de que quizá le hubiera parecido haber escuchado eso, la soltó y la volteó hacia él para que quedaran frente a frente.
Ignorando el hecho de que diversos estudiantes pasaban alrededor suyo, y también al hecho de que quizás Hermione había articulado tales palabras en un plano de completa amistad, le dijo:
-Yo también te quiero.
Una amplia sonrisa se dibujó en los helados y pálidos labios de la castaña: sonrisa que él devolvió y que casi por instinto, decidió borrar con su propia boca.
Sí, la beso, y a pesar de la indecisión de Hermione a corresponder al ósculo, se olvidó de todo y se entregó por completa a la mar de sensaciones que su mejor amigo estaba provocando en su cuerpo.
Tomándola de las sonrojadas mejillas, Harry intensificó más el beso, a la vez que sentía las manos de la castaña subir y bajar por su torso, encima de la ropa.
Un escalofrío, pero no de frío, los recorrió a ambos. Algo agitados, terminaron de besarse, justo en el momento en que un pelirrojo se les acercaba:
-¿Pueden apresurarse? ¡Hay que subir a los carros!
Sin más palabras, pero con una gran sonrisa en el rostro, Harry y Hermione siguieron a Ron a través de la multitud de alumnos de muchas casas y cursos.
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
¡Eso había sido fantástico!, pensaba Harry eufóricamente, mientras miraba de reojo a su amiga la cual miraba el poco atractivo paisaje. Cada vez que la besaba, se sentía en el cielo y no podía describir bien sus sentimientos y sensaciones. Era increíble darse cuenta que Hermione parecía sentir lo mismo hacia él. Se gustaban ¿no?, esa era la única explicación para besarse de la forma en que lo habían hecho.
Mientras todos terminaban de cenar en el Gran Salón, luego del gran y típico discurso que Dumbledore decía siempre la primera noche en Hogwarts, Harry y Hermione no habían vuelto a hablarse. Él sentía algo así como vergüenza después de lo ocurrido antes de subir a los carros y por eso no había dicho nada. Aunque tampoco había hablado mucho con Ron. Frunció levemente el entrecejo; ¿era impresión suya o su amigo pelirrojo se veía algo enfadado? No demostraba la misma satisfacción de siempre al comer y en más de una ocasión Harry lo había pillado dirigiéndole unas miradas de pocos amigos.
Ya en los cuartos de chicos de quinto año, Harry, Ron, Neville, Dean y Seamus comenzaban a ponerse los pijamas mientras hablaban animadamente sobre sus vacaciones. Pero a Harry no se le pasó por alto el raro comportamiento que su mejor amigo estaba teniendo con él. Ya cuando sus tres restantes compañeros habían corrido los doseles de sus camas y estaban ya durmiendo, él decidió preguntarle directamente a Ron lo que estaba pasando:
-¿Estás enojado por algo?
-No...
-¡Oh, vamos Ron, a mi no me engañas! –soltó él, en voz baja para no despertar a nadie- estoy seguro que algo te ha molestado.
Sin saber cómo ni porqué, Harry tuvo el fuerte presentimiento de que el pelirrojo estaba así porque lo había visto cuando se besaba con Hermione.
-Ok... sucede que quiero saber si... Hermione y tú son novios... como los vi besándose...
¿Por qué tenía que acertar justo en malas predicciones?, se reprendió interiormente. Harry meditó por unos segundos la respuesta. No podía negar que no había esperado que Ron le preguntara sobre Hermione alguna vez, pero no creía que fuera tan pronto. ¡No podía haber llegado ya el momento!... Bueno, parecía que sí.
-No, Hermione no es mi novia.-Le contestó él, con veracidad absoluta. Y pensándolo bien, ¡él aún no se lo había pedido! ¿Qué estaba esperando? Hermione parecía corresponderle a sus sentimientos, por lo que no habría ningún obstáculo para que no se lo pidiera ¿o si?
"Claro que hay un impedimento", le dijo una vocecita en su cabeza, "a tu mejor amigo también le gusta Hermione". Y el alma casi se le cae a los pies. ¡Una vez más había olvidado eso tan importante!
-Supongo que piensas pedírselo ¿no?
Harry jamás se encontró en una situación tan complicada con Ron como en la que estaba ahora.
-Por tu silencio, eso significa que sí... –espetó Ron, serio- ¿alguna vez recordaste que a mi también me gusta Hermione?
-Yo... lo siento... –balbuceó Harry-... no... Nunca quise...
-No Harry, soy yo el que lo siente –repuso el chico-, pero estoy seguro que será imposible que continuemos siendo amigos sabiendo que nos gusta la misma chica... –su voz sonó dura-, no quiero que discutamos por ella y lo mejor sería que... que no volviésemos a hablar de ella... ni de nada.-Terminó con un silencio sepulcral.
Harry se quedó sin palabras. No tenía idea qué hacer, pensar ni decir. Nunca imaginó que la amistad tan fuerte que había mantenido con Ron, se destruyera por una chica, aunque esa fuese una tan especial como Hermione.
-Yo también lo lamento, Ron.-Fue lo único que atinó a decir él. No sabía si dejaría todo hasta ahí, quedarse sin su mejor amigo, sin esa persona que siempre lo había ayudado y apoyado o en cambio, elegir a Hermione, que era tan maravillosa y que en comparación con Ron, sentía que estaba enlazado con ella.
Si decidía quedarse con la amistad de su amigo, el imbécil de Krum trataría de hacer lo imposible para conquistar a Hermione... y él estaba seguro que no podría soportarlo, más aún sabiendo cuán celoso podía ser en ocasiones.
Ron se disculpará, pronto se dará cuenta que es tonto terminar una amistad por una chica, pensó orgullosamente, sin imaginar que podría estar errado...
Después de un largo rato, Harry aún no podía dormir. Se movía de un lado a otro en su cama y por más que lo intentaba, no podía conciliar el sueño. La conversación con su ex-mejor amigo lo había preocupado al punto de desvelarse y tener insomnio.
Convencido de que no dormiría hasta que no se sintiera demasiado cansado, decidió bajar un momento a la Sala Común de Gryffindor y, si le daban ganas, luego salir a los jardines del colegio para tomar un poco de aire. Se levantó de la cama, se puso la bata silenciosamente y después de sacar la cada de invisibilidad de su padre, salió de la habitación cuidando no despertar a nadie.
Apenas bajó por la escalera, vio a una persona sentada en un mullido sillón concentrada en su lectura. Harry sonrió tenuemente al distinguir el peculiar cabello castaño de su querida amiga. Se encaminó hacia ella, preguntándose por qué aún no se acostaba.
-Hola.-Saludó.
Hermione se sobresaltó y se volteó a mirarlo. Luego sonrió nerviosa:
-¡Merlín, me asustaste!
-Lo siento... –se disculpó, mientras se sentaba a su lado- ¿puedo saber qué haces aquí a estas horas?
-Lo mismo te pregunto yo.-Dijo ella, astuta.
-Yo pregunté primero.-Sonrió él.
-Bueno, leía... –Se encogió de hombros.
-¿Es que no te cansas de leer?
La joven negó con la cabeza:
-Además no tengo sueño. ¿Y tú?
-Bueno, yo tampoco tengo ganas de dormir y...
-Y parece que planeabas ir a dar una vuelta ¿no?.-Pronunció la chica mientras miraba la capa que Harry tenía en las manos.
-Exacto. Quiero tomar un poco de aire... –de pronto, a Harry se le ocurrió una idea genial- ¿por qué no me acompañas?
-Es que... no lo sé...
-¡Oh vamos!
-No creo que sea correcto, Harry... –Contestó, mordiendo su labio inferior.
-Nadie nos verá –continuó tentándola, sin despegar su vista de los labios de su amiga-, recuerda que para eso traje la capa de invisibilidad.
Hermione lo miró insegura, pero luego de unos instantes, asintió sonriendo.
Salieron de la Sala Común silenciosamente. Afortunadamente no se encontraron con nadie en los numerosos pasillos y esquinas por donde caminaban, presurosos. A mitad del camino, Harry se reprendía por no haber llevado consigo el Mapa del Merodeador y así evitar sustos horribles al oír pasos extraños. Tuvieron que transcurrir numerosos minutos para que él y Hermione recordaran que las armaduras del colegio caminaban y que los cuadros hablaban entre sí.
-Será mejor que nos apresuremos.
-Lástima que no hayas traído el Mapa del Merodeador.-Susurró Hermione mientras aceleraba el paso.
-No sé cómo se me olvidó.-Y era verdad. ¿Cómo había olvidado algo tan trascendental? Harry sabía muy bien que para merodear por el castillo en la noche, era imprescindible llevar consigo el mapa para no ser descubierto.
La noche cada vez se tornaba más fría y cuando salieron a las afueras del colegio, una fuerte brisa les recorrió el cuerpo completamente.
-Harry, quizá deberíamos volver... –Comentó su amiga mientras cruzaban rápidamente los campos de Quidditch.
-¿Estás segura? Acabamos de llegar... si tienes frío yo... –Pero el muchacho no pudo continuar lo que iba a decir pues su lengua había hablados sola y justo a tiempo la hizo callar. ¿Qué había estado a punto de decir?, se preguntó exasperado. Merlín, ahora apenas podía contener las ganas de expresarle a Hermione cuánto quería, necesitaba y deseaba aca...
-Ok. Olvida lo que dije.-Contestó ella, ignorando las últimas palabras de su amigo y mirando fascinada el lugar.
Continuaron caminando hasta llegar a las orillas del Lago, y ahí se sacaron la capa. La tendieron en el pasto y se sentaron sobre ella. Por un momento se quedaron en completo silencio mientras contemplaban la hermosa vista. El Lago de noche se veía simplemente hermoso y apacible, y el Calamar Gigante no hacía acto de presencia.
-Nunca había tenido curiosidad de venir aquí tan tarde, pero creo que todo es maravilloso –miró hacia el cielo y sonrió-, y las estrellas se ven preciosas.-Dijo, expectante.
Harry sólo se limitó a asentir con la cabeza. No quería ver las estrellas, solo quería estar sobre su amiga y besarla... Apretó los puños para contener sus deseos. Dios, nunca había sentido una ansiedad de ese tipo y qué fuerte era...
-¿Te encuentras bien?.-Le preguntó Hermione, atisbándolo preocupada.
-Si... –Respondió brevemente. ¡Merlín, no soportaba más! Estaba a punto de lanzarse sobre ella y besarla casi ferozmente. Respiró profundamente, pensando que quizás había sido una mala idea el haberla invitado a que lo acompañara a tomar aire... su amiga inconscientemente lo provocaba. Su manera de hablar, de pasarse la lengua por los labios y la forma en que retiraba su cabello de sus hombros, dejando a la vista sus... atributos...
-Si tienes frío podemos regresar...
Él sonrió irónico. Estuvo a punto de decirle que lo que menos tenía en ese momento era frío. ¡Su calor corporal ya estaba por los cielos!
-No, no es eso.
-¿Y entonces, Harry? ¿qué ocurre?
El muchacho se volteó a verla tratando de sonreír para no seguir preocupándola, pero apenas lo logró. La luz de la luna cubría su rostro de una manera hermosa, dando la impresión de que su amiga era una ninfa; él tuvo que tragar saliva para reprimir los deseos de acariciar esas mejillas pálidas...
-¿Harry, en verdad estás bien?
La pregunta de Hermione lo hizo volver al presente justo cuando había estado apunto de alzar una mano para acariciarle el rostro... Cerró ambos puños con fuerza.
-Sí, no es nada...
La joven se quedó mirándolo por unos segundos, incrédula, pero luego volvió su vista hacia el espectacular firmamento plagado de estrellas y se estiró por completo en el pasto, apoyándose en los codos mientras echaba la cabeza ligeramente para atrás para tener mejor visión del paisaje.
Aquella posición estuvo a punto de enloquecerlo. Harry la recorrió con la vista completamente deteniéndose a instantes en los puntos más insinuantes que la chica poseía. Una llamarada de fuego pareció encenderse en sus entrañas provocando que gimiera en voz baja, llamando la atención de su compañera quien ladeó la cabeza para verlo.
-Hermione... –jadeó él-, Hermione... –volvió a repetir, mientras sentía un cosquilleo incesante en su bajo vientre- perdóname pero... –ahogó otro gemido- te juro que no puedo soportarlo más... –Y rápidamente se acercó a ella para besarla. Y fue como lo había pensado: feroz y ansioso. Una parte de su ser había temido que la chica no le correspondiera, pero al sentir cómo ella recibía a gusto sus labios, todo miedo se desvaneció. Sin pensarlo, y loco por la urgencia de su cuerpo, se acostó sobre ella.
Hermione, sorprendida, detuvo el beso murmurando:
-Harry... no, creo que... –Lo empujó con fuerza para que saliera de encima. Él, avergonzado totalmente de su comportamiento tan descontrolado, se alejó al instante de ella, ruborizado:
-Yo... lo siento, Hermione, de verdad, lo lamento mucho... yo... –suspiró, aún deseoso de continuar besándola- yo se que te gusta Malfoy y... comprendo que...
-No, yo creía que me gustaba, o más bien, me atraía ese... imbécil.
Harry se pasó una mano por el cabello, desordenándolo, medio confuso:
-Te oí cuando le dijiste a Ginny que él te gustaba y... que yo sólo era tu amigo –hizo una pausa y después añadió con ímpetu- ¡y se que somos amigos! Pero... –sin mirarla terminó de decir- tu me gustas mucho... pero he arruinado todo.
-¿Y Cho Chang? –preguntó la muchacha, mirándolo a los ojos. Harry también la observó, sin comprender la pregunta.- Cuando nos la encontramos en el tren...
-Tú me gustas, no ella.-Le aclaró al instante, armándose de valor para decir tal aclaración.
Hermione se tomó unos segundos para pensar a la vez que posaba sus ojos en el Lago. Harry, por su parte, se tomó la cabeza con ambas manos. ¡Dios! ¿Qué había hecho? Si tan solo pudiera controlar esos intempestivos deseos de abrazar, besar y hasta incluso acariciar a su amiga...
-A Ginny yo le negué que tú me gustabas porque a ella le gustas.
-¿Qué?
-Y se que tiene oportunidades contigo porque, bueno, está mucho más guapa y...
-Y la que me gusta eres tú.-Volvió a pronunciar él.
-Ella es mi amiga... –Se justificó, en voz baja.
-Yo también lo soy.-Rebatió Harry, dispuesto a convencerla que ella y nadie más que ella le gustaba.
-Pero yo sabía desde antes que tú le gustabas a Ginny...
-Hermione –volvió a atajarla el joven mago-, si no sientes lo mismo que siento yo hacia ti, dímelo, sólo eso.-Espetó, ya con los ánimos por los suelos.
Sin embargo, sólo hubo silencio de su parte. Cansado de la situación y muy arrepentido de sus actos, se recostó completamente en el pasto, cruzando los brazos por detrás de su cabeza para estar más cómodo.
Había sido un completo idiota, ¿cómo había sido capaz de –literalmente- tirarse ansioso sobre la chica? De ahora en adelante, su amiga se sentiría incómoda con su presencia y quizás no volviesen a ser tan amigos como antes. Resopló muy molesto, mientras observaba las brillantes estrellas en el oscuro cielo. ¿Cómo serían las cosas de ahora en adelante? Ya no tenía a Ron como amigo, y algo pesado sintió en su estómago al pensar en eso. Había perdido a su mejor amigo y por el silencio de Hermione, también la había perdido a ella. Cuando empezaba a lamentar su mala suerte, la muchacha espetó de repente:
-A Ginny tu le gustaste desde la primera vez que te vio.
Pero él no comentó nada y continuó mirando los astros.
-Ella y yo somos muy buenas amigas, y como yo no quería que nuestra amistad terminase, tuve que... mentirle y decirle que tú no me gustabas a diferencia de Malfoy...
-¿Entonces, sí te gustó Malfoy?.-Soltó Harry, simulando un estado de impavidez que estaba muy lejos de sentir realmente.
De reojo, pudo ver cómo las pálidas mejillas de la chica se teñían de rojo.
-Creo que sí... no estoy muy segura, pero luego me di cuenta que no podía gustarme alguien tan... –pensó unos segundos- arrogante –hizo otra pausa y agregó, con certeza-. Él no es mi tipo.
Harry se contuvo con todas sus fuerzas para no preguntarle que qué chico era de su tipo. Ya las esperanzas de que él pudiera calzar en el prototipo de chico que le gustara a Hermione eran muy escasas. Y ya no quería hacerse tontas ilusiones.
El silencio volvió a reinar en el lugar. La castaña no dijo nada más y se recostó a su lado. El chico, de soslayo, pudo ver un gesto de preocupación en el bello rostro de su amiga. Y para su mala suerte, ésta volvía a mordisquearse el labio inferior.
Antes que su excitación se manifestara notablemente, se reincorporó y quedó sentado en el pasto, tratando de sacarse aquella imagen de la cabeza. Desesperado, posó los ojos en las apacibles aguas del lago. Necesitaba sumergirse en él, para así apagar la llamarada de fuego que en su interior había vuelto a encender Hermione. Tenía que detenerse ¿cómo era posible que los labios de la muchacha lo estimularan a tal grado? ¿Acaso eso era sano? No, definitivamente no lo era. Estaba enfermo de la cabeza, sí, eso debía ocurrirle pues no encontraba otra respuesta al terrible anhelo de besar y tocar a su mejor amiga. Lentamente volteó su cara y la miró; allí estaba, totalmente recostada en el frío pasto del lugar, con ambas manos cubriéndole la cara. Harry frunció el ceño. Cuatro años completos no pasaban en vano, y él conocía muy bien la mayoría de los gestos de la chica y el que estaba haciendo en ese momento, significaba preocupación y cavilación. Sin poder contenerse, sus ojos se deslizaron por el cuerpo femenino y se detuvieron en las piernas que la falda del uniforme dejaba a la vista. ¡Merlín, son tan... acariciables!, pensó, inquieto. Su mano izquierda estaba a solo centímetros de su piel. Sin embargo, crispó los puños para contener sus ganas. Justo cuando estaba comenzando a tranquilizarse y estaba por convencerse de que acariciarla sería un craso error, una fuerte ventisca de aire hizo acto de presencia y la falda de la joven se levantó durante largos segundos, según le pareció a Harry. Éste, rápidamente volvió a mirar hacia el lago, suplicando que el calor que comenzaba a invadirlo desapareciera completamente. Jadeó quedamente al recordar lo que había pasado segundos antes.
Las piernas de su amiga simplemente eran... hermosas. Jamás las había visto completamente, hasta ahora, y todo gracias a esa ráfaga de viento. A su mente llegaron las imágenes de los muslos y una parte de la ropa interior de Hermione... Dios, ¿por qué tenían que ocurrirle cosas así a él? El familiar cosquilleo en su bajo vientre no cesaba y su mano estaba apunto de posarse sobre la pierna de la chica que estaba a su lado. Sólo eso: la acariciaría por un momento y nada más. Luego, de ahí en adelante, se contendría a más no poder y no la volvería a tocar jamás.
Vacilando, alzó una mano, y temblando un poco, la posó sobre su pierna y acto seguido, empezó a acariciarla suavemente de arriba abajo. Algo temeroso, miró a Hermione.
La muchacha que había dejado de taparse el rostro con las manos, se había apoyado en los codos y lo miraba de manera ambigua. Pero para Harry no pasó desapercibido el bello brillo de esos ojos marrones.
¡Le gusta que la toque, Merlín, entonces...!
Continuó con la caricia y vio que ella cerraba los ojos a la vez que respiraba profundamente. Se detuvo un momento en la rodilla para darse una pausa; su pulso iba cada vez más en aumento mientras que la ola de calor que estaba en su cuerpo, lo hacía sudar y contrastaba con el gélido clima del lugar. Respiró y después de llenar de aire sus pulmones, retornó a su tarea.
Deslizó su mano hacia arriba hasta llegar al muslo y arriesgándose a una posible bofetada, introdujo la mano por debajo de la falda y pudo tocar abiertamente su muslo.
"Dios, su piel es demasiado suave", pensó Harry sintiendo un placentero calor recorrer todo su cuerpo. A diferencia de cuando la había acariciado la vez anterior en la casa de los Weasley, esto era más excitante pues Hermione había inclinado la cabeza hacia atrás y comenzaba a respirar un poco más rápido.
Trémulo por el gran esfuerzo de no jadear al ver cómo reaccionaba la chica, continuó deslizando su mano por aquella tersa piel. Nunca había visto a Hermione relajada completamente, por lo que el hecho de que estuviera así por él lo emocionaba hasta el punto de pensar que sería capaz de arrancarle la ropa para por fin poder ponerle fin al tortuoso pero agradable sentimiento de...
De pronto, Hermione intentó jalarlo hacia arriba de ella con fuerza y Harry reaccionando rápido, puso ambos brazos a los lados de la castaña cabellera de su amiga para no caerse sobre ella.
-¿Hermione... qué...?.-Atinó a preguntar él, muy sorprendido mientras sosteniéndose en sus brazos, la miraba al rostro ansioso de cubrirla de besos.
Pero la muchacha interrumpiéndolo, lo tomó por el cabello para que sus rostros estuvieran más cerca y lo besó en los labios.
Ambos adolescentes gimieron contra la boca del otro. Las explosivas sensaciones recorrían sin parar de arriba abajo sus cuerpos. Eso era demasiado bueno para ser verdad y si era un sueño, no desearía despertar jamás, pensaba Harry saboreando la deliciosa boca de la chica. Estaba completamente fascinado por lo atrevida que podía llegar a ser su amiga. Jadeó fuertemente cuando sintió las manos de ella en sus caderas presionándola contra las suyas.
-Hermione... –Susurró con voz ronca a la vez que se movía candentemente sobre el cuerpo de su amiga. Comenzó a besarla por el cuello y la escuchó gemir suavemente. Sintió las manos de ella recorrer su espalda una y otra vez, haciéndolo estremecer. Sin previo aviso, la castaña lo tomó por los brazos y empujándolo hacia un lado, se puso sobre él. Harry sin poder creer lo que estaba sucediendo se quedó mirándola atónito. ¿Esa chica era la misma que había sido su mejor amiga durante años? ¿Era la misma persona que había conocido hace cuatro años y que ahora le sonreía de una manera... seductora?
-¿Pero... qué...?.-Inquirió el muchacho sin reaccionar.
Hermione aún con una sugerente sonrisa en los labios, se alejó un poco del rostro de Harry para poner ambas piernas a sus costados, quedando sentada sobre él:
-¿Qué ocurre?.-Pronunció con tono inocente a la vez que se inclinaba sobre el chico para tenerlo frente a frente.
Harry, sin embargo, abrió la boca pero no pudo articular palabra alguna. No cabía en la sorpresa de descubrir la nueva faceta de su mejor amiga ¡Merlín! ¿Quién iba a imaginar que podía ser tan audaz? De pronto, una absurda idea llegó a su mente: ¿y si esa chica no era Hermione? Frunciendo el entrecejo, se dio cuenta que no era una total estupidez pensar que podía pasar eso. Miró a la muchacha a los ojos y ésta le devolvió la mirada aunque alejando ya su rostro del suyo. Ella también se veía confundida y cuando notó que Harry continuaba observándola de una manera más bien recelosa, dijo:
-Creo... no sé como pude... soy una tonta...
El joven mago, sin comprender le preguntó:
-¿Cómo puedo saber si eres en realidad Hermione?
-¿QUÉ? –soltó ella, asombrada- ¡claro que soy Hermione!.-Espetó, molesta, mientras hacía un amago de ponerse de pie.
Harry la tomó de ambos brazos impidiendo su intento de alejamiento:
-¿Y cómo puedo saberlo? –alzó una ceja, desafiante- la verdadera Hermione nunca se atrevería a...
-¿A qué? –lo atajó la chica- ¿a tomar la iniciativa y seducirte?.-Finalizó fulminándolo con la mirada y tratando de soltarse de las manos del mago.
-Exacto.-Asintió él.
-Entonces no conoces muy bien a tu amiga –replicó bruscamente-, porque deberías saber que cuando se propone algo hace todo lo imposible para lograrlo.
Harry, reponiéndose rápidamente a esas palabras, inquirió:
-¿Qué animal Hagrid intentó criar en su cabaña en nuestro primer año en Hogwarts?
-¿Cómo?
-Solo respóndeme.
Revoleando los ojos, la muchacha soltó impaciente:
-Un dragón, y lo llamó Norberto. ¿Puedes ahora soltarm...?
-No me convence –continuó Harry, entrecerrando los ojos sin soltarla un milímetro-, muy bien pudo haberse corrido el rumor gracias al imbécil de Malfoy... ¿qué sucedió con Buckbeak hace dos años?.-Preguntó de repente.
-Esto es una tontería, lo digo en serio...
-Contesta a la pregunta.
-¡Está bien! –exclamó ella, bufó y dijo:- Buckbeak se salvó porque nosotros retrocedimos en el tiempo gracias al giratiempos que la profesora McGonagall había podido conseguirme por la cantidad de asignaturas que tomé en ese año. Después de salvarlo, ambos fuimos volando sobre él para salvar a Sirius de los dementores y ahora se encuentra escondido –antes que Harry dijese algo más, continuó rápidamente-. Tu padrino es un animago, se transforma en un gran perro negro, al igual que tu padre y Peter Pettigrew, lo hicieron para hacerle compañía al profesor Lupin que al morderlo un hombre-lobo, se convirtió en un licántropo e iban a la Casa de los Gritos. Fue Sirius quien te regaló la Saeta de Fuego y de alguna manera yo acerté, aunque al principio al igual que todos, pensé que sí quería matarte. Tu padrino Sirius Black es inocente y fue Pettigrew quien lo inculpó por matar a todas esas personas, se cortó un dedo y huyó transformado en una rata que resultó ser Scabbers la rata de Ron. El año pasado tú y Ron estuvieron enojados, yo te enseñé el hechizo...
-Accio.-Terminó de decir Harry, advirtiendo el peligro que los castaños ojos de su amiga transmitían.
-¿Ahora crees que soy Hermione?.-Preguntó ella, desafiante.
-S... sí... lo lamento... yo, bueno...
-¿Cómo pudiste pensar que yo no era yo?.-Le soltó la jovencita muy molesta.
-Es que... nunca... eh... –Balbuceó nervioso. Sí que había metido la pata y por culpa de una ridícula idea. ¿Cómo había podido creer algo así, si él mismo la había visto en la Sala Común de Gryffindor? Si alguien se hubiese convertido en su mejor amiga con la poción Multijugos, ya se habrían acabado los efectos pues ya habían transcurrido sesenta minutos. También, si todo hubiese sido planeado, ¿de qué manera la "supuesta" Hermione hubiera sabido que él saldría a dar un paseo y a qué hora?
-Si llegaste a pensar que otra persona había tomado mi lugar, significa que fui una tonta al imaginar que podía hacer lo que en este momento deseaba...
-¡No, estás en un error! –la interrumpió él, y pasados unos segundos espetó-. Espera, ¿tú deseabas...?.-Pero no pudo continuar la frase porque la muchacha, ruborizándose intensamente, empezó a soltarse de sus manos. Con determinación, Harry la agarró con fuerza de los brazos impidiendo su intento de huir.
-Por favor, -le rogó la chica- suéltame, ¿no te das cuenta que estoy muriéndome de vergüenza?
El joven mago se dio cuenta que no se atrevía a mirarlo a los ojos. Sintiéndose culpable por hacerla sentir de esa manera por una estúpida idea, le dijo:
-No tengas vergüenza –la observó a los ojos buscando su mirada. Aflojó un poco las manos de sus brazos, pero aún manteniéndolos apretados, comenzó a darles pequeñas caricias.-. Tampoco eres una tonta porque querías hacer lo que deseabas –Hermione se movió un poco y le devolvió la mirada. Harry trató de sonreírle pero lo hizo con dificultad porque recién había caído en la cuenta de que su amiga estaba sobre él y peor aún, se había movido sobre su... masculinidad. Intentando no perder el control, pues comenzaba a tener resultados con sus palabras, continuó hablando:-, porque –ahora venía lo más complicado de decir- si no te habías dado cuenta, fui yo el que empezó, -con un gran esfuerzo mantuvo su vista en esos ojos marrones- porque deseaba con todo mi ser acariciarte y... ¡Merlín, no sabes cuánto te deseo!.-Y acto seguido, la atrajo hacia su rostro y la besó sin vacilar. Al cabo de unos segundos y con la respiración entrecortada, Hermione se separó unos centímetros de sus labios y le susurró:
-Harry... tu también me gustas... y mucho.
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Aquella fue la noche más fantástica que Harry tuvo en su vida y lo mejor de todo era que lo había pasado junto a su mejor amiga.
Mientras caminaban rápidamente bajo la capa de invisibilidad por los corredores del segundo piso, la miró de reojo pues una duda había asaltado su cabeza ¿aún era su mejor amiga o debería llamarla de otra manera? De pronto, la castaña interrumpió sus pensamientos:
-Me pareció oír algo.-Murmuró, temerosa, parando de caminar mientras trataban de ver algo extraño en el fondo del pasillo oscuro. Pasados un par de segundos, una tenue luz comenzó a verse y se dieron cuenta que se trataba de Filch.
-¡Rápido, escondámonos ahí!.-Actuó raudo Harry, tomando de la mano a su compañera y se ocultaron en un pequeño rincón que estaba detrás de una gran armadura oxidada. Tratando de respirar lo menos ruidoso posible, observaron cómo Filch y su desagradable gata pasaban de largo. Debido a que ninguno sabía si la Sra. Norris tenía la capacidad de ver a través de las capas invisibles, decidieron esconderse para evitar cualquier problema.
-Será mejor que nos apresuremos en llegar a la Sala Común.-Comentó Harry observando como el vetusto celador y el felino se alejaban del pasillo y desaparecían al doblar por una esquina.
Reemprendieron el camino con mucha más premura que antes. El hecho de que estuvieran cubiertos por la capa de invisibilidad no les daba la completa seguridad de que no serían descubiertos.
Después de diez o quince minutos, ambos adolescentes lograron ver el gran cuadro de la Dama Gorda al fondo de un largo pasillo. Pronunciaron la contraseña y con un gran sentimiento de alivio entraron. La Sala Común de Gryffindor aún se encontraba cálida pese a que el fuego de la chimenea estaba por apagarse. La luz de la luna se colaba por algunas ventanas dando a la habitación una tenue iluminación. Se sacaron la capa y se sentaron en un gran y mullido sillón.
Un incómodo silencio reinó entre ambos y Harry comenzó a preguntarse qué debía hacer ahora. Miles de ideas llegaron a él, pero cada una era más tonta que la que le precedía. Afuera, el viento arremetía ruidosamente contra las ventanas como si quisiera romper el abrumador silencio que rodeaba a los dos jóvenes.
-Lo que sucedió allá en el lago... creo que no debió nunca suceder.-Replicó Hermione intempestivamente.
Harry la miró al instante pero ella no. Tenía las manos sobre su regazo y movía una pierna en un claro signo de nerviosismo e impaciencia.
-¿Por qué? –antes de desesperarse, Harry quería saber las razones de su amiga para pensar eso.- ¡Sentimos la misma atracción que... !
-Que no debería sentir un amigo hacia el otro.-Completó la castaña aún sin despegar los ojos de su regazo. El ojiverde sintió algo así como un gran peso en su estómago. Eso era verdad, tenía que admitirlo pero...
-¿Sólo porque somos amigos no podemos besarnos?
Hermione negó con la cabeza:
-No es sólo eso, sino que también está Ginny, ya sabes lo que siente por ti y yo... bueno, te besé y...
-Y eres tú la que me gusta.-La atajó con algo de timidez. Ella alzó la cabeza lentamente y le sonrió levemente.
-Aunque tampoco quiero que dejemos de ser tan buenos amigos como lo hemos sido por años –antes que Harry volviera a interrumpirla, agregó al instante-, yo te aprecio mucho pero... –suspiró- lo que siento por ti va más allá de un sentimiento de fraternidad.
El chico sonrió también, completamente aliviado. Por un momento, había estado seguro que Hermione diría algo así como "aún estoy confusa" o peor "creo que en verdad me gusta Malfoy". Sintiéndose inmensamente feliz, se acercó a ella, con una mano le alzó la barbilla y lentamente depositó un cálido beso en sus labios. La sintió estremecer e inhalar profundo cuando intensificó el beso. Tomándola ahora por ambas mejillas, y guiándose más bien por su instinto (porque de experiencia escaseaba), comenzó a explorar la exquisita boca que le devolvía los besos de manera tímida.
-Yo no... –la joven lo empujó hacia atrás y se puso de pie bruscamente-, no puedo hacer esto –lo miró a la cara completamente ruborizada y Harry contuvo las enormes ganas de besar sus mejillas arreboladas-, no está bien –ahora su voz sonó más firme y segura.-. Ginny jamás me perdonaría que le hiciera algo así, sería traicionarla...
Totalmente molesto y hasta casi desesperado por las ganas de continuar besándola, se paró y acercándose a su amiga, la asió por ambos brazos con fuerza:
-¡Eres tú la que se está traicionando! –le espetó- Hermione, por Merlín, ¿por qué no aceptas de una buena vez que nos gustamos y que es imposible ignorarlo?.-Volvió a besarla esta vez con más ansiedad y la muchacha, aunque al principio intentó separarse, le correspondió rendida a sus deseos.
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N/A: ¿¿YY?? ¿¿Qué tal?? Por fin un cap. lleno de pasión!!! Espero todos sus comentarios, si fue demasiado meloso, o demasiado "picante" XD, etc. Y now, les dejo un pequeño adelanto del capítulo q se viene, ¡y no demoraré tanto en subirlo! bueno, depende de cómo les parezca este cap. porque a lo mejor, quizás, esté perdiendo "mi toque" :S
"Harry tragó saliva. ¿Qué había hecho? No le gustaba ver llorar a personas ni mucho menos a chicas pero ahora había provocado el llanto de una…
(… ) ¿Qué tenía que hacer ahora?, ¿consolarla?, ¿y cómo? Se puso de pie con inseguridad y de la misma manera se acercó a la muchacha. Ella sin embargo no lo notó y seguía sollozando. Harry continuó caminando hacia ella pisando con suavidad para no asustarla y puso su mano en el hombro de la chica.
( …) lo miró a través de sus ojos cristalinos y brillosos e intempestivamente abrazó con fuerza a Harry. Éste se horrorizó. ¿Qué sucedía? Se sentía completamente extraño, incómodo, y nervioso. Nunca había estado en una situación como aquella. Con algo de torpeza le acarició suavemente la cabeza musitándole al oído:
-Vamos, tranquila, tranquila.
-¡Ay Harry!, ¡es que tú no sabes cuánto lo extraño! –Espetó ella- ¡yo… yo lo quería tanto! -Siguió aferrada a Harry. Éste sintió un gran peso en su espalda; era la culpa que cargaba. Trataba de convencerse, no era su culpa, no era su culpa que Cedric hubiera muerto asesinado, pero...
(…)
-Perdóname.-Le alcanzó a susurrar Harry al oído con una voz algo trémula. Él se veía obligado a eso, a pedir disculpas. No podía hacer más, sólo echarse la culpa.
Ella lo miró a los ojos como si tuviera algo muy recóndito en su mirada y que ansiaba por averiguar. Separó sus labios para decir:
-No te disculpes, Harry. Todo esto no ha sido tu culpa, no te atormentes, por favor. –Ahora lo miró con dulzura- Yo debería disculparme por haber llorado por Cedric y justamente frente a ti, pero... –se quedó sin palabras- no pude soportarlo cuando lo nombraste –se excusó- y me sentí tan segura contigo, acá, al decirte lo que sentía en este momento con respecto a él.-Dilucidó y con algo de esfuerzo le sonrió. Fue una sonrisa que abarcó todos los sentimientos que Harry sentía en ese momento. Y por primera vez en esos meses, sintió cómo el peso de la culpabilidad disminuía a tal grado que le devolvió la sonrisa a la chica. (…) Después de esa sonrisa que le había dirigido, sentía que ella no lo culpaba. No sabía por qué, pero le creía.
Le creía todo lo que había dicho, lo hacía sentirse tan bien que llegó a ver el mundo con otros ojos. Era sorprendente cómo una simple sonrisa, sin rencor alguno, le podía cambiar la perspectiva de las cosas. Le había atormentado el pensamiento de que lo culpaba a él –y sólo a él- por la muerte de Cedric, pero ahora eso era desmentido.
De pronto, cayó en la cuenta del lugar en el que se encontraba. ¿Para qué lo había traído a esa habitación tan singular si no pensaba tocar el tema de Diaggory?
-Gracias.-Le agradeció con sinceridad el muchacho. Hubo una pausa y cambiando de tema, soltó- pero, ¿para qué me trajiste entonces?.-Le preguntó con curiosidad Harry a la chica la cual le sonrió aún más desembarazada."
OK, OK, OK. Hagan sus apuestas ¿de quién se trataba? ¬¬' bueno, en realidad ya lo saben… di muchas pistas ¬¬' jakjajkaja… en fin, espero haberles dejado con la intriga aunque sea un poquito, y esperaré con ansias todos las sugerencias, comentarios, etc. que me quieran dejar.
Les prometo que no demoraré demasiado en subir el prox. cap.!! Bueno, no tardaré tanto como este cap. ¬¬'
SALU2 Y GRACIAS POR LEER
