Reflexiones de una mente perturbada
VIII
...Y de la gasolina renació el amor
Nota: Este es el peor capitulo de todos. Contiene escenas capaces de impactar a personas delicadas. Espero les guste este último capítulo y doy una última advertencia: si son personas fáciles de impresionar y con una imaginación que los haga reproducir las imágenes a tal punto de casi vivirlas pues de una vez adelanto que este ff quizá no sea apto. Pero no se asusten, a veces tiendo a exagerar. Quizá este capítulo no sea tan malo... mejor, compruébenlo por si mismos.
Todo fue muy rápido, sin pensar, instintivo. De repente me hallé con sangre en las manos, como en mis pesadillas... ¿deseos?
Sólo recuerdo sentir la ira corriendo por todo mí ser, la adrenalina subiendo hasta mi cerebro y una fuerza inhumana dominando todos mis miembros. Tomé a Brian de un brazo y lo aparté de Ginny como la primera vez que los encontré demasiado juntos, creo que en ese momento su hueso tronó; de tal magnitud era mi fuerza. Después de alejarlo de mi propiedad, lo lancé al piso y le propiné una, dos, tres... diez patadas por todo el cuerpo. La sangre que manaba de él me volvía loco, me incitaba a seguir. Cuando se levantó, a cuestas, su mirada me retó, provocando que mi enojo incrementara. Esta vez fueron puñetazos. Tal parecía que las varitas no tenían lugar en ese momento, el combate debía ser físico. Toda mi energía se concentraba en mi cuerpo.
Recuerdo que Ginny intentó apartarme de mi víctima y fue entonces cuando toda mi fuerza se volcó a ella. De un manotazo, la alejé de mí y fue a caer de bruces. De reojo vi brotar sangre de su boca, sentí ese olor excitante.
No fue tan hondo el pozo pues ya estoy saliendo de él
Se te acaban los lugares donde te puedas esconder
Donde te puedas esconder
Creo que seguí golpeando a Brian aun después de haberlo asesinado. Los gemidos de Ginny me volvieron a la realidad, me cercioré de que el Hufflepuff estaba muerto y corrí a ayudar a mi "amor".
No le pedí perdón, cuando la toqué sentí la repulsión que le causaba, algo que me hirió en lo más profundo de mi oscura alma y es por ello que evité tener contacto con ella. El miedo que me tenía hizo que se desmayara. Su cara se hallaba repleta de sangre, su blusa manchada y rota, su falda dejaba ver unas piernas llenas de cicatrices.
Instintivamente, me llevé una mano a la frente y mis dedos percibieron la forma de la cicatriz que me convirtió en un héroe... ¿Tanto daño había causado¿Las cicatrices que ella tenía equivalían a todo el sufrimiento que a mí me causa una sola¿Me había convertido en alguien tan desgraciado como Voldemort?
Un ápice de humanidad tocó mi corazón y abracé a Ginny aun en contra de su voluntad. La cargué en mis brazos, su cabeza cayó hacia atrás y su cortina de pelo rojo se movía al unísono con su respiración agitada.
-Todo va a estar bien... - le dije pasando sobre el cadáver de Brian -, pronto cambiaré y tú y yo volveremos a ser tan felices como antes.
-¡Nunca!- exclamó con voz débil, despertando-, nunca te perdonaré... te odio Harry. Te odio como no he odiado a nadie más... prefiero morir que volver a tocarte- Entonces su débil cuerpo se removió de entre mis brazos, dispuesto a alejarse de mí; pero sus fuerzas no lo permitieron.
-Lo contrario al amor es la indiferencia- le dije apretándola contra mí -, si me odias es que aún provoco algo en ti.
Tal vez así es mejor, ódiame
Tal vez así es mejor
¿Recuerdas que fácil es?
En ese momento se desmayó mientras yo salía de las mazmorras donde yacía un cadáver y mi locura había llegado a su punto culminante. Nada fue óbice para que todos mis sentimientos malignos reemplazaran a los correctos.
Los rayos de luna se infiltraban por la ventana de una torre cuya ubicación Ginny ignoraba al momento de despertarse. Se encontró vestida de forma diferente. Su ropa consistía ahora en un vestido largo de terciopelo rojo y telas antiguas, con un corsé que le cortaba la respiración y estilizaba su figura delgada. Sus senos se hallaban demasiado expuestos, así que se cubrió con la manta que estaba a sus pies, descalzos. De su cuello pendía una bonita cadena de plata con un dije en forma de cruz. Su cabello se hallaba cepillado y la mitad de éste recogido en una coleta floja. Al incorporarse de la elegante cama, sintió que todo su cuerpo le dolía y las imágenes se agolparon en su cerebro, causándole un dolor de cabeza.
De rojo te ves bien
Combina con tus ojos y tu piel
De rojo te ves bien, rojo sangre
-Te ves hermosa- dijo Harry saliendo de la penumbra. Sus ojos se hallaban casi fuera de sus órbitas y su voz sonaba cínica y melosa. Era algo repugnante. -, el carmín en tus labios te vuelve la sensual Ginny que yo recuerdo. Hoy estaremos juntos para siempre... para siempre, mi querida Ginny- La pelirroja buscó con ahínco una salida pero la puerta se hallaba trancada por unos muebles llenos de polvo y al asomarse a la ventana se encontró con una altura que le dio vértigo. -¿Te gusta el vestido? Lo encontré aquí mismo, en esta torre. Se rumora que aquí vivió la Dama Gris, el fantasma de Ravenclaw. Muy elegante¿verdad? Te merecías lo mejor.
-Harry, por favor, déjame ir...
-Silencio, silencio, preciosa. Es muy temprano para que te quieras ir. Después de que estemos juntos para siempre te aseguro que no querrás irte de mi lado. Y aunque quisieras, no podrás.
-¿Vas a matarme?- preguntó ella con temor- ¿Tu deseo de sangre no ha saciado al fin¿Soy víctima yo de tu perdición?
Harry se dirigió a ella con pasos lentos, calculados. Su horrible sonrisa no se borraba mientras la tomaba en brazos con fuerza pero sin brusquedad. Acercó sus labios a los de ella, que se resistía, y se contentó con besarla en la mejilla. De repente, en un parpadeo, le dio una bofetada cuyo eco resonó por largo tiempo.
- Perdóname... es que tengo muy marcado ese dicho: No hay placer sin dolor- musitó él pegándose más a ella, sus respiraciones se mezclaban -, no quiero matarte... no tan pronto, querida. Quiero verte sufrir, quiero verte llorar sangre, clamar piedad, verte postrada a mis pies, suplicándome un poco del amor que hace mucho te di. Podrías haber sido más amable, Ginny.
Te pido por favor
La simple aceptación
Que nunca fuiste tú la más sincera
Un solo abrazo sincero, un beso habría bastado. Yo te amaba de la forma más limpia que podía. Jamás te vi como un objeto, eras mi novia, mi protegida, mi pequeña... ¡Pero a ti parece gustarte el sufrimiento! Me despreciaste Ginny, abusaste de mí, de mi bondad, de mi nobleza, de mi amor... ¡Quiero verte sufrir el doble de lo que yo! Y es algo imposible, mi dolor fue profundo, venía desde adentro. Solo hay un dolor semi equiparable con eso... ¿Sabes cuál es¡Responde!
- No, no lo sé- musitó agitada -, Harry, por favor...
- Es el dolor físico. Sí, Ginny, el que se siente en el cuerpo, en el exterior, el que deja marcas visibles.
La muchacha retrocedió hasta que su espalda chocó con la pared, poco a poco se fue resbalando, hasta que su vestido formó una alfombra a su alrededor. Las lágrimas caían en torrentes ¿Por qué¿Por qué eso le pasaba a ella?
Harry se acercó a ella y la obligó a besarlo, después la golpeó en el rostro y la jaló del cabello, despeinándola.
La muchacha desmayó y de inmediato fue recostada en la cama de nuevo. Harry cepilló su cabello delicadamente, arregló su vestido, secó la sangre de su cuerpo y la besó tiernamente en la frente. Las mejillas de la muchacha se tornaron rosadas y sus labios volvieron a adquirir color. El perturbado chico estuvo un rato contemplándola, inmerso en su belleza y en los deseos de verla palidecer y llorar. Pero no la despertó, la venganza lenta le parecía más dulce.
El deber de prefecto llevó a Draco Malfoy a merodear por los pasillos de las mazmorras aledañas a su sala común. La oscuridad era completa y él sólo se alumbraba con una varita. Tropezó con algo y, al levantarse e iluminar su obstáculo, se encontró con el cadáver de Brian y un río de sangre a su alrededor. Asustado, corrió a buscar a algún profesor a quien contarle tan macabra escena.
¿Quién podría haber sido capaz¡En Hogwarts!
"Potter" pensó de inmediato.
La sala común de Gryffindor se hallaba vacía y solo Hermione se encontraba leyendo, con Crookshanks en su regazo y Ron terminando la tarea de Transformaciones. El crepitar de la chimenea y la pluma sobre el pergamino era lo único que se escuchaba.
-¡Por fin terminé! - exclamó Ron enrollando su pergamino con descuido y prisa mientras miraba el reloj de péndulo que yacía sobre la chimenea -, vaya... son más de las dos. Ahora sólo podré dormir cinco horas... ¡Y tú las desperdicias leyendo!- dijo a Hermione.
- No es desperdicio- replicó ella cerrando su libro e incorporándose mientras Crookshanks caía en el piso y, bufando enojado, se alejaba de allí -, estoy esperando a Ginny y a Harry.
- Deben estar durmiendo - se encogió de hombros Ron.
- No... Los he visto en las clases y pasillos, incluso a la hora de la cena. Al terminar me dirigí a la sala común y he estado aquí desde entonces. Y no ha habido señal de Harry ni Ginny...
- Quizá entraron con la capa invisible para evitarse tus regaños- murmuró.
-¡Ronald! Deberías estar preocupado ¿Y si les pasó algo?
- No lo creo... seguro han perdido la noción del tiempo. Si quieres me quedo contigo a esperarlos- ofreció él.
- No... Ve a dormir tus cinco horas. Me puedo quedar aquí sola, sin darte molestias.
-¿Desde cuándo estar contigo es una molestia?- preguntó él sonriendo mientras se acercaba a ella y la rodeaba con los brazos.
El veneno se hallaba dispuesto al igual que la tina. Ésta última la había encontrado en un sanitario antiguo que estaba ahí mismo en la Torre. Después de quitarle el polvo y dejarla reluciente con ayuda de mi varita, hice un hechizo para llenarla hasta desbordar. Acto seguido, la coloqué tras unas cortinas.
Enjuagaremos, aquellas veces que dijiste que me amabas
Un poco de veneno y aguarrás
Sumérgete un poco más
Ginny despertó de golpe y se aferró a las sábanas como si fuese a caer. Se incorporó mirando a todos lados y cuando sus atemorizados ojos me encontraron dejó escapar un gemido y volvió a recostarse, con el rostro vuelto hacia la pared. Me acerqué a ella con pasos silenciosos y le hablé al oído de la forma más débil que pude. Lo menos que quería ver en su rostro por última vez era la tristeza. Sólo quería verla suplicante, acorralada y adolorida. Volteé su rostro con delicadeza y pude notar como su piel estaba fría. Sus desbordantes senos, que no había cubierto esta vez, me invitaron a acercarme más a ella, a recostarme mientras mis dedos sentían su temblor, su miedo. Eso quería: temor, no tristeza.
- Te prometo que será tan lento que encontrarás el placer dentro de todo el dolor- musité acariciando su cabello.
- Harry... por favor, tú no eres así. Tú no eres Harry.
- Muy bien – le respondí fríamente -, esta noche ponme el nombre que quieras, llámame Armand, Louis, Anthony¿Brian?...pero recuerda este rostro- Y al decir esto puse mi mano sobre su cuello y la obligué a levantar la vista, a encontrarse con mis temibles ojos verdes- porque será lo último que verás.
Como un autómata, me alejé de ella y del deseo que me provocaba. Todo debía ser lento, poder ser disfrutado, y sin embargo, en ese momento quería terminar todo de una vez; hacerla mía, verla suplicar, sentir sus labios en mis pies, aspirar el dulce olor de su sangre, sentir la humedad en el rostro cuando ella salpicara agua al entrar a la tina, sentir su boca sobre la mía, ver sus manos aferrarse a mí y, por último, besarla por última vez. Pero para disfrutar todas esas sensaciones cuyo solo pensamiento me hacía excitar, debía actuar lentamente.
Comencé por estar a su lado, aprisionarla en la cama, causarle una inmovilidad con ayuda de la magia y los ojos. Presionar mis manos en sus brazos, sus piernas, su rostro, sus senos, su abdomen, su cabello, sus manos con las mías sin que ella pudiese hacer nada por evitarlo. Y así lo hice, mis manos recorrieron su cuerpo dejando marcas rojas por éste en todas partes. Y en cada gemido que escapaba de sus labios, mis deseos de sangre y deseo incrementaban ideando nuevas torturas y castigos. Demasiados para hacerlos en esa sola noche.
Mentiras dijiste saber porque
Es algo que siempre he querido saber
Inventaré algún castigo para hacerte sufrir
Después de sentir su cuerpo aún en mis manos, la obligué a desvestirse frente a mí. Me mantuve alejado, luchando para no sucumbir en la desesperación y el deseo e irme contra ella rompiendo el vestido. Me desesperaba su lentitud y sus sollozos ahogados.
-¡Llora¡Gime más fuerte¡Suplica piedad!- ordené apretando los puños -, y sé más delicada, por favor. La brusquedad con la cual arrancas tus ropas me provoca arcadas. Así no podré disfrutar de verte denigrándote...
- Harry... - murmuró como si con sus lágrimas yo pudiese perdonarla. -, no puedo odiarte. He llegado a un punto en el que sé que no reflejo nada más que deseo y diversión ¡Mátame de una vez! Por favor, Harry... si me amas mátame. Es lo que más te agradeceré... no podría seguir viviendo, recordando tu horrible sonrisa, la penetrante mirada que me diriges, no podré sobrevivir si tus manos siguen en mi cuerpo y me despertaré cada noche temblando porque jamás te olvidaré... Mátame y será lo que más te agradeceré.
Algo dentro de mí hizo que me estremeciera. Su mirada suplicante no me provocaba el placer que creí, sino lástima, deseos de liberarla, sanar sus heridas con besos, rogarle perdón y llorar con ella por el amor perdido. Pero no pude hacerlo; orgullo, determinación, fracaso... todos esos sentimientos conjugados hicieron que reprimiera las lágrimas que clamaban por salir.
-¡Te mataré! No lo dudes... pero no ahora. Primero necesito sentir toda tu sangre y tu cuerpo de nuevo- dije con la voz quebrada.
Y ya no verte más
Ya para de llorar
Te juro que algún día te arrepentirás
Eso estaría mejor pues mi imaginación
Podría desearte algo que es mucho peor
Una vez que su vestido cayó al piso y su cuerpo se encontró solamente cubierto por una pequeña ropa interior no pude más y me abalancé sobre ella. La desvestí completamente. La besé con ternura, aunque quería sangre de todo su cuerpo. Mis manos no tuvieron fuerza para lanzarla contra la pared y el acto que le causaría dolor a ella y a mí un inmenso placer terminó resultando al revés.
¿Por qué iba a matarla si la amaba tanto? Me encontré dentro de ella y sus ojos se cruzaron inexpresivos con los míos al tiempo que me desplomaba a su lado, sin poder golpearla, ni gritarle, ni siquiera tocarla.
- Todo lo que necesitas es escucharme pidiéndote perdón- dijo con voz ahogada -, después de lo que acaba de pasar me he dado cuenta que aún me amas y que te costará demasiado trabajo asesinarme. Sé que lo harás, siempre haces lo que dices aunque luego quieras retractarte. Nunca escucharás mi perdón, mi última mirada hacia ti será de odio, mis palabras te maldecirán y vivirás eternamente atormentado por el recuerdo de los momentos de placer. Disfrutaste lo que pasó hace minutos tanto como yo, lo vi en tu rostro. Creí que iba a ser algo horrible, que me iba a morir de dolor en cuanto me tocaras. Pero no fue así. Todo lo que ha pasado hoy ha sido muy doloroso, pero al saber que aún me amas, se ha suavizado. Acéptalo. Soy tu ruina, tu amor frustrado y eso jamás cambiará. Aunque me golpees hasta desangrarme. Piensa en eso cuando veas mi cuerpo inerte y te mueras de deseo. Cuando tomes entre tus manos mi abiótico ser y quieras volver a besarme, a abrazarme, a hacerme tuya. Nunca más podrás.
Escuché todo esto impasible, sin atreverme a verla, era verdad lo que decía; siempre había sido ella mi ruina, mi amor frustrado... ¿Cómo podía ser tan precisa con sus palabras? Sabía como herirme sin tocarme y eso era algo que me hacía odiarla casi tanto como me hacía amarla.
El daño que causaste era lo único que
Me podía matar, heridas temporales
No basto
Atácame, sin yo saber
- Cállate- murmuré.
Todo lo demás que hizo Harry aquella noche había perdido el impulso del principio. Después de lo que le había dicho Ginny se había encontrado más pensativo. Siempre haces lo que dices, aunque luego quieras retractarte. Le dolía aceptar que Ginny tenía razón. No quería matarla ya, sus deseos se habían apagado y, sin embargo, iba a hacerlo. No podía olvidar.
Haciendo uso de los recuerdos crueles que tenía de la época junto a Ginny, la obligó a vestirse de nuevo y él mismo apretó el corsé de la muchacha, teniendo cuidado en jalarlo lo más posible para dejarla sin aliento. La sangre que había salpicado al vestido lo incitó a seguir. Sus fuerzas volvieron y los deseos perturbados regresaron a su mente en un parpadeo. Después de un apasionado beso donde mordió sus labios hasta sangrarlos, la encaminó hacia la tina.
- Brindemos- dijo tomando en sus manos dos copas mientras le ofrecía una a Ginny, que la tomó con manos temblorosas -, hoy por fin has sido mía. No te di la vida pero te daré la muerte, que es más importante. Después de todo, la muerte es algo inequívoco. Si no era hoy sería mañana, en algunas semanas, meses¿años? Piensa que ahora morirás joven y tu alma se irá al infierno (oh, si, ahí te irás y yo iré por ti después) luciendo preciosa. Bebe, bebe conmigo.
Celebraremos que todo terminó
Con un vodka barato, si quieres cerveza
Si quieres, si quieres un poco más
Ginny se encontraba muy débil, pero aún así intentó defenderse, una mirada de Harry bastó para hacerla retractarse de su intento de escape. No intentó resistirse otra vez.
Se llevó la copa a los labios y el refrescante sabor del vino llenó de placer su paladar, pasó por su garganta casi quemándola y finalizó el recorrido en su estómago, provocándole náuseas. Harry bebió como si tomara un simple jugo de calabaza y después de lanzar la copa al piso, rompiéndola, tomó la de Ginny e hizo lo mismo.
- Bailemos- dijo él rodeando con un brazo su cintura y tomando con una de sus manos la de ella. Harry se movía torpemente y Ginny solamente era arrastrada por él sin despegar sus ojos de los del Gryffindor -, tus ojos me encantan- murmuró él -, son tan expresivos. Ver mi reflejo en ellos me hace desearte... pero no podemos distraernos. Debemos terminar con esto.
Aprisionándola con un brazo, la lanzó a la tina bruscamente. El agua salpicó su rostro y ropa. El muchacho sacó una daga de debajo de su camisa y con ella se cortó la muñeca. Ginny se estremeció, en parte por la frialdad del agua y la pesadez de su vestido de terciopelo y en parte por la locura reflejada en cada poro del chico al cual había amado. No terminaba de pensar en esto, cuando sintió la daga en su hombro descubierto y húmedo. La sangre brotó y recorrió su pecho hasta perderse en sus senos. Harry puso sus manos en el hombro recién herido y cuando la apartó ésta se hallaba llena de sangre, misma que revolvió en el agua. Estiró su brazo, descubrió su muñeca herida y la sangre de ella cayó al agua, mezclándose con la de Ginny.
- Ahora estamos fusionados - le dijo -¿no te parece hermoso?
- Estás demente... - dijo ella con acritud, tratando de levantarse. La mano de Harry la lanzó de nuevo al agua y ésta salpicó en mayor medida.
- Mira lo que has hecho, preciosa- le dijo Harry chasqueando la lengua -, has tirado nuestra poción, nuestra sangre fusionada, y además, has ensuciado el cuarto. La Dama Gris no estará nada contenta. Debes ir ideando una excusa para cuando la veas...
La daga de Harry se dirigió de nuevo al hombro de Ginny pero ésta se movió y la daga rozó la parte lateral inferior de su cuello. La sangre de su yugular manó como un río, mezclándose con el agua y el vestido.
Nunca reconocerías una cosa buena
Ni aunque esté enfrente y te corte la garganta
Ginny gimió de dolor y se llevó una mano a la herida para después contemplar sus dedos húmedos y rojos y dirigir una mirada aterrada a Harry.
- Bueno... una nueva opción para morir: desangrada. También envenenada, por el vino - aclaró al ver el desconcierto en el rostro de Ginny, cuyos ojos se llenaron de lágrimas- No, no llores, por favor- rogó él -, mira, para que veas que me solidarizo contigo me cortaré de nuevo- Y se llevó la daga de nuevo a su muñeca, volviendo a hacer caer la sangre al agua -¿ves? Estamos iguales... a excepción de que yo no moriré.
-¿Dónde está el señor Potter?
La profesora McGonagall ingresó en la Sala Común sorprendiendo a Hermione y a Ron, que se encogieron de hombros al desconocer la respuesta de la pregunta antes formulada.
- Acompáñenme- ordenó la profesora.
En cuanto los chicos, totalmente contrariados, pusieron un pie afuera de su Sala Común vieron a Draco Malfoy más pálido de lo normal.
-Profesora- comenzó Hermione, nerviosa -¿podrías decirnos, por favor, qué es lo que está pasando?
- Se encontró un cadáver cerca de las mazmorras- dijo la profesora lacónicamente mientras Hermione y Ron miraban a Draco inquisitivamente¿Qué demonios había inventado ésa asquerosa serpiente?
Hermione no preguntó nada más, aunque la carcomía la desesperación. Los dos Gryffindor y el rubio Slytherin ingresaron en el despacho de la profesora.
-¿Qué pasará con el Hufflepuff muerto?- preguntó Draco, rompiendo el silencio con tan poca sutileza que pareció aun más morbosa, de lo que en verdad era, su pregunta.
- He enviado a dos profesores por él, he escrito a sus padres. Ahora necesito que usted me explique porque sospecha del señor Potter- dijo la profesora.
Los ojos azules de Ron se abrieron de forma desmesurada y parecía querer saltar contra Draco, Hermione se removió en su asiento, nerviosa, dirigiendo miradas a la profesora y a Draco.
- Fue hace mucho, profesora...cuando Potter golpeó a ése Hufflepuff por primera vez - comenzó el Slytherin -, fue cuando expulsaron a Danes.
Acto seguido, Draco continuó su perorata exteriorizando lo que todos llegaron a pensar: que Potter estaba loco. Recalcó el cambio en su actitud, los rumores que corrían de que golpeaba a Ginny, la agresividad que últimamente saltaba por todos sus poros.
Ron no podía creer lo que decía Malfoy y más de una vez intentó abrir la boca y protestar, pero la mirada de la profesora lo hacía desertar. Hermione unía todo en su mente y trataba de relacionar los acontecimientos.
-¡Tenemos que encontrar a Ginny y a Harry!- exclamó la chica una vez que Draco se hubo quedado en silencio.
-¿En verdad crees que Harry lo hizo?- exclamó Ron.
- No lo sé- respondió ella sonrojándose -, pero sospecho que hace mucho tiempo que nadie sabe lo que Harry es capaz de hacer.
-¡Por primera vez dices algo de provecho, Granger!- alabó Malfoy son una media sonrisa.
- Cállate - le espetó Ron -¿crees que Ginny corra peligro?- preguntó a Hermione mientras la profesora apretaba los labios, como tratando de averiguar algo en los ojos de los presentes.
- Ginny ha... Ginny ha cambiado mucho y he visto que tiene ciertas marcas- musitó la Gryffindor agachando la mirada.
Ron explotó en preguntas, reclamos por la verdad oculta, apremiando a todos por detener a Harry, si es que había que detenerlo.
- Quizá podamos usar el mapa del Merodeador- sugirió Hermione mientras Ron salía a toda prisa del despacho y se dirigía a su Sala Común.
Vida se va, eso me ayuda a pensar
Casi eran las cuatro de la mañana cuando Ginny exhaló el último suspiro. El agua de la bañera en que se encontraba había tomado un color rojizo a causa de toda la sangre vertida, su piel se había puesto pálida por efecto del veneno y escalofríos habían sido su última sensación. Harry la besó muchas veces, incluso cuando ella se hallaba inconsciente. Disfrutó como había deseado el verla morir poco a poco, lentamente.
-No tienes idea de lo feliz que me has hecho- le dijo antes de que las fuerzas la abandonaran. La muchacha sólo se limitaba a observarlo. Con la cabeza vuelta a un lado, las piernas flexionadas y las manos dentro del agua.
-¿Qué pasará ahora...?- dijo ella haciendo un terrible esfuerzo por hablar.
-Morirás- respondió él con una sonrisa, con la misma mirada y voz con que le dices a un enfermo que pronto se curará.
- No me refiero a eso... - musitó cerrando los ojos -¿Qué pasará contigo¿Huirás¿Te suicidarás¿Te entregarás a Azkaban?
Harry la miró como si no la comprendiera y le puso un dedo sobre los labios mientras acariciaba su cabello mojado. Había pensado en ésa posibilidad muy vagamente. Planeaba suicidarse, ése era su primer pensamiento. Su misión ya se hallaba cumplida.
Cuando vio que Ginny se hallaba a un paso de la muerte, lloró. Derramó lágrimas de felicidad, jamás pensó que sería capaz de destruir a su perdición. La había destruido antes de que ella lo destruyera a él.
Lloraré por ti pues esta es
La forma más sencilla para no pensar en ti
Poder ahorrar, mis lágrimas se terminan
Al ver que la pelirroja no respiraba ni siquiera agitadamente, acercó su oído al pecho de la chica, tratando de escuchar un corazón latiendo. Sólo escuchó la huida del alma.
Besó los labios fríos de la muchacha por última vez, cerró completamente sus ojos y le acomodó el cabello sobre los hombros. Limpió su cuello del carmín que lo rodeaba y hundió los brazos en el agua enrojecida para sacar las manos de Ginny y colocarlas, cruzadas, sobre su pecho.
-Tenías razón Ginny, me muero de deseo por volver a verte respirar y no puedo hacer nada- murmuró con un nudo en la garganta -, pero así debía de ser. Pronto estaremos juntos y cuando necesites algo, no dudes en decirlo...
Te pido por favor, recuerda siempre amor
Que yo aquí estaré, siempre que pueda
Lo que tendrás que hacer, sólo resucitar
Pues yo te eliminé, siempre recuerda
Una risa limpia que se volvió carcajada acudió a sus labios y salió de ellos provocando un macabro eco en la habitación. Después, sólo se escuchó la respiración de Harry y el gotear del agua de la bañera sobre el piso.
Harry no podía creer lo que había hecho. Recordó todo lo que la amó, todas las veces que deseó un solo abrazo, una sola mirada. Anheló de nuevo tocar sus manos frías, sentir su mirada indiferente. Recordó sus ojos insensibles, sus rechazos, las burlas. Y luego como había cambiado ese mundo, como la víctima había pasado a ser el victimario; como todo se había volcado. El placer que le provocaba golpearla, manipularla, sentirse dueño de ella por un segundo. El olor de la sangre seca inundó su sentido del olfato y recordó la primera vez que aquel rojo hechizante había brotado de la dulce piel de Ginny. Luego, vinieron los recuerdos sensuales. Él dentro de ella, poseyéndola, volviéndola su prisionera, sometiéndola. Y luego, la tristeza que conllevaba el saber que Ginny solo lo había amado a causa de la fuerza. Pero todo había terminado. Ya no había Ginny para amar ni para odiar. No más lágrimas ni risas. No más caricias ni golpes.
En ese momento, solamente existía el cuerpo inerte de Ginny, la mente en blanco de Harry y el hedor del pecado, inundando la habitación.
Tú estarás aquí, junto a mí
Si no es por voluntad será por fuerza
La puerta de la estancia se abrió de golpe pero me mantuve impasible. Escuché que alguien gritaba mi nombre y de repente sentí un golpe. El cuerpo de Ginny fue levantado por los brazos de Ron, que le suplicaba que reaccionara. Ella solamente se movió como un títere.
-¿Qué has hecho, Harry?- me dijo Hermione acercándose a mí con los ojos llenos de lagrimas. No respondí, podía sentir el presente pero mi mente se encontraba en otro mundo. Yo ya no pertenecía al mundo real.
- Señor Potter... esto es...esto es una terrible falta...jamás en la historia de Hogwarts... ¡Haga algo, señor Malfoy, busque al director! – La profesora McGonagall estaba fuera de sí- ¡Dos muertos en una noche¡Por Merlín!
Draco me lanzó una terrible mirada de triunfo y se alejó de allí mientras yo sentía la aplastante derrota. No tenía idea de que iba a pasar y me dejé zarandear como un autómata, con los ojos inexpresivos, sosteniendo mi mirada ausente a la de odio de mi mejor amigo.
-¡Eres de lo peor!- me gritaba con la voz quebrada.
A trompicones, me sacaron de la habitación y mi última mirada fue el cuerpo de Ginny sobre la cama donde fue mía por última vez. Los recuerdos del crimen se agolparon en mi mente y tuve deseos de correr al cadáver y palparlo, creer que el delito que había cometido era real. Que no era una alucinación; que no era un sueño perturbado.
No tuve que tocarlo para volver a la realidad, de súbito vi que los ojos de ella se abrían y me sostenían la mirada. Entonces supe que todo era real. Que una alucinación dentro de otra no es posible; y que los remordimientos, reflejados con esa mirada que me seguiría por siempre, eran una prueba de que lo que hice fue real pues no hay nada más real que la culpa.
Los recuerdos del crimen se agolparon en mi mente y tuve deseos de correr al cadáver y palparlo, creer que el delito que había cometido era real. Que no era una alucinación; que no era un sueño perturbado.
No tuve que tocarlo para volver a la realidad, de súbito vi que los ojos de ella se abrían y me sostenían la mirada. Entonces supe que todo era real. Que una alucinación dentro de otra no es posible; y que los remordimientos, reflejados con esa mirada que me seguiría por siempre, eran una prueba de que lo que hice fue real pues no hay nada más real que la culpa.
- Te amo... - pensé mientras me soltaba de Hermione y la profesora, y corría al abiótico cuerpo de Ginny. Ron se interpuso pero lo empujé con fuerza. Al estar a poca distancia de ella, toqué su frío y abierto cuello y arranqué la cadena con el dije en forma de cruz que le había colocado- Necesitaré esto- dije en voz alta.
Llévame colgado en tu garganta como una medalla
Te estiraré mucho, me encanta verte ahogándote
Tu piel se hace azul y no te ves tan mal
Tu piel se hace azul y no te ves tan mal
Salí de la habitación sin mirar atrás y con el crucifijo apretado entre mis manos.
En verdad no tenía para mi ningún significado religioso, pero él fue el único testigo de mi crimen, ése maldito dije que jamás dejó de observarme, que si hablara y no fuera un objeto inanimado confesaría mi pecado con detalles. El solo hecho de que hubiera pendido de su cuello, del miembro donde causé su herida mortal, aquel cuello que fue besado tantas veces, lo convertía en cómplice.
De súbito, mis manos aflojaron y el crucifijo cayó al piso con un ruido metálico. La sangre seca brilló en su cubierta. Me alejé de él porque sentía que me perseguiría. Miré hacia el frente sin saber que me traería el porvenir.
El pasado estaba más claro que nunca y estoy seguro que entenderán que aquel crimen no fue solamente mi culpa.
Y aquí acaba la Historia. Bueno, solo queda una especie de Epílogo para que sepan qué pasó después, pero básicamente aquí termina a trama principal.
Espero reviews¿ustedes declaran a Harry culpable o inocente?
Nos leemos pronto!
