LAS GUERRERAS MAGICAS
CAPITULO 6 – UN ENCUENTRO INESPERADO
Lucy y Anaís habían viajado a una aldea con la esperanza de encontrar unas especias que Caldina necesitaba para prepararle un té medicinal a la princesa Esmeralda. Durante su estancia en Talim, la aldea fue atacada por varias criaturas enviadas por el emperador Megas y comandadas por Paris. Lucy utilizó su magia de fuego junto a la magia de viento de Anaís para derrotar a las criaturas y salvar a la aldea.
Anaís y Lucy decidieron permanecer en la aldea un poco más y ayudar a sus habitantes a reconstruir las casas y reparar los daños ocasionados por las criaturas. El compañerismo y la solidaridad resaltaban entre todas las personas. Los cimientos y estructuras de muchas casas estuvieron terminados al atardecer.
-¡Mira Lucy!- dijo Anaís- Falta poco para que anochezca y aún no le hemos llevado las especias de Haule a Caldina.
-Es cierto.- se quedó pensativa- Será mejor que regresemos cuanto antes.
-¡Esperen!- les habló una mujer alta y gorda- ¿Por qué no se quedan esta noche? Les prepararemos un banquete por haber salvado nuestra aldea. También pueden quedarse en la posada completamente gratis.
-¡Gratis!- brincó Lucy con un singular brillo en sus ojos.
-Aguarda Lucy.- la detuvo Anaís- Si nos quedamos perderemos más tiempo y el estado de la princesa Esmeralda podría empeorar.
-No te preocupes Anaís. Estoy segura de que Presea y los demás la cuidarán bien. Además, sería una descortesía rechazar tan amable oferta.
-¡Que buena noticia!- exclamó la mujer y luego llamó a un niño- Avisa a las cocineras que comiencen a preparar el banquete¡esta noche habrá fiesta!
Ante el comentario de la mujer, todos los que la escucharon saltaron de gusto, dejaron sus herramientas y fueron a ayudar a la cocina o a arreglar la posada.
Mientras tanto en el castillo de Céfiro, Zagato, el guardia personal de la princesa Esmeralda, descansa de rodillas junto a la cama donde ella duerme. La luz de una pequeña vela, iluminaba débilmente la habitación, pero aún con tan poca luz, Zagato podía ver a la perfección el rostro de la princesa. La habitación recibió un poco más de luz del pasillo cuando Latiz abrió la puerta.
-¿Qué quieres Latiz?- dijo Zagato con voz seria.
-GuruClef desea hablar con nosotros en el salón principal.- respondió en el mismo tono.
-Ahora no. Déjanos solos.
-Zagato.- Latiz se acercó y apoyó su mano sobre el hombro derecho de Zagato- Sé cuanto desea ver que la princesa Esmeralda se recupere. Pero quedándote ahí sin hacer nada no va a ayudarla.
Zagato se puso de pie y avanzó hacia la puerta, luego se dio la vuelta y miró con ternura a la princesa.
-¿Sabes que es lo que le está pasando a Esmeralda?- Zagato cerró los ojos y Latiz solo levantó la ceja en señal de duda- Algo o alguien le está drenando su fuerza vital. Puedo sentirlo a través de sus manos. Es como una sensación de vacío que aparece y desaparece. Tú crees saber como me siento respecto a la princesa.- rió entre dientes- Solo cuando hayas amado a una persona con todo tu corazón sabrás realmente como me siento.
Zagato abandonó la habitación y Latiz permaneció un momento mirando a la princesa Esmeralda, pensando si serían verdad las palabras que su hermano mayor había dicho.
Cuando llegaron al salón principal, GuruClef se encontraba dando vueltas de un lugar a otro. Se acercaron a él y después de hacer una reverencia esperaron para escuchar lo que tenía que decirles.
-Latiz, Zagato.- comenzó a hablar- Les pedía que vinieran a hablar conmigo por que he descubierto algo terrible. La princesa Esmeralda, el pilar de este mundo está…
Caldina y Presea caminaban juntas por los pasillos del castillo, meditando en la situación en la que la princesa se encontraba.
-Es muy extraño ¿no crees Caldina?- comentó Presea para romper el silencio.
-Sí. El estado de la princesa no ha cambiado en lo absoluto. Por cierto, háblame un poco más de esa niña que venía contigo, la pelirroja simpática. ¿Cuál era su nombre?
-Lucy.- Presea se quedó un momento pensativa y después continuó- Pues a decir verdad no sé mucho de ella. Lo único que recuerdo es que me dijo que no era de Céfiro y que no sabía como había llegado aquí.
-Con que eso es…- dijo Caldina.
-¿Qué quieres decir?
-¿No te parece extraño el que esa niña haya aparecido poco antes de que la princesa Esmeralda se sintiera mal?
-¿Piensas que Lucy es la culpable?
-¡Yo no dije eso! Es solo que me parece muy raro todo lo que ha pasado, el ataque de las criaturas al castillo, el desmayo de la princesa, incluso GuruClef te pidió que devolvieras a Valis al castillo.
-En eso tienes razón, pero no creo que Lucy tenga algo que ver con todo eso.
-¿Has notado algo en especial en ella?
Presea recordó lo que sucedió en el Bosque del Silencio cuando Lucy utilizó su magia por primera vez. Sin duda eso era algo que la desconcertaba y preocupaba un poco, pero decidió no decirle nada a Caldina.
Al caer la noche, Lucy, Anaís y toda la aldea celebraba dentro y fuera de la posada con canciones, bailes y un gran banquete. No muy lejos, una sombra se movía ágilmente entre los árboles y la oscuridad, acercándose más y más a la aldea. Después de haber perdido la batalla con las criaturas, Paris regresaba a la aldea a buscar a las niñas que habían interferido en sus planes.
Anaís y Lucy estaban sentadas en el centro de la sala, platicando con varios aldeanos, interesados en saber quienes eran y de donde venían. La música y las charlas fueron interrumpidas cuando un anciano levantó su copa y llamó la atención de los demás aldeanos.
-Queridos amigos les ruego me escuchen.- comenzó a hablar con un poco de dificultad y todos lo miraron, incluso las personas que estaban fuera de la posada entraron para escucharlo- Esta noche es una noche muy especial. Más especial que cuando nuestro amigo Hynreck pescó el pez más grande en todo Céfiro, más especial que cuando Xayide ganó el concurso del platillo más exquisito en el castillo. Esta noche celebramos a nuestras dos heroínas, quienes salvaron a la aldea de Talim de un destino cruel y lleno de sufrimiento. Es por eso que les pido a todos que brindemos por estas valientes jovencitas.
Paris había visto la celebración y se acercó sigilosamente. Desde una ventana escuchó el discurso y buscó entre la multitud a las dichosas heroínas. Ahora que sabía exactamente quienes eran, se alejó y esperó el momento oportuno para atacarlas.
-¡Salud!- se escuchó las voces de todos los aldeanos mientras levantaban sus copas y bebían vino o jugo.
-¿Muriendo?- gritó Zagato molesto al escuchar las palabras de GuruClef- ¡Eso no puede ser, Esmeralda no puede morir así nada más!
-Te pido que te tranquilices Zagato.- le dijo GuruClef.
-Explícate.- le pidió Latiz.
GuruClef levantó su báculo y una gran esfera brillante apareció frente a los hermanos. En su interior se podía ver la imagen clara de una espada atascada en la pared de una cueva.
-La cantidad de energía del bien y el mal que hay en Céfiro está cambiando.- dijo GuruClef.
-¡No puede ser!- exclamó Zagato.
-Como saben, después de la batalla contra Rogles, el poder absoluto que estaba contenido en la espada Leethus le fue arrebatado por la espada Valis para luego convertirlo en fuerza del corazón, es decir, la energía del bien. Desde ese entonces, la energía del bien ha reinado en Céfiro y el pilar es quien protegía esa energía dentro de su cuerpo, con su vida propia. Al parecer hay alguien que quiere revivir aquella terrible guerra, y está utilizando su magia y fuerza para despertar a Leethus.
-Entonces ¿la espada de la imagen es Leethus?- preguntó Latiz.
-Así es.
-¡Imposible!- dijo Zagato- La espada Leethus fue destruida después de que Rayearth derrotó a Rogles.
-Te equivocas.- dijo GuruClef- Leethus no fue destruida. Mientras su gemela, Valis, no sea destruida, esa espada permanecerá intacta.
-Dime GuruClef, si eso es cierto ¿entonces por que no destruyen a Valis?
-Eso tampoco es posible. Desde el momento de su creación, ambas espadas fueron destinadas a portar con el destino de Céfiro, ya sea para bien o para mal. Si las espadas desaparecen, también Céfiro desaparecerá. Por ello, el pilar de ese entonces, la princesa Valia, decidió que Leethus debía ser escondida en algún rincón de Céfiro, con la esperanza de que nadie la encontrara, y Valis permanecería con nosotros.
-Pero eso no explica el sufrimiento de Esmeralda.- dijo Zagato.
-Para despertar a Leethus hace falta conseguir mucha energía y la princesa Esmeralda es la única que guarda esa energía. Aquel que quiere despertarla, ha utilizado un hechizo que esta robando la energía vital de la princesa, transformándola en energía maligna con la cual alimenta a Leethus.
-Eso quiere decir que si esto continúa, la princesa va a…- dijo Zagato y luego corrió hacia la salida.
-¿A dónde vas?- lo detuvo GuruClef.
-Voy a terminar con esta locura de una vez por todas.
-¡Espera! No puedes enfrentarte al enemigo sin siquiera conocerlo.
Pero Zagato no escuchó sus palabras y abandonó el salón. Detrás de él también salió corriendo Latiz para intentar detenerlo. Antes de llegar a la salida, Latiz alcanzó a Zagato.
-¡Detente Zagato!- gritaba Latiz constantemente.
Zagato se detuvo de golpe y volteó a ver a Latiz.
-Tu mismo lo has dicho Latiz, no voy a ayudar a Esmeralda si me quedo aquí sin hacer nada.- dicho esto se dio la vuelta y siguió corriendo.
Latiz desvió la mirada y desenfundó su larga espada de doble filo. Zagato estaba por salir del castillo cuando Latiz lo detuvo con un poderoso hechizo.
-¡Centella Luminosa!- el rayo blanco golpeó a Zagato en la espalda y lo dejó inconsciente- Lo siento hermano, pero tampoco vas a poder ayudar a la princesa si arriesgas tu vida de una forma tan desconsiderada.
Al día siguiente, justo cuando el sol comenzaba a surgir detrás del horizonte, Anaís se levantó de la cama para dar un paseo antes de regresar al castillo.
-Pobre Lucy, está agotada.- dijo Anaís al ver a su amiga dormir tranquilamente- La despertaré cuando regrese.
Cuando salió de la posada se sorprendió al ver que casi toda la gente de la aldea ya estaba despierta. Los niños jugaban corriendo de un lado a otro mientras sus madres barrían las entradas de sus casas. A lo lejos se podían ver algunos sembradíos donde los hombres trabajaban.
-Tú debes ser Anaís.- le habló un muchacho de cabello verde- He escuchado mucho de ti.
Anaís recordó de inmediato aquella sonrisa, era el mismo muchacho que vio en la posada la primera noche que estuvieron ahí. De nuevo, se sintió extrañamente atraída.
-Debes ser muy fuerte para haber vencido a todas esas criaturas tu sola.- sonrió.
-No, fue mi amiga Lucy quien me ayudo a vencerlas.- también sonrió para ocultar sus nervios.
-¿Y donde está ella?- preguntó mientras la buscaba con la mirada.
-Lucy está en la posada, aún sigue durmiendo. Tuvo un día muy extenuante ayer.
-Será más fácil acabar con ellas si están separadas.- pensó.
-¿Pasa algo?- le preguntó Anaís al ver una expresión de alegría en el rostro del muchacho.
-No es nada.- rió- Solo me preguntaba si te gustaría ir a dar un paseo conmigo.
-Me encantaría.- contestó Anaís con una tierna sonrisa- ¿Cuál es tu nombre?
-Paris. Me llamo Paris.
En la posada, Lucy continuaba durmiendo, pero se movía de un lado al otro por un mal sueño que tenía.
-No… ¡Te venceré!... No le harás daño… Valis…- hablaba Lucy dormida.
Cuando dio un giro, cayó de la cama y se despertó confundida por lo sucedido. Se levantó y abrió una ventana para que entrara más luz a la habitación.
-¡Que bonito día! Anaís¿tú que opinas?... ¿Anaís?
Lucy miró la otra cama, pero estaba vacía. Se arregló el cabello y la ropa lo más rápido que pudo, se colgó su mochila y bajó a la estancia de la posada y preguntó al casero si había visto a Anaís, y el contestó que ella había salido unos minutos antes.
Paris condujo a Anaís al final de la aldea, y luego se adentraron poco a poco en un bosque cercano.
-¿A dónde vamos?- le preguntó Anaís.
-Es una sorpresa. Ya lo verás. Mientras, háblame un poco de ti.
-¿De mí?- se sonrojó- No soy una persona muy interesante.
-Eso no es cierto, apuesto a que tienes muchas cosas que contar. Dime ¿eres de alguna aldea vecina?
-Si… bueno, lo era.- Anaís bajó la cabeza y se quedó triste.
-¿Pasó algo malo?
-Fue hace un par de meses. Había una aldea situada al noreste de aquí. El nombre de la aldea era Amarganz.
Al escuchar el nombre de la aldea, la expresión en el rostro de Paris cambió, Anaís no se dio cuenta, pero parecía que Paris sabía algo sobre esa aldea.
-En esa aldea vivíamos mis padres, mi hermana y yo. Era una aldea muy pacífica, y teníamos buenas relaciones con las aldeas vecinas. Mi vida era tan tranquila y alegre. Hasta que una noche…- Anaís derramó una lágrima al hablar.
-¿Estas bien?- preguntó preocupado Paris- Si deseas no seguir hablando yo entenderé.
-Descuida. Siempre me pasa lo mismo. Cuando hablo con alguien me sirve para desahogar mi dolor.
-Como quieras.
-Una noche, mientras nos preparábamos para dormir, un numeroso grupo de criaturas mágicas atacó el pueblo, como sucedió el día de ayer. No recuerdo el tipo de criaturas que eran, pero lo que si recuerdo es el color rojo y amarillo de las llamas, consumiendo cada una de las casas, y con ellas, muchos de mis recuerdos.- Paris permaneció sin decir nada, solo escuchaba y pensaba- Nadie estaba preparado para ese ataque. Los pocos hombres que alcanzaron a recoger sus armas intentaron defender la aldea, pero ellos fueron los primeros en morir. Después las criaturas avanzaron sobre la aldea, destruyendo todo a su paso y deshaciéndose de todo aquel que se encontraran en su camino. Mi padre logró sacarnos de la aldea a mi hermana, a mi madre y a mí, pero cuando regresó para defender a las personas que aún quedaban, mi madre y mi hermana corrieron tras él. Yo me quedé un momento paralizada por el miedo, y luego corrí para estar con mi familia. Pero cuando llegué a la aldea, lo único que pude ver tras las llamas eran los cuerpos de mi padre y mi madre que yacían sin vida. Luego escuché el grito de mi hermana. La busque por todos lados, pero cuando la encontré ya no…
Anaís se tiró al suelo y comenzó a llorar amargamente, pero Paris ni siquiera se inmutó ante la reacción de la chica, solamente se paró junto a ella y continuó escuchando.
-En ese momento no había nada que hacer, no me quedaba nada… la aldea… mi familia…. Cuando vi que una criatura se acercó a mí, decidí esperarla para que también me quitara la vida. En ese momento escuché que mis padres y mi hermana me hablaban, los escuchaba dentro de mí y me decían "No te rindas. Debes luchar". La criatura saltó sobre mí y lo único que hice fue levantar mis manos y una ráfaga de viento me protegió. Esa fue la primera vez que use magia. La criatura intentó atacarme de nuevo, pero esta vez un rayo blanco la destruyó. Estaba muy cansada, lo último que recuerdo es que Latiz y Zagato estaban luchando contra las criaturas. Cuando desperté estaba en el castillo. GuruClef me explicó que no había quedado nada de la aldea y que si lo deseaba podía quedarme con ellos en el castillo. Y es ahí donde he estado viviendo hasta ahora, pero nunca había vuelto a utilizar mi magia hasta ayer.
Paris tenía la mirada perdida y no decía nada. Anaís se secó sus lágrimas y luego trató de cambiar un poco el tema.
-Creo que te aburriste de escucharme. No te culpo.- sonrió Anaís- Cuéntame algo sobre ti.- Paris reaccionó de golpe, volviendo en sí.
-¿Qué decías? Me distraje un momento.
-¿Puedes hablarme un poco de ti?
-Bueno… es que…
-Vamos, seguramente tu tienes una historia más interesante que la mía.
-Esta bien. Yo soy un espadachín. Me entrené junto a Ráfaga en el castillo de Céfiro.
-Eso quiere decir que vivías ahí.
-Sí. Pero hace poco pasó algo que cambió mi vida, y tuve que dejar el castillo.
Cuando llegaron a un claro, escucharon una risa siniestra que venía de los alrededores.
-Ascot.- murmuró Paris.
Arriba de ellos, flotando en el aire, estaba Ascot, mirando con desprecio a la pareja y riendo muy confiado de sus planes.
-Que hermosa coincidencia.- sonrió Ascot- Quien iba a pensar que nos encontraríamos tan pronto y en lugar como este.
-¿Qué haces aquí?- le reprochó Paris.
-He venido a vengar a mis amigos, que por tu ineptitud perdieron la vida ayer.
-¿De que está hablando?- intervino Anaís.
-No me importa si el emperador Megas se molesta conmigo por matarte Paris, pero al menos así mis amigos estarán a salvo de alguien tan estúpido como tú.
El suelo comenzó a temblar, y debajo de Anaís y Paris se formó una estrella de seis picos con líneas luminosas. Cuando la estrella estuvo terminada, una criatura emergió del centro.
-¡Ven a mí Ygrámul!- gritó Ascot invocando a la criatura- ¡Conozcan a mi amigo Ygrámul el múltiple!
La criatura que salió era muy extraña, pues no poseía una forma definida. A simple vista parecía ser una gran esfera. Paris retrocedió unos pasos y desenfundó una espada que cargaba en su espalda.
-Será mejor que te vayas.- aconsejó Paris a Anaís- Esta es una pelea personal.
-¡Ygrámul ataca!- ordenó Ascot.
Lucy aún estaba en el pueblo buscando a Anaís, preguntando por ella y revisando en cada rincón, pero no había señal de donde estaba. En ese momento un terremoto sacudió el suelo, y a lo lejos, en el bosque, Lucy vio como muchas aves huían del lugar.
-¡Anaís!- exclamó Lucy.
Paris saltaba de un lugar a otro, esquivando los ataques de Ygrámul. La esfera que había surgido de la estrella, se había convertido en un gigantesco escorpión que atacaba con su aguijón y sus tenazas. Paris levantó su espada y cortó una de las tenazas de Ygrámul. Cuando cayó al suelo, la tenaza se convirtió en pedazos pequeños y regresó al cuerpo de Ygrámul. Varias veces Paris daño a la criatura, pero esta se curaba y seguía luchando.
-¡Ha ha ha!- reía Ascot al ver los intentos de Paris por derrotar a la criatura- No te esfuerces Paris. Ygrámul es invencible. Solo espero que no te mate muy rápido, quiero divertirme un poco contigo antes de que mueras.
El escorpión Ygrámul volvió a convertirse en un esfera y luego cambió a una tarántula. Paris comenzaba a cansarse de esquivar los ataques, y se sentía frustrado al no poder herir a la criatura. Anaís había estado observando detenidamente a Ygrámul desde atrás.
-Será mejor que te rinda Paris. Si lo haces te prometo no hacerte sufrir tanto antes de matarte.
En un descuido, Paris bajo la guardia e Ygrámul lo golpeó con una de sus patas y lo lanzó contra un árbol. Cuando Paris levantó la vista, vio que Ygrámul lo iba a picar con su aguijón, pues se había transformado en un escorpión nuevamente. Paris trató de hacerse a un lado, pero su rápido aguijón le atravesó el hombro.
Desesperada, Anaís levantó la espada de Paris y cortó el aguijón de Ygrámul, pero éste volvió a unírsele.
-¡Eres una tonta!- le gritó Ascot- No tenía pensado matarte, pero ya que has intervenido tendrás el mismo destino que ese bueno para nada. ¡Ygrámul, acaba con ellos!
En ese momento, en el que Anaís estaba casi frente a frente con Ygrámul, se dio cuenta de que Ygrámul no era una criatura sino miles. Es por eso que podía cambiar de forma y regenerarse, pues los miles de bichos pequeños se acomodaban a su gusto.
-¡Mueran!
Ante la orden de Ascot, Ygrámul volvió a levantar su aguijón, pero Anaís usó primero su magia contra él.
-¡Huracán Verde!
Las fuertes corrientes de aire empujaron a Ygrámul hacia atrás. Con sus patas se sujeto del suelo, pero poco a poco el aire arrancaba a los bichos de su cuerpo y los arrastraba lejos y en diferentes direcciones, de modo que Ygrámul ya no pudo volver a regenerarse.
-¡No!- Ascot se sentía triste y furioso- ¡Me las pagaras niña estúpida!
Dicho esto desapareció del aire dejando una pequeña estela. Guiada por el alboroto, Lucy llegó a donde se encontraba su amiga.
-¡Anaís!
-Aquí estoy Lucy.- Anaís se había quedado junto a Paris curando su herida con ayuda de su magia, pero él estaba inconsciente.
-¿Qué pasó¿Te encuentras bien?
-Yo estoy bien, pero Paris fue herido.
Lucy reconoció a Paris en cuanto lo vio, era el mismo muchacho que había atacado el castillo junto a las criaturas.
-Anaís ¿qué haces con este muchacho?- le reprochó Lucy.
-Te lo explicaré después, ahora hay que llevarlo al castillo. Parece ser que la criatura le inyectó algún tipo de veneno.- Anaís tenía razón, pues el rostro de Paris estaba pálido y tenía fiebre.
-Pero ¿cómo llegaremos al castillo? Está muy lejos de aquí.
-No te preocupes.
Anaís se levantó y alzó su mano izquierda. La gema que estaba unida a su guante comenzó a brillar, y luego apareció Fyula frente a ellos.
-¿Fyula?- dijo Lucy sorprendida.
-Así es. Fyula nos llevará al castillo rápidamente.
Sin hacer más preguntas, Lucy ayudó a Anaís a subir a Paris al lomo de Fyula. De inmediato se elevaron y avanzaron velozmente hacia el castillo.
(Fin del Capítulo)
Un capítulo más, otra aventura más. Espero que les haya gustado. Para los conocedores, en este capítulo seguramente habrán notado que aparecen personajes (o al menos nombres) de la novela "La historia sin fin", y me refiero a Hynreck, Xayide e Ygrámul. No hay mucho que decir, así que pasemos a los agradecimientos:
Ceres: Creo que la voz del pueblo es unánime, todos quieren ver a Lucy y a Latiz juntos, así que les concederé su deseo, pero no crean que van a estar juntos sin que haya problemas entre ellos. Ya me las ingeniaré para darle más suspenso y emoción a la relación de est pareja.
Luna: Como ves ahora si pude actualizar pronto, espero que estes satisfecha. Tengo que decirle a todos los admiradores de Marina que me disculpen por no ponerla en este capítulo, pero la verdad aún sé donde la voy a meter, tengo la idea pero aún me falta detallarla. Voy a tomar en cuenta tu petición de que Marina se quede con GuruClef, lo que me deja el campo libre para hacer de Ascot un buen villano.
Yuki-ona: Detesto decepcionarte a ti y a todos los lectores, pero yo no soy escritora, soy escitor. Mi nombre es Angel. Si, se que es raro encontrar a un hombre que escriba este tipo de cosas, pero que le voy a hacer, soy un fan de esta serie ( y cuando digo fan es fan hasta los calcetines). Temo que tampoco podré cumplir tu petición de una Lucy ardiente con Latiz (T-T ), siento que eso le quitaría el romance a la pareja, además de que no me gustaría imaginarme a Lucy con ese tipo de actitud. Pero me alegro de que te guste mucho mi fic,y espero leer tus reviews en este y los siguientes capítulos.
Solo me queda decir que los personajes que faltan poraparecer(Marina, Aguila, y algún otro por ahí) es 100 seguro de que saldrán en el siguiente capítulo.
Por el momento es todo. Nos leemos luego. Un saludo a todos los lectores.
