Reflexiones de una mente perturbada

VII

No tienes oportunidad contra mi antipática imaginación

Nota: En este capítulo comienza el nivel de perversidad número 2, si quieren pueden dejarme un comentario diciéndome que quieren abandonar el fic, si deciden quedarse, al igual que Pilatos me lavo las manos de las sensaciones y opiniones que este fic provoque jejeje. Si deciden quedarse, gracias y sino... lo comprendo n.n!

La primera vez que tuve conciencia de la magnitud de mi cambio fue una cálida noche. Desperté de un sueño perturbador, demasiado para describirlo. Pero si quiero dar a entender las razones que me llevaron al crimen, es necesario relatarlo.

No era la primera vez que lo soñaba. La primera ocasión fue la misma noche en la que Ginny y yo nos reconciliamos y ella pasó a ser mi propiedad. Pero cuando desperté esa mañana, sólo tenía recuerdos muy borrosos y estaba demasiado feliz como para perturbarme con eso. Sin embargo, ésa vez que volví a soñarlo no tuve más remedio que analizarlo. Si no lo hacía, temía encontrarme de repente como en ese sueño: con sangre en las manos.

Puedes estar tranquila

Pues sólo en sueños

Me atrevo a matar

Comienza tranquilo: siempre me encuentro solo, la niebla a mí alrededor es fría y tan espesa como el cemento fresco. Al principio me preparo para combatir a Voldemort, algo me dice que él estará ahí. Pero no es así. Después de un tiempo, escuchó una risa inconfundible: la de Ginny. De inmediato olvido que estoy en un

mundo desconocido y corro en su búsqueda. Corro, tropiezo, esquivo obstáculos. Al llegar a un precipicio derrapo y casi caigo.

-Salta- me dice Ginny con su dulce voz desde abajo -, salta si me amas.

Y salto. No siento dolor, aterrizo bruscamente en un prado. La niebla se ha ido y solamente veo el rostro de Ginny, nunca pongo atención a su vestimenta pero tengo la leve sensación de que, a mis ojos, está desnuda.

-Mátame si me amas... sólo así seré completamente tuya, Harry - murmura en mi oído, estremeciéndome, excitándome -, acaba conmigo.

Si existe un modo

Para que tú me puedas hacer muy feliz

Lo único que tienes que hacer

Amor mío, es morir

Niego con la cabeza, la abrazo pero se vuelve tan etérea como un fantasma y entonces me desespero por tocarla y la persigo hasta que logro atraparla y ella se vuelve material. Su piel es fría y pálida, contrasta con sus labios rojos de una manera casi grotesca, su cabello es una leve luz que se cierne como una aureola. Entonces, la beso tan apasionadamente que la lastimo, sus gemidos me incitan más y más, la presiono con tanta fuerza que le ahogo, la lanzo al suelo cuando ella pide que me aparte. Tomo su delgado cuello entre mis manos y con una sardónica sonrisa la ahorco. Sus castaños ojos abiertos, señal inequívoca de que estaba muerta, me causan repulsión y los cierro rápidamente. Sello su boca, pálida ahora, con un beso, y recorro su cuerpo con dedos nerviosos. Cuando me doy cuenta de la magnitud del hecho me acuesto junto a ella y sonrío.

-Ahora sólo eres mía- le digo cínicamente, con una ternura enfermiza mientras la abrazo.

Siento algo húmedo bajo mi brazo y me levanto, asustado. Un río de sangre me mancha, no sé de donde brota, sólo sé que emana de alguna parte de Ginny, pues la rodea en un círculo de carmín perfecto al que no puedo entrar.

Cuando intento acercarme despierto agitado, empapado de sudor y no tengo alternativa más que correr a la ventana, abrirla y quedarme pensando en el alféizar. Sintiendo la sangre aún en mis manos.

Estas manos, de rojo están manchadas

Por todas las veces que yo,

En mis sueños, te he asesinado

Con tanta pasión

¿Qué significaba ese sueño? Era verdad que desde aquella noche fatídica, donde encadené a Ginny con grilletes de palabras, mi amor por ella se volvió obsesión. Algo demasiado enfermizo que a mí me resultaba mágico. Pero, a mi parecer, aquel sueño ya era demasiado. Yo no podía estar volviéndome loco ¿O sí¿Por qué tan horribles pensamientos? Llegué incluso a temer dormir, no quería soñar con destruir a la persona que más amaba.

Dicen que los sueños son los deseos ocultos que el consciente no se atreve ni siquiera a pensar y deben hacerse presentes en el subconsciente, en algo irreal. Empecé a creer en esa teoría cuando me vi entre clases pensando en cosas demasiado oscuras, sádicas, propias de alguien mal del cerebro. Describirlas me estremece, no me atrevo a contarlas. Basta con decirles que en todos se cumplía lo de mi sueño: Ginny moría. Y eso me hacía inmensamente feliz.

Cuando el consciente y el subconsciente se pusieron de acuerdo para atormentarme, me di cuenta que algo en mí estaba mal. Pues, sin querer o quizá adrede, comencé a sentirme feliz haciendo sufrir a Ginny. Aunque fuera en mi imaginación.

Agradece y pide que todo

Lo que te deseo nunca jamás

Se haga realidad


La más pequeña de los Weasley cambió mucho en su sexto curso. Oscuras y grandes ojeras hundidas aparecieron bajo sus ojos castaños, ahora siempre rojos a causa del llanto e insomnio. Adelgazó hasta que el uniforme se le caía, su cabello se volvió opaco y comenzó a descuidar su físico. Éste último, antes atrayente y saludable se volvió enfermizo y lánguido. Su caminar, antes hechizante, era ahora desgarbado y pasaba desapercibida, como un fantasma más.

Empero, el decaimiento físico de Ginny no se comparaba a todos los sentimientos encontrados de su interior. Miedo, angustia, paranoia, tristeza, zozobra. Tenía temor de Harry, de su querido Harry. Odiaba encontrárselo siempre y estar a su lado. Comenzó a sentirse como un objeto, se sentía amada, sí, pero pronto comprendió que hay muchas formas de amor. Puros e impuros. Sanos y enfermizos. Tiernos y apasionados.

Una sola caricia la hacía temblar, un beso le provocaba asco y, sin embargo, no podía negarse. "Me lo merezco, me lo merezco" se decía, como tantas veces le había dicho Harry, aunque sea inconscientemente.

No me mereces

Yo soy mucho para tu corazón

Sentía que ya no podía más, que iba a morirse si Harry la tocaba de nuevo. Pero no moría, volvía a los brazos de Harry, sintiéndose desangrar en cada caricia o golpe. No podía separarse de él, en parte porque lo amaba y en parte por el miedo que le tenía. Estaba convencida de que todo cambiaría muy pronto. Y aunque no era ni sería así jamás, terminó creyéndoselo.

Una noche, cuando sintió que ya no podía seguir, que todo en su interior la hacía vomitar, que los golpes fueron más duros que nunca, Ginny decidió que no podía más. Harry la había azotado contra una pared, sólo porque la Gryffindor platicaba con un compañero. Su espalda le ardía a causa del golpe, sus muñecas se hallaban rojas, casi sangrantes, debido a la fuerte presión de las manos de Harry. Su cara tenía rasguños y las manos de su novio también marcadas. Se sentía ultrajada, las manos de él la habían recorrido como nunca lo habían hecho. No era tierno, sino brusco, desesperado; como si no hubiera un mañana.

La muchacha había pateado a Harry justo cuando éste hundía sus labios en su cuello, como un vampiro ávido. El Gryffindor se había desplomado en el piso y ella había corrido hasta perderlo de vista. Ahora se encontraba caminando presurosa por los pasillos, con la ropa semi rota, el cabello revuelto y una sensación de dolor punzante por dentro y por fuera.

¿Te acuerdas cuando me dijiste "difícil se pondrá?"?

Eso fue lo que pasó y prometiste

Que cuando yo muera guardarías mi corazón

Dos pares de ojos la seguían y ella lo sabía. Se sentía observada. Pero por más que volteaba a todos lados, en su desesperación, no vio a nadie. De repente, casi mágicamente (quizá así fue, después de todo, seguía en Hogwarts) dos brazos la atraparon. Gritó, gritó lo más alto que pudo, intentó liberarse pero los brazos eran demasiado fuertes, las lágrimas acudieron a sus ojos y cedió. Cuando levantó la vista se encontró con el rostro de Brian. El abrazo se tornó delicado, tierno como hace mucho Ginny no lo sentía. Olvidándose de todo lo pasado, la muchacha hundió la cara en el hombro del Hufflepuff.

-Oh, Brian, no sabes... no sabes como me has hecho falta. Tengo miedo, mucho miedo... - sollozó.

-Tranquila, ya estoy aquí. Nada te pasará, nada te pasará - murmuraba él hundiendo su cabeza en el cabello rojo de la frágil chica. "Gracias a Merlín que la he seguido" se dijo recordando todo su debate sobre si abandonarla y olvidarse de ella o protegerla, como un ángel cauteloso, en silencio "Debo ayudarla".

-Tienes que irte- le dijo apartándose de él rápidamente -, Harry me está siguiendo y si te ve conmigo... si te ve conmigo no sé que hará. Es capaz de todo, Brian, por favor, vete - insistió empujándolo.

-No me iré, te acompañaré hasta tu sala común y hablaremos con un profesor. Potter se ha vuelto loco...

-¿Ah si?- preguntó una fría voz.

Mírame y corre.


Sí, ya sé que el capítulo es corto, pero es que el fic en verdad no es muy largo. Ya le falta poquito para acabar!!

Publicaré más en cuanto haya reviews

Gracias por leer )