Tras un refugio bien atrincherado, protegido con los mejores escudos que la magia pudiese crear, una banderita blanca se levantaba de poco.
-Mmm… Ejem… ¿Hola?– murmuró Sailor, asomando la cabeza bajo la banderita.
Sorry, gomen, Je suis désolé, lo lamento en todos los idiomas, pero ya expliqué el motivo de mi tardanza en el quinto capítulo de "Eclipse de Luna", además de que ya operaron a mi mami de uno de sus ojitos, y el próximo jueves la operarán del otro, así que eso me quita un poquitín de atención de mi neurona porque me quedo preocupada cuando me voy a trabajar y a la escuela, así que les pido su comprensión.
Además – añade en tono de confesión –, aquí entre nos, quedé un poco traumada debido a los cuidados que María y Ali le dieron a mi neurona, ya saben, María la hace reaccionar, pero Ali se la volviendo a sumergirla en la pesadilla con sus historias Harry/Severus-Soy-Serio-y-Centrado-Grasiento-Snape, pero no se apuren, que poco a poco voy saliendo de mi trauma, jajaja.
Sorry Ali, no pude evitarlo, jajajaja. Ya dejandome de bromas, les recomiendo el fic de Ali "Retazos de Vida", es un Harry/Sev (¡¡¡Piedad! Harry/Grasiento nooooooooo!) muy divertido, jajajaja. Bien, ya no los entretengo más y vayamos a responder sus reviews para pasar al capítulo. Besos.
Mil gracias a Ali y María por betear!
Kaguya-tsukino.- Jajajaja, también a mi me dio risa, y más risa te dará cuando sepas que eso que le pasó a Sirius le pasó a mi novio con su sobrina, jajajaja, así que las acciones son completamente parte de la vida real, jajaja. Uuuuyyy, muy observador, sip, es una indirecta muy directa, ya lo verás, jajajaja. Nos vemos.
DanielaMalfoy.- Gracias! Bueno, eso lo irás descubriendo, de hecho, dejé en este capítulo un par de pistas para que lo vayan descubriendo, de cualquier forma en el siguiente capítulo se aclarará eso que siente Draco por el bebé. Nos vemos.
Snuffle's Gilr.- Gracias. Los celos tienen que ver un poco pero no son el origen de esa… eh… animosidad de Draco por Adam. Besos.
Thomas.- Hola Thomas! Que milagros que te dejas ver! Jajaja, me alegra que te hayan gustado los capítulos, y aquí tienes el quinto, espero que pronto te dignes a publicar un capitulo de aquella historia tuya, ¿recuerdas? Besos.
Gochi Glay Lover.- Hola! Jajaja, eres la única persona que dice que le gustó esa parte, y eso me alegra, jajaja. Suele suceder que a veces nos adentramos mucho en el personaje y llegamos a identificarnos de alguna extraña forma, tal vez te pasó eso. Nos vemos.
Diabolik.- Me alegra que te haya gustado, Jajaja, pues no sé que clase de sentimiento sea ese, pero me alegra que lo hayas experimentado. Nos vemos
LUZI SNAPE.- Claro, no te preocupes, Besos.
Jack Dawson.- Jajaja, yo también me reí mucho de Sirius, más porque todo eso le pasó a mi novio con su sobrina, jajaja. Ufff, pues si voy bien, pero aún esta pesado cursar la universidad, más cuando se está en los últimos semestres, pero ahí vamos. Besos y gracias por los ánimos.
Cerdo Volador.- Pobre Draquito, snif, snif, ni modo, seguirá sufriendo jajajaja. Yo también quiero que tengan su hijo! Pero eso va a tardar, sorry. Gracias, y cuídate tu también. Besos.
CAPITULO CINCO.- Idílica Realidad
Estaba soñando.
Sabía que se trataba de un sueño por la idílica realidad que vivía en ese momento.
No que su vida no fuera estupenda, era feliz con todo lo que ahora tenía, la vida por fin le había dado todo aquello que antes le había negado, pero pese a eso, había algo que sentía que le hacía falta, algo que necesitaba con urgencia, que añoraba, algo… que sabía no podría tener fuera del mundo de los sueños.
Por eso le gustaba soñar.
Sobre todo, le gustaba ese sueño en particular.
Estaba en una habitación que no conocía, pero que sin embargo le hacía sentir feliz al encontrarse ahí. Se trataba de una estancia espaciosa, bellamente decorada en tonos pastel, con pequeños leones y serpientes caminando y raptando de muro en muro; había varios estantes llenos de todo tipo de juguetes, entre monos de peluche y muñecos de tela había varias fotografías que no alcanzaba a distinguir; cochecitos y escobas pequeñas yacían sobre el piso. También había varios muebles, pero no lograba distinguirlos a todos, pues sólo uno captaba toda su atención:
Una cuna.
Una bella cuna hecha de madera natural, donde cada barrote de la baranda semejaba una serpiente erguida. Desde donde estaba, podía ver un juego de sabanas con un suave edredón adornado de pequeñas escobas y diminutas snitch.
Con paso lento, como si temiera despertar de ese sueño al menor movimiento brusco, se acercó hasta la cuna. Apoyó sus manos sobre el borde de la misma, inclinando su cuerpo para ver al ocupante de la misma.
Se trataba de una linda criaturita de piel de porcelana, de mejillas redondas y sonrosadas, cabello azabache esparcido por la pequeña almohadilla, labios delgados curvados en un tierno puchero y una linda naricita respingada.
Un bebé.
El sólo ver a esa bella criaturita le hizo sentir como una emoción inexplicable intentaba desbordarse de su pecho. Era una gama de sensaciones que le abordaron con tal fuerza, que por un momento se aferró con fuerza a la baranda temiendo perder el equilibrio y caer. Era… maravilloso, inexplicable, sorprendente… y lo más hermoso que le hubiese pasado, porque estaba completamente seguro que esa pequeña cosita que en ese momento dormía pacíficamente era suya.
Sí, era su bebé…
Suyo y de la persona que amaba…
El bebé apretó un poco sus manitas y sus piernitas se agitaron a la vez que lanzaba un fuerte suspiro, claro, fuerte para una pequeñez como él, y con un pequeño estremecimiento, despertó, permitiéndole ver el bello color de sus ojos.
Ojos de plata…
El sonido de un taladro atravesando su cráneo, haciendo que sus neuronas adormiladas chocaran entre sí, lo sacó de su maravilloso mundo de fantasía.
Seguramente alguno de los gemelos había alterado su despertador, aunque no recordaba haber recibido su visita la tarde anterior. Aunque también pudo haber sido Sirius en venganza de la 'humillación' que le hizo al defender a una serpiente en lugar de defenderlo a él.
Buscó el reloj a ciegas, con la firme intención de arrojarlo hasta el otro extremo de la habitación, y si quedaba hecho pedazos, mejor. En cuanto estuvo a su alcance y sin miramientos, lo arrojó a sabe Merlín que lugar, y pensando que el ruido infernal había terminado, prosiguió a buscar nuevamente el sueño que había dejado pendiente. Sin embargo, los decibelios de ese taladro misteriosamente subieron de volumen.
Maldijo entre dientes poco dispuesto a levantarse y terminar por destrozar el aparatejo.
No creo que se trate del despertador, amor – la suave y adormilada voz de Draco a su espalda le hizo abrir sus ojos llenos de sueño.
Conforme el sueño se disipaba, el sonido se hacía más claro, dándose cuenta de que no era la alarma de su despertador, mucho menos un taladro, sino…
Es el banshee – le aclaró Draco.
Finalmente, la mente de Harry recordó los eventos de los días anteriores y se obligó a despertar y dirigirse hacia donde un gimiente Adam clamaba por atención.
Es tu turno – le dijo a Draco, negándose a dejar la calidez de su cama.
No, tuyo – dijo, al mismo tiempo que se giraba sobre su costado, sin la menor intención de levantarse, y enviándole una indirecta a Harry de que tenía que ser él quien rescatara a la gimiente criatura de una Cobra Real histérica.
Resignado a ser él el que tenía que levantarse, tomó su bata y antes de salir de la habitación escuchó la voz adormilada de Draco.
En la sala hay un paquete que envió Hermione para el banshee.
Y sin más, Draco se cubrió la cabeza con la almohada. Harry intentó gruñir, pero su intentó se vio obstruido por un bostezo. Un grito más fuerte proveniente de la habitación de Adam le hizo recordar para que se había levantado.
Entró a la habitación sobresaltando tanto al bebé que lloraba desde la cuna como a la serpiente que yacía bajo ella.
-/¡¡Por fin/ - siseó Isis, alejándose de la cuna para ir al encuentro de Harry –/¡¡¡Pensé que me quedaría sorda/
Aún presa del sueño, Harry se detuvo a medio camino para observar a su serpiente.
/Tu no tienes oídos, no puedes quedarte sorda/ - le dijo con el ceño fruncido
/Estaba hablando metafóricamente/ - le respondió con cierto tono de altivez y meneando la parte superior de su cabeza.
Harry iba a replicar algo, pero el llanto de Adam lo hizo desistir.
-Shhh, ya estoy aquí, Adam – susurró, cargando al bebé que se agitaba presa del llanto –. Vamos, todo está bien. ¿Tienes hambre?
El pequeño sollozó contra su hombro como respuesta.
Seguro que sí. Tranquilo, en seguida arreglaremos eso. Accio biberón.
Uno de los biberones que estaban alineados sobre uno de los muebles atravesó la habitación hasta su mano; concentrándose un poco, su mano desprendió el suficiente calor como para calentar el biberón.
Aquí está – le dijo Harry, ofreciendo el biberón al niño, que inmediatamente empezó a succionarlo – Tenía razón, tienes hambre – dijo sonriendo.
/Vaya, hasta que dejó de dar alaridos/ - suspiró la serpiente.
Cuidando de no moverse demasiado y molestar a Adam, Harry caminó hasta la ventana que decoraba la habitación, sentándose sobre el borde de la misma. Isis le siguió para luego recargarse contra una de las piernas del moreno.
/Isis, ¿podrías ir a la sala por un paquete que envió Hermione/ - la aludida levantó su cabeza de la pierna de Harry.
/Ah, ahora además de que soy niñera de un remedo de banshee, soy tu criada…/
-/Isis, por favor/ - le dijo, poco dispuesto a discutir.
Isis hizo un extraño sonido, tal vez un intento de bufido o gruñido, para luego salir de la habitación zigzagueando y siseando algunos insultos que seguramente había escuchado de Draco. Harry se encogió de hombros a la vez que ponía los ojos en blanco ante la actitud de su serpiente.
Momentos después, la Cobra Real entró a la habitación con un pequeño paquete envuelto con su cola. Lo dejó a los pies de Harry, y con su cabeza quitó la tapa, y tomando los pequeños objetos con la boca, los fue sacando ante la mirada atenta de Harry.
Vaya, Hermione si que piensa en todo – dijo cuando observó las pequeñas prendas y utensilios que seguramente les serían de utilidad para cuidar de Adam.
Cuando Isis hubo sacado todo lo que contenía la caja, con un pase de su mano y un conjuro susurrado, Harry las regresó a su tamaño original.
Por la mañana arreglaremos eso – le dijo a la serpiente.
¿Dónde estaba?
Todo a su alrededor estaba completamente oscuro, no podía ni verse a si mismo, pero sabía que estaba en algún lugar boscoso debido al olor a pasto y al sonido de algunas hojas siendo agitadas por ese viento frío que soplaba. Lo sabía porque su propio jardín olía y se oía igual durante las noches.
¿Pero dónde estaba?
Seguro no era el jardín de su casa, su jardín no le hacía sentir esa opresión en el pecho que asociaba con algún mal que le rodeara. No, ese lugar en donde se encontraba significaba un mal presagio, lo sabía, estaba seguro de ello.
Intentó
caminar, pero sus piernas pesaban demasiado. Con esfuerzo movió
su pie derecho, lo que provocó que estuviera a punto de caer,
y lo hubiera hecho si sus manos no hubieran encontrado 'algo'
a lo que aferrarse.
Palpó ese 'algo', inseguro de si sería una buena idea palpar algo en aquella escalofriante oscuridad.
Era una superficie rocosa, sus brazos podían abarcarla casi por completo, y estaba alineada en vertical, por el olor que desprendía, y tomando en cuenta que el sonido de hojas era más fuerte, supuso que se había aferrado a un árbol.
Seguro se veía ridículo aferrado a un enorme abeto.
Bien, al menos eso confirmaba su teoría de que estaba en un lugar boscoso, seguramente un bosque alejado de cualquier tipo de civilización.
Debía salir de ese lugar, no le gustaba en lo más mínimo, sobre todo porque no sabía donde se encontraba Harry.
Harry…
Al pensar en su pareja, su anillo del dragón comenzó a sobrecalentarse, quemándole la piel de su dedo anular; tanto el hecho como el dolor lo tomaron por sorpresa. Sujetó su mano izquierda con la otra mano, intentando mitigar el dolor, pero éste continuaba, lo que lo hacía sentir aún peor, pues bien sabía que el anillo al quemarle significaba que Harry estaba en peligro.
Presionó ambas manos contra su pecho, apretando los labios para evitar que un gemido escapara de ellos. Harry estaba mal, él y el anillo lo sabían, ¿pero por qué? ¿A que se debía el peligro? Necesitaba encontrar a Harry lo antes posible, pero ¿cómo? No sabía en donde se encontraba, no sabía que camino tomar, ¡¡ni siquiera podía ver un maldito camino!
Intentó tranquilizarse, de nada serviría una actitud histérica, ante todo mantener la sangre fría era lo mejor. Debía de pensar en una forma de moverse por ese extraño lugar y encontrar a Harry lo antes posible.
Como si el anillo respondiera a sus pensamientos, las esmeraldas de los ojos del dragón comenzaron a brillar, primero parpadeando, luego con una luz continua, el dolor no cedía, pero aún así hizo el esfuerzo de soltar su mano y llevarla hasta sus labios.
-Llévame a Harry – le murmuró al dragón de oro blanco. Los ojos refulgieron con un fuego verde semejante a los ojos de su pareja, para luego trazar en el aire un par de líneas verdes, señalando un punto en medio de aquella oscuridad. Comprendiendo el mensaje, Draco se dispuso a seguir el camino señalado.
Harry aún continuaba en la habitación de Adam, lo había cambiado de ropita pues la otra había quedado mojada debido al llanto del bebé. El niño había dejado de llorar gracias al biberón que ahora yacía vacío sobre el marco de la ventada, y sólo pequeños sollozos hacían estremecer de vez en cuando su cuerpecito.
Adam abrió sus ojos grises aún con algunos rezagos de lágrimas, enfocándolos en los verdes de Harry, una pequeña sonrisa cruzó por sus labios al notar que el pequeño lo observaba con atención. Ahora que podía ver mejor esos lindos ojos, notaba la diferencia que había en ellos con los de Draco; los ojos de Adam eran de un gris plomizo, nebuloso, mientras los del rubio eran de un color gris plata, además, el niño lo miraba como midiendo el nivel de confianza que merecía, mientras Draco lo miraba con amor y cierta picardía...
//¿Harry// - le llamó Isis, sacándolo de su ensimismamiento.
Reacomodó a Adam entre sus brazos, observando como el pequeño movía sus manitas de un lado a otro, mientras sus ojitos estaban alertas y de sus pequeños labios salían tiernos pucheros.
//Parece que no quiere dormir.// - señaló Isis quien observaba al bebé.
//Eso parece. ¿Alguna idea para hacerlo dormir// – preguntó, sin dejar de ver al bebé que se agitaba, provocándole una oleada de ternura.
//¿Qué tal si le cantas algo para bebés// - la sugerencia provocó que Harry se sonrojara – //¿Qué? ¿No sabes cantar// - preguntó al ver lo rojo de su cara.
//Bueno... mi voz no es muy... eh... buena para cantar// - balbuceó avergonzado.
//¿Y? Yo no pienso burlarme, al menos no hasta mañana que le pueda contar a Drake que cantas pésimo// - Harry le mando una mirada asesina a su serpiente, que Isis ignoró magistralmente.
//No sólo es eso, es que... no conozco ninguna canción de cuna.// - continuó.
//¿No// – preguntó la serpiente con incredibilidad.
//Los Dursley nunca se molestaron en cantarme una.// - murmuró, comenzando a mecer a Adam, quien parecía muy divertido entre tanto silbido que se escuchaba a su alrededor.
//Oh... bueno// - Isis se movía a todos lados, algo incomoda por haber hecho que Harry recordara eso. – //Tal vez en los libros que mandó Hermione haya algo.//
//Sí, tal vez./ – respondió Harry más animado – /¿Puedes traerme uno, por favor// – Isis se dirigió hacia donde habían dejado las cosas que Hermione había enviado, tomando el primer libro que estuvo a su alcance, para llevárselo a Harry quien continuaba sentado sobre el borde de la ventana.
//Veamos// - murmuró tomando el cuento, en cuanto leyó el titulo no puedo evitar el levantar una ceja. – //¿La bruja durmiente//
//Sí, ¿tiene algo de malo// - preguntó Isis intrigada.
//¿Eh? No, no. Bueno, comencemos// Hace mucho, mucho tiempo, existió un reino...
Las manos de Adam se detuvieron por un momento, siendo conciente del cambio de sonido, movió sus ojitos buscando el origen de la voz, clavando su mirada en Harry en cuanto estuvo seguro que era él quien le hablaba, movió sus manos y piernas con más energía, comenzando a hacer sonidos graciosos.
Una hora más tarde, el ojiverde arropaba a Adam en su cuna, había tardado, pero al final el bebé estaba dormido. La piel blanca del pequeño contrastaba con las mantas azul marino, y su cabello castaño claro se esparcía sobre la pequeña almohadilla. Sonrió. Verlo así, tan indefenso y a la vez tan frágil, le provocó un sentimiento extraño, pero de una fuerza inexplicable.
De pronto, en lugar de ver un cabello castaño claro, veía una mata de cabello azabache. Sintió como las piernas le temblaban, obligándolo a aferrarse a la cuna donde descansaba el bebé. Temblando, acercó su mano hasta acariciar con la punta de sus dedos temblorosos la pequeña y suave mejilla. La piel era suave al tacto, sentir la rechoncha mejilla contra su dedo, provocó una extraña opresión en su pecho. Abrió la boca para decir algo, pero no encontró la voz para hacerlo. Al verse sin palabras, se inclinó hasta depositar un beso en la mejilla que antes había acariciado.
Irguiéndose, parpadeó confundido por sus actos. Donde antes había visto una cabellera idéntica a la suya, ahora estaba una cabellera rizada y castaña. Inseguro de lo que había hecho y del por qué, se aseguró de que Adam estuviera bien resguardado en la cuna, notando como Isis estaba tendida en el suelo durmiendo profundamente. Sonrió ante la imagen de la enorme serpiente tendida a los pies de una cuna. Su sonrisa se vio opacada por un bostezo, lanzó una mirada al reloj, era las 3:30 de la mañana. Se dirigió hacia la puerta y con una última mirada a los dos durmientes, salió de ella.
Al llegar a su habitación, lo primero que notó fue a Draco dándole la espalda y una almohada cubriendo su cabeza. Se mordió el labio inferior, sintiendo una repentina ola de culpa.
Era consciente de que Draco era el que más sufría desde la llegada de Adam, su pareja ya no dormía como se debía, tenía unas profundas ojeras que marcaban sus bellos ojos, y aunque lo negase y lo tachara de hereje, sabía que su rendimiento se veía mermado a causa de esos desvelos.
Suspiró abatido.
Pero no había nada que pudiera hacer, excepto absorber todas las responsabilidades que cuidar de Adam provocaban; sabía que Draco no tenía mucha experiencia en cuidar en bebés, no como si él tuviera un doctorado en ello, pero al menos tenía más paciencia que su pareja, así que él se encargaría de todo lo que concerniese a Adam para que así Draco no tuviera que preocuparse de ello.
Tratando de no hacer mucho ruido, se dirigió a la cama, y con movimientos pausados, intentando no despertar a Draco, se metió en ella, cubriéndose con las matas. Se mantuvo quieto durante unos instantes, asegurándose de que el hombre a su lado continuaba dormido. Lentamente, pasó sus brazos por el pecho y cintura del rubio, recargando su cabeza contra la firme espalda, dispuesto a dormir.
Caminaba en silencio, sus sentidos estaban alertas a cualquier ruido que lograra identificar, la sensación de ansiedad carcomiéndole poco a poco. A medida que avanzaba, se hacía más claro el camino que su anillo le señalaba. Ahora tenía la certeza de que se encontraba en un bosque, seguramente uno que colindaba con alguna cascada, pues lograba escuchar el caer del agua no muy lejos de donde se encontraba.
No sabía porque se encontraba en ese lugar, ni como había llegado ahí, ni como se había separado de Harry. Todo eso era ilógico, pero por más ilógico que pareciera, debía de ser real, pues su anillo continuaba quemándole. Estaba cerca, lo sabía, no sólo por que su anillo continuaba indicándole el camino, sino porque podía sentir que estaba cada vez más cerca de Harry, aunque el sentimiento que acompañaba esa sensación no era para nada alentador.
Pero no, no debía de pensar así, simplemente no podía soportar la idea de perderlo, no quería ni pensar en la posibilidad encontrarlo demasiado tarde.
-Harem ni nalah…
Se detuvo abruptamente, aguzando el oído.
Susurros…
Escuchaba susurros en algún punto a su alrededor.
-Oreth mada luth…
Nuevamente escuchaba esos susurros.
¿Quién susurraba?
De pronto la quemazón aumentó de forma sorprendente, Draco tomó su mano con fuerza tratando de menguar el dolor y de no hacer ningún ruido que delatara el dolor que eso le provocaba.
-Harem ni nalah…
¡¿Quién demonios susurraba!
Sin pensarlo comenzó a correr, una opresión en el pecho, un presentimiento y el mismo anillo le indicaban que eso no era nada bueno y que tenía que ver con que Harry estuviese en peligro.
Corrió sin importarle la casi nula visión que tenía en ese bosque, corría aún conciente de que era una tontería y que se vería descubierto si es que alguien rondaba aún por el bosque, pero es que tenía que llegar hasta donde estaba Harry a costa de lo que fuese.
No quería aceptarlo, pero tenía miedo, miedo de encontrar a Harry herido, miedo de no poder llegar a tiempo... miedo de perderlo. Ante ese último pensamiento aumentó la velocidad de su carrera. Las piernas le dolían, y sentía que en cualquier momento se doblarían, sus pulmones estaban a punto de estallar, y su garganta estaba seca, pero él no dejaba de correr.
Finalmente llegó hasta la cascada que había escuchado momentos antes, y lo que vio le congeló la sangre...
-Oreth mada luth… Dragun e Fenix…
Despertó con un sobresalto, él cuerpo bañado en sudor, la respiración agitada y una incesante ola de ansiedad. Inmediatamente, y siendo carcomido por el temor a encontrar la escena que en su mente había quedado gravada, observó a su alrededor; dejó escapar el aire que había estado reteniendo cuando se dio cuenta de que estaba en su habitación. Dejó vagar su vista hasta detenerla en el cuerpo que dormía placidamente a su lado.
Suspiró.
Harry estaba ahí, a su lado, sin ningún rasguño o herida, simplemente entregado a lo que esperaba fuera un dulce sueño. De sólo recordar la forma en que lo había encontrado en su sueño…
Negó con la cabeza alejando esa horrorosa imagen de su cabeza, concentrándose en admirar la bella figura a su lado.
La sola idea de ya no tener a Harry a su lado le había aterrado, ya una vez había estado a punto de perderlo, no permitiría que eso nuevamente ocurriera.
De pronto, una enorme necesidad de sentirlo se instaló en él, necesitaba acariciar esa piel suave, besar esos labios, acariciar el bien formado cuerpo, hacerlo suyo, asegurarse de que estaba ahí con él. Tenía que hacerlo suyo en ese momento en que sentía esa terrible necesidad de abrigar el amor que Harry le profesaba, en ese instante necesitaba expulsar de su mente los resquicios de aquella pesadilla, y sólo los besos y caricias del moreno podrían lograrlo.
Sin importarle nada más, se inclinó hacia su pareja capturando sus labios en un beso manso, sin prisas, disfrutando de su tersura y sabor. Sus manos comenzaron a vagar por toda la extensión del cuerpo bajo él, removiendo la ropa del pijama, hasta dejar libre alguna parte de piel que pudiese acariciar a su antojo.
Besó suavemente el rostro de su pareja, mejillas, ojos, frente, nariz, para luego trazar con su lengua el mismo camino recorrido, y terminar capturando los labios nuevamente.
Sin abrir los ojos, los labios de Harry lentamente comenzaron responder el beso de aquellos tan familiares, a la vez que un suave gemido escapaba de su garganta.
Las manos de Draco, al terminar de desabrochar la camisa del pijama, se posaron sobre sus hombros deslizando la prenda, las mangas cayeron en los codos del moreno, dejando libre el torso bien formado, en donde las manos del rubio continuaron deslizándose, acariciando el pecho desnudo de su pareja, así como parte de la espalda y los hombros anchos y varoniles del que en ese momento comenzaba a suspirar entrecortadamente, siendo presa de sus caricias.
Poco a poco sus sentidos nublados por el sueño, comenzaron a despertar y entregarse totalmente a las atenciones del Slytherin, era imposible negarse a la magia que esas manos obraban en él. El aroma de Draco lo inundaba, el sólo roce de sus pieles le provocaba placenteras descargas de placer que se negaba a perder.
Los labios del rubio comenzaron a descender, besando y mordiendo la piel expuesta de cuello y hombros, bajando hasta llegar al pecho, donde Harry arqueó su espalda ligeramente, lanzando un gemido cuando Draco comenzó a besar sus pezones.
Pequeños besos alrededor de la aureola, luego juguetonas lamidas para luego succionarlos con presteza, hasta endurecerlos. Los labios descendieron, sin dejar de besar y lamer, adorando cada parte de ese cuerpo que amaba. Harry cerró los ojos con anticipación al sentir como el pantalón de su pijama era retirado. Sus manos aferraron las mantas que hasta hace unos instantes los cubrían.
Deteniéndose momentáneamente, Draco lo observó con maravillada fascinación deleitándose con el cuerpo que durante interminables noches había sido su perdición. Podía ver la piel morena ascender y descender de forma agitada debido a la respiración entrecortada, sus labios entreabiertos en suplicas silenciosas, las negras pestañas de sus ojos cerrados, completamente entregado al placer...
Entregándose a él…
Desde hacía tiempo, Draco ya no sentía sólo placer al poseer a Harry, sino una necesidad asfixiante por hacerle el amor. Siempre lo había necesitado, desde que había aceptado sus sentimientos hacia "EL-Chico-Que-Vivió", desde que habían unido sus vidas, siempre había necesitado sentir la certeza de que Harry no sólo le pertenecía, sino que estaba ahí, junto a él, a su lado, porque le amaba. Y esa noche, esa necesidad era avasalladora, era como un dolor lacerante, que le torturaba con la duda de saber si estaba soñando o no, si todo era realidad, o que el sueño era ese momento que vivía.
El gemido urgente de Harry le hizo salir de sus pensamientos de golpe, sonriendo al darse cuenta que no soñaba, y que el hombre que amaba más que nada en el mundo, estaba ahí, con él, suplicando por más placer, placer que él estaba dispuesto a brindarle.
Sonriéndole de forma insinuante, se separó lo suficiente del cuerpo bajo él, y comenzó a desprenderse de cada una de las piezas de su pijama, empezando por desabrochar la camisa. Despacio, con movimientos sensuales y provocativos, separó ambos extremos, pasando sus dedos por la piel de su pecho, en una acaricia etérea que sin embargo hizo jadear al moreno, para luego dejarla caer desde los hombros.
Harry se humedeció apenas los labios a la vez que su mirada esmeralda recorría cada resquicio del pálido torso, provocando que una corriente de excitación atravesara la columna de Draco.
Los delgados dedos descendieron hasta posarse en la pretina del pantalón, deslizando la prenda por lo largo de sus piernas hasta quedar totalmente desnudo ante la mirada deseosa del moreno.
Sin dejar de sonreírle, se inclinó nuevamente hacia Harry, capturando sus labios, besándolo con fuerza, al tiempo que sus cuerpos se friccionaban uno contra otro. Dejando de besarlo, comenzó a descender a la vez que sus manos acariciaban el pecho, pasando por la cadera, siguiendo con las piernas y tobillos, donde se detuvo.
Empezando desde los pies, volvió a subir lentamente, besando, lamiendo, mordiendo y acariciando cada centímetro de piel del moreno y delgado cuerpo, subiendo hasta llegar a las piernas y muslos.
Besó la parte interior de los muslos, llevando al límite la paciencia a Harry, quien se retorcía impaciente porque esa boca llegara a su pene. Draco, en cambio, recorrió con una mano su muslo para acariciar suavemente el miembro del moreno sin llegar a tocarlo como el Gryffindor pedía, desviándose hasta comenzar a descender por la cadera, evitando nuevamente la erección, y besando nuevamente el interior de los muslos de su pareja. Harry retorcía las mantas entre sus manos, arqueando su espalda cada vez que la excitación le enviaba una sacudida eléctrica.
Hazlo... ya. Ohhh – sollozó cuando el placer amenazaba con agobiarlo. Sus manos trataban de agarrar simultáneamente las sábanas y a Draco.
Vaya, vaya... hoy no tenemos paciencia – el rubio se permitió una sonrisa irónica ante la poca paciencia que el moreno profesaba en ese momento.
Al diablo… con la pa... – Harry se interrumpió cuando los dedos pálidos se enroscaron alrededor de su pene, gentiles pero firmes, arqueándose contra el toque con un gruñido inarticulado de placer.
Era maravilloso, increíble, los dedos subían por toda la longitud de su miembros, para luego descender con parsimonia, repitiendo el movimiento una, dos, tres… no sabía ya cuantas veces, sólo sabía que no quería que se detuviera.
Cuando esa boca provocativa terminó por rodearlo y lo sumergió en una humedad ardiente, sus labios formaron un grito silencioso y sus manos se enredaron en el cabello rubio. Y Draco continuaba, haciendo cosas deliciosas con sus labios, lengua, dientes y manos, sintiéndose desfallecer ante la inmensa oleada de placer de la que era presa.
En medio de la neblina de placer, Harry abrió los ojos encontrándose con el cabello rubio algo revuelto bajo sus manos, tomándole, absorbiéndole, succionando una y otra vez, arrancándole gemidos y súplicas
Draco recorrió el miembro endurecido por completo, disfrutando y saboreando. Un maldito recuerdo se infiltró en su mente, recordando que justo esa parte del cuerpo de Harry había estado herida junto con los muslos internos de donde manaba abundante sangre, casi perdió la concentración de lo que estaba haciendo, llenándose del temor que sintió cuando en su pesadilla encontró a su pareja en ese estado, pero esa imagen se vio rápidamente confinada a la parte más oscura de su cerebro cuando las manos de Harry le obligaron a retomar su tarea.
El Gryffindor intentó mover las caderas, queriendo empujar más profundamente dentro de esa deliciosa boca, pero las manos de Draco le sostuvieron, clavándolo contra la cama y privándolo de esa maravillosa tortura.
El moreno emitió un sonido, mezcla de agonizante de placer y renovada frustración, provocando que el rubio no pudiera resistir el levantar la vista. Sus ojos se encontraron, esmeralda contra diamante, entrelazados por el amor y el deseo, mirándose fijamente en medio de una bruma de placer.
Harry creyó perder el sentido cuando, sin dejar de verlo a los ojos, Draco succionó con más fuerza su palpitante erección; apretó las manos sobre la cabeza del Slytherin, intentando empujar más duro, más rápido, necesitando más, sólo un poco más. Apenas podía respirar, todo se estaba volviendo más intenso. Siendo presa del placer, cerró los ojos sumergiéndose en el torbellino de emociones que Draco le provocaba. Finalmente, la creciente presión se rompió, perdiendo el control sobre sí mismo, arqueó la espalda y en un lamento ahogado gritó el nombre de su pareja.
Draco lo besó y acarició mientras que sensaciones agobiantes aligeraban los estragos del cuerpo de Harry. Sus pensamientos estaban demasiado dispersos, eran como un calidoscopio de impresionantes ojos de plata y de caricias fuertes pero tiernas, confusos y fracturados, haciéndolo mantener los ojos cerrados ante tal intensidad.
Cuando Harry volvió en si, aún su cuerpo intentaba tomar aire mientras los pequeños estremecimientos post orgásmicos lo sacudían deliciosamente.
Draco subió hasta el rostro del moreno, donde rozó apenas sus labios con los de su pareja, para luego esconder su rostro contra el hombro de Harry, deleitándose en la quietud y entrega de su compañero. Su corazón latía con desenfreno, y su erección palpitaba dolorosamente, pero eso nada le importaba, salvo la calidez del cuerpo de la persona que amaba.
La imagen de su pesadilla volvió a formarse en su mente. Las mismas sensaciones que sintió en ese momento acudieron a él con la misma fuerza. Intentó alejar la imagen manteniendo los ojos fuertemente cerrados, negándose ante la posibilidad de que esa pesadilla pudiese hacerse realidad. Pero Harry estaba ahí, rodeándolo, haciéndolo sentir la firmeza del mundo real, sin poder evitarlo hizo algo que hace tiempo no hacía.
Con la respiración entrecortada, y los sentidos aún nublados por los rezagos del orgasmo, Harry sintió que algo húmedo descendía por su cuello, inquieto, giró el rostro, comprendiendo que eran lágrimas que fluían de los párpados cerrados de su pareja. Levantándose levemente, observó como corrían trazando una línea desde los párpados cerrados, descendiendo por la mejilla hacia la curva del cuello de Draco y se perdían en la sábana bajo ellos.
Abrió la boca para hablar, era inquietante ver al rubio llorar, más cuando sus ojos se negaban a verlo, pero antes de emitir sonido, fue detenido por unos labios que le besaron de forma lenta y llena de dulzura. Sintió como las manos de su compañero le tomaban el rostro con infinita suavidad, haciendo su corazón estremecerse.
El contacto duró unos segundos, pero se sintió como una eternidad y Draco supo que no quería que ese momento acabase. No quería perder a Harry, nunca, la sola idea simplemente le mataba. Cuando se apartó, abrió los párpados húmedos y sus ojos grises lo miraron fijamente, expresando el amor que le tenía de una forma tan desgarradora que a Harry le dolió en el alma el sólo verlo.
El de ojos plata se irguió un poco, enterró una mano a través del cabello azabache y acunó su cabeza mientras Harry se recostaba bajo el toque. El moreno elevó un dedo hacia el sendero de lágrimas y sintiendo que su corazón se sacudía, cuidadosamente las limpió.
Draco observó las bellas esmeraldas que le devolvían la mirada, esos ojos expresaban tantas cosas, amaba esos ojos como amaba todo lo que era su amor. Lo necesitaba tanto...
Harry, yo... – intentó decirle, queriendo poder expresarle la maldita desesperación que había sentido en esa pesadilla y que aún ahora, estando despierto, se negaba a dejarlo. Simplemente no podía pensar en perderlo. Ni siquiera en una mínima posibilidad.
-Shhh... – Lo cayó él, posando suavemente un dedo sobre sus labios – Te amo – le dijo él en un suave susurro.
Draco sonrió. Dos palabras tan simples, pero capaces de alejar esos fantasmas que le atormentaban.
-También te amo… y te necesito... – le expresó desde lo más profundo de su corazón.
-También yo, amor.
Su mirada se perdió dentro de los vívidos ojos verdes ante él. Intensa franqueza verde mostrando la verdad de sus sentimientos más profundos.
Harry sintió como Draco se acomodaba entre sus piernas, así que las separó abriéndose ante su amante. Sin preocupaciones, sin miedos, sólo una confianza que los había mantenido unidos aún después de la guerra contra Voldemort.
Cuando sintió que Draco lo penetraba, Harry lo apresó rodeando con sus piernas la delgada cintura. Placer y dolor mezclándose en el primer empujón que el Slytherin hizo contra el cuerpo moreno. Gimió cuando su amante se deslizó sobre su cuerpo. Empujó más profundo, hasta que estuvo completamente dentro de Harry.
Gimieron juntos, Draco por la estrechez que lo guardaba y Harry por la sensación de completa plenitud.
Cuando sintió que la presencia se retiraba, una vez más estrechó sus piernas alrededor de las delgadas caderas del otro, acercándolo. Se retiró hasta casi salir, y volvió a embestir. Adelante y atrás, adentro y afuera, dando y tomando. Sintiendo la presión crecer, más y más alto, un placer casi insufrible, casi doloroso. Quería tener ese cuerpo ardiente, necesitaba poseerlo, convencerse a sí mismo que estaba ahí, a su lado, sano y deseándolo tanto como él lo hacía.
Entonces, tan rápido que no pudo procesarlo, lo golpeó el punto sin retorno cuando todos los músculos en su ingle parecieron tensarse. Por un momento sintió una increíble sensación de plenitud invadiéndole.
Con un sollozo final, Draco se derrumbó estremeciéndose contra el cuerpo bajo él. Harry lo retuvo lo más firme posible, deseaba que su pareja permaneciera adentro de él.
Sintió los brazos de su compañero sujetándolo y aferrándolo. Se dejó abrazar, asiendo a su vez ese cuerpo moreno, sintiendo su calidez y aroma, eso que tanto adoraba y necesitaba.
Respiró profundamente para recuperar el oxígeno perdido, con un murmullo cambió su posición ligeramente; atrayendo a Harry contra su pecho, entrelazó sus piernas, exigiendo el contacto de piel con piel.
Poco después, Draco escuchó la respiración de Harry tomando el pausado ritmo del sueño.
Entró a la habitación, intentando no hacer ruido, pero Isis se percató inmediatamente de su presencia por las vibraciones que provocaba al caminar. Más la serpiente no se movió de su lugar, permaneciendo quieta hasta que Draco se detuvo a su lado.
-/¿Sucede algo Drake/ – siseó ella, sin embargo, tras el silencio del rubio, Isis comprendió que el rubio no estaba ahí para responder preguntas, sino para pensar, y ella le permitiría hacerlo con libertad.
Draco había dejado la cama, dejando también el calor del cuerpo de Harry. Ya casi amanecía. Algunas de las palabras de Annel Cartier aún rondaban por su cabeza, incrustándose dolorosamente en su corazón. Por eso estaba ahí, al pie de la cuna de Adam, quien dormía tranquilamente ajeno a cualquier problema.
Suspiró.
Apoyando sus manos sobre el barandal de la cuna, se limitó a observar el respirar acompasado del bebé, sus pequeñas manos cerrándose en un puño alrededor de la mullida manta, las sonrosadas mejillas y el tierno puchero que adornaba su pequeño rostro. Eso era lo que Harry observaba cuando lo cargaba, aunque podría asegurar que su pareja veía más allá, aunque aún no se percatara de ello.
Sabes Isis – comenzó Draco, dirigiendo su vista hacia la ventana que mostraba a la luna creciente, a lo que la serpiente se alzó hasta quedar a su altura, escuchando atenta las palabras del rubio –, poco después de que mi relación con Harry inició, y mientras él estuvo en la enfermería después de la Batalla Final, mi madre me hizo varias advertencias, todas ellas enfocadas no sólo a mi amor por él, sino a las pruebas que tendríamos que afrontar, y al desacato de los legados de mi familia.
Soy un Malfoy, Isis, y aunque mi padre esté muerto y con él la mayoría de sus absurdas exigencias, eso no significa que mi apellido no pese. Mi madre me lo advirtió ese día:
Draco cerró los ojos, evocando ese momento cinco años atrás. Las palabras salieron frías, casi monótonas, repitiendo literalmente lo que su madre le había dicho.
"Podrás romper con todas las tradiciones y obligaciones que ser un Malfoy conlleva, podrás quedarte al lado de Harry y amarlo toda tu vida, pero llegará el día en que uno de los legados te requiera, y no sólo será una obligación con tu familia, sino un reclamo de tu corazón, y cuando eso suceda, te darás cuenta de que amar y ser correspondido no siempre significa ser feliz; espero hijo, que ese día tarde en llegar".
Tras unos segundos, Draco abrió los ojos, el gris de su mirada era triste, melancólico, como la mirada de aquel que sabe pide lo imposible.
Esas fueron sus palabras, y tengo que aceptar que tenía razón, Isis. Ese día del que hablaba mi madre tardó en llegar, pero ya esta aquí, y mi corazón lo esta reclamando, al igual que reclamará el corazón de Harry, pero tengo miedo – sus manos aferraron con fuerza la baranda ante la atenta mirada de Isis –, porque sé que eso nos causará un daño irreversible; no me importa si yo salgo lastimado, lo único que deseo es que Harry no sufra, pero sé que lo hará, y lo que me hace sentir peor, es que yo no podré hacer nada para evitarle ese sufrimiento.
Una lágrima solitaria rodó por su mejilla. Isis lo observó con angustia, pocas veces le había visto llorar, él era un humano que ante todos permanecía fuerte, pero ella sabía, al igual que Harry, que Draco también sentía como todos los demás, pero que nunca demostraba sus sentimientos de forma abierta, salvo cuando se estuviera desmoronando.
Sabiendo que el Slytherin necesitaba de ella, con lentitud, comenzó a subir por el cuerpo del rubio hasta enredarse por completo alrededor del torso, y apoyar su cabeza sobre el hombro de Drake quien no se quejó en ningún momento por su peso, lo cual quería decir que él en verdad necesitaba de ese contacto.
Draco aflojó el agarre sobre la baranda, llevando una mano hasta la cabeza de Isis, comenzando a acariciarla de forma ausente, sin despegar la vista de la luna que brillaba, totalmente ajena a su dolor, y que seguramente, estaría iluminando las suaves facciones de Harry, quien en ese momento dormía placidamente.
Si, si, si, si ya sé, un capítulo algo extraño, pero que contiene muchos datos sobre lo que pasará en la trama central de la historia, además de que se descubre un poquitín el porque Draco no soporta mucho a Adam, y sip, hago sufrir a mi Draquito, pero no se apuren que pronto le tocara también a Harry (uuuy que mala soy, jajajaja) Bueno, lamento nuevamente la tardanza, intentaré no tardar tanto nuevamente, aunque no prometo mucho, jiji. La siguiente actualización será de Devuélveme la Vida y Siempre en tu Corazón, aunque no sé cual sea primero, a ver cual de las dos quiere hacer mi neurona, aunque creo que será primero la de Ali, pues María me ayuda con esa, jajajaja. Bueno, bueno, nos vemos luego, cuídense mucho y mil besos para todos.
