EPÍLOGO
-¿Algo más que quieran saber?- preguntó Harry.
La audiencia se había quedado absorta en el relato del acusado atado a la silla mediante grilletes y cadenas mágicas. Algunos lloraban, otros lo miraban con odio; algunos con lástima. Los dementores se encontraban más apartados de la sala, como obligados a contener sus ganas de almas. El frío inundaba el recinto pero las emociones secundarias no tenían cabida ante todo el desorden de sentimientos que había causado el relato de Harry.
Hacía ya tres días que Ginny había muerto y Harry había sido capturado. Los primeros tres días lo habían encerrado en una celda fría. Sin siquiera una cama de piedra y una sola ventana donde entraba el aire contaminado de la eterna culpa y los rayos de luna que prometían una libertad imposible. En verdad, Harry estaba a salvo en esa jaula para humanos. Ron había jurado matarlo y de no haber sido por Hermione, seguramente lo hubiera hecho. El daño no había sido solamente a Ginny ni a él mismo. Toda decisión tiene repercusiones secundarias pues el destino no para en egocentrismos. Harry había dañado a toda la familia Weasley, a Hermione, a los profesores, a los amigos de Ginny. Y, principalmente, a él mismo.
Su venganza había sido llevada a cabo, si, y su mente se encontraba relativamente en paz. Su único pensamiento desde que lo habían descubierto era la perspectiva de no volver a sufrir por amor; de no derramar más lágrimas.
Pues bien, así sería. Pero el precio era muy alto.
Al tercer día, le habían dado una poción de veritaserum y ante la pregunta "¿Por qué lo hiciste?" Harry confesó todo. Desde sus primeras razones hasta el apocalíptico desenlace.
Nadie sabía a ciencia cierta como debían declarar a Harry. No era completamente culpable, eso todos lo tenían muy claro; aunque pocos lo aceptaban. Algunos decían que era culpa de ambos, uno por dar todo y el otro por no dar nada. Otros culpaban completamente a Ginny, por haberse comportado de tal manera con Harry y por no buscar ayuda ante los indicios de locura del chico. La mayoría pensaba que la culpa era de Harry, por haber dejado ceder a las tentaciones y a ese lado oscuro que todos tenemos.
El testimonio de Harry no fue el único que se escuchó. Draco estuvo feliz de relatar lo enfermo que estaba Potter. Hermione trataba de demostrar que Harry aún tenía un lado humano pero estaba de acuerdo en que era culpable. Ron, por su parte, no pudo declarar nada que no fueran frías palabras: "Ése no es Harry, ése no es mi mejor amigo".
Quizá si Harry hubiese estado presente le habría dolido escuchar tantas opiniones en su contra, pero Harry ya no era alguien normal. Era un asesino, un insensible que vivía en su propia mente enferma, sin poder alejarse de ahí.
El jurado declaró culpable a Harry y aunque su crimen no fue del tipo mágico, fue enviado a Azkaban para siempre.
¿El delirio, los dementores, la locura, el miedo o la impotencia? Harry nunca supo cual de esos sentimientos lo llevó a la muerte física, solamente supo que de un día para otro, su alma ya no se encontraba en aquel cuerpo desconocido, sino vagando por los mundos del cielo y el infierno.
Se encontró con sus demonios internos, con los fantasmas del pasado, los deseos irrealizables y los eternos remordimientos. Nadó en ríos de la sangre que derramó, besaba la fantasía de Ginny que luego se convertía en un cadáver putrefacto. Escuchaba las lamentaciones de dos almas como si fuesen quinientas.
Nunca llegó al cielo ni al infierno porque el cielo no lo aceptaba y el infierno era muy poco para él.
No se arrepintió y jamás deseó ser libre. Estaba consciente de su culpa y, por lo mismo, la aceptaba, porque cuando cometió la infamia estuvo consciente de que era algo que lo hacía feliz. Lo hizo sin prejuicios, sin temor. Desafió las leyes del remordimiento y caminó tristemente por los senderos del orbe.
No estaba muerto, no físicamente. Pero era como un zombie, comía en las alucinaciones de "la realidad" pues su verdadero mundo era el de su mente. Parecía dormir todo el día, pero en verdad se encontraba meditando, recorriendo, viajando por los rincones más oscuros de su mente.
A veces, en su errante caminar, le parecía encontrar a Ginny, pero nunca lograba visualizarla del todo. Ella siempre desaparecía, como diciéndole que jamás fue, ni es, ni será suya.
Así la asesinara trescientas veces; así le propinase cien golpes; así la deseara por toda la eternidad.
Final oficiaaal!!
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