Pereza
- Por Merlín, Sirius, levántate. - Dice Remus en su oído.
- No quiero… - Responde el animago tirando de la colcha que Remus le quita.
- ¡Qué tienes que dar el examen de aparición! – Dice volviendo a destaparlo con violencia.
- Ya sé perfectamente como aparecerme… ¡No necesito esa estúpida licencia!- Reclama sentándose en la cama.
- Ya sé que sabes hacerlo, pero que te las quieras dar de rebelde sin causa por la vida, no significa convertirte en idiota. Así que levanta ese trasero y ve a dar el bendito examen.
- ¡Por Circe, Remus! Eres peor que McGonagall…
- Lo tomaré como un cumplido – Responde con una sonrisa burlona en la cara.
- ¿Qué clase de persona podría tomar eso como un cumplido? – Pregunta el chico abriendo mucho los ojos. A veces le sorprenden las barbaridades que dice Lupin.
- Alguien que ha vivido contigo por más de cuatro años. Ahora levántate.
- ¿Sabes qué puedes hacer con la licencia?
- Sea lo que sea que tengas en mente, no quiero saberlo. ¡Levántate!
- Metértela por el…
- Gracias, pero no gracias, Sirius… – Interrumpe el licántropo adivinando el final de frase- No creo que sea muy agradable.
Sirius gruñe como un perro con malas pulgas. Sabe que la única persona capaz de hacerlo levantarse, aún con un humor de puta madre, es Remus, y sabe que nadie, absolutamente nadie, puede con el sentido de la responsabilidad que tiene el prefecto, así que de mala gana, pone los pies en el suelo y sale rezongando de la habitación. No sin antes alegar una última cosa en esa batalla perdida.
- ¡Si crees que me bañaré para ir a esa mierda estás muy equivocado, Remus Lupin!
Pero Remus ya dejó de discutir con Black, porque sabe que no puede aguantar ese ataque de risa ni un segundo más.
