Disclaimers: Naruto no es mío, todas las referencias a la obra y los personajes pertenecen a la editorial Shueisha a Masashi Kishimoto y a las diferentes compañías y editoriales que comparten los derechos. El contenido original, que algo habrá, si puede ser considerado mío, (pero no gano euritos con él, no no no)
Disclaimers (2) Por si alguien se coló despistado y no leyó el summary ¡¡¡¡¡ESTA HISTORIA ES YAOI!!!!¡¡¡AÚN PUEDES HUIR!!!!
A mis niñas ¿qué haría yo sin vosotras? A Rya, mi bijuu particular ( ) y a todos los que os habéis molestado en decir que queríais una segunda parte. Realmente vivo para complacer. Pero sobre todo, a gossa, que ama a Naruto y a Sasuke con pasión loca..
Y (espero que a Ito no le importe) a la chibi de Ito!!!!, que va ser una bebitaaa, que será tan guapa como la madre y tan pancha como su papi. Y que le gustará el yaoi. De eso se encargan sus tías…
CAPÍTULO II.
Una última mirada a su habitación fue todo lo que necesitó antes de irse, no tenía sentido retrasarlo más, lo único que conseguiría era que el dolor se instaurase aún con más fuerza en su corazón. La decisión estaba tomada y no se arrepentía, pero no había sido fácil. ¿Sabría alguna vez todo lo que abandonaba por él¿Sabría hasta que punto le importaba que, aún en medio de su dolor, su corazón latía más rápido con la esperanza de volverlo a ver?
La mochila era ligera sobre su hombro, lo que tenía no era mucho y menos aún lo que había guardado, lo más valioso que tenía en Konoha no podía llevárselo.
La puerta de su apartamento no estaba cerrada, así que el ruido de la familiar presencia al entrar no le sobresaltó, simplemente se giró para contemplar el resignado rostro de la Hokage.
- ¿Entonces lo vas hacer realmente? – la voz de Tsunade estaba llena de calmada resignación, conociendo que, dijera lo que dijese, el rubio ninja ya había tomado su decisión. Aún así, por el bien de su conciencia, tenía que intentarlo- ¿Vas a despreciar tu vida por él¿Que hay de todo por lo que siempre has luchado, Naruto¿Qué hay de tu sueño?
El joven la miró, sus enormes ojos azules llenos de tristeza y de una firme decisión : -Mi sueño fue ser siempre Hokage, para defender aquellos que amo, para que me reconocieran – el joven apartó su mirada de la Hokage para dirigirla al amplio espacio que se vislumbraba tras la ventana, los bosques de Konoha y lo que tras ellos le esperaba –pero, Tsunade, si no puedo salvar a un solo amigo, a una sola de mis personas valiosas ¿ cómo puedo ser digno de proteger la aldea? Durante tres años renuncié a mi sueño, para entrenarme y hacerme más fuerte, si tengo que renunciar a él otros tres, o cinco, o diez, lo haré. Y de todas formas – la voz bajó en tono, los recuerdos ensombreciéndola – su aprobación ha contado más para mí que la de nadie. Gran parte de mi sueño de ser Hokage era para que él me viera, para que reconociera mi existencia.
- Ahí es donde te equivocas. Naruto, - la hermosa mujer se acerco al rubio, su mano debajo de su barbilla- si hay algo en lo que todos están de acuerdo es que, si algún vínculo tuvo el Uchiha, si alguien le importó alguna vez, ese fuiste tú, Naruto Uzumaki.
Aunque las palabras del la Hokage eran suaves, no así la expresión de su rostro, que se endureció al añadir: - Sin embargo no te engañes, ese renegado no quiere ser salvado, sólo quiere que las cosas salgan a su forma y a su modo y te está arrastrando con él.
- Eso ya lo sé- suavemente el atractivo ninja aparto la mano de la Hokage con la suya propia, sosteniéndola un momento, antes de añadir:- Pero yo lo salvaré, aunque él no quiera ser salvado. Iré, porque a su forma, él me ha pedido que fuera, porque me ha dicho que me necesita.
- Estás ciego, niño tonto – la voz de Tsunade estaba perdiendo su compostura, el suave y resignado tono de Naruto, tan extraño en él, convenciéndola más que ninguna escandalosa afirmación de la seriedad de las intenciones de Naruto - ¿No ves que te está utilizando¿Qué es incapaz de necesitar, de querer?
- Pero yo sí – el joven rubio no añadió más a esa afirmación.
- Entonces no hay nada que pueda decirte para convencerte – Tsunade separó su mano, aún entre las del rubio y se separó, su tono volviéndose autoritario y formal – y dime Naruto Uzumaki ¿qué hay de tus compañeros¿Has pensado en lo que ellos sentirán cuando se vean obligados a darte caza? Las máscaras de anbu esconden los rostros, pero el corazón siente igual ¿imaginas lo que podrán sufrir Sakura, Hinata, Neji…cualquiera de ellos cuando les ordenen cazarte y matarte por traidor? Y lo harán Naruto, antes que nada ellos son shinobi de Konoha.
Las palabras de la Hokage se hundieron como dagas en su ya dolorido corazón, pero el rubio no hizo nada por defenderse, porque la verdad de esas palabras no podía ser negada – Ya… - su voz no se alzó, pero aún así se mantenía firme, la solidez de su decisión inalterable – tal vez ellos sean mejores ninjas que yo…sólo espero ser lo suficientemente fuerte para que eso no pase, Tsunade y… lo siento, ya sé que no es mucho, pero lo siento.
La rubia hokage no dijo nada durante un momento, sus ojos fijándose en un envoltorio cuidadosamente colocado sobre la mesita, acercándose a él lo desenvolvió, sus ojos fijándose en algo muy valioso, y muy querido.
- No lo llevas – sus manos lo sostuvieron con cuidado, el azul de la piedra no muy distinto del hermoso color de los ojos del rubio.
- No creí merecerlo, no después de lo que he decidido.
- Tonto, niño tonto – Tsunade se acercó de nuevo al rubio y, con mucho cuidado, colocó el colgante sobre el cuello de Naruto – es un regalo ¿no sabes que no se pueden despreciar los regalos?
La dorada mirada de la Hokage se posó en la del rubio, un momento después, sus blancas manos buscaron entre su chaqueta, sacando un pequeño pergamino sellado, del tipo que se entregaba en las misiones.
- ¿ Qué..? – el joven recogió el pergamino abriéndolo con cuidado, sus ojos azules agrandándose por la sorpresa un instante antes de volverse hacia la voluptuosa rubia – Tsunade…
- ¿Ves como yo no soy buena Hokage, Naruto? Yo también pongo mis sentimientos antes que lo correcto – ligeramente roncas, las palabras estaban cargadas de una emoción que el expresivo rostro reflejaba, y Naruto supo que la rubia estaba conteniéndose para no llorar – Pensé en retenerte por la fuerza, pensé en hacerte entrar en razón a golpes si era necesario, pensé tantas cosas… pero en el fondo no podía Naruto, porque retenerte a la fuerza sería lo mismo que destruirte, y yo no puedo hacer eso. Aunque sea un peligro, aunque tal vez me arrepienta. Así que…esa es mi propia bendición Naruto.
- Yo…- el joven, se calló, incapaz de encontrar las palabras ¿qué podía decir ante el mayor gesto de confianza que nadie le había mostrado nunca?
- Vete, Naruto, haz lo que te dicta tu camino del ninja… y vuelve, aunque tenga que ser con ese maldito Uchiha encadenado.
- ¡Hai, Hokage – sama!
La exclamación de Naruto aún resonaba en el aire cuando ya su presencia había desaparecido, Tsunade notó la característica signatura de su chakra alejarse cada vez más, camino a su destino. Los dorados ojos de la Hokage recorrieron la vacía habitación, notando las pequeñas cosas que el joven rubio había dejado atrás, pequeños trozos de sí mismo que parecían indicar que su Naruto no tardaría mucho en volver, para sacarla de quicio y llenarla de un secreto orgullo. Los minutos se extendieron lentamente, afuera, el sol se ponía tiñendo de un oscuro naranja el cielo sobre la aldea, lentas y silenciosas las lágrimas comenzaron a bañar el rostro de la Godaime de Konoha, ajenas a sus esfuerzos por reprimirlas.
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La luna ya brillaba sobre el cielo nocturno cuando Naruto se detuvo por vez primera, notando como la familiar marca que lo había guiado hasta ese lugar se había fortalecido, prueba innegable de que se encontraba tras la pista correcta. Sus manos se dirigieron hacia el pequeño y camuflado bolso donde guardaba los shurikens, y el pergamino de la hokage. Sus manos lo desenrollaron para comprobar que, efectivamente, sus ojos no le habían engañado. Allí, sobre el pergamino, estaban los sellos de la Godaime de Konoha y el Kazekage de Suna; confirmando que el shinobi Uzumaki Naruto comenzaba una misión oficial en la aldea de la arena, bajo la supervisión directa de Sabaku no Gaara, en previsión de futuros ataques de la organización Akatsuki y como prueba concreta de la cooperación entre las dos aldeas. El comienzo de la misión estaba marcado, no así su fecha de conclusión, que sería establecida por los dos respectivos líderes cuando lo considerasen oportuno.
Con cuidado, el rubio shinobi volvió a guardar el pergamino, la prueba tangible de la confianza de Tsunade y la amistad de Gaara y, junto a él, con sumo cuidado, guardó el colgante de la Hokage. A pesar de las palabras de ésta, el joven rubio no se sentía merecedor de esa prueba de afecto, quizá algún día, pero no en esos momentos. Un instante después, el atractivo ninja continuó su camino, una veloz sombra deslizándose entre los árboles, silenciosa y letal.
La presencia se hacía más fuerte en su mente y, con una súbita realización, se dio cuenta de que había llegado a su destino, una construcción de rocas, aparentemente natural y totalmente integrada con el ambiente, pero que para los entrenados ojos de un anbu mostraba las huellas de lo humano en su construcción.
Apenas había introducido su cuerpo en la cueva, cuando una sombra se dirigió a él. Instintivamente se movió, sus manos dirigiéndose a los kunais y adoptando la posición de defensa. En el lugar donde hacía unos instantes había estado su cuerpo, un pequeño cráter se había formado sobre el pétreo suelo. El segundo ataque, sin embargo, ya no le sorprendió, sus manos formando rápidamente los sellos del kage bunshin y uniendo dos de sus clones a la batalla, un instante después, el monstruoso brazo de su atacante era detenido por sus réplicas, mientras, a sus espaldas, el ágil ninja dirigía su propio kunai contra su extraño atacante.
Sin embargo, el desenlace de la batalla no fue el esperado, al alzarse una pared de agua entre los dos, separándolos antes de retroceder y volver con su amo, un ninja de pelo azul y puntiagudos dientes, no muy diferentes de los de Kisame.
Sin apartar completamente la mirada de su atacante, que poco a poco perdía su forma monstruosa para retomar su aspecto humano, Naruto confirmó visualmente lo que sus otros sentidos le gritaban; Sasuke Uchiha estaba allí. Junto a él, dos desconocidos, el ninja de pelo azul y una chica de gafas que le miraba sin mucha simpatía.
- Juugo- la voz de Sasuke no tenía la más mínima inflexión, impasible, al igual que su hermoso rostro, perfecto en su frialdad - ¿no te ordené que esperases mis órdenes antes de atacar? Sólo te avisaré una vez – el brillo rojo del sharingan se dibujo en la noche de los ojos de Sasuke – la próxima vez que desobedezcas una orden directa mía será la última.
El extraño ninja que lo había atacado no dijo nada, simplemente asintiendo con la cabeza, su forma ya completamente humana y su rostro mostrando las huellas de una antigua tristeza.
- Naruto – la atención del Uchiha se volvió hacia él y el joven rubio sintió una leve aprensión; ese era el Sasuke que había proclamado su intención de matarlo, no el cálido amante que el shinobi había tenido entre sus brazos no hacía ni una semana – has venido – una pausa antes de admitir – no pensé que lo harías.
Naruto asintió con la cabeza, sus ojos fijos en la perfecta presencia de su amante, sin saber muy bien que decir.
- Escuchadme todos – anunció entonces el Uchiha dirigiéndose a los otros shinobi – este es el nuevo miembro de Hebi, Uzumaki Naruto.
- Oh bien, uno más – el joven de pelo azul se acercó a Naruto – y por lo menos este es mono. Dime rubito ¿de qué aldea has renegado tú?
- Yo… - el joven ninja se interrumpió sin saber mucho que decir, no es que él se considerase especialmente tímido, pero lo del shinobi peliazul desafiaba todas las normas de cortesía de las que tenía conocimiento y seguramente unas cuantas que desconocía.
- Eso no es asunto tuyo, Suigetsu – la fría voz de Sasuke le salvó de tener que contestar, los ojos del Uchiha, aún con el sharingan, fijos en el ninja – lo que se te ha contado es suficiente, no necesitas saber más. Vamos, mañana reemprendemos el viaje, colocad los sellos de protección en la puerta y los turnos de vigilancia acostumbrados. Naruto – el joven moreno volvió sus ojos hacia el rubio ninja – tú quedas exento esta noche, tienes otras cosas que hacer.
Por primera vez desde que Naruto había llegado, un asomó de emoción se dejo sentir en la voz de Sasuke, y el rubio shinobi notó su corazón latir más rápido ante la velada promesa de aquellas palabras.
Evidentemente, no todos se habían percatado de la sutil implicación, porque la chica morena, que hasta el momento había permanecido en silencio, preguntó, con un tono que al rubio ninja no le gustó nada:- Oh , Sasuke – kun ¿ dónde va dormir Naruto? En el refugio no hay más habitaciones, aunque yo podría dejarle la mía…
Naruto no era el más intuitivo de los ninjas, pero no hacía falta ser un genio para entender lo que aquella mujer estaba proponiendo, entre otras cosas porque se había inclinado contra Sasuke en una flagrante invasión del espacio personal del Uchiha, al tiempo que rozaba una comprometida parte de su anatomía contra el descubierto pecho de éste.
El rubio ninja estaba comenzando a ver rojo, un oscuro gruñido formándose en su garganta y todo su ser dispuesto a demostrarle a aquella loba lo dolorosa que podía ser la desmembración en vivo.
Sin embargo, antes de que Hebi se quedase de nuevo con cuatro miembros, el propio Sasuke intervino:- Karin, por si aún no lo habías notado, tu presencia rozándome me molesta, profundamente. Y no te preocupes – añadió sin inmutarse mientras se separaba de la kunoichi, cuyo rostro oscilaba entre la vergüenza y el enfado – Naruto dormirá conmigo.
Realmente tendría que haber protestado ante el tono arrogante del Uchiha, o sentirse ligeramente incómodo por la forma en que había proclamado su situación ante, para Naruto, perfectos desconocidos. Seguramente sentiría esas emociones… más tarde… seguro… en cuanto la satisfacción de ver la cara de pasmo de Karin ante las palabras de Sasuke se le pasase.
- Naruto, por aquí - indicó el Uchiha, señalando el oscuro pasillo escavado en la piedra, totalmente indiferente a las reacciones de sus seguidores. Con las manos detrás de la cabeza, y una sonrisa de baka total en el rostro, el joven rubio siguió al Uchiha, reprimiendo el infantil impulso de realizarle un universal y obsceno gesto a Karin.
Mientras los dos shinobis desparecían camino de la habitación de Sasuke, el resto de los integrantes de Hebi asumían el hecho de que, no sólo su grupo tenía un nuevo miembro, sino que, o al menos así lo demostraban todos los indicios, dicho miembro era el amante de su líder.
- Bueno…- comenzó a decir Juugo, antes de ser interrumpido por el exabrupto de Karin que parecía, por fin, haber salido de su estupor y comenzado a asimilar lo ocurrido.
- ¿Pero qué es esto? – Gritó la joven dirigiéndose a sus dos compañeros como si ellos tuviesen las respuestas, una mirada de furiosa incredulidad tras sus gafas - ¿Sasuke – kun…¿Sasuke – kun está con alguien…¿Con un hombre¿Con ese…con ese poca cosa? No puede ser, no puede ser.
- Pues a mi me parece que está muy clarito – repuso Suigetsu, el tono de su voz delatando el inmenso placer que la situación y, sobre todo, la reacción de Karin le estaba causando – y yo no llamaría poca cosa a Naruto–kun, ese niño está para comérselo – mostrando sus afilados dientes en una sonrisa lobuna, el ninja del agua continuó – evidentemente el jefe tiene muy buen gusto. Lo que por supuesto, es la razón de que jamás quisiese tener nada contigo. Yo tampoco tendría muchas dudas si tuviese que escoger, Karin – chan.
- ¿Qué quieres decir con eso, pez apestoso? - replicó la ninja furiosa, la oscura forma de un kunai en la mano y un brillo peligroso en los ojos.
- No, me estás confundiendo con Kisame – continuó el shinobi de pelo azul sin inmutarse lo más mínimo – y lo que quiero decir, es que no tienes que nada hacer al lado del rubito. Y lo de que sea un hombre – un encogimiento de hombros – ya sabes como son esos ninjas de la hoja, no es un secreto en ninguna de las aldeas que son muy amplios en cuanto a sus preferencias.
- Eso dices tú – la kunoichi replicó enfadada- pero Sasuke- kun no es así, yo lo sé. Ya verás como será para mí.
- Sí, sí – evidentemente Suigetsu no estaba en lo más mínimo impresionado por la declaración de Karin – pues vas a tener una dura competencia Karin. Oh, y guarda eso – el ninja de pelo azul, señaló con un gesto el kunai de la morena, un golpe de agua arrebatándoselo de las manos sin dificultad – sabes que no eres rival para mí.
La kunoichi no parecía estar de acuerdo en absoluto, su enfado, y la necesidad de encontrar un foco en el que liberarlo, haciéndole olvidar su habitual prudencia. Sin embargo antes de que pudiese enzarzarse en una lucha de impredecibles resultados con su compañero, la voz de Juugo se alzó entre los dos.
- No me parece que sea buena idea, Karin, no creo que a Sasuke le guste mucho que lo interrumpáis ahora con una pelea entre los dos.
Aunque sonrojada por las implicaciones del alto ninja, la kunoichi replicó: - Sasuke- kun nunca me haría daño.
- Yo por si acaso no tentaría a la suerte, Karin – replicó Juugo con tranquilidad antes de añadir: – Será mejor que vayas a descansar,a mí me toca hacer la primera guardia.
Aunque aún sulfurada, la morena ninja decidió hacer caso al consejo de su compañero, tal vez si se acostaba y dormía, a la mañana siguiente todo volvería a ser normal. Medio resignada, caminó hacia el pasillo antes de que Suigetsu, aparentemente aún no cansado de hurgar en la herida, la llamó.
- Karin – el joven del agua se acercó a Juugo – cuando Sasuke me liberó yo estaba totalmente desnudo, y me puse detrás de él, así – el joven ninja de pelo azul ejemplificó con su desprevenido compañero, mostrando una postura que hizo ruborizar a Karin y apartarse de un salto alarmado al otro shinobi, el sello empezando a aparecer. Sin alterar en lo más mínimo su tono socarrón, Suigetsu continuó- y nuestro atractivo líder no me apartó, cuando no soporta siquiera que tú le roces un brazo. Así que, Karin, me parece que aunque no estuviese Naruto lo ibas a tener difícil con Sasuke.
Sabiendo que si se quedaba un minuto más iba matar aquel asqueroso por atreverse a insinuar esas infamias contra su adorado líder, la morena kunoichi se dirigió airada a su habitación, la risa de su compañero resonando a sus espaldas.
Los dos miembros de Hebi se quedaron en silencio una vez la enfadada Karin hubo desparecido en el frío pasillo de piedra, Suigetsu con una expresión de profunda satisfacción personal a la que su afilada sonrisa confería un matiz casi depredador. Estaba dispuesto a irse a descansar y aprovechar el tiempo antes de que llegase su turno de guardia, cuando la mano de Juugo sobre su hombro le hizo detenerse.
- Nunca vuelvas hacer algo así – la mano del alto ninja se deslizó de su hombro a su cuello – no me gustan tus juegos.
Apartando la mano que le oprimía, el shinobi de pelo azul se alejó de su compañero, la sonrisa aún en su boca. Al llegar a la curva que separaba la entrada del refugio de las habitaciones, el ninja acuático replicó, una indescifrable mirada en sus ojos turquesa: - Pero podrían llegar a gustarte¿ne¿ Juugo –kun?
Y sin esperar una respuesta, se alejó, dejando a su compañero entre la exasperación y la incredulidad.
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La habitación era simple y funcional, algo frecuente en los refugios que cada aldea tenía diseminados dentro y fuera del propio país al que pertenecía. Era lógico suponer, pues, que Sasuke conociese la localización de los del Sonido, tanto como los de Konoha. Cada aldea se encargaba, asimismo, del mantenimiento y revisión periódica de los mismos, pues no se sabía en que momento podían ser necesitados. Un arcaico, pero efectivo y discreto sistema de tuberías conducía el agua desde un pozo subterráneo hasta la habitación. Proporcionando líquido suficiente para atender las abluciones diarias. Nada se dejaba al azar a la hora de escoger la localización de uno de esos refugios.
La atmósfera del lugar era fría, pero no especialmente húmeda, algo que era de agradecer aún el caso de ninjas jóvenes.
Todas estas consideraciones pasaron por la cabeza de Naruto de una forma casi inconsciente, su entrenamiento ninja llevándole a analizar el entorno que lo rodeaba de un modo casi automático.
No obstante, había algo de lo que sí era profundamente consciente; la presencia del Uchiha a su lado, sentimiento que se agrandó aún más cuando la pálida mano de este se posó sobre su hombro. Este Sasuke era diferente al que durante un mes había vuelto a ser su compañero en Konoha; más oscuro, más dominante, el poder que esgrimía rodeándolo como un oscuro manto.
- Veo que no llevas bandana – los gráciles dedos ascendieron del hombro a su pelo, hundiéndose allí con posesiva familiaridad – ni la que te marca como ninja de la Aldea de la Hoja, ni la rayada que marca tu deserción - el rostro del Uchiha se encontraba a escasos centímetros del suyo y Naruto sintió el ritmo de su corazón acelerarse – dime¿aún debes lealtad a Konoha?
El joven rubio tragó saliva, intentando deshacer el nudo en su garganta y calmar la agitación que iba dominando su cuerpo como respuesta a la presencia del Uchiha, antes de contestar:- De momento mi lealtad es para ti y para tu camino. Yo he venido a cumplir mi parte, Sasuke.
A pesar de no ser una respuesta directa, ésta pareció satisfacer al hermoso moreno pues, cuando el negro ónice de sus ojos se clavó en los límpidos pozos del rubio, un asomo de calidez brillaba en ellos, y una suave sonrisa, la primera que Naruto había visto desde su llegada, marcó la boca de tentadores labios.
- No eres el único que cumple sus promesas, Naruto.
Y, sin más preámbulos, la boca del Uchiha se posó, posesiva, sobre la suya.
Besar a Naruto era lo más parecido a encontrarse a sí mismo que Sasuke había sentido en esos años de exilio. La noche que habían pasado juntos en Konoha había sido increíble, pero extraordinariamente frágil, como un sueño marcado por la amenaza del despertar. Esto era real, Naruto había venido a él y, por fin, estaba completo.
Los tiernos labios bajo los suyos se rindieron ante pasional demanda sin oponer resistencia, dándole entrada al húmedo y cálido paraíso que guardaban.
Mientras su boca exploraba incesante la del adorable rubio, sus manos dieron rápida cuenta de la chaqueta y camiseta de Naruto al tiempo que el propio kitsune decidía explorar su semidesnudo torso, demostrándole que sus avances eran más que bien recibidos.
El profundo y húmedo beso dio pasó a otros, breves, enloquecedores, que alimentaban incesantes el deseo que ardía en los dos jóvenes y cuya palpable realidad se mostraba obvia bajo la tensa tela de sus pantalones.
Aún más evidente era el efecto que las atenciones del Uchiha ocasionaban en Naruto, la respiración del rubio acelerada, su piel ruborizada por el deseo que lo poseía.
Orgulloso de su efecto sobre el rubio ninja, Sasuke se acercó aún más a él, sus manos rodeando las firmes nalgas y empujando a Naruto contra él, un suave gemido escapando de los labios del precioso rubio al notar la poderosa reacción del Uchiha contra su propio deseo, sus enormes ojos azules cerrándose ante el súbito placer.
Instintivamente, sus brazos rodearon la fuerte espalda de Sasuke, buscando seguridad en medio de aquella indomable pasión que empezaba a dominarlo; cuando sus ojos se abrieron, el cielo imposible de su color se había tornado un mar de profundas y embravecidas aguas, oscurecidos por el fiero deseo.
La estructura de la cama cuando se posaron sobre ella era dura, y no especialmente cómoda bajo sus cuerpos, pero a ninguno de los dos pareció importarle, perdidos como estaban en la presencia del otro.
Inquieta, la mano de Naruto se deslizó sobre los bien formados hombros de Sasuke, aprovechando el fácil acceso que el modificado hakama proporcionaba. Ansioso por descubrir más de la deliciosa piel del Uchiha, el adorable rubio deslizó hacia atrás la blanca tela, el perfecto torso surgiendo al descender los pliegues de tejido, su inflexible perfección un doloroso aliciente para la ya inflamada líbido de Naruto. Los firmes músculos del cuerpo del Uchiha constituían una poderosa tentación a la que no pudo resistirse, y pronto, sus labios, dientes y lenguas, se familiarizaban de nuevo con aquellos firmes contornos, con la dulzura de la blanca piel.
Aunque las caricias del rubio poseían una enloquecedora cualidad, Sasuke ansiaba sentir la calidez de su dulce cuerpo y con ese propósito lo atrajo hacia el suyo, apreciando la forma en que Naruto se doblegaba a su pasión, su cuerpo acomodándose en su regazo, su dulce rostro inclinado para recibir el beso que el Uchiha, por supuesto, le proporcionó. Con la firme presión de las nalgas de Naruto sobre su deseo, el cuerpo de Sasuke no pudo evitar el instintivo movimiento contra aquella tentadora curva, ansioso por explorar las delicias que prometía.
Cuando su boca abandonó la del rubio, el Uchiha no pudo evitar sentir una posesiva punzada de orgullo, Naruto era perfecto; los increíbles ojos, la graciosa curva de la nariz, la tentadora boca… incluso las marcas del Kyuubi era un añadido favorecedor, que le proporcionaba un equilibrio perfecto, entre inocencia y felino misterio. Que ese adorable ser fuese suyo complacía perfectamente el profundo sentido de la posesión por el que su clan había sido tan famoso.
Libres de la bandana, los rubios cabellos del ninja caían contra su rostro, ruborizado por el placer y por el escrutinio de Sasuke.
- ¿Qué miras tanto? – preguntó, ligeramente incómodo ante la intensidad con que aquellos ojos negros lo devoraban.
- A ti – replicó el Uchiha, impasible – eres delicioso.
Ruborizándose aún más, el rubio desvió la mirada – no digas esas cosas, baka.
- Pero es la verdad – afirmó el moreno con oscura suavidad, sus manos explorando bajo los pantalones de Naruto, aprovechando la forma instintiva en que éste se arqueó bajo la caricia para posar sus labios sobre el moreno cuello, justo antes de que sus blancos dientes lo mordieran con suavidad – y para mí es un orgullo poseer algo tan bello.
- Teme- intentó protestar Naruto, aunque sin mucho éxito; distraído como estaba por las atenciones de Sasuke– yo no soy tuyo.
Aunque la declaración sonó débil ante sí mismo, sus palabras ocasionaron una reacción en el Uchiha, que abandonó su exploración del cuerpo del rubio para acercar su boca a la delicada oreja de Naruto y murmurar:- Yo creo que sí lo eres, kitsune. Eres mío, como yo soy tuyo.
Y con eso, los labios del Uchiha volvieron a tomar posesión de los de Naruto, la pasión entre los dos incrementándose con cada nueva caricia, que se hacía más intensa a medida que se iban deshaciendo de las molestas ropas. Pronto, la única barrera entre los dos fue la de su propia piel.
Cuando Sasuke lo tendió sobre el lecho, inmediatamente cubriéndolo con su propio, blanco cuerpo, Naruto no pudo más que dejarse guiar; sus sentidos sobrecargados de la presencia del otro shinobi, su cuerpo abrumado por la forma en que el Uchiha recorría cada centímetro de su piel y levantaba, una tras otra, oleadas de intensa pasión. Ciertamente, casi parecía que el sharingan no sólo copiaba jutsus, pues a pesar de su inexperiencia, el Uchiha parecía recordar perfectamente los puntos que volvían loco de placer a Naruto, usándolos de la misma forma implacable que explotaba los puntos débiles de un rival, aunque, afortunadamente para el rubio ninja, con resultados mucho más agradables.
La gélida frialdad de los oscuros ojos parecía haber desaparecido, sustituida por un fiero sentimiento que encontraba su foco en Naruto. Las blancas manos acariciaron los morenos contornos del rubio shinobi, antes de descender por el firme abdomen y jugar con el oscuro tatuaje allí dibujado, el sello proporcionando una dimensión sensual y carnal al dorado cuerpo ante el suyo.
La necesidad de dominar a aquella preciosa criatura, era casi una entidad en sí misma, alimentándose de la forma en que el rubio respondía antes sus avances; el modo en que su grácil cuerpo se arqueaba al sentir la firme mano de Sasuke sobre su erección; en el perfecto gemido que escapó sus labios cuando las caricias del Uchiha aumentaron su fuerza y su tempo; el delicado abandono con que su cuerpo se ofreció al del moreno.
Sin embargo, cuando Sasuke se dispuso a tomar el ansiado premio, la mano del rubio lo detuvo, intentando calmar el agitado ritmo de su respiración y el impulso de su cuerpo, que le empujaba a dejarse llevar por el oscuro fluir de su pasión. El pálido rostro del Uchiha le miraba inquisitivo, y el rubio lo acarició suavemente, recorriendo con sus dorados dedos los delicados rasgos antes de afirmar:
- Sasuke, si estás es la primera vez que lo haces…bien, esta no es la mejor posición – aunque levemente azorado, la voz del rubio era firme, de los dos él era el que tenía experiencia y había ciertas cosas que, de no hacerse bien podrían provocar un daño inesperado.
- ¿Y que sugieres enton…?- incompleta, la frase murió antes de ser pronunciada, retenida por una mezcla de sorpresa y un deseo tan profundo, que hacía palidecer lo que hasta ese momento había sentido.
Ante sus mismos ojos, el rubio ninja se había girado hasta quedar de espaldas ante él, la deliciosa curva de sus glúteos plenamente resaltada cuando, sin preámbulo alguno, el joven rubio dispuso su cuerpo hasta quedar plenamente expuesto, ofreciéndose de una forma absoluta.
Intentando calmar su respiración, su sonrojado rostro apoyado entre sus brazos, Naruto no tuvo que aguardar mucho hasta sentir las manos del Uchiha sobre su cuerpo, acariciando rectas líneas y tentadoras curvas, abriendo y preparando con una pericia que hizo al rubio morder sus labios para no gritar el nombre del moreno. Finalmente, la sensación de los dedos del Uchiha desapareció, su cuerpo inconscientemente siguiéndolos en su retirada, vibrando con el placer que le habían proporcionado. Sin embargo, la espera no duró más que unos instantes, el cuerpo del Uchiha poseyendo el suyo de la forma más íntima posible.
Esta vez, no pudo contener el grito, que era el nombre de Sasuke envuelto en un profundo y apasionado gemido. Como tampoco pudo retener el movimiento de su propio cuerpo, contra las caderas del Uchiha. Sus movimientos le eran tan instintivos como respirar, la enloquecedora cadencia de aquel placer algo que había intuido en otros encuentros, pero nunca gustado de forma plena, si alguna duda le quedaba de que su cuerpo había sido hecho a medida para el de Sasuke, desapareció para siempre. Una de las manos que agarraba su cadera se deslizó, acariciadora, hasta el lugar donde su placer se acumulaba y, con el ritmo de los blancos dedos acompasando el del cuerpo poseyendo el suyo, Naruto fue incapaz de contener por más tiempo la ola de su pasión, aterradora en su intensidad que le llevó a su culminación. Durante unos instantes sólo pudo sentir el placer, envolvente, absoluto; mientras la posesión de su cuerpo continuaba hasta que, con un suave gruñido y una última acometida, se detuvo, la prueba del placer del Uchiha deslizándose en su interior, mientras sus dos cuerpos aún unidos, se dejaban caer sobre el duro lecho.
Aunque ligeramente agitada, el ritmo de la respiración del Uchiha era más pausado que la del rubio ninja, sus brazos níveos un perfecto contraste contra la dorada piel de Naruto, cuyo cuerpo se amoldaba perfectamente a la curva que el de Sasuke le ofrecía, seguro y a salvo; una pequeña criatura en su madriguera.
A pesar del sudor, el cuerpo de Naruto desprendía un suave y natural olor, fresco y a la vez terreno, como el del viento cuando lleva el eco de la húmeda tierra.
Ninguno de estos detalles había podido apreciar la vez anterior, preocupado como estaba por el efecto del rubio sobre él, por la forma en que sus bien sometidas emociones se habían liberado, desequilibrando su fría calma.
Ahora no sentía frío, pero tampoco el oscuro tumulto de aquella noche en Konoha, por primera vez desde hacía mucho tiempo estaba en paz, todo lo que había querido por fin en sus manos.
La cálida presencia en sus brazos se movió con suavidad, provocando que un murmullo de protesta se escapase de su boca. Sin embargo, el dorado ser no tardó mucho en volver a sus brazos, sólo lo suficiente para retirar la evidencia de sus actividades de sus cuerpos, lavando rápidamente el húmedo paño antes de devolverlo a su lugar.
Mientras acogía de nuevo a Naruto junto a él, una pregunta insidiosa se deslizó en la mente del moreno, algo que se le había hecho evidente en los dos encuentros amorosos entre él y el rubio shinobi.
- ¿Naruto? – preguntó, su boca contra el dorado cabello
- Hummm – la medio contestación del rubio evidenciaba claramente que estaba más que satisfecho con estar entre los brazos de Sasuke, y que una charla post –coital no era, precisamente, la mayor de sus prioridades. Sin embargo, la pregunta en la mente del Uchiha precisaba una respuesta aunque ésta, probablemente, no iba ser de su agrado.
- ¿Con cuántos te has acostado antes de mí?
Toda la placentera modorra que lo estaba invadiendo, abandonó de golpe su cuerpo, lo inesperado, y brusco, de la pregunta de Sasuke tomándolo absolutamente desprevenido.
- ¿El qué? – inquirió, mientras se sentaba en la cama, instintivamente alejándose del moreno.
- ¿Que con cuántos…?
- Lo oí perfectamente la primera vez – replicó el rubio- lo que no entiendo es a que viene esa pregunta.
- Pues a mí me parece lógica – replico el Uchiha fríamente, mientras se incorporaba levemente sobre sus brazos – es obvio que has estado con alguien y quiero saber con quién. No me gusta que toquen lo que es mío.
- Oye, teme – Naruto estaba empezando a sulfurarse y mucho, lo que le faltaba; un despliegue del sentido de la propiedad Uchiha - ¿qué te hace pensar que iba estar esperando por ti mientras tú decidías si volver o no a Konoha?-
- Que sé que has estado enamorado de mí desde niño y que tú no eres del tipo que se acuesta con cualquiera – respondió el Uchiha con la misma eficiencia que si estuviera realizando un informe, absolutamente seguro de la veracidad de su afirmación.
Naruto intentó negarlo, entre avergonzado e irritado de que sus sentimientos fueran tan evidentes para Sasuke, mientras que los del Uchiha eran un misterio para él. Sin embargo, no lo hizo, era absurdo negar la evidencia y tampoco tenía mucho sentido; él mismo podía reconocer esa reacción como un resto de la infantil rivalidad, que no aceptaba que el moreno tuviese una ventaja tan grande sobre él.
- Pues si sabes tanto de mí, entonces sabrás por qué lo hice.
Una súbita realización cruzo el rostro de Sasuke, al comprender la velada información que las palabras del rubio encerraban.
- ¿Cuándo fue?
- No mucho antes de que tú regresaras – respondió con calma el rubio, aunque sus ojos azules evitaban los de Sasuke, haciendo difícil para el Uchiha adivinar los sentimientos de Naruto – unos tres meses. Llegué de una misión y al ir a ver a Tsunade me dio la agradable noticia. Me dijo que había querido hacerlo ella, en vez de consentir que me enterase por un mensajero cualquiera.
- ¿Y…?- Sasuke empezó a la pregunta, pero nunca llegó a terminarla. Tampoco se hizo necesario, pues la respuesta de Naruto fue clara.
- Neji – aunque aún sin alzar la vista, la determinación del rubio ninja no flaqueó, la única muestra de su nerviosismo, el suave jugueteo de sus dedos sobre la áspera sábana – Yo…se lo pedí a él, y accedió y lo siento si no te gusta Sasuke – los ojos azules se alzaron, mirándole, una suave resignación mezclada con firmeza brillando en sus expresivas profundidades – pero no me arrepiento.
Sasuke respiró hondo, luchando con un súbito deseo de buscar al Hyuuga y arrancarle sus preciosos ojos, entre otras cosas. Y, sin embargo, la única culpa del portador del byakugan había sido acompañar a un amigo en uno de los momentos más delicados y difíciles de la vida de un ninja. En la paradójica protección que le había dado ser el supuesto futuro recipiente de Orochimaru, Sasuke había olvidado lo que suponía el paso del tiempo para todos los ninjas, los de Konoha incluidos; que un día serían adultos a los ojos del consejo, y que ese día su cuerpo podría usarse en las misiones de una forma nueva, pues ¿qué mejor forma de acercarse, sonsacar información o eliminar a un objetivo que después del acto de la pasión? Sabiendo eso, todo ninja buscaba un compañero; a veces un amigo, a veces un maestro y, a veces, sólo a veces y sólo los más afortunados, la persona amada; con el que pasar ese primer, e irrepetible momento. Porque los shinobis eran armas para su aldea, pero también seres humanos; y antes que dar esa parte de sí mismos a un completo desconocido, al que probablemente tendrían que ejecutar después, preferían entregársela a alguien que, al menos, honraría ese momento. Nunca ningún ninja había negado a otro esa petición, que en sí misma, era un honor.
Leer las emociones de Sasuke era algo difícil en el mejor de los casos y, realmente, Naruto no sabía como iba asimilar todo aquello. Así que, cuando los firmes brazos del Uchiha se cerraron en torno suyo, atrayéndole contra el blanco y firme cuerpo, el joven rubio experimentó la dulce punzada del alivio y la felicidad.
- Lo siento – esas palabras en la boca de Sasuke eran un mundo en sí mismas, y Naruto no las mancilló preguntando su causa, los dos sabía a que se refería – tendría que haber sido yo.
- Sí – sus brazos en torno a la firme espalda, su boca contra el suave cuello, Naruto se encontró protegido contra el dolor que tantas veces había acompañado ese mismo pensamiento en su cabeza – pero está bien, todo está bien ahora. Y, antes de que lo preguntes, no hubo más. Fuera por la protección de Tsunade o por simple casualidad, no tuve ninguna misión que necesitase de ese tipo de actuación.
- Me alegro entonces, de verdad que lo hago.
Los minutos se extendieron perezosos, el silencio cómodo entre los dos, como hacía mucho que no pasaba, hasta que, casi en un susurro la voz de Sasuke preguntó:
- ¿Cómo fue? – una pausa antes de matizar- ¿Fue bueno para ti?
- Todo lo bueno que puede ser entre dos personas que no se aman y que, al menos en mi caso, aún no han experimentado el deseo siquiera. No digo nada de Neji; creo que, al menos físicamente, yo le atraía, y fue amable y paciente y tierno. Más de lo que se podía pedir a nadie dadas las circunstancias. No traicionó mi confianza, si es eso lo que te preocupa. Nunca lo haría, es un amigo.
- Por eso no está muerto – anunció Sasuke, su voz fría y calma, constatando un simple hecho.
- Sasuke – Naruto se revolvió entre los brazos del moreno sin mucho resultado, pues estos se negaban a permitirle alejarse – eso no tiene sentido. Y lo sabes – protestó el rubio antes de resignarse a quedar donde estaba y relajarse contra el firme cuerpo a su lado.
- Me da igual que no tenga sentido – las blancas manos se posaron sobre el firme vientre del rubio, justo encima del sello allí dibujado, mientras los labios de Sasuke susurraron en el oído de Naruto una oscura y firme promesa: - Eres mío, Naruto, nadie te volverá a tener mientras yo viva. Y eso, kitsune, es también una promesa.
El rubio ninja no dijo nada, dividido como estaba entre la satisfacción de ser el foco de esa intensidad que sólo con él demostraba Sasuke, y ligeramente molesto por la forma posesiva en que ésta se manifestaba. En fin, con los Uchiha no podía ser una cosa sin la otra, probablemente era una técnica de sangre aún no comprobada, como el sharingan; mientras a Sasuke no le diese por tatuarle un abanico o algo así tal vez podría convivir con ello.
Con esos pensamientos en la mente y una satisfecha sonrisa en el rostro, Naruto dejó que el sueño se apoderase de él, protegido y seguro entre el firme círculo de los brazos de Sasuke.
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La respiración del rubio entre sus brazos era suave y pausada, su adorable rostro una visión de la que ahora podía disfrutar sin remordimientos. Tal vez tendría que ser feliz con eso, pero no estaba en su naturaleza conformarse, nunca lo había estado. Era ambicioso y no quería renunciar a nada, esas habían sido sus palabras ante Naruto, y no le había engañado.
Con suma delicadeza, Sasuke posó el cálido cuerpo sobre el lecho, sonriendo ante la forma instintiva en que el rubio se volvía hacia él, buscando el calor. Sin embargo no cedió ante la plácida tentación de la dorada forma, observando como volvía a sumergirse en un tranquilo sueño, tal era la confianza del rubio en él. No quería volver a traicionarla, pero si tenía que hacerlo, por el bien de Naruto, por el de los dos, lo haría. Cuando todo aquello terminase tendría poder; poder para cumplir su venganza; poder para hacer realidad los sueños de su kitsune. Su camino, que antes terminaba en el momento de matar a su hermano, se extendía ahora hacia el futuro; si Naruto estaba a su lado realmente tenía algo por lo que vivir. Pero antes se necesitaban sacrificios, por parte de todos.
Con este propósito en su mente, las gráciles manos del Uchiha se posaron sobre el tatuado vientre de Naruto; la combinación de sellos grabada en su mente por su inesperado aliado. Con la liberación final, un brillo rojizo se extendió sobre el cuerpo del rubio su cuerpo arqueándose bajo el poder liberado, antes de volver a relajarse.
Un instante después, los ojos del ninja se abrieron, su bello azul desaparecido totalmente bajo un rojo primal; sus sensuales labios entreabriéndose para mostrar el perfecto filo de unos blancos colmillos; la inocencia de su rostro ocultada por una conciencia y un propósito milenarios.
- Bien hecho, pequeño Uchiha – la oscura y grave voz del Kyuubi surgió del cuerpo de Naruto – realmente no esperaba menos de un descendiente de Madara.
Una sonrisa, no muy diferente de la del demonio, se dibujó en la curva perfecta de la boca de Sasuke, mientras en sus ojos, el rojo y el negro del sharingan surgía como siniestro reflejo de los salvajes orbes del bijuu.
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Nota de la autora: Por si a alguien le interesa ( ejem¿le interesa a alguien? Xd xd) Este fic fue ideado como una serie, lo del one shot fue porque no me animaba y así mataba dos pájaros de un tiro con el regalo de gossa, pero visto que algunos de vosotros queríais leerlo, pues aquí está. Aunque yo soy muy del gusto de los finales abiertos, y sin motivación decaigo… ( ejem, la sutileza no es lo mío xd) ( goooossssa )
Nota de la autora (2):Lo de Sasuke "uke" (xd) fue también cosa del regalín, y para que me saliera medianamente coherente además de virgen, tuve que sacarlo de su entorno, debilitarlo emocionalmente y meter al Kyuubi. Y aún así mandó él. Conclusión: como la cabra tira al monte, Sasuke tira a seme; es su personalidad, se le da de maravilla y encima Narutín encantado… ( y yo tb xd) ( y nekoi –chan!!! )
