Sesshoumaru y Aome
Capitulo seis: La Shikon No Tama
Los pasos de una señora que busca a su hija menor se escuchan por toda la mansión, la preocupación de la mujer la consume por dentro, ya que la joven nunca sale sin antes avisarle.
-¿Dónde estará esa chiquilla?... ¿Le habrá pasado algo malo?, no Midoriko, no pienses en eso –se decía a si misma la mujer mientras caminaba de un lado a otro.
-¿Qué sucede madre? –Preguntó una joven de mirada castaña acercándose a la señora Midoriko -¿Qué te preocupa? –preguntó Kikyo a su madre que solo la voltea a ver con desesperación, se acera y la toma de los hombros. -Lo que pasa es que tú hermana no esta en la casa y me preocupa que ande sola en los campos –respondió Midoriko sentándose en uno de los sillones que se encontraban en el enorme salón.
-Tranquilícese madre, ella estará bien ya que no puede perderse en los jardines –afirmó la joven de mirada indiferente tomando asiento cerca de su madre.
-Es cierto hija, tu padre regresará en dos días, ya que según lo que me dijo que tenía un asunto que atender aquí – explicó la señora Higurashi.
-Que bueno así se dará cuenta de lo que hace su hijita menor y que no es tan perfecta como él cree –afirmó Kikyo con un tono amenazante.
-Hija mía no seas así con tu hermana, ella es aun muy inmadura, pero esa no es razón para tratarla de esa manera –dijo la mujer cuya mirada desprendía tristeza.
-Madre no la defienda, ella me quito el derecho que tenia sobre la perla, esa era mía hasta que ella nació –replicó Kikyo cruzando los brazos.
-"¿Qué he hecho?, Kikyo odia a Aome y todo es mi culpa, por contarle antes a Kikyo, si tan solo hubiese guardado silencio otra cosa seria" –decía Midoriko en su mente. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------Entre tanto una joven de tez blanca caminaba relajadamente, el joven Betancourt no podía desprender la mirada dorada que había posado en Aome, era tanta la atracción que sentía que se dijo a si mismo que ella seria suya.
-Dígame señorita Aome¿ha considerado en casarse? –interrogó el joven Sesshoumaru provocando que la joven se detuviera para volver la mirada hacia él.
-Pues… la verdad no –contestó un tanto desanimada –No creo que exista un hombre que soporte mi ritmo de vida –afirmó Aome.
-Y si hubiese un hombre que le propusiera matrimonio ¿Usted aceptaría? –preguntó Sesshoumaru con curiosidad provocando que la joven de mirada castaña se sonrojara.
-No lo se, ya que mi madre es la que tiene la ultima palabra –respondió Aome con los ojos nublosos debido a las gotitas de agua salada que brotaban de estos.
-No se ponga así, lo que pasa es que me dio mucha curiosidad preguntarle eso, pero disculpe mi intromisión –afirma el joven Betancourt frente a ella, acaricia la mejilla de Aome con suavidad.
-No hay problema alguno, suele pasar –respondió Aome levantando la mirada y obsequiándole una delicada sonrisa, la cual hizo que Sesshoumaru acercara su rostro al de ella, Aome dio un paso hacia atrás, pero el apuesto joven se acercó aún más, estaba claro que Sesshoumaru intentaría besarla, pero los nervios de Aome la hacían retroceder.
-Lo siento mucho señorita, no quería intimidarla –dijo Sesshoumaru disculpándose y retrocediendo a una distancia prudente.
-No importa, es la primera vez que un joven se me acerca de esa manera –respondió la joven Higurashi inclinando la mirada, estaba muy avergonzada.
En ese momento Aome se acerco al mismo lugar donde había llevado a Sesshoumaru, donde estaba escondida la perla, sacó la llave de su bolsa para después abrir la puerta.
-¿Qué hacemos aquí? –interrogo el joven de cabellera plateada, pero no hubo respuesta de Aome, quien ya había entrado a la casa, de pronto una voz pronunció el nombre de la joven Higurashi, Sesshoumaru solo observaba como la habitación se iluminaba.
-Aome… Es hora de que recibas lo que te pertenece –dijo aquella voz femenina, provocando que Aome se acercara a la puerta donde emanaba una luz rosa –Tienes que probar que tu alma es digna de recibir esta perla de lo contrario la perderás y te quedaras aquí para siempre –advirtió la voz mientras Aome se acercaba lentamente a la puerta, pero Sesshoumaru la detuvo.
-No lo haga… por favor, es muy peligroso –dijo el joven de mirada dorada sosteniendo a la dulce Aome, pero ella solo le dirigió una mirada vana, estaba totalmente poseída por la presencia de la perla.
-Es mí deber convertirme en una sacerdotisa y proteger esta valiosa perla –respondió Aome con una voz distante. Una luz cegadora envolvió gran parte de la habitación, pero Sesshoumaru no retiro su vista de la joven a la que le era introducida la perla en el cuerpo, en un costado, cerca de las costillas.
-Ahora que se ha cumplido la primer prueba para esta mujer, tu Sesshoumaru te has de encargar de cuidar a esta joven de nombre Aome hasta con tu propia vida, ya que al presenciar este acto te has convertido en su guardián –advirtió la voz tan calida que emanaba del cuerpo de Aome que aun seguía de pie sin moverse –Se te otorgara una espada y una fuerza extraordinaria que hará que seas el hombre mas temido del mundo, pero debes recordar que si llegaras a usar esa fuerza para tu propia conveniencia la joven que ahora vez, llena de paz y tranquilidad será la encargada de purificar ese egoísmo y con tu vida –dicho esto la luz desapareció, la noche se hacia presente, a causa del evento no se habían dado cuenta del tiempo. En el suelo yacía la joven de cabellera negra aun se encontraba en un sueño profundo.
-¿Qué diablos fue todo eso? –se preguntó Sesshoumaru a si mismo mientras tomaba entre sus brazos a la dulce Aome que de no ser por su color rosado en el rostro se diría que casi estaba muerta – ¿Ahora como explicare esto?- dijo susurrándose, en ese momento los ojos castaños de la joven se abrieron viendo con ternura al hombre que la protegía en sus calidos brazos.
-Sesshoumaru… ¿Qué sucedió¿Dónde estoy? –pregunto la joven llevando su suave manos a su cabello y parpadeando ya que apenas había despertado.
-¿No lo recuerdas?... Todo eso de la perla –respondió con voz varonil pero confundida aquel joven de cabello plateado.
-Realmente no… -confesó Aome con el rostro ruborizado como resultado de darse cuenta donde se encontraba (en los brazos de Sesshoumaru) –Oh… joven Sesshoumaru lo siento –dijo la joven de mirada castaña muy avergonzada bajándose del lugar donde se encontraba.
-¿Sucede algo malo? –Pregunta Sesshoumaru un tanto extrañado mientras la joven solo baja la mirada disculpándose –No hay inconveniente con eso, será mejor que la lleve a su casa –dijo el joven de cabellera plateada.
-Si muchas gracias, y discúlpeme por causarle problemas, esa no era mi intención –dijo Aome muy avergonzada caminando hacia donde se encontraba la salida de la extraña casa.
-¡¡Señorita Aome!!... –un grito resonó por todo el lugar, una silueta se aproxima rápidamente, el joven Betancourt se posa frente a Aome, quien solo coloca sus manos en la espalda del apuesto Sesshoumaru –Por fin la encontré señorita, llevo toda la tarde buscándola –exclamó Kouga recobrando el aliento.
-¡¡Kouga!!... ¿Por qué me estabas buscando? –pregunta Aome acercándose lentamente al joven de tez morena que estaba cansado.
-Su señora madre quería saber donde estaba ya que no la ha visto en toda la tarde –respondió Kouga tranquilamente –Venga conmigo, la llevare a la mansión –exclamó Kouga inclinando levemente la cabeza.
-No te preocupes Kouga ya tenia pensado regresar, pero antes… ¿Puedes ir por el caballo blanco que pertenece a mi hermana?, no esta muy lejos de aquí –exclamó Aome, y el joven de cabello negro no tuvo mas inconveniente que ir.
Cuando Kouga se retiro el joven Sesshoumaru comenzó a caminar con destino a la mansión de los Higurashi, mientras que la dulce Aome lo seguía con cautela.
-¿Sucede algo malo? –Pregunta el joven de cabello plateado sin volver la mirada hacia ella, pero Aome solo negó con la cabeza –Entonces sigamos adelante, y no se quede atrás –exclamó Sesshoumaru de forma fría.
-Discúlpeme, pero trataba de recordar lo que había ocurrido en la casa, pero mi mente esta en blanco –respondió la joven bajando la mirada castaña que poseía, haciendo que el joven de mirada dorada cambiara de semblante.
-Usted no se preocupe, no fue nada malo, además no es necesario de que trate de recordar ahora, mas adelante se aclararan todas sus dudas –respondió Sesshoumaru con una ligera sonrisa que hizo que la joven de cabello azabache se calmara un poco y volviese a sonreír de tal manera que su alegría se contagiaba.
continuara------------------------------------------------------------------------------------------------------------
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