LAS GUERRERAS MAGICAS

CAPITULO 13 – EL CORAZON DE LUCY

Aguila y Lucy habían llegado a una aldea para descansar, y se encontraron con Latiz, quien quería llevar a Lucy de regreso al castillo. Al pasar la noche, la aldea fue atacada por Luz, una misteriosa guerrera y antigua amiga de Lucy. El poder de Luz era muy grande, y ni siquiera Latiz pudo hacerle frente.

-¡Luz!- gritó Lucy mientras blandía su espada contra ella.

-¡Muy bien Lucy! Demuéstrame tu fuerza.- le dijo sonriente Luz.

Ambas contendientes tenían un poder asombroso, y el choque de sus espadas emitía ligeros destellos de luz. Latiz miraba impresionado la batalla, pero luego recordó a Aguila y corrió a ayudarlo.

-Aguila.- le habló para intentar despertarlo.

Después de un pequeño quejido, Aguila abrió los ojos y miró fijamente a Latiz.

-Discúlpame Latiz... por no haber sido más fuerte.- dicho esto, perdió sus fuerzas y volvió a quedar inconsciente.

-¡Aguila!

Aunque sus poderes eran muy parejos, Lucy sentía que no podría resistir mucho tiempo, pues su cuerpo aún no se había recuperado totalmente y las heridas que Luz le había hecho la debilitaban aún más.

-Vamos Lucy, no me digas que ese es todo tu poder.- dijo Luz.

-Por favor, detente Luz. Ya no quiero pelear contigo.- le rogó Lucy.

-Con que aún crees que somos amigas...- murmuró Luz.

Lucy alcanzó a escuchar las palabras de Luz y se confundió, pero Luz aprovechó la oportunidad para atacar.

-¡Flecha de fuego!- el ataque se precipitó sobre Lucy con más intensidad que antes.

-¡Cuidado Lucy!- Latiz se apresuró a ponerse frente a ella y utilizó un escudo mágico para protegerla.

La herida en su costado le impidió mantener el escudo por mucho tiempo, por lo que algo de la magia de Luz alcanzó a derribarlo.

-¡No, Latiz!

Lucy dejó caer su espada, se arrodilló al lado de Latiz y lo tomó de su mano. El golpe había sido lo suficientemente fuerte para dejarlo inconsciente. Lucy lo miró detenidamente y luego recorrió su rostro con su mano mientras Luz se acercaba a ellos lentamente.

-Dime algo Lucy- dijo Luz mientras avanzaba- ¿Por qué estas aquí?- Lucy no respondió- ¿Por qué intentas proteger a Céfiro y a su gente? Nadie en este mundo sabe quien eres ni por que estas luchando.

-Te equivocas Luz.- dijo Lucy- Yo estoy aquí para proteger a mis amigos. El emperador Megas quiere destruir Céfiro y herir a aquellos que amo.

-¿Amor?- rió entre dientes- Llamas amor al sentimiento por estas personas.- rió más fuerte.

-¿Qué?- se desconcertó Lucy.

-¿Como puedes decir que amas a la gente de Céfiro cuando nadie de aquí te ama? Abre los ojos Lucy, estas peleando por una causa que no te concierne.

-Eso no es cierto.

-No existe amor en las personas que te obligan a convertirse en su escudo para una guerra mientras ellos se quedan observando como sufres por las batallas.

-¡Mis amigos nunca harían eso!

-Entonces, dime ¿donde están GuruClef y la princesa Esmeralda¿Por qué no están luchando junto contigo?

-Es que ellos...

-¿Y que me dices de Ráfaga, Caldina y Presea? Ellos también son tus amigos¿no?

-Pero...

-Ellos te mandaron al campo de batalla confiando en que tu lo ibas a hacer todo. Ellos no han movido un solo dedo para ayudarte.

-No es cierto... ¡No es cierto!

-¿Dónde están Marina y Anaís?- Lucy miró a Luz a los ojos con el corazón destrozado- Y son ellas quienes son tus mejores amigas ahora...- dijo con sarcasmo- ¿Por qué te abandonaron?

-Marina... Anaís...- murmuró Lucy cabizbaja y con una lágrima en su rostro.

-Las personas solo te utilizan para cumplir sus metas. Solo hay alguien en quien puedes confiar, y es en ti misma.

-Pero Luz... tu y yo éramos amigas...

-Ya te lo dije, solo confío en mi misma, no necesito de ti o del emperador Megas. ¡No necesito de nadie! Así que...

Las lágrimas de Lucy caían sobre el pecho de Latiz. No muy lejos, Aguila pudo escuchar todo lo que Luz había dicho, pero aún no estaba en condiciones de levantarse. Luz extendió su mano hacia Lucy, pero ella solo abrazó a Latiz mientras lloraba.

-...te destruiré. ¡Flecha de Fuego!

La llama envolvió a Lucy y a Latiz rápidamente, pero no sufrieron ningún daño. Cuando Luz detuvo su ataque se dio cuenta de que un escudo de viento los protegía, así que volvió a lanzar otro hechizo con más energía, pero éste fue detenido por un gran dragón de agua.

-¿Quién hizo esto?- gritó Luz mirando a su alrededor.

-¡No permitiremos que lastimes a Lucy!- gritó Marina.

-Marina... – murmuró Lucy.

-No sé quien eres,- intervino Anaís- pero si quieres lastimar a Lucy entonces eres nuestra enemiga.

-Anaís... – Lucy apenas reaccionaba.

-¡Entrometidas!- les gritó Luz- ¡Acabaré con ustedes!

Lucy yacía recostada sobre el pecho de Latiz llorando, su corazón estaba destrozado y su mente nublada, las palabras de Luz la habían lastimado más que las heridas en su cuerpo.

-Guerrera Mágica...

-Esa voz de nuevo.- pensó Lucy al escucharla dentro de su cabeza.

-Muéstrame la fuerza de tu corazón. Tu que has sido elegida para portar la espada legendaria y llevar el nombre de guerrera mágica, demuéstrame la fuerza que hay en tu corazón.

-¿Mi corazón?

Lucy levanto la vista y vio a Marina y Anaís luchando contra Luz. Desde su encuentro con los guardianes de Céfiro, se habían vuelto más fuertes, lo suficiente para hacerle frente a Luz.

-Marina... Anaís...- pensaba Lucy- Ustedes dos pertenecen a Céfiro, y es natural que quieran luchar por proteger su mundo... sin embargo... ¿por que fui la única que vino a Céfiro? Aquel día en la torre de Tokio, lo único que deseaba era llevarle un regalo a mis hermanos... pero fui transportada a este mundo. ¿Habría cambiado las cosas si no hubiese estado en la torre ese día?...

La batalla se tornaba a favor de Luz, pues su magia sobrepasaba la de Anaís y Marina, pero ellas no se rendían.

-Saturno... Cameo... Maciel.- se decía Lucy a si misma- ¿Qué estarán haciendo mis queridos hermanos? Quizá Luz tenga razón...- el brillo de la espada Valis poco a poco se fue opacando- quizá debería volver con mis hermanos para asegurarme de que estén bien.

-¿Qué es esto?- dijo Luz al sentir un cambio en el ambiente.

El poder de la espada Valis se fue desvaneciendo al mismo tiempo que perdía su brillo hasta que se convirtió en un simple pedazo de metal.

-¡Ha ha ha ha!- rió Luz- ¿Qué les parece? La gran Lucy, portadora de la espada legendaria y guerrera mágica... derrotada por sus mismas emociones.

-¿Qué has dicho?- preguntó Marina.

-Jugaremos en otra ocasión.- dijo Luz- Hasta entonces... guerreras mágicas.

Luz se desvaneció mientras reía con fuerza. Marina y Anaís no acababan de entender lo que habían escuchado.

La gente del pueblo, una vez terminada la batalla, se esforzó por apagar las llamas del campo y de las casas. A pesar de que los edificios no habían sufrido grandes daños, todo el campo y las cosechas habían sido convertidas en cenizas. Anaís uso entonces su magia para curar las heridas de Latiz, Aguila y Lucy.


En el castillo, GuruClef era atormentado por una terrible noticia. Tras el primer encuentro del emperador Megas con las guerreras mágicas, Megas continuó su camino hacia el castillo, y lo que era peor, ahora que la espada Valis había perdido su poder, la espada de Megas, Leethus, había conseguido un aumento de energía muy grande.

-¿Qué sucede GuruClef?- preguntó Presea.

-Me temo que estamos en serios problemas.- contestó GuruClef afligido.

-¿A que te refieres?- volvió a preguntar.

-El emperador Megas, viene hacia acá.

-¡No puede ser!- interrumpió Ráfaga- Sin las guerreras mágicas y la espada Valis no podremos derrotarlo.

-Lo sé.- contestó GuruClef- Lo único que podemos hacer por ahora es esperar a que Latiz las encuentre y regresen lo antes posible al castillo.

-Espero que estén bien.- dijo Presea.

-Si las guerreras mágicas no se dan prisa...- pensaba GuruClef- la princesa va a...

-¿Te encuentras bien GuruClef?- preguntó Ráfaga.

-No es nada. No sé cuanto tiempo tarde el emperador Megas en llegar aquí, así que pondré un escudo alrededor del castillo para protegerlo.

-GuruClef...- lo detuvo Presea.

-¿Sucede algo Presea?

-No... solo trata de no esforzarte demasiado ¿quieres?.

-Estaré bien Presea, no te preocupes.


Mientras tanto, Ascot ya había despertado y permanecía recostado en una cama mirando el techo de su habitación.

-¿Cómo te encuentras?- le preguntó Paris desde la puerta de la habitación, y al verlo, Ascot se sentó.

-Paris...- murmuró Ascot.

-Sufriste muchos daños en la última pelea.- Ascot solo bajo la mirada- Tengo que admitir que te has vuelto más fuerte de lo que imaginaba.- le sonrió Paris- Jamás pensé que lograrías derrotarme con un solo ataque.

Ascot no dijo nada, simplemente volteó la cabeza y volvió a recostarse.

-Sé muy bien que es lo que estas pensando Ascot. Crees que no deberías estar aquí después de todos los problemas que le causaste a las guerreras mágicas ¿no es cierto?- Ascot volvió a levantarse- Lo sé por que yo me sentía igual cuando regresé al castillo.

-¿Tu crees que puedan perdonarme?- dijo Ascot en voz baja.

-Sabes Ascot, cuando nos unimos al ejército del emperador Megas en lo único en lo que pensábamos era en convertirnos en las personas más poderosas de Céfiro, y ese mismo deseo no nos permitió ver que era lo que hacíamos.

-Para ti es fácil decirlo...- Ascot desvió la mirada y habló en voz baja- Tu no asesinaste a las personas de aquel pueblo. Mis manos están manchadas de sangre inocente.

-Quizá tengas razón en eso... sin embargo... fui yo quien asesinó a los padres de Anaís...

-¿Te refieres a la guerrera mágica?

-Cometí un crimen terrible, y aún así, tuvo la suficiente bondad para perdonarme de corazón.- ambos permanecieron en silencio durante un instante

-Ahora que la magia del emperador Megas ya no tiene influencia sobre mí,- dijo Ascot mientras miraba el dorso de su mano, pues la estrella que tenía marcada había desaparecido- espero poder hacer algo por lo que todos se sientan orgullosos de mí.

-Así se habla Ascot. Y para eso tengo una idea.


-Esmeralda.- le susurraba Zagato con ternura.

La habitación en donde descansaba la princesa Esmeralda estaba oscura, solo entraba un rayo de luz a través de la entrada. Zagato estaba de rodillas junto a la cama sosteniendo la mano de la princesa.

-Amada Esmeralda, tu vida y el destino de este mundo le ha sido confiado a esas tres niñas. Tu les has dado el poder para lograr su objetivo, pero de ellas depende como lo usarán. Puedo sentir que el poder de la espada Valis se ha debilitado mucho, y hay una presencia que desconozco, pero sé que es un enemigo con una fuerza increíble.

Zagato acomodó ambas manos de la princesa sobre su pecho y la cubrió con una sábana blanca, luego se puso de pie.

-La vida de mi hermano está abandonando su cuerpo para llenar el mío. Debo salir a buscarlo para evitar que muera.

La princesa había escuchado cada palabra de Zagato, y desde su corazón le deseaba buena suerte, pues sabía que no podría detenerlo aunque quisiera.

Marina y Anaís acompañaron a Lucy a la posada para que se recostara, estaba muy deprimida y casi no respondía cuando sus amigas le hablaban. Por su parte Latiz aguardaba con Aguila en la sala de la posada nuevamente. Cada uno estaba sentado en sillas ubicadas a los extremos de una mesa de centro, sobre la cual estaba la espada Valis.

Aguila se puso de pie y tomó la espada entre sus manos, la recorrió con su mirada, pero no pudo encontrar su reflejo en la hoja de la espada.

-Ha desaparecido.- dijo en voz baja.

-¿A que te refieres Aguila?- le preguntó Latiz.

-Ya no la siento. La energía que emanaba de la espada ha desaparecido.

Entonces, Marina y Anaís salieron de la habitación donde habían dejado a Lucy, se acercaron a la sala y se sentaron en un sillón juntas. Latiz miró a Anaís tratando de encontrar una respuesta en sus ojos, pero ella solo negó con la cabeza.

-No parece estar mejorando.- dijo Anaís.

-Sus heridas ya fueron sanadas, pero sigue si reaccionar.- secundó Marina.

-No lo entiendo. Lucy no es así.- continuó Anaís.

-Ella siempre nos levantó el ánimo y nos dio valor para luchar.- murmuró Marina.

-Esa mujer...- pensaba Latiz- me preguntó que relación tendría con Lucy.

-Lucy ha sido gravemente herida.- interrumpió Aguila- Pero esa herida no es física, es una herida del corazón.

-¿Qué quieres decir con eso?- preguntó intrigada Anaís.

-Yo pude escuchar lo que esa chica le dijo a Lucy antes de que ustedes llegaran.

"Dime algo Lucy ¿Por qué estas aquí¿Por qué intentas proteger a Céfiro y a su gente? Nadie en este mundo sabe quien eres ni por que estas luchando... ¿Como puedes decir que amas a la gente de Céfiro cuando nadie de aquí te ama? Abre los ojos Lucy, estas peleando por una causa que no te concierne... ¿Donde están GuruClef y la princesa Esmeralda¿Por qué no están luchando junto contigo?... ¿Y que me dices de Ráfaga, Caldina y Presea? Ellos también son tus amigos¿no?... ¿Dónde están Marina y Anaís? Y son ellas quienes son tus mejores amigas ahora...¿Por qué te abandonaron?"

-¡Eso no es cierto!- exclamó Marina levantándose de su asiento- Nosotras nunca abandonaríamos a Lucy.

-Marina tiene razón.- dijo Anaís- Prometimos que siempre estaríamos juntas en las buenas y en las malas. Nuestra intención nunca fue la de dejarla sola.

-¡Esperen a que me encuentre a esa tal Luz!- Marina estaba furiosa- Le haré pagar por lo que le hizo a nuestra amiga.

-Comprendo tu enojo Marina.- dijo Aguila- Pero hay algo muy extraño en todo esto. También pude escuchar en varias ocasiones que Lucy la llamaba su mejor amiga...

-Su mejor...- murmuró Anaís.

-Amiga...- completó Marina.

Ambas quedaron atónitas ante lo que Aguila les había dicho. Un gran silencio llenó el espacio en el que se encontraban.

-Dime Latiz,- le habló Aguila- ¿tú que opinas de todo esto?- Latiz miraba detenidamente la espada, y meditaba sobre la situación.

-Yo tampoco entiendo la relación que hay entre Luz y Lucy, sin embargo...- Latiz se puso de pie y camino hacia la salida- si la espada Valis ha perdido su brillo... significa que el poder de su portadora, es decir Lucy, junto con las esperanzas de salvar Céfiro se están desvaneciendo.

Latiz salió de la posada y se alejó lentamente. Marina y Anaís permanecieron en la sala, agobiadas por lo que le había sucedido a su amiga, y Aguila entró en la habitación de Lucy para ver como se encontraba.

-Es increíble que una chica tan linda esté librando una batalla tan grande.- dijo Aguila al ver a Lucy recostada- Quizá...- pensó- aun hay tiempo de ayudarla.

En sus sueños, Lucy se encontraba en un lugar que ya había visitado antes. Sentada a la orilla de un risco que se alzaba por encima de la nubes, pensaba en todo lo que Luz le había dicho. En aquel lugar había conocido a la princesa Esmeralda cuando recién había llegado a Céfiro.

Poco a poco, una figura se formó detrás de Lucy, una mujer de cabellos dorados se acercó y posó su mano en el hombro de Lucy. Al sentir esto, Lucy volteó a ver a la princesa Esmeralda, pero su rostro estaba cubierto de lágrimas que mojaban sus mejillas.

-No llores mi querida Lucy.- le dijo con dulzura la princesa- No hay motivo para llorar.

Apenas escuchó esto, Lucy se dejó caer a los pies de la princesa y siguió llorando. Esmeralda se arrodilló y acarició suavemente el pelo de Lucy.

-Se por lo que estás pasando mi querida niña. Y te aseguro que no tienes razón para llorar.- la consoló Esmeralda.

-Quiero...- dijo Lucy levantando la cabeza y mirando a los ojos a la princesa- quiero volver a Tokio... quiero volver a ver a mis hermanos y a mi querido Hikari.- volvió a bajar la cabeza- Ya no quiero seguir luchando... tengo que volver con las personas que en verdad me quieren.

-Lucy...

-Luz tiene razón... yo no pertenezco aquí.

La princesa Esmeralda se levantó y le extendió su mano a Lucy para que se levantara. Las nubes comenzaron a moverse y dejaron a la vista el enorme y hermoso mundo de Céfiro.

-Así era Céfiro cuando tu llegaste Lucy.- le dijo Esmeralda- Todos los seres que habitan este maravilloso mundo vivían en armonía y en paz. El balance entre el poder absoluto y la fuerza del corazón que rige Céfiro era casi perfecto. Pero ¿sabes que es lo que hace de Céfiro un mundo tan bello?- Lucy negó en silencio- El amor que existe entre las personas y los seres mágicos.

-¿Amor?- murmuró Lucy.

-Para amar no es necesario estar junto a las demás personas. Todas aquellas personas que te han acompañado en tu viaje son tus amigos y se preocupan por ti.

-Marina... Anaís...- pensó Lucy.

-Esa es una gran prueba del amor que sienten por ti.- la princesa dio un paso delante de Lucy y le hablo de frente- Desde el momento en que te traje a Céfiro no he dejado de orar por ti y por todos aquellos que han participado en esta lucha.

-Princesa Esmeralda...

-Aún cuando mi cuerpo ya no tenga fuerzas, mi alma sigue orando para que estén bien. GuruClef, Presea, Ráfaga y Caldina, que permanecen en el castillo, también se preocupan por ustedes.

-Yo no...

-La verdadera fuerza del corazón radica en el amor hacia otras personas, en el deseo de velar por su seguridad y felicidad. Lucy, sé que tu misión y la de tus amigas es la más dura, pero ustedes tienen el poder para devolverle a Céfiro el balance que tenía.

Lucy secó sus lágrimas y cambió la mirada en sus ojos. La herida en su corazón empezaba a cerrarse. El paisaje de Céfiro se fue desvaneciendo, al igual que la princesa Esmeralda.

-No dudes en el amor y la confianza de tus amigos, Lucy, y vencerán todos los obstáculos.- dijo la princesa antes de desaparecer.

-Gracias, princesa Esmeralda.

Entonces, Lucy despertó de su sueño y se sentó en la cama. Se sentía más tranquila que antes. Tardó un poco en darse cuenta de la presencia de Aguila, quien la había estado observando en silencio.

-¿Cómo estas Lucy?- preguntó Aguila con una sonrisa.

-Me siento mejor, gracias.- contestó Lucy.

-Tus amigas están preocupadas por ti. Iré a darles la buena noticia.- se dispuso a salir de la habitación.

-Espera Aguila.- lo detuvo- Quiero pedirte disculpas por haberte preocupado. Fui muy tonta al actuar como lo hice.

Aguila caminó hacia Lucy y se sentó junto a ella sobre la cama, la tomo de ambas manos y las frotó un poco.

-Tienes las manos muy frías Lucy.

-Aguila.- lo miró extrañada.

-Siempre sé tu misma. Nunca intentes cambiar tu forma de ser para agradarle a los demás.

Lucy no dijo nada, solo permanecieron mirándose a los ojos durante un rato. Después Aguila se acercó y la beso en la mejilla.

-Recuerda que para querer a alguien, no es necesario que la persona sienta lo mismo por ti.- Lucy estaba sonrojada y agachó la cabeza para esconderse- Dejaré que seas tú quien les de la buena noticia. Cuando estés lista, estaremos esperándote en la sala.- dicho esto salió de la habitación.


Mientras tanto, Latiz caminaba sobre el campo que Luz había destruido. El fuego lo había consumido casi todo. Pero entre las cenizas, Latiz descubrió un pequeño retoño de una flor que creía rápidamente. Latiz intentó alcanzarlo, pero entonces, sintió un gran dolor en su pecho y tuvo que arrodillarse y apoyarse en el suelo.

Una fuerte risa se dejó escuchar en el aire, era la voz de Luz que provenía de algún lugar cercano, pero Latiz no podía verla.

-¡Que desperdicio!- dijo Luz- Entregarle tu vida a tu hermano así de fácil. ¡Ha ha ha ha!

-¿Dónde estas¡Muéstrate!- le ordeno Latiz.

-Ten paciencia. Muy pronto nos encontraremos nuevamente.- el dolor que Latiz sentía en su pecho y en su corazón aumentaba- Sabes, yo puedo evitar que mueras.

-¿Qué has dicho?

-Para romper el hechizo de Sangre Pura es necesario que Zagato te regrese tu energía vital ¿o me equivoco?

-¿Qué hay con eso?

-Deja que elimine a la guerrera mágica y con su vida romperé el hechizo, y así podrás salvarte.

-Estas muy equivocada si crees que voy a dejar que le hagas daño.

-Piénsalo Latiz. Si ella muere tu podrás seguir viviendo ¿O vas a dejar que tu hermano cargue con la culpa de tu muerte?- Luz apareció sobre la espalda de Latiz y le habló al oido- Tú y yo podríamos gobernar en Céfiro... juntos.

Latiz apenas podía moverse por el dolor en su pecho, pero cuando Luz desapareció, también disminuyo su dolor, por lo que pudo incorporarse de nuevo.

-Zagato, hermano...- pensaba Latiz mientras su ropa y su cabello se mecían con el aire.

El retoño de la flor que había visto, había sido convertido también en cenizas que el viento arrastró. Latiz miró sus manos y luego alzó la vista. Sus puños se cerraban con mucha fuerza.

-Perdónenme por la decisión que voy a tomar...- pensó.

Después de un instante murmuró el nombre de Lucy y caminó de regreso a la posada para ver a los demás.

(Fin del Capítulo)

Si, ya se... Me tardé más de lo que había prometido. De hecho ya tenía la historia completa, pero después de leer los últimos capítulos me dí cuenta de que eran aburridos y tuve que volver a escribirlos. Pero creo que esta vez quedaron mejor. Espero que les gusten, claro. Lo que me lleva a una pregunta¿Les gustaría que aparecieran los genios? Recuerden que este fic está hecho de acuerdo a los que los lectores quieren, así que manden sus reviews con comentarios y sugerencias sobre que es lo que desean leer dentro de los últimos dos capítulos.

Alba, Luna, agradezco sus reviews. De noser por ustedes lectores y lectoras hace tiempo que habríaabandonado este fic. Espero que puedadarle un buen final.

Por el momento es todo, saludos a todos. Atte. Angel