¡Hola!. Muchas gracias Piper Lupin por tu review, aunque hayas pensado que el fic era plagio :P

BiAnK rAdClIfFe, Sirius como candelabro también me resulta bastante simpático jajaja.

Helen Nicked Lupin, sip, muy pronto se quedara prendada de Remus :P

lily potter weasley95, espero que te guste este capítulo

Betcita de vainilla y fresa: no olvides dejarme review en este. Es casi el único seguro. Jajaja.

Aquí está el capitulo 3, y en el próximo, tendremos el esperado final. Lamento decirles que este es el más corto de todos.

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La Rosa y El Lobo

Tercera Parte

Aquella mañana, Ted Tonks salió de su casa acomodándose la gruesa capa y la chaqueta que lo protegían del frío invernal. Iba a sacarla de aquel lugar aunque eso significara perder su propia vida. Ese... monstruo, no le haría daño a su hija. Y si él descubría que le había puesto una sola mano encima, lo iba a lamentar tanto que le pediría clemencia.

De pronto, algo llamó su atención. Era una paloma que llevaba un pequeño tubo atado y que se hallaba posada en un extremo de la cerca que rodeaba su casa. La identificó al instante como una paloma mensajera, y caminó hacia ella para investigar de qué se trataba. El ave revoloteó un poco cuando él la tomo entre sus manos para extraer el pergamino que el tubito contenía, y voló un segundo después de que él la soltó. Con sumo cuidado desenrolló el pergamino y el corazón le latió apresuradamente cuando identificó la familiar caligrafía de su hija. Leyó con atención las breves líneas, como quien sabe que hacerlo descuidadamente puede significar un desastre. Y luego volvió a leer, no dando crédito a lo que sus ojos veían. Eso no podía ser cierto. ¿Su hija en ese castillo¿por voluntad propia¿por razones que ni siquiera ella podía explicar?. Era una locura. Ese Remus Lupin debería de tenerla secuestrada, y aunque por lo menos el hecho de que estuviera con vida (y según ella, bien) le regresaba una parte de la tranquilidad de la que había carecido últimamente, no podía dejar de angustiarse ante el hecho de saber que la mujer más importante en su vida, que su hija, estaba en manos de ese monstruo.

Doblando el pergamino con manos temblorosas, se dirigió a la pequeña plaza central de la villa. Era temprano y la gente ya comenzaba con sus actividades diarias, si bien el intenso frío las hacía moverse de una manera al parecer más lenta de la habitual.

Alguien tenía que ayudarlo, y creía tener una idea muy clara de quien podía ser esa persona.

Entró en una taberna que para esa hora de la mañana estaba prácticamente desierta, a excepción claro, de que ahí se encontraba la persona que él estaba buscando en ese preciso instante.

"Gilbert." Dijo con voz firme, dirigiéndose hacia él.

El hombre, que estaba sentado en uno de los asientos de la barra, dejó su taza humeante (probablemente té) a un lado, y se volvió hacia él, sonriéndole con ese aire de suficiencia que lo caracterizaba.

"Hola Ted, que sorpresa¿cuándo regresaste?."

"Hace poco tiempo. Gilbert... necesito de tu ayuda."

Gilbert alzó las cejas, e inclinó la cabeza ligeramente, con cierto aire de escepticismo.

"Te escucho Ted, sabes que estoy para servirte. A ti y a tu hija, que ya sabes que siempre me ha simpatizado demasiado. Y yo a ella, claro. Es un sentimiento mutuo."

Ted asintió con aire ausente.

"Se trata de ella precisamente¡la han secuestrado!."

"¿Qué¿pero cómo?" le preguntó Gilbert, dando un salto y poniéndose de pie en un segundo.

"Sabes que hay un castillo a varios kilómetros de aquí."

"Ah claro. Pero ha estado abandonado durante años enteros. O eso es lo que dice todo el mundo, algunos... ya sabes, dicen que está embrujado. Nadie se atreve a entrar en él. ¿Qué tiene que ver eso?" le preguntó, cruzándose de brazos.

"Es una larga historia... pero yo fui a parar a ese castillo... me perdí, y después... después mi hija, que me había estado buscando, llegó al mismo lugar. Y ahora sigue ahí."

Gilbert lo observó durante varios segundos, incapaz de establecer conexiones con la información que el padre de Tonks le estaba proporcionando.

"¿Entonces?. Dices que está secuestrada, pero que está en ese castillo. ¿Secuestrada por quién?."

"Es... su nombre es Remus Lupin. Es... él no es como nosotros."

Gilbert frunció el ceño y lo observó todavía más confundido de lo que estaba.

"¿Cómo es?" le preguntó, encogiéndose ligeramente de hombros.

"Gilbert cuando yo... cuando yo lo vi... él era... un monstruo. Una bestia horrible parecida a... a un lobo..."

"Ted... ¿estás seguro de lo que dices?. No quiero enterarme después de que son alucinaciones tuyas."

"¡Gilbert!. Estoy hablando de la vida de mi hija, no es un juego para mi. No sé de que sea capaz ese.. hombre... recibí una carta de ella, pero estoy casi seguro de que fue obligada a escribirla. Está en peligro Gilbert, y yo sólo no podría rescatarla... o quizá si, pero sé que si tú y algunos de tus amigos me ayudan... las cosas podrían ir mejor."

"Por supuesto que tú solo no podrías rescatarla... si lo que dices es verdad, no sólo tenemos que salvarla. Hay que acabar con ese Remus Lupin. Encadenarlo, qué se yo. Alguien así no puede estar viviendo entre las personas que somos normales¡nos pone en peligro a todos!."

"Parece una persona normal. Esa es la primera impresión que da, pero... aquella noche era luna llena, creo que eso lo transforma."

Gilbert negó con la cabeza, y paseó la mirada alrededor de la taberna.

"Dame un poco de tiempo, para reunir a la gente... pero no podrá ser hoy Ted. Esto lleva tiempo. Mañana saldremos a primera hora, y por la tarde o la noche, tendrás a tu hija nuevamente, y esa bestia no nos causará más problemas."

"Sólo quiero que mi hija esté bien... si todos estos años Remus Lupin se ha mantenido alejado de nosotros, no veo por qué tiene que ser ahora la excepción."

"¡Pero tiene a Nymphadora!. ¿Cómo puedes asegurar que el día de mañana no será alguno de nosotros?... y sólo las hadas saben para que propósitos."

Ted apretó los labios y puso gesto angustiado.

"¿Mañana dices?"

Gilbert asintió.

"Mañana."

o

A Nymphadora Tonks no le gustaba ser despertada con un grito ensordecedor, y mucho menos si ese grito provenía de un ropero. La mujer... es decir, el ropero, estaba gritando algo en francés incomprensible para ella... luego de que sus aletargados sentidos pudieron ser concientes de lo que realmente estaba sucediendo, Tonks se dio cuenta de que Fleur estaba cantando.

"Aaaaaaaaa-loue-tte, gentille alouette! Aaaaaaaaa-loue-tte, je te plumerai!"

Tonks se cubrió tanto como pudo con las sábanas de seda de la cama, cosa que por supuesto, significó ninguna diferencia.

"Je te plumerai le nez, je te plumerai le nez! et le nez! et le nez! et la tête! et la tête!"

Definitivamente, Fleur tenía serios problemas con su afinación. Y por si eso fuera poco, estaba cantando a todo pulmón y como si no hubiera nadie en la habitación (o al parecer en el castillo entero).

" Alouette! Alouette! AAAAAAAAAAAAAA!!!"

"¡Fleur!"

"Aaaaa-loue-tte, gentille alouette!"

"¡Basta!"

La voz de Fleur (junto con el rechinar que producía la madera del ropero) cesó de pronto, y se quedó observando a Tonks con algo parecido a la confusión, como si se estuviera preguntando que hacía despierta.

"Mademoiselle..." le dijo. "Muy buenos días, lamento si la incomodé... pego acostumbgo cantag un poco pog las mañanas."

"Ah... está bien, no te preocupes... es que.. me tomó por sorpresa." Le dijo Tonks, incorporándose y observando a su alrededor con gesto perezoso.

Después de semejante espectáculo matutino, Tonks se levantó y se dio una ducha, acostumbrándose incluso a la tina que entró salpicando agua caliente y burbujas.

"¿Pasó una velada aggadable?" le preguntó Fleur, desde el rincón en donde estaba acomodada.

Tonks sonrió de manera inconsciente.

"Si. Fue agradable."

El silencio (que en ese caso agradecía infinitamente después de haber escuchado los alaridos de Fleur) reinó en la habitación durante varios minutos.

"Y... ¿qué opina de Monsieur Lupin?"

"Sigo pensando que es un hombre extraño. Pero me simpatiza, de eso no hay duda. De no ser así no me hubiera quedado más tiempo."

Fleur sonrió, con ese tipo de sonrisas que dan la impresión de que la otra persona sabe algo que uno desconoce. Es decir, el otro ropero sabe que la persona no sabe... como fuera.

"Me alegga escuchaglo Mademoiselle... ¿cuánto tiempo piensa quedagse?" le preguntó.

"No mucho tiempo... uno o dos días. Mi padre también me necesita. Es decir... no quiero decir que Remus me necesite... pero-"

"¡Oh!. Entiendo, entiendo. Gealmente no necesita dagme explicaciones."

Fleur le sonrió a una esponja que iba pasando por ahí, y para cuando Tonks terminó de ducharse y vestirse, la habitación y la cama ya estaban completamente en orden y tan impecables como los aposentos de una reina. Ella, por supuesto, no se sentía una reina. Había crecido en un buen ambiente, y aunque de un tiempo para acá estaba rodeada de gallinas, caballos, y paja, su padre siempre se preocupaba por ella en todos los aspectos. Se quedó un momento observando el exterior, el ventanal daba a uno de los jardines que los jardineros (es decir, los instrumentos de jardinería) habían estado arreglando últimamente. Siendo invierno, únicamente se habían limitado a retirar toda la basura y a cortar los arbustos de manera que ya no se vieran como los tentáculos de algún animal monstruoso dispuestos a atraparlo a uno si se descuidaba. Tonks estaba pensando en eso, cuando alguien llamó a la puerta.

"Adelante." Dijo ella, dándose media vuelta en el momento justo en el que la puerta de la habitación se abría.

"¿Tonks?. Buenos días."

Remus Lupin acababa de entrar, seguido de Sirius que lucía sonriente como siempre.

"Hay en el comedor el mejor desayuno que te puedas imaginar." Le dijo Sirius, dando saltitos alrededor de ella y de Remus. "Y tuve que entrar con este hombre aquí presente para que te invitara como los buenos modales mandan." Concluyó, señalando con uno de sus "brazos" a Remus.

El hombre observó a Sirius como si tuviera intenciones de darle una patada, sólo para que se callara.

"¿Me acompañarías?" le dijo Remus.

Ella sonrió y asintió con la cabeza. Remus le ofreció su brazo y ella no dudó un segundo en tomarlo, caminando después con dirección al comedor.

"Tengo... hay algo que quisiera mostrarte un poco más tarde. Si tú quieres, claro." Le dijo Remus, cuando descendían unas escaleras que los llevaban al vestíbulo.

"¿Y me lo dices ahora?. Es una crueldad hablar de una sorpresa con demasiada anticipación y sobre todo cuando no se ha desayunado. Porque supongo que no me vas a decir qué es?"

Remus sonrió y negó con la cabeza. Había en su mirada un brillo... divertido. Le daba un aire infantil que parecía ajeno a sus facciones. Sin embargo, de ser necesario, ella se imaginaba que se podía acostumbrar muy rápido a esa nueva faceta suya.

Finalmente llegaron al comedor. Eso de "el mejor desayuno que te puedas imaginar", se acercaba bastante a lo que había sobre la mesa. Fruta, pan, jugos, café, trocitos de algo que parecía ser jamón, quesos, leche. Todo estaba acomodado de manera impecable en el comedor y ella no sabía ni por donde empezar. Se acercó y observó todo.

"¿No es esto un despilfarro?. Sólo somos dos personas." Dijo Tonks, observando a Remus, que se había acomodado del otro lado de la mesa y cuya sonrisa se borró al escuchar las palabras de Tonks.

"Es... mi manera de agradecerte." Le dijo.

"La gente suele decir gracias. Y creo que ya lo habías hecho."

Remus tomó aire y bajó la mirada hacia los alimentos que se hallaban delante de él.

"Es que... estoy... realmente muy agradecido." Le dijo, sonriendo un poco apenado.

"¡Vaya!. Entonces supongo que no me quejaré. Un poco de despilfarro de vez en cuando no le viene mal a nadie¿verdad?."

El hombre se limitó a alzar las cejas y encogerse de hombros.

Sonriendo ampliamente, Tonks empezó con la difícil tarea de decidir entre un platillo y otro. Remus se limitó a observarla y a probar un poco de esto, y otro poco de aquello.

o

Decir que el desayuno había sido delicioso hubiera sido poco, Tonks estaba tan satisfecha que se hubiera quedado tendida en cualquier sofá a dormir una siesta. Claro, si no hubiera sabido que el sofá se estaría moviendo y hablando minutos después.

El sol había salido por fin, arrojando las sombras fuera del Castillo, y ella había convencido a Remus de salir a dar un paseo por los jardines.

"Nunca conocí a mi madre, pero cuando papá habla de ella es como si la estuviera viendo."

Tonks había estado hablando de tantos y tan diferentes temas que empezaba a preguntarse si Remus no se sentiría agobiado por su incesante plática.

"Los recuerdos de los padres siempre son maravillosos." Le dijo, y Remus hizo un gesto que pareció ser de incredulidad. "¿No lo crees?" se atrevió a preguntarle.

"Creo que hay personas afortunadas con ese tipo de recuerdos. Y otros no tanto."

Tratando de adivinar que tanto se reflejaba Remus en ese comentario, Tonks asintió de manera ausente, para luego agacharse a tomar un poco de nieve y formar una bola entre sus manos.

"Creo que puedes tener razón." Le dijo, adelantándose y sonriendo con anticipación ante lo que estaba a punto de hacer. "Seguramente hay algún momento de tu infancia digno de ser recordado." Agregó alzando el tono de voz y observando la bola de nieve que ya había terminado de moldear. "Como una pelea con bolas de nieve."

Sin dar tiempo para que Remus reaccionara, dio media vuelta y le lanzó la bola de nieve directo a la cara. Falló, pero si terminó estrellándose en su pecho y él observó la mancha que había dejado la nieve en su ropa con gesto incrédulo, incapaz de comprender por qué había hecho algo tan infantil. Para cuando alzó la cabeza una bola más buscaba su objetivo, y esta vez él tuvo tiempo de agacharse lo suficiente como para conseguir que la nieve terminara parcialmente sobre su cabello. No sabía si reírse o gritarle que su actitud era totalmente inmadura, pero cuando la vio carcajeándose y preparando otra carga, él se inclinó y torpemente empezó a formar su propia munición. Cuando se levanto fue recibido con una descarga helada sobre la cara, y con la vista empañada a causa de la nieve que le había entrado en los ojos, tan sólo acertó a lanzar la maltrecha bola de nieve que se desintegró mucho antes de alcanzar a Tonks. Esta vez, la carcajada de ella fue más estruendosa.

"¡Muy mala puntería Señor Lupin!"

La escuchó gritar, sabiendo que estaba escondida detrás de un árbol incluso antes de que le lanzara otra bola de nieve y él la evadiera con éxito. Sintiéndose con ánimo de continuar la guerrilla helada, tomó otro poco de nieve y esta vez fue más cuidadoso al darle forma, volvió a incorporarse y dio algunos pasos hacia el árbol, levantó el brazo y sonrió imaginando el gesto de Tonks cuando acertara. Siguió avanzando con mucho cuidado, pero entre más cerca estaba más se extrañaba de no escuchar nada. Frunció el ceño casi al mismo tiempo que bajó la guardia, y cuando estuvo lo suficientemente cerca del árbol se dio cuenta de que no había nadie.

Confundido, se dio media vuelta, encontrándose con Tonks que le sonreía de una manera que no anticipaba lo que estaba a punto de hacer, a no ser que se observara lo que llevaba en la mano derecha. Decidido a no caer por completo en la trampa, corrió hacia ella, soltando su propia bola de nieve en el proceso y con el objetivo de escapar del frío proyectil que su enemigo estaba por lanzarle.

Con seguridad podía decir que habían transcurrido años desde su última pelea con bolas de nieve, y también podía afirmar que había sido con Sirius y no con sus padres con quien la había librado. En aquel momento en el que Tonks corría por el jardín, riendo y lanzándole nieve de manera errada una y otra vez, podía recordar como a través de un cristal empañado los años de su infancia. Lo que ella decía era cierto, había cosas dignas de ser recordadas, pero con amargura pensaba que otras eran dignas de ser olvidadas.

"¡¿No puedes correr más rápido Remus Lupin?!" le gritó, y esta vez Remus ya no pudo contener la carcajada cuando de alguna manera ella se tropezó con sus propios pies y se fue directo al suelo de manera espectacular.

Con el rostro sonrojado en parte por el esfuerzo y en parte por la vergüenza, Tonks se puso de pie y se sacudió la nieve mientras Remus aún no terminaba de reír.

"No entiendo que es tan gracioso. A cualquiera le pudo pasar."

Entre risas Remus le respondió. "No con tanta gracia."

Nymphadora Tonks intentó observarlo con desdén, pero cuando Remus sonreía de esa manera le resultaba imposible no sentirse complacida de ser capaz de darle algo digno de no olvidar.

o

"¿En dónde está mi sorpresa?"

Tonks había dedicado los últimos minutos a hacer la misma pregunta, sólo para poner a prueba la paciencia de Remus. Al parecer era infinita.

"Aún no es tiempo."

"¿Cuándo será tiempo?"

"Cuando me lo indiquen."

"¿Y exactamente por qué te lo tienen que indicar¿aún no está lista?."

"Está lista."

"Y entonces por que-"

"Tonks, preguntándome no conseguirás adelantar que te la muestre."

Aquello resultó ser más un desafío a su paciencia que a la de él, y resoplando con irritación se cruzó de brazos como cuando lo hacía si su padre le negaba la salida por la noche. Observó por el enorme ventanal que estaba a su derecha, el sol de invierno se hallaba cada vez más oculto tras las nubes que parecían ser el presagio de una nueva tormenta de nieve, que en aquella región de la montaña eran más frecuentes que en cualquier otro lugar. Eran apenas las tres de la tarde pero el viento ya soplaba con una fuerza que los había obligado a suspender su caminata por los jardines, justo en el momento en el que Remus hablaba de los naranjos plantados a las orillas del jardín. El momento exacto en el que Tonks habló de visitarlo cuando los frutos estuvieran maduros. Él había aprovechado para hablarle de una sorpresa que tenia preparada para ella, algo que había estado considerando desde que la escuchó hablar de la vida con su padre.

Un sonido atravesó la estancia en la que se encontraban, y el cling cling constante y familiar obligó a Tonks a girar la cabeza para observar que Sirius entraba con saltos apresurados.

"¿Remus?. Ya está todo listo."

Remus asintió y se puso de pie, caminando hacia Tonks, mientras su expresión era adornada con una media sonrisa. Sabiendo lo que significaba, a Tonks poco le faltó para saltar jovialmente y aplaudir mientras gritaba que era su sorpresa lo que estaba a punto de descubrir.

"Apresúrate."

Le dijo, antes de que Remus pudiera pronunciar palabra. Lo tomó de la mano e hizo una seña para dejarse conducir. Caminaron primero hacia el vestíbulo principal, y luego subieron las escaleras yendo después por un pasillo adornado con tapices que ya no se veían tan polvorientos y olvidados como Tonks recordaba haberlos visto por primera vez. Al final del pasillo había una gran puerta de madera, tallada exquisitamente con figuras de flores. Antes aquella puerta no había llamado su atención lo suficiente como para averiguar que se hallaba detrás de ella, y es que simplemente había demasiadas puertas cerradas como para mostrar curiosidad por cada una. Remus soltó su mano y después introdujo una llave que tenía grabada una figura igual a la de la puerta que estaba a punto de abrir.

"Considéralo un regalo."

Tonks asintió, observándolo fijamente.

La puerta se abrió, rechinando ligeramente al principio y después dejando ver una habitación con piso de mármol y enormes ventanales que dejaban entrar toda la luz que se podía necesitar en una tarde nublada de invierno. Pero eso no capturó la atención de Tonks, sino lo que se hallaba en el centro de la estancia. Era un piano tan familiar que por un instante observó a Remus, interrogándolo con la mirada y obteniendo una sonrisa como respuesta.

Tonks caminó hacia el piano y cuando lo tocó lo hizo con una delicadeza que asemejaba una caricia.

"Se parece tanto." Murmuró, maravillada. "Hasta podría jurar que es el mismo."

"Podría serlo." Le dijo Remus, que se acercaba a ella con las manos en los bolsillos de los pantalones de lana que llevaba puestos.

Tonks chasqueó la lengua con incredulidad.

"Apenas hace diez años que papá lo vendió."

Una fugaz decepción cruzó la mirada de Remus.

"Este piano pertenece a mi familia desde hace veinte años. Yo era apenas un niño cuando más de cinco hombres entraron cargándolo al castillo."

Aquella frase consiguió sumergirlo en recuerdos que no quería recuperar. La simple acción de mencionar la palabra familia le removía un dolor viejo cuando pensaba que en realidad ya no tenía ninguna familia, y más amargo se volvía el sufrimiento preguntándose si en realidad alguna vez la había tenido, o la tendría.

"¿Entonces qué te parece?" le preguntó él, intentando alejar los malos pensamientos que ya revoloteaban alrededor de su cabeza. "Hace años que nadie lo toca, pero yo mismo lo afiné... o lo intenté." Eso último lo dijo con un poco de vergüenza, pues sus oídos ya estaban tan acostumbrados al silencio que esperaba no haber dejado el piano peor de lo que estaba.

"Es hermoso." Le dijo Tonks, a quien todavía le brillaban los ojos de felicidad. "Y respecto al sonido lo vamos a averiguar en este momento."

Mientras Remus la observaba nervioso por estar a punto de poner a prueba su labor, ella caminó hasta situarse frente al piano, retiró el banquillo y se sentó con delicadeza. La primera nota resonó en el salón, tan solitaria y melancólica que Remus se sintió identificado con ella.

Sonriente, Tonks empezó a interpretar una melodía más alegre, primero observando los movimientos de sus dedos como para asegurarse que lo hacía correctamente, y ocasionalmente levantando la mirada para encontrarse con un Remus cuyos ojos estaban plagados de una mezcla de curiosidad y admiración. Siguió tocando hasta que se inventó el final, pues lo que estaba interpretando en ese momento era en realidad algo que había compuesto desde hacía mucho tiempo, pero que nunca había terminado. Cuando las notas finales fueron escuchadas, Remus le aplaudió ocasionando que ella se sonrojara tanto que temió ser considerada una adolescente poco inteligente.

"Hermoso."

Le dijo, y Tonks se sonrojó aún más por el tono enigmático que utilizó. Se puso de pie de manera abrupta e intentando disimular el temblor de sus manos, rodeó el piano, rozándolo con una mano, como si le estuviera agradeciendo el haber servido de instrumento.

"Hiciste un buen trabajo afinándolo."

Llegó finalmente junto a él y pasó un brazo por debajo del suyo, una acción que cada vez parecía más un reflejo si se hallaba cerca de él. Recargó la cabeza en su hombro y deseó no tener que irse en algunos días más. Casi de inmediato frunció el ceño ligeramente y volteó a verlo con la duda en su rostro.

"¿Dijiste que lo considerara un regalo?"

Él asintió.

"No estarás hablando en serio."

"Por supuesto que sí. Sólo indícame cuando pueden llevarlo a tu casa."

"Por supuesto que no hablas en serio¿un piano en mi casa?. No hay espacio, tendría que dormir en el establo."

Primero Remus sonrió, imaginándola entre paja y gallinas, despertando y tropezándose todos los días con las palas y azadones, pero de inmediato un gesto sombrío dominó su semblante al sentir que rechazaba su regalo. Tonks lo notó al instante.

"Me encantaría tenerlo en casa... tanto como venir aquí a tocarlo."

Lo que ella le acababa de decir conseguía confundirlo más. No podía creer que alguien como Tonks tuviera la más mínima intención de regresar al castillo... su amor por la música debía ser enorme.

"Es tuyo, puedes venir las veces que quieras."

Su emoción fue tal que se lanzó a los brazos de Remus, y le plantó un beso en la mejilla mientras se colgaba de su cuello.

"Sólo... sería bueno que... me avisaras antes de que estuvieras aquí." Tartamudeó Remus, mientras intentaba dejar de sonrojarse.

"Una paloma mensajera arreglaría eso."

Le dijo Tonks, ajena a la actitud avergonzada de Remus.

Aquella tarde Tonks pudo interpretar un par de piezas que recordaba de su infancia, y cuando empezó a oscurecer, ambos decidieron tomar un poco de chocolate mientras disfrutaban de la calidez del fuego en la chimenea.

Afuera, la nieve caía delicadamente cubriéndolo todo, y Remus observaba fijamente las llamas, mientras Tonks se movía alrededor de la estancia, curioseando los adornos de la pared, e intentando averiguar si alguno podía hablar.

"¿Remus?"

"¿Si?"

"¿Cuánto tiempo has vivido en este lugar?"

Él tomó aire, como si eso le ayudara a contar el tiempo de manera más precisa.

"Toda mi vida."

Comprendiendo, Tonks asintió, y después se atrevió a hacer una pregunta. De cualquier manera, si no se la contestaba no sería la última vez que lo iba a intentar.

"¿Y tu familia?"

Como si hubiera dicho algo sumamente inapropiado, Remus se puso de pie y caminó para colocarse frente a la chimenea.

"Hace mucho tiempo que ya no están conmigo."

Tonks tomó la decisión de no cuestionarlo más. Si él tenía una mala relación con ellos, en definitiva no era algo que se considerara apropiado preguntar a tan sólo días de haber conocido a una persona. Quería decirle muchas cosas, sentía la necesidad de hacerle saber que podía confiar en ella, que podía compartir sus secretos y sus demonios, y ella lo comprendería. Lo ayudaría si fuera necesario, si tan sólo él se lo permitiera. Pero esa actitud que adoptaba cada vez que ella intentaba atravesar su caparazón de hombre huraño, le daba la impresión de que en cualquier momento la echaría del Castillo sin miramientos. No quería saltar en hielo frágil. Remus era lo más parecido a un amigo que tenía, un muy buen amigo.

Caminó hacia él y lo abrazó parcialmente. Podía negarle sus secretos, pero ya había captado que no su cercanía física.

"Sería genial que visitaras la villa en donde vivo. Sólo para que abandonaras el castillo durante un tiempo... empiezas a tomar el color de los muros de piedra." Le dijo divertida, aunque a Remus no le hizo gracia.

"No puedo abandonar el castillo, es... mi hogar."

"¿Y eso qué?. Yo estoy muy lejos de mi hogar en este momento."

Remus suspiró.

"Es muy diferente Tonks, muy diferente."

"Explícame cómo."

Remus escapó de su abrazo y se fue a sentar a un sofá.

"No he salido de este lugar durante años. No estoy preparado para hacerlo."

Tonks negó con la cabeza y caminó hacia él, se puso de rodillas y tomó sus manos entre las suyas.

"Estás hablando sin sentido, allá afuera hay miles de cosas que-"

"No Tonks, allá afuera no hay nada para mi."

La muchacha se separó de él y lo observó con más compasión que curiosidad. ¿Qué podría sucederle a alguien para pensar de esa manera?. Estuvo a punto de preguntárselo, pero un sonido de porcelana fina y mármol le quitaron tal intención.

"¿Les ofrezco otro poco de chocolate?"

Era la señora Weasley con chocolate humeante, listo para servirse.

"Yo no, gracias Molly." Respondió Remus, poniéndose de pie.

"Tampoco yo. Creo que me voy a dormir ya."

Sonriendo, y sin decir una palabra más, la tetera se alejó con cuidado de no derramar su contenido. Tonks caminó hasta la salida, mientras tarareaba una de las canciones que había interpretado por la tarde. Volvió a aferrarse al brazo de Remus mientras lo hacía.

"Hay un lago que ofrece un hermoso paisaje en esta época del año." Comentó Remus. "Mañana podemos visitarlo si quieres."

"Totalmente de acuerdo. Podría ganarte otra vez en la pelea de nieve."

La risa de Remus resonó por los pasillos.

"Podría ser."

Siguieron caminando en silencio, hasta que llegaron a la habitación de Tonks. Se despidieron con un beso en la mejilla, sin más palabras que las necesarias. Mientras Remus se alejaba por el pasillo sin percatarse de que ella lo observaba, él pensaba en lo diferente que había sido aquel día de todos los demás, desde que tenía memoria.

En algún momento llegó a preguntarse si aquella sensación no se debía sólo al hecho de tener a alguien como compañía, pero pronto se dio cuenta de que no cualquiera hubiera causado el mismo efecto sobre él. No a cualquiera le hubiera regalado un piano. Sonriendo mientras recordaba el beso en la mejilla con el que Tonks le había exagerado su agradecimiento, se puso a pensar en las verdaderas posibilidades de que ella fuera lo que había esperado durante tantos años. Su eterno pesimismo no lo dejaba tener esperanza de que así fuera. Esa parte oscura, arraigada y aferrada a él gracias a la soledad, le decía que en cuanto supiera la verdad acerca de él, saldría huyendo como era de esperarse. Pero las sonrisas que ella le regalaba le decían algo muy diferente, por lo tanto estaba de más decir que se encontraba tan confundido que ya no sabía que pensar.

Vagó sin rumbo fijo por el castillo, como si estuviera supervisando que todo se encontrara en orden, y finalmente llegó al ala norte del castillo, pensando en el tiempo que le quedaba para intentar que su vida fuera normal.

"¿Dando un paseo a esta hora?"

La voz grave de Sirius no consiguió sobresaltarlo.

"Algo así."

Respondió, caminando hasta la rosa que parecía brillar pálidamente a causa de algún efecto del invierno.

"¿Hubo avances?"

Remus resopló ligeramente.

"Lo haces sonar como si fuera algún tipo de plan para que cayera..." dudó un instante "en mis garras." Finalizó, observando sus propias manos.

"Sabes a lo que me refiero."

Remus suspiró agotado.

"No sé si sea avance o no. Ya no sé que pensar."

"Te estás enamorando."

Remus comenzó a reír, aunque no le quedaba claro si era porque aquello sonaba absurdo, o a verdad.

"Lo importante es lo que ella siente." Le dijo, evadiendo exitosamente los comentarios acerca de sus sentimientos.

Sirius masculló algo acerca de no estar totalmente de acuerdo.

"Molly dice que nota cierto interés en ella." Le dijo, dando saltos y colocándose en la misma mesa en la que se encontraba la rosa. "Esa tetera puede ser molesta la mayoría del tiempo, pero también tiene cierta habilidad para ese tipo de cosas."

Remus observó a Sirius, considerando las posibilidades.

"¿Y qué pasará cuando se entere de la verdad?"

"Es precisamente de lo que hablábamos por la tarde."

Remus alzó las cejas, sorprendido de que ahora su vida fuera tema de conversación entre los habitantes del castillo.

"Debes decírselo."

De inmediato negó con la cabeza, imaginándose las desgracias que todo eso podía traerle. En primer lugar, que ella lo abandonara, y no necesitaba más, esa era una razón suficiente para no revelarle su secreto.

"Remus, lo tiene que saber."

Lupin le dio la espalda, mientras seguía negando con la cabeza. Tonks le había mostrado tantas cosas en tan poco tiempo, que la sola idea de no volver a verla le asustaba. Antes no estaba conciente de todo lo que una compañía como la de ella podía ofrecerle, e incluso había pensado que no necesitaba tales experiencias en su vida. Pero ahora que tan sólo había visto un vestigio de la luz que se le había negado por tanto tiempo, volver a la completa oscuridad resultaba peor que antes.

"Sabes que no nos queda mucho tiempo."

"Lo sé." Le dijo en un tono que le salió más brusco de lo que en otra situación se hubiera permitido.

"Entonces me voy a descansar."

Ninguno de los dos dijo una palabra más, y Remus lo sintió alejarse más por la oscuridad que se fue haciendo mayor a cada segundo, que por el sonido de sus "pasos" debilitándose.

La noche estaba fría y afuera el viento había arreciado ligeramente. Remus encendió una vela y se quedó observando largo rato la rosa que representaba su maldición.

Las reglas decían que se tenían que enamorar de él, a pesar de lo que fuera. Y lo que era, resultaba inevitable de ocultar. Sólo era cuestión de tiempo para que la transformación que lo torturaba a cada momento se presentara nuevamente, y cuando eso sucediera... Tonks lo sabría de una u otra manera, y en definitiva pensaba que escucharlo de él era un poco menos horroroso. La cuestión era que tal vez sí se estaba enamorando, y que en algún momento de su existencia había pensado que liberarse de esa maldición sería sencillo. Ahora sabía que se había equivocado terriblemente.

Observando cómo caía un pétalo más de la rosa, cada vez más empequeñecida, tomó la decisión de hablar con ella al día siguiente. Lo que fuera, tarde o temprano tendría que suceder.

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Tonks estaba teniendo un sueño extraño. Se encontraba en un pueblo, aparentemente desierto, caminando sin rumbo fijo. Tenía la sensación de ser observada por cientos de ojos, y aunque ella no podía ver ni un alma, no podía sacudirse la paranoia de encima. Llegó a lo que parecía ser la plaza principal de la aldea, en cuyo centro se encontraba una fuente sin funcionar. Se sentó en el borde y se puso a examinar alrededor. En el horizonte, algo llamó su atención... era un punto de color incierto que aumentaba su tamaño conforme pasaba el tiempo, y que luego adoptó una forma parecida a la de un perro. Cuando lo tuvo más cerca se dio cuenta de que no era un perro, si no un lobo de pelaje grisáceo que parecía resplandecer por momentos de manera delicada, como la plata. Le pareció hermoso. Le sonrió y se puso de pie, como quien ve a un cachorrito y está listo para acariciarlo. Pero al parecer, la criatura no tenía deseos de ser acariciado, pues retrocedió como lo hubiera hecho un animal herido ante su atacante. Tonks lo observó cuidadosamente. Para entonces ya se había olvidado de la paranoia. Volvió a acercarse, dando pasos lentos y cortos, como si intentara imitar el andar cauteloso del lobo. El animal la vigilaba, dispuesto a echar a correr al primer indicio de un movimiento brusco. Cuando estuvo lo suficientemente cerca para observar los penetrantes ojos del animal, despertó, abriendo los ojos en la oscuridad y esperando que el acompañante de sus sueños se materializara en algún lugar de la habitación.

Dio vueltas en la cama, pensando en su sueño y en que con seguridad faltaban varias horas para que amaneciera. Casi enseguida el cansancio comenzó a atraparla nuevamente, de manera que se quedó dormida, pero al contrario de lo que hubiera deseado, no volvió a soñar con lo mismo.

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"Resulta que el clima no nos está ayudando como quisiéramos, Ted. Los caminos están bloqueados por la nieve, y empezar el viaje en este momento sería una imprudencia. ¿Podemos esperar a que la primavera comience?. No pongas esa cara, estaba bromeando. Sólo un par de días más es lo que necesitamos para emprender el viaje y rescatar a tu hija de las garras de esa bestia, no te preocupes."

Ted Tonks permaneció en silencio, con la frustración que sentía aumentando a cada momento que pasaba. Sin embargo, tenía que aceptar que Gilbert, por muy tosco y presumido que pudiera ser, estaba hablando con la razón de su lado. Sin decir nada más, asintió con resignación. Sólo esperaba que su hija resistiera el tiempo que ellos tardarían en rescatarla.