Wow Dios! Hace cuanto que no actualizo esta historia? Hace milenios creo.
Se que no tengo muchas excusas para disculpar el retraso (creo que la del trabajo y la escuela ya están muy usadas, no?), bueno, además de las excusas de ley, tengo que admitir que no quería escribir acerca de esta historia pues andaba medio sensible, y escribir I Wish simplemente me provocaba una sensación de tristeza que apenas podía con ella. Pero gracias a su insistencia me armé de valor y pude terminar este capítulo.
Muchas gracias a Lluvia Azul por betear este capítulo.
Y ahora sí, lo que muchos esperaban, el siguiente capítulo de I Wish!
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CAPITULO SIETE.- Este es mi deseo
Las paredes de cantera grisácea, eran tenuemente iluminadas por candiles que flotaban a cada orilla, iluminando con flamas de color jade los gruesos muros.
Dentro se podía escuchar el crepitar de las flamas. Incluso podía verse el ligero vapor que despedía el caldero que sobre las llamas azulinas hervía a fuego lento.
Draco observaba el lento burbujear de la poción, su tono rojizo y su consistencia excesivamente liquida, no le agradaban para nada.
Apretó los labios con molestia.
Revisó el pergamino que su mano sujetaba y volvió a leer las últimas frases. En él tenía todos los avances de su proyecto escritos con mucho cuidado, conteniendo elegantes notas a los márgenes según se encontraba con nuevas modificaciones o ideas.
No había duda de que la poción era bastante compleja, sobre todo tratándose de meras investigaciones.
Sabía que estaba cerca del resultado que tanto anhelaba, pero estar cerca no era suficiente.
El rubio se pasó una de sus manos por el cabello.
Tras acomodar el fajo de pergaminos sobre la costosa mesa, llevó la otra mano a su cuello, donde masajeó un poco la zona al notar cierta tensión ahí.
Tensión muscular y emocional.
Muscular por haber estado la mayor parte del día encerrado en su laboratorio, tratando de adelantar a las investigaciones acerca de la poción para comprender el pársel que deseaba hacer.
Y emocional…
Había pasado otro día desde que el banshee los complacía con su visita. Y aunque las cosas habían estado relativamente tranquilas; las sensaciones y pensamientos que lo habían acompañado desde la llegada de la criatura no le dejaban un momento de paz.
No soportaba ver reír a Harry a causa del maldito niño, ni tampoco le gustaba ver como Isis se paseaba alrededor de ellos, pendiente de que el banshee estuviera de una sola pieza.
Simplemente le exasperaba.
Por esa razón había decidido encerrarse en su laboratorio.
El único lugar en donde Harry no entraría a interrumpirlo a menos que fuese importante.
Hizo una nueva anotación en el pergamino antes de volver a enfrascarse en más observaciones, el color había disminuido un poco, pero la consistencia seguía siendo la misma.
Frunció el ceño.
Intrigado, tomó tres pequeñas redomas que estaban en uno de los estantes, una de ellas contenía un líquido espeso y verduzco, mientras que en las otras dos contenían un líquido carmesí con una consistencia un poco más líquida:
Veneno, sangre de serpiente y de humano.
Más específicamente, el veneno y la sangre de una Cobra Real, de Isis; y la sangre de un humano: Harry.
No pudo evitar sonreír al recordar el escándalo que la serpiente armó cuando le pidió esas dos cosas, ni tampoco la mirada aterrada de Harry.
Oh, y la forma en que Isis se agitaba y siseaba, seguramente maldiciéndolo, cuando apretó las mandíbulas de la reptil contra la boca de una jarra cubierta de papel celofán, para así exprimir el veneno. Así como tampoco podrá olvidar la batalla que eso desató, ya que Isis no sólo lo persiguió por todo el jardín trasero, sino que con la cola le arrojaba todo cuanto estaba a su paso, de ahí los rasguños que ahora adornaban sus brazos.
Ni que decir cuando le extrajo la sangre…
Sobraba hacer hincapié en que aún estaba con vida….
Aunque aún no sabía por cuanto tiempo…
Por si las dudas había sellado el laboratorio con todo tipo de hechizos protectores.
Pero es que había sido necesario.
Tanto el veneno como la sangre de la serpiente contenían, entre otras enzimas, propiedades que podrían ayudarle a desarrollar la poción para comprender el pársel.
Y la sangre de Harry le ayudaría a encontrar las enzimas que un hablante de pársel compartía con una serpiente para entenderse entre sí.
Al menos así lo arrojaban el análisis que aún se desarrollaba al otro extremo de la mesa, en donde un par de probetas calentaban ambas sustancias, al mismo tiempo que, flotando a un lado, varios tubos de ensayo agregaban otros ingredientes para ver sus diversas reacciones que eran anotadas por una vuelapluma en un pergamino.
Suspiró.
En verdad deseaba terminar esa poción.
Y el motivo para hacer dicha poción no sólo era un simple capricho como tal vez muchos pensarían, sino porque en verdad deseaba participar en las conversaciones que su pareja e Isis sostenían.
Sabía que Isis lo comprendía cuando hablaba y que Harry le traducía lo que la serpiente siseaba, pero no era lo mismo, de alguna forma se sentía… excluido, apartado por el simple hecho de no comprender ese lenguaje. Y no quería eso.
Quería compartir cualquier aspecto con la familia que habían formado, por más mínimo y básico que fuera, como el de hablar y entenderse, literalmente.
Y ese deseo se había acrecentado luego de la pequeña pelea que Harry e Isis habían tenido, el ser intermediario y no entender de lo que una de las partes hablaba era realmente frustrante, por eso se había tomado ese día libre, para así poder avanzar en el desarrollo de su investigación. Después de todo, la mayor parte de los tratos estaban hechos, además de que se merecía un justo descanso después de todo lo que había logrado en esos días.
Logros de los que aún no hablaba con Harry.
Frunció el ceño ante ese pensamiento.
Debía ponerle remedio lo antes posible, de lo contrario Harry podría enterarse por los medios de comunicación y entonces esta vez no habría forma de salvarse de una pelea.
Y sinceramente, su ánimo no estaba para quedarse nuevamente callado si se diera el caso.
Draco se irguió, haciendo crujir varias vértebras en el proceso, apagó las llamas que calentaban sus experimentos, recogió todos los pergaminos llevándolos hacia uno de los estantes, tras abrir un cajón en particular, los guardó para luego murmurar un hechizo que cerró perfectamente el sitio.
Enseguida se encaminó hacia las escaleras que lo conducirían a la estancia de su casa. Ascendió con lentitud, deseando no encontrar al banshee despierto, y así poder sumergirse tranquilamente entre los brazos de Harry.
Llegó hasta la sala, y tras cerrar la puerta, se dispuso a dirigirse hacia su habitación, pero hubo algo que lo detuvo.
Los muebles que constituían su sala habían desaparecido, siendo sustituidos por mullidos cojines de colores brillantes y de distintos tamaños, esparcidos alrededor de lo que parecía ser una cena romántica, compuesta por un soufflé de fresas, un par de copas de cristal y platos, y una botella de Cabernet Sauvignon.
Todo a su alrededor estaba en la penumbra, solo la luz que desprendían las llamas que danzaban en la chimenea iluminaban un poco el lugar, dándole un toque mucho más íntimo.
Un par de esmeraldas le veían con adoración, sentado en forma indolente frente a la chimenea. Sus ojos de plata recorrieron la figura enfundada en un pijama verde brillante, desde el cabello ligeramente húmedo, descendiendo por el exquisito rostro, apreciando la ligera curva del cuello moreno, bajando a través del pecho que la bata dejaba al descubierto hasta toparse con el nudo de la prenda donde le seguían los pantalones, hasta llegar a los delicados pies desnudos.
Gimió ante la visión.
-Tardaste en salir – le dijo Harry, su voz no mayor a un ronco susurro que produjo escalofríos en Draco.
-Me entretuve más de la cuenta – respondió sin moverse y sin despegar la vista de su amante.
-De eso me di cuenta – una suave risa escapó de sus labios –. Ven – le dijo extendiendo su mano en dirección al rubio.
Draco no necesitó más invitación que esa para reaccionar. Con pasos lentos se acercó hasta casi llegar al área donde estaba Harry, deteniéndose solo un momento para quitarse los zapatos y las medias, para enseguida tomar la mano que el moreno le tendía y sentarse a su lado.
Apenas se había acomodado cuando Harry se inclinó hacia él, capturando sus labios en un beso suave, lento, con una cadencia sensual, mordiendo el labio inferior antes de alejarse.
-Wow – suspiró Draco antes de abrir los ojos – ¿Y a que se debe esto?
-No te había agradecido como se debe tu ayuda con Isis sobre lo del otro día – respondió a la vez que comenzaba a partir el soufflé y lo colocaba en un plato de cristal para luego dárselo a su pareja.
-Si esta es mi recompensa por hacerla de mediador, me aseguraré de que existan más peleas en un futu… ¡Auch! ¡Eso dolió! – se quejó cuando Harry le pellizco la mejilla.
-Calla y come – ordenó el moreno.
-Si señor – le dijo imitando un saludo militar.
Harry sonrió a la vez que descorchaba la botella de Cabernet Sauvignon ante la atenta mirada del rubio, que observaba los movimientos elegantes y sin titubeos de su pareja. Sonrió al recordar el seudo infierno que Harry había pasado a manos de su madre para mejorar sus modales, las de botellas que rompió y el horror en su rostro cuando vio una mesa puesta con diez cubiertos alrededor de no menos de tres platos.
-¿De que te ríes? – le preguntó aquel al que observaba, mientras servía el vino en una de las copas.
-Recordaba las clases de buen comportamiento que mi madre te dio.
Ante la frase, el rostro de Harry formó una mueca de terror, obteniendo una carcajada del rubio.
-Búrlate, como tú no tuviste que sufrirlas – se quejó el de ojos verdes.
-Claro que las sufrí – se defendió –, cuando era niño pasé por lo mismo que tu, así que sé perfectamente la clase de monstruo en que se convierte mi madre a la hora de impartir clases de modales.
Ambos temblaron ante el recuerdo.
Tras ver que el moreno terminaba de servirse, Draco pensó que era el mejor momento para poner al tanto a su pareja acerca de las reformas que se habían hecho a la Ley de Rechazo de Criaturas Mágicas.
-¿Harry? – lo llamó
-¿Si? – el moreno dejó la copa sobre el piso para prestarle atención a su pareja.
-¿Recuerdas la reunión en el Ministerio sobre la Ley de Rechazo de Criaturas Mágicas?
-¿La que se celebró hace un par de días? – preguntó lanzándole una mirada suspicaz.
-Eh… la misma – respondió un tanto inseguro, sabía que Harry le iba a echar en cara no haberle dicho antes.
-Recuerdo sobre esa reunión. Lo que no recuerdo es el motivo por el qué no me has dicho el resultado – el Gryffindor tomó los cubiertos para continuar cortando su trozo de soufflé. De pronto Draco tuvo la extraña sensación de que el cuchillo no era para cortar el postre, sino para acribillarlo a él.
-¿Prefieres la verdad o una mentirilla blanca? – preguntó ligeramente nervioso.
-Draco – lo retó
-Lo siento, lo siento – suspiró apesadumbrado –. La verdad es que tenía otras cosas en mente y realmente no había encontrado un momento adecuado para mencionarlo, con todo esto del banshee y luego con lo de Isis, sin contar algunas otras cosas… - negó con la cabeza – Realmente no tengo excusa para haber olvidado el decírtelo.
-No – le dijo el moreno, sin dejar de notar lo afligido que su pareja se veía –. Tienes razón, han sido demasiadas cosas en estos días, y para ser sinceros yo tampoco he puesto mucho de mi parte para tener tiempo de calidad entre tú y yo, con Adam…
-Déjalo así Harry – lo cortó el rubio, no queriendo escuchar acerca de uno de los causantes de su estado de estrés continuo.
Harry lo observó sorprendido por la interrupción.
-Mejor hagamos de cuenta que el tiempo no ha pasado y pongámonos al día con todo lo que ha sucedido, ¿de acuerdo? – se apresuró a agregar al ver la expresión de su pareja.
-De acuerdo – concedió con una pequeña sonrisa – ¿Y dime, en qué quedó la reunión? – preguntó ansioso.
Una sonrisa maligna se dibujó en el pálido rostro.
-Bien, pues dile a Remus que ahora podrá exigirle un aumento al viejo Director de Hogwarts, con todas las de la ley amparándolo.
En cuanto la frase fue totalmente procesada por el cerebro del Gryffindor, éste se lanzó a los brazos de su amante en medio de un grito de júbilo, provocando que ambos cayeran sobre un par de cojines.
-¡¡Eso es estupendo! – le dijo exultando alegría – Remus estará feliz en cuanto lo sepa.
-Aún no es oficial hasta que los medios lo publiquen, pero puedes decirle que la próxima reunión corre por su cuenta.
Un nuevo grito de alegría resonó en la estancia, acompañado de uno que claramente expresaba dolor.
-¿Qué pasa? – preguntó preocupado al notar la expresión de dolor en el rostro de Draco.
-Demasiado tiempo inclinado sobre el caldero – fue la respuesta en medio de otro quejido.
Harry le miró reprobatoriamente al mismo tiempo que se hacía a un lado para no continuar aplastando a Draco.
-Eso te pasa por estar tanto tiempo encerrado ahí – le regañó, al mismo tiempo que le ayudaba a sentarse, notando con un poco de angustia las muecas de dolor y los continuos "cracks" que salían de su espalda. Harry apartó todo lo relacionado con la cena dejando solo los cojines para luego acercarse nuevamente a Draco.
-Desnúdate y recuéstate – le dijo, ganándose una mirada suspicaz de parte del rubio, junto con una ceja elevada – Voy a ayudare a deshacer esa tensión – la otra ceja también se elevó, haciendo que Harry pusiera los ojos en blanco – ¡Sólo túmbate!
Con una sonrisa pícara Draco comenzó a desabrochar uno a uno los botones de su camisa disfrutando del ligero sonrojo que provocaba en el moreno.
Negando con la cabeza y con una sonrisa mal disimulada, Harry mandó llamar una poción relajante. Cuando tuvo la poción en sus manos, el rubio ya estaba desnudo y tendido boca a bajo con el rostro sobre uno de los cojines.
No pudo, ni quiso evitar, que sus ojos recorrieran el hermoso cuerpo tendido sobre los cojines, admirando como el cabello rubio tomaba tonalidades rojizas a causa de las llamas en la chimenea, como la piel pálida brillaba tenuemente y el cuerpo musculoso daba la impresión de ser una escultura a la belleza.
Tratando de calmar su atribulada mente de deseos que iban más allá de un simple masaje, abrió la poción relajante, y enseguida un olor a laurel inundó el lugar mientras se echaba un poco en las manos, las cuales frotó vigorosamente calentando la sustancia, a la vez que se acomodaba a un lado de su pareja, para luego comenzar a masajear la espalda con suavidad.
Al sentir las manos sobre su espalda, Draco no pudo reprimir un ligero temblor. Su piel estaba demasiado sensible debido a los vapores de la poción en la que trabajaba. Cuando pudo acostumbrase al toque, se dejó envolver por la placentera sensación, claro, cuando esas manos no tocaban una zona especialmente… dolorosa.
Las manos de Harry se deslizaban sobre sus hombros y espalda, ejerciendo una suave pero firme presión, obteniendo en un principio varios gruñidos cuando sus dedos pasaban por un nudo particularmente doloroso.
El pálido cuerpo dio un respingo junto con un gruñido un poco más fuerte que los anteriores cuando las manos de Harry se posaron en la nuca.
-Eso te pasa por estar tanto tiempo alejado de mi – le susurró Harry al oído, y Draco tuvo que morderse la lengua para no decirle que no era su culpa el estar lejos unos del otro; en lugar de hablar, se limitó a suspirar conforme los dedos de su amante obraban milagros en sus adoloridos músculos.
Cuando sintió que los nudos se habían desecho, dejó de masajear la nuca, deslizando sus manos hacia los hombros y brazos, notando con una expresión entre preocupada y burlona los rasguños que esa mañana Isis había provocado en su pareja, cuando ésta le extrajo el veneno y la sangre de forma muy poco ortodoxa.
Sin disimular una sonrisa, pues Draco no podía verle, continuó masajeando la suave piel hasta deshacer la tención en ambas extremidades; luego, comenzó a descender, continuando con las caricias en la parte media de la espalda. Draco gimió levemente, sintiendo un gran alivio cuando los dedos se concentraron en esa parte de su anatomía.
Después de unos minutos las hábiles manos de Harry dejaron la espalda, descendiendo hasta llegar a las nalgas donde solo les dedicó una leve caricia para decepción de Draco.
Continuó el masaje en los muslos, llegando hasta la zona detrás de las rodillas, luego dedicó especial atención a cada pantorrilla, para terminar masajeando los pies desnudos, donde obtuvo una suave risa.
-¿Cosquillas? – preguntó divertido.
-Si – respondió el rubio, sin poder reprimir una suave carcajada.
Sonriendo, retomó el mismo camino que había trazo en el cuerpo de su pareja.
Según pasaban los minutos, los gruñidos se convertían en tenues suspiros, sintiendo como la tensión acumulada se evaporaba gracias a los dedos de Harry, siendo reemplazada por la calidez que su amante desprendía. Sonrió con cierta picardía. El olor del laurel estaba provocándole ciertas sensaciones que seguramente su pareja desconocía, y aunado a los vapores de la sangre de Isis (1), le daría una sorpresa a su pareja.
Harry continuó con los movimientos hasta estar completamente seguro de que ya no había más nudos que deshacer. Con suavidad, hizo que Draco se girara hasta tenerlo boca arriba, llevándose una grata sorpresa.
-Se suponía que esto debía relajar cada parte de tu cuerpo – le dijo sin poder disimular del todo su sonrisa.
-Bueno, pues hay una parte que no está precisamente relajada – respondió Draco estirando su cuerpo en una clara invitación.
-De eso ya me di cuenta, ¿y se puede saber por qué no cumplí con mi objetivo? – cuestionó Harry, inclinándose hasta tener cerca de sus labios el pene completamente erecto de Draco, de tal forma que con cada palabra que pronunciaba, su aliento lo envolvía.
-Bueno, sin menospreciar tu habilidad de masajista, debo hacer hincapié en que como experto en pociones y Herbología eres un fracaso. Eso – señaló su erección – se debe a las propiedades tanto del laurel y a los vapores de la sangre de Isis, ambos conocidos, entre otras cosas, por sus propiedades afrodisíacas.
-Oh – el tono de Harry sonó claramente fingiendo estar decepcionado –. Y yo que pensé que era debido a mis caricias – un dedo recorrió desde la base hasta la punta de la erección, provocando un gemido de su pareja.
-No te quites crédito – murmuró, tratando de no gemir ante la repetición de ese simple roce.
Harry sonrió complacido, viendo que Draco esta más sensitivo que de costumbre, así que, decidió jugar un rato con su amante como una pequeña venganza por haberlo dejado solo todo el día.
Con parsimoniosa lentitud, el mismo dedo que antes acariciaba la erección, ahora se deslizaba por la estrecha cadera, dibujando pequeños círculos, deslizándose con suavidad hasta llegar al trasero, donde la mano entera lo tomó para luego apretarlo ligeramente.
-Harry – lo llamó, y en su voz puede notarse una nota desesperada.
-Dime
-Hay… otra parte de mi… que te necesita.
-¿En serio?
-Por favor – gimió.
-Vaya, parece que hoy estamos impacientes – se burló el moreno
-¡Harry! – volvió a urgirlo.
-Como desees.
Y antes de que Draco pudiera darse cuenta, Harry lo había tomado completamente, haciendo que su espalda se arqueara ante el repentino movimiento, sintiendo un shock eléctrico que le paralizó momentáneamente.
El moreno deslizaba su lengua alrededor, acariciando cada pulsante centímetro de carne dura y suave, sosteniendo con sus manos las caderas del rubio para evitar cualquier movimiento. Segundos después, los dedos de Draco se enterraban en el cabello azabache, a la vez que su cuerpo se arqueaba mientras gemía una y otra vez.
Era maravilloso, increíble, sentirse envuelto en esa poderosa sensación de calor, humedad y succión, los labios del rubio forman gritos silenciosos a la vez que sus manos continúan tirando del negro cabello. Y Harry continuaba con esas deliciosas caricias.
Los ojos de plata se abrieron por un momento, viéndolo ahí, con el cabello aún más revuelto que de costumbre, las mejillas con ese tinte carmín, los ojos verdes siempre comparadas con las esmeraldas, mirándole con ese deseo, con esa pasión, lujuria, que le nublaba la razón.
Por otra parte, Harry disfrutaba observando como Draco era consumido por el placer que él le provocaba, más tuvo que detenerse cuando las manos del rubio se posaron en su cabeza y le obligaron a encararlo.
-No quiero… terminar así – le dijo con la respiración entrecortada.
-No te preocupes amor – le susurró Harry, acariciando la mejilla del Slytherin con la propia –. Esto aún no termina.
Harry trazó un camino de besos desde el oído hasta llegar a la comisura de los labios para después pasar lentamente la punta de su lengua alrededor de los mismos, las manos de Draco le rodearon el cuello, acercándolo aún más, exigiendo un beso que no tardó en reclamar.
Ambos cuerpos, uno sobre el otro, amoldándose a la perfección, manos que acariciaban la piel que estaba a su alcance provocando pequeñas descargar que les hacían temblar, suaves gemidos y suspiros que sus gargantas producían en una declaración de amor y pasión.
-Te amo, Harry – murmuró Draco, acariciando con sus labios los de su pareja –, te amo tanto, amor… -susurró profundizando más el tierno beso.
-Y yo a ti, Draco, te amo. –respondió suavemente sin dejar de ver esos bellos ojos plateados.
Se irguió hasta sentarse sobre los pálidos muslos.
Las manos de Draco no tardaron en deslizarse por todo el cuerpo de su amante, acariciando todo aquel resquicio de piel que estuviese a su alcance. Sus manos delineaban cada músculo, terminando por aferrarse a sus caderas, donde sus manos se separaron, mientras una se adentraba a ese lugar que le aguardaba, sondeando, acariciando; la otra mano se dirigía hacia la erección de su moreno, envolviéndola suavemente y obteniendo un profundo gemido como recompensa.
Sus dedos se deslizaban lentamente, proporcionándole suaves caricias, excitándolo poco a poco. Harry sentía una de esas maravillosas manos, otorgándole placer; mientras la otra acariciaba su trasero, sondeando, acariciando… entrando... explorando hasta encontrar aquel punto que le hacía extasiarse y perder el control.
Sin más, hizo a un lado aquella mano que exploraba su interior, gimiendo al sentirse vacío, sin embargo, inmediatamente elevó sus caderas solo lo suficiente para estar sobre el mimbro de Draco, y sin esperar más, descendió sobre él, sintiendo el miembro duro y caliente penetrándolo. Un gemido ronco escapó de su garganta al notar como aquella dureza se adentraba en su cuerpo, llenándolo y poseyéndolo.
Draco gimió de manera profunda, aferrándose con fuerza a las caderas del moreno, intentando adentrarse aún más en ese cuerpo cálido y ávido de caricias.
Con lentitud, Harry se elevó hasta estar apunto de separarse de ese cuerpo, par luego dejarse caer con fuerza, arrancando gemidos y palabras incoherentes, alzándose una y otra vez, moviéndose de arriba abajo, empalándose con fuerza, solo en busca de placer para sí y para aquel al que amaba.
Sin embargo, Draco no permaneció ocioso. Sus manos recorrían el cuerpo moreno, trazando y marcando cada una de las líneas de cada músculo, saboreando la suavidad de la piel ardiente, disfrutando de los gemidos que arrancaba, adueñándose de cada parte de ese maravilloso ser que en ese momento le gritaba que lo amaba y que le pertenecía.
En un rápido movimiento, Draco se irguió lo suficiente para mantenerse sentado con las piernas de Harry envolviendo su cintura. Al tener así al rubio, Harry se aferró a la blanca espalda, encajando las uñas y rasguñando la piel ante cada nueva oleada de placer, enterrando su rostro en el cuello, besando y lamiendo, saboreando todo aquello que estuviese a su alcance.
-¿Cuánto me amas Harry? – le preguntó en medio de aquella neblina de placer.
-Demasiado – respondió.
-¿Cuánto? – insistió.
El moreno se separó de él, apoyando sus en el blanco pecho de su pareja, lo empujó con fuerza, obligándolo a regresar a su antigua posición. En cuanto estuvo nuevamente acostado sobre los cojines, Harry le sostuvo la mirada sin dejar de elevarse y hundirse en esa vorágine de placer.
-Mi vida no vale nada sin ti – le dijo sin ningún titubeo, con la seguridad impregnada en las bellas esmeraldas.
Aumentando la velocidad de sus movimientos, Harry colocó sus manos en el pecho de Draco, sus cuerpos encontrándose una y otra vez, saturándose de más placer, presionando más fuerte.
Sin desear contenerse, Draco elevó sus manos hasta capturar el cuello de su amante, obligándolo a recostarse sobre él y capturando los labios rojos en un beso donde expresaba las mismas palabras dichas por el moreno.
Harry se sintió embargado por un torrente de emociones: placer, amor, pasión, lujuria, éxtasis, todo en una vorágine que le golpeó con fuerza, haciéndole moverse con un ritmo irregular sin ser conciente de la fuerza que aplicaba, solo sintiendo la forma en que Draco golpeaba su próstata cada vez que lo penetraba y de esa maravillosa mano que ahora acariciaba su duro pene.
De pronto, todos los músculos de su cuerpo recibieron una descarga de placer tal que por un momento dejó de respirar, dejándose consumir por aquél remolino de sensaciones que le devoraba, haciéndolo retorcerse y gritar el nombre del rubio que llegaba a la cima del éxtasis al mismo tiempo que él.
Harry suspiró dejándose caer sobre el cuerpo de Draco, sudoroso y agitado, descansando su cabeza sobre el pálido pecho, fatigadamente feliz.
Permanecieron así, juntos, disfrutando de los ligeros estremecimientos que dejaba a su paso el orgasmo, sumergiéndose en una cálida neblina que adormecía sus sentidos. Perezosamente, Draco buscó la mano de su pareja, encontrándola en medio de ambos torsos, la tomó llevándola hasta sus labios donde la llenó de suaves besos para delicia de Harry.
Después de unos minutos así, fue Harry quien decidió que era tiempo de romper ese cálido silencio.
-Draco – lo llamó, obteniendo solo un gruñido como señal de que lo escuchaba –. ¿Qué es lo que pasa?
En seguida, el pálido cuerpo bajo él se tensó, dándole la certeza de que algo le sucedía a su pareja.
-¿A qué te refieres? – preguntó el rubio en un murmullo, sin dejar de acariciar la mano morena con sus labios.
-Sabes a lo que me refiero – Harry descansó el rostro sobre el hombro de su pálido amante –. Últimamente estas distante, como si tu cuerpo estuviese aquí pero no tu mente, poco a poco me alejas y eso solo me dice que hay algo en mi entorno que te molesta, y no quiero eso, no quiero que exista algo que nos haga separarnos. Te amo, te lo dije hace un momento, te amo tanto que mi vida no vale nada sino estas a mi lado para vivirla – hizo una pausa, siendo conciente de que sus ojos comenzaban a retener las lagrimas que pugnaban por salir. Respiró un par de veces hasta controlarse un poco.
- Yo sé, que Adam tiene que ver con todo eso – nuevamente el cuerpo de Draco se tensó, confirmando lo que él ya sospechaba –. Sé que es una responsabilidad que tú no pediste y que de alguna forma te incomoda, pero compréndeme, no podía permitir que ese pequeño quedara abandonado por quien sabe cuanto tiempo.
-Típico de tu corazón Gryffindor – murmuró Draco, arrancando una sutil sonrisa de Harry.
-Si, típico. Por eso he sido yo quien ha absorbido todas las responsabilidades acerca de ese niño, intentando no molestarte, pero pese a todo mi esfuerzo, no lo logro, y tengo la impresión de que hay algo más. ¿Qué es Draco? ¿Qué es eso que te atormenta tanto?
El rubio cerró los ojos, intentando encontrar las palabras para poder explicarse a su pareja. Fue un tonto al pensar que Harry no se daría cuenta de que algo ocurría con él, curioso, porque Draco podía jurar que el moreno no se percataba de que a él también le afectaba de alguna forma toda esa situación.
-Harry – le llamó, su voz siendo un suave murmullo que erizó la piel del moreno –. ¿Sabes que te amo, cierto?
Inmediatamente unos furiosos ojos verdes encontraron los suyos.
-¿Qué clase de pregunta estúpida es esa? – preguntó, y en su voz se traslucía claramente la ofensa –. Por supuesto que sé que me amas.
Draco no dio ninguna muestra de temor ante el ataque de rabia de su pareja, todo lo contrario, permaneció calmado ante el escrutinio del moreno, quien, apoyándose en una sola mano se erguía sobre él.
-Te amo tanto – continuó el rubio, omitiendo la protesta del otro –, que cuando tu sufres, yo sufro contigo, tu dolor es mi dolor. Odio cuando algo te causa algún daño, me odio a mi mismo por no poder evitarlo, y odio al maldito que te lo causa, ¿lo entiendes? Se que tu enorme corazón te pidió cuidar de ese niño, y que ese mismo corazón ha comenzado a tomarle cariño pese a esos enormes pulmones que tiene, pero… ¿qué pasará cuando tengas que alejarte de él? Su madre pronto saldrá del hospital, lo sé porque el Sanador se ha estado manteniendo en contacto conmigo, y Annel Cartier ya desea ver a su hijo, dime Harry, ¿qué harás cuando ese momento llegue?
-Draco…
-¿Que pasará cuando tengas que tirar todo aquello que te envío Hermione? ¿Cuando tengas que regresar a la habitación en la que ha estado y tengas que hacer desaparecer cada mueble, sin poder hacer lo mismo con los recuerdos y sensaciones? ¿Cuándo ya no puedas tenerlo entre tus brazos? ¿Cuándo comiences a extrañarlo? ¿Qué pasará?
-Yo…
Draco soltó la mano que aún sostenía, para luego dirigir las suyas hacia el cuello de Harry, donde sus dedos se enredaron en los negros mechones.
-Te dolerá Harry, te dolerá el ya no tener a ese banshee, y yo sufriré contigo, porque no podré hacer nada para evitar tu dolor.
Esta vez, las lágrimas lograron escapar, marcando el bonito rostro del gryffindor. Draco lo hizo descender hasta tenerlo completamente tendido sobre su cuerpo.
Besando sus lágrimas…
Bebiendo su dolor…
Haciéndolo suyo…
oOoOoOoOoOoOo
Descendía la escalera al mismo tiempo que terminaba de anudar la corbata alrededor de su cuello. Continuó su camino hasta el comedor, en donde Harry ya se encontraba... junto al banshee.
La susodicha criatura se encontraba sentada sobre una de esas sillas para bebé que tenía una especie de mesita integrada para colocar la papilla y la leche, el chiquillo gorgojeaba feliz a la vista de una pequeña cuchara llena de fruta hecha masa que se acercaba a él por mano de su pareja.
La imagen hizo que se le quitara el apetito.
Lo pasado la noche anterior, aún estaba grabado a fuego en su mente, y al parecer también en la de Harry, pues aunque sonreía, sus ojos no tenían aquel resplandor que le cautivaba.
Se sentía culpable por hacer sentir mal a su pareja, pero había sido necesario, y pese a que el verdadero motivo de su estado de ánimo no fue mencionado de forma tácita, lo que plantearon la noche anterior lo daba a entender perfectamente, Harry no era tonto, así que muy pronto se daría cuenta de lo que ocurría, y entonces…
Negó con la cabeza, era mejor no pensar en ello sino quería atormentar más a su pareja. Antes de que pudiera acercarse a Harry, Draco observó como un punto marrón se acercaba desde el jardín trasero con claras intenciones de llegar hasta su casa. Estrechando los ojos notó que no era un simple punto el que se acercaba si no una lechuza que zigzagueaba en forma muy familiar.
Apenas tuvo tiempo para salvar la jarra de jugo y la fruta antes de que el pajarraco se estrellara dolorosamente contra la mesa.
Harry y Adam soltaron un grito de sorpresa ante la presencia de la infortunada ave en el comedor.
-Creo que la carta es para ti – le dijo el rubio reconociendo a Errol, a la vez que colocaba el jugo y la fruta al otro extremo de la mesa, lejos de la lechuza que en ese momento hacia extraños ruidos.
Harry observó la carta con cierta aprensión, notando que era un sobre rojo el que estaba atado a la pata del ave.
-¿Porqué los Weasleys me enviarían una howler? – preguntó con temor. Draco lanzó una mirada furtiva al sobre del cual comenzaba a salir humo.
-Bueno, estamos a punto de averiguarlo.
El sobre, al ver que nadie se animaba a abrirlo, se desató a sí mismo, para luego abrirse de un brusco movimiento. Al siguiente instante, Harry cubría los oídos de Adam, mientras Draco hacía un gesto de dolor ante la chillona voz de la Señora Weasley amplificada unas veinte veces.
-¡¡HARRY POTTER! ¡¿CÓMO ES POSIBLE QUE FUERAS TAN IRRESPONSABLE COMO PARA CUIDAR DE UN BEBÉ Y NO DECIRME! ¡¡NI SIQUIERA UNA LECHUZA! ¡¡ESTA BIEN QUE HE ESTADO CON BILL ESTOS DÍAS PERO ESO NO TE IMPIDE ESCRIBIRME UNAS LÍNEAS! ¡¡¡IRRESPONSABLE! ¡¡¡PERO ESO TIENE REMEDIO, DE ESTE DIA NO TE ESCAPAS POTTER!
El sobre se hizo bolita a sí mismo para luego convertirse en cenizas ante la atónita mirada de un rubio y la horrorizada de un moreno.
-Vaya – murmuró Draco –, buenos días para ella también.
-Oh, por Merlín – gimió el moreno antes de ponerse de pie, acercándose a la inconsciente lechuza, para luego despertarla con un enervate.
El rubio reprimió una sonrisa al ver la cara de espanto de su pareja, digna para plasmarla, lastima que no tenía a la mano una cámara. Sonriendo con cierto sarcasmo, se acercó a Harry, alargó su mano hasta tomar la barbilla, elevando con delicadeza su rostro.
-Sinceramente, amor, lamento mucho lo que vas a sufrir esta tarde – el espacio entre sus rostros se acortaba mientras, claramente disfrutando la situación.
-¿No podrías hacer algo para remediarlo? – preguntó el moreno, anhelante.
-Lo lamento – le dijo fingiendo estar apenado, el brillo travieso de sus ojos amenazando con romper su seria expresión. Se inclinó un poco más cerca, hasta rozar sus labios contra los de su pareja –. Pero si gustas, cuando regrese haré algo para calmarte. Porque me imagino que la visita de Molly te dejará algo... alterado – la última palabra fue casi un ronroneo, enviando pequeñas descargas eléctricas al cuerpo de Harry.
-Bueno, he de aceptar que Molly tiene ese... don – respondió Harry, imitando el mismo juego que su pareja, bajando el tono de su propia voz hasta convertirla en un profundo susurro -. ¿Pero es necesario esperar hasta la tarde? – preguntó haciendo un ligero puchero.
-¿Estamos impacientes, eh Potter? – se burló el rubio.
-A decir verdad... si – una risita se escapó de sus labios –. Entonces, ¿en que momento piensas besarme?
Sin más, Draco se dispuso a eliminar la poca distancia que separaban sus labios.
Un grito agudo, para su irritación en el momento más inoportuno, resonó demasiado cerca de su oído, dejándolo casi sordo y de paso, cortando la bella atmósfera que se había creado entorno a ellos.
Draco mordió su labio inferior y cerró los ojos con fuerza, maldiciendo internamente la ruptura de ese momento. Se irguió por completo, plenamente conciente de que algo dentro de sí mismo se resquebrajaba imperceptiblemente.
-Lo lamento – se disculpó Harry, al mismo tiempo que se giraba para verificar la razón por la que Adam lloraba de esa forma.
-Oh no, tú no me dejas así – gruñó Draco con voz profunda, deteniendo a Harry por el brazo, haciéndolo girar, y atrapándolo entre sus brazos.
Sus labios se encontraron por inercia. El cuerpo de Harry tembló ante la sensación tan familiar que los labios de Draco le provocaban, entrando para reclamar y tomar lo que le pertenecía. Se apartaron a regañadientes, tomando conciencia del llanto que no disminuía, sino todo lo contrario. Harry tragó, al mismo tiempo que corría una mano sobre su cabello, tratando de recuperar el aliento.
Draco se enderezó, intentando apartar la creciente lujuria que despertaba en su interior, la necesidad de poseer ese cuerpo que despertaba en él el más grande deseo.
Harry dirigió su vista hacia Draco, sus ojos se opacaron cuando notó que su pareja había cerrado los ojos con disgusto, mientras tomaba una profunda y tranquilizante bocanada de aire.
-¿Draco?- lo llamó con suavidad. Los ojos de plata se abrieron con cierto fastidio.
-Es mejor que lo atiendas, Harry - murmuró con un deje de fastidio, besó su mejilla antes de desaparecer con rumbo al Ministerio.
Harry se quedó observándolo por unos momentos, antes de girar su atención hacia donde se encontraba el bebé. Con un suspiro, tomó a la llorosa criatura, quien estaba manchado de papilla, sin poder evitar el pensamiento de que Draco no se había ido muy feliz que digamos.
oOoOoOoOoOo
-/¿Qué prefieres? ¿El dragón negro o el dragón rojo/ – le preguntó Isis, señalando con su cola dos pequeños dragones de peluche.
Tanto Ella como Harry y Adam, estaban sentados en una manta extendida sobre el piso de la sala. A su alrededor había un gran surtido peluches que Harry había transfigurado para divertir a Adam.
-/El negro es un colacuerno húngaro y el verde, un Gales/ – respondió Harry, al mismo tiempo que movía un grifo frente a Adam, causando unas pequeñas carcajadas y gorgoteos de parte del bebé.
-/Los nombres son muy largos/ – se quejó Isis, al mismo tiempo que con su cola señalaba los dragones – /y no me dijiste/
-/El que prefieras/ - respondió sin mucho entusiasmo.
Totalmente ajeno a su alrededor, Harry observaba con Adam intentaba alcanzar el grifo que él sostenía. Viendo a esa pequeña criatura, no pudo evitar que las palabras dichas por Draco la noche anterior se repitieran una y otra vez en su mente.
¿Qué sería de él cuando Adam regresará con su madre?
¿Actuaría como si nunca lo hubiese conocido?
¿Cómo si nunca hubiese despertado en él tantas emociones tan conflictivas?
¿Echaría a la basura todo aquello que le recordara a ese bebé? ¿Qué haría?
Su pareja estaba en lo cierto cuando aseguraba que le provocaría un gran dolor la partir del pequeño, pero… ¿por qué le causaría daño la partida de Adam?
¿Sólo era eso?
¿El separarse de un ser al que había aprendido a querer?
¿O había algo más en toda esa situación?
¿Acaso se trataba de…?
El chisporrotear de la chimenea lo sobresaltó, haciéndolo salir del trance en el que se había sumido.
Permitiendo la entrada por la red floo, Molly y Ginny Weasley emergieron de la chimenea, con grandes sonrisas en sus rostros, inmediatamente las miradas de ambas mujeres encontraron a Harry para desviarse hacia la pequeña criatura que en ese momento agitaba el peluche de un elfo domestico que curiosamente compartía un gran parecido con Dobby.
-¡¡Pero que lindura! – exclamó Molly, acercándose a Harry.
-Hola Molly, Ginny – saludó Harry con una gran sonrisa, sonrisa que inmediatamente desapareció al ver las severas expresiones de parte de ambas Weasleys.
-¿Se puede saber que pensabas al ocultarnos esto? – inquirió la matriarca de la familia.
-Eh… bueno – un fuerte sonrojo coloreó el rostro del moreno –. Las cosas sucedieron tan rápido que… solo se enteraron los que estaban en San Mungo con nosotros, lo siento, no pensé que…
Su patética excusa se vio interrumpida por el gritito de júbilo de Adam al arrojar al pobre elfo por los aires.
-Oh, pero mira que preciosidad, ¿puedo cargarlo? – sin esperar respuesta, y olvidándose por completo del regaño pendiente, Molly tomó entre sus brazos a Adam, quien ofendido por haber sido alejado de sus nuevos juguetes, encontró una mejor distracción al intentar tomar el cabello llameante de la mujer que lo cargaba, pero el pequeño no contó con la ya larga lista de proezas maternales que llenaban el currículum de la señora Weasley, así que ésta rápidamente evitó la regordeta mano, capturándola con la propia.
-¿Así que él es Adam? – preguntó Ginny, sentándose al lado de Isis para acariciarla. Harry no dejaba de ver con asombro, la facilidad con que Molly mecía a Adam, haciéndolo reír a cada movimiento.
-¿Ves a otro bebé por aquí? – ante la respuesta, Ginny frunció el ceño
-Sabes, esa respuesta es digna de un Malfoy – le dijo, recibiendo a cambio una mirada ligeramente ofendida de parte de Harry, para luego cambiar a una gran sonrisa.
-Lo tomaré como un cumplido.
-Si, claro – Ginny puso los ojos en blanco, luego metió su mano a uno de los bolsillos de su túnica, sacando unos pequeños objetos que Harry no pudo distinguir bien. Con un movimiento de la varita de Ginny, los objetos tomaron forma; varios artículos para bebé, entre los que se encontraba una bañera, llenaron la estancia – Mamá piensa que vas a necesitar todo eso.
-Ginny no debieron...
-Lo sabemos – lo cortó –, pero no pudimos resistirlo – una sonrisa tímida se dibujó en sus labios –. En cuanto Ron nos contó lo del bebé, no dudamos en salir de compras. Papá quería venir, pero tuvo que ir al Ministerio, y los gemelos... – Ginny sonrió con cierta complicidad –, mamá no les permitió venir por que pensó que no sería bueno para la seguridad Adam.
La mirada cargada de significado, junto con esa sonrisa que no auguraba nada bueno, hicieron comprender a Harry, que tal vez los gemelos tomarían a Adam como su nuevo conejillo de indias, y agradeció internamente a Molly por no haberles permitido ir a su casa.
Regresó su mirada hacia donde estaba el pequeño Adam, que se encontraba aún entre los brazos de Molly, y quien lo elevaba una y otra vez, arrancando risas y gorgoteos, completamente divertido por los movimientos de la señora Weasley. Deslizándose sinuosamente, Isis se acercó hasta llegar con la señora y el bebé, intentando alcanzarlo con la lengua y recibiendo una reprimenda de parte de Molly.
Ginny siguió la dirección de su mirada.
-Parece que Isis le ha tomado cariño a Adam – le dijo
-Si – Harry frunció el ceño –, aunque hay ocasiones en que quiere cubrirle la boca para que deje de llorar, claro, Draco le dijo que era muy poco sutil de su parte y que había mejores formas de cometer bansheesidio.
Ginny estuvo unos segundos en silencio, procesando lo dicho por su amigo. Sin poder evitarlo, soltó una carcajada, para pronto ser presa de un ataque de risa, ganándose miradas confundidas de parte de Harry y su madre.
-¿Puedo saber que es tan gracioso? – preguntó Molly, acercándose a ellos, viendo como su hija se llevaba las manos hacia su estomago sin dejar de reír.
-No tengo idea – murmuró Harry encogiéndose de hombros, y sin dejar de ver a la chica que no paraba de reír.
-Harry, querido – lo llamó la señora Weasley, e inmediatamente Harry se giró para verla –, dime, ¿ya bañaste a este pequeño? – un leve sonrojo cubrió las mejillas de Harry.
-/¿Bañarlo? ¿También se baña/ – preguntó Isis – /¿Qué ese humano no puede hacer nada por sí mismo/
Harry prefirió ignorar las preguntas de Isis, y centrar toda su atención en Molly que le miraba con el ceño fruncido.
-Eh... bueno... en realidad... eh... sólo he utilizado hechos limpiadores... es que... tuve un poco de miedo... – murmuró bajando la mirada y sonrojándose aún más. Enseguida la expresión de Molly cambió para ser sustituida por una de ternura.
-Oh, no te preocupes querido, ahora mismo te mostraré como se hace. Levita la bañera y vayamos a la habitación de este pequeñín...
Harry se puso de pie, y haciendo lo que Molly le dijo, comenzó a subir las escaleras detrás de ella con la bañera flotando tras él, seguido de Isis que no quería perderse un solo detalle de lo que acontecía con ese bebé humano. Ginny se puso de pie también, dispuesta a seguirlos, pero sin dejar de reír de vez en cuando.
-... Tienes que aprender como cuidar un bebé, para cuando tu y Draco decidan tener los suyos – terminó por decir la mujer.
Harry se detuvo en seco.
¿Había escuchado lo que creía?
¿Acaso era posible que…?
Su corazón dio un vuelco.
Un niño...
Un nudo se formó en su garganta.
Un niño suyo y de Draco...
Cuando Draco y él iniciaron su relación se sintió el hombre más afortunado que pudiera existir. Draco lo era todo para él, era quien le había ayudado a ahuyentar las sombras y el dolor que le habían estado persiguiendo desde siempre, dándole la felicidad que siempre había buscado. Lo tenía todo: una casa, a su padrino y amigos, tenía a Isis que era como una hermana para él, y sobre todo: tenía a Draco. Y con su cariño, junto al del resto de sus amigos y seres queridos, sentía que su mundo estaba completo...
O casi...
Porque muy dentro de su corazón, una pequeña sombra opacaba su felicidad: El que nunca podría tener un hijo.
Toda su vida había querido tener una familia, una familia propia, y aunque consideraba a las personas que lo rodeaban su familia, ningún lazo fuera del cariño los unía, y él ansiaba tener un hijo, un pequeño que tuviera su cabello negro e indomable, que le sonriera de la misma manera que Draco lo hacía, y sobre todo, que tuviera los bellos ojos de Draco...
Dirigió sus ojos hacia el bebé que Molly cargaba, viendo a los pequeños ojitos de Adam que le miraban con una sonrisa, y supo en ese momento que la verdadera razón por la que había pedido cuidarlo, era para sumergirse en la deliciosa irrealidad del deseo que añoraba su corazón.
Un hijo suyo y de Draco...
Pero entonces, si Molly le decía aquello, eso quería decir que...
¿Era posible…?
¿Era posible que pudieran tener un hijo? ¿Un hijo de ambos?
A medida que ese pensamiento se clavaba en su mente, una pequeña esperanza comenzaba a desfragmentar las sombras que habitaban en su corazón.
Molly, viendo la reacción de Harry y temiendo haber dicho algo que le molestara, intentó explicarse.
-Bueno, pensé que, como ya llevan algunos años viviendo juntos, quizás podrían adoptar un bebé.
-¿A... adoptar? – balbuceó Harry, desviando su vista del bebé hacia la mujer que le hablaba, sintiendo como su corazón caía en un profundo y negro abismo, sus ojos estuvieron a punto de llenarse de lágrimas, pero no les permitió correr, usando todo su autocontrol, logró mantener sus emociones a raya.
-Si, adoptar – Molly se giró para ver el rostro perturbado de Harry –. Ambos son personas respetables, tanto en el Mundo Mágico como aquí, en el muggle, así que no creo que haya un inconveniente en que adoptaran un niño.
Ginny, observó atentamente al moreno, notando la turbación de Harry, sin duda lo que su madre le decía era una sorpresa para él, tal vez no lo había pensado hasta ese momento, tal vez nunca pensó en la posibilidad de adoptar un bebé, o tal vez...
La menor de los Weasley negó con la cabeza.
No, Harry no podía pensar en eso, era algo imposible aún en el Mundo Mágico. Así decidió cambiar de tema, por el bien de Harry.
-Mamá – dijo – no se supone que vamos a bañar a Adam – una linda sonrisa iluminó su rostro, haciendo que en su madre se dibujara una igual.
-Oh claro. Vamos – y sin esperar respuesta, Molly continuó subiendo las escaleras, con brazos en Adam. Ginny dio un ligero empujoncito a Harry, haciendo que éste saliera del estado de sopor en el que se había sumergido. Asintiendo, Harry comenzó a caminar como si estuviera en trance.
-/¿Qué sucede/ – le preguntó Isis, notando el estado en que estaba Harry – /¿Te duele algo/
-/Si, Isis. Me duele el corazón/
oOoOoOoOoOo
Horas más tarde, y una vez que Molly y Ginny se habían retirado hacia la Madriguera, claro, tras prometer regresar en cuanto hubiera una oportunidad, y después de hacerle jurar que les enviaría a Hedwig si alguna duda le asaltaba con respecto al cuidado del bebé; Harry se encontraba en su estudio, intentando terminar la serie de cuadros que estarían en su exposición. Isis se había quedado al lado de Adam, ya que éste se había quedado dormido, y la serpiente se aseguraría de que durmiera tranquilamente, aunque Harry sospechaba que ese sólo era el pretexto para cuando despertara Adam, salir huyendo y no soportar sus "alaridos".
Estaba de pie frente a un lienzo donde podían verse los primeros trazos de un castillo situado en medio del mar, pero sus manos y mente se negaban a terminar esa pintura. Su mente remembraba una y otra vez los sucesos de hacía unas horas, sobre todo las palabras dichas por Molly:
Adoptar un niño...
¿Draco querría hacerlo? ¿Querría adoptar un bebé?
Suspiró abatido.
No, seguro que no.
Los Malfoy eran muy estrictos en cuanto a lo concerniente con el linaje de su descendencia. Algo comprensible si se tomara en cuenta que eso no solo se debía a la antigüedad de esa familia, sino a cuestiones de gran peso concernientes a la magia.
Si alguien le hubiera dicho que terminaría aceptando la forma de pensar de los sangre pura, lo hubiera tachado de loco, pues eso significaría apoyar lo que Voldemort predicaba. Pero ahora compartía su vida con un sangre pura descendiente de una de las familias más antiguas del Mundo Mágico, y pese a que no odiaba ni discriminaba a los hijos de muggles, no podía rebatir sus argumentos en cuanto a lo referente a la pureza de su sangre.
Su sangre, la sangre Malfoy, era una fuente de magia envidiable, no solo porque sus talentos mágicos son más fuertes que en el caso de los muggleborn, sino porque algunas ramas de la magia responden únicamente a los sangre pura, tales como la magia ancestral, debido a la fortaleza mágica que poseían. Además estaba el hecho de que la mayoría de las propiedades, negocios y cámaras en Gringotts de los Malfoy se regían por una norma de seguridad basada en el reconocimiento de su aura y sangre, justo como las defensas de Malfoy Manor y de su propia casa.
Draco había tenido que pasar semanas enteras intentando que esas propiedades aceptaran a Harry como un miembro de la familia Malfoy, pues al no estar casados, las defensas no reconocerían a Harry de otra forma que no fuera un visitante y mucho menos tendría voz y voto dentro de los negocios familiares. Aún recordaba lo fatigado que Draco había estado durante ese tiempo.
Eso sin contar con la gran cantidad de contratos mágicos que se regían por las mismas normas, y en cuyo caso si se llegara a romper alguna de sus reglas se recibiría una no muy agradable maldición.
Por ello, la sangre Malfoy debía de seguir para continuar con la pureza de su estirpe. Pero lamentablemente, Draco era el último de esa ilustre familia que era los Malfoy, y por consiguiente, con él terminaba la descendencia de esa familia de sangre pura, y aunque nunca se lo hubiera dicho directamente, Harry sabía que Draco había renunciado al privilegio de ser padre y tener una familia en toda regla por estar a su lado.
Suspiró abatido.
Lo mejor sería quitarse esos pensamientos de la cabeza y concentrarse en la pintura frente a él...
Pero después de media hora en la misma posición, y sin ningún trazo nuevo sobre el lienzo, decidió que esa no era la forma de quitarse esos pensamientos que se clavaban en su corazón y le hacían daño. Así que, ignorando la pintura que planeaba terminar, se dirigió al otro extremo del estudio, instaló otro caballete, colocó un lienzo nuevo en él y dejando de lado los pinceles, tomó tizas de colores.
Tomó una tiza de color grisáceo para comenzar con los trazos simples, dispuesto a plasmar en el lienzo lo que su mente no dejaba de repetir.
Su mano se deslizaba con gracia sobre el blanco lienzo, moviéndose con soltura, trazando líneas aquí y allá, dándole forma a la imagen que desde esa mañana había esta metida en su cabeza.
Conforme con los trazos básicos, tomó una tiza de otro color, iluminando los contornos que lo necesitaban. Varias tizas de colores distintos coloreaban el dibujo, pronto se pudo distinguir la forma que su mano trazaba:
Un pequeño cuerpecito enfundado en un trajecito azul cielo, unas manos y piernas regordetas, un rostro níveo de rasgos afilados y aristocráticos; pintó también la silueta de una cabellera negra que parecía imposible de peinar, y finalmente, detalló las facciones del rostro: unos pómulos finos y sonrosados, unos pequeños labios ligeramente rojizos y curvados en una tierna sonrisa, una nariz respingada y por último, unos ojos color plata.
Cuando terminó el cuadro, suspiró satisfecho, pero esa sensación de satisfacción se esfumó rápidamente al comprender lo que había hecho.
Había dibujado al hijo que Draco y él nunca tendrían.
La realidad lo golpeó con fuerza, haciéndolo sentir una fuerte presión en el pecho. Ahí, frente él, estaba un pequeño ser que nunca llegaría a existir, un bebé que ahora le miraba sonriente, pero que en realidad nunca podría ver, un hijo tan parecido a Draco que nunca tendría entre sus brazos.
Lágrimas silenciosas comenzaron a correr por su rostro, ¿sería imposible llegar a tener un hijo suyo y de Draco? A lo largo de su estancia en el Mundo Mágico, siempre creyó que todo era posible, que con magia, esfuerzo y un verdadero deseo podría lograr cualquier cosa, que no existían imposibles... pero obviamente estaba equivocado, si existían los imposibles, y uno de ellos era que un hombre no podía embarazarse de otro hombre... por más que ambos se amaran...
El primer sollozo escapó de sus labios, seguido de muchos otros, pronto los sollozos se convirtieron en gemidos que le desgarraban el alma. Se dejó caer de rodillas, a los pies del cuadro que representaba a su hijo, al hijo que nunca vería fuera del lienzo en el que estaba.
oOoOoOoOoOo
Tiempo más tarde, casi al atardecer, Draco llegó a casa, dejó como siempre su túnica en el colgador de la entrada y se dirigió a la sala llamando a Harry. No obtuvo respuesta, así que dejó el maletín en uno de los sillones. En cambio, Isis bajó por las escaleras, en su cola sostenía con fuerza una pequeña bolsa que Draco reconoció enseguida. En cuanto la serpiente llegó ante él, vació el contenido de la bolsita, de ella salieron varias fichas en cuya superficie estaba plasmada una letra diferente. Ignorando magistralmente la mirada exasperada que Draco le lanzó, comenzó a formar palabras con las fichas, al cabo de unos segundos, Draco pudo leer lo "escrito" por la serpiente
"Guarda silencio que Adam esta dormido y no quiero aguantar sus alaridos"
-Me sorprende tu sutileza – le dijo a la serpiente, al mismo tiempo que cruzaba sus brazos sobre el pecho, y levantaba una ceja de forma elegante. Isis le dirigió una mirada asesina, que Draco ignoró a su vez –. ¿Dónde esta Harry? – Isis volvió a mover las fichas hasta formar otra oración
-"En el estudio"
-¿Supongo que Molly no esta con él? – Isis negó con la cabeza –, bien, puedes seguir con tu labor de niñera
Y sin esperar alguna reacción de parte de la serpiente, pues no se arriesgaría a recibirla, se dirigió hacia el estudio. Isis estaba tentada a lanzarse contra él y morderlo, pero decidió no hacerlo al pensar en que Harry tal vez se enojaría, así que lo único que hizo fue mirarlo molesta y sisear
-/Más te vale que le quites ese dolor de corazón/
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En cuanto entró al estudio, lo primero que vio fue la estilizada figura de Harry dándole la espalda, mientras cubría con una manta uno de los caballetes donde pintaba.
Se acercó lentamente, extrañado por esa acción, viendo como Harry acariciaba de forma ausente el contorno del objeto. El moreno continuaba dándole la espalda cuando llegó hasta él. Deslizó con suavidad sus manos por la estrecha cintura, notando como el cuerpo al que abrazaba se tensaba ante el contacto. Cuando tuvo ese cuerpo completamente pegado al suyo, notó como la tensión cedía poco a poco.
Estuvo a punto de preguntar que ocurría cuando el moreno se giró de improviso dentro del abrazo.
No tuvo que preguntar nada, pues solo con verlo a los ojos, Draco encontró la respuesta a su pregunta.
Ya no podía retrasar más ese momento…
Harry había comprendido todo.
Las lágrimas que poco a poco mojaban su traje así se lo confirmaban…
Y lo único que pudo hacer por ese hombre al que tanto amaba, fue abrazarlo con mayor fuerza, diciéndole con ese gesto que el dolor no solo sería de él, sino de ambos.
Si, porque él también sufría por la misma razón por la que Harry derramaba esas lágrimas…
Aún en el Mundo Mágico hay imposibles…
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Y bien? Qué les pareció? Se que ha simple vista parece que la historian o avanza mucho, pero es porque me gusta profundizar en los sentimientos de los personajes para así poder comprenderlos y saber el porque de determinadas acciones. Pero si se fijan bien, notarán que en los capítulos anteriores he dejado pistas sobre lo que será el clímax de la historia, pero de cualquier modo no se preocupen en el siguiente capítulo habrá un poco más de acción, lo prometo.
Otra cosa, acerca de los reviews para responderlo uso la herramienta de reply para quienes tienen cuenta en para los que no había pedido su correo electrónico para hacerles llegar mi respuesta a sus comentarios, algunos lo han hecho lo cual agradezco mucho, para los que no lo hacen, por esta vez responderé aquí aunque espero no ganarme ninguna penalización por hacerlo, pero por favor, para la próxima dejen su correo, si?
Diggory.- Lo que pasa es que me gusta hacer las cosas con calma, que se comprenda el porque de determinadas acciones y no solamente llegar directo a la trama central y ya, finito. Me gusta que todo se desarrolle con lentitud, pero si prestaras atención a los capítulos te darías cuenta de que en realidad no va demasiado lento, pues en ellos he puesto varias pistas de lo que será el clímax de la historia. Besos
Hely.- Jajaja, cada que intento escribir es necesario llevar a cabo con mi neurona una sesión de tortura… digo de negociaciones, jajaja. A mi también me encanta cuando expresas sus sentimientos. Yo también adoro a esa serpiente! (y no me refiero precisamente a Draco, aunque a él también lo adoro). Claro que no las olvido, pero a veces tengo tanto trabajo que mi neurona esta tan cansada que no puede procesar otra cosa que no sea dormir, pero prometo esforzarme más. Besos.
Kendra duvoa.- Si, será duro el proceso pero te aseguro que uno quedará embarazado. Nos vemos.
Ahora sí, nos vemos y no olviden sus comentarios!
