Millones de perdones, de verdad, no era mi intención tardar tanto en seguir con la historia, pero he estado algo liada. Gracias a los que estais a la otro lado de la pantalla leyendo y a todos los que me dejais un comentario. Gracias de verdad.


- ¡LUNA! — exclamó Draco soltándose del abrazo de Harry y caminando hacia la medibruja, todos se acercaron presurosos — ¿cómo está?

- … - la rubia los miró a todos en silencio, se la notaba cansada y nerviosa — Mal — confesó al fin.

- ¿Mal? - preguntó temeroso Harry – Luna, por lo que más quieras¡explícate!

- Bien – la rubia tomó aire y comenzó a hablar – el golpe ha sido más fuerte de lo que creíamos en un principio, aún no hemos conseguido hacerle recuperar la consciencia.

- … - Draco se aferró con fuerza a Harry y hundió su cabeza en el pecho de éste – mi niño… - sollozó.

- Tiene un fuerte traumatismo craneal, que le ha provocado un hematoma en el hueso occipital, hemos realizado diversas pruebas y los cirujanos están sopesando los riesgos de una operación.

- ¿OPERACIÓN? – exclamó Adam, aturdido.

- El hematoma es demasiado grande – prosiguió Luna – y no sabemos si desaparecería por sí mismo, además cabe la posibilidad de que derive en una hemorragia intercraneal, y si no lo cogemos a tiempo…

- No, no… ¡deja de decir esas cosas horribles! – Draco se soltó de los brazos de Harry y encaró a la medibruja – mi niño está bien, no digas esas cosas horribles, él no… no, Merlín, no… - Jason y Harry tuvieron que sujetar a Draco para que no cayera al suelo.

- Rubio… tranquilízate, por favor – le suplicó Harry, alzándolo y aferrando su brazo alrededor de la cintura de su esposo.

- De todas formas, un cirujano saldrá a hablar con vosotros y os explicara los riesgos de la operación, debéis ser vosotros quiénes toméis la decisión.

- ¿Riesgos? – pregunto Mya.

- Una operación siempre reviste riesgos, pero al ser en el cerebro, éstos aumentan en gran medida. Hay que tener en cuenta la zona que se encuentra dañada, las medidas que hay que tomar para reparar el daño y, sobre todo, las posibles consecuencias.

- ¿Consecuencias? Quieres decir que¿algo podría salir mal después de la operación? – le preguntó Harry.

- El riesgo se mantiene antes, durante y después de la operación – Luna se sentía despreciable, odiaba esa parte de su trabajo. No le gustaba dar malas noticias, y tener que dárselas a dos de sus mejores amigos, aquello la mataba por dentro – Será mejor que el cirujano os explique las cosas más detalladamente, iré a por él.

Luna desapareció tras la puerta dejando una desoladora estampa tras de sí. Draco apenas pudo permanecer de pie un par de minutos más y, conducido por Jason y Harry, se sentó junto a la puerta. A su lado, su esposo le aferraba con fuerza la mano. Mya había tenido que mover al despojo que ahora Adam, el muchacho ni siquiera pestañeaba. Con cuidado lo acercó al fondo de la sala y lo sentó en una silla, permaneció a su lado hasta que Sirius y Severus hicieron acto de presencia de nuevo. Los padres de Adam, informados por Mya, se sentaron junto a su hijo, e intentaron, sin suerte, animar a su pequeño.

- Harry, Draco – les llamo Luna – éste es Tobías Barlow, es el mejor cirujano del hospital – le alabó la rubia – él os explicará todo acerca de la operación, pasad por aquí – los cuatro caminaron juntos y entraron a un pequeño despacho. Harry ayudó a Draco a sentarse a su lado, en frente, Tobías presidía.

- Bien, tengo que seros franco, las cosas no pintan bien – las palabras cayeron a plomo sobre el rubio y el moreno – cuando llegó aquí, pensábamos que sería un fuerte golpe y poco más, pero la mala suerte se ha cebado con vuestro hijo. Al parecer, todo el impacto del golpe lo recayó sobre la zona occipital derecha y hundió parte del cráneo, lo que provocó el hematoma – el cirujano agitó su varita y una figura tridimensional mostró el cráneo de Dorian, como si de una radiografía se tratara – como veis, en esta zona – señaló una zona claramente oscurecida – es donde se produjo el golpe. El hematoma está presionando el saco que envuelve al cerebro y, si no lo eliminamos, corremos el peligro de una lesión de gravedad – hizo una pausa –. No puedo mentiros diciendo que la cirugía lo va a solucionar todo, porque existe un alto riesgo en la operación, podríamos dañar alguna parte del cerebro al entrar a eliminar el hematoma. Además, no sabemos cuán dañada esta la zona, en cierto modo entraremos a ciegas.

- ¿Puede morir en la operación? – preguntó Harry, temeroso.

- Sí.

- ¿Y sin ella? – fue Draco quien habló en esta ocasión.

- También. Sé que es una situación dura, pero el hematoma es demasiado grande como para que se desaparezca por sus propios métodos. Aunque pudiéramos dopar a Dorian con todo tipo de pociones, no podemos confiar en que el hematoma desaparezca.

- Le estamos suministrando una medicación para disminuir el tamaño – les comento Luna – eso haría en cierta manera más segura la operación.

- ¿Cuándo le operaríais? – preguntó Harry.

- En cuanto me firméis esto – Tobías hizo aparecer un pergamino frente a los dos – sé que es una situación difícil, pero el tiempo corre en nuestra contra, cuanto más tiempo el hematoma esté presionando el cerebro de Dorian, corremos el riesgo de que las lesiones sean más y de mayor gravedad.

- Bien – Luna se levantó y, tras ella, el cirujano – os dejaremos un par de minutos a solas, sé que es muy duro. Pero Tobías y yo coincidimos que la operación es la mejor solución.

Los dos medimagos abandonaron la habitación y el silencio lo invadió todo. La mano de Harry temblaba con el pergamino en la mano, Draco llevó la suya sobre la de éste.

- Tenemos que tomar una decisión – habló el rubio.

- No estoy seguro¿y si lo perdemos en la operación? – le confesó el moreno.

- Podemos perderlo también si no se opera.

- Lo sé, pero es tan arriesgado, además no nos dan ninguna garantía de que salga bien.

- Tampoco la tenemos si dejamos actuar a la naturaleza.

- No puedo perderlo, no podemos perderlo – Harry se frotó nervioso la cara – me moriría Draco, si algo le pasara, yo…

- Shhh… - el rubio se acercó a él y lo abrazó con cariño, dejando que por primera vez en todo aquel tiempo, el moreno se derrumbara en sus brazos – todo saldrá bien amor, la operación es la mejor solución.

- Sí, pero…

- Firmemos – Draco y Harry estamparon su firma en el pergamino y salieron de la estancia, entregaron el pergamino a Luna que les esperaba.

- ¿Podemos verlo? – preguntó Harry.

- Sí, un par de minutos. Después lo prepararan para la operación.

- Gracias – le respondió el moreno caminando tras de ella.

- Espera – le dijo el rubio – un minuto.

Draco giró sobre sus pasos y se dirigió hacia la sala de espera. Cuando entró, todos levantaron la vista y le miraron preocupados. Él les hizo un gesto tranquilizador, y caminó hacia el fondo de la sala, extendió su mano.

- Ven conmigo – le pidió a Adam.

- … - el moreno levantó la vista y le miró temeroso - ¿yo?

- Sí, tú. Vamos, tenemos sólo un par de minutos para verlo antes de la operación.

-Gra… gracias – la voz casi no salía de la garganta del moreno.

Adam avanzaba al lado de Draco, sintiéndose terriblemente extraño. Por un lado vería a Dorian y se quitaría ese terrible peso de encima, necesitaba verlo, tocarlo tal vez, y sentir que estaba vivo, que seguía con él. Por el otro, no llegaba a comprender por qué Draco había ido a por él, había tendido su pálida mano y le había pedido que le acompañara.

- ¿Por qué? – preguntó, entonces, Adam.

- ¿Perdón?

- ¿Por qué me pediste que viniera contigo?

- … - Draco le sonrió cariñosamente y, posando una mano en su antebrazo, le dijo – porque no sabemos qué puede suceder después de la operación.

Adam tembló ante la cruda realidad. ¿Qué iba a pasar ahora¿Y si Dorian no sobrevivía¿Qué iba a ser de él? Había esperado demasiado tiempo para tenerlo entre sus brazos y ahora estaba a punto de perderlo.

Entraron en la habitación donde Luna les indicó. Draco avanzó enseguida hacia la cama donde Dorian descansaba. A su lado, Harry estaba sentado en una silla, aferrando con fuerza la mano de su pequeño. Adam no pudo dar un paso más, la figura inmóvil en la cama no podía ser Dorian, su Dorian. La palidez de su piel era extrema y estaba rodeado de pequeños conjuros y hechizos que se movían entorno a su cuerpo, brillaban y ondulaban al ritmo de las respiraciones del rubio. Adam supo entonces que Dorian no respiraba por propia voluntad, sino que aquellos hechizos lo hacían por él.

Las lágrimas rodaron por las mejillas del moreno, no podía creer que aquello estuviera pasando. Dorian era un chico lleno de vida y, en un momento, su vida había cambiado por completo. No podía respirar, necesitaba que algo lo hiciera por él, no se movía, ni siquiera estaba consciente. El moreno tuvo que apoyarse en la pared para no caer al suelo, cerró los ojos y se torturó pensando que aquello era el final, que jamás volvería a tenerlo entre sus brazos, que ya no disfrutaría de sus besos, de sus caricias. Quería contener las lágrimas, pero le era imposible. Cerraba los ojos con fuerza intentando que no escaparan, pero las malditas parecían haber cobrado vida y no le obedecían. Una vez más se maldijo por haberle dicho aquellas cosas horribles, por haber dudado de él, por no haberle permitido hablar y explicarse. Si lo hubiera hecho, si sólo le hubiera dejado hablar.

- Adam… – Draco se acercó a su sobrino y tomó su mano, le guió hasta la cama y le hizo sentarse en una silla junto a ella – Harry, vayamos fuera.

- Pero… - Harry pretendía quejarse, pero enseguida comprendió lo que su esposo le pedía, le rogaba que dejara a Adam unos minutos a solas con su hijo – estaremos fuera, Adam, por si necesitas algo.

La puerta se cerró tras los padres de Dorian, y fue entonces cuando Adam se percató de dónde se encontraba. Observó el cuerpo inmóvil que tenía frente a él, tímidamente acarició una mano, minutos después, y respirando hondo, la tomó entre las suyas, y acercándose más a la cama empezó a hablar.

- Dorian, soy yo, Adam – su voz era casi un susurro, se acercó más a la altura del rostro del rubio, y siguió hablando – no sé si puedes oírme, pero deseo que puedas hacerlo. Perdóname cariño, lo lamento tanto, he sido un estúpido, te juzgué sin darte una sola oportunidad para explicarte, no escuché tus palabras, me cegaron los celos y me dejé llevar. Sólo pensé en mí y en cómo me sentía – con una mano acarició tímidamente una de las mejillas del rubio–. Estaba de un humor de perros porque, tenerte tan cerca y no poder tocarte me estaba matando, y aquella mañana cuando os encontré, a ti y a Justin, en el pasillo, hablando tan tranquilos, quedando para la noche. ¡JODER! la mente se me nubló, no podía pensar en otra cosa que no fueras tú en brazos de otros, disfrutando de sus besos, de sus caricias. Todo lo que yo no podía darte – se limpió las lágrimas con el dorso de la mano – cariño yo no pensé, me dejé llevar y lo pagué contigo… - besó su mejilla y apoyo después la cabeza sobre su pecho –. Y después, aquella noche en El Refugio, te veías espectacular sobre el escenario, tan bello, tan glorioso – cerró los ojos y lo recordó cantando dejándose el alma y el corazón en aquella canción- . Justin vino esta mañana a mi despacho, me dijo que esa canción era para mí… ¡MERLÍN!, cariño, perdóname, yo creía que era para él, por eso me fui corriendo, no tuve valor, no podía soportar que cantaras así para otro, estabas entregado a la canción, pusiste todo tu corazón en ella – levantó la cabeza y observó el rostro tranquilo y relajado de Dorian – y era para mí… tú cantabas para mí – volvió a hundir la cabeza en el pecho de Dorian y lloro lleno de dolor y frustración.

- Adam – el moreno volteó el rostro y limpiándose las lágrimas observó a Draco en la puerta de la habitación – es la hora, tienen que prepararlo para la operación.

- Está bien – se levantó para acercarse al rostro de Dorian, capturó entre sus labios los del rubio, el moreno tembló, aquel beso le sabía a despedida – no me dejes Dorian, no me dejes – le suplicó antes de abandonar la habitación.

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Mya se levantó tras escuchar las palabras de sus padres. Se sentía aturdida, aquello no era para nada lo que ella esperaba. Cuando sus padres volvieron de hablar con el cirujano, ella esperaba que le dijeran que no hacía falta operar, que Dorian estaba mejor, y que pronto estaría en la escuela dando guerra otra vez. Pero no lo hicieron, no le dijeron aquello, las palabras de sus papis resonaron en su cabeza. "No hay garantías de que la operación salga bien, ni siquiera las hay de que Dorian salga de ella". Casi tambaleándose Mya consiguió llegar al baño, se apoyó en el lavabo y abrió un grifo. Dejó el agua correr y la observó por algunos minutos. Quería llorar, gritar, pero no podía, sentía una presión en el pecho, tanta que creía que en algún momento éste le estallaría. Mojó sus manos en el agua y se enjuagó la cara, después un poco la nuca, cerró el grifo y se miré en el espejo. En el reflejo lo vio tras de ella, a solo unos pasos.

- ¿Cómo estas?

- Bien.

- No mientas, te conozco – Jason había salido detrás de Mya en cuanto la vio levantarse, sabía que la morena necesitaba espacio, pero él no podía dejarla sola, no le gustaba verla sufrir, el quería cuidar de ella.

- Estoy bien, sólo algo cansada.

- Mintiéndote a ti misma no vas a conseguir nada – Jason se acercó a ella, un par de pasos – Dorian es fuerte, sabes que saldrá de ésta.

- ¿Y si no lo hace? – preguntó casi al borde del llanto – ¿y si no sale de ese quirófano? – Mya se volteó despacio – Jason, no podría vivir sin él, es mi hermano, es… es mi hermano – el moreno se acercó a ella y la abrazó con fuerza.

En cuanto Mya sintió los fuertes brazos de Jason rodeándola fue como si hubieran abierto una puerta, y toda la presión de su pecho desapareció saliendo en forma de llanto y sollozo. Apretó su rostro contra el pecho del moreno y lloró todo lo que no había hecho hasta el momento.

Jason que nunca o casi nunca mostraba sus emociones, no pudo soportarlo más y comenzó a llorar junto a ella. Él quería convencerse de que su amigo era fuerte, de que no iba a dejarlos, pero tenía tanto miedo como Mya y los demás.

- Gracias – le dijo Mya pasados unos minutos – por estar conmigo.

- Yo siempre voy a estar contigo – Mya levantó sus preciosos ojos grises y observó el níveo rostro de Jason, acarició su mejilla.

- No me dejes nunca – le pidió.

- Nunca – Jason agachó su rostro y besó por segunda vez los rosados y tiernos labios de Mya, el beso fue salado, producto de las lágrimas que habían resbalado hasta la boca de Mya, y dulce por todo lo que cada uno estaba poniendo en aquel momento. Pasados unos minutos, los chicos se separaron – será mejor que volvamos, estarán preguntándose dónde estamos.

Jason tomó la mano de Mya y juntos caminaron hacia la sala de espera. Cuando llegaron, todos se fijaron en las manos entrelazadas, pero ninguno dijo nada. Los chicos se sentaron uno al lado del otro, Jason pasó el brazo por encima de los hombros de Mya y la atrajo hacia sí, la morena subió las piernas a la silla y se medio recostó sobre el pecho del moreno.

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Robbie entro en el gran comedor como cada noche, como un acto reflejo desvió su vista para encontrarse con la de su hermana mayor, le pareció raro que Mya no estuviera allí, pero aun más raro le pareció que Rorie se le quedara mirando de aquel modo, tan ¿preocupado? Camino hasta la mesa, y se sentó junto al resto de alumnos de primero, observo la mesa buscando a su hermano, pero el tampoco estaba, ni siquiera Jason estaba en la mesa.¿Donde se habrán metido estos tres?, se pregunto mientras se servia una ración doble de puré de patatas. Comió un poco atemorizado pues todo el mundo le miraba, y cuchicheaba después, aquello no le gustaba nada, parecía que todo el mundo sabía algo que él no, así que se levanto dejando el plato a medias. Se le habían quitado las ganas de comer.

- ¡Robbie! – le gritaron

- ¿Qué? – pregunto malhumorado – Sean, piérdete, no tengo ganas de aguantar tus burlas

- No, espera – el pelirrojo llego a su altura y prosiguió el camino junto a él – no lo sabes¿verdad?

- Saber¿el qué?

- … - Sean se miro nervioso los zapatos – lo de tu hermano

- ¿Mi hermano¿Dorian?

- Si, claro que yo sepa no tienes más hermanos,¿no?

- … - Robbie frunció el ceño enrabietado por aquel comentario - ¿Qué pasa con Dorian?

- Esta en el hospital

- ¿QUÉ? – pregunto frenándose en seco

- Si, yo lo oí por casualidad en la biblioteca, al parecer se cayo de la escoba en el entrenamiento, y el golpe fue muy fuerte

- Eso es imposible, papi me lo hubiera dic… - de repente cayo en la cuenta de que no había visto a sus padres en todo el día, aunque fuera sábado ellos solían pasar a visitarlo, tampoco había visto a su hermano o a Jason en la sala común, y Mya no estaba en el comedor

- Robbie¿estás bien?

-… - el rubio estaba perplejo¿seria verdad¿estaría Dorian en el hospital? – nadie me dijo nada… - murmuró – nadie me tuvo en cuenta

- Bueno, ellos seguramente corrieron para el hospital, estarán preocupados por tu hermano

- Pero es mi hermano¿Por qué nadie me dijo nada?

- … - Sean no sabia que decirle – yo te lo he dicho – comentó tontamente

- Ya… gracias – le dijo, camino hacia una de las ventanas que daban al patio exterior, de un salto se subió al alfeizar. Sean lo imito - ¿sabes algo de cómo esta?

- No, pero le he mandado una lechuza a mis padres, quizás ellos sepan algo

- Es genial, incluso tus padres se enteran antes de lo que le pasa a mi hermano – Robbie bufó desesperado – siempre es lo mismo, siempre que pasa algo soy el último en enterarme, siempre soy al último que tienen en cuenta. Dorian es especial porque es el mayor, y además el que más problemas trae a casa. Mya es la más buena, la que se ocupa y preocupa de todo. Soul tiene tanta energía que es imposible no darse cuenta de donde esta o deja de estar. Y Delia es la pequeña muñequita de papá y papi. ¿Y yo¿Yo qué soy? – Robbie lanzo la pregunta al viento, sabiendo que no tendría respuesta – Yo no le importo a nadie – se dijo a si mismo

- A mí si

- ¿Perdón?

- Que a mí si me importas – le contesto Sean con una gran sonrisa

- Tú me odias, siempre te metes conmigo

- No, eso no es verdad

- Si lo es, te reíste de mi cuando me caí de la escoba el pasado verano

- Es que eso fue divertido – se defendió el pelirrojo

- No, me hice daño

- Lo se, por eso luego ya no me reí más

- Ya claro, pero si que te metes conmigo

- ¡NO! Eso no es verdad

- El otro día cuando Darko y yo estábamos jugando al snap explosivo en el gran comedor nos llamaste nenitas de papá

- …

- Hace una semana en la biblioteca me quitaste los pergaminos y tuve que repetir mis deberes de Herbología, y hace dos …

- Vale, vale… ya lo entendí – se quejo Sean – pero… yo no lo hago para meterme contigo

- ¿A, no? Y entonces ¿para qué lo haces?

- Para que te fijes en mi

- … - Robbie levanto la vista y observo el rostro triste de Sean

- Tú nunca me haces caso, siempre estas con Darko, jugando con él hablando con él.

- Darko es mi mejor amigo – se defendió el rubio

- Ya – Sean agacho la mirada – pero yo quería ser tu mejor amigo – el pelirrojo se bajo de un salto del alfeizar de la ventana y comenzó a caminar en dirección a las mazmorras

- ¡Sean, espera! – le gritó Robbie, pero el pelirrojo no se detuvo y siguió caminando - ¡Sean!... – el rubio iba a caminar tras de él pero un brazo lo retuvo

- Oye Robbie¿es verdad lo de tu hermano?

- Si – Robbie ni siquiera volteó para mirar a su mejor amigo, su vista siguió fija en la figura que se perdía por los pasillos del colegio.

Robbie se sintió un tanto raro, mientras Darko le hablaba de algo que no consiguió descifrar, él estaba perdido en su propia mente. Le había dolido mucho ver el rostro triste de Sean, y sobre le había extrañado que le confesara que quería ser su mejor amigo. No supo muy bien porque pero ahora él también quería que el pelirrojo fuera su mejor amigo.