TORNEO MÁGICO

Por Akane Kinomoto (Kinomoto-guiónbajo-Akane-arroba-yahoo-.-com-.-mx)

ADVERTENCIAS: Como siempre, shounen-ai en este capítulo... también ligeras insinuaciones de shoujo-ai.

CAPÍTULO 06: Oscuros Presagios, Una Oportunidad

Llevaba ahí cerca de cuatro horas y veía con decepción que sus intentos de encontrar respuestas no estaban obteniendo ningún resultado. Se trataba de una oscura y antigua biblioteca, propiedad de un grupo de monjes que vivían aislados del resto del mundo. Esta forma de vida se debía a la gran cantidad de información que ocultaban; sabían mejor que nadie que existían algunas cosas que estaban mejor en sitios protegidos, por lo mismo, no permitían el acceso a nadie ni mucho menos daban respuestas o información a personas extrañas. Debido a esto, la autorización para entrar la debía más a la magia que a cualquier otra cosa, pero no se arrepentía. Necesitaba de verdad confirmar o negar sus suposiciones, las cuales no lo alentaban demasiado...

Con un gesto de frustración, dejó el libro que había estado examinando y se levantó para buscar otro. Los estantes estaban repletos de polvosos y gruesos volúmenes. Recorrió con la mirada todos los títulos, sin hallar nada de su interés y estaba a punto de darse por vencido, cuando sus ojos se toparon con un extraño ejemplar en la parte de abajo. Se inclinó y sacó el libro con cuidado. Era completamente negro, salvo por el título, que estaba escrito en letras doradas. "Los Secretos de los Dioses Antiguos", decía según su traducción. ¿Podría referirse a lo que estaba buscando? Se lo llevó a la mesa donde había apilado un buen montón de libros y comenzó a examinarlo.

- Me temo que tendré que pedirle que detenga su lectura - dijo una voz algunos minutos más tarde. Era uno de los monjes, que lo observaba con desconfianza.

- No se preocupe, le aseguro que no intento saber como atraer a estas criaturas, sino todo lo contrario - podía utilizar su magia otra vez, pero prefirió intentar con las palabras.

- Muchos otros han dicho lo mismo... ¿cómo puedo confiar en usted?

- Por que yo tendría que estar totalmente loco para hacer algo así, además, si se da cuenta, ni siquiera estoy copiando nada del libro, ni voy a intentar sacarlo... solo busco una respuesta a mis presentimientos. - El monje analizó su persona y sus palabras durante unos momentos. Finalmente, lo miró a los ojos y el joven se vio obligado a soportar su mirada.

- De acuerdo, no he podido captar la más mínima maldad de usted, pero le aconsejo que tenga cuidado, ese libro es peligroso.

- Lo sé, por eso no voy a apartarlo de su cuidado - con una última advertencia, el monje se retiró.

El hechicero no tardó mucho en encontrar lo que buscaba. Y para aumentar su preocupación e intranquilidad, resultó ser una confirmación a sus pensamientos... Las cosas iban a ponerse más difíciles de lo que ya estaban... Pero ¿podría confiar este secreto a alguien más? No... ya había soportado un carga similar en el pasado, ahora lo sabía... Y por mucho que lo perturbara, tenía que ser el único que supiera aquello... otra vez...

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- Eriol-kun... ¿estás bien? - preguntó preocupada una hermosa joven de cabello negro y ojos azules.

- No se preocupe Tomoyo-san, solo estoy algo contrariado - respondió con una cálida sonrisa.

La joven había llegado inesperadamente a visitarlo, diciéndole que se sentía un poco sola, y dado que Sakura se hallaba con su novio, el único con el que podía pasar la tarde era precisamente él. Sin embargo, el hechicero inglés no parecía hallarse muy a gusto con su compañía, ya que hablaba muy poco y tenía en todo momento la expresión de estar pensando en otra cosa, actitud que terminó por incomodar a la joven.

- Creo que lo mejor será que me vaya... no quise importunarte - declaró sonriendo apenada.

- No, no es su culpa. Por favor, quédese - sus palabras lo sorprendieron incluso a él. - Más bien, soy yo quien tiene que disculparse, no es muy amable de mi parte actuar como lo estoy haciendo.

- Si algo te preocupa, sabes que puedes confiar en mi Eriol-kun - volvió a sentarse en el cómodo sofá, regalando una mirada cargada de aprecio a su anfitrión.

- Lo sé, pero no es nada serio en verdad... - hizo un esfuerzo por sonreír. Tenía una buena oportunidad y la estaba desperdiciando, pero las cosas que danzaban por su mente no eran tan fáciles de olvidar. Aún así, lo intentó. - Va al mismo instituto que Sakura-san, ¿me equivoco?

- Si, aunque mi madre quería enviarme a estudiar al extranjero. - El cambio de tema fue bastante claro. - Según ella, fuera tendría mejores oportunidades, pero no podría separarme de mis amigos tanto tiempo - y su decisión le había traído algunas discusiones con Sonomi Daidouji.

- Lo entiendo, ha vivido muchas cosas a su lado como para que quisiera dejarlos solos - una nueva sonrisa brilló en su rostro.

Y con este primer paso, se inició una agradable conversación entre los dos. El hechicero se esforzó por que su mente no se distrajera. Por fortuna, eso le daba un buen pretexto para observar detenidamente a la joven, quien, animada con el nuevo humor de su acompañante, se expresaba de la manera emotiva que ya era común en su persona.

El tiempo transcurrió de forma muy alegre. Pero el joven inglés comenzó a sentirse levemente incómodo. Algunas preguntas y comentarios comprometedores se le estaban escapando, y era casi seguro que ella se iba a dar cuenta de lo que ocultaban. Recordaba con toda claridad la cantidad de veces que lo sorprendió con sus agudas observaciones. Sin duda, era una persona especial...

- Y ¿cómo le ha ido con los jóvenes Tomoyo-san? Seguro que ha tenido bastantes pretendientes - al instante, se arrepintió de haber preguntado eso. ¿Por qué no podía controlarse?

- La verdad si - la joven sonrió divertida. Estaba intentando descifrar los diferentes mensajes que recibía, ocultos en las palabras del hechicero. - Pero, si he de ser sincera, no me he arriesgado a tener una relación.

- ¿Podría preguntar la razón de su decisión? - estaba sorprendido con esta reciente noticia. Había imaginado lo contrario.

- Bueno... no estoy segura de como explicarlo... - se quedó pensativa un par de segundos. - Desde que fui testigo de lo sucedido entre Sakura-chan y Li-kun, deseo que me pase algo similar... sería muy bonito - un suspiro anhelante escapó de sus labios.

- Sin duda lo sería - comentó, ahora se sentía más calmado.

- ¿Y tú que me dices Eriol-kun? - de repente, recordó algo. - Oh, lo siento, olvidé que estás con Mizuki-sensei - una punzada de apagado dolor la recorrió por un segundo.

- ¿Se dio cuenta de eso? - otra vez, su agudeza lo impresionó - Nadie más se ha percatado.(1)

- Era bastante obvio desde mi punto de vista - rió la joven, disimulando lo que en realidad sentía. - ¿Ella se quedó en Inglaterra? - advirtió que su pregunta no producía una reacción agradable por parte del joven. Su mirada se ensombreció ligeramente.

- No... creo que está en Francia... A decir verdad, no lo sé... - recargó la cabeza en el respaldo en un claro gesto de abatimiento. Tomoyo lo observó durante algunos minutos, esforzándose por leer más allá de su expresión. Él siempre le había dicho que le gustaba que fuese tan observadora... ¿Lo hacía por eso?... Nadie mejor que ella conocía esa respuesta...

- Mizuki-sensei... ¿terminó contigo por qué decidiste crecer otra vez? - la expresión turbada que obtuvo del joven fue suficiente respuesta.

- En verdad, a pesar de los años, sigue impresionándome Tomoyo-san - sonrió con algo de tristeza ante los recuerdos. - Y... si, Kaho se fue cuando le dije que ese era mi deseo... ella era una persona muy noble y bondadosa, pero no lo tomó muy bien, a pesar de que le ofrecí compartir el hechizo, me dijo que se había formado otra opinión de mi, que no esperaba que me gustara jugar tanto con la vida... ¿He de suponer que Sakura-san le dijo que no tenía la edad que aparentaba cuando me conocieron?

- ¿Se lo confesaste alguna vez? - recibió una respuesta afirmativa. - Bueno, ella no me lo contó, lo deduje por mí misma en base a lo que sucedió cuando Sakura-chan terminó de cambiar las cartas... Por lo otro, si he de ser sincera, a mi me hubiera agradado más que molestarme el hacerme niña otra vez - la sorpresa se reflejó nuevamente en la mirada del joven. - Cuando eres pequeño, puedes hacer muchas cosas que los adultos no pueden, además... esa edad es la más divertida de todas - sonrió alegremente - Por cierto... Tienes la misma edad que Fujitaka-san, ¿verdad?

- Tenía su misma edad... aunque si lo ponemos en términos de recuerdos, mi memoria abarca otra vida completa - ahora se sentía mucho más alegre.

- Imagino que eso debe ser agotador...

- Lo fue en un principio, sobre todo cuando iniciaron los sueños... en ellos tenía frecuentemente visiones de mi vida pasada y no dejaron de molestarme hasta que realicé ciertas cosas que me pedían... Aunque entender quien fui tampoco resultó sencillo, pero con el tiempo lo acepté... - Adoptó una expresión pensativa. - Quizás lo que más me costó fue asimilar la cantidad de cosas que sabía de mi anterior vida... los conocimientos que adquirí sobre la magia y la forma de pensar que tuve... Si, eso fue lo peor... - genial, había recordado otra vez el asunto que lo llevó a esa oscura biblioteca.

- Eriol-kun - llamó la joven al notar que el hechicero se sumergía en sus pensamientos otra vez. Era la misma expresión que tenía cuando llegó a su casa. - De verdad, si algo sucede, puedes decírmelo... No importa de qué se trate...

El joven inglés la observó detenidamente unos momentos, conmovido por su deseo de ayudarlo. ¿Podría confiarle ese secreto a ella? No, quizás lo único que conseguiría sería asustarla... Esto no era cierto, Tomoyo Daidouji no pertenecía a esa clase de personas... sin embargo...

- Juro que no voy a asustarme ni nada por el estilo - intentó animarlo mientras sonreía. - Es evidente que eso te preocupa mucho, créeme, te sentirías mejor contándoselo a alguien... no tienes que cargar con ese peso tú solo... - aquellas palabras lo hicieron sonreír.

- Hay cosas que es mejor que uno se guarde para sí mismo - respondió - El saber demasiado... bueno, prefiero ser solo yo quien se preocupe por ellas.

- Eso no me parece justo - objetó la joven. - Entiendo que quieras proteger a las personas que aprecias Eriol-kun, y ya sé que esto no tiene nada que ver con que confíes o no en ellas, pero ¿te parece que es lo correcto para ti mismo? - aquella pregunta desconcertó un poco al hechicero. - No quisiera que fueras solamente tú el que este sufriendo... - ahora era ella la que dejó escapar un comentario peligroso, pero no le importaba. - Si en verdad me consideras tu amiga... me gustaría ayudarte a cargar con lo que sabes... - se acercó hasta que pudo colocar su mano en la de él. - No estas solo... te lo aseguro...

Tal declaración lo sorprendió como pocas cosas lo habían conseguido. No se había detenido a pensar en el precio de su silencio para su propia persona. En el pasado, sufrir aquello en completa soledad por poco lo vuelve loco. Sino fuera por su fuerte voluntad... quien sabe donde y como habría terminado. Levantó la mirada, encontrándose con un par de zafiros brillando preocupados. Nunca lo había notado, pero los ojos de Tomoyo eran parecidos a los suyos, y no solamente por el color, sino por la gran cantidad de cosas que parecían ocultar. Y fue entonces cuando se dio cuenta de algo... una pequeña chispa que lo hizo decidirse.

- De acuerdo - sonrió con complicidad. - Pero he de suplicarle que no se lo diga a nadie más, ni siquiera a Sakura-san, ¿acepta esto? - la joven asintió. Iba a cumplir con su palabra. - Se trata de algo... muy malo en realidad... - su mirada se tornó seria. - Y tiene que ver con el torneo - esto impresionó un poco a Tomoyo, pero no iba a retractarse de su decisión. - Lo que sucede es que, analizando la historia de Ishikari-kun, se me ocurrió una posibilidad muy peligrosa, y para colmo esta se vio confirmada... Mis sospechas fueron las siguientes...

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A través de la ventana de su cuarto, podía ver con claridad como el sol comenzaba a ocultarse por el horizonte. Sin embargo, sus pensamientos distaban mucho de centrarse en apreciar los matices rojos y naranjas del cielo. Había escuchado una sorprendente y, sobre todo, aterradora historia de labios de uno de sus amigos. Pero lejos de sentirse asustada, su corazón ahora rebosaba de alegría. El lograr que ese joven le confiase semejante información era un punto a su favor.

Suspirando, se alejó de la ventana para recostarse en la amplia cama. Sabía perfectamente que eran aquellas sensaciones que él despertaba en su corazón, puesto que ya las había experimentado, aunque no con tanta intensidad. No las había negado, solo se había sentido inmensamente feliz de conocer, por fin, todo lo que su mejor amiga había vivido en su momento. Finalmente podía decir que estaba enamorada... Aunque si se ponía a pensarlo, lo había estado desde que conoció a... su mejor amiga. Sin embargo, al igual que Sakura con Yukito, llegó a entender que ella no era la persona adecuada... Estaba destinada a sentir algo mucho más fuerte por alguien más... Ese sentimiento se despertó desde que lo vio por primera vez, hace ya muchos años, en la primaria. Solo que entonces él tenía a otra persona... Hizo un enorme esfuerzo por olvidarlo, más hoy se daba cuenta de que no le había servido de nada. Su corazón ya había elegido y no había vuelta atrás.

Recordó divertida el mensaje que había recibido con la plática de aquel día. Descifrarlo no le costó demasiado y más con algunas preguntas claves que él le había hecho... Bien, no estaba segura de cómo iban a enfrentar las duras pruebas que tenían ya a la vuelta de la esquina, pero ahora tenía la firme convicción de que iba a ayudar a sus amigos y de que sus ilusiones... tenían una pequeña oportunidad...

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- ¿Estás seguro de que recuerdas como cocinar? - preguntó divertido un joven de cabello negro.

- No tienes que ser tan sarcástico, nuestras mentes solo se acoplaron una con la otra, no se borraron - respondió airado otro joven, de lentes y cabello gris oscuro.

- Yukito, si que has cambiado mucho, antes no me hubieras contestado así - se dejó caer en el sofá, encendiendo la televisión.

- Ya te lo he dicho, fue la personalidad de Yue la que dominó al final - con cautela, metió el molde de un pastel en el horno. Pese a que el no comía, se le había quedado el gusto de Yukito Tsukishirou por los dulces. Solo que debía cuidarse en adelante, si Kerberos lo descubría... mejor no imaginarlo. - ¿Piensas seguir acosándome a preguntas? - comentó yendo a sentarse junto a Touya en el sofá.

- No, ahora si corro el riesgo de que te enfades - bromeó rodeando al otro con uno de sus brazos. - Nunca vi a Yukito enojado, pero no me gustaría verte a ti en ese estado.

- Y te va a gustar menos si algún día me ves así, ahora déjame escuchar.

El día había pasado de forma muy tranquila para esa recién formada pareja. Yue había decidido quedarse como Yukito para probarse a sí mismo que era una misma conciencia en ambas formas. Touya había llegado un par de horas después de que Kerberos se marchara. Y habían estado juntos desde entonces. Salieron a pasear un rato, sin importarles las curiosas miradas del resto de la gente. Si bien para los demás no era extraño que dos chicos estuviesen juntos, tampoco era tan común. En esos momentos, se hallaban de vuelta en casa de Yukito, quien, ante un claro reto por parte de Touya, había decidido demostrarle que recordaba perfectamente todo lo que aprendió mientras la conciencia de Yue estaba dormida.

- Oye... ¿qué es eso? - preguntó el joven de cabello negro mirando hacia la ventana. El otro levantó la vista y se sorprendió al ver lo que había.

Una especie de ave blanca revoloteaba frente al cristal, intentando, evidentemente, llamar la atención de los habitantes de aquella casa. Yukito se levantó y abrió la ventana. Su turbación fue en aumento cuando el ave se posó tranquilamente sobre su hombro, ya que pudo sentir una ligera esencia mágica emanando de ella. Al final, la reconoció.

- Un mensajero(2) - murmuró impresionado. Hacía mucho tiempo que no veía uno.

- ¿Qué dijiste? - cuestionó el otro joven levantándose también. Sin embargo, no recibió respuesta.

Algo aturdido, el Guardián Lunar permitió que el ave se colocara en su mano. Ésta brilló unos segundos mientras se transformaba en una hoja de papel, la cual tenía algo escrito. Sin cambiar de expresión, leyó el contenido y poco a poco, su sorpresa fue reemplazada por desconcierto e incredulidad. ¿Sería verdad lo que decía aquella nota? Bien, solo había un modo de averiguarlo... pero...

Preocupado por la actitud de Yukito, Touya se le acercó, quitándole la hoja de las manos. Pero de poco le sirvió esto, el mensaje estaba escrito en un idioma que reconoció como chino.

- ¿Qué es lo que dice? - preguntó ligeramente enfadado.

- Es de Eriol... quiere hablar con nosotros... - murmuró apenas.

- ¿Nosotros? ¿A quienes te refieres?

- A los cuatro guardianes... - decidiéndose de repente, convocó a sus alas para transformarse.

- Espera un segundo, ¿para qué te quiere exactamente? - reclamó apenas hubo terminado el proceso mágico. Estaba un poco celoso, sin mencionar enfadado.

Antes de que el otro pudiera responder, una voz gritó desde afuera.

- ¡Hey Yue! ¡Vamonos!

El Guardián salió apresuradamente seguido del joven de cabello oscuro. En la parte de afuera, flotando en el aire, se encontraban las figuras de un león dorado y una pantera negra, quienes miraban anhelantes hacia la casa. Sin dar oportunidad de decir nada al joven, el ángel plateado se volvió hacia él.

- Sakura está perfectamente, así que no te preocupes por ella, y perdóname, te lo explicaré todo cuando regrese.

Y decidiendo quedarse callado, Touya observó como el Guardián Lunar se elevaba hacia sus compañeros y las tres figuras aladas se perdían en el oscuro cielo nocturno.

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- Bien, me alegra que todos hayan venido - comentó el hechicero inglés sonriendo a los presentes. Estaban reunidos en el que ahora era su estudio; los cuatro guardianes observaban con preocupación y curiosidad al que había sido su creador.

- Su mensaje parecía urgente Amo Eriol - declaró Spinel Sun.

- En realidad, no lo era tanto... - el joven se sentó en su antiguo sillón escarlata, trayendo muchos recuerdos a la mente de sus igualmente antiguas creaciones.

- ¿Y piensas decirnos para qué nos llamaste? - Kerberos estaba impaciente, como de costumbre.

- Supongo que entre más pronto, mejor... Como quizás ya imaginen, lo que quiero decirles tiene relación con el torneo... y con la historia que nos relató Ishikari Akira. - Un silencio expectante siguió a sus palabras. - Después de que nuestro inesperado visitante se fue, pensé larga y detenidamente en sus palabras. Y hace dos días recordé una vieja leyenda... Cuando la escuché por primera vez, no le presté mucha atención, pero ahora... me parece crucial... - hizo una pequeña pausa en la que convocó un hechizo de levitación para atraer a una libreta, colocada sobre la mesa de centro. - La historia dice que hace mucho tiempo, antes de que existieran los humanos, reinaban en el mundo unos seres conocidos como los "Antiguos"; ahora se les trata como 'Los Primordiales o Primigenios'(3). Estos eran terriblemente malignos... y muy poderosos... Tal parece que se divertían corrompiendo todo lo que se les pusiera enfrente. El como surgieron es algo que nadie sabe, se cree que ya existían en el universo y que llegaron de estrellas muy lejanas, yo no podría confirmarlo. Sin embargo, la era de caos que estos seres trajeron consigo, terminó en el instante en el que los dioses pelearon con los Primordiales; no solamente contra los que estaban en nuestro mundo, sino que hubo batallas en todos los planetas. Al final, los dioses expulsaron a la mayoría a una dimensión alterna a la nuestra, aunque a otros solo los sumieron en el llamado 'Sueño Eterno'. La paz pareció gobernar el universo desde entonces, ya que nadie suponía peligro alguno; sin embargo, hoy, rebuscando en viejos libros que contienen este tipo de leyendas, confirmé que hay formas de hacer despertar a alguno de estos seres o... de abrir un portal entre su dimensión... y la nuestra... - La sorpresa y el temor inundó el rostro de las criaturas mágicas.

- ¿Quieres decir que... el espejo...? - Ruby Moon no se atrevió a terminar.

- Eso explicaría los poderosos demonios que mencionó Ishikari - murmuró el ángel de plata.

- Exactamente Yue, eso mismo pensé yo. Si es verdad que aquel hechicero, sea quien sea, quiere abrir un portal hacia la llamada 'Dimensión Prohibida', solo puede significar que desea dejar entrar a alguno de los Primordiales.

- Pero ¿para qué querría semejante cosa? - se exaltó Ruby Moon - ¿Es que no sabe que nos podrían destruir a todos?

- Ya lo había mencionado Ishikari-kun, ¿recuerdan? - Eriol suspiró. - El dijo que 'aquel que los ayudara a invadir nuestra dimensión obtendría un poder inimaginable'. Supongo que eso es lo que persigue... - las expresiones de todo se tornaron sombrías.

- ¡Un segundo! - exclamó Kerberos de repente. - Has dicho que solo es una leyenda, así que ¡ni siquiera sabemos si esos seres existen de verdad!

- Me temo que yo si puedo confirmar que existan... - las miradas de todos se posaron en el hechicero con alarma. - En mi vida anterior como Clow Reed... fui vigilante en este mundo por un tiempo...

- ¿Vigilante? ¿qué es eso? - preguntó el león.

- Un vigilante es una persona elegida cuya misión consiste en estar atento al surgimiento de cosas extrañas en su planeta, sobre todo, hechos que se relacionen con la presencia de los Primordiales. Esto quiere decir... que alguna vez se puso bajo mi custodia la protección del mundo entero... pero no podía recordarlo...

- ¿Qué quiere decir con eso Amo? - Spinel lucía preocupado.

- ¿Quien te eligió como vigilante? - preguntó Kerberos un segundo después.

- No lo recuerdo... - murmuró - Ayer me llegó la respuesta de un amigo francés, que también es un hechicero, por una carta que le escribí. En ella, le pedía algún hechizo capaz de romper sellos poderosos puestos en la memoria de alguna persona. Hice esto por que noté que alguien me había puesto uno a mí... No en mi mente actual, sino en la que tuve como Clow Reed. Sin embargo, el hechizo funcionó a medias, por lo que no soy capaz de recordar con detalle las cosas...

- ¿Alguien pudo hechizarte a ti siendo Clow? - Ruby Moon se escuchaba más que incrédula.

- Por mucho que lo dudes, la respuesta es si. Fui llamado el 'Mago Más Poderoso del Mundo', no del universo - recargó la cabeza en el suave cuero escarlata, sintiéndose agotado. - Creo que la misma persona que me eligió como vigilante, cambió más tarde de parecer y me retiró del puesto, sellando mis recuerdos. Sin embargo, puedo recordar claramente lo que me explicó con respecto a esos seres... Y hay una advertencia resonando en mi cabeza con su voz...

- ¿Cuál es? - preguntó Yue en voz baja, luego de dejar pasar algunos segundos de silencio.

- 'Los Primordiales no solo son un peligro para los planetas... sino para el universo entero... de que estés atento o no a su presencia, podría definirse el destino de esta galaxia...' - recitó el hechicero con voz cansada.

Un pronunciado silencio reinó en la habitación. Si era verdad que esos seres existían, el peligro que corrían en el famoso torneo se incrementaba hasta límites no imaginados. Todos estaban sumergidos en sus pensamientos, sopesando probabilidades.

- De cualquier modo - la voz del león alado se dejó escuchar - Si conseguimos quitarle el espejo al loco que lo quiere usar, tendremos una oportunidad de que nada lamentable suceda.

- A veces me impresionas Kerberos - comentó el joven inglés sonriendo, lo que provocó un suave bufido por parte del guardián. - Tiene razón en lo que dijo. Yo no les conté esta historia para que perdieran los ánimos o las esperanzas, sino para que me ayudaran a estar atentos y para que comprendieran que el peso que cargamos en esta misión es muy grande.

- ¿Le has dicho esto a Sakura o a Li? - Yue podía adivinar la respuesta.

- No - tal como se lo imaginaba. - Y les suplico que ustedes tampoco lo hagan. Si no podemos evitar la catástrofe, seré yo quien les cuente la historia, pero en caso contrario... me gustaría que esto se quedara como un secreto entre nosotros.

- ¿Por qué? ¿Acaso no confías en ellos? - Kerberos estaba ligeramente indignado.

- No se trata de que confíe o no en ellos... es solo que no quiero arruinar el resto de sus vidas con preocupaciones innecesarias... - Eriol se levantó, acercándose a la ventana. Afuera, brillaban las estrellas acompañadas por una debilitada Luna. - Los conozco... quizás no del todo, pero sé que si les dijera esto, no podrían mantenerse en paz aún cuando nada malo suceda... Cuando fui vigilante... saber sobre la existencia de esos seres traía como consecuencia que siempre los tuviera en la cabeza y que pocas veces pudiera estar tranquilo... No podía distraerme mucho tiempo, por más que lo intentara...

- De modo que ¿quieres ser vigilante otra vez? - justo como antes, Yue entendía muy bien sus pensamientos.

- No creo tener elección... - el hechicero inclinó la cabeza, abatido. - Incluso había pensado en conservar el secreto por mí mismo, pero... una persona me hizo cambiar de opinión... - se giró para mirar a sus creaciones con una sonrisa. - Espero que no les moleste.

- Estaría molesta si hubieras decidido ocultárnoslo Eriol - Ruby Moon se cruzó de brazos. - Mira que nos has asustado, pero no me hubiera gustado que tu historia se repitiera. Cuando menos así ya no estas solo - El resto de los guardianes asintió, concordando con sus palabras.

- Gracias a todos - su sonrisa se hizo más pronunciada. - Solo me queda pedirles de nuevo que no vayan a comentar nada a los demás... y creo que ya los he entretenido bastante tiempo - añadió mirando a sus más antiguas creaciones. - Sakura-san podría estar por llegar a su casa.

- Con eso de que le enseñaste a ocultar su presencia... - Consideraba esa habilidad tanto una ventaja como lo contrario.

- Era necesario Kerberos. - Yue miró con desaprobación a su compañero.

- ¡Ya lo sé! ¡No tienes que repetírmelo! - rugió el Guardián Solar. - Bien, yo me voy. ¡Qué pasen buenas noches!

Con esta alegre despedida, el león salió volando por una de las enormes ventanas, y después de hacer un gesto de despedida, su compañero lo siguió. Minutos más tarde, ambos tomaron rutas diferentes. Kerberos se dirigió hacia la casa de su Ama y Yue fue a la suya propia. Sin embargo, el Guardián Lunar no estaba muy tranquilo y sabía que ninguno de los guardianes debía de estarlo en esos momentos, pero para él, la noticia fue peor ya que confirmaba, una vez más, que sus presentimientos raras veces estaban equivocados... Y si esto era verdad... las cosas se pondrían muy mal...

Continuará...

NOTAS:

(1) En el manga, Tomoyo se dio cuenta a la primera de que había algo entre Eriol y Kaho, recibiendo un cumplido por parte del primero. ¿Debo aclarar que cambié esto? Supongo que no. Por lo otro, ya he dicho que la edad verdadera de Eriol es invento mío, así que espero que nadie se haya creído que alguna vez se lo confesó a Sakura, ¿ok?

(2) Eso del mensajero lo tomé de la serie de Yami No Matsuei, aunque ahí las hojas no se transformaban en aves, sino solo se trataban de sellos... o como se llamen esos pergaminos raros que usan. Esto solo pasa en el anime, en el manga dicen que son espíritus que se convocan para llevar mensajes o hacer búsquedas... pero preferí la primera opción.

(3) Los Primordiales son seres inventados primeramente por H. P. Lovecraft, según estoy informada. Sin embargo, yo obtuve referencias sobre estos seres por primera vez en los fanfics de Eduardo Castro, un amigo cuyas historias me han impresionado mucho. No quiero plagiar las ideas de este autor, él mismo puede decirles que yo también coincidí con su forma de pensar, aunque difiero un poco en algunas cosas. Pero desde que leí su forma de plasmar su universo, me animé a intentar describir el mío, pese a que coincidamos en enemigos principales. Aunque la verdad es que jamás podré plasmar la misma atmósfera que él hace sentir en sus historias. Si alguien gusta saber más de los primordiales, puede preguntarme.

Por cierto, debo confesar que el asunto de los vigilantes si es obra de Eduardo, yo había pensado en algo similar, pero en otro nivel. Así mismo, algunos detalles también los tomé de sus fanfics. Otra cosa, en el anime Tomoyo tiene el cabello negro y los ojos azules, en el manga, ambos son azules. Aquí son como en el anime.

Akane Tsukiyo Kinomoto