Mmmm… luz no, no me gusta la luz. La luz llega con el sol, y con él, el amanecer. No quiero que amanezca, me gusta estar en la cama, retorcerme entre las sábanas, acurrucarme en el hueco del colchón que está caliente, y agarrar con fuerza la almohada. Quiero dormir, descansar, estoy agotado. ¡PUTOS RAYOS DE SOL!

Abro un ojo y la luz incide directamente en él. Abro los dos y parpadeo para acostumbrarme al resplandor, llevo la mano sobre la mesilla y, a tientas, palpo en busca de las gafas. Otro estupendo regalo de mi padre, ¡su maldita miopía! Sí, para mi desgracia, he heredado la vista de mi papá, es decir, que sin gafas, lentillas o un hechizo corrector, no veo tres en un burro. Palpo sobre la superficie de madera y las encuentro, las llevo a mi rostro y me las pongo, el borrón que veía pasa a ser mi habitación.

Retiro la sábana y me incorporo despacio, bostezando y rascándome la cabeza, mientras intento recordar dónde narices dejé anoche las zapatillas. Junto al baúl, recuerdo entonces; me levanto y, descalzo, camino hasta delante de la cama, me calzo, y paso sin mirarme en el espejo, no tengo ganas de llevarme un susto.

Abro la puerta y el silencio que inunda la casa me asusta. ¿Cuándo esta casa ha estado en silencio? Mmm… con suerte puede que no haya nadie y podré hacer lo que me de la gana, sonrío ante la idea. Camino por el pasillo y, despacio, entre bostezo y bostezo, bajo las escaleras, me dirijo a la cocina, y oigo risas. ¡NO PODÍA TENER TANTA SUERTE!

Me cuelo en la cocina y las voces se apagan, me siento observado, pero yo enfilo mis pasos hacia la nevera, la abro y cojo un yogur de beber, que bebo tras la puerta del frigorífico.

Buenos días – oigo decir a papi.

Hmmm – respondo.

Vaya, creí que te habían enseñado bueno modales.

Hmmm – le digo terminando de beber el yogur.

No sólo entras sin saludar, sino que fijas una cita para la mañana y te quedas dormido.

¿Una cita? – pregunto cerrando la puerta y caminando hacia el cubo de la basura.

Adam lleva media hora esperando por ti.

… - me quedo helado, no, más bien petrificado, bien podría decirse que acaban de hechizarme. Levanto la vista y, por el cristal, veo el reflejo de Adam sentado en una de las sillas sosteniendo a Delia en su regazo. Mi expresión cambia a horrorizada cuando me doy cuenta de que tengo todos los morros llenos de yogur.

Buenos días, Dorian, creí que te acordarías que habíamos quedado para que me enseñaras esa nueva tienda de quidditch – comenta Adam.

… - me limpio con un rodillo que hay en la meseta, y observo mi reflejo, ¡OH JODER! No puede haberme visto con estas pintas, totalmente despeinado, con los ojos hinchados de dormir, con las gafas… ¡MIERDA LAS GAFAS! Estoy tentado de quitármelas pero después seguro que acabaría por tropezarme con algo, y encima estoy en pijama, ¡JODER! ¡Qué desastre!

¿Dorian? – pregunta papi – ¿pasa algo?

Eh… no, no… - me disculpo – sólo que… bajo ahora.

¡Dorian! – oigo gritar a mi padre mientras, como una exhalación, subo escaleras arriba.

Cuando llego exhausto, y con la lengua fuera a mi cuarto, me apoyo contra la puerta. Mi corazón palpita a doscientos por hora, no sé si por la carrera que me acabo de echar o porque Adam estaba en la cocina. ¡JODER, JODER! Esto no puede ser verdad, ¿qué hace aquí?

Oh…. ¡Ohhhhhhhhhhh! – exclamo cuando recuerdo el beso - ¡JODER! – golpeo la cabeza contra la puerta, y recuerdo, recuerdo sus manos en mi cara, su lengua en mi boca. Vale, será mejor que pare o me acabaré poniendo cachondo.

Camino hasta el espejo y quiero llorar y maldecir a alguien. ¿Cómo he podido dejar que alguien me viera así? ¿Cómo he podido dejar que Adam me viera así? Meneo la cabeza desesperado. Tengo que poner remedio a esto, me tengo que ver espectacular para compensar estas pintas.

Rebusco en el armario, por si encuentro algo decente. Las camisas vuelan por los aires, junto con los polos y camisetas, también los pantalones, no encuentro nada que me guste.

¡AHHHH! – grito cuando me doy la vuelta y parado frente a mí veo a Adam.

Vaya, no creí que te pareciera tan feo – sonríe de medio lado.

… - le miro y me maldigo una vez más, él se ve como un dios y yo con estas pintas. La camiseta negra se le apega al pecho, y las mangas cortas realzan sus músculos, y mejor no miro como le quedan los pantalones porque podría morir – ¿qué… qué haces aquí?

Tus padres se llevan a tus hermanos a casa de Remus y Lucius – levanto una ceja, no recordaba yo que hoy había comida familiar – al parecer tu abuelo Lucius se ha empeñado en comprarle él mismo todo el material necesario para Robbie.

Oh…

Entonces tu padre me dijo que podía subir y esperarte aquí, no te molesta, ¿verdad? – pregunta sonriente.

No… - la voz me sale en una especie de chillido, me aclaro la garganta – No.

No sabía que llevaras gafas.

Y no las llevo – frunce el ceño – bueno sí, pero sólo cuando no me da tiempo a ponerme las lentillas, o ponerme el hechizo corrector.

Ah… - camina por el cuarto – nunca había estado aquí – comienza a revisar las estanterías y las paredes llenas de fotos – vaya, tienes muchos trofeos.

Sí – empiezo a recoger la ropa del suelo.

Tío Draco me ha dicho que habéis ganado la copa de quidditch todos los años desde que me fui.

¡Ajá!

Realmente debes ser muy bueno entonces – se para frente a las fotos de mis viajes – ¿y estas fotos? – señala dándose la vuelta.

Son fotos de mis viajes por Europa.

Ya, los veranos, ¿verdad?

Sí.

Siempre estabas de viaje cuando venía – roza las fotos con los dedos y sonríe, se vuelve y me mira – pensaba que me odiabas tanto que no querías verme.

En realidad sólo salía huyendo – termino de recoger las cosas por el suelo y me quedo, sin darme cuenta, muy cerca de su cuerpo.

¿Por qué?

… - su mirada se clava en mi, y retrocedo un paso, no puedo hacerlo más porque su mano se aferra a mi cintura.

¿Por qué? – pregunta con una voz que golpea directamente en mi entrepierna.

Porque me dolía verte – le reconozco.

Lo siento – sonríe y me acerca a él, mi cuerpo tiembla cuando contacta con el suyo y siento que estoy por derretirme si no deja de mirarme así – pero ahora ya no quieres huir, ¿verdad?

… - niego con la cabeza.

Me alegra – acerca su cabeza a la mía y noto como su aliento golpea mis labios, no puedo evitar cerrar los ojos extasiado.

Su maño se ciñe con fuerza en mi cintura, cuando nuestros labios se rozan, de nuevo siento que si esa mano que me acerca a su cuerpo no estuviera sujetándome saldría volando. Su lengua roza mis labios y abro la boca esperando, no, ansiando que me devore, que su boca y lengua profundicen en mí. El beso es dulce y, en todo momento, evita rozar mi herida en el labio, creo que me voy a derretir, esto es demasiado para mí. Tenerlo tan cerca es demasiado.

Elevo mis manos y las enredo en su cabello, sonríe en el beso y coloca la mano que tiene libre en mi nuca, rozándola con la yema de los dedos.

Shhhhh…

¿Qué es eso? – pregunta separándose de mis labios.

Gray – le digo lanzándome de nuevo a por su boca, creo que soy adicto a ella después de sólo un par de besos.

¿Gray? – dice retirándome de su lado y rompiendo el beso.

… - me muerdo el labio pensando y entonces, en un arrebato, me quito la camiseta y me volteo – ella es Gray.

… - no dice nada, confundido me doy la vuelta, y veo sus ojos vidriosos, sonríe y se lanza de nuevo a por mí.

Si creí que no podía disfrutar más de un beso con Adam, estaba muy equivocado. Sus manos viajan como locas por mi espalda desnuda, robándome jadeos y gemidos involuntarios al sentir el calor de su piel sobre la mía. Me aprieto contra él, metiendo mi pierna entre las suyas, rozando sin querer su entrepierna y un ronco gemido sale de su boca.

Mmmm… - de repente el beso se vuelve más apasionado, y sus manos dejan mi espalda para llegar a mi trasero, lo apresa con fuerza entre ellas, y comienza a masajearlo, mientras el beso se hace más y más duro. Cuando me falta la respiración, me separo de él y, bajando mis manos por sus costados, le retiro la camiseta, vuelve a acercarme a su cuerpo y siento su piel contra la mía mientras gimo sin reparo alguno.

Ahmmm… - sonríe y me besa de nuevo, esta vez de forma más dulce.

Mis manos aprovechan para recorrer su espalda y, cuando estoy apunto de tocar esas dos redondeces duras como el granito que son sus nalgas, suelta una risita.

Jejeje – me separo y le miro levantado una ceja.

¿De qué te ríes?

Cosquillas – me suelta y empieza a darse la vuelta – no eres el único que puede llevar un tatuaje mágico, ¿verdad?

Cuando se da la vuelta, mi mandíbula casi roza el suelo, Adam tiene, al final de su espalda, el tatuaje de una snitch, que aletea alegremente. Da un paso hacia delante y yo, nervioso, doy uno a hacia atrás. Algo en su mirada juguetona me dice que esto le gusta. Un paso más adelante y otro más hacia atrás, así hasta que tropiezo con la cama, y me quedo atrapado entre su cuerpo y la pared.

Sonríe divertido, apoya un brazo en la pared a la altura de mis hombros, me muevo para salir por el otro lado, pero pone el otro brazo.

¿Quieres ir a alguna parte? – pregunta divertido.

… - me siento acorralado, y entonces mi lengua actúa antes que mi cerebro le de una orden – a la cama.

… - abre mucho los ojos, tanto o más, que su boca, y parpadea un par de veces, se relaja y baja los brazos, momento que aprovecho para salir corriendo - ¡SERÁS…! – se da la vuelta y de nuevo hago que su cara sea una mezcla entre asombrado y divertido, al estar tumbado sobre la cama.

¿Vienes? – le pregunto palmeando el colchón.

… - le veo tragar saliva - … esto …

Podemos ir a esa tienda que dices que quieres ver – le digo.

¡NO, NO! – grita de repente avanzado hasta la cama, y subiendo una rodilla sobre ella – creo que eso puede esperar.

Bien, no me apetecía nada ir de tiendas – me tumbo sobre la cama y él lo hace sobre mí.

Ni a mí.

Se apodera de nuevo de mis labios, mientras sus manos comienzan a vagar por mi cuerpo; primero son suaves y tibios roces hasta que, con el paso del tiempo, los movimientos se hacen más bruscos y sus manos recorren ansiosas cada rincón de mi pecho, descienden luego por mis piernas. Los besos aumentan en grado de pasión a medida que las caricias lo hacen, en algún momento entre besos y caricias, abro las piernas, y él se posiciona entre ellas, haciendo que por primera vez nuestras despertadas erecciones se rocen.

Ahmmm… - se estremece ante el contacto y mi cuello paga las consecuencias con un fuerte y gran mordisco.

Mmm… - me muerdo desesperado los labios intentando que mis gemidos no alcancen demasiados decibelios.

Enrosco mis piernas en su cintura y le aprieto contra mí, haciendo que de nuevo mi miembro y el suyo se rocen bajo la tela de nuestros pantalones. Comienza entonces un vaivén sobre mi cuerpo, rozando una y otra vez su cuerpo contra el mío. El sudor empieza a inundar su cuerpo y nuestros pechos resbalan el uno contra el otro. Asciende hasta mi oreja y comienza a lamerla y morderla, justo en su nuca le susurro.

Los pantalones – el vaivén cesa y se incorpora mirándome interrogante – quítate los pantalones.

… - me mira un tanto sorprendido y yo me muerdo el labio para intentar refrenar la oleada de pasión que me ha invadido al verlo con las mejillas sonrojadas, los labios rojos y el pelo pegado a la frente por el sudor.

Esta bien, lo haré yo – le digo, con un movimiento de mano le quito los pantalones y de paso los míos, parpadea asombrado. Aprovecho el momento de confusión para moverme bajo él y rozar mi miembro ya desnudo contra el suyo.

AHHHHHMMMM… - jadea cerrando fuerte los ojos con el contacto. Satisfecho, continuo moviéndome bajo él, pronto su pecho vuelve a estar sobre el mío, y su cuerpo vuelve a moverse encima de mí.

Sus labios bajan por mi cuello hasta los hombros, y muerde con fuerza mi hombro, arrancándome un grito de dolor, enrabietado clavo mis uñas en su espalda y es ahora él quien grita. Aprovecho el momento para, con un movimiento digno del mejor luchador, darme la vuelta y ponerme sobre él, apenas si le dejo reaccionar, cuando mi boca ansiosa de más, devora sus labios. Sus manos se pierden por mi espalda y, por momentos, los jadeos y gemidos se mezclan con los constantes siseos de Gray.

Oh joder… esa puta… serpiente… me está poniendo… como una moto – dice entre jadeos.

Tú a ella también.

Deslizo mi cuerpo sobre el suyo y comienzo a besar poco a poco la extensión de su torso. Mientras una mano tortura un pezón, la otra se desliza por sus piernas, hasta su entrepierna. Arquea fuertemente la espalda cuando mi mano se aferra sobre su miembro. Prosigo con el reguero de besos, hasta que meto la lengua en su ombligo, ensalivándolo, para después besar y sorber aquella parte de su cuerpo. Mi mano prosigue con un masaje lento sobre su miembro, desciendo un poco más la cabeza hasta que mi nariz roza con su vello púbico, inhalo su aroma, grabándolo en mi memoria, bajo un poco más la cabeza, cuando noto unos fuertes brazos alrededor de los míos y que tiran de mí hacia arriba.

No – me dice con gesto algo serio.

… - le miro asombrado.

Vamos demasiado deprisa – su gesto se torna más sereno – Dorian, se suponía que yo sólo iba a venir a hablar contigo.

Podemos hablar después – le digo pícaramente intentando soltarme de su agarre.

No, Dorian, no quiero que vayamos tan deprisa – besa mi nariz – quiero que nos tomemos un tiempo para todo, quiero ir paso por paso.

… - le miro perplejo, podemos ir paso por paso pero, ¿por qué tiene que ser tan lento? Estoy apunto de gritarle, cuando siento mi erección palpitar dolorosamente.

Quiero hacer las cosas bien, Dorian, esto me ha llevado mucho tiempo – besa mi barbilla – y no quiero precipitar las cosas por un calentón.

Oh… - es lo único que sale de mi boca, y es que estoy poniendo todas mis fuerzas en no intentar restregarme contra su cuerpo.

Además yo no sé si tú … bueno... ya sabes …

No, yo ya he…

Ah… - su rostro se torna un poco triste.

¿Te molesta que no sea virgen? – le pregunto un tanto enfadado.

No, no, para nada – acaricia mi pelo – pero quiero que bueno, si pasa algo entre nosotros sea especial.

Ya – le digo sin mucho convencimiento - creo que… voy a darme una ducha – le digo deshaciéndome de su agarre.

Dorian… - me dice sujetándome la mano – ¿estás molesto?

No, Adam, sólo estoy con un calentón del quince, y necesito ponerle remedio y, si contigo no puedo hacerlo, tendré que hacerlo solo.

Dorian, no quiero cagarla, entiéndelo, por favor.

No sé porque terminar con lo que empezamos los dos sería una forma de cagarla…

No quiero que creas que sólo …

Oh… Merlín… no creerás que voy a pensar que sólo quieres sexo, ¿verdad? – exclamo desesperado.

Dori… - no le doy tiempo a terminar la frase porque, harto de tanta palabrería, me lanzo a sus labios

Al principio siento como sus manos quieren separarme de él, después cuando, con un movimiento de cadera, rozo mi miembro contra el suyo, y le hago jadear, sus manos vuelven a vagar por mi cuerpo. Iba a descender hacia su entrepierna cuando de nuevo sus manos me detienen.

No, así no… - me dice.

Pero…

Ven – y con un movimiento vuelve a quedar sobre mi cuerpo – juntos – me susurra al oído, cuando, posicionado entre mis piernas, comienza el vaivén de sus caderas sobre mi cuerpo.

Cientos de placenteras descargas recorren mi cuerpo cuando nuestros miembros se rozan, la fricción casi llega a ser dolorosa en los últimos movimientos de su cuerpo contra el mío. Pero, cuando la vista se me nubla por completo, y tengo que hundir mi rostro contra su hombro, mordiéndolo con fuerza para evitar gritar de placer, el dolor desaparece. Segundos después, le siento estremecerse sobre mí, y descargarse entre nuestros cuerpos, con un ronco y sonoro.

¡SÍIII! – agotado se deja caer sobre mi cuerpo.

Nuestras respiraciones se vuelven normales con el tiempo y, con un poco de reticencia, le dejo deslizarse a mi lado, para después acomodarme en su pecho, su mano se aferra a mi cintura y me apego a su cuerpo para descansar mi cabeza sobre su hombro, mi mano descansa sobre su pecho, notando bajo ella como su corazón vuelve a latir con normalidad.

Adam…

¿Sí?

¿Por qué querías que, bueno, si pasara algo más entre nosotros fuera especial?

Porque te quiero.