TORNEO MÁGICO
Por Akane Kinomoto (Kinomoto-guiónbajo-Akane-arroba-yahoo-.-com-.-mx)
CAPÍTULO 08: El Viaje
Por una vez, les tocó levantarse temprano en un día sin clases. Habían acordado reunirse en el aeropuerto a una hora específica, y en esos momentos, el grupo solo esperaba a Sonomi Daidouji, quien había suplicado poder ir a despedir a su hija. Ninguno llevaba demasiado equipaje, solo algunas cosas esenciales, además de dinero. Shaoran observaba el reloj de forma insistente, hasta que Eriol le dijo que aún tenían tiempo. Sakura, por su parte, estaba muy entusiasmada con la oportunidad de viajar en avión, ya que era la segunda vez que lo hacía, aunque aún se sentía apenada frente al joven inglés, quien se encargó de pagar los boletos de ella y de Yukito. Algunas veces, el no tener demasiado dinero lograba deprimirla. En realidad, jamás había envidiado las cosas materiales, pero le gustaba mucho viajar... y solo un par de veces se le había presentado la posibilidad de hacerlo...
- ¡Tomoyo! - exclamó una voz de repente. Alzando la mirada, pudieron ver a la madre de la joven, quien llegaba bastante apurada. - ¡Temí que fuese demasiado tarde!
- Apenas llegó a tiempo, Sonomi-kun(1) - comentó Fujitaka sonriente.
- Mamá, te dije que si no podías... - comenzó Tomoyo.
- ¡No creerás que voy a dejar ir a mi hija al otro lado del país sin despedirme de ella! - interrumpió su madre. Su hija le había dicho que iba a acompañar a sus amigos en ese viaje, que habían decidido hacer ya que tan solo les quedaba una semana de vacaciones. Obviamente, se guardó el resto de la información para sí misma.
- Bueno, mejor nos damos prisa, ya están llamando para que abordemos - comunicó Eriol, escuchando a una profunda voz femenina que anunciaba los vuelos.
Las lágrimas por parte de Sonomi no se hicieron esperar, así como las recomendaciones y consejos de ambos padres a sus respectivas hijas. Touya amenazó al joven chino para que le regresara con bien a su hermana, cosa que, por una vez, no ofendió al hechicero. Entre este tipo de conversaciones, el grupo se dirigió al pasillo para abordar el avión. Yukito, algo incómodo, tuvo que despedirse de forma un poco efusiva, ya que de no hacerlo, los demás podrían sospechar que algo le sucedía; en otras palabras, se vio obligado a fingir que aún era su antiguo "yo". Touya no habló mucho, solo le pidió a sus dos seres queridos que se cuidaran. Fujitaka y Sonomi despidieron a todos con alegría, pese a que uno no se hallaba nada tranquilo, y se quedaron contemplando a sus familiares y amigos hasta que se perdieron de vista.
Por dentro, el avión resultó ser algo diferente a como Sakura lo recordaba, ya que los asientos iban en parejas, el baño estaba al fondo y tenían una enorme pantalla al frente, además, los aditamentos en cada uno de los lugares eran nuevos para ella. Era obvio que al cambiar de línea área por una de más calidad, las cosas mejorarían. Entre ligeros empujones, el grupo encontró sus correspondientes asientos y se quedaron en silencio al notar un pequeño problema: ¿quien iba a sentarse con quien? Obviamente, las dos parejas que estaban formadas iban a desear estar juntas, pero eso dejaba la opción de que Yukito se sentara junto a Nakuru... lo cual podía resultar peligroso... Por más que se habían esforzado, ni Sakura ni Eriol consiguieron que ambos guardianes lunares se llevaran bien. Resultaba tan difícil como querer mezclar el agua y el aceite...
- Nakuru-san, si gustas podemos sentarnos juntas - sugirió amablemente Tomoyo, notando el dilema en el que se encontraban.
- ¿En serio? ¡Me encantaría! - su entusiasmo se apagó al recordar algo - Pero... ¿no sería mejor que viajaras con Eriol? - aquello incomodó a ambos jóvenes y más cuando Sakura y Shaoran los miraron sonrientes.
- Deberías tratar de ser menos indiscreta - murmuró el joven inglés a su guardiana.
- Debemos decidir rápido, el resto de los pasajeros ya está llegando - apuntó la hechicera al notar que una familia esperaba tras de ellos.
En ese momento, Yukito se sentó en uno de los lugares y distrajo su mirada en la parte de afuera, dando a entender que no le importaba con quien se fuera. Bueno, en el fondo si que le importaba, pero no iba a interferir en la nueva relación de su antiguo Amo. Si él también había encontrado lo que buscaba... no le quedaba más remedio que asegurarse de su felicidad... además, no iba a darle motivos a Touya para que odiara al hechicero inglés... o para que dudara de él mismo...
- Nakuru me temo que te irás con Tsukishirou-san - Eriol mostró una enorme sonrisa a la joven. Había entendido el mensaje del guardián, justo como lo hacía en el pasado.
- ¡¿Qué?! ¡Pero no quiero ir con él! - se sentía atrapada, sabía que no tenía opción. - De acuerdo - cedió a regañadientes - ¡Aunque no digas que no tienes advertido que voy a molestarlo! - gruñó a su Amo.
Una vez arreglado este problema, cada pareja se sentó junta. Por los pequeños guardianes solares, ninguno de los hechiceros se preocupaba, ya que cada uno llevaba el suyo en sus piernas fingiendo ser un peluche, aunque esto les resultaba algo fastidioso. Al principio, mientras esperaban el despegue, hablaron un poco entre ellos, pero la atención de Sakura, quien discutía en voz baja con Kero, pronto se desvió hacia el resto de los pasajeros. Las personas con las que iban a compartir el viaje resultaban interesantes. La joven reconoció a algunos profesores de la Universidad de su padre, quienes por fortuna, no la conocían a ella; también resultaban evidentes los ejecutivos u hombres de negocios por lo caro de sus ropas y sus ademanes, a veces arrogantes, a veces refinados. Las familias que se iban de vacaciones no podían faltar, después de todo, estaban viajando en clase media, pero no por esto, las comodidades dejaban de ser suficientes. Quizás por esto, aquellas personas con toda la apariencia de estar en la cúspide de la sociedad, no se molestaron en viajar en primera clase.
Una sobrecargo apareció al principio de las filas de asientos, suplicando por la atención de los pasajeros. Tan pronto como la obtuvo, comenzó una breve explicación sobre los cuidados que debían de tener durante el viaje, indicando también diversas instrucciones que podrían hacerles falta si se presentaba alguna emergencia. Finalmente, se despidió y, con una pequeña sacudida en el estómago, todos notaron que el avión despegaba. Apenas el pájaro mecánico se estabilizó en el aire, las voces de los viajeros se alzaron nuevamente, conversando animados.
- ¡Es tan hermoso! - exclamó la joven hechicera mirando por la ventanilla. - ¡Estamos cerca de las nubes!
- ¿Nunca había viajado en avión, Sakura-san? - desde el asiento de atrás, la voz de Eriol se dejó escuchar.
- En realidad, solo una vez, cuando gané un viaje a Hong Kong,(2) pero me parece que la línea área era distinta... - su voz se apagó un poco - Eriol-kun, te aseguro que te voy a devolver el dinero...
- Y yo le aseguro que si lo hiciera me sentiría ofendido - la hechicera se volvió a mirarlo, sorprendida. - No se lo estoy cobrando ni pienso hacerlo Sakura-san, además quisiera que lo tomara como parte de mi deuda con usted por haberle causado tantos problemas en el pasado.
- Esos problemas fueron necesarios, así lo entenderé siempre - la joven sonrió, sintiéndose más alegre. No era que no considerara al hechicero como su amigo, pero aún no se acostumbraba del todo a su presencia. Si Tomoyo o Shaoran hubieran tenido el mismo gesto para con ella, simplemente se los hubiera agradecido mucho y buscaría más tarde la forma de devolverles el favor, sin que ello la desanimara en lo más mínimo, sin embargo, con Eriol era... diferente... al menos por el momento.
- Me alegra que lo vea de esa manera - el hechicero volvió a recargarse de su asiento.
- ¿Cómo es tu familia Eriol-kun? - preguntó Tomoyo, fijando sus hermosos ojos azules en el joven a su lado - No me has hablado mucho de eso.
- No es un clan de hechiceros, si a eso te refieres... - se quedó pensativo unos instantes - Me parece que alguna vez fuimos parte de una antigua familia real de Japón, pero cuando una rama de la misma emigró a Inglaterra, perdimos contacto con el país... - cerró los ojos, recordando los datos que había acumulado sobre el nicho en el que le tocó nacer - Aún así, las riquezas que poseemos en antigüedades son bastante amplias... Y no solamente japonesas, sino también inglesas y chinas... Algunos de mis familiares adquirieron el don mágico al juntarse con las familias de magos que habitan en Inglaterra, así que este poder no es tan extraño entre los míos... Pero, tan solo mis padres y mi hermana saben que no tengo la edad que aparento ahora y a pesar de que los incomodó en un principio, ya se han acostumbrado.
- ¿Tienes una hermana? - Sakura estaba sorprendida.
- Si, su nombre es Sheila - el joven sonrió. - Antes era menor que yo, pero ahora las cosas están al revés. Ella no es una hechicera por lo que no sabe mucho de estas cosas... Actualmente está casada y se hace cargo de los negocios de la familia. Yo les dije a mis padres que prefería que no me heredaran nada, así que ella se quedó con la compañía desde que mi padre decidió retirarse. Sin embargo, dado que conocen mi gusto por las antigüedades, me dejaron la mansión en la que vivía allá en Inglaterra. Me parece que esta existe desde mi otra vida... o por lo menos tengo algunos recuerdos donde pasaba frente a ella en ocasiones. Y creo que desde ahí me puse a investigar sobe la familia que la habitaba...
- Que curioso que desde entonces te llamara la atención - comentó la hechicera para después observar a su acompañante - ¿Y tú Shaoran-kun? Cuéntanos sobre tu familia - pidió sonriendo.
- A los miembros del clan nos hacen aprender nuestra historia desde niños - comenzó, su voz sonaba algo seria. - Aunque realmente poco se sabe de sus inicios, parece que nuestra familia ha existido en China desde que ésta comenzaba a formarse, algunos cuentan leyendas sobre la dinastía Shang, que fue la primera en gobernar; el don mágico también ha estado con nosotros desde entonces, aunque pocos sabían utilizarlo por miedo a que el gobierno los descubriera. Sin embargo, con el paso del tiempo y el descubrimiento de que no éramos los únicos en el mundo con este tipo de habilidades, se optó por desarrollarlas en secreto, aunque no negaré que hubo serios problemas al principio, sobre todo con aquellos que tenían ansias de poder - hizo una pequeña pausa. - Creo que el más peligroso fue un sujeto llamado Li Huang, quien por poco ocasiona el exterminio completo del clan. En la actualidad, vivimos bastante bien como una antigua familia muy respetable... solo que eso trae problemas algunas veces... - terminó con un dejo de fastidio. El que su familia tuviera que cumplir tantas expectativas sociales lo molestaba a menudo.
- ¡Ambos saben cosas muy interesantes! - exclamó admirada Sakura.
- Sería emocionante formar parte de esa historia - comentó una sonriente Tomoyo.
- ¿Hoe? ¿Es que ya estas pensando en el matrimonio, Tomoyo-chan? - inquirió un poco asustada.
- Oh... eso ya lo veremos - la joven rió de buena gana al notar la cara que había puesto Eriol ante el comentario. El hechicero se medio sonrojó y volteó el rostro a otro lado. - Sakura-chan, ¿tú no has pensando en ello? Tu madre se casó a tu edad después de todo, ¿no? - su tono era ligeramente malicioso.
- ¡¿Yo?! - miró de reojo a Shaoran, quien tuvo una reacción parecida a la del joven inglés. - ¡Hoee! ¡Es muy pronto para pensar en eso! - declaró sonrojada ante las risas de su mejor amiga. Pese al paso de los años, Sakura no había perdido su expresión característica.
- ¡Se verían muy lindas vestidas de novias! - intervino Nakuru desde el asiento de adelante, había estado escuchando atentamente la conversación.
- Más vale que no les des ideas - gruñó la conocida voz de Kerberos.
- ¿Por qué no? ¡Algún día van a casarse! - los ojos de la guardiana se pusieron como un par de estrellitas al más puro estilo de Tomoyo. - ¡Yo quiero ser la madrina de ambas! - su voz se tornó amenazadora - ¡Pero espero que no abandonen a las parejas que ya tienen! - Sakura y Tomoyo se miraron de reojo.
- ¡Ni pensarlo! - exclamaron al mismo tiempo, acto que hizo sonrojar otra vez a los hechiceros. Las tres jóvenes rieron alegremente.
- Entre mujeres se entienden bastante bien... - murmuró Eriol.
- El problema que tenemos nosotros es entenderlas a ellas - Shaoran se cruzó de brazos, pensativo.
- En eso tengo que darle la razón, Li-kun - el joven inglés se oía divertido.
Con conversaciones por el estilo, el largo viaje continuó. Todos intentaron hablar lo menos posible sobre el torneo o sobre lo que les podría suceder al llegar a Naha. En realidad, se habían puesto de acuerdo en una cosa: pasara lo que pasara, lo iban a enfrentar, así que ¿por qué preocuparse desde antes? Este hecho les subió los ánimos bastante, de modo que no necesitaban estar muy alertas. El único que no participaba en las animadas discusiones era Yukito. Desde que despegaron no había quitado la vista de la ventana, por la que solo se veían las nubes y abajo el mar. No era normal que él estuviera tan callado y esto tuvo que atraer la atención de Nakuru.
- ¿Te sientes bien Tsukishirou-kun? - preguntó mirándolo atentamente - No has hablado para nada.
- No es nada... estoy bien - su voz, pese a ser la misma, tenía un tono diferente.
- Creo que si te pasa algo - insistió la guardiana. En los asientos de atrás, Sakura y Eriol se quedaron repentinamente serios, incluso Kerberos miró sorprendido a su Ama, quien tenía una cara algo asustada. - ¿Y desde cuando contestas de ese modo? Suenas como alguien odioso que conozco muy bien.
- Quizás no me conoces tan bien como crees, Ruby Moon - pese a ser la voz de Yukito, eso definitivamente sonó como si otra persona lo hubiera dicho, además, ¡él no sabía su verdadero nombre!
- ¿Yue? - exclamó la joven sorprendida - ¿Qué le estas haciendo a Tsukishirou-kun?
- Nada en lo que debas entrometerte - el volumen de su voz era bajo, pero su frialdad habitual era notable.
- ¡Si eres tú! - gritó levantándose bruscamente del asiento, acto que atrajo la atención de todos los pasajeros. Al darse cuenta, Nakuru sonrió e hizo una reverencia, disculpándose, para después volver a sentarse. - ¿Qué diablos estás haciendo? - murmuró enfadada una vez que se aseguró de que los demás habían dejado de mirarla.
- Por favor, cálmese Nakuru-san - pidió Sakura en voz baja - Lo que pasa es que... Yue-san y Yukito-san, ahora son una sola persona... - semejante información dejó sorprendidos a los que no estaban enterados.
- ¿Cómo es eso posible? - intervino el hechicero chino.
- Sus conciencias si podían fusionarse - esta vez fue la voz de Eriol la que se escuchó. - Cuando era Clow, hechicé la mente de Yue de tal modo que una parte actuara como la conciencia de Yukito, sin embargo, este hechizo no era irreversible. Yue lo ha roto por sí mismo, de tal modo que ahora... ya no hay diferencia alguna entre los dos...
- ¿Quieres decir que Tsukishirou-san ya no es diferente de Yue-san? - preguntó Tomoyo.
- Exactamente... al parecer, tan solo Sakura-san estaba enterada de ese cambio - el joven inglés sonrió.
- No quise que nadie más lo supiera, puesto que era un asunto que solamente concernía a Yue-san - se disculpó la joven.
No hubo más comentarios después de sus palabras. Todos se encontraban bastante pensativos al respecto. Por una parte, Eriol se había esperado que algún día su anterior Guardián tomara esa decisión, pero por otra... bueno, él mismo ya lo había dicho, los corazones eran duros de predecir. Sobre todo el de Yue. Una sonrisa cruzó fugazmente sus labios. Había esperado que Sakura amara a Yukito... en otras palabras, había querido que se enamorara de él, tal y como lo había hecho durante algún tiempo. Jamás imaginó que el propio Yukito elegiría por su cuenta... pero así había sido... y no existía forma de cambiar eso...
Pasado un rato, las animadas conversaciones volvieron a darse, aunque Nakuru actuaba como si el asiento que Yukito ocupaba estuviera vacío, cosa que traía sin cuidado al Guardián, incluso estaba agradecido, puesto que así ya no tendría que fingir más ante ellos y se permitió no cambiar su actitud silenciosa en todo lo que duró el viaje. Finalmente, la luz roja en la parte delantera del avión se encendió, trayendo consigo un mar de incertidumbre a los jóvenes que realizaban ese viaje por algo muy distinto a la diversión... Sin embargo, ninguno comentó nada al respecto, aún cuando la misma pregunta daba vueltas en la cabeza de cada uno: ¿Qué iría a suceder?...
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- Los dos que esperaba han llegado, mi señor - susurró apenas una voz que se escuchaba aterrorizada.
- Excelente... - lejos de animarse con esta palabra de aprobación, el hombre únicamente se sintió más asustado. - Espero que los preparativos ya estén terminados... - el tono era amenazante.
- ¡Po... Por supuesto mi señor! - se apresuró a responder al tiempo que un escalofrío lo recorría.
- Muy bien... Puedes retirarte...
Ante la autorización, se levantó del suelo con la cabeza inclinada y salió casi corriendo de la oscura habitación. Una vez afuera, se permitió suspirar, aliviado... ¿Quien, maldita sea, le había mandado que se metiera donde no debía? No podía culpar a nadie más que a su propia estupidez... y ahora estaba atrapado... completamente acorralado en las redes de un hombre que podría volverlo polvo con un mínimo movimiento de su mano... Eso solo si se le podía llamar hombre a lo que sea que estuviera ahí dentro... Tragó saliva mientras se encaminaba hacia otra sala de aquel enorme lugar. Ahora era el momento de recobrar la compostura...
Cuando llegó, se encontró con un numeroso grupo de seres con formas extrañas que lo esperaban. Éstos se arrodillaron ante el, lo cual hizo que una sonrisa maligna emergiera a sus labios. Fuera de aquella tenebrosa habitación, era él quien mandaba. Aquello le gustaba, no podía ni iba a negarlo, pero... las cosas que su Amo quería llevar a cabo no lo entusiasmaban demasiado. Sabía en que agujero se estaban metiendo, y sabía muy bien que si su Amo no perdonaba fácilmente los errores... aquellos otros seres tampoco...
Sacudió la cabeza, no era tiempo de estar pensando en esas cosas. Levantó la mano para llamar a un báculo negro que había estado recargado en un rincón. Después, lo utilizó para dibujar un enorme círculo en el suelo, alrededor del que se juntaron aquellas horrorosas criaturas. Ante una nueva orden, varias imágenes comenzaron a desfilar en el círculo, mostrando a dos jóvenes alternativamente.
- Estos son sus objetivos - les dijo. - Uno de ellos es el que tiene lo que nos falta. Atacarán cuando reciban la orden y no antes. Y recuerden, nuestro Amo los quiere vivos...
Las criaturas hicieron sonidos aterradores, que fueron aumentando de volumen, hasta formar un coro que habría helado la sangre de cualquiera. El hombre, adivinando la ansiedad de sus servidores, soltó una carcajada maligna que se distorsionó en medio del horrible canto de aquellos seres infernales...
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Un extraño escalofrío recorrió su cuerpo, obligándolo a mirar por la ventana del tren con un gesto de extrañeza.
- ¿Sucede algo Eriol-kun? - murmuró una joven a su lado, notando su turbación.
- No es nada - intentó sonreír - Solo me distraje un poco.
- ¡Ya casi llegamos a la estación Shuri!(3) - anunció la voz de otra joven alegremente. - ¡Quiero ver el Castillo antes de ir al puerto! - se volvió hacia atrás. - ¿Tenemos tiempo Eriol-kun?
- Claro, por fortuna llegamos bastante temprano. Me alegra que se esté divirtiendo Sakura-san.
- Harás que me ponga celosa de mi mejor amiga - replicó Tomoyo, con un gesto de enfado.
Las risas no faltaron ante este comentario. Eriol se dedicó por el resto del viaje a conversar solamente con Tomoyo, haciendo reír finalmente a la joven japonesa. Pero, a pesar de que se mostraba alegre, no pudo evitar que una parte de su mente se concentrara en intentar descifrar aquel extraño presentimiento que lo había asaltado... ¿Qué o quien lo habría provocado? ¿Y por qué no le gustó para nada lo que lo hizo sentir?
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Lo había notado. Sin embargo, algo le advirtió que aquella curiosa descarga eléctrica se debía a algo más que su simple anhelo de venganza. Recordando las múltiples enseñanzas de su padre y sus abuelos, levantó la mirada hacia el cielo. Las caprichosas formas de las nubes eran todo lo que se podía apreciar a simple vista. Aún así, una sonrisa torcida se formó en sus labios, al mismo tiempo que sus ojos se llenaban de odio.
Este gesto habría asustado a cualquiera que lo viera, e incluso podría pensar que ese atractivo joven de cabello negro y ojos grises estaba loco. ¿A quien dirigía semejante mirada? ¿Era un reto a la divinidad que vivía en el palacio del cielo? Pobres humanos. Ellos jamás podrían saber la razón de aquel gesto. Pero ese joven, siendo lo que era, estaba plenamente consciente de que alguien lo estaba observando... alguien que probablemente se encontraba muy lejos del puerto de la ciudad de Naha...
... alguien que muy pronto moriría en sus manos... de eso estaba seguro...
Continuará...
NOTAS:
(1) ¿Por qué Fujitaka le dice "Sonomi-kun"? No tengo la menor idea, así lo escuché en la segunda película y así lo dejé.
(2) Esto sucede en la primera película de Card Captor Sakura. Ella gana un viaje de una forma... mágica En el anime, Fujitaka comenta que no puede pagar viajes al extranjero, por eso puse que Eriol pagó los boletos de Yukito, quien tampoco tendría mucho dinero, y de Sakura.
(3) Según la información que encontré de Naha en internet, esta ciudad solo cuenta con un monorriel, que es el mismo que pasa por Okinawa, el 'Yui Rail'. Se supone que este transporta a los pasajeros desde el aeropuerto hasta la terminal en la estación Shuri. El castillo al que se refiere Sakura es el castillo Shuri, una de las atracciones turísticas de Naha porque fue el palacio de la dinastía Ryukyu, además de que fue registrado como patrimonio común de la humanidad en la UNESCO.
Ok, todo lo referente a las familias de Eriol y de Shaoran es invento mío. Con la excepción de la dinastía Shang que mencionó Shaoran, esa si existió y si fue la primera en gobernar China. Por cierto, ¿alguien sabe si el apellido "Hiiragizawa" es japonés? Yo no estoy del todo segura y no sé de donde haya salido, no lo pude encontrar por ningún lado. ¿Eriol esperaba que Sakura se enamorara de Yue? Bueno, eso se dio a entender en el manga y en el anime.
Yo jamás he viajado en avión. Todo lo que describí en este capítulo lo sé por los libros o las películas. Otra cosa, sé que en los aviones hay filas de tres asientos, pero para manejar mejor las cosas, las puse de dos.
Akane Tsukiyo Kinomoto
