LAS GUERRERAS MAGICAS
CAPITULO 5 – RAFAGAS DE VIENTO
Recién habían llegado al castillo, Lucy, Presea y Ráfaga se vieron envueltos en una batalla, en la cual solo Ráfaga participó. Paris, quien dirigía a un ejército de monstruos, atacó el castillo y se enfrentó a Latiz y a Zagato. Después de una larga lucha, Paris se retiró con su ejército, dejando muchas dudas en el aire. Luego de conocer a GuruClef, Lucy se encontró con Anaís en los jardines del palacio, y finalmente, guiada por Anaís, Lucy conoció a la princesa Esmeralda. Pero hay una fuerza maligna que crece en Céfiro y nadie sabe que es lo que sucederá.
-¿Cómo se encuentra?- le preguntó Lucy a GuruClef mientras él salía de la habitación del pilar.
-Por el momento se encuentra bien.- respondió cansado- ¿Estas segura de que se desmayó sin razón alguna?
-Si.
-¿Había alguien más en la habitación?
-No, solamente estábamos Anaís y yo.- respondió Lucy extrañada por las preguntas de GuruClef.
GuruClef dejó a Lucy y desapareció en un pasillo. Lucy esperó un rato más fuera de la habitación del pilar y luego se dirigió al comedor, donde Anaís y Presea esperaban noticias sobre la princesa.
-Lucy ¿Qué pasó con la princesa?- preguntó Presea al ver que Lucy entraba.
-¿Ya está mejor?- le siguió Anaís.
-GuruClef dice que ya no hay peligro, aunque no sabe que es lo que le pudo provocar ese desmayo a la princesa.- respondió Lucy afligida.
-Es muy extraño.- comentó Anaís.
-Demasiado extraño.- dijo Presea- Nunca antes le había sucedido esto a la princesa.
-Tal vez está enferma.- sugirió Lucy.
-No lo creo.- dijo Presea.
-¿Creen que esté relacionado con el ataque al castillo?- comentó Anaís.
Presea se quedó callada, meditando lo que Anaís dijo. En ese momento, sus pensamientos fueron interrumpidos por una mujer que gritaba desde el pasillo y que se acercaba al comedor.
-¡Presea!- gritó la mujer al verla.
-¿Eres tú Caldina?- preguntó Presea al reconocer a la mujer.
Caldina era una mujer muy esbelta, de piel morena y suave. Su cabello era corto y tenía un color rosado. Vestía un traje negro de una pieza y una capa blanca. También usaba unos guantes negros y unos zapatos del mismo color.
-¡Claro que soy yo!- contestó exaltada.
-¿Te encuentras bien Caldina?- le preguntó Anaís al ver lo agitada que estaba.
-Desde luego, es la princesa quien me preocupa.
-Entonces ya te enteraste.
-¿Enterarme? Pero si eso es lo único que se comenta en todo el castillo. ¡Esto es increíble! Algo muy extraño está sucediendo aquí.
-Concuerdo contigo.
-¡Tengo una estupenda idea!- gritó Caldina dando un pequeño salto- Le prepararé a la princesa un té medicinal para que se recupere de inmediato.
-Esa es una buena idea.- sonrió Anaís- Sabes Lucy- dijo al acercarse y hablarle casi al oído- Caldina es algo presumida pero tiene un buen corazón y siempre se preocupa por los demás.
-Ahora que recuerdo…- se decía Caldina así misma- Necesitaré un poco de especias de Haule, pero la última porción la utilice la semana pasada para curar a un soldado que había sido atacado por una criatura.
-¿Dónde se consiguen esas especias?- se atrevió a preguntar Lucy.
-En la aldea de Talim.- Caldina se acercó a Lucy y la recorrió detenidamente con la mirada- No me eres familiar¿quién eres?
-Descuida Caldina, ella viene conmigo.- dijo Presea- Su nombre es Lucy, es una amiga que conocí en el Bosque del Silencio.
-Ya veo. ¿De donde eres? Nunca había escuchado ese nombre, y tu tipo de ropa tampoco me parece conocido.
-Yo vengo de…- tartamudeó Lucy.
-Eso no tiene importancia.- interrumpió Caldina.
-Creo que por esta vez dejaremos pendiente la conversación.
-Caldina, dime donde puedo conseguir las especias y saldré de inmediato a buscarlas.- dijo Anaís.
-Ya les dije que en la aldea de Talim. Se encuentra a un par de horas de viaje, hacia el norte. El viejo Kant es el único que las cosecha. Pero ¿por que quieres ir tan lejos solo para buscar las especias? Aquí tenemos mensajeros que pueden traerlas.
-He estado mucho tiempo dentro del castillo. No me caería mal un poco de aire fresco del exterior. Además, me gustaría conocer la aldea.
-¿Por qué no llevas a Lucy contigo?- sugirió Presea- Tanto alboroto en el castillo debe cansarte¿no Lucy?
-Un poco.- confeso apenada.
-Ya es un poco tarde. Será mejor que esperen hasta mañana.- Caldina dio media vuelta y caminó a la salida.
-No.- dijo Anaís y Caldina se detuvo- Partiremos enseguida. Si no regresamos antes de que anochezca podemos quedarnos en la posada de la aldea.
-Muy bien. Yo me encargaré de avisarle a GuruClef.
-Creo que yo iré a la habitación sagrada como me pidió GuruClef.- añadió Presea.
-¿Qué quieres decir que vas a ir a la habitación sagrada?- preguntó Caldina- Sabes que nadie puede entrar ahí a menos que… ¡ah!- Caldina se exaltó al ver el paquete que llevaba Presea.
-Si me disculpan chicas, me retiró.
Presea salió del comedor mientras Caldina la seguía y la molestaba con cientos de preguntas relacionadas con el paquete y la habitación sagrada.
-Lucy, espérame en la entrada del castillo. Tengo que ir a cambiarme esta ropa, no puedo salir de viaje con un vestido como este.- sonrió Anaís.
-Muy bien.- Lucy también le sonrió e hizo lo que Anaís le pidió.
Lucy tardó un poco en encontrar la entrada principal, pues aún no se acostumbraba a la gran cantidad de pasillos y corredores. Cuando por fin llegó, se encontró con dos personas que discutían en la entrada. Uno de ellos era Latiz, y el otro era un muchacho de cabello corto blanco y bien parecido. Usaba un traje negro entallado con una capa blanca que cubría la mitad de su cuerpo. Lucy no pudo escuchar nada de lo que estaban hablando, y después de unos segundos, el muchacho de cabello blanco abandonó el castillo mientras Latiz caminaba con dirección a Lucy. Ella no supo que hacer, pensaba que cuando estuviera frente a ella él le reprocharía el que estuviera espiando, sin embargo, Latiz se detuvo a unos pasos de distancia de ella sin decir nada.
-Lo siento.- tartamudeó Lucy.
Latiz la miró seriamente y no dijo ni una sola palabra. Luego levantó la vista y continuó caminando. En ese momento, Anaís llegó a donde se encontraba Lucy, esta vez vistiendo una falda y un chaleco de color verde claro, un par de botines y un guante en su mano izquierda. El guante tenía un diseño nuevo para Lucy, un anillo que entraba en el dedo medio se unía a la tela blanca que cubría el dorso de la mano hasta la muñeca, y en el centro tenía una gran gema de color esmeralda. También llevaba puesto una armadura muy sencilla, similar a la de Presea, consistía en un peto pequeño de una pieza que rodeaba el torso de Anaís y un espaldaron redondo unido al peto en su hombro izquierdo.
-Estoy lista.- sonrió Anaís.
Lucy solo asintió y luego las dos salieron caminando por la entrada.
En un rincón escondido de Céfiro, se ocultaba la fortaleza del emperador Megas, y en el corazón de la fortaleza había una habitación redonda, de un lado estaba la entrada a la habitación y del otro lado había una escalinata que conducía a un trono de gran tamaño con forma de una garra, cuya palma era el asiento. Un río de agua clara corría por el centro de la habitación, limitando a todos los que entraban de acercarse al trono.
-¿Cómo va todo Nova?- le preguntó el emperador Megas desde su trono a un hombre de cabello largo y blanco.
-De acuerdo al último informe de Paris, la situación en el castillo de Céfiro se vuelve cada vez más tensa. Todos están preocupado por el estado de la princesa Esmeralda, y las defensas del castillo están bajas.
-Me parece perfecto.- rió Megas.
-¿Debo ordenar el ataque, señor?
-Si no mal recuerdo, Paris se encuentra en la aldea de Talim¿no es cierto?
-Así es. Ha estado ahí desde la última batalla.
-Tengo una idea. Dile a Ascot que envíe un par de criaturas a esa aldea. Mientras Paris esté ahí, él se encargará de dirigirlas. Naturalmente GuruClef enviará a Latiz o a Zagato para controlar la situación, y entonces atacaremos el castillo. Si separamos a los hermanos, será más fácil deshacernos de ellos.
-Es una idea brillante, señor. Me encargaré de que todo esté listo.
Nova hizo una reverencia y salió de la habitación. Después de que salió, Alanis, una mujer de cabello oscuro y vestida con un traje negro, entró en la habitación
-Emperador Megas.- dijo Alanis respetuosamente mientras se hincaba frente al emperador.
-¿Qué sucede Alanis?
-Parece ser que la espada Valis ha sido devuelta al castillo de Céfiro.- Megas cerró los ojos y Alanis continuó- ¿Cree que GuruClef o la princesa Esmeralda sospechen de nuestros planes?
-Es posible.- Megas se levantó de su trono y bajó hacia el río- Si la espada ha sido devuelta a su recinto sagrado, eso quiere decir que la princesa tiene pensado escoger a sus tres guardianes.
-Sin duda, Latiz y Zagato serán escogidos por la princesa, pero aún falta otro.
-No te preocupes Alanis. Le he dado instrucciones a Nova sobre lo que debemos hacer. Lo único que falta es esperar.
-Pero señor, yo tenía un plan que…
-¿Estas cuestionando mi decisión Alanis?- dijo Megas con voz severa.
-No señor.- Alanis se puso de pie e hizo una reverencia- Estaré al pendiente de la situación.
-Ahora, déjame solo, necesito guardar mis energías para cuando llegue el momento de luchar.
Megas regresó a su asiento mientras Alanis abandonaba la habitación.
-¿Qué llevas ahí?- le preguntó Anaís señalando la mochila en la espalda de Lucy.
Desde que llegaron al castillo, Lucy no se había quitado la mochila, incluso hubo momentos en los que su cuerpo se acostumbro al peso y olvidó que la llevaba consigo.
-Es mi mochila de la escuela.- Lucy se detuvo y se la mostró a Anaís.
-Nunca antes había visto una de estas. ¿Y que llevas adentro?
-Pues…algunos cuadernos, unos lápices y…
Lucy encontró en el fondo de su mochila la pequeña bolsa que contenía los tres cristales que había comprado en la torre de Tokio.
-Estoy segura de que regresaré a casa.- pensó.
Faltaban escasas dos horas para que oscureciera, pero la distancia que les faltaba por recorrer era muy poca. Después de cruzar un pequeño bosque, Lucy y Anaís vieron a lo lejos las luces de la aldea que eran encendidas justo antes de la puesta de sol. Algunos sonidos extraños que provenían del bosque, hicieron que ambas chicas corrieran a la aldea para refugiarse.
La aldea tenía alrededor de treinta casas, un pequeño restaurante y una posada. Además, en la plaza de la aldea había una gran fuente, adornada con una estatua de la espada Valis en lo más alto. Las casas eran pequeñas, y a juzgar por su tamaño, Lucy supuso que no tendrían más de tres habitaciones. Algunas casas también servían de tiendas de alimentos o medicinas, y dos especialmente eran un bar y una herrería.
Como ya era de noche, Lucy y Anaís no tuvieron más opción que entrar a la posada para descansar después de su largo viaje. Anaís se acercó al mostrador mientras Lucy esperaba sentada en uno de los sillones de la sala.
Mientras Anaís hablaba con el dueño de la posada, entró por la puerta un muchacho de cabello verde. Lucy no se percató de su presencia, y él se paró junto Anaís.
-¿Tiene alguna habitación libre?- le preguntó el muchacho al dueño.
-Lo siento, pero la última habitación se la he dado a esta jovencita.- contestó el dueño mirando a Anaís.
-En ese caso buscaré otro lugar donde pueda dormir.
Anaís pudo sentir la mirada le muchacho sobre ella, y cuando volteó, sus miradas se cruzaron. Al principio Anaís se quedó inmóvil, y luego el muchacho desapareció por la puerta de la posada.
Lucy, que había estado leyendo algunas notas de sus cuadernos, no se dio cuenta de lo que pasó, así que cuando Anaís la llamó para que entraran al cuarto, ella actuó como si nada.
La noche transcurrió tranquila y en silencio, solo el sonido de las hojas de los árboles que se mecían con el viento rompían el silencio con si singular arrullo. Lucy dormía despreocupada en su cama, pero Anaís permaneció despierta un rato, pensando quien podía ser aquel muchacho y por que se sentía tan extraña de solo pensar en él.
A la mañana siguiente, Lucy y Anaís se levantaron muy temprano con la intención de regresar lo antes posible al castillo. La apariencia de la aldea cambió bastante de la noche a la mañana, pues al salir de la posada, las chicas vieron una gran cantidad de personas que iban y venían por todas partes. El atuendo de la gente era muy variado, lo que dejaba en claro que algunos eran visitantes de las aldeas vecinas.
-Hay que darnos prisa Lucy.- sugirió Anaís.
-¡Si!- dijo muy animada- Pero… ¿Tú sabes dónde venden las especias de Haule?
-Recuerdo que Caldina dijo que el único que las vendía era un hombre llamado Kant.
-En ese caso ¡vamos a buscar al señor Kant!- dijo Lucy con el mismo entusiasmo
Caminaron un rato entre las casas buscando al señor Kant, preguntaron a varios aldeanos y ellos les indicaron que vivía en la última casa de la aldea. Cuando Anaís y Lucy encontraron la casa se acercaron y tocaron la puerta, pero nadie contestaba.
-¡Que mala suerte!- dijo Anaís- Parece que no está en casa.
-¡Mira!- Lucy se agachó y recogió una pequeña nota que se había desprendido de la puerta.
-"Salí de viaje. Regreso en dos semanas. Sr. Kant Taki"- leyó Anaís la nota- ¿Y ahora que hacemos Lucy?- Anaís perdió de vista un segundo a Lucy, y luego la encontró trepando a un árbol junto a la casa del señor Kant- ¿Qué estas haciendo Lucy?
-Voy a entrar a la casa por la chimenea.- sonrió.
-Pero no esta bien entrar a la casa de otra persona sin su permiso.- la reprendió Anaís.
-No te preocupes, le dejaremos una nota y el dinero. Además no creo que se enfade por que las especias son para la princesa Esmeralda.
-Está bien, pero ten cuidado.
Lucy trepó ágilmente entre las ramas del árbol, y una vez que alcanzó la altura necesaria, saltó al techo de la casa. Luego entró en la chimenea, la cual era muy grande y amplia, y apoyando su cuerpo contra los muros, descendió lentamente hasta llegar al suelo.
El interior de la casa estaba empolvado y desordenado, no parecía que el señor Kant se hubiese ido por dos semanas. Lucy buscó en algunas cajas que había en la sala y encontró varios frascos, cada uno etiquetado con el nombre de lo que contenía. Lucy se alegró al encontrar el frasco etiquetado como "Especias de Haule". En cuanto Lucy las guardó en su mochila, escuchó un gran alboroto que venía del exterior. Cuando miró por una de las ventanas, se dio cuenta que varias criaturas estaban atacando la aldea. Durante el ataque, una de las criaturas lanzó un rayo con dirección a la casa del señor Kant. Lucy apenas tuvo tiempo de tirarse al suelo para protegerse. Luego de una explosión, Lucy removió los escombros que estaban sobre ella y salió de la casa.
Anaís, junto a un grupo de aldeanos, trataban de detener a las criaturas con palos y rocas, pero éstas eran muy fuertes y apenas prestaban atención a los pequeños ataques de los aldeanos. Desde la copa de un árbol, Paris solo observaba y esperaba a que las criaturas terminaran su trabajo. En una rama opuesta a donde Paris estaba, apareció otro sujeto.
-Cada vez mejoras en tu control sobre las criaturas, Paris.- le dijo el recién llegado.
-¿Qué quieres Ascot?- dijo Paris molesto.
-Solo vengo a asegurarme de que mis amigos se encuentren bien.- contestó Ascot refiriéndose a las criaturas.
-¡Ja! No pierdas tu tiempo aquí, yo me ocuparé de que todo salga como el señor Megas quiere.
-¡Más te vale! Y si algo malo le pasa a uno de mis amigos, te haré pagar.
Dicho esto, Ascot desapareció y Paris se volvió a quedar solo. Mientras tanto, Lucy recordaba lo que había aprendido sobre el uso de la magia, y creyó que era buen momento para ponerla en práctica, levantó su mano y se dispuso a invocar su hechizo, pero entonces, una criatura nueva saltó detrás de ella y la golpeo, lanzándola contra el suelo y dejándola inconsciente.
Anaís pudo sentir que algo andaba mal, buscó a Lucy con la mirada y a lo lejos pudo ver a una criatura que se acercaba amenazadoramente sobre su amiga. Anaís se alejó del grupo de aldeanos y corrió a donde estaba Lucy, pero la distancia era demasiada y no podría llegar a tiempo.
-Anaís…
Anaís pudo escuchar una voz dentro de su cabeza que la llamaba, pero esa voz le resultaba muy familiar.
-¿Princesa Esmeralda?- atinó a decir.
-Debes ayudar a tu amiga. No puedes permitir que la lastimen.- dijo la princesa suavemente.
Anaís detuvo su carrera y notó que poco a poco el movimiento a su alrededor se hacía más lento, como si el tiempo se alentara.
-Busca dentro de tu corazón. Tú sabes que tienes el poder necesario para salvarla.
-Pero solo lo he hecho una vez, y no sé como volver a hacerlo.- reprochó Anaís.
-La fuerza de tu corazón te ayudará a defender a tus amigos y a destruir a tus enemigos. Solo debes concentrarte y enfocar tus sentimientos.
Lentamente, Anaís cerró sus ojos y levanto ambos brazos. El tiempo volvió a correr normalmente, la criatura alzó su garra y justo antes de que lastimara a Lucy, Anaís hizo un rápido movimiento de brazos hacia abajo.
-¡Ráfagas de Viento!- dos corrientes de aire se formaron alrededor de ella, y luego avanzaron velozmente sobre Lucy y la criatura.
Una de las corrientes envolvió a Lucy y la protegió del golpe de la criatura, la segunda corriente levantó a la criatura en el aire y la dejó caer desde lo alto. El alboroto despertó a Lucy, y lo primero que escuchó fue la voz de Anaís, preguntándole si se encontraba bien.
El ataque de Anaís había levantado una nube de polvo, y Paris, desconcertado, se apresuró a ver que era lo que estaba sucediendo.
Una vez que Lucy se levantó ambas chicas se miraron mutuamente y sonrieron, luego apuntaron sus manos hacia las criaturas restantes e invocaron sus hechizos.
-¡Flecha de Fuego!
-¡Huracán Verde!
Muchas criaturas fueron eliminadas por la magia de fuego y de viento, y las restantes huyeron, adentrándose en el bosque. Paris había permanecido escondido entre los escombros de una casa, y luego de ver que su plan había sido estropeado, se alejó con dirección a la fortaleza del emperador Megas.
-¡Hurra, lo logramos!- gritaba Lucy.
-Lo hicimos bien¿verdad Lucy?- dijo Anaís.
Los aldeanos, que salían de sus casas o sus refugios, aplaudieron la hazaña de las dos jovencitas, y ellas no atinaron a decir nada.
-Lo lamento señor Megas, esta fue una situación totalmente inesperada.- se disculpaba Paris frente al emperador en la habitación del trono.
-Parece ser que hay otras personas, aparte de las que habitan en el castillo, que pueden usar magia.
-Le pido que me disculpe señor, pero le prometo que si me da otra oportunidad…
-¡Ha ha ha ha!- lo interrumpió Alanis- Era de esperarse que un inepto como tú fracasaría en una misión tan sencilla.
-¿Qué demonios haces aquí Alanis?- reprochó Paris.
-A diferencia de ti Paris, yo no me limito a seguir los planes de los demás.- se acercó al río que separaba la puerta de entrada del trono de Megas y se arrodilló- Con tu permiso señor, quisiera poner en marcha mi plan. Te aseguro que en un abrir y cerrar de ojos eliminaré a Latiz y Zagato y a cualquiera que se interponga en mi camino.
-Muy bien.- Megas rió entre dientes y se dio la vuelta.
Paris y Alanis salieron de la habitación, y en la entrada estaba recargado un muchacho vestido con un traje blanco con franjas verdes, un sombrero negro amplio, del cual solo salía el fleco de cabello que cubría sus ojos, al parecer estaba esperando a Paris, pues Alanis pasó de largo.
-Creí haberte dicho que cuidaras a mis amigos.- dijo Ascot.
-De no haber sido por que tus criaturas son tan débiles, mi misión hubiera sido todo un éxito.- sonrió Paris y Ascot apretó su puño molesto.
-De no ser por que eres el juguete favorito del emperador Megas, te mataría aquí mismo.
-No te tengo miedo.- ambos se miraron desafiándose.
-Si yo fuera tú me cuidaría la espalda la próxima vez que salga de la fortaleza.- dijo Ascot mientras se alejaba.
-Di lo que quieras.
-¡Cuida tus palabras chico listo! La próxima vez que te vea pagarás por haber dejado morir a mis amigos.- dicho esto, Ascot desapareció y Paris permaneció inmóvil, planeando la manera de vengarse de aquellas niñas.
(Fin del Capítulo)
Hola a todos de nuevo! Ya estoy de regreso. Perdón por no haber actualizado antes, pero he estado bastante ocupado con la puesta en escena de una obra, y no había estado en mi casa, pero creo que las cosas se van a aligerar, y ya voy a poder escribir más tranquilo.
Como va el fin? les gusta? eso espero, por quesi no...se aguantan. ¡ha ha ha! No es cierto, si algo no les gusta, les pido que me digan para que locambie. Y sigan dejando reviews para saber que debe llevar la historia. Lo que me recuerda, con quien les gustaria que se quedaraMarina, con Ascot o con GuruClef?
Ya tengo varias ideas paralos siguientes capítulos,pero no me caería mal una ayudadita.
Luna: Gracias por tu review. Si, tienes razón, creo que el próximo capítulo lo haré más romántico y menos problemático para las chicas. Quisa también salga a escena Marina, pero eso aún no lo decido.
Ceres: Gracias por tu review. Aún no estoy convencido si Lucy debe quedarse con Latiz o con Aguila. Aunque estoy de acuerdo de que con Latiz hacen la pareja perfecta, supongo que Aguila se merece una oportunidad. Pero creo que eso lo decidicré conforme avance el fic y de acuerdo a los próximos reviews que dejen.
Mizaki Nekozuki Shidou: Gracias por tu review. El concepto de Paris como villano no es nuevo, aunque si interesante. Respecto al pasado de Anaís, lo más seguro es que lo revele en el próximo capítulo.
Por el momento es todo. Nos leemos luego. Un saludo a todos los lectores.
