Disclaimers: Naruto no es mío, todas las referencias a la obra y los personajes pertenecen a la editorial Shueisha a Masashi Kishimoto y a las diferentes compañías y editoriales que comparten los derechos. El contenido original, que algo habrá, si puede ser considerado mío. Por desgracia sigo siendo igual de pobre que antes de escribirlo, eso sí, mucho más feliz.

Disclaimers (2): Por si todavía hay algún despistado, AQUÍ HAY YAOI, eso es, jóvenes hermosos dándose amor, esencialmente Naruto y Sasuke. Sin embargo, y puesto que en la variedad está el gusto, habrá otras parejas que os animo a adivinar (aunque tampoco lo pongo muy difícil).

Dedicado, como siempre, a mis niñas, (we are fighting dreamers, girls) . A Rya, (aunque no le gusta este fandom ) y a todos los que os molestáis en dejarme review. Sois el alimento de mi musa.

VIENTO Y FUEGO CAP. III

- Huaaah ¿qué es esto? – preguntó un sorprendido Naruto mientras observaba la magnífica mansión ante sus ojos.

- Evidentemente un complejo familiar, palurdo ignorante – fue la réplica de su compañera de equipo, su voz llena de irritado desprecio.

- Ya sé lo que es, baka – replicó el ninja rubio con fastidio – pero ¿por qué tiene Sasuke una casa así? No sabía que hubiese Uchihas fuera de Konoha.

- ¡No te refieras a Sasuke – kun con esa familiaridad, estúpido enclenque! – replicó Karin, dirigiendo una mirada de odio al rubio zorro que había seducido con malas artes a su adorado jefe conduciéndolo a una depravada relación.

- ¡Oye, para ya de insultarme…

- Venga niños, ya está bien – intervino el ninja de pelo azul con una sonrisa maliciosa que denunciaba la gracia que todo aquello le estaba causando – estáis llamando la atención. Al jefe no le gusta nada eso.

Efectivamente la trifulca entre el ninja rubio y la kunoichi morena estaba haciendo que varias de las personas que los habían salido a recibir, los mirasen con expresión extraña. Si bien sus rostros mantenían una cortés impasibilidad.

- Si mis señores son tan amables – indicó una de las muchachas, realizando una formal inclinación – sus habitaciones están listas, tal como ha indicado el daimyo.

- Oh no, Uzumaki –san – señaló otra, una linda muchacha morena, cuando el rubio ninja intentó seguir a sus nuevos compañeros – ellos se dirigen al ala de invitados. El daimyo ha especificado que usted debe instalarse en el ala familiar.

Sin acabar de entender lo que estaba pasando, Naruto desvió la mirada hacia los otros integrantes de Hebi, notando la impía sonrisa de Suigetsu y la mirada de profundo odio de Karin ante las palabras de la doncella. Bien, cualquier cosa que enfureciese a la morena kunoichi no podía ser tan mala.

- ¿ Pero qué estas diciendo? – Se volvió Karin contra la pobre muchacha - ¿por qué este – y señaló a Naruto – va a instalarse cerca de Sa… del daimyo – se corrigió – y yo aparte? Estás equivocada, tonta.

- Y alguien sigue negando la evidencia – musitó Suigetsu por lo bajo, lo que le granjeó una mirada fulminante de su compañera y un suspiro de resignación de Juugo, que ya estaba empezando a cansarse de todo aquello.

- Perdón, Karin – sama – replicó la doncella, en un perfecto y neutral tono, mientras se inclinaba – pero las órdenes del…

- Qué estás equivocada – empezó a protestar de nuevo la joven morena

- Y tú ciega – siguió molestando Suigetsu

- ¿Quieres….- empezó a decir la ninja, mientras se volvía hacia se compañero de pelo azul, antes de ser súbitamente interrumpida

- QUERÉIS CALLAROS LOS DOS – la voz de Juugo era un rugido, que enmudeció a sus compañeros – Lleváis todo el día así, todo el día – poco a poco las marcas del sello comenzaban a aparecer, a medida que el animo del ninja de pelo oscuro se encendía – Naruto irá con nuestro lider, porque es su amante, duermen juntos y tienen sexo. Punto. Ahora vayámonos - exigió, dirigiéndose a una de las construcciones a la izquierda. Dejando a un sonriente Suigetsu, una furiosa Karin y un, profunda, terriblemente, azorado Naruto a sus espaldas. La joven doncella, perfectamente entrenada, no dijo nada, su faz una máscara de calma absoluta.

- ¿No te encanta cuando saca ese lado dominante, Karin – chan? – replicó el ninja de pelo azul antes de seguir a su compañero, su habitual y afilada sonrisa otorgándole un aire entre lo travieso y lo peligroso.

La ninja morena no se molestó en replicar a ese comentario, si lo hacía era posible que Juugo se enfadase aún más y no era algo a lo que quisiese enfrentarse. Realmente lo único que no soportaba era la presencia de ese despreciable shinobi rubio con ellos, estaba claro que tenía sometido a su adorado Sasuke- kun a algún tipo de jutsu que lo había vuelto de "esa" forma. Por mucho que el asqueroso de Suigetsu insinuase cosas horrible de su hermoso líder ella sabía que estaba equivocado. Aunque fuese lo último que hiciese libraría a Sasuke-kun de la terrible influencia de ese zorro y por fin estarían juntos, el destino los había unido, de ella nacería la siguiente generación de Uchihas. Con ese pensamiento en mente, la kunoichi se permitió tranquilizarse, sí, Sasuke sería suyo, costara lo que costase.

Mientras seguía a la tranquila muchacha que le servía de guía por los intricados pasillos de madera, Naruto reprimió un bostezo. Desde que había abandonado Konoha, apenas tres días, el cansancio era un compañero constante y no alcanzaba a entender la razón. No era su, últimamente, agitada vida nocturna, pues las horas de sueño eran más que suficientes para recuperarse y, por otro lado, su agotamiento era distinto, como si su fuerza estuviese desapareciendo. Apenas si podía seguir el ritmo de sus compañeros al desplazarse, lo que provocaba ácidos comentarios sobre su ineptitud por parte de Karin, señalando que el nuevo miembro no era más que una carga. Extrañamente, Sasuke no parecía tener la misma opinión, llegando incluso a amonestar a Karin, prohibiéndole que volviese a comentar nada sobre la presencia del rubio ninja, eso, había dicho el moreno Uchiha, era asunto suyo y no de ella.

A pesar de la infantil satisfacción que el hecho de que Sasuke le defendiera suscitaba en él, una parte más madura no alcanzaba a sentirse cómodo. Algo le estaba pasando y no entendía qué.

Parándose ante una amplia puerta, la muchacha se arrodilló, abriéndola con suave gracia, mientras pedía a Naruto:

- Adelante, por favor, Uzumaki –san, el daimyo le está esperando.

Un poco desconcertado, el rubio ninja entró en la amplia habitación, mientras la puerta se cerraba discretamente detrás suyo.

Todo allí hablaba de poder y riqueza, los cuidados materiales de los tatami, las exquisitez de los biombos, las cuidadas caligrafías que pendían de los muros… A un lado de la habitación, contemplando el hermoso jardín verde que se extendía rodeando el palacio estaba Uchiha Sasuke.

- Sasuke- gritó el rubio ninja mientras se acercaba a él - ¿dónde estabas? Te fuiste nada más entrar y ¿qué hacemos aquí¿Dónde está ese daimyo?

- Aquí, Naruto – replicó el moreno Uchiha, una media sonrisa en su hermoso rostro y el rojo del sharingan brillando en su mirada – yo soy el daimyo.

Un suave viento del norte soplaba sobre los árboles, su fresco aliente agitando las hermosas y frondosas copas. Sasuke le miraba tranquilo, parte de su mente concentrada en mantener el juego de su ilusión, mientras otra atendía al pequeño resumen que su rubio amante había obtenido de su explicación.

- Es decir – el adorable ninja se había sentado junto al moreno Uchiha, sus piernas casi rozándose, el suave calor de su cuerpo una difícil tentación que Sasuke jugaba a resistir, sabiendo que podía permitirse el lujo de caer en ella – que él señor de estas tierras murió en una escaramuza con unos renegados y qué tu usaste los poderes del sharingan para que todos te vean como él y así acceder a sus riquezas – el bello rostro se mostraba ligeramente molesto, sus rasgos frunciéndose en un mohín que el moreno deseó alisar con sus dedos.

- Es un poco más complicado, pero has captado la esencia, sí – ojalá tuviese un poco más de tiempo antes de irse, la noche pasada en el camino no había sido propicia para gozar del delicioso cuerpo del rubio, y el suyo propio se lo estaba reprochando.

- Pero eso….- Naruto luchó para encontrar las palabras sin que resultasen del todo ofensivas – no es muy noble ¿ no?...Engañar a tanta gente.

- Míralo de esta forma – Sasuke se levantó, deshaciendo los pliegues del formal kimono y mostrando bajo ellos un uniforme negro, liso que marcaba cada perfecto contorno y bien formado músculo – si no fuera por mí, este estado sería un caos, con la lucha por la sucesión y los enemigos a las puertas. Así que, estoy haciendo de una situación inevitable algo ventajoso para todos.

Algo en aquella lógica no acababa de convencer al rubio, pero tampoco estaba en condiciones de protestar mucho, y menos con el rumbo que sus pensamientos estaban tomando, enfrentados a la muy sensual realidad de un Uchiha en semejante traje.

- ¿A dónde vamos? – preguntó el rubio incorporándose para, a continuación, acercarse a Sasuke, ocupado en añadir las sujeciones de su espada al estilo anbu.

- Nosotros, Naruto – el Uchiha se acercó, una mano acariciando las marcadas mejillas – tú te quedas.

Una protesta empezó a formarse en los labios del shinobi, antes de ser cortada por un posesivo beso, los perfectos labios de Sasuke cubriendo los suyos, su lengua demandando una entrada que, por supuesto, le fue concedida.

La mano del Uchiha se hundió en el rubio cabello de Naruto, obligando a éste a ladear la cabeza, mientras sus enormes ojos se azules se cerraban ante la intensidad del beso. Sus brazos, instintivamente, rodeando la esbelta cintura de Sasuke, mientras éste devoraba su boca, sin dejar un solo centímetro de ella sin acariciar.

Cuando por fin se separaron, un suave roce de los labios y un delicado mordisco por parte de Sasuke, la respiración del rubio estaba agitada, su acostumbrado rubor extendiéndose delator. Sin embargo, la única muestra del estado del moreno era el intensísimo color del sharingan, algo que el rubio sabía indicaba su excitación.

- Llevas unos días muy cansado, Naruto – explicó el Uchiha, su pulgar acariciando los labios del rubio, deliciosamente hinchados por sus atenciones – no es prudente que nos acompañes.

La expresión del adorable kitsune se volvió sombría: - Genial, es decir, que que soy una carga.

Sujetándole la barbilla, el moreno levantó el rostro de su shinobi, el rojo y el negro de sus ojos clavándose en el azul imposible de los de su amado – No, aún no lo comprendes del todo, pero es gracias a ti que cumplir mi camino está cada vez más cerca, eres lo mejor que me ha podido pasar.

- Pero no puedo ir contigo – protestó, aunque el fondo conocía la realidad¿cómo iba a ser útil en una misión si a veces le parecía que no le era posible tenerse en pie?

- No importa estás cumpliendo tu misión, igual – un último beso y el moreno Uchiha se acercó a la puerta, antes de añadir: - todos aquí están para servirte, descansa, no volveremos hasta la noche.

Y con esas palabras, el poderoso ninja se alejó, la puerta cerrándose tras suya. Con un suspiro, Naruto se sentó en el amplio futón detrás de uno de los elaborados biombos. No le gustaba nada que Sasuke se fuera con los otros miembros de Hebi y lo dejase atrás, pero él mismo notaba como sus ojos se cerraban mientras reflexionaba sobre su situación. Realmente estaba muy cansado, pensó, reclinándose sobre el futón mientras sus ojos se cerraban, su último y nada lógico pensamiento destinado a la predilección que Sasuke parecía tener por los trajes provocadores y el hecho de que a cierta kunoichi más le valía tener las manos quietas sino quería perder una… o las dos.

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Una blanca mano elevó la ficha antes de depositarla en la posición elegida, dedos delicados que, sin embargo, hablaban de una fuerza terrible, escondida excepto para aquellos que sabían buscarla. La mano no desmerecía la hermosa armonía del cuerpo, ni éste la graciosa perfección del rostro, donde delicados y aristocráticos rasgos se veían enmarcados por la suave y brillante cascada de seda negra que era el cabello. Sin embargo, si un rasgo señalaba al concentrado joven, eran sus característicos ojos, del suave color de la lavanda nueva y que, como espejos suavemente coloreados, reflejaban las miradas de los otros sin dejar que se asomaran a su interior.

Ese peculiar rasgo, era compartido por su joven rival, un enorme parecido físico delatándolos como familia.

Durante unos minutos, la aparentemente delicada muchacha se detuvo a pensar la jugada, antes de declarar :- Me rindo, Neji- kun, ya no tengo nada que hacer. Sigo siendo bastante mala.

- Nada de eso, Hinata–san – fue la amable réplica – has mejorado mucho en este tiempo. Al igual que en tantas cosas.

La joven Hyuuga notó como un involuntario sonrojo se extendía por sus mejillas ante las palabras de su primo, aún no estaba acostumbrada a los cumplidos y, si bien en los últimos años, la confianza entre ella y Neji se había incrementado, estaba en su naturaleza sentirse incómoda ante las muestras de afecto. Aunque para ella fuesen como la suave lluvia sobre la seca tierra.

- Aún así tendrías que pedirle a Shikamaru que jugase contigo, sería un rival más igualado.

- Puede…- el joven sonrió a su prima, empezando a recoger las fichas del juego- pero me gusta pasar tiempo contigo.

Mientras el rubor retomaba aún con más fuerza su dominio sobre su rostro, una pregunta se introdujo insidiosa en su mente, asociada a la idea de otra persona que solía ocupar también el tiempo de su primo.

- Neji –kun - la joven alargó su mano alcanzando varias fichas, sus dedos rozando la suave piel de su primo, retirándose con la suave calidez de éste aún en sus yemas.

- ¿Sí?

- ¿Realmente Naruto – kun se ha ido a Suna?

El moreno joven no elevó su rostro, simplemente continuando su metódica labor, al tiempo que replicaba:- ¿Qué crees?

- Creo… – la voz de la joven se volvió aún más suave, sus ojos lavanda fijos en sus propios dedos, jugando nerviosamente con los pliegues de su kimono, ni siquiera el paso del tiempo y su entrenamiento habían podido corregir ese hábito suyo - Creo que Naruto – kun se ha ido tras Sasuke, y que la Godaime se lo ha permitido y que el kazekage la apoya. Creo que los dos han puesto sus sentimientos por encima de su objetividad… y creo que los dos han actuado bien.

- Entonces no andas errada – el joven acabó de recoger, sus manos descansando sobre la perfecta curva de su cuerpo, dispuesto en la correcta postura que tanto él como su prima adoptaban ya de forma inconsciente – en nada.

Hinata sonrió, en su tímida manera, apenas si un movimiento de los finos labios, pero capaz de transmitir su felicidad con ese gesto. Realmente Neji había cambiado mucho, todos ellos habían cambiados. Seguramente no fuesen la mejor generación de ninjas de Konoha, no en poder, sino en el hecho de que entre ellos se consideraban amigos, familia. Incluso Sai estaba cambiando, a pesar de que habían descubierto que procedía de la misma Raiz, la rama más fanática y entregada de los anbu, yo todos sabían a quién debían eso.

- ¿Lo saben todos? – preguntó suavemente Neji, sus sentidos alerta a su alrededor, atento a la mínima variación de chakra que señalase la presencia de un intruso.

- Los que conocemos la…- la kunochi luchó por encontrar una palabra adecuada – relación entre Naruto-kun y Sasuke –kun, sí. No es muy difícil encontrar una relación, dudo que el resto haya asociado la desaparición de uno y la misión del otro. No tienen por qué.

- ¿Cómo se lo tomaron? – la inquietud tras la pregunta era genuina, los lazos entre Naruto y sus amigos eran fuertes, y alguno podía no tomarse la decisión del rubio ninja demasiado bien.

- Bueno… algunos, especialmente Sakura, no están muy contentos…yo tampoco si te digo la verdad - la voz de Hinata se volvió casi imperceptible, a nadie le eran desconocidos los sentimientos que la joven Hyuuga albergaba hacia el joven rubio. El tiempo y la conciencia de no verse correspondida habían disminuido su intensidad, pero su corazón aún guardaba resquicios de aquel primer amor, aunque en esos momentos otro se estuviese abriendo paso con fuerza.

- Pero lo aceptáis – continuó Neji, leyendo en su prima y hablando por sí mismo – como yo, como todos los que lo quer… lo apreciamos – se corrigió, la mínima pausa en su inflexión mostrando su tumulto interior, a pesar de la creciente confianza entre los dos, aún le costaba hablar de sus sentimientos, sólo con una persona se había sentido libre de las férreas trabas que su educación y su condición le imponían, y esa persona ya no estaba - porque sabemos que, sin Sasuke, Naruto nunca ha sido feliz, no realmente. Y si tenemos que poner su felicidad antes que la nuestra – las lágrimas caían suaves por las pálidas mejillas de su prima, discretas, como la propia Hinata – lo haremos. Na? Hinata –san?

La kunoichi asintió, mientras intentaba controlar su llanto. Era estúpido lo sabía, pero las palabras de su primo habían sido un eco de sus propios sentimientos, conocía a Neji, tal vez mejor que nadie, con excepción de Naruto y sabía que él no daría voz a su tristeza. Así que ella lo hacía por los dos. Aún así, las lágrimas eran para la intimidad y seguramente estaba haciendo sentirse incómodo a su primo, así que intentó contenerse, luchando contra aquellas lágrimas rebeldes.

El suave tacto de unos dedos contra sus mejillas la sorprendió, dedos que sabían donde estaban los lugares que causaban la muerte en los hombres, la consolaban ahora. Corteses, respetuosos, pero ofreciendo un calmado afecto que, para ella no tenía precio, más aún conociendo cuánto costaban esas demostraciones a su reservado primo.

El ruido de unos levísimos pasos en su dirección los sobresaltó, Hinata secando rápidamente sus lágrimas mientras el rostro de Neji adoptaba su habitual expresión de fría calma. Como si realmente hubiesen acabado la partida hacía sólo unos instantes.

Mientras se acercaba a su hermana y su primo, Hanabi pudo percibir un resto de tensión en la atmósfera, pero rápidamente lo atribuyó a lo que ella creía era la incomodidad de su primo ante su hermana mayor. Era cierto que era cortés con Hinata, y que entre ellos en ocasiones se mostraba cierta familiaridad, pero en su opinión eso no era más que una consecuencia de los impecables modales y educación de su hermoso primo.

Seguramente, Neji la despreciaba, pero era demasiado cortés para actuar de forma incorrecta con la heredera del clan. Con la tristemente débil heredera de los Hyuuga. La conciencia de que su débil hermana sería la cabeza del clan había sido una causa de dolor para ella en su infancia, cuando aún no conocía los entresijos de la familia. Ahora sabía que existían formas de evitar esa situación, de evitar esa vergüenza para el clan y de proporcionarle lo que más quería.

- Hinata – sama – anunció con una suave inclinación – nuestro padre llama por ti. Ha llegado un mensajero de parte del consejo.

- Ha… hai – titubeó la mayor de las hermanas antes de incorporarse – Neji –kun, discúlpame, por favor.

Apenas había tenido tiempo de saludar, cuando su prima se alejaba ya en dirección a la sala principal. Cuando la cabeza del clan llamaba, nadie le hacía esperar y, así, Neji se quedó a solas con Hanibi, la más pequeña de sus primas sentándose en frente suyo.

La presencia de la joven Hyuuga no resultaba del todo cómoda para Neji, que no acababa de asimilar los cambios que habían tenido lugar en su relación con la joven ninja. De una inicial y fría indiferencia, a una continúa atención en tan sólo unos años. La joven aprovechaba cualquier momento libre para estar con él y en sus ojos brillaba, en ocasiones, algo que sólo podía definirse como adoración. Todos los jóvenes pasaban por esos momentos, le habían dicho, que constituía una etapa normal en su desarrollo y normalmente esos primeros enamoramientos se difuminaban con el tiempo. Sin embargo, de eso hacía ya tres años, y fuera lo que fuese lo que sentía Hanabi, no había desaparecido.

- ¿Has estado jugando al go? – preguntó la joven, observando los recipientes de las fichas y el tablero enfrente suya

- Sí, con Hinata –sama – replicó con tono frío Neji, molesto por tener que señalar lo evidente.

- Oh…- la joven hizo una pausa antes de añadir con cierto tono arrogante: – Juega conmigo también, yo juego mucho mejor que ella.

Sin responder, Neji se levantó, realizando una cortés inclinación antes de replicar :- Lo siento, pero ya he descuidado mis deberes lo suficiente. En otra ocasión, seguro. Ahora, Hanabi – san, si me disculpas…

- Sí, sí claro – añadió la joven ninja, aunque innecesariamente, pues ya su primo abandonaba la habitación en un acto que para cualquier otro hubiese indicado lo muy molesto que se encontraba el Hyuuga.

No así para Hanabi, que sólo podía pensar en la perfección de su primo, en la conjunción de belleza y poder que era su primo. Los dioses habían sido crueles al hacerle nacer dentro de la segunda familia, era Neji quien merecía ser heredero y no su indigna hermana. Pero ella lo tenía todo planeado y, contando con el favor de su padre, su sueño era más que viable.

No era tan difícil, a pesar de ser primos, ellos eran los Hyuuga más poderosos, sus hijos serían fuertes y traerían honor al clan y, gracias a ella, y a su rango, Neji entraría en la primera familia. Y con su hermana…ya se vería, había muchas formas de eliminar el obstáculo que su presencia suponía y la mayor parte de ellos, perfectamente aceptables. Sí, Neji ocuparía el lugar que merecía como cabeza de los Hyuuga, con su esposa Hanabi a su lado.

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El lugar donde, supuestamente, se encontraba una de las bases de Akatsuki era una antigua aldea de campesinos, ahora abandonada, sus calles y edificios en apariencia desiertos y ni el más mínimo rastro que señalase la presencia de un chakra poderoso.

- Suigetsu- llamó Sasuke, sus ojos fijos en el lugar, alertas a cualquier cambio - ¿Estás seguro de que tu informante no te engañó?

- Oh, muy seguro, jefe – respondió el ninja de pelo azul con un tono tranquilo y ligeramente pícaro, sus puntiagudos dientes asomando en su habitual, e inquietante, sonrisa – me conocen lo suficiente para saber qué suele pasarles a los que me mienten – La mirada desaprobadora de su líder ante sus palabras sólo hizo que su sonrisa aumentara aún más, sus ojos adquiriendo una expresión que intentaba ser inocente sin conseguirlo, por supuesto, "Suigetsu" e "inocente" no eran dos palabras que congeniasen bien.

- Puede ser que lo hubiese engañado a él – intervino Karin, analizando sus alrededores – sobre todo si sabían que íbamos tras suyo, dudo que a estas alturas la muerte de Orochimaru sea un secreto y menos con la costumbre de Sasuke – kun de dejar vivos a sus enemigos.

- ¿ Es eso un reproche, Karin? – Sasuke se volvió, las espirales del sharingan girando lentamente, como lánguidas serpientes en un mar de sangre – Puedo empezar contigo, si quieres.

- No, no, Sasuke –kun – negó la kunoichi, un ligero temor extendiéndose por su cuerpo, ante el oscuro tono del hermoso ninja – nunca insinuaría eso, sólo que cualquiera puede habernos visto cuando atacamos las instalaciones.

- Parece mentira de ti, Karin – intervino Suigetsu- fiarte tan poco de nuestro aguerrido líder. ¿No sabes lo que hacen esos preciosos ojitos suyos? – el joven de pelo azul ignoró la mirada asesina de su líder ante el comentario – Una mirada así por encima, un poquito de chackra y adiós memorias. Menos mal que tú eres la experta en información ¿eh?

Karin no respondió, mientras para sus adentros asesinaba a Suigetsu de mil formas diferentes, cada una más dolorosa que la anterior. Bastante malo era que su adorado líder hubiese pensado que le recriminaba, cosa que jamás haría, por supuesto, sin que el asqueroso pervertido de Suigetsu la hubiera dejado en evidencia. Pero Karin era paciente, siempre lo había sido, ya encontraría su momento.

- Todo esto…- la grave voz de Juugo hizo que todos se volviesen hacia él, todos excepto Sasuke, cuya mirada seguía fija en algún punto en el horizonte, una intensa concentración reflejada en su rostro.

- ¿Qué pasa Juugo? – preguntó Suigetsu.

- Este pueblo ha sido abandonado hace poco, los útiles de labranza están limpios, no hay alimañas y las casas están en perfecto estado. Parece como sí…

- … como si hubiesen tenido que irse a toda prisa – continuó al ninja de ojos turquesa, una expresión seria en su joven rostro.

- Peor – intervino Karin – como si los hubiesen obligado a irse – la joven morena, dirigió su mirada hacia su líder, aún inmóvil. Eso sólo puede significar una cosa.

- Nos han tendido una trampa – dedujo Shuigetsu, mientras sacaba la enorme espada de su funda, observando como el oscuro sello comenzaba a extenderse por el cuerpo de Juugo y Karin adoptaba la posición de guardia, sendos sais en sus manos – y este lugar puede ser una ratonera, hay mil sitios desde donde nos pueden atacar.

- Retiraos – la voz de Sasuke se elevó impasible – hasta las afueras del pueblo y , pase lo que pase, no os acerquéis.

A ninguno se le ocurrió protestar, independientemente de sus personalidades los tres eran shinobis, era más, conocían lo suficiente aquel tono de voz como para hacer otra cosa que no fuera obedecer.

No tardaron más que unos minutos en llegar a las afueras de la aldea, protegidos por los árboles que la rodeaban, observando una extraña nube de polvo acercándose al poblado.

- ¿Por qué se ha quedado allí solo? – protestó Karin - ¿ y que es ese extraño chakra?

- Una invocación – respondió Juugo – han realizado una invocación.

- Y de las gordas – Suigetsu envainó la espada, preparándose para disfrutar del espectáculo – Algo muy lógico si te quieres enfrentar con un portador de sharigan, evitar el contacto directo.

- ¿Qué haces? – Karin empezaba a ponerse histérica, la tierra vibrando con el poder de la invocación, su místico chakra muy superior a lo que ella hubiera conocido – Tenemos que ir a ayudar a Sasuke – kun.

- Vete tú, si quieres – el tono del ninja de pelo azul era absolutamente tranquilo – A mí se me ha ordenado alejarme y quedarme aquí y no pienso desobedecer. Y, Karin,- añadió, su habitual y afilada sonrisa en su rostro - no es que me importe mucho lo que te pase, pero no me apetece ir a buscar otro miembro para Hebi, así que te recomiendo que hagas lo mismo.

Una silenciosa aserción, fue la respuesta de Juugo a las palabras de su compañero, demostrando a Karin que por parte del serio ninja no encontraría apoyo. Así que, con un creciente temor, la morena ninja se preparó para observar la forma en que se desarrollaban los hechos, la preocupación por su líder dominando sus pensamientos.

Sasuke notó la terrible energía de su adversario, mientras sus ojos lograban divisar, y distinguir, la forma de la invocación. Rodeando el caparazón de una enorme tortuga, se distinguía la forma reptiliana de una serpiente, terribles en su poder y, sin embargo, muy lejos del ser que aparentaban representar. Una fría sonrisa se dibujo en el rostro del moreno ninja, mientras comenzaba a invocar el chakra que su peculiar límite de sangre le había permitido adquirir. Realmente, si pretendían engañarle con aquel ser, hacerle pensar que era a la terrible divinidad del norte a quien se enfrentaba, tendrían que haber buscado a alguien menos familiarizado con los dioses, y con los demonios, de lo que él estaba.

El chackra de la criatura sería un adversario formidable incluso para los shinobis más poderosos, pero no para él, no en aquellos momentos. El brillo del sharingan se convirtió en luz, oscura, sanguinolenta, cuyo reflejo teñía la pálida piel dándole una demoníaca apariencia, al tiempo que su poder abría las compuertas que mantenían el robado chakra almacenado. El primer momento fue de una agonía sin límites, cada célula de su cuerpo inundada por una energía no hecha para el cuerpo mortal, nunca había sentido un dolor como aquel, cada átomo de su cuerpo a punto de explotar con la sobrecarga, pero, justo cuando la muerte parecía una inevitable realidad, la agonía se transformó en éxtasis. Una memoria genética, dormida durante varias generaciones, incrustada en su ser despertó, reconociendo el poder como algo suyo, de su misma naturaleza, lo humano mezclándose con lo demoníaco, la verdadera raíz de su clan.

Sobre su cuerpo, el impío sello había despertado, marcando con su extrañamente sensual diseño la blanca perfección del Uchiha. Sobre su espalda, oscuras alas se agitaban suavemente, no las que el sello otorgaba, sino unas mucho más antiguas, mucho más siniestras, a pesar de su mancillada belleza.

El Uchiha invocó el poder a su disposición, rojo y negro, como el sharingan, como el poder del kyubi y la oscuridad de sus alas; atacó, el aire vibrando con su poder, masacrando al pseudo genbu sin apenas esfuerzo, mientras un rastro de destrucción marcaba el lugar por donde su energía había rozado la tierra.

Con un grácil movimiento, Sasuke se elevó brevemente, su poder aún demasiado joven para permitirle más que ese breve movimiento. En su ser vibraba aún el eco del poder, llenándole de una fría alegría, manifestada en la oscura belleza de su sonrisa, donde asomaban los finos colmillos, y en el inquieto aleteo de sus alas de tengu.

No muy lejos de allí, el instigador del ataque escapaba incrédulo, sin aún asumir lo que sus sentidos le habían comunicado. Era un ninja poderoso, aunque su poder se centrase esencialmente en la invocación, en las manos de su clan se encontraban algunos de los manuscritos más antiguos y poderosos de los cinco grandes países, manuscritos que mostraban los antiguos rituales de invocación y pacto. Le habían dicho que ese ninja podía ser un potencial peligro, pero estaba claro que sus informadores se habían quedado cortos, la energía que había sentido no era "potencial" era una realidad terrible para la que más les valía ir preparándose. El líder tenía que saber que un nuevo poder había surgido.

Por primera vez en mucho tiempo, Suigetsu estaba sorprendido, realmente sorprendido y, si los rostros de sus compañeros eran un indicador de su estado de ánimo, no era el único. Los tres se miraron en silencio, sin saber muy bien qué decir, calibrando la reacción de los otros ante lo que habían presenciado. El joven ninja de pelo azul miró a Juugo, algo que realizaba con relativa frecuencia desde que se habían conocido, encontrándose con que el serio ninja también lo miraba.

El familiar cosquilleo en su estómago y la forma en que un asomo de sensual tensión se desperezaba en su cuerpo le hizo sonreír, después de tanto tiempo sin forma humana, la misma sensación del deseo era placentera, aunque quedase constantemente insatisfecha. Dirigiéndose a Juugo, que miraba con suspicacia la sonrisa predadora de su compañero, preguntó - ¿Alguien sabía algo de todo esto?

- No – respondió el ninja de pelo oscuro, mientras se dejaba caer hacia el suelo, seguido por sus dos compañeros – los rumores sobre Sasuke no hablaban de que tuviera tanto poder, de hecho, teóricamente, debería ser inferior al otro Uchiha, Itachi.

- ¿Tal vez sea otra manifestación del sello, Juugo? – preguntó Karin, sus ojos oscuros fijos en la dirección donde Sasuke se encontraba.

- No, el sello realiza una distorsión pero no de este calibre, aunque podía percibir su marca en el aura de Sasuke no era la dominante.

- Está volviendo a sus límites normales – intervino Suigetsu, mientras se concentraba-pero hay algo…distinto.

- Sasuke – kun nos lo dirá si lo cree conveniente – la kunoichi se volvió a ellos, ajustándose las gafas – No es asunto nuestro cuestionar a nuestro lider.

- Ah, vale –el ninja de pelo azul se acercó a la kunoichi, su brazo, al pasar, rozando levemente la terriblemente cálida piel de Juugo – entonces ya no vas a protestar porque Sasuke tenga, apasionado, febril, húmedo y ruidoso sexo con su precioso rubio ¿ no? – con cada palabra, el ninja se había ido acercando más y más a su morena compañera, hasta que su voz había sido un ronco susurro contra su oído. Sólo su velocidad le salvó de terminar con un kunai en la garganta, cuando la azorada y enfurecida ninja le atacó, sacando el arma de su bolsillo y dirigiéndola contra el joven de ojos azules con la misma celeridad de una serpiente enfurecida.

Mientras escuchaba la variada selección de epítetos que la kunoichi dedicaba al otro miembro de Hebi, que, evidentemente, encontraba la situación terriblemente divertida, Juugo miró a los cielos, preguntándoles qué mal había cometido en una vida anterior para tener que soportar aquello. Realmente intentar contener unas terribles e impulsivas ansias asesinas era terriblemente difícil con unos compañeros que se comportaban como niños malcriados, especialmente Suigetsu. Era tan distinto a su silencioso amado, tan opuesto en carácter, como era posible serlo entre dos personas; irrespetuoso, egoísta, desvergonzado e inmaduro frente a la cortesía, la entrega, el pudor y la enorme madurez que aquél siempre había tenido. ¿Por qué, entonces, no podía apartarlo de sus pensamientos?

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La noche llamaba a las puertas del cielo de Konoha cuando Neji terminó su encuentro con la Hokage y por fin pudo regresar a la casa familiar de los Hyuuga. La rubia dirigente de la aldea le había llamado para informarle de que su actuación como capitán de los anbu había complacido enormemente al consejo, cosa que a Neji no le importaba demasiado, y que probablemente sería promocionado a coordinador de equipos, un puesto de poder que nunca un miembro del Bunke había alcanzado.

Sin embargo, sus pensamientos no se centraban en su futura promoción, sino que volvían una y otra vez a Naruto. La influencia del rubio shinobi le había permitido acercarse a los demás, ayudándole a eliminar el nido que el rencor y el odio habían formado en su corazón, para así dejar espacio a otros sentimientos. El Hyuuga ya no era el ser solitario de hacía unos años, había establecido lazos con sus compañeros de equipo, con su prima, incluso con su tío, sin embargo ellos no eran lo que quería.

Las nubes avanzaban con la noche, anunciando la inminencia de la lluvia, un aire frío agitaba las hojas de los árboles y alborotaba la sedosa cabellera del ninja. Este elevó sus claros ojos al cielo, la sombra de una memoria en su mente; había sido en una noche como esa cuando Naruto se le había acercado, su moreno rostro deliciosamente coloreado por el azoramiento y le había ofrecido su primera vez.

El recuerdo aún tenía el poder de llamar al deseo en el cuerpo de Neji, pero nada como lo que había sentido en aquella noche, ante la promesa de alcanzar lo que sólo sus sueños le habían ofrecido.

Si cerraba los ojos aún le parecía sentir las tímidas caricias, la forma en que el habitualmente decidido ninja se dejaba guiar por los caminos del placer, el modo en que su dorado cuerpo respondía a los avances del Hyuuga.

Sin saber si esa noche se repetiría, Neji había dado todo de sí mismo; cada húmedo beso había sido una declaración, cada íntima y posesiva caricia un intento desesperado de alcanzar lo que sabía que no era suyo. En el momento en que su cuerpo había entrado en el del rubio ninja, tomando para sí aquella dorada perfección, supo que estaba perdido, que amaba aquellos ojos azules, que lo miraban oscurecidos por el deseo, aquellos labios que cedían ante los suyos, aquel firme y esbelto cuerpo que lo acogía dentro suyo. No llegaba con una noche, una noche no era suficiente para sentir la desesperación que el deseo imprimía en los abrazos y las caricias del rubio, ni saciarse de los gemidos que salían de sus labios, ni el modo en que había susurrado su nombre mientras lo tomoba. Un noche no llegaba, y sin embargo era todo lo que tenía, porque la preciosa y cálida criatura en sus brazos no era suya, no era de nadie más que de uno, alguien que no lo merecía y que lo había traicionado y que, sin embargo, no liberaba su férreo control sobre el corazón de Naruto.

Con la llegada del Uchiha la leve esperanza que anidaba en su corazón, se había visto aplastada, porque para todos, menos para los propios interesados, era evidente la emoción que yacía entre los dos. Esperando la mínima provocación para ser revivida, aún con más fuerza después de su letargo. Era sólo cuestión de tiempo que los acontecimientos se desencadenaran de una u otra forma y, si el hecho de que Naruto se hubiese ido tras su amante le dolía, lo aceptaba, como había aceptado mucho tiempo antes que nunca tendría el corazón del rubio. Sin embargo, si el Uchiha le hacía daño, si no lo trataba como el regalo que era, buscaría a ese bastardo y lo eliminaría aunque le fuese la vida en ello, esa había sido su promesa al ver a Naruto marchar desde su puesto de guardia, sabiendo dónde iba y, aún así, dejándole ir.

La lluvia ya había comenzado a caer cuando el joven alcanzó la casa, sus pensamientos coloreados con la resignada tristeza que pensar en el rubio shinobi siempre ocasionaba. Tras descalzarse, se adentró en la venerable mansión, sus pies silenciosos sobre los pulidos suelos de madera.

A pesar de que a esa hora su prima no solía estar en casa, la luz de su habitación estaba encendida, así que se acercó, anhelando esa extraña paz que la presencia de Hinata le aportaba.

Llamó y esperó, hasta que el suave sonido de unos pies sobre el tatami le indicó que su prima se acercaba. Los ojos de Hinata cuando le abrió tenían el delicado brillo que denunciaba lágrimas derramadas, acordes con la rojez de la pálida piel del rostro y la resignada tristeza de su expresión.

Sin tiempo siquiera de preguntar qué había sucedido, el joven Hyuga se encontró con un tembloroso y cálido cuerpo contra el suyo, mientras el llanto volvía a los dulces ojos de su prima.

- Hinata - san ¿qué ha pasado? – preguntó, su voz marcada por un tinte de alarma, mientras sus brazos se cerraban protectores sobre la frágil figura.

La joven no dijo nada, limitándose a llorar con más fuerza, su rostro contra el firme torso de su primo. Sabiendo que no arreglaban nada quedándose allí, a la vista de cualquier sirviente indiscreto, Neji condujo suavemente a Hinata hacia el interior de su habitación.

Separándose ligeramente de ella, el joven sentó a su prima en el futón, esperando a que el llanto cesase, cosa que no tardó mucho; a pesar de su natural sensibilidad Hinata era mucho más fuerte de lo que la mayoría pensaba, el joven Hyuuga sabía eso por propia experiencia.

- Lo siento, Neji – kun – la joven musitó, secándose suavemente las lagrimas- abordarte de esa forma…

La voz de la joven era casi un susurro, y era evidente, por el rubor de sus mejillas, y el susurro de su voz, que la vergüenza estaba entremezclándose con su pena, fuera ésta la que fuese. El mismo Neji se encontraba incómodo, y no se atrevía a pensar el revuelo que podía formarse si alguien los encontraba juntos en la habitación de Hinata; para una familia como los Hyuuga, apariencia y formas eran parte integrante de su tradición y violentar cualquiera de ellas no era algo que se tomase a la ligera.

Sin embargo, su preocupación por su prima superaba cualquier reticencia que hubiese podido tener, Hinata no era propensa a la exageración, y solo esperaba que la naciente confianza entre ellos sirviese para ayudarla.

- ¿ Qué ha pasado? – preguntó suavemente - ¿ Has tenido problemas con tu padre?

La joven negó con la cabeza, apretando los puños en un esfuerzo por contener las lágrimas. Con un gesto, señaló un pergamino, situado en una de las bajas mesitas lacadas, el rollo estaba abierto, pero aún se podía percibir el lacado del sello del Consejo.

Con un sentimiento de aprensión, el Hyuuga tomó el pergamino, aunque en su corazón sabía qué era lo que se iba a encontrar.

Sus ojos volaban por la cuidada caligrafía que confirmaba sus sospechas, la furia creciendo en su interior, así como su sentimiento de impotencia. Cuando cerró el pergamino sus ojos se cruzaron con aquellos tan parecidos y tan diferentes a los suyos, que mostraban en lugar de guardar, ventanas en lugar de espejos, y Neji deseó, con todo su corazón, que hubiese alguna forma de evitar lo que iba a pasar.

- Lo siento – dijo, con toda la sinceridad que pudo evocar – hubiera deseado más tiempo para ti.

- He sido la última a la que han incorporado a las listas – la voz de la bella kunoichi era resignada pero poco a poco recobrando su suave firmeza- soy adulta en todos los sentidos para la villa, creo que me han dado todo el tiempo que les ha sido posible.

Asintiendo con la cabeza, Neji se atrevió a rozar con sus dedos la blanca y pequeña mano de Hinata sabiendo que su prima apreciaba esos pequeños gestos, e intentado recordar que la heredera de los Hyuuga era una ninja de pleno derecho, con una fuerza como los golpes del juuken, difícil de apreciar a simple vista pero temible.

- Lo sé, pero a mis ojos eres aún la niña que me hizo ruborizar hace tantos años – Neji sonrió ante el recuerdo – y sé que para ti no es el momento.

- No, no lo es – la voz de la joven era un susurro – y si hubiese podido elegir esperaría. Pero en esto, como en tantas cosas, las decisiones son tomadas por nosotros.

- Aún tienes tiempo, pueden pasar meses antes de que te encomienden una misión de ese tipo…

- O pueden mandármela la próxima semana, o dentro de dos días – interrumpió Hinata – no Neji – kun, me ha sorprendido y me da un poco de miedo, pero sabes que ya lo había pensado- La joven tomó aire, en un esfuerzo por armarse de valor, antes de pedir:- Ya se que hubieses preferido a otro pero¿lo harás por mí, entonces¿ lo… lo que hemos hablado?

Neji suspiró para sus adentros, pero su exterior sólo mostró firmeza y seriedad, como correspondía al momento y a la confianza de su prima. No importaba lo que él deseara, Hinata era una adulta en todos los sentidos, y esa era su decisión, una decisión que él honraría.

Poniéndose en pie, Neji se inclinó levemente ante la dulce muchacha, al tiempo que un sereno "hai" partía de sus labios.

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Nota de la autora: Y esto sigue, y se complica ¿ bien no?...ah… que no… jooss

Los reviews son recibidos con amor y alegría por parte de mi escuchimizada musa, que se levanta de su siesta cada vez que lee uno.

Notas de la autora ( 2 ): Como sabéis los que me dejáis review, siempre contesto usando el reply, pero en esta ocasión tuve uno anónimo así que Lullaby¡¡¡¡¡gracias por tu review!!!!! Y decirte que Neji está totalmente de acuerdo contigo, a él le encantaría quedarse con Naruto, el problema es que no sé hasta qué punto estaría de acuerdo Sasuke. Millones de besos.