Descanso

Palabras: 501

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Noin se arrimó más contra el cuerpo del rubio, aunque esto era ya casi imposible. Zechs correspondió el movimiento apretando aún más el abrazo y descansando la barbilla sobre la cabeza de la morocha que descansaba sobre su pecho. Aquello estaba muy bien. La aburrida programación del domingo servía de escusa para poder arrebujarse en el sofá de la sala buscando el cuerpo del otro entre abrazos. Era cálido, reconfortante.

Normalmente, o debería decir, antes de aquel beso en la madrugada, ellos solían sentarse los domingos en la tarde frente al televisor en busca de un momento de simple ocio. Lucrezia prefería hacer zapping aburrida por los más de cien canales, viendo fragmentos aquí y allá, una comedia latina, alguna película antigua, algo de deporte, caricaturas, y cuando volvía a la comedia latina la protagonista ya se había casado divorciado vuelto a casar y salvado al hombre de su vida en medio del ínterin, y quedado embarazada, por supuesto. Zechs prefería pasar de los culebrones vespertinos, y se sentaba en uno de los extremos del sofá leyendo algún libro que hubiera comprado recientemente, y cuando se aburría, gustaba de molestar a Noin imitando las voces de los personajes y nombrando sus chiquicientos nombres. Lo más cerca que habían quedado el uno del otro en esas ocasiones, era cuando Lucrezia prefería acomodarse a lo largo del sofá y descansaba los pies encima de las rodillas del rubio.

Y allí estaban, luego de un par de besos, ya eran capaces de arrebujarse el uno contra el otro como una pareja de novios eternos.

Ciertamente Lucrezia creía que se habían salteado un par de pasos, para pasar de un casto beso nocturno a una actuación de casados. Pero casi enseguida se había convencido que más que saltarse pasos los habían cambiado de orden, ya que a fin de cuenta las promesas, las esperas y la convivencia, hacía años que estaban más que presentes en sus vidas.

Finalmente cuando el noticiero de las dieciocho treinta dio inicio Lucrezia apagó el televisor. Ciertamente nada quería saber del mundo real, ese si que era problemático. Por ese día prefería resumirse al mundo miniatura que suponía su departamento y su vida con Zechs. Así que antes de que se quejara diciendo que había apagado el aparato en el horario en el que daban la única programación decente, Lucrezia se irguió entre los brazos del rubio para besarle los labios por propia iniciativa.

Besar a Zechs suponía una experiencia dicho escuetamente: exuberante. Los sueños no representaban la vida real, y si Lucrezia había soñado poco hasta el momento, no volvería a hacerlo jamás. Las fantasías jamás habían parecido tan lejanas de la realidad que era alarmantemente buena. Genial.

Cuando lo labios comenzaron a desviar el recorrido hacía otras zonas más erógenas Lucrezia recordó algo muy importante.

-Zechs-Comenzó imposibilitando al rubio de continuar.-Es domingo.-Dijo seriamente mirándolo a los ojos.

Zechs pareció desconcentrado unos minutos y luego frunciendo el seño con fastidio y tirando la cabeza hacia atrás murmuró:

-Las compras.

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N.A¡Feliz navidad¡Espero que les guste¡Y pasen felices fiestas¡Nos vemos el años que viene! (O quizás antes)

AnneNoir