LAS GUERRERAS MAGICAS
CAPITULO 8 –NIKONA
Varias cosas estaban sucediendo en el castillo. Anaís y Lucy había llevado a Paris al castillo para curarlo de sus heridas, luego GuruClef le contó a Anaís la verdad sobre la historia de Paris. Alanis se había atrevido a atacar el castillo ella sola. Por otro lado, una misteriosa chica intentó robar la espada Valis, pero Latiz pudo detenerla a tiempo. Después de un corto enfrentamiento contra Zagato, Alanis se retiró del castillo, pero antes de hacerlo, puso en marcha su temible plan.
En el salón principal, Zagato y Latiz le comunicaban a GuruClef lo que había sucedido respecto a Alanis y a la espada Valis. Por su parte, Lucy cuidaba de la chica que había intentado robar la espada, y Anaís, triste y desconcertada, se ocultó en los jardines del castillo para pensar sobre lo que GuruClef le había dicho sobre Paris.
Escondida en los alrededores del castillo, Alanis aguardaba pacientemente el momento para actuar con una sonrisa que mostraba su seguridad y confianza.
-Ya falta poco. El veneno de mis astillas de cristal pronto hará efecto en Zagato.- cerró los ojos y se abrazó así misma- Querido Zagato, lamento tener que hacerte esto, pero solo así te haré entender lo que yo sufrí cuando te negaste a aceptar mi cariño. Y aquella que me robó lo que yo más amaba, será la primera en morir.
Presea estaba de rodillas junto a la princesa Esmeralda, quien aún seguía dormida en su cama. El sueño de la princesa era profundo y tranquilo y no parecía que hubiese algo que la lastimara.
-No ha mejorado ¿verdad?- le preguntó Ráfaga mientras entraba a la habitación. Presea solo movió la cabeza sin decir nada- Pobre princesa. Me siento muy inútil al no poder hacer nada por ella.
-Tranquilízate Ráfaga. Ya verás que pronto todo saldrá bien.- sonrió Presea- Recuerda que ella es el pilar de Céfiro.
-Tienes razón, pero que tal si…- su oración fue interrumpida cuando Presea puso sus dedos sobre sus labios.
-No lo digas. Debemos tener fe en la princesa. Seguramente GuruClef ya sabe que es lo que está agobiando y en este momento está pensando en una solución.- luego le dio la vuelta y lo condujo a la salida- Será mejor que dejemos descansar a la princesa mientras arreglamos los destrozos en la habitación sagrada.
-Una vez más tienes razón.
En la habitación de Paris, Caldina miraba al muchacho detenidamente. La herida de su hombro ya había sido curada, pero aún quedaba un poco de veneno en su cuerpo lo que le impedía despertar.
-No entiendo por que estás luchando contra nosotros.- dijo Caldina- Siempre fuiste un buen niño. Tenías una buena relación con cada habitante del castillo y nunca diste problemas. Pero desde que Ascot apareció…- Caldina se molestó un poco al recordar a Ascot- Si lo tuviera frente a mí seguro le daría una paliza y lo borraría de la faz de Céfiro.
Paris se movió un poco y se quejó de su herida. Caldina cambió la compresa de agua fría en la frente de Paris y éste se tranquilizó un poco.
-Lo que más me sorprendió fue la noticia que trajeron Latiz y Zagato la noche que destruyeron Amarganz. Nunca me imagine que fueras capas de algo así. Pero, a pesar de que todos dejamos de confiar en ti, la princesa Esmeralda no dejó de creer en ti. Ella estaba segura de que tenía motivos para hacerlos. Yo nunca estuve de acuerdo con ella, incluso le dije que ninguna persona podía tener un motivo suficientemente bueno para cometer un acto de tal crueldad, sin embargo, ella seguía sonriendo cada vez que escuchaba tu nombre.- Caldina se dirigió a la salida y antes de cerrar la puerta volvió a mirarlo- Espero que la princesa se recupere pronto para que pueda verte, seguramente se pondrá muy feliz.
Mientras tanto, GuruClef le contaba a Latiz y a Zagato cual era su plan para resolver los problemas por los que Céfiro estaba pasando.
-Estoy muy preocupado. Debemos actuar de inmediato.- insistía Zagato- Los ataques a las aldeas y al castillo se hacen cada vez con más frecuencia y la salud de Esmeralda parece empeorar a cada momento.
-Lo sé.- dijo GuruClef con seriedad- Como ya les había dicho, el enemigo está tratando de despertar a Leethus, la espada gemela de Valis. Si eso sucede habrá una terrible guerra, y Céfiro sufrirá mucho. Eso no podemos permitirlo.
-GuruClef, seguramente tú sabes en donde se encuentra nuestro enemigo ¿no es cierto?- preguntó Latiz.
-Su fortaleza está más allá de los límites de Céfiro, cerca del lugar en donde descansa la espada Leethus.
-Creo que debemos reunir un ejército y atacarlo antes de que despierte a Leethus.- sugirió Zagato.
-No es tan sencillo Zagato. Si atacamos la fortaleza enemiga en este instante estaríamos arriesgando la seguridad del palacio y de la princesa Esmeralda.
-Entonces ¿qué debemos hacer?- preguntó Latiz.
-Sé que no está en mí poder tomar una decisión tan grande, pero la princesa Esmeralda no se encuentra en condiciones para hacerlo.- GuruClef cerró los ojos y se quedó pensativo.
-¿A que te refieres?- preguntó Zagato.
-Debemos elegir a los dos guardianes de Céfiro y al portador de la espada Valis.- Zagato y Latiz se quedaron mudos al escuchar las palabras de GuruClef
-Eso no es nada fácil. Además solo la princesa Esmeralda puede saber quien posee la fuerza del corazón suficiente para controlar la espada.- objetó Latiz.
-Estoy de acuerdo con Latiz. Reunir a los tres guerreros sagrados implica una gran responsabilidad.
La ropa de Zagato comenzó a pintarse de rojo ya que sus heridas provocadas por Alanis aún seguían abiertas. A lo largo de la conversación Zagato había hecho gestos de molestia causados por las heridas.
-Déjame curarte con mi magia.- le dijo GuruClef.
-Estoy bien, solo son unos cuantos rasguños.
La mirada en el rostro de Zagato se tornó fría, lo que desconcertó mucho a Latiz y a GuruClef.
-¿Te encuentras bien Zagato?- preguntó Latiz.
-No es nada. Si me disculpan, iré a ver como se encuentra Esmeralda.
Después de una pequeña reverencia salió del salón mientras Latiz y GuruClef lo seguían con la mirada, sospechando que algo le ocurría a Zagato.
Lucy estaba un poco cansada, pero seguía vigilando a la chica de cabello azul esperando a que despertara. Cuando estuvo a punto de dormirse, vio que la chica comenzaba a abrir los ojos, por lo que se mantuvo despierta.
-¿Qué sucedió?- preguntó la chica al levantarse.
-Me alegra ver que no te sucedió nada malo.- le sonrió Lucy.
-Tú eres la chica que estaba junto al hombre que trató de detenerme cuando huía con la espada ¿verdad?- preguntó con algo de pena.
-Soy Lucy. ¿Cómo te llamas?- Lucy mantenía su sonrisa a pesar de que sabía que esa chica había cometido un crimen.
-Mi nombre es Marina.- respondió confundida por la actitud de Lucy.
En ese momento Anaís entró a la habitación secándose un par de lágrimas de sus ojos y se sorprendió de encontrar a Lucy platicando con Marina.
-Hola Lucy.- la saludo con una sonrisa para ocultar su tristeza.
-¡Hola Anaís! Ven, quiero que conozcas a mi nueva amiga, Marina.
-¿Amiga?- se desconcertó Marina.
-Claro.- dijo Lucy- ¿O es que acaso no quieres que sea tu amiga?
-No ese eso.- se apresuró a decir- No creo que sea conveniente que me consideres tu amiga después de los problemas que les cause.
-Descuida. Puedo ver en tus ojos que no eres una mala persona.
Las tres chicas sonrieron entre sí, expresando un cariño y confianza mutua. A pesar de que recién se habían conocido, el sentimiento que las unía era muy fuerte, como si se conocieran de antes.
La princesa Esmeralda descansaba tranquilamente cuando una persona entró sigilosamente a su habitación. En su mano derecha llevaba una espada. En un pasillo cercano, Latiz caminaba sin rumbo fijo, cuando de pronto tuvo un mal presentimiento y corrió a la habitación de la princesa. Fuera del castillo, Alanis comenzó a reírse llena de júbilo y gozo.
-¡Ha llegado tu hora Esmeralda! Mi pequeña marioneta acabará contigo, y esos tontos hermanos se harán pedazos mutuamente ¡Ha ha ha ha ha!
Levantando su espada, trató de asesinar a la princesa Esmeralda, pero el choque de otra espada lo detuvo. Latiz se esforzaba por mantener el arma lejos de la princesa y por reconocer a su atacante. Cuando la ligera luz de las velas iluminó el rostro del enemigo, Latiz estuvo a punto de soltar su espada.
-¡Zagato!- Latiz estaba muy sorprendido- ¿Qué demonios crees que haces?
El brillo en los ojos de Zagato había desaparecido y la expresión de su rostro era triste y a la vez llena de enojo. Finalmente, Latiz logró obligarlo a retroceder y se mantuvo frente a la princesa para protegerla.
-¡Contéstame Zagato!- pero él no decía nada.
Las manchas de sangre en su ropa se habían hecho más grandes y las heridas no parecían estar sanando. Zagato se quedó inmóvil y cabizbajo durante un instante, pero luego atacó ferozmente a Latiz con su espada. Para defenderse, Latiz utilizó la Centella Luminosa, estrellando a Zagato contra uno de los muros. Cuándo Zagato se incorporó miró con despreció a su hermano y del mismo modo uso la Centella Luminosa, pero ésta tenía el doble de poder. Latiz intentó usar su escudo mágico, pero el poder de la centella era demasiado, así que desvió el ataque con su espada. La centella atravesó varios muros, creando una serie de agujeros que conducían al exterior del castillo. Zagato corrió a través de esos agujeros y Latiz lo siguió de cerca.
En el exterior, la luz de la luna iluminaba todo como un sol. Las aves que descansaban en los árboles cercanos huyeron cuando Latiz y Zagato comenzaron a luchar en un duelo de espadas. A pesar de las explosiones y el ruido, nadie se percató de lo sucedido, y solo había alguien que los miraba en ese momento, Alanis.
Gracias a un hechizo mágico, Alanis había logrado mantener la batalla en secreto, y estaba decidida a mantenerla así hasta el final.
-¡Ha ha ha! Eso es. ¡Acaba con él Zagato!- gritaba Alanis constantemente.
La batalla estaba muy pareja, y el poder de los hechizos que utilizaban era casi el mismo. Latiz se había mantenido a la defensiva mientras Zagato atacaba sin cesar. Latiz se dio cuenta de que los golpes y ataques de Zagato se intensificaban poco a poco, y podía sentir en él un gran odio. Gracias a su agilidad, Latiz logró empujar al suelo a Zagato y apuntó su espada a su cuello.
-¿Ya estas satisfecho?- le preguntó Latiz- No sé a donde quieres llegar con esta estúpida pelea, pero será mejor que te detengas.
A lo lejos, Latiz pudo escuchar la risa siniestra de Alanis, y desvió su atención hacia ella.
-¡Alanis!- la llamó.
-Eres mejor espadachín de lo que esperaba.- sonrió Alanis- Pero eso no te servirá de mucho. Dentro de unos minutos, Zagato se convertirá en un guerrero maligno y sumamente poderoso.
-¿Qué dices?
-Ese es el secreto de mis astillas de cristal. Su veneno no solo afecta al organismo, también impide que las heridas cierren, y con cada gota de sangre que sale de su cuerpo, Zagato pierde una parte de su corazón, transformándolo en un ser sin sentimientos y lleno de maldad, a quien yo puedo controlar a mi voluntad.
-¡Mientes!
Lucy, Marina y Anaís se dirigían al salón principal para ver a GuruClef, pero antes de llegar vieron que por un pasillo pasaba caminando una mujer de cabello dorado y vestido blanco. Intrigadas, siguieron a la mujer sospechando su identidad.
Cuando Latiz intentó acercarse a Alanis, la espada de Zagato atravesó su hombro derecho. La herida obligó a Latiz a soltar su espada dejándolo vulnerable ante la espada de Zagato.
-Una vez que Zagato te haya eliminado, continuará desangrándose hasta que muera. Entonces no quedará nadie en Céfiro que pueda hacer uso de la espada Valis ¡Ha ha ha ha!- rió Alanis.
-Así que de eso se trata todo.- dijo Latiz con voz débil.
-Estoy segura de que el emperador Megas me recompensará muy bien por esto.
Zagato sujetó a Latiz por la espalda y puso su espada sobre su cuello, esperando a que Alanis le diera la señal de terminar con él.
-Fue un placer haberte conocido Latiz, pero creo que aquí termina tu historia.
Un segundo antes de que diera la orden, los tres escucharon una dulce voz que venía del castillo. La voz repetía una y otra vez el nombre de Zagato. Alanis buscó con la mirada, y descubrió en la entrada del castillo a la princesa Esmeralda.
-¿Tú? Se supone que deberías estar muerta. ¡No puede ser!- dijo Alanis molesta.
-Zagato…- decía Esmeralda suavemente.
Al verla y escuchar su nombre, Zagato comenzó a liberar a Latiz hasta que se apartó, luego dejó caer su espada, y poco a poco el brillo en sus ojos volvió a surgir.
-Es…me…ralda.- decía Zagato mientras comenzaba a volver en sí.
-¡No permitiré que me lo vuelvas a arrebatar!- gritó Alanis- ¡Dagas de Hielo!
-¡Viento de Defensa!- gritó Anaís por detrás de la princesa.
Las Dagas de Hielo fueron detenidas por el hechizo de Anaís, y en un segundo intento por dañar a la princesa Esmeralda, Lucy utilizó su Flecha de Fuego para protegerla.
-¿Cómo osan interrumpir en mi momento de triunfo?- Alanis cruzó sus brazos frente a ella y concentró toda su magia. Un aura púrpura la rodeo- ¡Araya!
-¡Cuidado!- gritó Latiz, quien estaba demasiado lejos para protegerlas con su escudo mágico.
Lucy y Anaís corrieron hacía la princesa para cubrirla con sus cuerpos. Las filosas astillas de cristal estaban a punto alcanzarlas cuando el tiempo comenzó a ir más despacio, pero solo Marina permaneció sin ser afectada.
-¿Qué sucede?- se dijo Marina a sí misma.
Las astillas avanzaban tan lentamente que el movimiento era casi imperceptible. Marina estaba un poco asustada por lo que sucedía, pero en ese momento, apareció de un salto el pequeño conejo blanco frente a ella. Marina lo miró detenidamente. El conejo también la miró sin moverse. Entonces, el cristal en la frente del conejo comenzó a brillar y liberó un delgado rayo rosa que golpeó en el pecho a Marina. Ella pudo sentir como crecía un intenso calor en su corazón y escuchó que la princesa Esmeralda le susurraba una frase en su cabeza. Después de esto, el conejo huyó saltando, y al desaparecer detrás de unos arbustos, el tiempo volvió a correr normalmente, pero Marina supo entonces lo que debía hacer.
-¡Dragón de Agua!- un gran dragón formado de agua surgió de la palma de su mano y avanzó velozmente hacia las astillas y las destruyó.
-¡No puede ser!- exclamó Alanis al ver que el dragón se aproximaba a ella- ¡Me vengaré de ustedes!
Dicho esto, Alanis desapareció antes de que el dragón de agua la tocara. La princesa Esmeralda volvió a desmayarse y Anaís y Lucy la sujetaron. Cuando Latiz quiso ver como se encontraba Zagato, lo vio de pie con sus ojos llenos de lágrimas.
-Perdóname Esmeralda…- decía en voz baja- Perdóname por haber levantado mi mano contra ti y contra mi hermano.- Latiz trató de acercarse, pero Zagato se dio la vuelta y comenzó a correr, internándose en el bosque.
-¡Espera Zagato!- trató de detenerlo, pero él no lo escuchó.
-Lucy…- la princesa se había despertado un poco, pero casi no tenía fuerzas- Ahora todo depende de ustedes.
-¿De que habla princesa?- preguntó Anaís.
-Lucy… pregúntale a GuruClef sobre Nikona.- la voz de Esmeralda perdía fuerza- Lamento no poder… estar con ustedes. No sé cuanto tiempo me queda… pero… quiero pedirles… que salven a Céfiro… mis guerreras mágicas.
La princesa Esmeralda se sumió en un profundo sueño, del que nadie sabía si volvería a despertar. Latiz se llevó a la princesa en brazos a su habitación mientras las chicas iban con GuruClef al salón principal. Al entrar, notaron que GuruClef estaba muy preocupado y angustiado.
-Zagato se ha ido ¿no es cierto?- les preguntó cuando las vio entrar. Ninguna dijo nada, solo se miraron entre ellas- Sin Zagato, Latiz no podrá pelear solo contra el enemigo.
-GuruClef.- dijo Lucy interrumpiendo sus pensamientos- La princesa Esmeralda…
-Lo sé Lucy.- interrumpió- No me di cuenta de lo que pasaba hasta que la princesa Esmeralda intervino. Sé que Alanis controlaba a Zagato y que ustedes usaron su magia para derrotarla.
-Hay algo más.- dijo Anaís- La princesa nos pidió que te preguntáramos acerca de Nikona.
-¿Nikona?- preguntó sorprendido.
-Parece ser que era algo muy importante para la princesa.- dijo Lucy.
-Y lo es. Pero no entiendo por que querría que les hablara a ustedes sobre Nikona.
-¿Es algo malo?- se atrevió a preguntar Marina.
-Puede ser.
-¿De que se trata?
-Nikona es un ser mágico. No es como las criaturas de Céfiro, por que ni siquiera es de Céfiro.- GuruClef se sentó en su trono y apareció tres sillas flotantes para las chicas- Nikona pertenece a una vieja leyenda. Se dice que cuando Céfiro esté en peligro, Nikona aparece para brindarle poderes asombrosos a los elegidos, para que puedan defender el planeta. Por lo que su presencia significa que una terrible batalla se aproxima, pero también representa la esperanza.
-¿Una batalla?- murmuró Lucy.
-Nadie sabe como es en realidad. Existen rumores que dicen que parece un ángel, pero no estoy seguro. La única seña particular en Nikona en un cristal redondo de color rojo en su frente.- Las tres chicas reaccionaron al mismo tiempo cuando escucharon la descripción- Cuando el antiguo pilar llamó a sus tres guerreros, Nikona apareció y les brindó los poderes necesarios para vencer a Rogles. A Rayearth le otorgó el poder del fuego, a Ceres le brindó el poder del agua, y a Windom le otorgó el poder del aire.
Las chicas estaban un poco confundidas, pues esos eran los tres tipos de poderes que poseían, además de que cada una había visto a Nikona en diferentes lugares y momentos. Ninguna se atrevió a decírselo a GuruClef. Simplemente terminaron de escuchar la explicación y se retiraron a sus habitaciones para pasar la noche.
(Fin del Capítulo)
Esta vez seré corto por que llevo un poco de prisa y quería que este capítulo quedara publicado antes de irme. Primero que nada agradezco los reviews de Luna, Ceres, Yuki-ona y Mizaki Nekozuki Shidou. Por cierto, Mizaki, aún no estoy seguro de si dejaré a Ascot de villano así que no te angusties.
En el próximo capítulo, Aguila se encuentra con Lucy, Paris despierta de su sueño y se ve frente a frente con Anaís, y Marina comienza a descubrir el amor, eso y mucho más.
Por el momento es todo. Nos leemos luego. Un saludo a todos los lectores.
