Bajó del coche y dejó que el viento retirara su cabello rubio hacia atrás, cerró los ojos y aspiró el aroma del lugar. Aquello debía de ser el cielo, o por lo menos eso pensaba él. El viñedo donde se encontraba la casa de Sirius, era simplemente perfecto, se podría decir que había sido sacado de una postal. Estaba situado en un pequeño valle, alejado de cualquier signo de civilización en por lo menos 20 km, allí sólo había paz y silencio. Los brazos de Harry se asieron a su cintura y, apoyando la cabeza en su hombro, le preguntó.

¿Te gusta?

Sí, amor es precioso, pero… no debimos dejar solos a los…

Shhh… Hoy no, tampoco mañana, ni pasado. Estos días son para ti, para nosotros, necesitas descansar.

Pero…

Draco, están bien, con tu padre y Remus, Dorian con Sirius y Severus y Mya con Rorie, ni siquiera se darán cuenta de que no estás.

Hombre, ¡gracias!

Draco, no seas así, en serio – le tomó de la mano – anda ven, vayamos a ver la casa.

Caminaron juntos por el camino de tierra que llevaba a la casa de terracota, de color rojizo, que casi se fundía con el atardecer. Draco sonrió complacido ante tanta belleza. Llegaron a una pequeña terraza que antecedía la puerta principal de la casa, había una mesa de hierro forjado y un par de sillas, el lugar perfecto para compartir una agradable velada en el exterior. Entraron en la casa y Harry sacó de su bolsillo dos maletas reducidas, las volvió a su tamaño y las envió a la habitación.

Poco a poco le fue enseñando la casa a Draco, el salón estaba nada más entrar a la derecha, como en la suya, pero éste era mucho más pequeño aunque mucho más acogedor y cálido; el suyo parecía siempre un campo de batalla. La cocina era antigua, probablemente de carbón.

Buenas tardes, amitos – una elfina se apareció ante ellos.

Oh… buenas tardes, debes ser Ika, ¿verdad? – preguntó el moreno.

Sí, señor. El amo Black nos dijo que tendríamos invitados en la casa. Para mí y el resto de los elfos será un honor servirlos.

Muchas gracias. Verás, vamos a subir a descansar un rato, ¿podrías prepararnos algo de cenar para dentro de un par de horas? – la elfina asintió y se desapareció – ¿qué te parece si subimos arriba y vemos la habitación?

Bien.

Ascendieron por la escalera de ladrillo rojo, en las paredes había algunos cuadros que les daban la bienvenida a la casa, realmente el lugar era acogedor, y sobre todo tranquilo, que era lo que Draco más agradecía. El piso superior estaba formado por un par de habitaciones, una más pequeña y la otra, donde Harry y Draco pasarían los días, algo más grande. Las paredes estaban pintadas en tonos tierra y los muebles eran, aunque antiguos, realmente bellos, una cama con el cabecero de hierro estaba en un lateral. Justo a su lado, un ventanal que daba pie a un balcón desde el que se divisaba toda la extensión del viñedo. El aire corría libre por la habitación agitando las cortinas, Draco sonrió, le encantaban las habitaciones aireadas y, el ondular de la tela de las cortinas con el viento, le parecía extrañamente relajante.

¿Por qué no descansas un poco mientras te preparo un baño, eh? – le preguntó Harry besando su cuello.

No, puedo hacerlo yo…

Draco… se supone que vienes a descansar, así que hazme el favor – lo arrastró hasta la cama – de tumbarte ahí, mientras yo lo preparo todo, ¿vale?

Pero…

¡RUBIO! – besó sus labios antes de darle un empujoncito que le hizo perder el equilibrio y caer en la cama – vuelvo en unos minutos.

Draco se quitó los zapatos y la camisa, se desabrochó el cinturón y un par de botones del pantalón, se subió un poco más a la cama y dejó que su cuerpo descansara sobre las suaves sábanas blancas. Acomodó la cabeza en la almohada y cerró los ojos, esperando a que Harry le avisara.

Harry preparó el baño despacio, sabedor de que Draco necesitaba algo que lo relajara. Encendió velas y vertió esencia de chocolate en la gran bañera que presidía el lugar. Dejó el agua corriendo y fue a la habitación para coger algunas toallas y jabones aromáticos.

Se quedó prendado al verle tumbado sobre la cama, a medio desvestir, la cabeza de medio lado y el cabello cayendo sobre la cara; una mano reposaba sobre uno de sus muslos, la otra sobre su pecho. Volvió a entrar de nuevo en el baño y cerró los grifos. El baño debería esperar.

Le desnudó con un hechizo y, con cuidado, le hizo levitar para meterlo bajo las sábanas. Se veía tan hermoso así, relajado y tranquilo, quería besar su frente, acariciar su pelo, pero el miedo a despertarle se lo impidió.

Salió de la habitación sin hacer ruido y bajó para tomarse quizás un te. Recordó entonces que debía llamar a los niños, así que puso rumbo al coche, donde había dejado el móvil, marcó el número y esperó que Sirius tuviera el teléfono conectado.

¿Sí? – la voz de Sirius se oyó al otro lado.

Padrino, soy yo.

Harry, ¿qué tal? ¿Ya habéis llegado?

Sí, hace un rato.

¿Os ha gustado la casa?

Sí, es preciosa, debiste decirme antes que tenías un lugar así.

Oh… Sev no me lo hubiera permitido, es nuestro lugar para las escapadas románticas.

NO… otra vez ¡NO! – dijo Harry llevándose la mano a la cara.

¿Y ahora qué pasa?

Otra vez tengo que dormir en una cama donde tu y… ¡OH! No me hagas recordar quieres…

Jajajaja… Harry, tienes casi 30 años y ¿aún sigues con esas cosas?

Sí, aún sigo esperando que me pagues un psicólogo, aquella imagen en el despacho de Severus me perseguirá siempre …

Bueno, te recuerdo que Sev tiene la suya propia …

Ya, bueno… ¿Cómo está Dorian?

Bien, está fuera con Jason, ¿quieres que se ponga?

No, tranquilo, ¿podrías darme el teléfono de la madre de Rorie?

¿Para?

Es que no lo tengo y quería saber qué tal estaba Mya.

La niña está aquí, bueno en realidad están las dos, ella y Rorie.

Y eso, ¿ha pasado algo?

No, la madre de Rorie, tenía que atender una urgencia en el hospital así que decidimos que se quedaran aquí.

Oh… Severus querrá matarme.

Tranquilo, está demasiado ocupado organizando todo para el nuevo curso.

Ya, dile que también lo siento por eso.

No te preocupes, lo primero es Draco. Por cierto, ¿está mejor?

Duerme, que creo que es lo que más falta le hacía.

Es normal, es demasiado para él.

Lo sé, soy el peor esposo del mundo, ¿verdad? – preguntó tristemente Harry, mientras se apoyaba en el capó del coche.

No, Harry, claro que no, sabemos como es Draco de orgulloso, se ha ido tragando todo, pensando que podía con lo que le echaran encima, y tú no podías verlo si él no te dejaba.

Ya, pero bueno, debí ayudarle más, no sé, hacer algo, si lo hubieras visto esta mañana… - Harry suspiró, odiaba ver a Draco así le recordaba al pasado, a sus primeros años juntos, cuando vivían atemorizados, cuando no sabían que les depararía el futuro, se suponía que todo eso había quedado atrás, que ahora eran felices. Harry, tristemente, entendió que Draco no era feliz.

Ya verás como esto le hace bien.

Eso espero, bueno te dejo, he de llamar a Remus. Mándales un beso a esos dos trastos, y dile a Dorian que se comporte que sino se las verá conmigo.

Jajaja, tranquilo, Severus está en casa, si hacen algo les echaré la serpiente.

Jajaja, gracias padrino.

Nada, y... ¿Harry?

¿Sí?

Hazle hablar, estoy seguro de que es lo que más necesita.

Gracias, nos vemos el domingo.

Nos vemos

Colgó el teléfono y, con él en la mano, se quedo mirando al horizonte. El sol estaba por terminar de ocultarse, la noche estaba a sólo unos minutos de llegar. Se dijo a si mismo que mañana, él y Draco, verían la puesta de sol juntos y abrazados desde aquel lugar. Descolgó de nuevo y marco el número de Remus.

¿Sí?

Lucius, soy Harry.

¡TÚ!

¿Qué pasa?

¿Qué pasa…? ¿Cómo que qué pasa? Debieron castrarte después de lo de los gemelos.

Pero…

¡ESA NIÑA ES UN DEMONIO! – Harry supo enseguida que hablaba de Soul.

Oh…

¿Oh? ¿Sólo dices oh…?

Esto… ¿lo siento? – preguntó tímidamente.

¿Sabes lo que ese diablillo acaba de hacer?

No, pero supongo que nada bueno.

Claro que nada bueno, ha cogido la varita de Remus y se ha dedicado a incendiar todos los cuadros de la casa.

¿QUÉ? – esa niña era un torbellino y, desgraciadamente para todos, tenía una magia demasiado desarrollada para su edad – pero está bien, ¿verdad?

Sí, afortunadamente, Remus andaba cerca, pero ahora tengo a todos mis ancestros chillándome porque tu mocosa ha querido acabar con ellos.

Vaya, lo siento, Lucius, de verdad, ¿querrías pasármela? Quizás yo pueda reprenderla…

Está bien – durante unos segundos, Harry sólo oía voces lejanas, supuso que eran las voces de los antepasado de Lucius que maldecían una y otra vez a su pequeña.

¡PAPÁ! – grito la niña al teléfono, Harry se maldijo por no haber apartado a tiempo el teléfono de la oreja, ahora tenía el tímpano perforado.

Soul, ¿querrías explicarme qué es eso de que has cogido la varita del abuelo para incendiar los cuadros?

Yo… te quiero mucho, papá – Soul siempre hacía lo mismo, apelaba a su sonrisa y a su palabrería para evitar las broncas y los castigos.

Esta vez éso no va a colar, Soul. ¿Qué te hemos dicho papi y yo de lo de coger las varitas de los magos adultos?

Que no se debe hacer – contestó la niña seria.

¿Y por qué lo has hecho?

Porque me aburría, y el abuelo Lu no quería llevarme a caballito como lo haces tú.

¿Y ese es motivo suficiente para hacer algo tan peligroso como eso?

Sí – contesto la niña feliz, Harry sabía que iba para largo.

No, Soul no lo es, hay veces que no siempre podemos hacer o tener lo que queremos, y debemos entenderlo, así que tienes que hacerme un favor.

¿Cuál?

¿Vas a portarte bien?

Siempre me porto bien.

Soul, sabemos que eso no es verdad. Cariño, tú quieres mucho a papi, ¿verdad?

Si, mucho, muchisísisisisisisisisisisisismo.

Vale, bueno, pues papi necesita quedarse aquí unos días, y si tú no te portas bien, el tendría que volver y entonces no podría curarse.

¿Papi está malito?

Sí cariño, y tú no quieres que lo esté, ¿verdad?

No.

Bueno, ¿entonces me prometes que te vas portar bien?

Sí.

¿En serio?

Sí, papá, de verdad, ¿puedo ir a jugar con Robbie ya?

Sí, cariño, dale el teléfono al abuelo Lucius.

Vale.

¿Y bien? – Lucius volvía a estar al otro lado del aparato.

Espero que con lo que le he dicho valga, Draco necesita descansar.

¿Tan mal está?

No es que esté mal, Lucius, sólo creo que las cosas le han sobrepasado, además creo que hay algo más.

¿Algo más?

Sí, no es sólo que le preocupen los niños o la mudanza, hay algo más.

Hablando de mudanza, Fullam vino esta tarde y me trajo los últimos papeles.

Bien, el domingo los revisaremos para que se los puedas entregar.

Sigo sin entender porque tenéis que comprar una casa en vez de veniros aquí…

Sabes que a Draco no le gusta la mansión, le recuerda demasiado a…

Lo sé, lo sé. Bueno será mejor que te deje, no creo que Remus sea capaz de controlar a los 3 durante mucho más tiempo.

De acuerdo, por cierto en la bolsa de Delia hay una poción para los vómitos, estaba un poco revuelta.

A buenas horas lo dices, yo voy por la segunda túnica, y Remus por la cuarta.

Oh…

No sé qué harías sin mi hijo…

Yo tampoco. Nos vemos el domingo, Lucius.

Nos vemos, cuídalo por favor.

Lo haré.

Bien, hasta el domingo entonces.

Hasta el domingo.

Harry guardó el teléfono en el coche, no quería que nadie les molestase, Draco tenía que descansar. Se dirigió a la casa con paso lento y tranquilo, supuso que Draco aún estaría dormido. Ascendió despacio por las escaleras observando los cuadros y la casa en general, tenía tiempo y podía deleitarse con cada detalle. Cuando estuvo delante de la puerta, pensó si entrar o no, pero un ruido en el interior lo puso en alerta.

¿Draco? – preguntó al entrar y no verlo en la cama – Draco, ¿dónde estas?

Aquí amor – la voz provenía del balcón, se acercó a él por detrás y lo abrazó.

¿Por qué no has seguido durmiendo?

Mi cuerpo no acostumbra a dormir a estas horas.

Bueno, pero estos días deberías aprovecharlos para descansar.

Supongo, ¿dónde estabas?

Hablando con Sirius y tu padre.

¿Cómo están?

Bien, se están portando bien.

¿Soul también? – apoyó su rubia cabellera en el hombro de Harry.

Rubio, no pidas milagros – los dos rieron suavemente y se quedaron mirando un rato el paisaje.

¿Te apetece cenar ya? ¿O prefieres primero el baño?

Mmm… baño primero, pero tú vienes conmigo.

Rubio, eso ya estaba implícito – se sonrieron y caminaron juntos hacia el baño.

Harry fue desnudándose poco a poco, haciendo que sus prendas volaran y quedaran desperdigadas por toda la habitación, Draco sólo llevaba un bóxer blanco que se quitó antes de entrar en la bañera.

Chocolate – dijo Draco al percibir el aroma – te adoro amor.

Y yo – Harry se apoyó contra el lateral de la bañera y abrió las piernas para que Draco se colocara entre ellas, el rubio entendió y se sentó apoyando su espalda en el pecho de su esposo – mmm… me encanta esto.

Y a mí – dijo Draco frotándose los brazos con la espuma que había por la bañera.

En la nueva casa podremos hacerlo más a menudo.

Sí, es preciosa, ¿verdad?

Con lo que vale no me extraña.

Avaro.

Derrochador.

Guapo.

Adulador - Draco giró la cabeza y ascendió a los labios de Harry, los tomó con cuidado y cariño, no quería nada más que sentirse amado en ese momento, tenía la necesidad de que le mimaran que le cuidaran, ahora mismo era lo único que quería.

El moreno ahondó en la boca de Draco con su lengua, recorriéndola, explorándola, hasta encontrarse con la lengua del rubio, pelearon por el control imaginario del beso hasta que la respiración les faltó. Harry comenzó a sentir el calor previo a la excitación, y es que Draco lo encendía con una facilidad pasmosa, su cuerpo era arcilla en las manos de su hurón, sabía que podría hacer siempre lo que quisiera con él.

Draco sentía las manos de Harry recorrer su pecho y sus piernas, mientras volvían a besarse. Harry era, después de los años, mucho más fogoso y ardiente, era un amante experto y conocedor al detalle de su cuerpo, sabía exactamente qué hacer para encenderlo, y Draco no tenía duda de que aquellas caricias iban directas al botón de encendido de su cuerpo. El moreno dejó de acariciar las piernas de su esposo y ascendió la mano hasta enredarla en el suave cabello rubio, echó hacia atrás de la cabeza y aprovechó el momento para descargar su pasión en el cuello del hombre que tenía entre las piernas. Besó y devoró cada centímetro de esa piel nívea que le volvía loco, mientras se dedicaba a acariciar primero, para después torturar, uno de los pezones.

Ahmmmm… - Draco no pudo evitar que el gemido escapara de sus labios, aquello era superior a él, no sabía controlarse ante las caricias de Harry, le parecía que aquello era el paraíso.

Harry disfrutaba de la piel de Draco, pero también de sus gemidos, y de los esfuerzos que éste hacía por no perder el control, porque el moreno sabía que estaba apunto de hacerlo. Había aprendido, con el paso de los años, lo que encendía con mayor rapidez a su rubio y sabía como ponerlo en práctica.

Draco se vio sacudido por una oleada de puro deseo, que le cegó por completo, se deshizo de la mano de Harry y se volteó en la bañera para quedar de rodillas en ella, se sentía excitado y Harry lo sabía porque le sonría pícaramente. Avanzó hacia su cuerpo y besó con pasión los labios del moreno, paseó su mano por el pecho, acariciándolo despacio con la yema de los dedos, haciendo que se estremeciera con su toque. Sonrió en el beso al notar las manos de Harry en sus nalgas pegándolo a su cuerpo; la mano que había descendido por el torso se topó con la erección floreciente del moreno, la masajeó despacio, con cuidado, sabía que, para Harry, aquello era un tortura, pero disfrutaba sabiendo que lo tenía en su mano, y que Harry jamás haría nada para impedir que él disfrutara. Cuando consideró que el miembro de su amante estaba lo suficientemente preparado, pasó ambas piernas a cada lado de Harry.

Espera – le dijo Harry, murmuró un hechizo, después de lo los gemelos, ambos aprendieron que debían protegerse si no querían un nuevo susto de ese estilo; por eso, Draco sabía que sus otros 3 hijos habían sido 3 niños muy deseados, – ahora – y Draco obedeció, se posicionó de tal manera que el miembro del moreno quedara justo enfrente de su entrada, despacio comenzó a descender – mmmmmmmmmm … - Harry echó la cabeza hacia atrás cuando aquellas primeras descargas de placer comenzaron a ascender por su espina dorsal.

Ammm… - Draco se mordía el labio para no chillar, aquello era una deliciosa tortura.

Cuando por fin el miembro rígido de Harry estuvo en el interior de Draco, éste se tomó unos segundos para amoldarse a ello, después comenzó a moverse sobre Harry, con movimientos lentos y rítmicos, ayudado por las manos del moreno. Las embestidas se hicieron más y más profundas, llegaron a un punto en el que todas eran certeras para Draco y éste gritaba y jadeaba sin control preso de una excitación y placer desmedidos.

Harry besaba y mordía el pecho de Draco para acallar sus gemidos, no quería oírlos, sólo quería oír a Draco jadear y gemir su nombre, aquello le volvía loco. Soltó su mano derecha de la cadera de Draco y la llevó al miembro de éste, comenzó a masajearlo intentando seguir el ritmo desbocado que Draco había emprendido.

Mmmmm… Síiii… mmmm – Draco arqueaba su espalda aferrándose a los laterales de la bañera, gritando como poseído.

¡DIOS! – gritó Harry corriéndose en el interior de Draco, apuró su mano e hizo que su rubio terminara tras él.

HARRY… - gritó el rubio, desplomándose después sobre el pecho del otro.

Te amo – le susurro al oído.

Harry, esto no es descansar.

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(Sé que dije que no me iba a meter en la mente de Dorian hasta la mitad de la historia o así, pero… no puedo adoro a este niño… espero que os guste).

Bufff, pero qué niña más imbécil, alguien debería decirle a sus padres que les timaron, no se puede ser más tonta, de verdad. Será mejor que me vaya de aquí antes de que pueda encontrarme otra vez y soltarme de nuevo "Dorian, qué lindo te ves hoy". No, tengo yo bastante con aguantar a la cursi de mi hermana, como para encima aguantar a esa mocosita que babea por mí, porque, sí lo hace, cosa que me parece normal, soy guapo, ¿quien no babearía por mí? Pero por lo menos podría disimularlo, ¿no?

Desciendo los escalones de dos en dos, paso por el hall vacío y me encamino hacia el jardín, con un poco de suerte mis tíos estarán ocupados y yo podré salir a volar un rato sin supervisión. Que manía tienen con que soy demasiado pequeño para volar yo solo. Tengo 11 años, no soy como Robbie o ese grito con patas que es Soul. Salgo al jardín y, mirando hacia ambos lados, compruebo que no hay nadie.

¡GENIAL! – exclamo feliz, saco la escoba reducida de mi bolsillo – Engorgio – susurro, y la escoba vuelve a su tamaño natural.

Estoy seguro de que si papá se enterara de que hago magia sin varita me castigaría al menos 3 meses, ¡qué manía con que soy demasiado pequeño! Demasiado pequeño para volar solo, demasiado pequeño para hacer magia sin varita… ¡qué sabrán ellos!

Monto en la escoba y, dando una patada en el suelo, me elevo por los aires, asciendo unos 10 metros y dejo que el aire golpee mi rostro. Papá tiene razón, no hay mejor sensación que ésta, pero eso nunca se lo voy a decir, sino creería que lleva la razón en todo y se pondría más gryffindor aún, casi tanto como Mya.

Por minutos sólo estamos la escoba y yo, aprovecho para hacer giros y piruetas que no me dejan hacer cuando estoy siendo vigilado, desciendo en picado y giro a la derecha justo un par de metros antes de chocar contra el suelo.

No deberías volar tu solo – ¡JODER!, vaya susto – eres demasiado pequeño.

Perdona, pero no creo que tú seas muy mayor, ¿no? – ni siquiera le miro, total sólo vendrá a quedarse conmigo, antes era mucho más divertido venir a su casa pero, desde que entró en la escuela y se convirtió en un leoncito, se ha vuelto insoportable.

De momento tengo 6 años más que tú.

Guahhh, qué mayor – le digo acelerando el vuelo para alejarme.

¡DORIAN! – le oigo gritar – ¡VUELVE, no deberías volar solo.

Piérdete, Adam – acelero todo lo que la escoba da de sí, quiero alejarme de él, ahora ya no soporto tenerlo al lado. Antes me gustaba su presencia, recuerdo incluso suplicarle a papá para que me trajeran a su casa diciendo que quería pasar más tiempo con Jason, pero era mentira yo sólo quería estar con él. Era el único que no me trataba como una figurita de cristal, fue él quien, con 7 años, me enseñó a volar, me enseño las acrobacias, pero ahora, ahora ya no entraba en sus planes pasar el tiempo con "alguien demasiado pequeño", prefería pasar el tiempo con los estúpidos de sus amigos, que lo único que hacían era ir detrás de las chicas y babear como imbéciles.

Un momento, ¿es eso lo que pasa cuando te haces mayor? ¿Que dejas de querer volar con tus amigos para babear por chicas como Rorie? ¡BUAHGGG! Si definitivamente eso es hacerse mayor, prefiero ser demasiado pequeño para todo.

Te coji – sentí su mano en mi hombro y una especie de descarga me recorrió la espalda, me volteé y me quede mirándole embobado. La luz de la luna se clavaba en sus ojos azules y los hacía brillar de una manera asombrosa, el viento hacía que pelo le cayera por la cara – ¿estás bien, Dorian?

Sí – me solté de mi agarre y descendí lo más rápido que pude.

Cuando mis pies tocaron el suelo lo sentí detrás de mí.

¿En serio estás bien, enano? – me revolvió el pelo.

No me toques – me aparté bruscamente de él – y no soy un enano.

De momento para mí lo eres – sonrió de medio lado y entró en la casa antes que yo.

Me quedé mirando como caminaba, sin saber muy bien qué pensar o qué decir. Sólo con algo claro en la cabeza. Algún día no sería demasiado pequeño para él.