Flash Back
Adam…
¿Sí?
¿Por qué querías que, bueno, si pasara algo más entre nosotros fuera especial?
Porque te quiero.
Respirar, ¿qué es respirar? No lo recuerdo, o eso parecen notar mis pulmones cuando el aire se queda atrapado en mi boca y no desciende hasta llenarlos.
¿Dorian? – pregunta levantando la cabeza.
… - giro la cabeza y le miro, parpadeo y consigo hablar - ¿me quieres?
Sí – sonríe ampliamente –. De eso quería hablarte ayer, bueno y hoy, pero creo que eres demasiado persuasivo – me sonrojo y él besa mi frente – supongo que si no has leído mis cartas, debes de sentir que todo esto es algo confuso, ¿no?
En realidad no he tenido tiempo para pensar o sentir – le confieso – ayer llegué en una nube de la que no quería bajar y me dormí emocionado. Después, esta mañana me desperté y tú estabas en la cocina.
Ya – acomoda su espalda contra el respaldo de la cama y yo me recuesto un poco mejor sobre su pecho, su mano se aprieta contra mi cintura antes de seguir hablando – en mis cartas te explicaba, o traté de hacerlo, todo lo que sentía; cuando me fui, lo hice muy confuso – confiesa, sus dedos se posan en mis labios impidiéndome hablar – deja que termine. Dorian, yo tenía 18 años cuando me fui y tú acababas de cumplir los 12, y llevaba demasiado tiempo sintiéndome extraño a tu lado. Al principio pensaba que era porque éramos muy amigos, de tus hermanos siempre has sido con el que mayor relación he tenido pero después, cuando entraste en la escuela, todo cambió – besa tiernamente mi pelo, mientras yo me acurruco más contra su pecho, para escucharlo tranquilamente – antes nos veíamos, como mucho, una o dos veces al mes, pero en el colegio te veía todos los días y, aunque no lo creas, estaba pendiente de ti en cada momento, tanto que llegaste a ser una obsesión para mí – su respiración es tranquila y relajante – y yo me había portado muy mal contigo y deseaba acercarme a ti, pedirte disculpas, pero tú siempre estabas reacio y te fuiste separando más y más de mi, yo iba en tu busca y tú huías, y aquello me dolía mucho. Y entonces llegó la carta que confirmaba mi beca, siempre había querido aquello, era mi sueño, pero entonces me di cuenta de que irme significaba que no volvería a verte en mucho tiempo, y aquello me hizo caer en la cuenta de que tú no eras como los demás para mí.
¿No era como los demás? – pregunto.
No, tú eras especial, cuando pensaba en ti no lo hacía de la misma manera que cuando pensaba en tu hermana, o en mis otros primos, tú eras distinto. Y aquello me dio muchos quebraderos de cabeza, yo no quería aceptarlo, no podía hacerlo, y por eso creí que lo mejor que podía hacer era irme de aquí, y olvidar lo que mi corazón me decía a gritos – su mano abandona mi cintura y se desliza ahora suavemente por mi espalda desnuda – así que acepté la beca y, como último intento de hacer callar a mi corazón te di la snitch – sonrío al recordar la bolita dorada que está junto a todas las cartas que Adam me escribió, en mi escondite –. Pasó el tiempo y llegó el partido contra Slytherin, yo me sentía morir, no me gustaba enfrentarme a ti, pero no me quedaba otra, incluso pensé en dejarte ganar – me remuevo incomodo – pero no lo hice, sabía que no me lo perdonarías nunca, y ya la había cagado bastante contigo. Y entonces tú hiciste aquella estupidez.
¿Estupidez? –pregunto indignado – fue una de mis mejores jugadas como buscador – replico.
Fue una estupidez, podías haberte matado.
Pero…
Aunque supongo que sin aquello supongo que no lo habría reconocido nunca.
¿Reconocer?
Sí, lo que sentía por ti. Cuando te vi caer enjicado contra el suelo, sentí que mi corazón se encogía, y cuando apenas conseguiste reponer el vuelo para chocar contra el suelo… – niega con la cabeza – no te moviste por un par de minutos – dice en tono apagado – Dorian, creí que te había perdido – solloza – puedo asegurar que ese fue el peor momento de mi vida.
…- recuerdo el partido, el doloroso golpe, y la estúpida discusión en los vestuarios – por eso viniste a recriminarme tras el partido, ¿no?
Sí, estaba rabioso, quería partirte la cara por arriesgar tu vida así, y tú creíste que yo sólo estaba enfadado por haber perdido – hizo una pequeña pausa – y yo quería gritarte que te quería.
… - me aferro con fuerza a su pecho, escondiendo la cabeza, evitando mirarlo, ahora su rostro sólo me causaría una culpa horrible – lo siento.
No, Dorian, tú no tienes la culpa de nada, ni siquiera yo, aquello era muy difícil, tenías 11 años, y yo 17… Me sentía tan confuso, aquello no era normal, y yo no sabía cómo actuar - me incorporo despacio y le miro el rostro enjuagado en lágrimas – y cuando apareciste en el aeropuerto, mi mundo se derrumbó por completo, me dabas la snitch, el único gesto y símbolo que yo dejaba como constancia de lo que sentía por ti – se muerde los labios – y no pude evitarlo, y…
Me besaste – me acerco a él y retiro con mis dedos las lágrimas bajo sus ojos – me sentí tan confuso después de aquello, no sabía si gritar desesperado, llorar de felicidad o maldecirte por irte así.
Cuando llegué a Boston, intenté olvidarlo todo, empecé a escribirte explicándote cómo me sentía, creí que así quizás tú me entenderías y me perdonarías, pero nunca respondiste – suspira tristemente –. Seguí escribiéndote de igual manera porque sentía que aquello me hacía bien. Durante años vine de vacaciones o de visita y tú nunca estabas, no respondías a mis cartas y me sentí cada vez peor, pensando que te había perdido. Iba a darme por vencido, pero entonces mi padre me ofreció el puesto en el colegio, así que pensé que aquello era una señal, que era una nueva oportunidad.
¿Aceptaste el puesto por mí?
Sí, quería estar junto a ti, intentar algo, por lo menos necesitaba que me perdonaras – me lanzo a por sus labios, nos unimos en un beso dulce y tierno, sonrío feliz.
¿Sabes que he estado enamorado de ti desde los 9 años? Yo también me sentía raro, no sabía qué hacer, cómo actuar cuando estaba contigo, pero por lo menos tenía tu presencia, hasta que me separaste, te fuiste con tus amigos y esas guarras – le digo resentido, sonríe tímidamente – y te odié, te odié con toda mi alma, porque tú eras feliz y yo no.
Yo no era feliz, Dorian, me sentía completamente perdido, sólo que intentaba actuar acorde con la normalidad.
Pues eso dolía.
Lo siento.
No importa, ¿sabes? Ahora ya no me importa lo que pasó hace 5 años, ahora sólo me importa esto – le beso de nuevo, sentándome a horcajadas sobre su cuerpo.
Me gusta esto – dice posando sus manos en mis nalgas y apretando su cuerpo contra el mío, nos besamos de nuevo, retorciéndome de puro placer sobre su cuerpo, el beso es intenso y apasionado, lo mismo que mis caricias sobre su pecho – pero, creo que será mejor que paremos – apoya su frente contra la mía – es difícil medirse cuando la tentación tiene este cuerpo y besa tan bien.
Jeje – le sonrío – no tienes porque medirte, ya hemos hablado.
Lo sé, pero quiero ir despacio, ¿lo entiendes verdad?
Bueno, he esperado mucho para esto, supongo que podré aguantar un poco más – me bajo de su cuerpo – pero no mucho más, ¿eh?
No creo que pueda aguantar mucho.
Fin Flash Back
Recuesto la cabeza contra el cristal, cuando veo algo que se dirige hacia mi rostro. Gracias a mis reflejos consigo detener ¿un zapato?
¿Quién coño me ha tirado un zapato? – pregunto indignado.
¡ALELUYA! - exclama frente a mí Mya que se ha levantado y me arrebata el zapato de la mano – llevo media hora hablando contigo y tú has pasado de mi como de la mierda.
Oh… vaya, ¿qué decías?
Bufff… Jason, ¿podrías decirle a tu hermano que lo que sea que le haga al mío está acabando con mi paciencia?
Me encantaría, pero mi hermano está igual o peor.
Lo que hace el amor, te deja medio tonto – le comenta Mya sonriente a Jason.
En verdad, con ellos dos había poco trabajo que hacer.
¡OYE! - exclamo indignado - ¿qué estas insinuando?
No insinúo nada, afirmo que mi hermano y tú ya estabais medio tontos antes de empezar con esto.
… - le fulmino con la mirada, me cruzo de brazos y vuelvo a recostar la cabeza contra el cristal – deberías echarte novia, o novio, eres un amargado.
Jason no es un amargado – le defiende mi hermana – sólo que tú estás asquerosamente feliz.
¿Qué?
Sí, Dorian dais asco, tú y Adam, todo el día sonriendo, todo el día aprovechando el momento para… bueno, para lo que quiera que hagáis, no entiendo como ni nuestros padres ni los suyos siguen sin saber nada. Si es que estáis todo el día juntos, y encima haciendo de todo… - Mya se sonroja – y en cualquier lugar.
Eso es mentira.
¡OH NO! Eso es verdad – interviene Jason - ¿tengo que recordarte con lo que me encontré el martes en el cuarto de mi hermano?
… - mi cara pasa de la palidez extrema a la rojez completa cuando recuerdo como Jason me había pillado recibiendo una maravillosa mamada de Adam – si hubieras picado a la puerta…
Si hubiera sido mi papá…
¡TOUCHÉ! ¿Podemos dejar de hablar de mi vida sexual?
¿Podrías dejar tú de mostrar ese lado de tu vida en público? – pregunta Jason irónicamente.
¿Qué lado de tu vida tienes que dejar de mostrar en público? – pregunta Adam entrando en el vagón del Expreso a Hogwarts.
Me voy – Jason se levanta de golpe – no estoy dispuesto a comprobar si eres o no capaz de hacerlo – le saco la lengua - ¡Ohhh que gran signo de madurez!
Pues yo me voy contigo, aún soy demasiado joven para dejarme corromper – los dos salen a trompicones del vagón.
Y a estos dos, ¿qué les pasa?
Dicen que no sabemos controlarlos – me muerdo el labio – pero es que no entienden lo que es estar tanto tiempo esperando algo, ¿verdad?
Dorian… alguien podría entrar – dice intentando zafarse de mis besos.
Fermaportus – susurro, besando su oreja.
¡DORIAN! Abre la puerta, ¿es que no puedes controlarte?
Contigo, ni quiero, ni puedo controlarme – sonrío juguetón.
Estás un poquito salido, ¿no? – se aparta de mi, para sentarse enfrente – tenemos que hablar – dice en tono serio.
No me gusta ese tono – me cruzo de brazos, y le miro poniendo morritos – y tampoco que te apartes así de mí.
Lo he hecho porque sino no me dejarías hablar.
Es que yo no quiero hablar – me quejo, me levanto y camino hacia él.
¡QUIETO! - exclama poniendo las manos a modo de escudo – ¿sabes que tienes mucho peligro rubito? – arqueo la ceja – ven aquí, siéntate y escúchame – me coge de las manos y me sienta a su lado – Dorian, verás, ahora que el curso va a comenzar, creo que tenemos que replantearnos las cosas, ir más despacio.
¿MÁS AÚN? – le grito.
No hace falta que chilles.
No chillo, sólo que… ¿como quieres que reaccione si me pides más calma? Llevo dos semanas contigo controlando mis instintos de manera brutal, y no sé tú, pero yo no soy de piedra.
Ni yo, pero ahora es distinto.
¿Distinto?
Seré tu profesor.
Ya, ¿y?
Como que, ¿y Dorian, un profesor no puede mantener una relación con un alumno.
¿ME DEJAS? – de un brinco me pongo de pie y le encaro – llegas después de cinco años, me dices todas esas cosas bonitas, y ahora ¿ME DEJAS?
Quieres dejar de decir tonterías – se levanta y me agarra por los brazos – no he estado debatiéndome todo este tiempo entre la razón y el corazón como para echarlo a perder todo a la primera de cambio.
¿Entonces me quieres explicar qué quieres decir con eso?
Que no podremos mantener una relación en el castillo, pero bueno fuera de él será distinto.
¿Cómo que dentro no y fuera sí? ¿Me escondes? – le miro irritado – ¡TE AVERGUENZAS DE MÍ! – le digo señalándole con un dedo.
Cierra la boca cielo – me dice cariñosamente – si me dejaras terminar de hablar, quizás podría explicarte – me lleva hasta el asiento y de nuevo me obliga a sentarme – ¿me dejaras terminar esta vez sin montar un numerito?
… - le fulmino con la mirada.
Tomaré eso como un sí. Verás a lo que me refiero es que no podemos seguir tratándonos como estas dos semanas en el colegio, no puedes lanzarte a por mí en mitad de un pasillo, se supone que somos sólo profesor y alumno.
Pero no lo somos, somos… bueno somos… - me sonrojo tontamente, y es que aún me cuesta decir esa palabra que me une a él.
Somos novios, Dorian, lo sé – se acerca a mí y se pone de cuclillas – pero nadie puede enterarse, no por el momento. Sabes que sería un escándalo, y mi papá ha trabajado muy duro para dejar su nombre bien alto como director del colegio, se ha desvivido por la escuela, y si alguien llegara a enterarse de eso, sabes como actuarían, ¿verdad?
Pero tu papá no tiene nada que ver en esto…
Ya pero es mi papá, el me dio el puesto a mi, y muchos ya creen que lo ha hecho sólo porque es mi padre, y no se han tomado la molestia de mirar mi expediente, me tachan de enchufado, y mi papá está en el punto de mira, hay muchos miembros en el consejo escolar que llevan años esperando que cometa un error para hacerse con el puesto del director.
Pero ser director de Hogwarts no es un trabajo tan importante…
En realidad sí, la escuela es la mejor de toda Inglaterra y está entre las mejores del mundo, de Hogwarts sale la elite de las nuevas generaciones, muchos ex alumnos son grandes empresarios, abogados, o jueces, y eso da poder.
Pero tu papá nunca se ha relacionado con ellos.
Lo sé, mi padre no es como esos buitres del consejo.
¡EI! Mi papá es el presidente.
Lo sé, tío Harry es el único que pone un poco de cordura en ese nido de buitres, pero ellos piensan que mi papá sí lo es, que utiliza su posición y sus influencias para conseguir poder y dinero, cuando lo único que ha hecho estos últimos 17 años es partirse los cuernos por sacar adelante el colegio. Ha buscado a los mejores en su campo y ha conseguido que sean profesores, se han implantado nuevas materias y se ha conseguido una mezcla perfecta entre lo muggle y lo mágico, muchos le envidian.
Entiendo, pero… - me muerdo el labio – ¿cómo se supone que vamos a llevar una relación fuera del colegio si yo estoy siempre en él?
Buff… no lo sé – se sienta abatido a mi lado – supongo que tendríamos que dejarlo estar hasta las vacaciones.
Pero, Adam… son casi cuatro meses.
Lo sé, sé que es mucho lo que te pido, y entenderé si quieres terminar con esto ahora…
¿QUÉ? ¡VES! Quieres dejarme…
No, yo no quiero, sólo que… entiendo que no puedas esperar por mí y aguantar una relación así.
… - se sienta a mi lado, agacha la cabeza y la mete entre las piernas, llevándose las manos a la nuca.
Dorian, te quiero, pero no puedo hacer algo que perjudique a mi papá, entiéndelo por favor.
… - una lágrima resbala por mi mejilla, consigo limpiarla a tiempo de que se note – nadie tiene por que enterarse de que estamos juntos, quiero decir, podemos ser discretos.
… - levanta la cabeza y se queda mirándome.
Bueno, yo no iba a lanzarme a por tus labios en mitad de una clase, ni tampoco atacarte en medio de un pasillo.
Dorian, te adoro – me acaricia la mejilla – pero se que te lanzarías a por mí a la mínima de cambio.
¿Insinúas que no tengo autocontrol? – levanto una ceja, y casi estoy por maldecirle, ¿qué se cree que soy un PUÑETERO PERVERTIDO SEXUAL?
No lo insinúo, lo afirmo.
Soy perfectamente capaz de controlarme, soy un Malfoy.
Si ya como el otro día en el cine, ¿no?
… - me sonrojo por completo – la culpa fue tuya por llevar esos pantalones – y de mi papá y ese maldito genoma Potter que me lleva por la calle de la amargura.
Ah claro, ahora mis pantalones tienen la culpa de que tú perdieras el control y empezaras a masturbarme en mitad de la película, ¿no?
No oí que te quejaras en aquel momento – le recrimino.
No claro que no, afortunadamente para mí sabes muy bien lo que haces – sonrío ante el cumplido – pero no te sabes medir, y eso es un problema.
Adam, soy perfectamente capaz de controlarme, sé lo que significa tu padre para ti, no haría nada que pudiera poner su puesto en peligro, lo juro. Además de verdad que no pensaba manosearte en mitad de un pasillo.
¿Seguro?
Bueno…. Vale… quizás lo pensé un poquito, pero era una fantasía, nada más.
Fantasía… no sabía que fantasearas conmigo…
Adam, llevo cinco años sin verte, ¿cómo crees que conseguía excitarme durante todo este tiempo? – se sonroja y agita la cabeza.
No tienes remedio.
Si no te gusta como soy… - arrugo la nariz.
No digas tonterías – se acerca a mí y me besa – me encanta como eres – sus manos se cuelan bajo mi ropa y se deslizan por mi espalda y mi pecho.
Creí que habría un parón hasta las navidades – le digo entre besos.
Aún no estamos en el colegio – sonríe y me tumba sobre el asiento subiéndose encima de mí, su boca explora la mía, mientras nuestras lenguas pelean por el control del beso. Meto mi mano por debajo de su túnica y comienzo a sacarle la camisa que estaba por dentro del pantalón.
Adam…
¿Hmmm?
Creí que yo era el que no tenía autocontrol.
En ningún caso dije que yo lo tuviera, además si voy a tener que esperar por ti cuatro meses, pues creo que… - sus ojos vidriosos se clavan en mi boca – deberemos dar un acelerón a las cosas para luego hacerlas reposar, ¿no?
¡Creí que iba a ser especial! – le digo medio ofendido, mientras por dentro estoy partiéndome de risa al ver su rostro compungido.
Esto… yo… sí, tienes razón – retira su cuerpo de encima del mío y levantándose empieza a acomodarse la ropa.
Pero qué tonto eres… - le digo agarrándolo de la corbata y lanzándolo de nuevo sobre mí – si eres capaz de alejarme de ti por cuatro meses, espero que me des un bueno motivo para volver a ti después de ese tiempo.
Le sonrío juguetón antes de lanzarme a por sus labios, el beso es apasionado y es acompañando por caricias desmedidas. Sus manos se cuelan bajo mi ropa y comienza a deslizarse por mi piel; arqueo la espalda cuando siento su entrepierna rozar contra la mía, mis manos se aferran a su cuello y lo apego a mí, devorando su cuello cuando él ladea la cabeza. Harto de la fricción de mi ropa y la falta de tacto entre nuestras pieles, muevo mi mano y nos desnudos a los dos.
¡DORIAN! – grita – podrías avisar por lo menos de que ibas a hacer eso, ¿no?
No tengo tiempo que perder – de un impulso me levanto y lo lanzo contra el asiento de enfrente, lo recuesto y sobre él me lanzo a lamer y chupar sus pezones – hay mucho por explorar.
Suelta una pequeña risita que se ve cortada enseguida por un jadeo involuntario cuando dirijo mi mano derecha a su entrepierna, con las yemas de los dedos acaricio su miembro y le siento temblar bajo de mí. Torturo primero uno de sus pezones, luego el otro con mi lengua y mis dientes, comienzo a descender jugando con mi lengua sobre su pecho, me detengo en su ombligo lamiéndolo despacio, después desciendo por uno de sus costados, bordeando su entrepierna. Mi mano, que había permanecido acariciándolo, se separa de él y acaricia la cara interior de su muslos, me aproximo con la boca ha su miembro y su cadera se eleva involuntariamente, dejo que mi aliento recorra su erección, se tapa la cara con el brazo.
Dorian… por favor… - me suplica con un hilillo de voz.
Complacido por su estado de éxtasis, comienzo a lamer despacio su miembro, recorriéndolo primero, después succiono la punta mordiéndola despacio, torturándolo y haciéndolo jadear descontrolado. Cuando siento que su cadera volverá golpear contra mí, me meto toda la extensión de su miembro en la boca, arrancándole un ronco gemido, sus manos se enlazan en mis cabellos, mientras tengo que detener sus caderas, poniendo mis manos sobre ellas, porque quería imponer un ritmo demasiado rápido y que le haría terminar enseguida.
Dorian… más rápido… - suplica.
No… así… - le respondo volviendo a torturarlo con succiones suaves y lentas, haciendo que su cuerpo se tense y contraiga de placer, despacio y con un ultimo lametón a su erección me separo de él y asciendo por su pecho hasta quedar a la altura de su cabeza – ahora, vas a darme una buena razón para esperar por ti cuatro meses – le susurro a la altura del oído.
La vista se le nubla, y de un empujón me separa de él, se pone en pie y me hace levantarme, sus manos llevan las mías a la pared y hace que me apoye en ella, él se da la vuelta y se posiciona a mi espalda.
Será tan buena la razón que tendrás que hacer uso de todo el autocontrol que no tienes para no lanzarte a por mí antes de esos cuatro meses – me susurra al oído, antes de comenzar a lamer y morder el lóbulo de mi oreja.
Termina después y comienza a descender marcando el camino con su lengua por mi espalda, rozando con ella mi espina dorsal.
SHHHHHHHHHHHHHHHH SHHHHHHHHHHHHH… – siento a Gray retorcerse alrededor de mi columna, y sisear casi extasiada.
¡JODER ADORO ESTE TATUAJE! – grita mientras termina de recorrer con su lengua la extensión de su espalda.
Su mano se encarga de terminar de despertar mi erección, la masajea con suavidad, mientras le siento colocar su rostro a la altura de mi entrada y comienza a jugar con su lengua en ella.
MMMMmmm… - mis uñas se clavan en la pared del vagón cuando su lengua se introduce en mí, y comienza a hacer pequeños círculos en mi interior – ahmmm… - me muerdo con fuerzas los labios – Adam… ya… ya … - le suplico – no voy a aguantar …
No tienes por qué hacerlo – su mano se aferra ahora con más fuerza a mi miembro, y el masajeo se vuelve mas rápido y rítmico, su lengua tortura mi entrada, con pequeños jugueteos. Aumenta el ritmo de su mano sobre mi miembro, y comienza a morder mis nalgas, aprieta con fuerza la punta de mi erección y siento todo mi cuerpo estremecerse en una oleada de placer.
¡ADAM! – grito apoyando la cabeza en mi brazo y mordiéndome con fuerza los labios tras derramarme en su mano.
Delicioso… - dice llevando su mano a la boca y lamiendo, levanto la vista por encima del hombro, y le veo devorar con ansia mi semilla sobre sus dedos, después desciende la mano y un primer dedo se introduce en mi interior.
AHMMM… - una mezcla de dolor y placer me inunda.
Relájate …- me dice besando mi espalda, mientras su dedo entra y sale de mi interior, haciendo círculos de vez en cuando, un segundo después siento otro dedo más en mi interior – ya casi estás… - me susurra al oído – pondré un hechizo de protección, ¿de acuerdo?
AJAMMM – le digo entre gemidos, le oigo susurrar un hechizo anticonceptivo y retirar despacio sus dos dedos.
¿Listo? – asiento con la cabeza cuando noto su miembro en mi entrada, un poco de presión y fuerza y le siento entrar en mí.
Ahmmm…- muerdo mi brazo desesperado – ya Adam… no te pares – le suplico.
Vale… - su voz suena áspera y ronca, un fuerte movimiento y se cuela por completo en mi interior. – MMMMMmmmm – sus dedos se clavan en mis caderas – ¿estás bien?
Sí… pero muévete, por Merlín – le suplico.
No tarda mucho en obedecer, su cadera golpea contra mi trasero, haciendo que su miembro profundice en mi interior, arrancándome gemidos y gritos descontrolados cada vez que su punta roza mi próstata. Mis uñas se clavan con fuerza en la pared con cada embestida, arqueo la espalda para que su miembro llegue lo más profundo posible. Su mano derecha asciende por mi espalda y comienza acariciarla-
Shhhhhhhhhhhh… ¡SHHHHHHHHHHHHHHH! – Gray sisea completamente extasiada.
Joder sí… joder, me encanta esa serpiente – dice entre gemidos.
La otra mano abandona mi cadera y se dirige hacia mi renovada erección, comienza a manejarla al ritmo de las embestidas, fuertes y profundas, con un ritmo loco.
MÁS, MÁS – le grito loco de deseo – más rápido… más por favor – le suplico.
Pervertido – susurra en mi oído – te gusta duro, ¿eh?
Sí… ¿algún problema? – le digo aprisionando sus labios.
Ninguno.
AHMMMMM – me arranca un grito de placer, cuando saca su miembro de golpe de mi cuerpo y lo vuelve a clavar en mí de una sola estocada.
¿Así de duro?
Síiiii… síii – un par de embestidas más como la anterior y me derramo en su mano – ¡OHHH DIOS! ¡SÍIIIIII!
¡DORIAN! – un grito tras la puerta – Dorian, soy Mya, ábreme.
Ahora no puedo… - le digo entre jadeos y fuertes embestidas.
Papá te busca.
OH MIERDA… - exclama Adam a mi espalda.
Voy… voy... ahora – gimo agarrándome a la pared cuando noto como detrás de mi todo el cuerpo se estremece.
AAAHHHHMMMMM – el grito resuena en todo el vagón, siento su semilla en mi interior.
¡OH, JODER! – oigo tras la puerta – podríais mediros un poco, ¿no? – exclama indignado Jason.
¡CÁLLATE HERMANITO! – le grita Adam, despacio sale de mi interior.
Si me callo no puedo decirte que tío Harry está viniendo para aquí, así que será mejor que abráis.
Oh…. Joder… - comienzo a buscar mi ropa por el vagón, la separo de la de Adam, y me visto con un movimiento de varita – ¿qué haces? – le pregunto al verlo vestirse tranquilamente.
A mí, los hechizos sin varita no se me dan nada bien.
¡INÚTIL! – le recrimino, muevo mi mano y le visto. Me coloco bien la ropa y me peino un poco – Alohomora – la puerta se abre – Pasad.
¡Ohhh DIOS! – exclama Jason al entrar – ¿No podéis controlaros o qué? El vagón apesta a sexo.
¿Y tú qué vas a saber enano? – le recrimina Adam – si eres casto y puro…
¿Y tú qué sabes? – salta Jason, poniéndose colorado.
Claro… ahora me dirás que eres todo un don Juan, ¿no? Por favor… – hace un gesto con la mano.
¿Queréis calmaros? Papá viene ahí – dice Mya acercándose a la ventana y abriéndola – será mejor que os de el aire, estáis demasiado colorados y, por Merlín, limpiaros el sudor de la cara – hace aparecer un par de pañuelos que flotan en el aire ante nuestras caras.
Gracias – le digo.
Estás aquí – dice papá al entrar – llevo media hora buscándoos. ¡ADAM! – exclama al verlo – no sabía que tu también venías en el tren.
Bueno… no – la voz de Adam aún suena sofocada, y su cara está completamente roja – yo… me apetecía viajar con los chicos – sonríe y disimuladamente acerca la cabeza a la ventana para que el aire le golpee.
¿Estás un poco rojo? – le pregunta papá – ¿te encuentras mal?
Yo… no… no… sólo tengo calor – le dice.
¿Y a ti qué te pasa? – me señala – ¿no estarás enfermo otra vez?
No, no… hace calor, nada más – nos mira, y mira a Jason y a Mya, perfectamente arreglados, con sus caras sin restos de sudor y con su palidez característica.
¿Qué ha pasado aquí? – pregunta con un tono nada conciliador.
Pasar… nada, no ha pasado nada – empiezo a sudar de nuevo producto de los nervios.
Hijo, puede que a veces me haga un poco el despistado, pero tonto no soy. ¿Quieres decirme por qué vosotros dos estáis completamente sudados, y Mya y Jason no?
Veras tío… - comienza Adam – nosotros…
Ellos se pelearon papá – habla Mya.
¿OTRA PELEA? – me mira enojado – creí que te controlarías, ¡que lo de la escuela militar te serviría para algo!
Papá tranquilo, no en ese sentido, ya sabes, como eran cuando eran pequeños, siempre jugando a lo bruto, y se enzarzaron en una pelea de broma, no una de verdad.
Si, bueno tío en el fondo seguimos siendo unos niños – añade Adam.
Deberías comportarte, ahora eres profesor.
Lo sé, pero claro, cuando hay confianza… - le reconoce.
La confianza debe quedar fuera del colegio – se coloca bien la gafas – bueno, tu deberías ir al vagón de profesores – le dice a Adam – y vosotros dos – señala a mi hermana y a Jason – al de prefectos – y tu adecéntate un poco, por Merlín – sale del vagón y yo respiro por fin.
Buffff… por poco – digo.
Sí, menos mal que tu hermana es de mente ágil, gracias Mya.
De nada, pero la próxima vez yo no estaré para salvaros el culo – se levanta y arrastra a Jason fuera del vagón.
Tengo que irme - se levanta y camina hacia la puerta.
¿Un último beso? – le pido poniéndole ojitos.
Un beso, y me voy.
De acuerdo – sonrió mordiéndome el labio, mientras susurro un fermaportus que me dará unos minutos más con Adam, después de todo cuatro meses es mucho tiempo.
