LAS GUERRERAS MAGICAS

CAPITULO 12 – UNA VIEJA AMIGA

Las Guerreras Mágicas habían sido separadas y enviadas a diversos lugares en Céfiro. Anaís despertó a los pies de una gran montaña donde se encontró con una Lucy falsa, quien utilizó su apariencia para poder engañarla. Marina apareció cerca de una playa y conoció a Ryozo, un joven de aspecto similar al de GuruClef. Tras enfrentarse a Lucy y Ryozo, cada una de las guerreras logró demostrarle la fuerza de su corazón a los guardianes de Céfiro, Windom y Ceres. Ahora, cada una viaja de regreso al castillo para reencontrarse con sus amigos.

-¿Acaso intentas pescar un resfriado mientras esperas a que termine de llover?

Lucy pudo escuchar una dulce voz dentro de sus sueños, mientras poco a poco se formaba una imagen conocida, un paisaje nublado con una fuerte lluvia. Lucy pudo verse a sí misma esperado bajo la cortina de una tienda a que cesara de llover cuando se acercó a ella una chica de cabello largo y rosado.

-¡Luz!- respondió Lucy al reconocerla.

-No deberías exponerte así a la lluvia, podrías enfermarte.

-Tienes razón.- sonrió Lucy- ¿Pero que haces aquí? Tu casa queda en otra dirección.

-Solo vine a despedirme. Tengo que emprender un largo viaje.

-¡Pero no puedes irte! Eres mi mejor amiga. ¿Qué voy a hacer cuando te vayas?

-No te preocupes, te aseguro que nos volveremos a ver algún día, en algún lugar.

-Luz...- se dijo Lucy mientras se observaba así misma en su sueño –No sé cuanto tiempo ha pasado desde la última vez que nos vimos... creo que fue hace más de un año... pero no estoy muy segura de ello...- continuó viendo la escena.

Luz miró al cielo mientras las nubes se movían suavemente por el cielo, y Lucy alcanzó a notar que una lágrima brotaba de sus ojos, pero no se atrevió a preguntar.

-Parece que volverá a llover. Será mejor que lleves esto.- dijo Luz al entregarle su sombrilla.

-Pero Luz…

-No te preocupes.- se acercó a Lucy y la abrazó con fuerza- Te voy a extrañar…

Luz dio media vuelta y se alejó corriendo al mismo tiempo que el cielo volvía a oscurecerse.

-¿A dónde irías con tanta prisa?- pensaba Lucy- Nunca me lo dijiste... si tan solo me hubieses dado una dirección, seguramente hubiera ido a buscarte... o será que...- dudó por un momento- ¿ya no deseabas verme?

-¡Adiós Luz!- gritó Lucy agitando su brazo- ¡Recuerda que siempre seremos amigas…!

Fue lo último que Luz escuchó antes de que el sonido de la lluvia interrumpiera las palabras de Lucy.

-¡No! Si ella no hubiera querido verme más, me lo habría dicho...- Lucy estaba apunto de llorar después de haber contemplado la escena- Siempre fuiste mi mejor amiga, pero no termino de entender por que te fuiste... Nada ha sido igual desde que te marchaste. Te prometí que siempre sería tu amiga... y tu dijiste que nos volveríamos a ver...

La imagen del sueño se fue desvaneciendo poco a poco, pues Lucy comenzaba a despertar.

-...que nos volveríamos a ver...

Cuando abrió los ojos, lo primero que vio fue una gran llama frente a ella, y pudo escuchar suavemente que una voz la llamaba por su nombre. Se levantó despacio del suelo y notó que estaba tapada con una gran capa. La llama que había visto, no era más que el fuego de una pequeña fogata que proporcionaba un poco de calor. El lugar donde se encontraba era un pequeño claro de bosque. Junto a ella estaba la espada de Valis. Lucy miró a su alrededor, pero no encontró a nadie. Se quedó un rato contemplando la fogata y pensando en muchas cosas.

No pasó mucho tiempo cuando Lucy escuchó el sonido de unos pasos que se acercaban, tomó rápidamente la espada y se puso en guardia. De entre la sombra de los árboles pudo ver la figura de una persona.

-La espada no es necesaria.- escuchó Lucy- Ya me encargué de traer leña.

Lucy vio que un joven alto de cabello blanco era quien se acercaba, y de inmediato bajo la espada, un tanto avergonzada por su actitud tan precipitada.

-Lo lamento...- dijo Lucy apenada- Pensé que...

-No te preocupes.- le sonrió - No es la primera vez que me apuntan con una espada.

El joven se acercó a la fogata y bajo la leña que llevaba consigo y arrojó algunos pedazos al fuego para avivarlo.

-¿Quién eres tú?- le preguntó Lucy mientras lo miraba detenidamente.

-Mi nombre es Aguila. Aunque supongo que debería ser yo quien preguntara eso, después de todo, yo no caí del cielo.

-¿Del cielo?- Lucy se desconcertó.

-¿No recuerdas nada?- Lucy solo negó con la cabeza- En ese caso tuviste suerte de que pasara por aquí. Hace un par de horas me encontraba de camino a mi pueblo, al norte, cerca del Abismo Rojo.

-No suena como un buen lugar para vivir.

-No te dejes engañar por el nombre.- continuó el joven- El Abismo Rojo es uno de los lugares más hermosos en Céfiro. Cada rincón del abismo esta cubierto por bellos cristales carmesí que brotan del suelo y los muros. También habitan muchas criaturas mágicas que viven en armonía con la gente de los alrededores. Mi aldea es un lugar ideal para vivir... o al menos... lo era...- permaneció en silencio.

-¿Pasó algo malo?

-Hace un par de días, mi aldea y las aldeas vecinas fueron atacadas por una malvada guerrera.- la mirada del joven se perdió entre la llama de la fogata- Nadie sabe en que momento apareció, pero en cuanto llegaba a una aldea lo destruía absolutamente todo, y no dejaba a nadie con vida. Yo dirigí a un reducido grupo de soldados contra ella, pero nadie sobrevivió. Aún con mis habilidades no logré vencerla... sin embargo pude escapar.

-Yo...- murmuró Lucy- Lo lamento.

-Es por eso que acudí al castillo de Céfiro para ponerlos al tanto de la situación. Pero no conseguí gran cosa. Si tan solo Latiz me hubiese ayudado...

-¿Latiz?

-¿Lo conoces?

-Si. Mis amigas y yo estábamos viajando junto con Latiz para luchar contra el emperador Megas.

-Así que así se llama el sujeto que esta detrás de todo esto.

Aguila comenzó a buscar entre sus bolsillos y sacó una pequeña fruta amarilla, similar a una manzana.

-¡Toma!- se la entregó a Lucy- Necesitas comer algo si quieres luchar.

Lucy le agradeció por la fruta, y aunque no sabía que clase de alimento era, se la comió rápidamente, pues no había probado bocado desde el ataque al castillo.

-Por cierto, aún no me has dicho tu nombre.- dijo Aguila.

-Lo lamento. Soy Lucy.

-Háblame un poco de ti.

-Pues... Yo vivo en la ciudad de Tokio, en Japón...

Entonces, Lucy comenzó a contarle todo lo que había vivido desde el día en que abandonó Tokio y llegó a Céfiro. Las batallas que había librado y las personas que había conocido. Aguila estaba sorprendido al escuchar que ella había sido escogida como una de las Guerreras Mágicas, a partir de ahí, no dejó de mirar la espada que estaba junto a Lucy.

-De modo que... ¿tu y tus amigas son las nuevas guardianas de Céfiro...¿las que cuenta la leyenda?

-Así es...- Lucy bajo la mirada- Pero ahora estamos separadas. No sé en donde me encuentro, ni tampoco sé si Marina y Anaís están bien.

-Estoy seguro de que sabrán cuidarse.

Aunque llevaban bastante tiempo platicando, Lucy no había notado un pequeño vendaje en la mano izquierda de Aguila.

-¿Qué te sucedió en la mano?- le preguntó Lucy angustiada.

-¡No es nada! Solo es un pequeño rasguño.

-Déjame ver.- dijo Lucy tomándolo de la mano.

La herida bajo el vendaje, más que un rasguño, parecía haber sido provocada por las garras de alguna criatura.

-Mientras caminaba por el bosque,- dijo Aguila- pude ver en el cielo una esfera roja que pasó volando a gran velocidad. Impulsado por mi curiosidad, la seguí durante varios minutos, hasta que pude ver que descendía. Cuando llegué al lugar donde la esfera había caído, te encontré a ti recostada en el suelo, sujetando esa espada. Entonces, una criatura apareció de entre los árboles e intentó atacarte, por lo que tuve que tomar prestada tu espada para derrotarla.

Lucy y Aguila miraron al mismo tiempo la espada, pero Lucy no dijo nada y volvió a colocarle el vendaje en la mano.

-Ahora que pienso en todo lo que me contaste...- continuó Aguila- ¿No será esa la espada de Valis... o si?- Lucy permaneció en silencio- Ahora entiendo por que vencí a la criatura en cuanto blandí la espada.


Cuando Ráfaga regresó al castillo, GuruClef, que se había percatado de su presencia desde antes, ya lo esperaba en la entrada junto a Presea y Caldina. Los cuatro se apresuraron a llevar a Zagato, Paris y Ascot a diferentes habitaciones del castillo. Zagato, aunque ya había sido curado por Latiz, aún permanecía sin energía e inconsciente. Ascot y Paris fueron atendidos por Caldina y Presea quienes se encargaron de curar sus heridas.

Ráfaga le explico a GuruClef lo que había sucedido, la batalla con Megas, la derrota de Zagato y la separación de las chicas.

-Aunque hay algo que aún no logro entender.- le dijo Ráfaga a GuruClef mientras descansaban en el salón principal- ¿Como fue Latiz capaz de curar una herida tan grave como la de Zagato, y en tampoco tiempo?

GuruClef se encerró en sus pensamientos, tratando de averiguar la respuesta a la pregunta de Ráfaga.

-Si lo que dices es cierto, y la herida de Zagato casi le provoca la muerte...- murmuró GuruClef- ¡No puede ser!- se exaltó.

-¿Qué sucede?

-¡El hechizo de Sangre Pura!- exclamó GuruClef levantándose de su asiento.

-Dime GuruClef¿en que consiste ese hechizo?

-Es un hechizo de curación sumamente poderoso, pero para poder invocarlo es necesario pagar un precio muy alto...


El cielo de Céfiro estaba hundido en la oscuridad. Las densas nubes negras cubrían cada hueco, e impedían que la luz del sol penetrara, sin embargo, se podía observar un ligero cambio en la iluminación sobre la tierra, dando a entender si era de noche o de día. Lucy se había percatado de esto cuando viajaba sobre el lomo de Fyula, y pudo saber que estaba amaneciendo, pues los árboles cobraban un pequeño brillo.

-Necesito un favor Aguila...- le dijo Lucy- ¿Puedes llevarme de vuelta al castillo de Céfiro?

-¡Claro!- le contestó con una sonrisa- Hay una aldea muy cerca de aquí. Ahí podrás descansar un poco más y recobrar todas tus fuerzas para el viaje de regreso.

Recogido el pequeño campamento, Lucy y Aguila avanzaron con dirección al Este, hacia la aldea que había mencionado Aguila. En el camino se encontraron con varias criaturas mágicas a las que tuvieron que derrotar para seguir avanzando. Lucy era quien se encargaba de las criaturas con ayuda de la espada Valis, y Aguila solo observaba asombrado por el poder de la espada legendaria.

Cuando por fin llegaron a la aldea, Aguila se dirigió a la posada mientras Lucy daba un pequeño recorrido por los alrededores. En las afueras de la aldea había unos grandes campos de cultivos, y Lucy vio con alegría a un niño que jugaba entre los campos. El pequeño traía una vara de madera y la estaba introduciendo por un agujero en el piso. Lucy quiso acercase para ver más de cerca lo que hacía.

-¡Hola pequeño!- le habló Lucy sonriéndole.

-Hola- contestó el niño devolviéndole otra sonrisa.

-¿Qué es lo que haces?

-Estoy cazando ratones.- el niño no dejaba de picar el agujero con su vara.

-¿Ratones?- preguntó Lucy algo confundida.

-Estos campos le pertenecen a mi papá, y me dijo que los cuidara mientras él no estaba. Pero hay unos ratones que salen del piso y se comen muchas de nuestras verduras.

-¡Ya entiendo! Te voy a ayudar.

Lucy comenzó a buscar una vara similar a la del niño y camino un poco hasta que encontró una adecuada para el trabajo. Una fuerte ráfaga de viento la golpeó por la espalda y le produjo un escalofrío, cerró los ojos y se abrazó. Al mirar hacia delante, pudo ver entre los árboles la sombra de una chica de cabello largo. Lucy quiso acercarse, pero el niño la jaló de su falda y la distrajo. El pequeño le dijo que ya había encontrado un ratón, y cuando Lucy volvió a mirar ya no había nadie.

-¿La habré imaginado?- pensaba.

Regresó con el niño a cazar ratones en el campo durante un rato. Al poco tiempo, Aguila regresaba de la posada, pero no iba solo.

-¡Latiz!- exclamó Lucy al reconocer a su acompañante.


-¿Sacrificar su vida?- preguntó exaltado Ráfaga.

-Así es.- contestó GuruClef- La única forma de detener la muerte de una persona, es entregándole una vida a cambio. Zagato ahora esta en buenas condiciones, pero me temo que si no hacemos algo Latiz va a...

-¡Tenemos que salir a buscarlo!- Ráfaga corrió hacia la salida.

-¡Aguarda!- lo detuvo- Aún si lo encontramos, romper la maldición del hechizo será muy difícil.

-¿De que hablas?

-Solo existe un método para salvarlo.

-¿Cuál es?

-Para romper la maldición...- GuruClef fue interrumpido por otra persona.

-Se le debe regresar el sacrificio que hizo.

Zagato recién había despertado, y escuchó parte de la conversación. Cuando intentó caminar hacia ellos, su cuerpo se debilitó y cayó al piso, por lo que tuvo que sujetarse de uno de los muros para volverse a levantar.

-¡Zagato!- dijo GuruClef- Deberías estar descansando.

-¿Descansar?- rió sarcásticamente- ¿Cómo puedo descansar sabiendo que mi hermano ha sacrificado su vida por mí? Debo salir a buscarlo y regresarle lo que le pertenece.

-No estas en condiciones de salir.- dijo Ráfaga.

-Sé que te preocupa tu hermano Zagato.- continuó GuruClef- Pero si abandonas el castillo, seguramente perderás el regalo que Latiz te dio. Estoy seguro de que él esta conciente de lo que hizo, y no se dará por vencido hasta verte a ti y a la princesa una vez más. El regresará te lo aseguro.


-¡Latiz!- gritó Lucy al tiempo que corría para saludarlo- ¡Que alegría volver a verte!

-Me alegra ver que estas bien.- dijo Latiz- ¿Qué sucedió con Marina y Anaís?

La expresión en el rostro de Lucy cambió de alegre a preocupado, pues ella tampoco sabía nada de sus amigas.

-Será mejor que regresemos al castillo.- sugirió Latiz.

-Lucy aún no esta completamente recuperada.- intervino Aguila- Además, ya he conseguido un lugar para que descanse.

-Lo siento Aguila, pero debemos partir cuanto antes.

-Dejemos que Lucy decida...

Lucy los miró angustiada, y tardó un poco en contestar.

-Estoy muy preocupada por Marina y Anaís, no sé si se encuentran bien o están en peligro...

-Entonces regresemos al castillo...- dijo Latiz.

-Sin embargo...- lo detuvo Lucy- Estoy muy exhausta por la última batalla y por el viaje hasta aquí. Si nos topáramos con Megas en el camino, no podría hacerle frente. Confío en la fuerza de Marina y Anaís, además, sé que ellas no me dejarían partir en este estado.

-Siendo así, vayamos a la posada.- secundó Aguila.

Lucy cruzó entre ambos caminando cabizbaja. Aguila miró a Latiz a los ojos durante un instante y luego avanzó. Pero Latiz permaneció junto al campo, observando los árboles con detenimiento, pues sentía que estaba siendo vigilado.

Ya en la posada, Lucy fue de inmediato a su habitación y, en cuanto se recostó en la cama, se quedó dormida. Por su parte, Latiz esperaba recargado en la entrada de la posada y Aguila solo lo miraba desde una mesa.

-Es una chica muy linda¿no lo crees?- le preguntó Aguila para iniciar una conversación.

-¿A que te refieres?- dijo Latiz sin siquiera voltear a verlo.

-Solo digo que es muy agradable estar con ella, además de que es bonita.

-¿Por qué la trajiste aquí?- cambió de tema.

-Ella necesitaba descansar, después de todo no debe ser fácil ser una guerrera legendaria.

-Dime la verdad.- al decir esto, Latiz volteó y lo miró fijamente a los ojos- ¿Es en realidad ella lo que te interesa... o es solo la espada?

Aguila dejó escapar una pequeña sonrisa mientras baja la mirada. Se levantó de su asiento y camino hacia fuera de la posada.

-Esa es una pregunta difícil.- dijo Aguila al pasar junto a Latiz, luego guardó silencio durante un momento antes de continuar- ¡Ven conmigo Latiz!

-¿Qué dices?- se extraño Latiz.

-Llevemos a Lucy y a la espada con nosotros y vayamos a derrotar a Megas.

-¡Tonterías!

-Con tu magia, mis habilidades y su espada podremos vencerlo. Y después saldríamos en busca de aventuras.- Latiz no dijo nada- ¡Vamos! Será como en los viejos tiempos. ¿Lo recuerdas?


(Flash back)

Dos muchachos corrían entre los árboles de un espeso bosque. Sus piernas se movían lo más rápido que podían, como si trataran de escapar. Sobre las copas de los árboles se podían ver como las aves huían a gran velocidad. Detrás de ellos, una enorme criatura los perseguía, pero sus pasos eran entorpecidos por los árboles, los cuales arrancaba del suelo con su enorme cuerpo.

-¡Date prisa Aguila!- le gritó uno de los muchachos al otro.

-¡Voy lo más rápido que puedo!

En un intento por escapar, ambos treparon velozmente a un gran árbol. Las ramas se mecían de un lado al otro con cada paso de la criatura. Una vez arriba, se aferraron al tronco y esperaron. No pasó mucho antes de que la criatura pasara de largo sin notar su presencia. Cuando no hubo peligro, bajaron del árbol y se aseguraron de que aún llevaban su precioso botín.

-¡Déjame verla Latiz!- dijo Aguila

-¡La gema de Arcon!- respondió mientras sacaba un gran cristal carmesí de uno de sus bolsillos.

-¡Genial! Nunca pensé que lo lograríamos.

-Y pensar que solo tuvimos que entrar a la cueva y robársela a la criatura...

Ambos comenzaron a reír de alegría por su éxito, pero entonces, la criatura dio media vuelta y se aproximo hasta ellos sin que lo notaran.

-¡Cuidado!- gritó Aguila al ver a la criatura.

La criatura levantó su imponente garra para aplastarlos, pero cada uno saltó en direcciones contrarias para esquivarlo. Al caer, Latiz soltó la gema, la cual rodó lejos de él. Cuando intentó alcanzarla escuchó que Aguila estaba en peligro. La criatura lo había acorralado. Latiz desenvainó rápidamente una pequeña daga la clavó en una de sus patas. La criatura intentó golpearlo, pero él alcanzó a esquivarlo y corrió al lado de Aguila.

-¿Te encuentras bien?- le preguntó Latiz.

-Si... pero creo que pronto no lo estaremos...

Al voltear, Latiz solo alcanzó a ver que la garra de la criatura se precipitaba sobre ellos con un golpe, el cual los arrojó contra los árboles. La fuerza del ataque los había dejado inmovilizados.

-¡Demonios!- maldijo Latiz.

Entonces, la criatura se acercó a ellos. Latiz pudo ver a lo lejos la gema de Arcon, y no estaba dispuesto a perderla. Usando las pocas fuerzas que le quedaban se levantó y corrió a enfrentar a la criatura una vez más. La criatura se detuvo y levantó su garra, pero cuando trató de golpearlo nuevamente, Latiz alcanzó a barrerse y pasó justo entre las patas de la criatura. Mientras se giraba, Latiz recogió la gema y se escondió detrás de un árbol. Con cuidado, se asomó por un extremo del tronco y pudo ver que Aguila se encontraba bien, entonces, la criatura arrancó el árbol en el que se escondía y lanzó un gran rugido. Latiz cayó al suelo exhausto y sin poder hacer nada.

La criatura se lanzó sobre él para devorarlo. Latiz solo cerró los ojos y se cubrió con sus brazos. Los dientes de la criatura se detuvieron a centímetros de él, y cuando miró, Latiz vio que su hermano mayor, Zagato, había detenido a la criatura con un certero golpe con la espada en su cabeza.

Más tarde en su casa, Latiz trataba de explicarle a su hermano lo que había sucedido, le mostró la gema de Arcon que habían conseguido y la dejó sobre la mesa.

-No te preocupes Zagato.- dijo Latiz- Puedo cuidarme solo. Además, Aguila y yo estamos bien y pudimos conseguir un gran tesoro.

-¿Y ese tesoro vale más que sus propias vidas?- preguntó Zagato.

-¿Qué...?

-Te has puesto a pensar que es lo que hubiera pasado si no los hubiese encontrado a tiempo. Tú y Aguila siempre están poniendo sus vidas en peligro, y todo para conseguir sus preciados tesoros.

-Pero...

-Ojalá fueras más responsable de tus actos. De lo único que me alegró es que mamá no está aquí para que la preocupes.

Mientras Zagato continuaba, Latiz miró la gema sobre la mesa.


-Desde ese momento supe que no podía llevar mi vida con juegos y tontas aventuras- pensaba Latiz- Y si para ello debía actuar con más seriedad y alejarme de Aguila, entonces lo haría. Entonces, mamá en verdad hubiera estado orgullosa de mí.

-¿Qué me dices entonces¿Vienes?- volvió a preguntarle Aguila.

-Lo siento Aguila, pero estoy aquí para llevar a Lucy al castillo, eso es todo.

Aguila suspiró ligeramente, luego siguió su camino y se adentró en el bosque, mientras Latiz miraba el cielo oscuro, esperando a que Lucy se recuperaba.

Después de unas horas, Lucy salió de su habitación y encontró a Latiz sentado en un rincón de la posada.

-Ya estoy lista.- dijo Lucy con una gran sonrisa.

-De acuerdo.- contestó Latiz levantándose de su asiento.

-¿Dónde está Aguila?

-No lo sé, salió a caminar pero no ha regresado.

-Espero que este bien.

De pronto, un hombre irrumpió en la posada, estaba muy alarmado y exaltado, su rostro estaba pálido y tartamudeaba al hablar.

-¿Se encuentra bien?- le preguntó Lucy de inmediato.

-¡Fuego! Están... están atacando la aldea...

-¡Que!- exclamó Lucy- ¿Quién?

-Una mujer... esta empezando... a destruirlo todo...

Latiz miró a Lucy, ella le hizo un gesto de afirmación y ambos salieron de la posada a ver que sucedía.

Los campos en los que Lucy había conocido al niño cazador de ratones, estaban completamente incendiados y varias casas de los alrededores ya habían sido alcanzadas por las llamas. La gente corría en todas direcciones asustada y alarmada. Algunos aldeanos habían llenado varios baldes con agua e intentaban luchar contra el fuego.

-¡Vamos Latiz! Hay que ayudar.- le dijo Lucy.

-¡No tan rápido!- los detuvo una voz.

De entre las llamas de los campos, una sombra se empezó a formar, avanzaba lentamente hacia ellos y aparentemente arrastraba algo consigo.

-¡No permitiré que interfieran con mi trabajo!

-¿Quién eres?- le preguntó Latiz.

-Mi misión es destruir toda la vida que haya en Céfiro, solo así el gran Megas estará contento.

-¡No te dejaré hacer eso!- intervino Lucy.

-Vaya vaya... pero que tenemos aquí. Pero si es la pequeña Lucy.

-¿Cómo sabes mi nombre?- preguntó desconcertada.

-¿Tan rápido te has olvidado de mí?

Un fuerte ráfaga de viento eliminó las llamas que había entre ellos dejando a la vista a su enemigo. Una chica delgada, cabello largo y rosado, con una armadura ligera y un traje negro entallado. Lucy bajó la guardia al reconocer a su enemiga, pero no podía creer lo que sus ojos le mostraban.

-Te dije que nos volveríamos a ver.- le dijo la chica de cabello rosado.

-No es posible...- dijo Lucy.

-¿Quién es ella?- le preguntó Latiz.

-Luz...- murmuró.

-Al menos recuerdas mi nombre.- dijo Luz.

-Pero Luz... ¿Por qué estas haciendo todo esto?- dijo Lucy angustiada.

-¡Ha ha ha! Pues por diversión, por que otra cosa lo haría. Tenía que encontrar una manera para aprovechar mis poderes. ¿Y que mejor manera hay que esta? Eliminando a los débiles para que los más fuertes prevalezcan. ¿No te parece perfecto?

-¡Aguila!- gritó Latiz.

Lo que Luz traía arrastrando de su lado izquierdo era el cuerpo de Aguila. Estaba gravemente herido. Al oír lo que dijo Latiz, Luz puso su pie sobre Aguila y empujó el cuerpo para verle la cara.

-Así que el nombre de este insecto es Aguila.- rió Luz.

-¿Qué le has hecho a Aguila?- grito Latiz furioso.

-Le enseñe quien es más fuerte.

-No... ¡Aguila!- gritó Lucy.

-Lo encontré en el bosque hace un rato. Yo no tenía intenciones de hacerle daño, después de todo es un joven muy atractivo.

-¡Aléjate de él!- le ordenó Lucy.

-Sin embargo, en cuanto descubrió que lo espiaba, me atacó sin razón alguna. No tuve más opción que deshacerme de él.- volvió a reír- Como se que es tu amigo, lo traje para que presenciara tu muerte.

Latiz dio un paso al frente y detuvo a Lucy con su brazo.

-Yo me encargaré de ella. Tú mientras asegúrate de que Aguila este bien.- le dijo Latiz en voz baja.

-Pero Latiz...- intentó detenerlo, pero él se lanzó al ataque rápidamente.

-¡Ha ha ha! Veamos si tu puedes darme más batalla que los demás.

Luz, con ayuda de su magia, apareció una espada de energía. Latiz atacó con todas su fuerzas y logró alejarla de Aguila. Entonces, Lucy corrió y se acercó a Aguila, y después de revisarlo un poco, notó que solo estaba inconsciente, pero que debía ser atendido cuanto antes.

A pesar de que Latiz era un espadachín excelente, sus ataques no parecían afectar en lo más mínimo a Luz, quien los esquivaba o desviaba sin hacer el más mínimo esfuerzo.

-¡Vamos¿Esto es todo lo que puedes hacer?- se burlaba Luz.

Latiz retrocedió con un gran saltó, y Luz esperó pacientemente su próximo ataque.

-¡Centella Luminosa!- invocó Latiz su magia.

El poderoso rayo blanco salió disparado de la punta de su espada y fue a golpear directamente a Luz, quien se perdió en una gran explosión.

Lucy había aprovechado para levantar a Aguila del brazo y lo llevó lejos del fuego. La mayoría de los aldeanos ya había huido, pero aún quedaban algunos que estaban refugiados en sus casas. Después corrió al lado de Latiz justo después de su ataque.

-¿Qué sucedió con Luz?- preguntó Lucy, pero élno dijo nada.

-Ese fue un buen ataque.- se escuchó la voz de Luz mientras la nube de polvo de la explosión se disipaba- Un poco más y hubieras conseguido hacerme un rasguño.

Cuando el viento se llevó el polvo, Latiz vio asombrado que Luz había bloqueado su ataque solo con su mano, y no tenía la menor señal de haber sido herida.

-Ahora es mi turno...- murmuró Luz.

Latiz se paró frente a Lucy y levantó su espada. Entonces, Luz desapareció, pero Latiz no se inmutó en lo más mínimo. De pronto, Luz volvió a aparecer frente a ellos corriendo. Latiz blandió su espada contra ella, pero un fuerte dolor en su pecho hizo que desviara el golpe y Luz lo esquivó con facilidad atravesando la armadura de Latiz con un corte en uno de sus costados. Por la herida, Latiz no pudo mantenerse en pie y se apoyó en su rodilla derecha y en su espada.

-¡Latiz!- lo sujetó Lucy.

-¿Qué les parece? El gran Latiz arrodillado ante mí. Como quisiera que tu hermano estuviera aquí para verte. ¡Casi lo olvido¿Cómo esta tu hermano? Supe que casi era eliminado por Megas.

-No te atrevas a hablar de él...- dijo Latiz con voz débil.

-¡Que ironía! El es quien recibe el ataque, pero eres tú quien está muriendo.- dijo Luz riendo- El efecto del hechizo de Sangre Pura esta empezando a hacer efecto. Pero sabes, yo puedo librarte de una muerte lenta y dolorosa y acabarte aquí y ahora. Te prometo que ni siquiera sentirás cuando te haya atravesado con mi espada.

-¡Detente, por favor... Luz!- suplicó Lucy.

-¿Qué?- dijo Luz confundida.

-No tienes que hacer esto. Nosotras éramos mejores amigas. No hay motivo para que tengas que cometer acciones tan malas.

-¿No tengo que hacerlo?- cerró los ojos y agachó la cara.

-Estoy segura de que dentro de ti está la verdadera Luz, la que conocía antes. Mi mejor amiga.

-Tu no sabes nada...- murmuró Luz- ¡No sabes nada de lo que dices!

Una gran aura roja creció alrededor de Luz, y varias bolas de fuego volaron en varias direcciones, la mayoría estrellándose en el bosque o contra las casas que aún quedaban. Lucy vio que el pequeño niño del campo estaba fuera de su casa buscando a su mamá. Entonces, corrió la más rápido que pudo para protegerlo de una bola de fuego que se precipitaba sobre él. Tomó al niño entre sus brazos y lo estrechó a su cuerpo. La bola de fuego la golpeó directamente en la espalda.

Latiz juntó las fuerzas que aún le quedaban y volvió a atacar a Luz con su espada. Mientras tanto, el pequeño intentaba despertar a Lucy, quien había quedado inconsciente por el ataque.

-Guerrera Mágica...- escuchó una voz en su cabeza- Levántate.

-Esa voz...- se decía así misma.

-Levántate y muéstrame la fuerza de tu corazón. Aquello que indica que eres digna de ser nombrada Guerrera Mágica y de portar la legendaria espada.

Cuando Lucy volvió en sí. Lo único que podía ver eran las casas siendo consumidas por las llamas y a Latiz que peleaba sin descanso. De pronto, la madre del pequeño apareció y se lo llevó entre sus brazos. Lucy apenas pudo levantarse.

-No puedo dejar que esto continué.- pensó- Tengo que detener a Luz.

Luz había conseguido empujar a Latiz al suelo y le apuntó al cuello con su espada.

-¿Tienes algo que decir antes de que te maté?

-¡Luz!- le gritó Lucy.

-Bien, así que has decidido luchar.- dijo Luz al ver la expresión en el rostro de Lucy.

-No quiero hacerlo, pero si es necesario lo haré.

Luz corrió para atacar a Lucy, pero ella solo la esperó, extendió su mano y se preparó para atacar.

-¡Flecha de Fuego!- gritó Lucy.

Al ver esto, Luz detuvo su carrera y rió entre dientes.

-Si así lo quieres. ¡Te demostraré de lo que mi magia es capaz!- extendió su mano del mismo modo- ¡Flecha de Fuego!

Ambos hechizos chocaron, al principio creando una lucha de poder, pero era tanta la energía empleada que terminó por crear una gran explosión que estremeció la tierra.

Lejos de ahí, Anaís, pudo sentir como la tierra se movía bajo sus pies, y Nikona empezó a avanzar más rápido. Por su parte, Marina, que estaba viajando sola, también se percató de la explosión, la cual no estaba lejos de su posición.

Tanto Marina como Anaís, tenían un mal presentimiento, ninguna sabía como, pero sentían que Lucy estaba en grave peligro, y apresuraron su paso con la esperanza de encontrarla antes de que fuera demasiado tarde.

(Fin del Capítulo)

Perdón por la demora, pero había tenido bastante trabajo con los finales en la escuela, ya saben como es eso, además, no quería publicar este capítulo hasta que no estuviera completamente listo.

Como ven, las batallas más fuertes están por venir y el futuro de Céfiro se decidirá muy pronto. Por otro lado, he recibido propuestas sobre las parejas para historia, y parece que todos esperan ver a Lucy junto a Latiz... Sin duda es la pareja más importante y atrayente de todas¿no?.

Recuerden que también estoy abierto a cualquier sugerencia sobre la historia: agregar un personaje, un conflicto, reencuentro... etc... No duden en opinar sobre cualquier cosa, y si tienen dudas sobre alguna parte en general (y no aparece la respuesta en ninguno de los capítulos anteriores) también pregunten y les responderé de inmediato.

Por último, como siempre, quiero agradecer a ceres, luna y Alba por sus reviews, ya que ustedes me animan para continuar este fic.

Por el momento es todo. Saludos a todos los lectores. Hasta el siguiente capítulo.