LAS GUERRERAS MAGICAS

CAPITULO 16 – UNA SEÑAL DE ESPERANZA

El castillo de Céfiro se ha convertido en un campo de batalla. Dos de las guerreras mágicas han sido derrotadas por la increíble fuerza de Luz, mientras que Latiz y Zagato luchan para saber quien de los dos debe seguir con vida.

Después de que Luz hubo derrotado a GuruClef, desapareció de la sala del trono para buscar a Lucy, pero no se percató de que alguien la había estado observando desde su llegada al castillo.

En el jardín, continuaba la batalla de hermanos, esta vez con más intensidad. Latiz, ahora arremetía con más fuerza que antes. Lucy, que había permanecido a un lado, miró la espada Valis que había dejado sobre la fuente, la cual aún no recuperaba su brillo, y sin pensarlo dos veces la tomó y decidió intervenir.

-¡Centella Luminosa!- usó Latiz su magia contra su hermano.

Zagato se preparó para recibir el golpe, pero entonces, Lucy saltó frente a él y desvió el hechizo con su espada. Ambos hermanos quedaron asombrados por su repentina aparición.

-Lucy...- murmuró Zagato.

-¡Apártate Lucy!- le ordenó Latiz- No quiero herirte.

-¡No!- exclamó Lucy- No pienso quedarme sin hacer nada. Debe de haber algún modo para que ninguno de ustedes dos tenga que sacrificarse.

-Lo siento Lucy, pero así debe ser.- dijo Latiz resignándose.

-No estoy dispuesta a perder a ninguno de los dos.- dio la vuelta y miró de frente a Zagato- Si no me equivoco, dijiste que Latiz necesitaba que sacrificaras tu vida para que no muriera.- Zagato la miró y afirmó con la cabeza- En ese caso...- Lucy agachó la cabeza- Seré yo quien te ofrezca mi vida para que puedas salvarte.

-¡Que!- exclamaron ambos hermanos al mismo tiempo.


Mientras tanto, Caldina y Presea regresaban a la sala del trono después de haber dejado recostado a Paris en una de las habitaciones, pero al llegar encontraron a GuruClef inconsciente en el suelo. Sus ropas estaban rasgadas y había gotas de sangre alrededor.

-¡GuruClef!- gritó Presea cuando corrió para ayudarlo.

-¿Qué esta sucediendo?- dijo Caldina- Primero Paris y ahora GuruClef. Esto no está nada bien.

-Luz...- dijo GuruClef entre dientes al despertar en los brazos de Presea.

-No hables GuruClef.- aconsejó Presea- Estas muy herido, debes guardar tus fuerzas.

-Hay que... advertir... a Lucy- GuruClef tomó su bastón e intentó levantarse apoyándose en él.- Ráfaga va... en camino.

-Yo iré.- dijo Caldina- Dime en donde se encuentra.

-En los jardines...

-Caldina, busca a Lucy y a los otros, yo cuidaré a GuruClef.- dijo Presea.

Caldina abandonó el cuarto lo más rápido que pudo sin mirar atrás. En ese momento, tanto Presea como Caldina se percataron de la energía maligna que GuruClef había sentido con anterioridad, y sus corazones se llenaron de miedo y temor.


Ráfaga no se encontraba lejos de los jardines cuando pudo sentir una presencia que lo seguía de cerca. Cuando volteó para ver, solo pudo sentir que una sombra atravesaba su cuerpo y continuaba avanzando.

-¡Debo darme prisa!- dijo al darse cuenta de que el enemigo estaba cerca.


En la habitación de la princesa Esmeralda solo había oscuridad, pero las sombras parecían acercarse a ella. Poco a poco, las sombras formaron la figura siniestra de un hombre. Desde su fortaleza, el emperador Megas utilizaba su magia para intentar alcanzar a Esmeralda.


-¿De que estas hablando Lucy?- preguntó Latiz.

-Yo te amo Latiz, y no soportaría verte morir.- respondió con los ojos llenos de lágrimas- Si puedo hacer algo para salvar tu vida, entonces lo haré sin importar el precio.

-¡Ya basta!- exclamó Latiz- He tomado una decisión y no cambiaré de... ¡Ahhh!

Latiz cayó al suelo y se sujetó el pecho con fuerza, su corazón comenzaba a perder fuerza, pero solo fue momentáneamente.

-¡Latiz!- dijo Lucy intentando acercase a él.

-¡No!- la detuvo Latiz

-Pero...- Lucy se quedó atónita.

-Esto ha ido demasiado lejos Latiz.- replicó Zagato- Tienes que hacer a un lado tu orgullo y aceptar el hecho de que debes seguir viviendo. Soy tu hermano mayor y te ordeno que aceptes mi vida.

-¡Ha ha ha ha!- una risa envolvió todo el lugar- Esto es tan divertido.

-Esa voz...- murmuró Lucy.

En la entrada del jardín estaba Luz riendo y había visto toda la escena. En su mano derecha llevaba consigo su espada.

-¡Luz!

-Así es mi querida Lucy. Nos volvemos a encontrar, pero esta vez será la última.- Lucy tomó una posición defensiva- En verdad crees poder derrotarme con esa espada tan inútil. Recuerda lo que pasó en nuestro anterior encuentro. Deberías agradecer el que te dejé vivir un poco más.

-Esta vez no te será tan fácil, ya no podrás vencerme.

-Veo que ahora estas más confiada. Pero tu magia y una espada como esa no te serán suficientes, sobretodo ahora que he conseguido algunos poderes nuevos.

-Eso está por verse.

-Espera... Lucy...- intentó detenerla Latiz.

-No te preocupes, acabaré pronto con ella y después te mataré para que ya no sufras.- se burló Luz.

-¡No lo permitiré!- gritó Lucy.

Con la espada Valis en alto, Lucy corrió contra Luz y usó toda su fuerza para golpearla, pero ella solo uso su espada con una mano para detener el golpe.

-Creo que me estas subestimando Lucy.- se burló Luz.

Luz quiso atacarla con su hechizo de fuego, pero Lucy dio un gran salto hacia atrás y evitó el ataque. Por su parte, Zagato utilizó su resplandor contra Luz dándole un golpe directo.

-Muy bien Zagato.- dijo Lucy.

-No bajes tu guardia aún Lucy.

Luz había colocado un escudo a su alrededor en tan solo un instante y sin mover un dedo, por lo que no había recibido el menor rasguño.

-Ya se los dije... Con mi nueva fuerza ninguno de ustedes es rival para mí, ahora soy más fuerte que el mismo emperador Megas.

-¡Flecha de Fuego!- dijo Lucy para invocar su magia.

-¡Flecha de Fuego!- el hechizo de Luz fue más fuerte y atravesó sin problema la magia de Lucy.

El fuego se precipitó sobre Lucy, quien intentó cubrirse con su espada. Pero el hechizo no la alcanzó ya que Latiz la cubrió con su espalda.

-¿Estas bien Lucy?- preguntó con cansancio.

-Latiz...- murmuró sorprendida.

-Temí... no poder llegar... a tiempo...- Latiz se dejó caer al piso.

-Latiz... Latiz... ¡Latiz!

-Uno menos en la lista.- rió Luz- ¿Quién sigue?

-¡Luz!

Lucy volvió a tomar la ofensiva, esta vez lanzando primero una flecha de fuego y enseguida saltando para cortarla con su espada. Luz desvió el ataque de fuego, y alcanzó a esquivar el filo de la espada Valis. Luego tomó a Lucy de la muñeca y la lanzó a los pies de Zagato.

-¡Patético!- al burlarse, una gota de sangre salió de la mejilla de Luz- ¡No es posible!- pensó- ¿Cómo pudo cortarme si no fue capaz de rozarme si quiera?

-¿Te encuentras bien?- le preguntó Zagato a Lucy mientras la ayudaba a incorporarse.

-Estoy bien, no te preocupes.- respondió con la respiración agitada.

Mientras Lucy se levantaba y estaban distraídos, Luz aprovechó para envestirlos con su espada, pero antes de llegar a ellos, tuvo que retroceder por otro ataque.

-¡Lucy!- le gritó Ráfaga después de usar su magia para ayudarlos- Parece ser que llegue justo a tiempo.

-¡Ráfaga! Que alegría verte.

-Así que ha llegado otro insecto para ser aplastado.- dijo Luz un tanto molesta.

Ahora, eran Zagato y Ráfaga quienes trabajaban en equipo para detener a Luz, pero aún así, Luz no parecía agotarse en lo más mínimo, incluso parecía que lo disfrutaba.


La sombra que acechaba a la princesa Esmeralda acercó su mano lentamente a su rostro. Pero cuando estuvo a escasos centímetros, una brillante luz emergió de todo el cuerpo de la princesa, y la sombra se vio forzada a retroceder y a desaparecer. El hechizo del emperador Megas había sido interferido por la misma Esmeralda. Después de unos instantes, el cuerpo de la princesa se desvaneció y toda la luz se acumuló en una esfera blanca que salió volando de la habitación.


Y en la sala del trono, Presea había ayudado a GuruClef a sentarse en el trono para que descansara un poco. Entonces, el báculo de GuruClef empezó a brillar y una segunda esfera blanca salió de la punta del báculo. Al darse cuenta de esto GuruClef intentó ponerse de pie, pero cayó nuevamente al suelo.

-¿Qué fue eso GuruClef?- preguntó Presea.

-Esa era... la poca energía vital que le quedaba... a la princesa Esmeralda...- dijo lamentándose.

-¿Cómo es posible? Pero se suponía que tu la cuidabas.

-No sé como... pero mi magia ya no pudo contener su energía vital y se alejó, seguramente regresará al cuerpo de la princesa.


Entre los pasillos del castillo, Caldina corría lo más rápido que su piernas le permitían para poder llegar a los jardines. Pero en su camino, pudo ver a través de una ventana algo atemorizante que le congeló la respiración. La fortaleza del emperador Megas estaba a muy corta distancia, y su ejército de criaturas y demonios pronto arribaría al castillo. Asustada, continuó corriendo para advertir a todos.


A pesar de que sus ataques estaban bien coordinados, ni Ráfaga ni Zagato podían herir a Luz.

-Es hora de terminar con este juego.- dijo Luz para sí misma- ¡Te mostraré algo que seguramente te gustará Lucy!- le gritó.

Zagato estaba ubicado frente a Luz, y Ráfaga detrás de ella. Entonces, Ráfaga usó su corte de tierra y Zagato su resplandor, creando una explosión muy grande. Lucy aprovechó para correr de regreso con Latiz. Pero en ese momento, la batalla dio un giro inesperado.

-¡Mira esto Lucy!

Al disiparse el polvo de la explosión, Lucy pudo ver que Luz se había protegido con otro escudo mágico, pero éste era diferente a los otros, eran ráfagas de viento las que la protegían.

-Imposible...- murmuró Lucy asustada.

-Y aún no has visto la mejor parte...- dijo Luz.

Ráfaga y Zagato corrieron contra Luz, cada uno de su lado. Luz se colocó de lado y extendió cada mano apuntando a sus atacantes. Cuando estuvieron cerca de ella, dos hechizos diferentes salieron de las palmas de Luz, el primero era una magia de viento, y el segundo era un hechizo de agua. Lucy los reconoció de inmediato.

-No... puede ser...

Ambas magias, lanzaron a Ráfaga y a Zagato contra los muros de los jardines causándoles heridas graves y dejándolos fuera de combate.

-Es el huracán verde y el dragón de agua.- pensaba Lucy- ¿Pero como?

-¿Es increíble no te parece?- dijo Luz riendo- Ahora que poseo el poder de dos de las legendarias guerreras mágicas no hay nadie que pueda detenerme. Y en cuanto me apodere de tu magia, seré invencible.

-Que... ¿Qué le has hecho a Marina y Anaís?- preguntó Lucy enfadada y angustiada.

-Digamos que me hice cargo de ellas. Pero no estés triste, por que muy pronto les harás compañía.


En uno de los pasillos, un hombre corría con dirección a los jardines, pero en su camino se cruzaron dos esferas blancas que volaban entre sí. El hombre las miró un momento, y luego las dos esferas se convirtieron en una sola, y una voz salió de su interior. Al escuchar las palabras que brotaban de la esfera, el hombre supo que hacer y tomó la esfera entre sus manos. Al hacer esto, la esfera se introdujo lentamente en su cuerpo, y el hombre continuó su camino.


-Ahora solo quedamos tu y yo solas Lucy.- dijo Luz- Tienes una última petición antes de que me deshaga de ti.

-¿Dime donde están mis amigas Marina y Anaís?- insistió Lucy.

-Muy bien, si en verdad quieres saberlo, te lo diré.

Luz extendió su brazo y su mano, y un par de cristales aparecieron sobre ésta, uno era de color esmeralda y el otro azul oscuro. Al verlos, Lucy puso su mano sobre su pecho para sujetar el cristal carmesí que colgaba de su cuello.

-No tengo idea del material del que están hechos estos cristales, y también desconozco su origen. Pero me di cuenta de que le daban un poder increíble a tus amigas. Es por eso que después de derrotarlas las encerré dentro de estos cristales para poder absorber sus poderes.

-Entonces lo único que debo hacer es quitarte esos cristales para recuperar a mis amigas.

Lucy corrió hacia Luz y blandió su espada con fuerza. Antes de que la alcanzara, Luz desapareció los cristales y permaneció inmóvil manteniendo su sonrisa.

-Yo no haría eso si fuera tú.- dijo Luz, y Lucy detuvo el golpe- Haz de saber que si muero, tus amigas también morirán.

Lucy se paralizó al oír esto, y sin el mayor esfuerzo, Luz utilizó el dragón de agua para atacarla. El hechizo primero levantó a Lucy en el aire y luego la dejó caer.

-¿Lo ves? Ya te lo había dicho.- dijo Luz- No es bueno confiar en otros, por que siempre terminan traicionándote. Que ironía. La magia de tus mejores amigas va a ser la que termine con tu miserable vida.

-Eso... no es cierto...- Lucy intentaba ponerse de pie.

-Piensa lo que quieras, pero el hecho es que vas a morir. ¡Viento protector!

Las ráfagas de viento sujetaron a Lucy y presionaron todo su cuerpo causándole mucho dolor. La fuerza que le quedaba a Lucy era poca y no pudo evitar gritar ante el dolor que sentía, y su voz llegó al corazón de Latiz.

-Lucy...- pensó Latiz aún en el piso y con los ojos cerrados- Tengo que hacer algo para ayudarla... pero mi cuerpo ya no tiene energía... Creo que voy a morir... Si tan solo pudiera tener algo de fuerza para proteger a Lucy.

-Eso es Lucy.- decía Luz- Siente todo el sufrimiento que yo sentí cuando aquellos a los que amaba me abandonaron ¡Huracán Verde!

El hechizo de viento estrelló a Lucy contra uno de los muros y le hizo tirar su espada. El cuerpo de Lucy estaba muy herido, y sus fuerzas eran escasas, pero aún así intentó arrastrarse para alcanzar su espada.

-Debo admitir que tienes valor. Yo en tu lugar estaría asustada de saber que voy a morir. Sin embargo, prefieres seguir luchando por lo que tú crees que es correcto.

Lucy apenas había alcanzado el mango de la espada Valis cuando Luz dio un gran salto y quedó suspendida en el aire.

-¿Cómo puedo vencerla?- pensaba Lucy- Si no hago algo todos moriremos, pero si la derroto estaría poniendo en peligro la vida de Anaís y de Marina.

-Me das lástima. Solo por eso te daré el placer de morir rápidamente.

Luz extendió ambos brazos y en su mano derecha apareció una esfera de agua, mientras que en su mano izquierda apareció una esfera de aire. Cuando hubo concentrado toda su energía, una flama apareció entre las dos esferas anteriores.

En ese momento, Lucy divisó la sombra de un hombre que entraba en el jardín, que sin detener su carrera, colocó su mano bajo su pecho y una esfera blanca emergió de su cuerpo. Una vez en su mano el hombre lanzó la esfera hacia Lucy.

Entonces, Luz combinó los tres poderes y creó una esfera brillante de varios colores, la cual arrojó con toda su fuerza contra Lucy. La esfera blanca y la esfera de Luz volaron velozmente hacia Lucy, quien solo pudo cerrar sus ojos y esperar lo peor.

-Marina... Anaís...- pensó Lucy mientras recordaba el rostro y la sonrisa de sus amigas.


-Ya está aquí...- murmuraba GuruClef.

-¿Qué dices?- le preguntó Presea desconcertada.

-Debo restablecer... el escudo del castillo...- continuó al ponerse de pie- De lo contrario será nuestro fin.

-Pero GuruClef, no estas en condiciones de hacer una magia tan poderosa.

-Lo sé, pero no tengo otra opción.

Presea intentó persuadirlo varias veces para evitar que no usara su magia.

-GuruClef, podrías morir si lo haces.

-No moriré...- una gran columna de magia lo envolvió- No lo haré... hasta que vuelva a ver a mi querida Marina.

-Pero...

-Prométeme que harás todo lo que este en tus manos para ayudar a las chicas en su misión por salvar a nuestro querido Céfiro.

Presea solo lo miró a los ojos y derramó un par de lágrimas, pero aún con la tristeza que sentía le prometió lo que quería. Después, GuruClef concentró toda su magia en la columna.


Afuera del castillo, el ejército de Megas estaba apunto de entrar cuando varias de las criaturas se estrellaron contra el nuevo escudo, el cual era mucho más poderoso que el anterior. Las criaturas usaron sus habilidades y poderes para intentar derribar el escudo, pero lo único que conseguían era herirse al tocar la barrera mágica.

-¿Pero que es esto?- dijo Megas riendo entre dientes- Así que el gran GuruClef cree que puede detenerme con un simple escudo mágico.- se levantó de su trono y se acercó a una ventana que daba a la exterior de su fortaleza-

-Mi señor.- interrumpió una criatura- Al parecer la joven Luz se ha adelantado a vuestros planes y está atacando el castillo.

-Lo sé.- dijo Megas riendo entre dientes- Pero ya no me importa lo que pase con ella, estoy seguro de que no logrará ganar ella sola, y aún si sobrevive, yo mismo me encargaré de eliminarla por su traición. ¡No se detengan, sigan atacando hasta que el castillo sea destruido!


-¿Dónde estoy?

Al abrir los ojos, Lucy descubrió que ya no estaba en los jardines del castillo sino en un lugar totalmente distinto, se encontraba de pie frente a la entrada de una cueva, incluso sus heridas habían desaparecido. En su interior, pudo escuchar una voz que la llamaba, así que caminó adentrándose cada vez más. Con cada paso que daba, el calor del ambiente aumentaba y el aire se hacía más pesado. Al final de la cueva, Lucy entró en una caverna muy amplia, iluminada por un gran río de lava que cruzaba por en medio.

-¿Qué es este lugar?

Del otro lado del río, había una criatura mágica, similar a un león, cuyo pelaje era de color amarillo y rojo intenso, que al moverse daba la impresión de ser fuego. Lucy se acercó despacio a la orilla del río y esperó. El león hizo lo mismo hasta que quedaron frente a frente. Al verlo de cerca, Lucy notó que en realidad lo que cubría el cuerpo del león eran llamas.

-Niña del mundo místico... designada para la difícil tarea de convertirte en guerrera mágica y ser la portadora de la espada Valis.- Lucy pudo escuchar la voz poderosa e imponente del león en su mente.

-¿Quién eres?- dijo, pero después de buscar en su memoria supo de quien se trataba- Tu eres el que me había llamado antes, te escuche aquella vez que luche contra Luz, y también en la fuente del jardín cuando mi cristal comenzó a brillar. Fuiste tu quien me pidió que demostrara la fuerza de mi corazón.

-Así es. Mi nombre es Rayearth. Soy el espíritu del fuego y guardián de Céfiro.

-Rayearth...

-Has demostrado ser digna de llevar mis poderes contigo. La fuerza de corazón sobrepasa a la de cualquier otro individuo. La prueba de ello está en las heridas que recibiste hace un momento.

-¿No lo entiendo?

-Mira el agua del río.- dijo Rayearth inclinándose para mirar.

Sobre la superficie del agua se formó una imagen muy clara, era la fachada de un gran castillo oscuro. La imagen se adentró en los pasillos del castillo velozmente hasta llegar a un gran salón donde una fuerte batalla se llevaba acabo. Los combatientes eran tres caballeros con armaduras brillantes de color azul, verde y rojo, y el cuarto era un gran guerrero de armadura negra. Lucy reconoció a aquellos caballeros por la pintura que había visto en casa de Presea cuando recién había llegado a Céfiro, se trataban de Ceres, Windom y Rayearth. Por la forma en la que luchaban contra el guerrero de negro, Lucy supuso que se trataba de la primer guerra de Céfiro, donde las espadas Valis y Leethus fueron creadas.

El guerrero de negro, Rogles pensó Lucy, poseía una gran fuerza y usaba una prominente espada como su arma. Leethus tenía un aura púrpura que resplandecía con cada movimiento que hacía, mientras que el caballero Rayearth empuñaba la espada Valis, que de igual manera tenía un aura brillante, solo que de color blanco.

La pelea estaba muy pareja, pero al final, los tres caballeros unieron sus fuerzas y le dieron el poder suficiente a la espada Valis para derrotar a su enemigo.

-¡No crean que me vencerán tan fácilmente!- gritó Rogles antes de ser golpeado por Valis- ¡Juro que me vengare de todos ustedes!

Después de esto, la imagen se desvaneció en el agua. Lucy miró al león como si supiera lo que estaba punto de decirle.

-Para derrotar a Rogles, mis compañeros y yo tuvimos que unirnos en la lucha y dar todo de nuestra parte. Estuviste dispuesta a sacrificar tu propia vida por el ser que amas. Tampoco te diste por vencida en la lucha. Y pude escuchar el deseo más profundo de tu corazón: Salvar a Céfiro y...

-...A todos aquellos a los que amo.- completó Lucy.

-Debes confiar en tu poder y en tu corazón. En tu magia está la justicia y el amor. Mientras tengas fe y esperanza, siempre podrás proteger a tus seres queridos.

-Tienes razón. No puedo rendirme ahora, si lo hiciera, Marina y Anaís nunca me lo perdonarían.

-Ahora regresa... y derrota a tu enemigo.

Lucy despertó de su sueño y lo primero que vio fue el verde de las plantas del jardín. Al levantarse un poco del piso, un destello llamó su atención. Cuando miró hacia arriba, vio que el hechizo combinado de Luz había sido detenido por una ilusión de la princesa Esmeralda, quien usaba toda su energía para proteger a Lucy.

-Princesa Esmeralda...- murmuró Lucy.

-¿Te encuentras bien, Lucy?- le preguntó el hombre que le había arrojado la esfera blanca.

-¡Aguila!- exclamó al reconocerlo.

Cuando el hechizo de Luz perdió su fuerza se desintegró, lo que provocó que ella se molestara. Aguila se apresuró a levantar a Lucy, pues sus heridas aún permanecían.

-¡Maldita Esmeralda!- gritó Luz- ¡Se supone que ya debías estar muerta!- luego se calmó un poco- Bueno, no importa. De cualquier modo ya no hay nada que puedas hacer.

La princesa miró fijamente a Aguila, quien dejó a Lucy para sacar su espada de energía y enfrentar a Luz para ganar algo de tiempo. Durante ese breve lapso, la princesa se acercó a Lucy y entre ambas tomaron la espada Valis.

-Has hecho un estupendo trabajo mi querida Lucy.- dijo Esmeralda.

-Pero aún no he terminado.- respondió.

-La espada Valis ha sufrido un pérdida de poder, y es mi deber como pilar de Céfiro el restablecerla. Es por eso que usaré lo que me queda de energía vital para revivir la espada.

-Pero si lo haces morirás.- dijo Lucy para tratar de detenerla.

Zagato había conseguido arrastrarse hasta donde yacía Latiz. Su cuerpo estaba herido y sangraba, y su espada estaba manchada de la misma sangre que había derramado en el camino.

-Latiz... despierta.- le susurró Zagato.

-¿Zagato?

-Es hora de que te devuelva el favor que hiciste por mí.

-No lo hagas.

-Eres igual a nuestra madre.- sonrió Zagato- Siempre hacía todo para ayudar a los demás, pero nunca pidió nada a cambio. Sin embargo, cuando murió me sentí muy mal por no haber podido hacer algo. Por eso quiero cambiar las cosas ahora. No dejaré que mueras igual que nuestra madre.- una lágrima salió de los ojos de Latiz y de Zagato- Toma esto.- dijo entregándole su espada- Mi espada lleva mi sangre, pero es tu vida la que está en ambas. Adiós Latiz...

-Te equivocas, aún si mi cuerpo ya no está, eso no significa que moriré.- continuó Esmeralda- Yo siempre estaré en tu corazón y velaré por el bienestar de este maravilloso planeta.- Lucy agachó la cabeza- No estés triste. Lo más importante ahora es proteger a todos.

-De acuerdo.

Entonces, la figura de la princesa Esmeralda y el cuerpo de Zagato se convirtieron en esferas blancas y comenzaron a volar, una alrededor de la espada Valis y la otra alrededor de la espada de Zagato, y ambas dejaban caer pequeñas chispas. Lucy pudo sentir como la energía de la espada se regeneraba, y Latiz sintió como su cuerpo se llenaba de vida. Luego, las esferas se dividieron en dos, y una mitad entró en las espadas mientras que la otra entró en el cuerpo de Lucy y Latiz, respectivamente.

-Gracias... Zagato.- se despidió Latiz.

-Nunca te olvidaré princesa.- dijo Lucy mirando la espada.

Cuando la espada Valis se recuperó, Aguila retrocedió en la batalla para dejar que Lucy continuara, pero al hacerlo bajó la guardia y Luz lo atacó con su flecha de fuego, dejándolo inconsciente. De inmediato, Lucy fue en su auxilio.

-¿Qué sucede?- pensó Luz al ver la espada Valis- La espada recuperó su brillo. ¡Imposible!

-Vamos Luz.- dijo Lucy poniéndose frente a Aguila para protegerlo- Acabemos esto de una vez por todas.

-El que la espada haya recuperado su poder no significa que podrás derrotarme. Además, ya te lo dije, si yo muero también lo harán tus amigas.

-Eso no pasará.

Y volvieron a cruzar sus espadas, pero esta vez de una forma más fuerte. Ninguna de las dos estaba dispuesta a ceder, y utilizaban todo su poder. La voluntad y fuerza de Lucy eran tan grandes, que las heridas de su cuerpo ya no resultaban un problema.

-¿Cómo es posible que haya ganado tanto poder?- pensaba Luz- ¡Dragón de Agua!- el hechizo lo desvió Lucy sin problema y corrió contra Luz- ¡Huracán Verde!

Con su espada, Lucy cortó por la mitad el huracán verde y contraatacó con la flecha de fuego, logrando golpear directamente a Luz.

-¿Qué demonios esta sucediendo?- pensaba Luz enfurecida- ¿Por qué mi magia ya se ha debilitó?

Entonces, un recuerdo cruzó velozmente por la mente de Luz, pero no era un recuerdo propio. En la imagen de su mente pudo ver a Marina, Anaís y a Lucy tomadas de las manos y sonriendo. Después pudo escuchar claramente sus voces.

-Pase lo que pase, nunca nos rendiremos.- dijo Anaís.

-Siempre estaremos juntas y haremos todo lo posible por salvar Céfiro.- dijo Marina.

-No permitiremos que nuestros seres queridos sufran.- dijo finalmente Lucy.

-¿Qué fue eso¿Acaso los espíritu de las dos guerreras mágicas aún tienen fuerza para luchar?- pensaba Luz- ¡Ahora verás Lucy!- murmuró y clavó su espada en el suelo para enterrarla- No voy a perder, y menos contra alguien tan débil como tú.

El plan de Luz era utilizar la técnica con la que había derrotado a Anaís. Del suelo detrás de Lucy, la espada de Luz comenzaba a salir preparándose para atacar.

-¡Despídete Lucy!- exclamó Luz e hizo un movimiento para mover la espada del suelo y lanzarla contra Lucy.

Pero algo salió mal, ya que al mover la espada del suelo, Luz pudo sentir que su cuerpo había sido detenido, por lo que la espada falló el ataque. Y después de haber recuperado toda su fuerza, Latiz usó el resplandor contra la espada de Luz y la destruyó.

-¡Nooo!- gritó Luz mientras envestía a Lucy, pero nuevamente su cuerpo se paralizó y Lucy la contraatacó con su magia- ¡Maldita sea, lo están arruinando todo!- exclamó mientras varias lágrimas salían de sus ojos.

-Ríndete Luz.- dijo Lucy- No quiero tener que continuar con esto.

-¡Nunca!- su llanto era cada vez más evidente.

En un intento desesperado por derrotar a Lucy, Luz combinó nuevamente los poderes mágicos de Marina y Anaís con el suyo para atacarlos.

-¡Apártate Lucy!- le ordenó Latiz empujándola a un lado.

Latiz logró detener el hechizo con su espada, pero el poder de Luz era tal que lo arrastró hacia atrás una gran distancia. Después solo quedaron Lucy y Luz frente a frente, mirándose fijamente a los ojos.

-Luz, detente por favor.- pidió Lucy al ver su llanto.

-Esto aún no termina Lucy, y no terminará hasta que una de las dos muera.- las lágrimas de Luz no dejaban de brotar de sus ojos.

-Luz...- murmuró Lucy con tristeza- Déjame ayudarte, quiero ayudarte.

-¡Cállate! Tu no sabes nada.- Luz bajó la mirada- ¿Cómo es posible?- pensó- ¿Cómo es posible que sus amigas la sigan ayudando aún estando encerradas en los cristales¿Por qué se esfuerzan en protegerla?

-Escúchame Luz. Yo sé que en el fondo no eres una mala persona. Olvidemos esta tonta pelea y...

-¡Que!- Luz levantó la vista hacia ella- Claro, para ti es muy fácil decirlo, pero yo no pienso olvidar todo aquello por lo que me hicieron pasar, todo el dolor y la soledad que sentí...- dicho esto apareció otra espada en su mano- ¡Prepárate!

Ambas levantaron sus armas y arremetieron la una contra la otra en un salto blandiendo sus espadas. Lucy cerró los ojos antes de golpear a Luz, y mientras caían, Luz sonrió, pero esta vez era diferente, su sonrisa era de satisfacción y alegría. Al caer, Lucy permaneció de rodillas mientras Luz se ponía de pie.

-Lucy...- murmuró Luz seriamente dejando caer su espada y mirando hacia arriba- Lo hiciste... bien... como siempre.- sus lágrimas mojaban todo su rostro- Eres mejor de lo... que creí. Ahora me doy... cuenta de mi error...- se dejó caer de rodillas y un hilo de sangre corrió por sus ropas- Lástima que... haya... sido demasiado... tarde...

Finalmente, Luz cayó al piso. Cuando Lucy reaccionó corrió para ver como se encontraba Luz. La espada Valis había alcanzado a cortar su costado, por lo que su armadura y ropas se mancharon rápidamente de sangre. Lucy la levantó entre sus brazos, la abrazó y trató de despertarla. Luz pudo escuchar la dulce voz de Lucy que la llamaba por su nombre.

-Lucy... ¿eres tú?- preguntó Luz al abrir sus ojos y alzó su mano para tocar el rostro de Lucy

-Si, Luz, soy yo. Aquí estoy.- Lucy la estrechó a su cuerpo y la abrazó con fuerza.

-No tienes por que... salvarme... ¡Date prisa, y termina esto de una vez!

-Luz, hace un momento no diste lo mejor de ti en la batalla a propósito.

-¿De que estas hablando? No soy como tan compasiva como tú... Luche y perdí... Ahora voy a morir... y eso esta bien por mí.

-¡No digas esas cosas! Tu no eres así

-¿Y como sabes como soy en realidad?

-Lo sé por que eres mi amiga.

-Durante todo este tiempo, solo les he causado problemas. No tienes que mentirme de ese modo.

-¡No estoy mintiendo! Quizá para ti no lo sea, pero tu para mí eres una buena amiga.

-No hables tan fuerte.- Luz puso su mano sobre su herida- Haces que mi herida duela...- durante un momento, Luz miró a Lucy detenidamente a los ojos- ¿Tus padres se aman mutuamente?

-Desde luego.- la primera lágrima rodó sobre la mejilla de Lucy.

-Eso pensé. Lo veo en tus ojos. Mi familia es un tanto diferente. Nadie es amigable o bueno con nadie... y no tengo amigos... Me acostumbré a ello... pero nunca he sido feliz. Odiaba ver a la gente feliz, siempre fui mala con todos. Yo quería deshacerme de todas las personas a cualquier precio.

-Luz ¿Qué quieres decir con eso?

Entonces, Luz comenzó a toser y escupió unas gotas de sangre. Lucy recostó a Luz sobre sus piernas y la sujetó con un brazo mientras limpiaba la sangre con el otro.

-Por favor Luz, no hables. Debes guardar tus energías.- Luz dejó escapar una ligera sonrisa.

-Por eso me uní a Megas... aunque la verdad es que quería escapar a algún lugar... Pero ahora... ya nada tiene importancia... llegué tan lejos como pude... y ahora solo me queda morir.

-¡No seas tonta! Te prometo...- Lucy la tomó de la mano con fuerza y empezó a llorar ligeramente- ¡Prometo que te ayudaré!

-Estas... llorando... por mí...- dijo Luz conmovida- ¿Será que... de verdad soy tu amiga?

-Si, si. Siempre serás mi amiga de ahora en adelante.

-Está oscureciendo...- el brillo en los ojos de Luz disminuía- No puedo... verte bien...

-No Luz, tienes que resistir.

Lucy se aferró a Luz con la esperanza de que ocurriera un milagro que evitara el desafortunado destino de su querida amiga.

-Por cierto Lucy... creo que esto... te pertenece.- sobre la palma de Luz aparecieron los cristales de Anaís y Marina- Me sorprendió... que aún en las... condiciones en las que estaban... querían ayudarte y protegerte... por eso usaron su fuerza para... inmovilizar mi cuerpo... El hechizo que... las mantiene prisioneras... está por romperse...

-Espera un poco Luz. Anaís podrá curar tus heridas.

-Ya es demasiado... tarde para mi Lucy. Además... tu has curado... la herida que había permanecido... abierta todos estos años...

-Luz...

-Adiós... Lucy... y gracias por... t... t... to... todo...- la fuerza con la que Luz sujetaba la mano de Lucy desapareció por completo, y sus párpados se cerraron.

-Luz... ¡Luz!... ¡Luz!...- mientras Lucy lloraba por la pérdida de su amiga, Latiz se acercó a ella y la tomó del hombro- ¿Por qué tuvimos que terminar de este modo?

Cada una de las lágrimas que había derramado Lucy mojaba la ropa de Luz, y cuando cayeron suficientes, esas lágrimas iluminaron el cuerpo de Luz y comenzaron a elevarlo. Poco a poco, varias chispas brillantes se desprendieron de Luz y volaban hasta desaparecer en el techo del jardín, y con cada una, la silueta de Luz se desvanecía. Lucy quiso detenerla, pero al intentar sujetarla, sintió como si abrazara a una corriente de aire que recorrió su cuerpo. Después de eso, lo único que quedó de Luz era su recuerdo en el corazón de Lucy.

Latiz prefirió permanecer en silencio y se limitó a observar a Lucy. En ese momento, el cristal carmesí de Lucy comenzó a brillar al igual que los otros dos. Lucy extendió su mano para soltarlos. Del cristal azul brotó un gran chorro de agua formando una esfera, y del cristal esmeralda ráfagas de viento que también formaron una esfera. Cuando el agua y el viento se disiparon, los cuerpos de Marina y Anaís quedaron al descubierto, sus heridas habían sanado y estaban en buen estado.

Del otro lado, Aguila caminaba junto a Ráfaga sujetándose de su hombro, y se acercaron hasta donde estaban los demás.

-¿Te encuentras bien Lucy?- preguntó Ráfaga.

-Estoy bien.- contestó mientras se limpiaba las lágrimas de su rostro.

-¿Cómo están tus amigas?- preguntó Aguila.

-Pues parece que se encuentran sanas y salvas.- dijo con una sonrisa.

-¡Hey!- se escuchaba la voz de una mujer.

-Pero si es Caldina.- dijo Lucy.

-¿Qué sucedió aquí?- preguntó Caldina sorprendida al ver el estado de los jardines.

-Es una larga historia.- sonrió Aguila.

-Pero al parecer ya se ha acabado.- secundó Ráfaga.

-Me temo que apenas está comenzando.- dijo Latiz, quien se había acercado a una de las ventanas de los jardines y miraba al exterior.

-¿De que hablas?- dijo Lucy desconcertada.

-El ejército del emperador Megas está parado justo fuera del castillo y no tardarán mucho en atacarnos.- explicó Caldina.

Latiz dio la espalda a la ventana y los miró a todos. Caldina revisaba a Marina y Anaís junto con Lucy. Y Ráfaga revisaba las heridas de Aguila.

-La batalla final ha comenzado...- murmuró Latiz, y de inmediato Lucy corrió a la ventana y se asombró con la batalla que se estaba librando fuera del castillo.

(Fin del Capítulo)

Ahora que Luz ha sido derrotada y que la espada Valis ha recobrado su poder ¿podrán Lucy y los demás detener al ejército del emperador Megas¿Que clase de batalla se estará lleavndo acabo fuera del castillo? Sin la princesa Esmeralda ¿quedará esperanza alguna para salvar a Céfiro? No se pierdan los últimos dos capítulos de esta increíble historia.

Disculpen la tardanza, pero tuve unos problemillas para terminar y subir este capítulo, pero creo que valió la pena la espera (o al menos eso espero). Apuesto a que varios creyeron que me había olvidado de Aguila... jeje... de hecho tenía planeado que fuera él quien muriera al final del capitulo, pero después de mi ultimo fic, aprendí que matar a los personajes principales no siempre es bueno o atractivo para la historia, así que decidí cambiar su rol...jeje...

Luna, LucyChan, como siempre, agradezco sus reviews. Y Umbrella Agent, respecto a lo de Yuko, en un principio tenía pensado introducirla como la guerrera mágica que se enfrentó a Rogles en el pasado, en el capítulo 0, pero después de mucho analizarlo opté por poner a Rayearth, Windom y Ceres en su lugar para darle más sentido a la unión de las tres chicas. Pero creo que no será el último fic que escriba de un crossover con MKR y Valis, solo que la próxima vez será basado en Valis II y Valis III, y en cuanto a lo de Latiz, se me hace un personaje tan enigmatico y serio, que realmente me cuesta trabajo escribir o leer sobre él en escenas románticas, por que siento que pierde su escencia, pero MKR no sería lo mismo sin ese romance entre Lucy y Latiz. Espero poder corregir y mejorar esos detalles en los siguientes capítulos o en fics posteriores.

Por el momento es todo. Saludos a todos los lectores. Angel.