LAS GUERRERAS MAGICAS
CAPITULO 11 – LOS GUARDIANES DE CEFIRO, WINDOM Y CERES
Anaís, Marina y Lucy emprendieron un viaje acompañadas por Paris, Ráfaga y Latiz para enfrentarse al emperador Megas y así salvar Céfiro, pero en su recorrido fueron atacados por Ascot. Después de un fiero combate, lograron derrotarlo, pero en ese momento apareció Megas, quien venció fácilmente a las Guerreras Mágicas. El poder del mal se hace cada vez mayor y las posibilidades de devolverle a Céfiro la paz son muy pocas, todo recae en la fuerza del corazón de las chicas.
Cuando la batalla terminó, Megas había desaparecido dejando una gran zona devastada. Entre los escombros se encontraba Latiz, quien había alcanzado a invocar un escudo mágico, lo suficientemente fuerte para protegerlo a él y a los demás de la muerte. En cuanto se puso de pie buscó a su hermano en los alrededores. A unos metros de distancia, Zagato yacía en el suelo, sangrando por la gran herida que Megas le había provocado.
-¡Zagato!- gritó Latiz al encontrarlo.
-La… Latiz…- dijo Zagato débilmente.
-No hables, debes guardar tu energía.- le aconsejó Latiz.
-Me siento… como un tonto por… no haber… podido… defender a Esme… ralda.
-No digas eso. Diste tu mayor esfuerzo.
Zagato rió entre dientes y luego tomó la mano de Latiz, entregándole su espada. Latiz la sostuvo por un momento y después la apartó en el suelo.
-Llévala contigo…- dijo Zagato- Estoy seguro… de que te será de mucha ayuda…
-¿De que hablas? Serás tú quien la va a usar, juntos derrotemos a Megas.- Zagato volvió a sonreírle mientras sujetaba su mano.
-Tienes una bondad… similar a la de nuestra madre…
-Zagato…
-Estoy muy mal herido… ni siquiera con la… magia… de GuruClef podría… recuperarme… Hermano… prométeme que… protegerás a la princesa… y a Céfiro.
La fuerza en la mano de Zagato empezó a disminuir, el brillo en sus ojos desaparecía y su pulso se hacía lento.
-¡No, Zagato!- gritó Latiz- ¡Zagato!
Desde la muerte de su madre, Latiz no se había atrevido a derramar una sola lágrima sin importar la situación en la que se encontrara, pero en ese momento una pequeña y cristalina lágrima recorrió su mejilla y cayó sobre su mano mientras sostenía la de su hermano.
Fyula, que se había alejado para evitar la pelea, regresó a donde se encontraban Latiz y los demás. Ráfaga se levantó con mucho esfuerzo, pues tenía rocas y pedazos de ramas encima. Y Paris y Ascot aún permanecía inconscientes.
Latiz había estudiado con GuruClef la magia, y conocía muchos tipos de hechizos, desde encantamientos hasta magia de curación. Y en ese momento, justo antes de que el corazón de Zagato se detuviera por completo, recordó un hechizo muy poderoso. Colocó ambas manos sobre el pecho de Zagato y cerró los ojos. Una brillante aura blanca los rodeó a ambos y algunas esferas brillantes brotaron de la tierra. Con la espada de Zagato, Latiz se hizo una cortada profunda en su mano izquierda y vertió la sangre sobre la espada y sobre la herida de su hermano. A los pocos segundos, el cuerpo de Zagato empezó a sanar al mismo tiempo que la espada tomaba un brillo blanco.
Ráfaga, que había estado revisando el estado de Ascot y Paris, se acercó a Latiz para asegurarse de que estaba bien, de igual modo, Fyula aterrizó a un costado para esperarlos. Cuando llegaron, Latiz ya había terminado.
-Ráfaga,- le habló Latiz- quiero que lleves a mi hermano y a los muchachos de regreso al castillo para que los atienda GuruClef.
-¿Qué pasó con la herida de Zagato?- preguntó Ráfaga desconcertado.
-Logré curarla con ayuda de mi magia. Pero eso no importa ahora, lo importante es que lleguen al castillo cuanto antes y que pongas a GuruClef al tanto de la situación.
-¿Acaso no piensas venir?
-Iré en busca de las Guerreras Mágicas. Ya hemos comprobado el potencial del enemigo, y sin su ayuda y la de la espada Valis no podremos vencerlo.
-¿Y que pasará si Megas ataca el castillo?
-Solo espero que eso no ocurra antes de que regrese con las chicas.
Dicho esto, Latiz se alejó corriendo mientras Ráfaga subía a los demás al lomo de Fyula para llevarlos al castillo. Ninguno de ellos se percató de que no muy lejos alguien los estaba observando.
-Así que el tonto de Latiz utilizó un hechizo de Sangre Pura- rió entre dientes- ¡Muy bien! Al parecer las cosas serán más sencillas a partir de ahora…
-Guerrera Mágica… Guardiana de Céfiro… Levántate…- le hablaba una voz a Anaís en sueños.
-¿Quién eres?- le preguntó Anaís.
-El balance de poder entre el bien y el mal ha sido alterado. Tu misión es salvar Céfiro y restaurar ese balance una vez más.
La esfera de energía que atrapó a Anaís se había disuelto, liberándola en un lugar muy distante, lejos del castillo y de sus amigas. Anaís despertó algo aturdida por lo sucedido, pero no tuvo problemas para incorporarse. Apenas había abierto los ojos, pero no deja de pensar en lo que había escuchado mientras estaba inconsciente.
-¿Debo salvar Céfiro?- se dijo a si misma.
Cuando examinó a su alrededor, descubrió que estaba a los pies de una montaña rodeada por un espeso bosque. Se levantó y sacudió el polvo de su ropa, miró a su alrededor pero no había ningún sendero y descubrió que el arco y flechas que le había sido otorgado por la princesa ya no estaban. Entonces, uno de los matorrales cercanos comenzó a agitarse ligeramente. Anaís se acomodó sus lentes y se acercó para ver mejor. De pronto, del interior del matorral saltó una criatura redonda y blanca. Al principio Anaís no supo de que criatura se trataba, pero al ver la gran gema que llevaba en su frente la reconoció, era Nikona.
-Nikona¿eres tú?- le preguntó Anaís para asegurarse.
-Pupu pupu- respondió con una gran sonrisa.
-Vaya, cuanto tiempo sin verte.- dijo Anaís al tiempo que se agachaba sobre sus rodillas y frotaba la cabeza de Nikona- No has cambiado en lo más mínimo.
-Pupu pu pu puu- Nikona empezó a brincar alrededor de Anaís.
-¿Qué sucede?
Nikona se detuvo en dirección a la montaña, un delgado rayo rosado salió de la gema en su frente y apuntó a la cima de la montaña.
-¿Quieres que vaya allá arriba?- preguntó Anaís sorprendida.
-Pupu- le respondió afirmando con la cabeza.
-Pero Nikona, no sé nada sobre escalar montañas, además es muy peligroso y no tengo el equipo necesario.
Nikona se apartó un poco y volvió a lanzar otro rayo, pero esta vez creó un holograma frente a Anaís, un holograma de la princesa Esmeralda.
-Anaís.- escuchó la voz de la princesa.
-¡Princesa Esmeralda!- Anaís se sorprendió mucho al escucharla.
-Querida Anaís. Debes buscar al guardián del viento. Solo él puede ayudarte en tu difícil tarea.
-¿El guardián del viento?
-Windom, uno de los tres guardianes de Céfiro. Su espíritu habita en la cima de esta montaña.
-Así que ahí es a donde Nikona quería llevarme. Pero dime princesa ¿cómo te encuentras?
-En estos momentos mi cuerpo y espíritu están separados, pero mi corazón aún late.
-Princesa¿por qué me escogiste para una misión tan difícil? No conozco mucho sobre peleas y mi magia no es muy poderosa.
-Mi dulce Anaís, al igual que a Marina, yo solo les entregue sus poderes, pero fue otra persona quien te eligió para esta tarea.- el holograma se empezó a hacer borroso- Cuando llegue el momento descubrirás la respuesta a tu pregunta.
-¡Princesa!
El holograma desapareció por completo y la voz de Esmeralda se desvaneció en el aire. Anaís permaneció pensativa unos instantes, luego volteó hacia la cima de la montaña con una mirada llena de determinación y valor.
-Muy bien. Si el guardián se encuentra en aquella cima, entonces es ahí a donde debo ir.
-Pupu pu pupu- dijo Nikona alegremente.
Ella y Nikona corrieron hacia la montaña. Nikona se adelantó y empezó a brincar en las salientes del inmenso muro de roca. Por su parte, Anaís se aferraba con todas sus fuerzas a las salientes mientras trepaba lentamente.
Y así pasaron varias horas mientras Anaís subía la montaña. No sabía si era de día o de noche, pues las densas nubes aún cubrían el cielo. Cuando hubo alcanzado una altura considerable, se detuvo en una gran saliente para tomar un descanso. Aún no había llegado a la mitad del recorrido, lo cual la decepcionaba un poco. Nikona se sentó junto a ella para hacerle compañía.
-¡Cielos! Parece que nunca alcanzaré la cima.- decía Anaís dando un gran suspiro.
Un pequeño temblor sacudió la tierra y varias rocas cayeron hacia Anaís. Al ver esto, Nikona se alejó brincando en las salientes. Anaís se levantó de inmediato.
-¡Huracán verde!- gritó para invocar su hechizo.
Las poderosas ráfagas de viento golpearon y destrozaron las rocas convirtiéndolas en polvo, el cual fue arrastrado lejos de Anaís.
-Después de todo creo que mi magia no es tan débil como pensaba.- se dijo a si misma riendo.
Pero a penas se había librado de las rocas, un hechizo de fuego golpeó el muro de roca cerca de ella, y la explosión la arrojó fuera de la saliente. Anaís empezó a caer a gran velocidad, y esta vez su magia no podría salvarla. De pronto, su rápida y repentina caída había sido detenida por una criatura. Anaís pensó que había sido Fyula quien la había salvado, pero al sentir que la criatura tenía plumas, se desconcertó.
Una inmensa ave de color esmeralda y con cuatro alas era quien la había rescatado de su pequeño accidente. Anaís se sujetó lo más fuerte que pudo del plumaje pero tratando de no arrancar una sola pluma. El ave comenzó a elevarse sobre el suelo de Céfiro, y dio algunas vueltas sobre el bosque alrededor de la montaña. La vista era impresionante, pero también era deprimente ver el estado tan oscuro en el que se encontraba Céfiro.
-¿Podrías llevarme a la cima de esa montaña?- le preguntó Anaís a la ave recordando lo que Nikona le había indicado.
El ave solo asintió con la cabeza y voló en dirección a la montaña. Entonces, un segundo hechizo de fuego trató de alcanzar a Anaís, pero el ave lo esquivo ágilmente. Anaís no alcanzo a distinguir de donde había provenido el ataque, sin embargo, estaba segura de que alguien la estaba siguiendo por lo que tenía que darse prisa en encontrar a Windom.
Al llegar a la cima, Anaís descubrió una cueva que conducía al interior de la montaña. El ave la empujo suavemente por la espalda con su pico invitándola a entrar.
En el interior de la cueva, no había luz alguna, por lo que Anaís tuvo que avanzar con extremo cuidado. El final del túnel divisó una tenue luz, y supuso que solo había atravesado la montaña, pero la luz no provenía del exterior de la montaña, sino de su interior. Una gran habitación se abría en el centro de la montaña, y la luz era emitida por unos grandes cristales que emergían de los muros. A excepción de cuatro pilares de cristal que estaba levantados en el centro de la habitación formando un cuadro, el lugar estaba vacío. Cuando Anaís entró para revisar el lugar pudo sentir que alguien la observaba y en ese momento otro hechizo de fuego fue lanzado contra ella, y esta vez fue su viento de defensa lo que la salvo.
-¿Quién esta ahí?- gritó Anaís.
Una risa siniestra hizo eco en toda la habitación, pero nadie aparecía, en su lugar más ataques de fuego amenazaron a Anaís. Ella uso su magia para protegerse de algunos mientras esquivaba otros.
-Eres más escurridiza de lo que pensaba. Creo que te he subestimado.- dijo aquella voz.
-¿Quién eres¡Muéstrate!- le ordenó Anaís.
-Quería eliminarte sin que tuvieras que ver mi rostro... pero si así lo quieres.
Una sombra apareció detrás de uno de los pilares, y poco a poco fue revelando su identidad por la luz. Anaís permaneció atónita al ver quien era su atacante.
-Guerrera Mágica… Guardiana de Céfiro… Levántate…- le hablaba una voz a Marina en sueños.
-¿Guerrera Mágica¿Quién eres tú?- preguntó Marina.
-Sin tu ayuda y la de las demás guardianas, Céfiro se hundirá en las sombras y todos tus seres queridos perecerán.
Marina se levantó con dificultad, pues su cuerpo estaba entumido. Al mirar el lugar en el que había despertado, descubrió una cabaña junto a la playa.
-¿Dónde estoy?- se dijo así misma- Lucy... Anaís...
Marina trató de recordar lo que había sucedido antes de perder el conocimiento, pero sus recuerdos estaban incompletos y borrosos. Caminó hacia la cabaña, esperando encontrar a alguien que le ayudara a ubicarse.
La cabaña parecía estar vacía, abandonada. Sobre la playa había un joven que al parecer estaba trabajando con un bote de madera. Marina lo miro trabajar durante un rato, y no tardó en darse cuenta de que el joven era idéntico a GuruClef.
-GuruClef...- dijo en voz baja.
El joven alcanzó a escuchar la voz de Marina, dejó sus herramientas y la contempló momentáneamente antes de iniciar la conversación.
-¿Llevas mucho tiempo ahí?- le preguntó el joven.
-No...- murmuró Marina.
-¿Perteneces acaso al ejército?- le sonrió. Marina solo negó con la cabeza.
-¿Por qué lo dices?
-No es muy común ver a una chica tan linda vistiendo una armadura como la tuya.
Marina se sonrojó ligeramente ante el comentario del joven. Ella permaneció inmóvil, y al ver esto, el joven decidió acercarse.
-¡Tranquila! No voy a morderte.- dijo el joven sonriendo al ver que Marina daba un paso atrás.
-No es eso. Es solo que... tienes un parecido increíble a alguien que conozco.
-¿En serio¿Es alguien especial acaso?
El joven se acercó aún más a ella y Marina no pudo esconder rubor de sus mejillas. Finalmente, el joven volvió a sonreírle y la invitó a entrar a su cabaña.
-No es seguro estar afuera con estos cambios tan repentinos de clima.- dijo el joven mientras entraban a la cabaña.
Dentro de la cabaña había una mesa con dos sillas, un par de estantes, una cama y una chimenea con un fuego intenso que calentaba una pequeña olla.
-Tienes razón.- dijo Marina con cierto nerviosismo al sentarse a la mesa- Por cierto, aún no me has dicho tu nombre.
-Me llamo Ryozo. ¿Cuál es el tuyo?
-Marina.
-¡Vaya! Hermoso nombre. Me recuerda el mar, y para serte sincero yo amo el mar. ¿Quieres un poco de té?- dijo mientras vertía un poco de té de la olla en unas tazas pequeñas.
-Me encantaría.
-¿Y que te trae por aquí?
-Pues a decir verdad, estoy perdida. Mis amigas y yo nos hemos separado, y necesito encontrar el camino de regreso al castillo.
-¿Te refieres al castillo de la princesa Esmeralda?- preguntó con gran interés.
-Si. ¡Este té esta delicioso!- exclamó al probar el contenido de su taza.
-Que bueno que te ha gustado. Es una receta que yo mismo inventé.
Hubo un silencio largo durante el cual ambos se miraban sin cesar, pero Marina no podía sostener la mirada mucho tiempo, así que se distraía o tomaba algo de té, pero Ryozo la miraba profundamente.
-¿Y porque deseas ir al castillo?- retomó la conversación Ryozo.
-Tengo que volver para ayudar a mis amigas a vencer al malvado de Megas.
-¿Megas?
-Si, es el causante de todo lo que está pasando en Céfiro. Pero ahora que estamos separadas no hay mucho que pueda hacer. Lo último que recuerdo es una batalla contra él... después perdí el conocimiento... y antes de despertar en este lugar una voz me hablaba en mis sueños.
-Una historia interesante...
-¿Acaso crees que la he inventado?- dijo Marina un tanto molesta.
-Claro que no, pero te contaré una historia más interesante aún.
Ryozo dio el último trago de té que quedaba en su taza y le ofreció un poco más a Marina, pero ella apenas había tomado la mitad del suyo.
-Cuando era pequeño, mi abuelo me contaba historias sobre una gran batalla en Céfiro. Me contó que el antiguo pilar de Céfiro llamó a tres caballeros para que acabaran con el mal, y que él espíritu de uno de ellos, el guardián Ceres, descansa en el mar, esperando a que su sucesor llegue a ese lugar.
-¿Y crees que sea cierta esa historia?- dijo Marina apartando su taza.
-No lo sé. Pero si pones atención, a veces puedes ver en el horizonte la figura de una criatura que sobrevuela la superficie del mar, como si cuidara algo.
Marina permaneció callada durante un instante, y luego se terminó su té.
-¿Podrías llevarme mar adentro en tu bote?- le pidió Marina.
-Seguro...- respondió Ryozo desconcertado- Pero ¿qué es lo que quieres ver¿Acaso vas a ir en busca de esa criatura?
-No lo sé.- Marina se levantó de la mesa y miró por una ventana que daba vista al mar- Siento que hay alguien allí llamándome.
-Entonces vayamos.
Ambos salieron de la cabaña y en poco tiempo ya habían zarpado, dejando atrás la playa. Ryozo remaba con todas sus fuerzas, mientras Marina contemplaba el mar, el cual permanecía calmado a pesar de las condiciones del clima.
Anaís continuó evadiendo los hechizos de fuego uno tras otro, pero no se atrevía a usar su magia contra su atacante.
-¡Detente!- le grito Anaís- ¡Por favor, detente... Lucy!- Anaís apenas podía creer que era Lucy quien la atacaba
-¿Qué sucede¿No piensas atacarme?- dijo Lucy, esta vez lanzando una bola de fuego más poderosa que las anteriores.
-¡Viento de defensa!
La magia de Anaís no pudo detener por completo la bola de fuego, la cual perforo el escudo de viento y la golpeó.
-¡Basta Lucy!- le suplicó Anaís mientras se sujetaba el brazo por una pequeña herida que se había hecho.
-Eres tan débil Anaís.- rió Lucy- No sé como pude relacionarme con alguien como tú. No sirves para nada. Apuesto a que la princesa Esmeralda no estaría pasando por esta situación si no fueras tan inútil.
-¿Esmeralda?
La herida en su brazo le producía dolor, pero las palabras de Lucy la habían herido justo en el corazón creando una herida aún más dolorosa.
-¿Cómo puedes decir eso Lucy?- Anaís comenzó a acercarse- Tu dijiste que éramos amigas. Además, recuerda que prometimos luchar juntas y así salvaríamos a Céfiro.- Anaís la tomó del hombro y le sonrió.
-¿Amigas?- preguntó sarcásticamente- Yo no necesito amigas, solamente te utilice para poder acercarme a la princesa para así obtener esta magia tan poderosa.
Lucy lanzó a Anaís contra uno de los muros con ayuda de su magia, hiriéndola aún más, pero esta vez Anaís solo se arrodilló sobre el suelo, pues su tristeza y decepción le impedían ponerse de pie.
-¡Guerrera Mágica!- escuchó que alguien la llamaba.
-Esa voz... Es la voz que escuche en mis sueño.
De pronto, entre los cuatro pilares de cristal comenzó a aparecer el ave de cuatro alas que la había salvado antes. Anaís podía escuchar claramente que era esa ave esmeralda quien le hablaba.
-Joven guardiana de Céfiro...- continuó hablando- Haz sido escogida para cargar con la responsabilidad de salvar a Céfiro, pero solo la espada de Valis puede detener a vuestro enemigo.
Anaís escuchó lo que el ave le decía, pero no se movía de su lugar. Por su parte, Lucy se acercó a ella lentamente, dispuesta a atacarla una vez más.
-¿Salvar Céfiro?- dijo Lucy- Ni siquiera tienes la fuerza para salvarte a ti misma.
-El momento se acerca.- dijo el ave- Para despertar el verdadero poder de Valis, tu corazón debe convertirse en uno con el de su portadora. Solo entonces ganarán la fuerza necesaria para restaurar el equilibrio entre el bien y el mal.
-Pero...- dudo Anaís- Yo no...
-¡Es cierto!- la interrumpió Lucy- Tu no puedes hacerlo. No pudiste defender a Esmeralda, no pudiste derrotar a Megas... Ni tampoco pudiste salvar a tus padres...
-¡Nooo!- El espíritu de Anaís estaba apunto de quebrarse.
-¡Demuéstrame la fuerza de tu corazón!- le ordenó el ave- ¡Aquello que indica que eres digna de llevar el título de Guerrera Mágica!
-La fuerza... de mi corazón...
-¡Ja ja ja! Tu no tienes fuerza... siempre has sido una débil y una tonta.- Lucy estaba a tan solo unos pasos de Anaís.
-¡Derrota a tu adversaria! Solo así podrás demostrarme la fuerza de tu corazón
-¿Qué ataque... a Lucy?...
Cuando estuvieron a una distancia considerable de la playa, Marina alcanzó a divisar a lo lejos una luz que venía de debajo del agua. Entonces, una gran criatura comenzó a emerger del mar.
-¿Qué es eso?- exclamó Ryozo.
-No lo sé, parece un...- Marina miró con detenimiento a la criatura- ...un dragón.
El dragón que había salido a la superficie era gigantesco. Sus escamas tenían un color azul profundo y sus alas eran de igual tamaño. Las aguas del mar ni siquiera se inmutaron cuando la criatura salió, seguían tan calmadas como al principio.
-Acaso será...- murmuró Marina.
-¡El espíritu del guardián de Céfiro!- dijo Ryozo.
-Guerrera Mágica...- se escucho una voz en el aire.
-El dragón... me está hablando.- dijo Marina para sí misma.
-Joven guardiana de Céfiro...- continuó hablando- Haz sido escogida para cargar con la responsabilidad de salvar a Céfiro, pero solo la espada de Valis puede detener a vuestro enemigo.
-Si, lo sé. Pero Lucy es quien porta la espada no yo.- aclaró Marina.
-Sin importar lo poderosa que sea la portadora de la espada, su fuerza por si sola no podrá hacerle frente a la maldad que acecha Céfiro.
-Entonces, eso quiere decir que debo encontrar a Lucy y Anaís cuanto antes.
-Eso quiere decir que te marcharás¿no es cierto?- le preguntó Ryozo.
-Tengo que hacerlo. Lucy y Anaís me necesitan.
Ryozo subió los remos al bote y se acercó a Marina, quien se desconcertó por lo que estaba haciendo. Entonces Ryozo la tomo de la mano y continuó hablando.
-Por favor, quédate conmigo.
-¿Qué...?- Marina apenas podía creer lo que escuchaba.
-Mis padres murieron hace tiempo. No tengo amigos ni familia. He pasado la mayor parte de mi vida solo. Quédate conmigo. No te vayas.
-Pero es que yo...
Marina sabía que debía ir con sus amigas, pero algo en su corazón le decía que se quedara con Ryozo. Recién lo había conocido, pero quizá era por el parecido a GuruClef, lo que la incitaba a quedarse.
-¡Demuéstrame la fuerza de tu corazón!- dijo el dragón- ¡Demuéstrame que eres digna de ser una Guerrera Mágica!
-¿Y que necesitas que haga para demostrártelo?- preguntó Marina aún más desconcertada.
-¡No lo escuches!- interrumpió Ryozo- Si lo haces deberás irte, pero yo quiero que te quedes a mi lado. Después de todo, no cualquier día me encuentro con una chica tan hermosa como tú. Por favor, no quiero seguir solo.
Lucy ahora se encontraba justo frente a Anaís y le apuntó con la palma de su mano, dispuesta a dar el golpe final mientras el ave solo miraba lo que sucedía.
-¿Tienes algo que decir antes de que utilice mi magia?- dijo Lucy.
Anaís no podía hacer nada, estaba muy cansada. Se encerró en sus pensamientos, y recordó todos aquellos momentos que había vivido desde que conoció a Lucy.
-¿Por qué actúas así Lucy?- pensaba- Como es posible que hayas cambiado tanto repentinamente... Aún recuerdo el día en que nos conocimos. Desde ese momento supe que eras una persona de buen corazón. Y confirme ese sentimiento cada vez que luchábamos contra algún enemigo. En Talim, donde libramos nuestra primer batalla. Siempre tuviste esa mirada de valor, y eso me daba ánimos para no rendirme... Perdóname por no haber sido lo bastante fuerte...
-Anaís...- pudo escuchar la voz de Lucy dentro de su mente.
-Lucy.
-Anaís, tienes que luchar y defenderte. No dejes que esa impostora te detenga. Tu eres mucho más fuerte que ella. ¡Date prisa para que nos reunamos lo antes posible!
-¿Y bien¿No vas a decir tus oraciones?- rió Lucy.
De pronto, varias ráfagas de viento brotaron del cuerpo de Anaís creando un escudo y arrojando a Lucy lejos. El viento poco a poco curó las heridas de Anaís y le devolvió su fuerza.
-Que tonta fui al no darme cuenta de que tu no eres la verdadera Lucy.- dijo Anaís al ponerse de pie.
-Veo que por fin has decidido luchar. Esto será divertido. ¡Prepárate¡Flecha de Fuego!
-No puedo quedarme.- dijo Marina- Si me quedo, Céfiro estará en grave peligro, también mis amigas, la princesa Esmeralda y...- dudo por un instante- GuruClef.
-¿Es él, no es cierto?- pregunto Ryozo- La persona especial que mencionaste antes.
-GuruClef es mi amigo, y no puedo abandonarlo en una situación como esta.
-Cambiaría las cosas si te dijera que estoy enamorado de ti.
Ryozo acarició su mejilla y luego tomó su otra mano. Marina se había quedado perpleja, no sabía que decir o hacer. Comenzó a reflexionar entonces en lo que el dragón le había dicho, y si en verdad era necesaria su ayuda para vencer a Megas.
-Lucy es muy fuerte, después de todo es ella quien lleva la espada de Valis. Estoy segura de que ella y Anaís podrán derrotar a Megas... Pero si algo llegara a pasarles... No podría perdonármelo nunca. Sin embargo, no puedo dejar de pensar en las palabras de Ryozo... nadie me había dicho algo así antes... ni tampoco me había sentido igual con alguien...
-Marina...- escucho la voz de Lucy.
-Lucy¿eres tu?
-¡Date prisa Marina! Tenemos que salvar a la princesa Esmeralda y a Céfiro. Necesito que me ayudes. Estoy segura de que si las tres nos unimos podremos regresar a Céfiro a la normalidad.
Fue entonces que Marina supo lo que debía hacer, separó sus manos a las de Ryozo y miró por un instante al dragón que aún seguía esperando.
-Lo lamento Ryozo.- le dijo Marina- Quisiera quedarme, pero antes debo ayudar a mis amigas. No puedo dejar que luchen solas. Quizá, cuando todo esto termine, podamos vernos nuevamente.
-¡No!- le contestó furioso- No voy a permitir que te marches. Si no quieres quedarte conmigo, entonces no te quedarás con nadie.
-¿De que estas hablando?
Entonces, Ryozo comenzó a convertirse en una criatura halada, similar a un demonio. Salto fuera del bote y se elevó sobre Marina.
-Trate de convencerte para que te quedaras por las buenas, pero si así lo quieres, haré que el mar se convierta en tu tumba.- un aura azul rodeo a Ryozo y una gran esfera de energía se formó encima de él- ¡Muere!
-¡Huracán Verde!- gritó Anaís.
-¡Dragón de Agua!- exclamó Marina.
Ambos poderes aumentaron su fuerza gracias los sentimientos tan fuertes de Marina y Anaís. El huracán de Anaís, logró vencer la magia de la falsa Lucy, pero su poder fue tal, que al golpear a Lucy la arrojó contra uno de los muros, atravesándolo hasta el exterior de la montaña. Mientras que el dragón de Marina devoró en un instante la esfera que Ryozo le había arrojado, y cuando lo alcanzó, el dragón de agua lo lanzó al mar y lo sumergió en las profundidades del océano.
-Muy bien jovencita... has superado la prueba de la confianza.- le dijo el ave a Anaís.
-¿La prueba?- murmuró Anaís.
El ave esmeralda extendió sus enormes alas y continuó hablando.
-Mi nombre es Windom y soy uno de los guardianes de Céfiro. Has demostrado la fuerza de tu corazón al confiar en tus sentimientos por las personas que amas. Pero sobre todo, haz logrado obtener la confianza necesaria en ti misma para poder vencer cualquier adversidad. Ahora ya puedes llevar mi poder contigo. Una vez que la magia de las tres Guerreras Mágicas se haya unido, la espada Valis revelará su verdadero poder.
De pronto, el ave se convirtió en cientos de esferas brillantes pequeñas que entraron de golpe en el guante de Anaís.
-Pupu pu pupu
-¡Nikona!- dijo Anaís al ver que Nikona se acercaba por la entrada de la cueva.
-Pu pu pupu- decía Nikona sin cesar.
-A mi también me da gusto volver a verte.
-Joven guardiana de Céfiro... lograste pasara con éxito la prueba de la fidelidad.
-¿Cómo que la prueba?- se sobresaltó Marina- ¿Quieres decir que todo este tiempo me estabas poniendo aprueba?
-Yo soy Ceres, uno de los guardianes de Céfiro. Al haber tomado la decisión de volver con tus amigas me has demostrado la fuerza de tu corazón. Solo una auténtica Guerrera Mágica le es fiel a sus seres queridos sin importar la situación en la que se encuentre. Ahora ya puedes llevar mi poder contigo. Una vez que la magia de las tres Guerreras Mágicas se haya unido, la espada de Valis revelará su verdadero poder.
El dragón abrió sus alas y levantó la cabeza hacia el cielo. Su cuerpo se separó en diminutas esferas brillantes que entraron rápidamente en el guante de Marina.
Completada su tarea con los guardianes, Marina y Anaís emprendieron el regreso al castillo, donde esperaban encontrar a los demás. Anaís avanzó guiada por las indicaciones de Nikona, y Marina se dejó llevar por las corrientes del mar, que lentamente la acercaban a la playa.
(Fin del Capítulo)
Un capítulo más a la lista, espero que haya sido igual de interesante que los anteriores, o por lo menos que les haya gustado.
A diferencia de mi fic anterior, he decidido que por el momento ninguno de los personajes vaa morir, así que los que pensaban que Zagato ya había cruzado para el otro lado seguramente se sorprendieron con lo que le paso después. Y también he decidido que pareja escojera Lucy definitivamente, por lo que todo el siguiente capítulo estará dedicado a ella, a Latiz y a Aguila, incluso veremos la reaparicion de Luz.
Solo para aclarar una duda de una amiga, como todos saben los nombres originales del ayudante de Zagato y de la otra mitad de Lucy en la serie son Innouva y Nova, respectivamente. Quiza haya creado algo de confusión el que usara los nombre de la traducción para estos personajes (Nova y Luz), pero los personajes son los mismos, solo cambia la forma en la que se desenvuelven en la historia.
Ahora que me siento inspirado, espero poder subir uno o dos capítulos más, o incluso terminar la historia antes de abandonarla de nuevo. Pero pasemos a los agradeciemientos.
dianapotter- Me siento muy feliz de que te este gustando mucho el fic hasta ahora, y debo admitir que fuiste tu la que me inspiró para retomar mis ánimos de escritor y continuar con este trabajo. Ojala este capítulo, o los que siguen, te sean de igual agrado.
Alba- Sinceramente no sé por que dices que el capítulo anterior esta incompleto. Quizá es por el punto en el que decidí cortar la historia, o es que literalmente el capítulo no aparece completo. De cualquier modo te agradezco que sigas mi historia y si tienes alguna duda o comentario sobre ella, no dudes en decirmela.
luna- Que bueno es saber que aún sigues leyendo mi fic. Como ves, tu predicción sobre este capítulo no estaba tan equivocada, las chicas ahora son un poco más fuertes y afortunadamente para todosZagato no se murió. Pero aún falta por ver lo que le sucederá a Lucy...
ceres- Susy, vieja amiga. Gracias por leer mi historia, me agrada saber que aún visitas mi página. Ahora ya tengo un motivo más para que el siguiente capítulo sea mejor que los anteriores. Usaré toda mi imaginación para no decepcionarte.
Y también agradezco a todas las personas que han leído mi historia (si es que hay alguien más), por que es para ustedes para quienes escribo.
Por el momento me despido. Saludos a todos. Atte Angel (Mashin Crimson)
