LAS GUERRERAS MAGICAS
CAPITULO 15 – LA VICTORIA DE LUZ
Con el aumento en la fuerza del emperador Megas y la pérdida de la energía en la espada Valis, las posibilidades de salvar Céfiro eran muy escasas, pero los corazones de las guerreras mágicas aún podían lograr algo. Tras vencer a las criaturas de Luz, las chicas se quedaron a descansar con sus amigos, recordando viejos tiempos y pensando en los que están por venir. Sin embargo, nadie se percató de que Luz había aparecido una vez más para atacar a Marina, quien se encontraba en esos momentos con Ascot fuera del castillo.
-¿Qué sucede guerrera mágica?- le dijo Luz a Marina- ¿Acaso esa es toda tu magia?
-No te confíes...- sonrió Marina- ¡Dragón de Agua!
Marina utilizó nuevamente su magia, pero Luz detuvo el ataque solo con la palma de su mano. Un escudo mágico la había protegido.
-¡Ha ha ha ha! Necesitarás más que eso si quieres hacerme frente.
-No puede ser...- pensaba Marina.
-No te preocupes Marina.- le dijo Ascot- Juntos la venceremos.
Marina lo miró con confianza y se preparó para atacar nuevamente. Entonces, Luz descendió al suelo y corrió contra Marina utilizando su espada. Ascot se interpuso en su camino e invocó a una criatura mágica para que los ayudara, sin embargo, Luz, con un ágil movimiento, esquivó y cortó por la mitad a la criatura recién invocada.
-¡Cuidado Ascot!- gritó Marina al ver que Luz se aproximaba.
-Primero acabaré contigo.- sonrió Luz.
-¡Cresta!- el hechizo de Ascot creó un muro protector inmenso.
Luz intentó atravesar el muro con su espada y con su magia, pero la defensa del muro era superior a cualquier escudo ordinario.
-Si piensas que con ese hechizo podrás salvarte a ti y a tu pequeña amiga, estas muy equivocado.- dijo Luz.
-¿Qué podemos hacer?- le preguntó Marina a Ascot- Puedo sentir que Luz es más fuerte que antes.
-No lo sé...- murmuró Ascot.
-No pensé que sería necesario hacer esto.- dijo Luz- Pero creo que no tengo otra opción.- Ascot y Marina la miraron confundidos- Les mostraré mi técnica más poderosa. Me tomó tiempo aprenderla, y tuve que destruir muchas aldeas para dominarla a la perfección.
-¿Qué dices?- se exaltó Marina.
-Ahora sabrán de lo que es capaz el poder de fuego...
Luz cerró los ojos y cruzó sus brazos formando una equis, luego en las puntas de sus dedos se formaron pequeñas esferas de fuego. Al mismo tiempo Ascot se levantó y extendió sus brazos hacia el muro mágico.
-Marina, yo detendré su ataque.- dijo Ascot- Tu aprovecha y atácala cuando tengas oportunidad.
-Muy bien.- Marina corrió al lado de Ascot para prepararse.
-¡Este es el hechizo más poderoso del fuego¡Merasoma!
Luz sacudió su brazo izquierdo hacia el frente primero. Las cinco esferas de fuego avanzaron rápidamente y se fusionaron en una sola esfera de mayor tamaño. Al impactarse con el muro, Ascot tuvo que utilizar toda su magia para mantener el muro intacto, pero había usado tanta energía que tuvo que hincarse. Fue entonces que Marina aprovechó el momento y contraatacó con su dragón de agua. Al ver eso Luz comenzó a reír.
-Creo que se apresuraron un poco. Por si no lo notaron aún tengo el poder del hechizo merasoma en mi mano derecha, el cual es más fuerte.
Entonces, Luz sacudió su mano derecha y de igual forma las cinco esferas se combinaron, esta vez creando otra esfera de mayor tamaño y con un brillo intenso. El hechizo merasoma desintegró por completo el dragón de agua de Marina y atravesó el muro mágico de Ascot, dando un impacto directo en ellos.
Mientras tanto, Ráfaga continuaba luchando con la criatura de roca, pero cada vez que la derrotaba, ésta se regeneraba para seguir peleando.
-¡Corte de tierra!- Ráfaga golpeó su espada contra el suelo, y una gran onda mágica partió la tierra y golpeó a la criatura, cortándola por la mitad- Espero que ahora si la haya vencido.
A lo lejos, Ráfaga pudo escuchar el sonido de una gran explosión y supuso que algo estaba mal, pero cuando intentó regresar a la entrada del castillo, la criatura de roca volvió a regenerarse.
-¡Demonios!- exclamó Ráfaga.
La explosión del hechizo de Luz había herido gravemente a Ascot, quien había usado su cuerpo como escudo para proteger a Marina. Cuando ella volvió en sí, intentó despertar a Ascot pues había quedado inconsciente por el ataque.
-¿Te encuentras bien Ascot¡Respóndeme, por favor!- suplicaba Marina.
-Ahora nadie podrá intervenir.- murmuró Luz
Marina se levantó del suelo y secó las lágrimas de sus ojos. Utilizando su magia, apareció la espada que la princesa Esmeralda le había entregado junto con su armadura.
-Pagarás por lo que le hiciste a Ascot.- dijo Marina molesta- ¡Nunca te lo perdonaré!
Marina volteó y blandió su espada con fuerza contra Luz, quien apenas tuvo tiempo de defenderse. Debido a los ataques tan fuertes de Marina, Luz tuvo que retroceder. El rencor era visible en los ojos de la chica y podía sentirse en cada golpe que daba con su espada. Luz dio un gran salto hacia atrás para alejarse y contraatacar.
-¡Flecha de Fuego!
-¡Dragón de Agua!
Esta
vez, se generó una lucha de poder, los hechizos chocaban entre
sí, pero ninguno desistía.
Poco a poco, la magia de
Marina comenzó a ganar terreno.
-¿De donde saca esa fuerza?- pensaba Luz- Debo actuar pronto.
Mientras manejaba su hechizo con su mano derecha, Luz lanzó su espada al suelo verticalmente con la izquierda para enterrarla.
-Si te rindes ahora, quizá considere el darte una muerte rápida y sin dolor.- presumió Luz.
-¡Jamás me daré por vencida! Voy a luchar por proteger a Céfiro y a mis amigos.
El cristal azul de Marina comenzó a brillar intensamente y el dragón de agua parecía ganar aún más poder.
-¡No permitiré que hagas más daño!- exclamó Marina.
-Ese cristal...- murmuró Luz.
Marina concentró toda su energía y terminó por destruir el hechizo de fuego. Sorprendida, Luz dio un paso a un lado y esquivó fácilmente el ataque, pero a pesar de haber perdido esa lucha de poder, una sonrisa estaba dibujada en su rostro.
-Admito que no peleas nada mal.- dijo Luz- Pero ha llegado el momento de terminar con esto.
La espada que había enterrado en el suelo, emergió detrás de Marina y le atravesó su hombro derecho. Por la herida Marina soltó su espada y cayó al piso. La sangre manchaba su ropa, y sus fuerzas se desvanecían con cada gota de sangre que derramaba.
-¿Por qué...?- murmuró Marina- ¿Por qué haces todo esto?
-Ya que estoy por acabar contigo, te confesaré algo.- se acercó a Marina y le susurró al oído- A mi no me importa nada en este mundo, ni tampoco me interesa lo que pase con el emperador Megas o Lucy... mi único deseo es hacer sufrir a los demás.
Marina estaba petrificada por lo que acababa de escuchar y su cuerpo ya casi no tenía fuerza. Luz se alejó unos pasos y se preparó para dar el golpe final, pero un hechizo la detuvo. Ascot, que apenas podía mantenerse en pie, había usado una pequeña bola de fuego para atacar a Luz y distraerla.
-Veo que aún sigues con vida, insecto.- dijo Luz.
-No dejaré... que lastimes a... Marina...- dijo Ascot entre dientes.
-Que bella y estúpida es la amistad. Es increíble como las personas se sacrifican por otras... Deberías apreciar la poca vida que te queda e irte de aquí.
-Nunca...- Ascot asumió una posición de ataque- No puedo huir... y dejar sola a Marina... nunca podría perdonármelo...
Ascot usó lo poco que le quedaba de energía para crear una segunda bola de fuego y se la arrojó a Luz. Sin el menor esfuerzo, Luz golpeó la bola de fuego con su mano y la desvió.
-Solo por que has conmovido mi corazón, tendré un poco de piedad contigo.- sonrió Luz extendiendo su mano- Sin embargo, no puedo permitir que avises a los demás de mi presencia.
Un rayo dorado salió de la palma de Luz y Ascot no pudo hacer nada para esquivarlo. Marina intentó levantarse, pero estaba demasiado débil.
-¡Ascot!- gritó Marina.
El hechizo había convertido a Ascot en una estatua de roca. Al verlo, Marina empezó a llorar, incapaz de hacer algo por su amigo.
-¿En donde estabamos?- dijo Luz volteando a ver a Marina- ¡Ah, si! Lo recuerdo... estaba por deshacerme de ti.
Preocupado por lo que pudiera estar pasando, Ráfaga uso todo su poder para crear un corte de tierra muy poderoso, el cual por fin derrotó a la criatura convirtiéndola en polvo. De inmediato corrió a la entrada del castillo, desafortunadamente llegó demasiado tarde. Al pararse en el campo de batalla, lo primero que vio fue a Ascot convertido en piedra. Se acercó a él y buscó en los alrededores al responsable de eso, pero el lugar estaba desierto. Lo único que quedaba en el suelo era la espada de Marina.
-¡No puede ser!- dijo Ráfaga mirando la entrada del castillo- Tengo que advertir a los demás.- y entró al castillo a toda prisa.
En el salón del trono, Caldina y Presea aguardaban a que GuruClef restaurara el escudo protector del castillo.
-¡Cielos!- dijo Caldina- Como me gustaría tener algo de música para bailar. Estoy muy aburrida
-¿Por qué no van con las chicas?- sugirió GuruClef.
-No creo que sea conveniente interrumpir cuando un hombre y una mujer están conversando.- dijo Caldina.
-Ella tiene razón.- dijo Presea- Prefiero quedarme aquí hasta que hayas recuperado tus energías.
-Gracias Presea.- le sonrió GuruClef.
-Por cierto GuruClef.- dijo Caldina con una sonrisa pícara- Dime¿no te sientes atraído por una de esas chicas?
-¡Que!...- GuruClef se sonrojó- No... no se de que me hablas...
-Vamos, no puedes engañarme. Pude ver el brillo en tus ojos cuando Marina regresó al castillo.
-¿Es cierto eso?- preguntó Presea.
-Bueno... la verdad... es que yo... no sabía si...- GuruClef solo le daba vueltas al asunto.
Entonces, GuruClef cayó al piso y Caldina y Presea corrieron a su lado. Al parecer un fuerte dolor de cabeza lo había golpeado.
-¿Qué te sucede?- preguntó Presea preocupada.
-Una energía maligna...- decía mientras se ponía la mano en la frente- Hay una energía maligna enorme que se está aproximando al castillo.
-¿Qué podrá ser?- murmuró Caldina.
-¿En que dirección viene GuruClef?- preguntó Presea.
-No lo sé... esa energía es tan inmensa que no puedo analizarla por completo.
-Caldina, busquemos a los demás para ponerlos al tanto.
Dicho esto, ayudaron a GuruClef a sentarse en el trono y salieron por uno de los pasillos. El semblante de GuruClef era pálido, pues nunca antes había sentido una energía tan grande.
Paris y Anaís caminaba de regreso a la sala del trono tomados de la mano. Se veían felices después de lo que se habían dicho. Entonces, una explosión destruyó un muro del pasillo frente a ellos.
-Anaís.- le habló Paris- ¿Te encuentras bien?
-Si. ¿Qué sucedió?
Ambos miraron la nube de polvo que se había levantado por la explosión, y al disiparse, una figura se fue haciendo visible.
-¡Por fin te encuentro!- se escuchó una voz.
-¿Quién eres?- preguntó Paris.
-Eso no importa ahora, por que pronto me encargaré de eliminarlos a ambos.
En la habitación de la princesa Esmeralda, Zagato yacía a los pies de la cama donde descansaba la princesa. Su mente se había hundido en una profunda meditación y pudo alcanzar el corazón de Esmeralda.
-Querida Esmeralda...- dijo Zagato con ternura.
Su espíritu había sido transportado a un lugar distinto, a donde quiera que mirara solo se podía ver un fondo blanco. Esmeralda apareció entonces frente a él.
-Zagato...- sonrió Esmeralda.
-La situación empeora a cada momento.- dijo Zagato preocupado- Y he de suponer que ya te habrás enterado del sacrificio que hizo Latiz por mi.
-Lo sé.- Esmeralda se acercó y lo abrazó- Y temo decirte amor mío, que ha llegado el momento de que yo también haga un sacrificio.
-¿Te refieres a...?- las palabras de Zagato fueron interrumpidas por la princesa, quien había puesto su dedo sobre sus labios.
-Querido Zagato, muy pronto abandonaré Céfiro, pero quiero que sepas que mi corazón siempre estará contigo.
-Si ese es el caso, entonces yo te acompañaré.
-Mi corazón salta de alegría al escucharte decir eso, pero no puedo aceptarlo, sería muy egoísta de mi parte.- Esmeralda agachó la mirada, pero Zagato la tomó de la barbilla y levantó su rostro.
-Aunque no me lo pidieras, mi destino es tomar el mismo camino que tú estas por seguir.
-Zagato...
La princesa Esmeralda cerró sus ojos y se dejó llevar por el momento. Zagato acarició su mejilla y la beso suavemente en los labios, y aunque sus cuerpos ni siquiera estaban en contacto, ese beso había dejado una marca especial en sus almas y espíritus.
Paris se apresuró a sacar su falchion y se colocó frente a Anaís para protegerla. De pronto, una gran llama surgió de la nube de polvo. Paris cortó por la mitad la llama, y ésta se estrelló en ambos lados del pasillo.
-Muy bien, ya basta de juegos. ¡Muéstrate!- le ordenó Paris a la persona frente a ellos.
-No pensé que estuvieran tan ansiosos de perder la vida.- el polvo se disipó velozmente por una fuerte corriente de aire que rodeaba al enemigo.
-¡Tu eres Luz!- dijo Anaís al reconocer a su atacante.
-Así es, pero como ya les había dicho, eso no tiene importancia, por que voy a acabar con ustedes.- Luz apareció su espada y se dispuso a atacar.
-Yo me haré cargo Anaís.- dijo Paris al saltar hacia Luz.
-¡Espera Paris!- intentó detenerlo.
Aunque el falchion era un arma de gran tamaño, Paris la blandía como si se tratara de una espada corta. Su habilidad con la espada era asombrosa. En un momento dado, ambas espadas chocaron y se mantuvieron así un momento.
-Vaya, peleas mejor de lo que esperaba.- sonrió Luz.
-Hago lo que puedo.- dijo Paris.
Luz pudo empujar el falchion hacia arriba, se agachó y pateó los pies de Paris, derribándolo. Luego apuntó la espada hacia su cuello.
-Lamento decírtelo, pero aún te falta mucha técnica para poder vencerme.- Luz levantó su espada y la blandió con fuerza.
-¡Viento de defensa!- la magia de Anaís alcanzó a proteger a Paris.
El viento rechazó el golpe de Luz y la arrojó hacia atrás. Paris se levantó de inmediato y retomó el ataque, pero al blandir su espada contra Luz, ella esquivó la espada y lo golpeó en la nuca, dejándolo inconsciente.
-Ahora me desharé de ti.- rió Luz entre dientes.
-¡Huracán Verde!- invocó Anaís.
Luz apenas tuvo tiempo de saltar para esquivar el huracán verde.
-¿Por qué se preocupan tanto por proteger a sus amigos?- le preguntó Luz- Podrían luchar mucho mejor si no tuvieran que estar pensando en los demás.
-No puedo hacer eso.- contestó Anaís molesta- Quizá a ti no te interesen las demás personas, pero mi deber es cuidar que nada malo les suceda.
-Lo mismo dijo la otra guerrera mágica...- murmuró Luz decepcionada.
-¿De que hablas?
-¡No bajes la guardia¡Flecha de Fuego!
Esta vez, Anaís no pudo invocar el viento de defensa y la flecha de fuego la estrelló justo contra uno de los muros. Paris, que apenas despertaba, pudo ver que Anaís había sido herida, y en cuanto pudo, se levantó e intentó ayudarla.
-¡No intervengas!- exclamó Luz al verlo.
Usando otra vez su magia, Luz envolvió con su fuego a Paris, pero él se mantenía firme a pesar de las heridas que recibía.
-¡Que!- Luz se sorprendió al ver que Paris aún seguía de pie.
-Anaís...- dijo Paris con voz débil.
Anaís también se levantó y apareció el arco y flechas que la princesa Esmeralda le había otorgado. Preparó su primera flecha, pero no la disparó.
-Por favor Luz, no quiero hacerte daño.- dijo Anaís- Terminemos con esto, ya fue suficiente.
-Me parece una excelente idea.- Luz se preparó para usar su hechizo más fuerte- ¡Merasoma!
Luz arrojó las cinco esferas de fuego de su mano izquierda para que se combinaran. Anaís no tuvo más opción que disparar su flecha, la cual atravesó y destruyó el merasoma y cortó la mejilla de Luz. Sabiendo que no podía hacer un ataque frontal, Luz comenzó a saltar de un lado a otro, apoyándose de vez en cuando en las paredes para moverse más rápido. Anaís disparaba flechas tan rápido como podía, pero ninguna la alcanzaba. Con cada salto, Luz se acercaba más, hasta que tomó a Paris por sorpresa y lo sujeto por la espalda. Anaís detuvo sus ataques por miedo a herir a Paris.
-¿Qué sucede?- dijo Luz mientras se ocultaba detrás de Paris- ¿Por qué no me sigues atacando?
-¡Dispárale Anaís!- le ordenó Paris.
-Pero Paris...
-No puedes dejar que ella gane esta batalla con algo tan sucio como esto.- decía Paris convencido.
-¡Anda! Escucha lo que te dice...- dijo Luz sonriendo.
-No puedo hacerlo.- pensaba Anaís.
-Si tu mueres aquí¿quién protegerá a Céfiro?- le preguntó Paris- ¿Acaso no recuerdas lo que me dijiste hace un momento, sobre tu deseo de restaurar Céfiro?- el corazón de Anaís se aceleró- ¡Tu puedes hacerlo Anaís! Confío en ti.
La mirada de Luz se clavó en Anaís mientras esperaba su próximo movimiento. Después de unos segundos, Anaís volvió a levantar su arco, preparó una flecha y cerró los ojos.
-Paris tiene razón.- pensó Anaís- Mi deber como guerrera mágica es proteger Céfiro y a todos mis seres queridos.- el brillo del cristal en el pecho de Anaís volvió a surgir.
-Ese brillo...- pensó Luz- Es el mismo que el de la otra guerrera mágica... ¡Excelente!
-Prometí que daría lo mejor de mí para cumplir con mi misión.- una ráfagas de viento comenzaron a rodear la flecha- Es por eso que esta flecha nos protegerá a mi y a Paris.
Al abrir los ojos, Anaís soltó la flecha contra ellos. Luz se apresuró a empujar a Paris contra la flecha y a saltar hacia atrás. Pero gracias a la magia de Anaís, la flecha atravesó el cuerpo de Paris sin hacerle el menor daño y terminó por clavarse en la pierna de Luz, quien cayó al piso.
-¡Paris!- gritó Anaís.
-¡Maldita!- exclamó Luz desde el suelo- ¡Los odio, acabaré con ustedes!
Luz consiguió ponerse en pie y lanzó su espada contra Paris, clavándola en su pecho. Al ver esto, Anaís corrió para ayudar a Paris con su magia. Paris logró arrancar la espada de su pecho, e inmediatamente Anaís usó el viento curativo.
-¿Cómo te sientes Paris?- dijo Anaís preocupada.
-Muy bien, gracias Anaís.- le sonrió.
-Lo dije antes y lo vuelvo a decir, el preocuparse por los demás solo trae problemas.- Luz se había colocado frente a ellos mientras estaban distraídos y concentró la magia que le quedaba del hechizo merasoma en su mano derecha- ¡Adiós, Guerrera Mágica!
El reflejo del fuego en los ojos de Paris y Anaís se hizo cada vez más inmenso conforme el poder de fuego se acercaba a ellos, y lo último que pudieron hacer fue tomarse de la mano y cerrar los ojos.
-¡GuruClef!- gritaba Ráfaga al entrar en la sala del trono.
-¿Qué sucede Ráfaga?- contestó GuruClef consternado.
-Tenemos problemas, hay un intruso en el castillo.- dijo Ráfaga mientras intentaba recuperar el aliento.
-Primero esa energía maligna, y ahora esto...- murmuró Ráfaga.
-Pero eso no es todo, me temo que Marina y Ascot se enfrentaron que el intruso.
-¿Cómo se encuentran?- la expresión de GuruClef cambió drásticamente al escuchar el nombre de Marina.
-Cuando llegué al lugar donde habían combatido encontré que Ascot había sido convertido en piedra.
-¿Y que pasó con Marina?
-Solo encontré esto.- dijo Ráfaga entregándole la espada de Marina.
GuruClef tomó la espada entre sus manos, la cual se convirtió rápidamente en agua y al chocar con el piso se desvaneció.
-Hay una energía maligna muy grande que se aproxima al castillo.- dijo GuruClef dándole la espalda a Ráfaga.
-¿Qué crees que sea?
-Seguramente es el emperador Megas...- GuruClef quedó en silencio un instante- Presea y Caldina ya fueron a avisar a los demás. Busca a Latiz para que detengan al intruso.
Ráfaga salió inmediatamente del salón sin notar que GuruClef había derramado un par de lágrimas en silencio.
-Marina...- murmuró GuruClef.
Lucy y Latiz aún no se habían percatado de lo que estaba sucediendo en el castillo y seguían sentados en la fuente. Entonces, Zagato entró al jardín y llamó a Latiz por su nombre, éste al verlo se apartó de Lucy y le hizo frente a su hermano.
-Latiz...- dijo Zagato bajando la mirada.
-¿Qué sucede Latiz?- preguntó Lucy desconcertada.
-Así que quieres terminar con esto de una vez por todas¿no Zagato?- dijo Latiz.
-Cuando hablamos con GuruClef sobre nuestro problema, no creí que llegaríamos a esto.- Zagato desenvainó su espada, pero la mantuvo abajo.
-¿Pero que es lo que esta pasando?- Lucy comenzaba a preocuparse.
-Lamento tener que decírtelo de este modo Lucy, pero...- las palabras de Latiz se interrumpieron mientras él también desenvainaba su espada- Uno de nosotros dos debe perder la vida.
Lucy se puso de pie inmediatamente y miró a Latiz con tristeza, no entendía lo que estaba pasando, pero en tan solo un instante, Zagato y Latiz arremetieron el uno contra el otro.
Presea y Caldina seguían buscando a los demás, de pronto una gran explosión estremeció las paredes del castillo.
-¿Qué fue eso?- dijo Presea.
-Se escuchó cerca.- dijo Caldina- Parece ser que vino del interior del castillo.
Corrieron juntas para averiguar que sucedía, y un poco más adelante se encontraron con un pasillo destrozado, y una nube de polvo impedía la visibilidad. De entre el polvo, una gran llama salió contra ellas, Caldina saltó sobre Presea para protegerla y el fuego pasó sobre ellas. El hechizo había disipado el polvo, y lo primero que vio Presea, fue a Paris.
-¡Es Paris!- exclamó Presea.
Ambas se apresuraron a revisar a Paris, quien tenía graves heridas y estaba inconsciente. Cerca de él solo había escombros. Mientras Presea cuidaba a Paris, Caldina encontró pedazos de flechas rotas regados alrededor de un arco.
-¿Qué crees que haya sucedido Caldina?- preguntó Presea.
-No tengo la menor idea.- respondió recordando el hechizo de fuego con el que recién habían sido atacadas- Pero será mejor que encontremos a las guerreras mágicas cuanto antes.
-¿Y que hacemos con Paris?
-Hay una habitación cerca de aquí. Llevémoslo ahí para que descanse. Cuando encontremos a Anaís le pediremos que lo cure con su magia.
Entre las dos, cargaron a Paris de los brazos y lo llevaron a lo largo del pasillo caminando lo más rápido que podían.
-¡Centella Luminosa!
-¡Resplandor!
Latiz y Zagato estaba muy parejos en poder, y no dejaban escapar un segundo sin blandir sus espadas. Los ataques de uno eran repelidos por el otro tan rápido que Lucy apenas comprendía que estaba sucediendo.
-¡Ya basta Latiz!- dijo Zagato al saltar hacia atrás- No podemos seguir así.
-La decisión ya fue tomada.- Latiz no bajo la guardia- Así que si no quieres perder este duelo, será mejor que uses toda tu magia.
-¡Resplandor!
-¡Escudo mágico!
Lucy intentó intervenir utilizando su flecha de fuego para apartarlos y detener la batalla momentáneamente, dándole el tiempo suficiente para hablar con ellos.
-Lucy...- murmuró Latiz.
-¿Por qué...?- Lucy estaba apunto de derramar una lágrima- Ustedes son hermanos ¿por qué pelean de ese modo?
-Estoy de acuerdo con Lucy.- dijo Zagato guardando su espada.
-Lucy...- Latiz les dio la espalda y Lucy lo miró extrañada.
-Cuando tuvimos nuestro último encuentro con el emperador Megas, yo quedé gravemente herido.- explicó Zagato- Y Latiz utilizó un poderoso hechizo para salvarme, pero tuvo que sacrificar su propia vida.
-¿Cómo es posible?- dijo Lucy.
-El cuerpo de Latiz no tiene mucho tiempo de vida.- continuó Zagato- La única forma de evitar su muerte es que yo le devuelva su energía vital en un sacrificio. Pero él se niega a aceptarlo.
-¿Es cierto eso Latiz?- le preguntó Lucy, pero no respondió.
-Cuando hablamos con GuruClef, Latiz propuso un duelo. Si yo ganaba, el tendría que aceptar mi sacrificio, pero el resultaba vencedor...
-Yo moriría...- dijo Latiz en voz baja.
-No puede ser.- pensó Lucy.
-¿Acaso no lo entiendes Latiz? Yo ya no tengo razón para permanecer en este mundo. La persona que amo esta apunto de morir. En cambio tú aún tienes mucho por que vivir.
-Eres mi hermano...- continuó Latiz- Y no estoy dispuesto a verte morir. Es por eso que debo ganar este duelo. ¡Centella Luminosa!
Un poco antes, GuruClef reflexionaba sobre aquella energía misteriosa que se acercaba al castillo. Poco a poco una imagen se fue formando en su mente. Pudo ver una enorme fortaleza flotante que se desplazaba a gran velocidad. Debajo de ella, en el suelo, una nube de polvo era levantada por los pies de un gran ejército formado por demonios y criaturas mágicas. De pronto, la energía maligna alcanzó un nivel tan elevado que interrumpió la concentración de GuruClef, cuyo semblante era pálido y algunas gotas de sudor caían de su frente.
Cuando quiso moverse de su lugar, sintió un filo en su cuello, y al intentar voltear, fue tomado por sorpresa.
-Si me dices donde encontrar a Lucy quizá considere el perdonarte la vida.- dijo Luz.
-¿Quién eres?- GuruClef no podía moverse, pues estaba siendo amenazado por la espada de Luz.
-Es cierto, aún no hemos sido presentados. Mi nombre es Luz, y he venido para acabar con todos ustedes.- dijo sonriendo.
-¿Tu eres quien atacó a Marina, verdad?- dijo GuruClef con enojo.
-Ya me encargue de dos de las legendarias mágicas, solo me falta encontrar a Lucy. ¡Dime donde está!
Entonces, se escuchó una explosión a lo lejos provocada por el ataque de Latiz, y Luz pudo localizar fácilmente su origen. GuruClef aprovechó para liberarse y atacarla con su magia, pero Luz reaccionó rápido, detuvo el hechizo y lo mantuvo entre sus manos un instante.
-¡No es posible!- GuruClef estaba atónito- Ni siquiera Megas tiene el poder para detener un hechizo de esa forma y a tan corta distancia.
-Digamos que he ganado algo de fuerza después de derrotar a las guerreras mágicas.- Luz se preparó para devolver el hechizo- Más tarde me ocuparé de ti, ahora voy a encontrarme con Lucy.
Con un ágil movimiento, Luz le lanzó de regreso el hechizo a GuruClef, quien intentó colocar un escudo mágico, pero estaba tan cerca de ella que no tuvo tiempo de hacerlo y recibió un impacto directo. Satisfecha por su trabajo, Luz desapareció.
(Fin del Capítulo)
Ahora que Marina y Anaís han sido vencidas ¿Podrá Lucy derrotar a Luz¿Y quien resultará vencedor en el duelo entre Latiz y Zagato? El destino de Céfiro pende de un hilo ahora que Luz se ha infiltrado en el castillo y el emperador Megas se aproxima con su numeroso ejército.
Después de pensarlo bien, he decidido alargar la historia dos capítulos más para no tener que terminarla de tajo, y para dejar todo en claro. Si este capítulo les gusto, seguramente les gustarán los últimos dos... y para que vean que no soy malo les voy a adelantar algo del siguiente capítulo: Latiz va a quedar entre la vida y la muerte, Lucy deberá enfrentarse a Luz pero para ganar tendrá que sacrificar a sus amigas, los guardianes de Céfiro surgirán nuevamente para luchar contra el ejército del emperador Megas, y la princesa Esmeralda le dará su último brillo de esperanza a Lucy.
Dudas, comentarios, quejas y sugerencias serán tomadas en cuenta para el descenlace de esta historia. Agradezco a ceres y luna por su reviews. Por el momento es todo.
Saludos, Angel.
