¡Hola!. Muchas gracias: lily potter weasley95 (nop. Harry no es Lumiere), Helen Nicked Lupin, BiAnK rAdClIfFe y… Betcita de vainilla y fresa. Agradezco sus comentarios y me da gusto que la historia les agrade, así que... las dejo con la segunda parte, que es un poco más larga que la primera.

¡Saludos!

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La Rosa y el Lobo

Segunda parte

Cuando despertó estaba nuevamente entre sábanas de seda y mullidos almohadones. Abrió los ojos sólo para cerrarlos nuevamente y suspirar.

"¡Mademoiselle!"

Tonks apretó los ojos cuando la voz de Fleur resonó en la habitación.

"Muy buenos días. ¡Pensamos que nos había abandonado!"

"Hmm..." Respondió Tonks.

No le dijo, que en realidad esa había sido su intención apenas la noche anterior, y mucho menos le dijo, que en cuanto se sintiera un poco mejor realmente pensaba abandonar el castillo. Después, Fleur se dedicó a recitarle con acento francés, el menú del desayuno. No habían pasado quince minutos cuando la Sra. Weasley entró, con un séquito de charolas de plata y tazas de porcelana fina, ofreciéndole un poco de té, jugo, tostadas, pastelillos, tocino, huevos, leche... y tantas cosas que Tonks perdió el apetito cuando fue testigo de semejante desfile culinario. Al final se decidió por un poco de jugo, leche, y un par de tostadas. Y un poco de huevo con tocino, porque ella no sabía que las teteras podían ser tan insistentes para que alguien comiera.

Al cabo de un rato, se levantó y fue plenamente conciente del dolor en cada músculo de su cuerpo. No se esperaba menos, después de lo que había pasado la noche anterior.

"Y... ¿El Señor Lupin está en el Castillo?" preguntó Tonks, intentando que su voz sonara indiferente.

"¡Claro!" le dijo la Sra. Weasley. "Nunca sale del castillo... al menos no cuando no es absolutamente necesario."

Por alguna razón, la tetera le dirigió una mirada que le decía que ella más que nadie tenía que darse cuenta de eso.

"Como... ¿cómo es que nunca sale del castillo?. Quiero decir¿no tiene familia¿amigos?. Me resulta difícil creer que alguien pueda soportar algo así. ¿Cuánto tiempo lleva viviendo en este castillo?"

Las charolas de plata y las tazas de porcelana salieron rápidamente de la habitación, dejando a la Sra. Weasley observando a su alrededor con gesto nervioso, derramando el té que todavía estaba caliente en el piso, mientras Fleur tarareaba una canción que ella nunca había escuchado.

"¿Señora Weasley?"

La tetera dio un saltito, derramando más té.

"Hija, me temo que tendrás que conversar con él para que te explique algunas cosas."

Tonks suspiró.

"Siempre estoy haciendo preguntas, y le aseguro que es más fácil obtener respuestas concretas de una piedra que de él." Le dijo Tonks, observando como un alhajero saltaba de un lado a otro sobre la mesita que se hallaba al fondo de la habitación. "¿Las piedras aquí no hablan verdad?".

La Sra. Weasley sonrió afablemente y se acercó a ella, esta vez con gran cuidado para no derramar más té (una esponja acababa de entrar para limpiar las manchas en el piso).

"Lo que sucede es que el Sr. Lupin no está acostumbrado a convivir demasiado con las personas... nosotros hemos sido su única compañía, durante más tiempo del que puedes imaginar."

Tonks la observó atentamente y sintiéndose cansada, se dirigió nuevamente a la cama, donde se desplomó con poca elegancia, extendiendo los brazos mientras cerraba los ojos e intentaba ordenar sus ideas. Quería irse, buscar a su padre y saber si estaba bien. Pero aquellas últimas palabras de la Sra. Weasley habían despertado un sentimiento en ella que no le permitía marcharse. No era lástima, o quizá si había un poco de eso... pero pensar en Remus Lupin, viviendo ahí, sólo y sin más compañía que un montón de objetos parlanchines, le encogía el corazón de una extraña manera que no estaba muy dispuesta a analizar. Así que por un lado estaba la necesidad apremiante de saber de su padre, y por otro la certeza de que un hombre se quedaría sólo en un castillo encantado si ella decidía marcharse.

Completamente decidida, pidió a la Sra. Weasley que le proporcionara todo lo necesario para darse una ducha, cosa que la tetera no dudó un segundo en hacer y Tonks comenzó a escuchar un alboroto en el exterior de la habitación. Casi se va de espaldas (no de la sorpresa, sino porque se tropezó) cuando una tina entró majestuosamente, salpicando agua caliente por doquier y lanzando burbujas hacia el techo. Tonks observó la tina, un tanto indecisa.

"¿Habla?." Le preguntó a la Sra. Weasley "Porque no me gustaría meterme ahí con el conocimiento de que la tina comenzará a canturrear cuando me esté tallando la espalda."

"No hija." Respondió la tetera. "Es un objeto encantado, tan simple como eso."

"¿Y ustedes qué son?" preguntó ella inclinándose un poco.

"No somos precisamente objetos."

Tonks frunció el ceño y decidió no hacer más preguntas. Hablaría con Remus Lupin, se marcharía lo más pronto posible... con la promesa de regresar. Tenía muchas dudas respecto a todo, pero sobre todo respecto a ese hombre.

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"Y si se lo pides cortésmente y suavizas el tono de tu voz, seguramente accederá." Estaba diciendo el reloj que era el Sr. Weasley.

El hombre frente a él dio unos pasos alrededor del vestíbulo, masajeándose la parte trasera del cuello con una mano.

"Realmente pienso que es una tontería."

"No pierdes nada si lo intentas."

Remus Lupin se detuvo a medio vestíbulo y resopló ruidosamente.

"No aceptará. Lo sé. Es una locura."

"Remus... ella es nuestra esperanza."

Lupin lo observó durante un instante, y luego paseó su mirada alrededor del castillo, observando los espacios desiertos que alguna vez habían estado llenos de luz y actividad. Esos recuerdos parecían tan lejanos que a veces llegaba a preguntarse si no eran simplemente un sueño, o producto de una mente que ha vivido siempre en soledad. Caminó hacia las escaleras de mármol blanco que conducían al primer nivel, sólo para detenerse poco después y sentarse en el primer escalón.

"No quisiera... asustarla." Dijo en un susurro.

Las manecillas del Sr. Weasley avanzaron frenéticamente, como si el comentario lo hubiera exasperado.

"Miedo es una de las cosas que ya no le inspiras." Le respondió.

"Porque no me conoce, porque no sabe... lo que soy."

El Sr. Weasley avanzó hasta encontrarse a escasos centímetros de él. Un tic-tac constante resonaba en su interior y el segundero avanzaba con precisión.

"Debes intentarlo."

Remus suspiró.

"De acuerdo." Se puso de pie y ascendió las escaleras un poco más lento de lo que el Sr. Weasley hubiera querido, pero a medio camino se detuvo. "¿Dijiste suavizar el tono de voz?" le preguntó, aunque al Sr. Weasley le pareció que tan sólo estaba buscando un pretexto para tardar un poco más.

"Así es. ¡Date prisa!."

Remus puso los ojos en blanco y continuó ascendiendo.

Realmente la parecía un desperdicio de tiempo. Caminó a la izquierda, por el pasillo que conducía a su habitación. No podía encontrar una sola razón por la que una mujer como Nymphadora Tonks se interesara en él, y se sentía estúpido tan solo por el simple hecho de pretender que tenía una oportunidad con ella. Pero el Sr. Weasley le había dicho que era su esperanza... y aunque en realidad no habían existido demasiadas oportunidades en ocasiones anteriores, la experiencia le decía que esta vez no tenía por que ser diferente. Absorto todavía en sus pensamientos, llamó a la puerta y sintió su pulso acelerarse cuando se dio cuenta de que no tenía la menor idea de qué decir.

"Adelante." escuchó la voz de Tonks del otro lado de la puerta.

Remus tomó aire y se secó las palmas de las manos en el pantalón. El pantalón desgastado que llevaba... y observó sus zapatos... los zapatos que hacía ya un buen tiempo había dejado de limpiar. Alzó la cabeza. Y recordó su cabello... ni siquiera se había preocupado de peinarse un poco.

"Eh..." titubeó por un momento. "Volveré más tarde." Le dijo con tono cortante, y se alejó a toda prisa, maldiciendo en silencio el momento en el que había pensado en invitarla a cenar.

Había dado un par de pasos y escuchó el sonido de una puerta abriéndose.

"¿Necesitaba algo?"

La voz de Nymphadora Tonks lo detuvo en seco y lo obligó a darse media vuelta. Cuando la observó contuvo la respiración. Llevaba un vestido largo de color rosa, que contrastaba perfectamente con el tono de su piel y le daba a sus ojos oscuros un brillo especial. Se dijo que su reacción era normal. No estaba acostumbrado a ver mujeres hermosas muy a menudo. No estaba acostumbrado a ver a ninguna persona muy a menudo. Era más que normal.

"¿Necesita algo?" repitió ella, saliendo de la habitación y observándolo con curiosidad.

Remus se quedó observándola sin saber que decir e intentó ignorar la vergüenza que le estaba encendiendo el rostro en ese momento.

"Yo... quería preguntarle... ¿cómo se encuentra?"

Ella ladeó ligeramente la cabeza, observándolo con curiosidad. Luego cerró la puerta de su habitación y caminó hacia él, sonriéndole.

"Me duele un poco el cuerpo, pero me encuentro bien, gracias por preguntarlo. Debo agradecerle nuevamente lo que hizo por mi." Remus abrió la boca para rechazar cualquier tipo de agradecimiento, pero ella lo interrumpió antes de que pudiera decir una sola palabra. "Y también me gustaría hablar con usted. Debo irme cuanto antes, necesito encontrar a mi padre."

"Señorita Tonks, su padre se encuentra a salvo."

"¿Cómo puede estar tan seguro?"

"Tengo algunos contactos, lo vieron llegar a la villa sano y salvo."

Tonks encogió los ojos y se quedó observándolo en silencio.

"¿Está completamente seguro de eso?"

"Absolutamente."

La muchacha suspiró y dirigió su mirada al suelo.

"No me malinterprete... pero hasta que no lo vea no estaré tranquila."

"Acompáñeme." Le dijo Remus, haciéndose a un lado para dejarla pasar y señalando con una mano el pasillo.

Tonks asintió ligeramente con la cabeza y se adelantó un poco, para después caminar por el pasillo y ascender al siguiente nivel. Remus la condujo hasta una pequeña habitación en la que únicamente había una mesita redonda. Tonks se dio cuenta de que algo resplandecía ligeramente sobre la mesa. Cuando Remus caminó y sostuvo entre sus manos un objeto, ella se percató de que era un espejo.

"Es un espejo." Le dijo Remus, sosteniendo el objeto y mostrándoselo de manera que ella misma se vio reflejada en él.

"Sí, los conozco." le dijo sonriendo.

"Pero es mágico."

Tonks alzó las cejas un poco.

"¿Y qué hace?"

Remus bajó la mirada y observó el espejo durante unos segundos.

"Bueno, si quiere ver a su padre sólo dígaselo."

"¿Bromea?"

Remus negó con la cabeza y en su expresión había algo que le decía que él no sabía muy bien cómo bromear. Ella lo observó y puso cara de confusión cuando el hombre extendió la mano y se lo entregó, animándola con la mirada para que lo intentara.

"De acuerdo... veamos... quiero... ehm, quiero ver a mi padre."

Durante dos segundos esperó que Remus Lupin comenzara a carcajearse y le dijera que era una broma, pero después, todo el espejo comenzó a emitir una especie de destello y las figuras que estaban talladas en el mango comenzaron a deslizarse hacia el centro del objeto, donde se arremolinaron y cambiaron de plateado a dorado, y luego otra vez a plateado, para después comenzar a separarse nuevamente y regresar a su lugar, dejando en el espejo una imagen que no era su reflejo.

Lo primero que vio fueron algunos tejados, y luego la imagen pareció distorsionarse para dejar ver nada más y nada menos, que el interior de su casa, donde su padre estaba metido debajo de la cama, buscando algo. Bien, ahora estaba segura de que su padre se encontraba en buen estado. Y la imagen se desvaneció, dejando el espejo luciendo como un objeto común y corriente.

"¿Y bien?"

"Parece que... está bien. Supongo que mi partida ya no es tan urgente. Pero se preocupará por mi. De cualquier manera debo irme."

La expresión de Remus se tornó indescifrable y durante algún tiempo se quedaron ahí los dos, en silencio y observando a todos lados menos uno al otro.

"De acuerdo." dijo Remus finalmente. "Le daré uno de mis mejores caballos y puede marcharse cuando guste."

"Podría... creo que es un poco tarde ahora, no quiero otra tormenta de nieve y cosas por el estilo. Me iré mañana temprano. Si no lo importa brindarme alojamiento un día más."

Remus negó con la cabeza, y dejó el espejo nuevamente sobre la mesita.

"Claro que no."

Titubeó durante un instante, hasta que se encaminó nuevamente a la salida de la habitación, sin decir una palabra. Tonks se encogió de hombros y se fue detrás de él.

"¿El castillo es enorme verdad?" le dijo, intentando iniciar una conversación. Remus se limitó a asentir con la cabeza y a murmurar una respuesta afirmativa. "Supongo que no hay muchas cosas para distraerse." Continuó, observando una armadura que se movió a su paso. "Y todos esos objetos encantados se deben volver aburridos después de algún tiempo. Sobre todo cuando no hablan..." agregó, observando a Remus que caminaba delante de ella. "El ropero... quiero decir, Fleur, el Sr. y la Sra. Weasley han sido bastante amables conmigo. Hay más.. eeeh.. ¿servidumbre en el castillo?" Remus asintió con la cabeza, habían llegado hasta las escaleras y comenzaron a descender. "A mi padre le gustaba contarme historias, cuentos de hadas. Jamás pensé que un día viviría mi propia aventura... " le dijo, observando la luz que se colaba ligeramente por una de las ventanas. "Quiero decir, sí quería vivir algo emocionante, pero no imaginé que sería algo como esto. Es un hermoso castillo." Llegaron al primer nivel y Remus caminó para bajar por las otras escaleras. "Y enorme sin duda, podría perderme fácilmente en él." Continuó, siguiendo a Remus hasta lo que era el vestíbulo.

"Entonces, le recomiendo que no intente explorarlo. ¿Me está siguiendo?" le preguntó, dándose media vuelta para observarla.

"No precisamente. Más bien pensé que en lugar de recomendarme no explorarlo, se ofrecería para acompañarme en un recorrido."

Remus la observó durante un instante, con el ceño fruncido y los brazos cruzados. "Remus... ella es nuestra esperanza."

"De acuerdo." Le dijo seriamente.

El rostro de Tonks se iluminó con una sonrisa. "¿Y por dónde empezamos?" le preguntó, sonriendo y juntando las palmas de las manos.

Remus observó a su alrededor y se encogió de hombros.

"Sígame."

Recorrieron la planta baja, donde Tonks se maravilló con una enorme cocina que seguramente era del doble de tamaño que su propia casa, y en donde observó desfilar a varios sartenes y otros utensilios, que se apresuraban a preparar lo que sería la comida.

"Generalmente no hay tanta actividad." Le dijo Remus, que iba caminando junto a ella, mientras observaba unos pastelillos de chocolate que acababan de salir del horno. Tonks se apresuró a tomar uno, pero lo soltó rápidamente y sacudió la mano cuando se quemó con él. Dejó pasar unos segundos tan sólo para volver a tomarlo. Estaba delicioso.

Salieron de la cocina y se dedicaron a recorrer pasillos, salones y habitaciones. Definitivamente, Tonks nunca hubiera imaginado que los castillos fueran así. Era cierto que su padre le había contado tantas historias que ya había perdido la cuenta, pero la enormidad de aquel lugar rebasaba lo que su imaginación había creado durante sus años de infancia.

Remus no era precisamente un excelente guía, pues se dedicaba a narrarle con poco entusiasmo el uso para el que estaba destinado tal salón, o el estilo de tal cuadro, o la antigüedad de los muebles. Sin embargo, ella conseguía interesarse lo suficiente como para hacerle preguntas que generalmente terminaban en Remus explicándole más cosas, pero también diciéndole que era demasiado curiosa.

Y así recorrieron prácticamente todo el castillo, evitando el ala norte y dándole a Tonks un tema más sobre el cual hacer preguntas.

"¿Qué hay en el ala norte?"

"Está prohibida." Le dijo Remus, mientras descendían al primer nivel y se dirigían a la habitación de Tonks.

"Eso ya lo había dicho... pero¿por qué está prohibida?."

Remus se detuvo y la observó, como diciéndole con la mirada que si le volvía a preguntar algo acerca del ala norte, la lanzaría del castillo sin importar que hubiera la peor tormenta de nieve en el último siglo.

"Usted ya estuvo una vez ahí, Señorita Tonks, y vio el estado en el que se encuentra. Creo que no es necesario explicarle que está en muy mal estado y no es algo que valga la pena ver."

Tonks se quedó en silencio, aquella explicación no la convencía del todo.

"¿Y esa rosa que encontré?"

Por un instante, el rostro de Remus pareció adoptar un gesto de sorpresa, pero antes de que se hiciera totalmente evidente, el gesto desapareció.

"Es... una reliquia familiar." Le respondió, desviando ligeramente la mirada.

Cling. Cling. Cling.

"El castillo está lleno de antigüedades."

Tonks dio un saltito y observó a su alrededor.

"Aquí abajo Señorita."

Un tanto desconcertada por estar obedeciendo a una voz que no sabía de dónde provenía, Tonks inclinó la cabeza para encontrarse con un candelero de oro... que le estaba hablando.

"Mi nombre es Sirius Black." Le dijo... sonriendo.

"Eeh.. un placer. Soy Nymphadora Tonks." Respondió ella.

"El placer es mío. ¿Y bien¿El Señor Lupin por fin se dignó a darle un recorrido por el castillo?"

Tonks sonrió ligeramente y observó a Remus, que para entonces se veía como si estuviera deseando salir corriendo de ahí.

"Así es."

Cling. Cling. El candelero se movió y se detuvo junto a Remus.

"Remus, que mal anfitrión eres." Le dijo, sacudiéndose de un lado para otro en señal de negación y haciendo que las pequeñas llamas en sus tres velas bailaran con movimientos ondulatorios.

"Sirius... ¿no tienes que ir a iluminar otro lugar?" le preguntó Remus, cruzándose de brazos y frunciendo el ceño.

"¡Quería darle la bienvenida a nuestra hermosa invitada!" exclamó, extendiendo las dos velas que se encontraban en cada extremo y poniendo tanto énfasis que pareció que lo que acababa de decirle Remus era la peor de las ofensas.

"Parece que ya lo has hecho." Le dijo Remus, inclinando un poco la cabeza para enfatizar el punto.

Sirius Black puso los ojos en blanco.

"Disculpe la falta de modales de... mi amo." Le dijo Sirius, y ahora fue el turno de Remus para poner los ojos en blanco. "No está acostumbrado a recibir visitas muy a menudo."

"No importa." Respondió Tonks. "Realmente se ha portado bastante bien hasta ahora."

Sirius soltó una carcajada y se dobló ligeramente hacia delante.

"¡Vaya!. Eso si que nunca lo había escuchado. Dime Remus¿ya la invitaste a cenar?."

"Eh.. no, estaba pensando que... en... estaba pensando en eso ahora."

"Me alegro." Le dijo, asintiendo. Luego se volvió hacia Tonks nuevamente. "Señorita, un placer tenerla en el Castillo. Debo retirarme y hacer algunos preparativos para la cena."

"Lo que quiere decir es que se va a comer la mitad de la cena, mientras se pavonea por ahí dando órdenes a todo el mundo." Intervino Remus.

Las pequeñas llamas en las velas de Sirius se alargaron un poco. Luego volvió a sonreír, sin dejar de observar a Tonks.

"Está celoso porque cuando yo doy órdenes si me obedecen." Le dijo a Tonks, en un susurro, lo suficientemente fuerte para que los dos lo escucharan.

Se alejó de ellos con un "cling cling" constante resonando en el pasillo, hasta que se perdió cuando descendió las escaleras.

"Bastante simpático." Dijo ella, dándose cuenta de que se habían quedado en silencio que comenzaba a volverse un poco incómodo. "No lo trata precisamente como si fuera un sirviente dirigiéndose a su amo."

"Somos... buenos amigos. Supongo."

"Remus... " le dijo, y se quedó callada cuando se dio cuenta de que lo había llamado por su nombre. "Disculpa... ¿puedo llamarte así?". Le preguntó, diciéndose que ya era demasiado tarde para disculparse por tutearlo.

Remus la observó por un momento, con ese gesto indescifrable al que ella ya estaba empezando a acostumbrarse. Él asintió ligeramente con la cabeza.

"¿Cuánto tiempo has pasado solo en este castillo¿Y por qué?"

Remus introdujo las manos en los bolsillos de su pantalón y observó el piso.

"¿Por qué se muestra tan interesada por eso?" le preguntó, sin dejar de mirar el piso y frunciendo el ceño ligeramente.

Tonks ladeó la cabeza y sonrió.

"Es la primera vez que pregunto algo así. Pero está bien, no insistiré más. Simplemente quería conocer... conocerte mejor. Y por cierto, no tengo ningún problema si me tuteas."

Remus la observó con el atisbo de una sonrisa en los labios y asintió lentamente con la cabeza. Realmente no quería presionarlo, aunque le resultaba complicado no hacerlo teniendo la seguridad de que ocultaba más cosas de las que ella imaginaba. Remus dio un paso para alejarse de ella, dejándola de pie a medio pasillo, y justo cuando Tonks empezaba a consolidar el pensamiento de que era un maleducado, él regresó, todavía con las manos en los bolsillos e intentando vencer los nervios para sonreírle.

"Yo... me preguntaba¿si quieres cenar esta noche conmigo?"

Tonks sonrió ligeramente y asintió con la cabeza.

"Por supuesto." Le dijo, mientras se pasaba las manos por los costados del vestido rosa.

Remus inclinó la cabeza y sin decir nada más, se retiró, bajando las escaleras.

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Tonks no entendía el alboroto. Era sólo una cena, y sin embargo, el Castillo entero (incluyendo, claro está, los objetos encantados) mostraban tanto entusiasmo que cualquiera hubiera dicho que de ello dependía su trabajo.

Fleur ya le había mostrado tantos vestidos que Tonks se llegó a preguntar de dónde los sacaba. Un ropero no podía ser tan grande. Menos mal que no tenía mal gusto. Por otro lado, la Sra. Weasley había entrado y salido tantas veces de la habitación que estaba tentada a cerrarle la puerta con llave. Cuando la llave dejara de saltar de un lado a otro de la habitación, claro está.

"No entiendo que tiene de especial, es una simple cena." Le dijo Tonks a Fleur, levantando un vestido de color azul para observarlo mejor. "Hmm... el azul no es precisamente mi color." Continuó, haciendo a un lado la prenda. "¿Es que su amo nunca ha invitado a cenar a alguien?" preguntó, observando a Fleur, que ahora estaba lanzando (literalmente) todo lo que fuera azul fuera de ella.

"Oh no... debo decig que es una ocasión especial."

Tonks alzó las cejas y se sentó en la cama, observando los vestidos que estaban sobre ella.

"Es un hombre muy extraño." Dijo, tomando el borde de un vestido de seda rosa. "Y solitario, realmente... no entiendo cómo ha vivido tantos años así. O eso supongo, pero a juzgar por su actitud creo que ha pasado demasiado tiempo en soledad."

Se volvió para observar que la Sra. Weasley acababa de entrar (otra vez) y se había quedado inmóvil en la entrada de la habitación. Dando pequeños saltitos, se aproximó a ella con una agradable sonrisa, que le hacía pensar a Tonks en lo más cercano a una madre que alguien podía tener.

"Quizá tú lo puedas ayudar." Le dijo.

"¡¿Yo?!" exclamó Tonks, y luego se echó a reír de manera casi ruidosa. "Pero si nunca me dice nada, guarda demasiados secretos y todo parece indicar que no me los confiará. No sé como puedo ayudarlo, sobre todo teniendo en cuenta que desconozco sus problemas. "

"¿Lo hagías si él te lo pidiega?"

Tonks frunció el ceño ligeramente. "No creo que sea el tipo de persona que ande por ahí pidiendo ayuda." Les dijo, separando el vestido de seda de los demás. "Claro que, " agregó, tomando el vestido y poniéndose de pie "si supiera que puedo hacer algo para... no sé, hacer algo por él." El tono de su voz se había convertido en un susurro y ahora se hallaba frente al espejo de Fleur, observando como lucía el vestido. "Creo que lo haría. Y creo que me quedo con este vestido." Concluyó.

Quizá estaba imaginando cosas, pero tanto Fleur como la Sra. Weasley parecían haber caído de pronto en un estado de exaltación bastante peculiar. Decidió ignorar el hecho y no preguntar nada, porque empezaba a acostumbrarse a no recibir respuestas de ningún tipo.

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"¿En qué estaba pensando cuando se lo pedí?" dijo Remus, dando vueltas en la habitación como un animal enjaulado.

"Lo que sucede es que la muchacha te agrada." Respondió Sirius, cuyas llamas se agitaron de manera juguetona, cuando rió ligeramente. Remus le dirigió una mirada de desdén, que Sirius no quiso tomar en cuenta. "Es la verdad, ni siquiera te esfuerces en negarlo." Continuó Sirius, que ahora se desplazaba un poco para acercarse a él. "Así que lo que hiciste no está mal."

"Le he ocultado demasiadas cosas. Debería... debería de saber."

"Entonces... puedes decírselo."

"¿Qué¿Y cómo se supone que haré eso?... Ah, Señorita Tonks, había olvidado mencionar que cuando yo era un niño, mis padres tenían muchos enemigos y una hechicera encantó este castillo junto con todos los sirvientes. Por cierto, a mí también me incluyó en ese hechizo, porque ya sabe... a pesar de que mis padres eran arrogantes y todo lo demás, era yo lo que más querían. La hechicera supuso que convirtiéndome en una bestia, les ablandaría el corazón. ¿Pero sabe qué?. No fue así, lo que pasó fue que cegados por el odio, se deshicieron de esa hechicera, creyendo que de esa manera nos liberarían a todos, cosa que no sucedió y desde entonces estoy condenado a convertirme en un monstruo cada luna llena, y si usted tuviera la bondad de enamorarse de mi quizá todo terminaría."

El silencio cayó en la habitación y por un momento la escena que se podía observar era simplemente un hombre solitario, en una estancia iluminada por un candelero de tres velas en medio de la misma.

"Eso de, si usted tuviera la bondad de enamorarse de mi, no suena tan mal ¿sabes?..."

"Sirius..."

"Lo siento... Remus, lo único que intento decir es que te des una oportunidad, el tiempo dispondrá todo."

Remus suspiró.

"Es una injusticia. ¿Por qué tengo que ser yo el que cargue con la culpa de mis padres¿Por qué yo Sirius?"

Sirius se inclinó, mostrándose abatido y sus flamas se extinguieron casi por completo. Luego se incorporó nuevamente, y si hubiera alcanzado, le habría dado a Remus una palmadita en el hombro. Es decir, un golpecito con la vela derecha en el hombro.

"Lo mejor ahora es buscarte ropa adecuada. ¡No pensarás vestir esos harapos!"

"Supongo que no." Le dijo Remus, observando que las solapas de su chaqueta estaban bastante desgastadas.

"Bien, iré a buscar a Arthur, y seguramente Harry nos ayudará también."

Sin decir una palabra más, Sirius se desplazó hasta la salida de la habitación, que por cierto, era la del ala norte del Castillo.

Remus se quedó un momento más de pie, intentando acostumbrarse a ese ritmo en el que su corazón latía cada vez que pensaba en esa peculiar muchacha que ahora se encontraba en el castillo. Era tan... diferente a él. Definitivamente, consideraba un golpe de suerte haberla encontrado aquella noche, escondida dentro de un árbol y en medio de la tormenta. Pero ella había dicho que un horrible lobo tenía intenciones de atacarla. Esa simple frase servía para recordarle, o mejor dicho, para confirmarle, lo que seguramente toda persona que conociera su condición pensaba. Nada se podía hacer. A veces, parecía encontrar simpatía en sus ojos oscuros. Un brillo fugaz al que él no estaba acostumbrado, pero luego una voz interna le decía que ella no lo sabía, no sabía lo que era él, y entonces el brillo se volvía un amargo consuelo en medio de lo que parecían siglos en soledad. ¿Cómo iba a ser posible que en el corazón de esa muchacha se albergara otro sentimiento que no fuera el miedo o el desprecio, cuando supiera toda la verdad?. Él estaba jugando a tener esperanzas, y ya estaba aceptando la derrota desde ahora.

No supo cuánto tiempo se quedó ahí, torturándose con esos pensamientos, pero fue el suficiente para que Sirius, el Sr. Weasley y Harry Potter entraran en la habitación. Harry, uno de los más jóvenes en el castillo, era un separador y rara vez se le veía alejado de las páginas de Hermione. Al parecer, en esa ocasión había decidido hacer una excepción, de manera que los tres entraron seguidos de un perchero en cuyos brazos se encontraba colgado uno de los trajes que todavía estaban en muy buen estado, o mejor dicho, los trajes que él prácticamente nunca utilizaba.

"Me dijeron todo." Le dijo Harry, mientras sonreía y avanzaba dando saltos hasta donde él se encontraba. "Hermione dice que este es uno de los mejor atuendos y que te quedará muy bien. ¿Te ayudamos?"

"No Harry, gracias. Puedo vestirme sólo." Les dijo, mientras descolgaba el traje azul y pensaba que ser auxiliado por un reloj, un candelero y un separador, no representaría demasiada ayuda.

"Tienes que peinarte. Debes afeitarte primero." Sugirió Arthur, aunque en el tono de su voz había más orden que sugerencia.

Realmente se sentía ridículo, ahí, acompañado de la servidumbre que se estaba comportando como si fuera su baile de graduación y él no fuera capaz de vestirse correctamente o peinarse como la situación lo ameritaba.

"Lo haré, no se preocupen." Les dijo, sonriendo con sinceridad y luego dirigiéndose a lo que era uno de los cuartos de baño que se encontraban en esa habitación.

Después de algunos minutos, salió ataviado con el traje azul, y se había peinado sorprendiéndose con el hecho de que le hubiera resultado más o menos sencillo, teniendo en cuenta que no lo hacía muy a menudo. No era sucio, pero sí aceptaba que además de la limpieza, no le daba mucha importancia al resto de su apariencia. Después de todo no tenía mucho caso andar por ahí, con sus mejores trajes y peinado impecablemente en un castillo solitario.

La habitación estaba vacía y respirando profundamente, salió de ella, caminando por los desiertos pasillos que lo recibieron con el eco de sus pasos.

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El salón a donde la condujeron era inmenso. El piso de mármol estaba tan pulido que parecía un espejo, y las enormes columnas de color blanco se alzaban alrededor de todo el lugar, que estaba iluminado por un enorme y lujoso candelabro alzado en el centro. En un extremo había una gran mesa, donde Tonks pudo observar charolas de plata con alimentos, copas, frutas, y tanta comida junta que ella dudaba haber visto algo así en toda su vida.

Tonks sonrió y dio un paso para comenzar a descender las escaleras, pero La Sra. Weasley se interpuso en su camino y le hizo una señal, para que esperara. Tonks apretó los labios, pero se obligó a sonreírle de manera más o menos amable a la tetera, mientras se alisaba los pliegues del vestido, sintiéndose un poco tonta de estar ahí de pie, esperando no sabía que cosa.

Hasta que lo vio.

Remus Lupin apareció en el otro extremo, vestido impecablemente con un traje color azul. Tonks se quedó un momento observándolo, y luego se dio cuenta de que Sirius Black estaba detrás de él, diciéndole algo mientras, aparentemente, intentaba incendiarle el pantalón que llevaba puesto. Remus frunció el ceño y se volvió, agitó un poco las manos mientras se inclinaba hacia el candelero, y luego se incorporó, al tiempo que se acomodaba innecesariamente las solapas de su traje. Sirius sonrió y le guiñó un ojo a Tonks, que le sonrió de vuelta e inclinó la cabeza un poco. Para cuando Remus Lupin capturó su atención nuevamente, ya se hallaba a escasos pasos de ella, le hizo una reverencia, que ella correspondió con una respetuosa inclinación de cabeza y flexión de rodillas que se imaginaba era correcta en aquel caso, al tiempo que Remus le tendía una mano, sonriéndole nerviosamente.

"Quien lo hubiera dicho." le dijo Tonks, mientras descendía las escaleras del brazo de Remus Lupin.

"¿Qué cosa?" le preguntó él, aparentemente más preocupado por mantenerse erguido y mirando al frente, que por observar a su interlocutora.

"Que tuvieras tan buenos modales. No es que te considerara un maleducado... bueno la verdad es que sí. Pero sólo por momentos. Como por ejemplo ahora que te estoy hablando y ni siquiera me diriges una mirada."

Aquello consiguió que él se volviera para observarla y le dirigiera algo parecido a una sonrisa, mientras parpadeaba, como preguntándose en que momento había hecho algo para ser considerado falto de modales. Ella le sonrió y se aferró un poco más fuerte a su brazo, mientras cruzaban el salón con dirección a la mesa. Cuando finalmente llegaron, él la acompañó a su lugar, retirándole la silla para que tomara asiento y luego dirigiéndose a su lugar en el otro extremo de la mesa. De pronto, a Tonks la mesa le pareció innecesariamente larga¿cómo iba a poder mantener una conversación decente a esa distancia?. Hubiera tenido que gritar. Tampoco hubiera resultado desagradable sentarse junto a él, el protocolo le importaba un beso de Gilbert, es decir, un pimiento.

El tintinear de los cubiertos, los platos y las copas fue todo lo que se escuchó por varios minutos, mientras Tonks comía en silencio, dirigiéndole miradas a Remus, que parecía realmente interesado en lo que se hallaba en el fondo de su tazón. Después ella comenzó a escuchar un "clin, cling" familiar. Sirius se acercaba a ellos, y de un salto subió a la mesa, haciendo una reverencia casi al instante y a decir verdad un poco exagerada.

"He decidido," Les dijo, y el Señor Weasley que se encontraba al otro lado del salón, se las arregló para aclararse la garganta ruidosamente, de manera que todos lo escucharon. "Hemos decidido," se corrigió Sirius, intentando que no se notara demasiado que había puesto los ojos en blanco "Amenizar un poco la reunión."

Entrechocando sus velas de los extremos, que hicieron "cling, cling", simuló dar unas palmaditas. Y si Tonks pensaba que ya lo había visto todo en aquel castillo encantado, se había equivocado. Primero escuchó un golpe secó desde algún lugar indeterminado, y luego observó que un perchero se acercaba a ellos, con un violín en los... brazos del perchero. No podía ser lo que se estaba imaginando.

"Adelante por favor." Dijo Sirius, y luego descendió de la mesa, alejándose con saltos largos hasta que ambos lo perdieron de vista.

Tonks se aclaró la garganta y Remus levantó la mirada, mientras sostenía la cuchara a medio camino de su boca y el tazón, de manera que el contenido terminó derramándose, mientras el perchero se inclinaba hacia ellos, comenzando a entonar una suave melodía. Así que sí era lo que se estaba imaginando. ¡Pero si ella no bailaba!. Bueno, sí lo hacía, pero generalmente nadie la estaba observando y mucho menos se había imaginado que lo haría con un perchero de madera de caoba siendo quien interpretara la música. Observó a Remus, que se hallaba decidido a ignorar tal evento y jugueteaba con la cuchara en el tazón, que ya estaba vacío.

Tonks se volvió a aclarar la garganta, y de alguna milagrosa manera alcanzó a ver que la Sra. Weasley le hacía señas (tanto como las podía hacer una tetera) para que se desinhibiera y bailara con Remus. Ella sentía el corazón muy cerca de la garganta, y tamborileó con los dedos sobre la superficie de la mesa. Aspirando profundamente, se puso de pie intempestivamente, de manera que empujó una taza de porcelana fina, que se hizo añicos en el suelo. Durante un angustioso segundo se preguntó si no sería algún hijo de la Sra. Weasley, pero lo olvidó cuando levantó la mirada y vio a Remus, que seguía empeñado en observar el fondo de su tazón.

Así que ella caminó hacia Remus, sintiéndose más segura con cada paso que daba... bueno... la verdad es que con cada paso que daba había una parte de su mente que le decía, que le gritaba que no lo hiciera. Pero curiosamente, era la misma parte que por lo general ella decidía ignorar más, y hasta ahora eso no le había causado ningún problema. Finalmente llegó junto a él, y para asegurarse de que no lo ignoraría (al menos no deliberadamente) se quedó de pie junto a su silla, y luego se puso en cuclillas para poder observarlo directamente a los ojos. Directamente era una manera de decirlo, porque tuvo que buscar su mirada.

"La Sra. Weasley me está haciendo señas y juro que sale vapor de su interior. Si bailas conmigo quizá me perdone que acabo de romper a uno de sus hijos."

Remus encogió ligeramente los ojos, y un atisbo de sonrisa se asomó a sus labios. Luego dirigió la mirada a la Sra. Weasley, como preguntándose porque no estaba llorando si acababan de romper a uno de sus hijos. La música interpretada por el perchero seguía escuchándose, viajando suavemente por el inmenso salón.

"Señorita Tonks,"

"Puedes decirme Tonks."

"Tonks... no creo que hayas roto a uno de sus hijos, así que no tiene nada que perdonarte."

"Si pero... sigue haciéndome señas, además creo que Sirius te quemaría el pantalón si no te levantas de esa silla."

"Pero yo no sé bailar."

"Remus Lupin, estás hablando con alguien que casi se mata limpiando el tejado de una casa, sin mencionar lo de la taza... no hablemos de coordinación."

El dejó escapar el aire que había estado conteniendo, y finalmente se incorporó, tomándola de la mano y conduciéndola hasta el centro del salón. Tonks dirigió una mirada a la Sra. Weasley, que en ese momento sonreía complacida. Ahora todo lo que necesitaba era que el corazón dejara de latirle como si se le fuera a salir del pecho, para ser capaz de bailar decentemente. De un momento a otro se dio cuenta de que Remus se había detenido, y mientras sostenía su mano entre la suya, la observaba con ese gesto indescifrable que no dejaba escapar ninguna emoción, por pequeña que fuera. Ella le sonrió y tomó su mano, colocándola sobre su cintura. Probablemente había sido su imaginación, pero le pareció notar que él tragó saliva con un poco de dificultad. No, estaba imaginando cosas. No recordaba cuánto tiempo había pasado desde la última vez que había bailado con alguien, quizá había sido en alguna boda o fiesta celebrada en la villa donde vivía. Pero generalmente ese tipo de eventos eran ruidosos y llenos de gente, cosa que consideraba algo bueno, si se tenía en cuenta que todo en la villa siempre era aburrido y rutinario. De manera que hacerlo ahí, donde los asistentes se reducían a ellos dos y un montón de objetos en los que no quería pensar mucho en ese momento, la ponía un poco nerviosa. Considerando todo eso, no lo hacía tan mal, pensó, mientras se movía lentamente al compás de la música interpretada por el perchero. Hasta entonces se había mantenido bastante ocupada observando el salón, el hombro de Remus, e incluso su propia mano que estaba posada sobre su hombro. Él parecía moverse más por inercia que por otra cosa, y definitivamente, estaba tan tieso que Tonks casi no hubiera notado la diferencia entre bailar con él, o el perchero. Entonces finalmente decidió observarlo a él, levantó la mirada y por segunda vez en esa noche tuvo que buscar sus ojos. Remus inclinó un poco la cabeza para observarla, y de pronto le pareció que estaba más cerca de él de lo que se hubiera imaginado. Podía ver perfectamente su rostro, marcado con algunas arrugas que por momentos lo hacían aparentar más edad de la que seguramente tenía, también observó su cabello, surcado por algunas canas y que conseguían darle un aire de madurez. Se podía decir que todo en él era la imagen de la seriedad. Algo se asomaba en sus ojos claros color café, que por momentos se oscurecían de la misma manera en que la noche caía y dejaba el castillo sumergido en sombras. Sólo que en su caso la noche parecía llevar ahí una eternidad.

La música seguía escuchándose, y ella intentaba mantener el ritmo y hacer que Remus entendiera un poco mejor que en realidad ella estaba quizá tan nerviosa como él. Adoptó un gesto despreocupado, como dándole a entender que eso no era un concurso de baile, y que no era necesario mostrarse un experto en danza o algo por el estilo. Él relajó un poco los hombros. Sin ser muy conciente de lo que hacía llevó la mano que estaba sobre su hombro, hacia su cuello, y apoyó la cabeza sobre su pecho. Perdieron el paso por un momento, y su mano descendió de su cuello hasta su pecho, de manera que ella pudo sentir el ritmo de su corazón, que era mucho más acelerado que el ritmo de su baile. La música era suave y él pareció relajarse un poco más. La mano que estaba en su cintura se deslizó casi con familiaridad, hasta que la rodeó casi por completo, e incluso apoyó ligeramente su mejilla, sobre su cabeza. Aquella situación parecía querer arrancarle un suspiro, y ella no ofreció mucha resistencia. De alguna manera la música dejó de escucharse, y lo que había comenzado como un baile torpe, terminó en un abrazo en medio del salón. El corazón ya no le latía apresuradamente, era más bien como si en ese momento no le importara nada que no fuera estar abrazada a él. Se sentía segura, tranquila... en los brazos de un hombre que apenas conocía y del que no sabía más detalles que los que su mirada de ojos claros dejaba escapar, o los que él tenía a bien decirle. Necesitaba saber más cosas. Realmente quería hacer algo por él. Pero estaba segura de que no lo conseguiría en un par de horas, considerando que tenía pensado marcharse al siguiente día. Estaba todavía un poco preocupada por su padre, porque aunque lo había visto a través de ese espejo mágico que Remus le había prestado por un instante, estaba conciente de que él no sabia nada acerca de la condición de su hija.

"Creo que me quedaré unos días más." Le dijo, y él dio un respingo.

"Pero tu padre..."

"Sé que está bien. Y puedo enviarle una carta para que no se preocupe por mi." Respondió, mientras se separaba ligeramente y lo observaba.

"¿Estás segura?"

"Claro. Bueno... sólo si tú me lo permites, quiero decir, quedarme aquí..."

Tonks pensó que el gesto de Remus no podía ser más atormentado, pero él asintió. Era como si estuviera recibiendo las noticias que tanto había temido, pero de una situación que ya no podía evitar. Así que no le quedaba muy claro si aquello le causaba pesar o alivio. Le sonrió una vez más, separándose completamente de él.

"¿Hay alguien en el castillo que pueda hacer llegar la carta a mi padre?" le preguntó, caminando hacia el balcón que se encontraba en un extremo del salón.

El asintió lentamente con la cabeza, mientras caminaba junto a ella.

"Tengo palomas mensajeras."

"¡Perfecto!. La enviaré esta misma noche."

El volteó a verla y le dirigió una sonrisa, inclinando la cabeza en señal de aprobación. Parecía querer preguntarle el por qué de su repentina decisión de quedarse más días. A decir verdad, ni ella misma lo sabía con exactitud, pero había algo en su mirada que había terminado por retenerla en aquel lugar. De manera casi impulsiva llevó una de sus manos para tomar la de Remus, que no se atrevió a observarla cuando sintió que ella lo aferraba firmemente. Era más una costumbre que otra cosa, como cuando se aferraba del brazo de su padre mientras caminaban por la villa. Y aunque pensándolo bien apenas conocía a Remus como para dejarse llevar por cualquier costumbre con él, no dejaba de resultar agradable sentir que de alguna manera podía tener ese tipo de libertades como si lo conociera de años. Por supuesto, la mirada nerviosa de Remus que iba de un lado para otro menos hacia ella, dejaba claro que para él era mucho más difícil asimilarlo. Caminó de su mano hasta llegar al balcón que daba al jardín exterior. Era de noche y el cielo, para ser invierno, estaba más o menos despejado. Ella se estremeció cuando una ráfaga de viento hizo contacto con la piel que el vestido de color rosa dejaba descubierta.

"Quizá no sea muy buena idea... está bastante frío el ambiente." Le dijo Remus, deteniéndose un poco al observar su reacción.

"Oh no, está bien." Le dijo ella. "He estado en dos tormentas de nieve¡esto es casi primavera!" concluyó, extendiendo los brazos y girando un poco. Luego Tonks tembló ligeramente a causa del frío, y Remus la observó como siempre: tan serio que parecía que acababa de escuchar un mal chiste. "No me mires así, Remus. Quiero estar un momento aquí."

El asintió con la cabeza, y soltó su mano de inmediato, observando el horizonte. Tonks apretó los labios y cuando tuvo las manos libres no supo muy bien que hacer con ellas, así que se puso a juguetear con uno de los listones de su vestido. Escuchó que Remus se aclaró ligeramente la garganta, y sin embargo se mantuvo sin decir una palabra. Pasaron algunos segundos más en silencio, hasta que ella decidió que si seguían ahí por más tiempo sin decir nada, terminarían dormidos antes que congelados. Acomodó las manos sobre la balaustrada de mármol blanco y suspiró.

"¿Qué haces en este lugar para no aburrirte?' le preguntó, decidiendo que no había otra manera mejor de iniciar una conversación.

Remus la observó un segundo y luego bajó la mirada, abriendo la boca sin poder articular palabra. Se encogió de hombros ligeramente y luego dejó escapar el aire lentamente.

"Yo... en ocasiones leo. Toco el piano... ¡lo siento!, soy un maleducado." Le dijo, y Tonks se preguntó un momento de que estaba hablando, hasta que lo entendió cuando él se quitó la chaqueta que llevaba puesta y se la acomodó sobre los hombros para cubrirla un poco del frío.

Tonks le sonrió.

"Gracias." Le dijo ella, sosteniendo el saco con una mano para mantenerlo en su lugar. "¿Realmente tocas el piano?" le preguntó Tonks, girando sobre sus talones y observando el perfil de Remus. El giró la cabeza un poco y la observó, asintiendo. "Yo toco el piano también, bueno, lo hacía... era una de mis actividades favoritas antes de que papá tuviera que venderlo."

Él se limitó a observarla con algo cercano a la sorpresa. Era difícil identificarlo porque era prácticamente la primera vez que veía que su rostro dejaba escapar alguna emoción.

"Pues si." Le dijo ella, encogiéndose de hombros. "Soy un poco torpe con todo, menos con los dedos de las manos."

Remus le sonrió y ella lo hizo de vuelta, mientras comenzaba a tararear una melodía que era de sus favoritas.

"No pensé que fueras el tipo de persona que encontrara placer en algo como tocar el piano..." le dijo Remus, observándola con curiosidad.

"Yo pensé que tú eras el tipo de persona que no sería capaz de ofrecerle a una dama su chaqueta para cubrirla del frío." Le respondió ella, sonriendo divertida. "Pero ya ves, las apariencias engañan."

"Claro." Le dijo él, asintiendo con la cabeza y con la mirada un tanto ausente.

"Y aquí hace frío¿entramos?" le dijo ella, tomándolo nuevamente de la mano y caminando hacia el salón cuando él asintió con la cabeza.

"Cuando empezamos a tener dificultades económicas mi padre tuvo que vender el piano. Recuerdo ese día." Le dijo, mientras caminaban atravesando el salón. Por ningún lado se podía observar a la servidumbre. "Realmente fue un momento difícil, era mi única distracción y con el tiempo aprendí a componer música. Supongo que no son obras de arte, pero me ayudaban a ocuparme en algo... me agrada bastante, es liberador... ¿a dónde vamos?" le preguntó, mientras continuaba caminando ahora por el ancho corredor.

"No lo sé... es un poco tarde, pensé que te gustaría descansar."

"¿Por qué no damos una vuelta por ahí?" le preguntó Tonks.

"¿A esta hora?" le preguntó Remus, con un atisbo de duda en su expresión.

"Pero si no es tan tarde. Vamos."

Y sin darle tiempo a decir una palabra más, prácticamente lo arrastró por el pasillo.

"Eh... podemos ir a enviar esa carta a tu padre. Las palomas están en una de las torres." Le dijo él, mientras se dejaba conducir sin resistirse en absoluto.

"Es una buena idea... pero no he escrito la carta." Respondió, aminorando el paso y desviándose en uno de los pasillos para dirigirse a lo que era su habitación.

"Por qué no... la escribes, yo puedo esperarte en-"

"Puedes acompañarme... si quieres. No tardaré demasiado, son un par de líneas."

"De acuerdo..." le respondió.

Finalmente llegaron a la habitación, Remus (para sorpresa de Tonks) le abrió la puerta para dejarla pasar. Fleur dormía... o al menos eso esperaba, porque eso de sentirse espiada por un ropero era bastante desagradable. Tonks se dirigió a una mesita cercana donde había una caja de tamaño mediano con algunos trozos pequeños de pergamino, tomó luego una pluma cuya punta humedeció en el tintero y redactó una corta carta para su padre. Ella estaba perfectamente bien, esperaba que él no se preocupara (más bien insistía), y decidía quedarse un par de días en el castillo de Remus Lupin, las razones eran algo complicadas como para exponerlas en una carta, pero le aseguraba que pronto tendría noticias de su regreso. Releyó las líneas una o dos veces, suponiendo que el énfasis que ponía en asegurar que se encontraba bien, era el adecuado para lograr que su padre no se angustiara por ella. Satisfecha con el resultado de su carta, acomodó luego cada cosa en su lugar, aunque estuvo a punto de derramar el tintero y causar un desastre sobre el escritorio. Enrolló el pergamino tan apretado como le fue posible y luego lo ató firmemente con un cordón.

"Listo." Le dijo a Remus, poniéndose de pie.

Él se había quedado sentado en el borde de la cama, y si ella no hubiera estado concentrada escribiendo su carta se habría dado cuenta de que todo el tiempo la había observado con atención. Tonks caminó hasta él y se quitó la chaqueta que le había ofrecido.

"A los caballeros también les da frío." Le dijo entregándosela, ocasionando que Remus sonriera por... ¿qué vez era?. No lo sabía con exactitud, pero de alguna manera cada vez que lograba provocarle una sonrisa, se sentía como si le diera algo que él se merecía.

Sobre la cama se encontraba su capa de invierno, y ella la tomó, para luego ponérsela y salir acompañada de Remus de la habitación. Él cerro la puerta tras de sí y Tonks se quedó observándolo.

"Es por acá..." le dijo él, señalando con una mano a su izquierda.

Caminaron en silencio hasta llegar a unas escaleras, caminaron por otro pasillo hasta llegar a otras más en forma de caracol... ascendieron y finalmente llegaron al lugar en donde se encontraban las palomas mensajeras. Las aves estaban acomodadas en pequeños compartimientos de madera, y Remus caminó hasta uno de ellos, tomando una paloma con delicadeza y volviéndose hacia Tonks.

"Hay que acomodarla aquí..." le dijo, mostrándole una especie de tubo atado a la paloma.

Ella se acercó e introdujo el pergamino en el pequeño tubo, y cuando estuvieron seguros de que todo estaba en orden, dejaron que la paloma alzara el vuelo. Una ráfaga de viento se coló por uno de los tantos espacios al aire libre que la torre tenía, y Tonks tembló de frío a pesar de estar abrigada con su gruesa capa. Remus le señaló la puerta que conducía a las escaleras y ambos descendieron nuevamente hasta que se hallaban en los fríos pasillos del castillo, aunque por lo menos sin ráfagas de aire helado.

"Espero que la reciba mañana mismo..." le dijo Remus, descendiendo delante de ella.

"Yo también... por lo menos esta noche no está nevando." agregó ella, bajando y llegando finalmente al pasillo.

Remus se dio media vuelta y la observó durante un instante, examinándola como si fuera una especie de rompecabezas cuyas piezas no podía terminar de acomodar.

"Puedo... ¿preguntarte algo?" le dijo, en un tono de voz que casi era un susurro.

Ella lo observó y asintió ligeramente con la cabeza.

"¿Por qué decidiste quedarte?"

Tonks no pudo evitar sonreír un poco. Tomó aire, dándose su tiempo para elegir bien las palabras y luego lo observó a él seriamente, parpadeando un par de veces antes de hablar.

"No lo sé con exactitud." Le respondió, encogiéndose de hombros y dando unos pasos, caminando por el pasillo. "Creo que hay muchas cosas en este lugar que quisiera conocer mejor." Agregó, deteniéndose a unos pasos de él y observándolo atentamente.

"Nunca nadie se había quedado por tanto tiempo, y mucho menos por voluntad propia."

Ella se echó a reír y negó con la cabeza.

"Créeme cuando te digo que estoy aquí por mi voluntad."

"Sí te creo... serías capaz de irte a pie del castillo si así lo quisieras. Pero no entiendo... no acabo de entender tus razones."

Ella lo observó sonriendo de manera misteriosa, como si supiera algo que él no, y luego comenzó a andar, mientras Remus la seguía. Cuando la alcanzó ella pasó una mano por debajo de su brazo, sorprendiéndolo una vez más con la facilidad que tenía para iniciar cualquier tipo de contacto.

"Es que necesito vacaciones." Le dijo Tonks, ocasionando que Remus frunciera el ceño preguntándose¿vacaciones de qué?.

"¿Vacaciones de qué?"

"¡De la rutina!. No tienes idea de lo que es despertarte cada día y encontrarte con la misma gente, y las mismas paredes, y las mismas actividades, día tras día... "

Tonks observó a Remus, que se había quedado una vez más con un gesto serio y observaba el piso de baldosas de piedra con sumo interés.

"Supongo que me entiendes..." Añadió ella, comprendiendo mejor la situación en la que había vivido Remus durante años enteros. Quizá después de todo no eran tan diferentes. Seguramente todo aquello que Remus experimentaba era peor que cualquier otra cosa, si se consideraba que él lo enfrentaba sólo.

Caminaron en silencio por los pasillos del castillo, sin darse cuenta de que los minutos transcurrían. Ocasionalmente Tonks hacía un comentario acerca de lo hermosos que eran algunos cuadros pintados al óleo, lo finos que se veían aquellos tapices, o lo curiosos que eran esos candelabros que parecían aumentar la intensidad de las llamas de sus velas cada vez que ellos se acercaban a alguno. En cosas sin importancia se les escapó más de una hora, y cuando sin saber muy bien cómo habían llegado al ala norte del castillo, Remus se detuvo de manera casi brusca y le dijo:

"Realmente pienso que es hora de que descanses."

"¿Ahora me mandas a dormir?. Creo que eres peor que mi padre."

Remus alzó las cejas y la observó de manera escéptica, luego le sonrió de tal forma que definitivamente no la hizo sentir como una hija frente a su padre.

"Sabes, empiezo a pensar que no te agrada mi compañía." Le dijo Tonks, mientras lo soltaba del brazo y se daba media vuelta, comenzando a andar rumbo a su habitación.

"No es eso..." escuchó a Remus decirle, y ella sonrió por dentro. "Realmente no es eso. Si es lo que piensas estás muy equivocada."

Había cierto tono de ansiedad en su voz, la desesperación de quien no quiere ocasionar un malentendido.

"Me agrada escucharlo." Le dijo ella, dando la vuelta en un pasillo corto que conducía a las escaleras.

"¿Tonks?"

"¿Si?" le preguntó ella, descendiendo las escaleras.

"Muchas gracias."

Ella se detuvo en un escalón y se dio media vuelta para observarlo.

"¿De qué hablas?" le preguntó, alzando una ceja.

"De... bueno, yo... quiero agradecerte que... esta noche... tú sabes... que bailaras conmigo... quiero decir, que cenaras conmigo, y todo lo demás..."

Tonks subió un par de escalones hasta que estuvo casi a su altura, de manera que sólo tenía que levantar un poco la cabeza para observarlo directamente a los ojos.

"Realmente no tienes nada que agradecerme." Le dijo, bajando un instante la mirada y tomando la mano de Remus entre la suya, dándole un pequeño apretón. "Yo también lo disfruté mucho."

El pareció respirar aliviado, y le sonrió a medias, mientras aferraba su mano y la miraba a los ojos... era la primera vez que lo hacía, y ella se quedó buscando en sus ojos el significado de una promesa que parecía estar a punto de hacerle. En un parpadeo aquello se desvaneció, pero a Tonks le dio la impresión de que la sensación permanecería con ella el resto de su vida.

"Ahora sé un caballero y acompáñame a mi habitación." Dijo Tonks, mientras se volvía a colgar de su brazo, haciendo que ambos descendieran las escaleras.

Él no dijo nada, se limitó a caminar con la mirada clavada en el piso y los pensamientos muy lejos de ahí, hasta que llegaron a la puerta de la habitación de ella.

"¿Mañana visitaremos el ala norte del castillo?" le preguntó Tonks, con tono divertido.

"Tonks..."

"Lo sé... sólo quería intentarlo una vez más. Supongo que tampoco me dirás qué es esa rosa que hay en-"

"Supones bien." Le dijo Remus, con un tono grave que dejaba claro que no había lugar para las bromas cuando se trataba de ese tema.

Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no seguir insistiendo, y su curiosidad dio paso a la paciencia, sabiendo que tarde o temprano encontraría las respuestas que estaba buscando. No quería presionarlo. Le resultaba extraño que de pronto ese hombre hubiera despertado en ella un hambre de conocerlo, de compartir sus angustias y alejar su soledad. Era curioso lo que le estaba sucediendo, pero también sabía que ya no podía hacer nada para dejar de sentir un creciente interés por todo lo que Remus Lupin representaba.

"Hasta mañana." Le dijo ella, y tuvo que ponerse de puntitas para darle un beso en la mejilla.

Remus se quedó de pie, observándola con tal gesto de sorpresa que cualquiera hubiera pensado que acababa de darle la noticia más increíble que él había escuchado en toda su vida. Sin decir una palabra más, se dio media vuelta y entró en su habitación, cerrando lentamente, quedándose durante varios minutos recargada en la puerta, y dejando a Remus observando fijamente del otro lado.