Draco cabeceó por cuarta vez sobre el hombro de Harry. El moreno besó la frente de su esposo y, atrayéndolo hacia sí con un brazo, le hizo recostarse sobre su pecho.

- ¿Seguro que no quieres irte a casa a dormir?

- No, Rems, ya te he dicho que no – le contestó con desgana Lucius.

- Pero… el doctor dijo que…

- ¡POR TODOS LOS CIELOS¡Remus Lupin, ya no soy un niño! – le gritó enfurecido – ¿crees que podría irme a casa y descansar sabiendo que están operando a mi nieto? – el licántropo negó con la cabeza – entonces no me pidas cosas que sabes que no voy a hacer.

- Lo sé, pero…

- Amor – Lucius se serenó y, acercándose aún más a su pareja, le tomó las manos – sé que estás preocupado por mí, por mi salud, pero estoy bien me encuentro bien, han pasado más de dos años, tienes que relajarte – le pidió con cariño.

- Lo intento pero… - Remus temía tanto perder a Lucius que no se daba cuenta de lo pesado y cargante que podía llegar a ser con sus cuidados.

- Te amo – Lucius se acercó a sus labios y los capturó en un dulce y tierno beso.

Harry parpadeó varias veces, casi 18 años viéndolos juntos y aún no se acostumbraba a esas muestras de cariño entre los dos. Seguramente se debería al carácter de Lucius, frío y distante, apenas dejaba ver sus emociones. Siempre estaba sereno, tranquilo, con su porte aristocrático y rezumando arrogancia por cada poro de su piel. Incluso durante su convalecencia tras el infarto, Lucius no perdió un solo segundo la compostura. Lucius conseguía siempre, sin proponérselo, o eso pensaba Harry, sacarlo de sus casillas. El moreno era, pese a sus ya 35 años, tan impulsivo y pasional como en su juventud, seguía haciendo todas y cada una de las cosas con el corazón, por eso Lucius le ponía tan nervioso a veces. El hombre nunca dejaba nada al azahar, siempre lo tenía todo estudiado y preparado. Para su desgracia, Draco seguía los pasos de su padre.

A medida que avanzaban los años, Draco iba perdiendo esa inseguridad que, a los ojos de Harry, le haciía lo más perfecto del mundo. La madurez había traído, para el rubio, seguridad, estabilidad y una dolorosa semejanza con su padre. Y Harry se entristecía pensando que su rubio había perdido aquello que 18 años atrás lo había vuelto loco por completo. No es que Harry ya no amara a Draco, ni mucho menos, lo amaba quizás más, pero era un amor distinto, era un amor que se forma con los años, con la convivencia. Era bonito sí, pero Harry añoraba el otro, el que le asfixiaba, el que le hacía volverse completamente loco cuando Draco estaba junto a él.

- ¿Qué piensas amor? – le preguntó Draco desperezándose.

- Nada, rubio, nada – besó sus labios con cariño.

- ¿Qué hora es?

- Cerca de las 2 de la mañana.

- ¿No has dormido nada?

- No tengo sueño.

- Amor, eres un dormilón empedernido, no me puedo creer que no hayas…

- Señor Potter, Señor Malfoy – el cirujano entró en la pequeña sala de espera.

- Doctor¿cómo esta? – los dos se levantaron de golpe y caminaron hacia el cirujano; tras ellos, el resto.

- Bien, la operación ha sido salido bien – el doctor les sonrió – afortunadamente, no había daño en el saco que envuelve el cerebro – ambos suspiraron aliviados – creemos que todo ha salido perfecto.

- ¿Creen? – preguntó Lucius - ¿Cómo que creen? – el rubio se tensó por completo y ni Remus pudo controlarlo.

- Bien, Dorian está aún bajo los efectos de la anestesia, y no despertará hasta bien entrada la mañana. Le hemos suministrado unos sedantes muy potentes. Es por eso, que hasta mañana no sabremos como está.

- Pero… si la operación ha salido bien… ¿Qué puede haber mal? – preguntó Draco.

- Bueno, no sabemos con certeza si el golpe causó alguna lesión, Dorian no ha recobrado la consciencia desde la caída, así que en realidad no sabemos cuán afectado puede estar.

- ¿Podemos verle? – preguntó Harry.

- No, el paciente necesita reposo absoluto, nadie, excepto el personal médico, entrará en la habitación hasta la mañana.

- Pero… - se quejó el moreno.

- Les sugiero que vayan a casa, duerman un par de horas y recobren las fuerzas. Ésto no ha hecho más que comenzar, hay un largo camino por recorrer y necesitarán estar en plenas condiciones. Hoy no pueden hacer nada por Dorian, háganme caso, vayan a sus casas, descansen y mañana, uno por uno, podrán visitarlo, se lo prometo – el doctor les sonrió – ahora, si me disculpan, he de chequear el resto de mis pacientes.

- Gracias – le dijeron a dúo los padres de Dorian.

- Bien, ya habéis oído – comenzó a hablar Severus – todos debemos regresar y descansar.

- Pero… – Adam fue el primero en quejarse.

- Nada de peros, vosotros tres iréis conmigo al colegio – señaló a sus hijos y a Mya – mañana a primera hora estaremos aquí.

- Severus tiene razón – añadió Draco – tenéis que descansar – se acercó a su hija y besó su mejilla.

- ¿Y Robbie? – preguntó la morena.

- ¡Merlín! – Draco se llevó la mano a la cabeza – yo… yo no pensé… ¡oh, por Merlín! El pequeño no sabe nada…

- Desgraciadamente lo sabrá – comenzó a hablar Jason – el colegio esta lleno de chismosos.

- Mi niño¿cómo hemos podido olvidarnos de él? – se lamentó Draco.

- Rubio, no nos olvidamos de él, simplemente estábamos demasiado preocupados. Robbie lo entenderá, mañana iré a hablar con él – apretó la mano con fuerza.

- Yo… - miró a su padre – padre, será mejor que vayas a descansar, estás demasiado pálido.

- Hijo mío¿tú también?

- Sí padre, por favor, Remus, llévatelo a casa – el licántropo le sonrió y, despidiéndose de los demás, arrastró a Lucius, que maldecía todo el camino para llevarlo hasta casa – Bueno chicos, id con Severus. Jason, quizás tu podrías ir a ver a Robbie, le conozco, si lo sabe no habrá pegado ojo.

- Tranquilo, tío, lo haré – Draco y Harry se despidieron de Mya, Jason y Severus.

- Adam, vamos – le suplicó su padre.

- Pero…

- Hijo, ya has oído al médico – Sirius tomó a su hijo por el brazo y lo condujo hasta la salida. Al final, sólo quedaron en la sala Draco y Harry.

- Bien, sabes que no pienso moverme de aquí¿no?

- Amor, vamos a ir a casa, a ver a las niñas, dormiremos un par de horas, nos daremos una buena ducha, desayunaremos y volveremos.

- Ni hablar, no pienso dejar a Dorian.

- No vamos a dejarlo, amor, mírame – agarró la cara de Harry entre sus amos – estás muerto de cansancio, quieres disimularlo, pero estás que te caes, igual que yo, el doctor tiene razón, tenemos que ir a casa y descansar.

- Pero…

- Amor, vámonos.

Draco tiró de Harry hasta la salida del hospital. Ya en la calle, el rubio se aferró con fuerza al cuerpo de Harry, y fue el moreno quien se apareció en la puerta principal de la casa. Avanzaron en silencio por la casa, Harry subió enseguida las escaleras mientras que Draco pasó por el cuarto de Ann para avisarle que habían llegado y que tendría que quedarse varios días en la casa. La muchacha, medio adormecida, preguntó por Dorian y, sin más, volvió a caer rendida.

A medida que ascendía por las escaleras, Draco iba recogiendo juguetes de sus hijas que habían dejado desperdigados. Se paró primero en la habitación de Soul, sonrió al verla atravesada en medio de la cama, con todas las mantas revueltas a sus pies y el pelo cayéndole por la cara. La tomó en brazos y la colocó bien sobre la cama, la arropó y besó su frente. La niña frunció la nariz en sus sueños y se volteó. El rubio se dirigió después hacia el cuarto de Delia, un nudo se le formó en el pecho, cuando vio el gran dibujo que Dorian había hecho en la puerta, "La princesa del reino Malfoy-Potter" era la leyenda grabada en la parte superior del dibujo. En el centro de la puerta, una princesa de cuento de hadas era rescatada de una torre por un caballero sobre un corcel blanco. Respiró hondo acariciando el dibujo, su hijo tenía talento, mucho talento. Dorian era un artista, se veía a leguas, Draco rogó al cielo que nada ni nadie pudiera cambiar aquello, que aquel maldito accidente no le restara ni un ápice de talento a su niño. Abrió la puerta y sonrió, la luz de la mesilla de noche estaba prendida y giraba mostrando princesas y dragones. Su pequeña adoraba los cuentos, para ello todo era una historia de hadas, duendes y dragones, y ella siempre era la protagonista, la princesa Delia. Había sido Dorian quien, en una mañana especialmente sarcástica, había denominado a la niña 'princesa', en un tono nada conciliador, pero minutos después un "Pinsesa" salió de los labios de la pequeña de sólo 13 meses, aquella había sido su primera palabra.

- ¿Recuerdas cuándo se lo compré?

- Si, aún trabajabas para el ministerio – Draco se acercó a él y se sentó a su lado – les traías un montón de regalos porque te sentías culpable por no poder estar con ellos.

- Sí, pero esto fue lo primero que le traje, nunca le vi jugar con otros juguetes, éste siempre estaba en sus manos.

- Recuerdo su carita cuando se lo diste – el rubio apoyó la cabeza sobre el hombro de Harry – nunca lo había visto tan contento.

- Sí… pero luego llego la batería…

- Sí, cuantas pociones para el dolor de cabeza tuve que preparar al principio¿verdad?

- Demasiadas, pero no podíamos apartarlo de la dichosa batería. Aún recuerdo cuando le castigué por las malas notas en segundo, dejó de comer por tres días.

- Es tan cabezota como tú – le dijo con cariño.

- Y tan arrogante como tú.

- Tiene tus ojos.

- Y tu sonrisa.

- Es tan pasional como tú.

- Pero el mal humor lo heredó de ti.

- ¡OYE! – se quejó el rubio – ha crecido tan deprisa.

- Todos han crecido muy deprisa – le corrigió el moreno.

- Lo sé, pero Dorian, siempre ha sido distinto, él maduró mucho antes que ninguno de sus hermanos.

- Las niñas aún son pequeñas – apretó más a Draco contra él – pero sí, tienes razón, se enamoró demasiado pronto. Creo que Dorian lo ha hecho todo demasiado pronto.

Los dos se quedaron callados, era cierto, su pequeño había madurado mucho más rápido de lo normal y había comenzado a actuar como un adulto demasiado pronto, todo propiciado por aquel amor asfixiante hacia Adam. Cuando el moreno se marchó, todos notaron su cambio, se percataron de que dejó de lado todo e intentó crear un nuevo Dorian. Aquello le fue inútil, pese a sus peleas, sus escapadas, sus malas notas, Dorian era ya un hombre que intentaba huir de lo que se le presentaba, pero que nunca lo consiguió.

- Vamos a dormir – Draco se levantó despacio.

Harry permaneció unos segundos más sentado, observando la figura que tenía ante él. Draco había pasado de ser un joven delicado a ser un hombre, fuerte y hermoso, demasiado hermoso. A veces, Harry tenía la sensación de que se marearía de mirarle tan fijamente. Las facciones de su cara se habían endurecido, sus espaldas se habían ensanchando, y también sus caderas, lo último a causa de los 4 embarazos. Aquello le trajo muchos disgustos a Harry, nunca se arrepintió tanto de algo, como la mañana que le dijo a Draco que estaba mucho más guapo con las caderas más anchas, que así él tenía más donde agarrarse. El rubio lo fulminó con la mirada y lo mandó a dormir al sofá por 3 semanas. Harry aprendió la lección, Draco era perfecto, hermoso y él lo sabía, no hacía falta recordarle sus virtudes.

- ¿Qué miras? – le preguntó.

- A ti, eres perfecto – se levantó despacio y se acercó a él, besó con cariño sus labios – te amo.

- Y yo, pero debemos ir a descansar – Draco alzó la mano y acarició su mejilla, el moreno lo miró con cariño, pero su rostro se desencajó cuando vio el tatuaje con su nombre en el antebrazo de Draco.

- ¡MIERDA! – exclamó – lo olvidé por completo.

- ¿Qué olvidaste amor?

- Vaya, veo que tú también te olvidaste – contestó tristemente.

- No te entiendo.

- Hoy hace 18 años que nos marcamos, bueno en realidad, ayer hizo 18 años – Draco pestañeó un par de veces.

- … yo… lo olvidé – el rubio se sonrojó, era cierto, había olvidado por completo que era su aniversario. Ellos no celebraban el día que se habían casado, no, ellos celebraban el día que Draco y él se habían marcado el uno a el otro. Ésa fue la primera muestra de amor, y tal vez una de las mayores, que los dos habían tenido.

- Yo, no, quiero decir… tenía preparada una sorpresa.

- ¿Una sorpresa? – Draco sonrió tímidamente – ¿para mí?

- No, para Severus… Draco, por Merlín, claro que para ti.

- Oh… vaya…

- Pero con lo de Dorian…

- No importa amor, lo celebraremos el año que viene.

- Si… ya – Harry se sentía profundamente triste en ese momento, había puesto tanto cariño, tantas energías en aquello, que dejarlo pasar le dolía.

- ¿Pasa algo? – le preguntó Draco al llegar a la habitación.

- No… - Harry comenzó a desnudarse.

- Amor¿qué ocurre?

- Nada – se encaminó hacia el baño, tomó el cepillo y la pasta de dientes y comenzó a lavárselos, cuando hubo terminado observó por el espejo como Draco lo miraba desde la puerta – no pasa nada, ve a dormir.

- Harry… es porque olvide lo del aniversario… yo… lo siento este año he estado muy liado y…

- No, tranquilo, no es por eso – se acercó al rubio y lo besó – además, así tengo excusa para cuando a mí se me olvide un cumpleaños o algo por el estilo – sonriendo se metió en la cama.

- Harry – Draco se lanzó encima de él – amor, te conozco¿qué ocurre?

- Nada…

- Amor… - el rubio sabía que tendría que usar sus tácticas más sucias para sacarle aquello que su esposo guardaba para sí mismo. Deslizó la mano por debajo de las mantas y se introdujo bajo la ropa, comenzó a acariciar su pecho – amor…

- Draco…no pasa nada, descansa.

- ¡HARRY JAMES POTTER! – bramó enfurecido, de un tirón lo volteó y se colocó a horcajadas sobre él – ¡vas a decirle a tu bello y hermoso marido qué es lo que te pasa!

- Le diré a mi bello y hermoso esposo lo que le llevo diciendo desde hace un rato, no me pasa nada.

- Harry… no sabes mentir.

- Puede, pero ya no importa.

- Amor, no seas así… dímelo por favor – se acercó a sus labios y los besó despacio.

- Me siento mal.

- ¿Estás enfermo?

- No, me siento mal porque… - giró la cabeza hacia otro lado – porque Dorian está en el hospital y yo quiero llevarte a ver tu sorpresa.

- Oh… - Draco no sabía si comérselo a besos o enmudecer por completo, claro que su hijo estaba en el hospital, claro que no era el momento de celebraciones, pero Harry se veía tan triste. Y él odiaba aquello, se había prometido, hacía ya mucho tiempo, que Harry nunca volvería a estar triste, que haría todo lo que estuviese en su mano para evitarlo – Dorian está bien, ya oíste al doctor.

- Lo sé, pero aún no sabemos si tendrá secuelas¡y yo estoy pensando en la maldita sorpresa!

- Amor, no estés mal por eso.

- Es sólo que había trabajado tanto en ella, me hacía tanta ilusión que …

- … - Draco sólo dudó un par de segundos, cogió la varita de encima de la mesilla y, con un pase, los vistió a los dos – vamos, quiero mi sorpresa.

- Pero… Draco, por Merlín, son casi las 4 de la mañana y Dorian…

- Dorian te quiere y no quiere verte triste, igual que yo, así que, vamos – se levantó de golpe – ¿tenemos que ir muy lejos?

- No.

- Bien, pues vamos, con suerte estaremos aquí para el amanecer.

- Pero…

- Ah… no… dijiste que tenías una sorpresa para mí – puso morritos – ¡QUIERO MI SORPRESA!

- … te quiero tanto – le dijo pasando a su lado – ven aquí – Harry tomó un pañuelo de la cómoda y lo ató alrededor de los ojos de Draco.

- Mmmmm… esto suena a perversión… - Harry rodó los ojos, se acercó a Draco, lo agarró con fuerza y, tomando el traslador que llevaba en el bolsillo del pantalón, dijo:

- ¡A Hogwarts!

Tras la consabida sensación de vértigo y el tirón en el estomago, los dos se encontraban en los pasillos del colegio. Harry caminaba deprisa aferrado a la mano de Draco.

- ¿Mi sorpresa está en el colegio?

- Sí, y será mejor que cierres la boca, no tengo ni el mapa ni la capa y cualquiera podría vernos.

- ¿Que no tienes el mapa ni la capa? – el moreno tragó saliva.

- Yo… bueno… es que… se los di a Dorian hace un tiempo.

- ¿Un tiempo?

- Cuando entró en la escuela – confesó.

- ¿Qué¡Merlín! O sea, que has aprobado todas sus travesuras con eso, me prometiste que no se la darías.

- Lo sé pero… era de mi padre, yo tenía que dársela, es como una tradición.

- ¡Y un cuerno de dragón! A la mierda la tradición, así solo has conseguido que Dorian nos tenga menos respeto aún.

- No quiero discutir.

- Me importa una mierda lo que quieras, me mentiste.

- Lo sé, prometo que dejaré que mañana me regañes, pero por favor, déjame mostrarte tu sorpresa – Draco se debatía en dejar actuar al Draco padre o al Draco esposo.

- Vale… pero mañana… - no terminó de hablar porque unos labios ansiosos se lanzaron a por los suyos.

- Hemos llegado – le dijo separándose de él – ven aquí, pon la mano aquí.

- ¿La habitación? – preguntó sorprendido.

- Shhh… silencio y haz lo que te pido.

Draco refunfuñó pero hizo lo que el moreno le pidió, acto seguido oyó como la pared se movía y desaparecía. Después caminó con Harry por el estrecho pasillo, oyó que pronunciaba un alohomora y el chirriar de la puerta, finalmente entraron en la habitación.

- Bien, ahora voy a quitarte la venda – Harry deshizo el nudo – feliz decimoctavo aniversario rubio – le susurró al oído.

Draco abrió los ojos despacio y las palabras murieron en su garganta, todo estaba como hacía 18 años, la cama de madera que había pertenecido a sus padrinos, la mesa y el sofá rojo y, en el centro, la mesa de hierro forjado con las sillas y una ingente cantidad de comida. No tardó más de dos segundos en elevar la vista, en el techo las estrellas se agolpaban para mostrarle el firmamento.

- ¿Te gusta?

- Todo está igual – suspiró – incluso trajiste los muebles antiguos.

- Sí, me costó bastante, pero merece la pena por ver tu cara – se puso delante de él – te amo Draco, tanto o más que aquel día, cuando te lo dije por primera vez, cuando me uní a ti para la eternidad, cuando te entregué mi alma y mi ser.

- … - Draco no pudo controlar sus lágrimas y se abalanzó sobre el moreno sollozando un tímido – te quiero.

- Y yo… ¿sabes qué? No hemos cenado, podemos aprovechar¿quieres? – le dijo señalando la mesa.

- ¿Lo mismo que hace 18 años?

- Sí.

- ¿También el postre?

- También – el rubio se relamió los labios – comamos.

La cena, casi desayuno, transcurrió tranquila, aprovecharon la soledad y el momento para recordar los bueno tiempos que habían pasado en aquella habitación, obviaron lo malo, no necesitaban pasar por aquel trago de nuevo. Disfrutaron de su compañía como hacía mucho que no hacían y por una hora se relajaron por completo.

- Draco, puedes llevarte un poco de chocolate a casa si quieres…

- Nodhd quiwferaro ahfpra.

- Ah… - Harry sonrió sin entender, le encantaba verlo disfrutar, le daba igual como fuese mientras disfrutara. Aunque, para qué negarlo, cuando más le gustaba verlo disfrutar era cuando gemía su nombre como un loco bajo su cuerpo.

- ¿Qué piensas? – preguntó el rubio dando un último sorbo a la copa de vino.

- En lo que me gusta verte así.

- ¿Así, cómo?

- Feliz, disfrutando.

- A mi también me gusta verte así – el rubio se levantó y se sentó sobre su regazo – me encanta tu sonrisa y como brillan tus ojos cuando algo te hace sentir bien.

- Tú me haces sentir así – coló la mano por debajo de la camisa de Draco y comenzó a acariciarlo.

- Sería un desperdicio – dejó caer.

- ¿El qué?

- La cama, ya que la has estado buscando tanto tiempo… - Harry tanteó el rostro de Draco, buscando un indicio de broma o burla, cuando no lo vio no se lo pensó dos veces, alzó al rubio sobre su hombro.

- ¡HARRY, BÁJAME¿QUÉ HACES? – le lanzó contra la cama – ¿pero, qué…?

- Te deseo – le dijo Harry abalanzándose sobre él.

El moreno comenzó a besar con verdadera desesperación los labios de su esposo, mordiéndolos y torturándolos, hasta que logró hacer gemir al rubio. En ese momento, introdujo su lengua en la boca de Draco y buscó sin cesar la otra lengua, pelearon como siempre por hacerse con el control del beso y, como siempre, la batalla acabó sin un claro vencedor.

Harry besó todo el rostro del rubio, sus mejillas, su nariz, la frente; descendió después hacia el cuello donde lamió, mordió y chupó como si Draco fuera a terminarse. Después ascendió hasta la oreja y mordisqueó el lóbulo, haciendo que todo el vello del rubio se erizara. Con un simple movimiento de mano, los dejó desnudos, disfrutaba desnudando a Draco, pero hoy no podía esperar, lo necesitaba con urgencia. Abandonó su rostro y continuó besando y lamiendo cada parte del cuerpo de Draco que se le mostraba. A la altura de los pezones se detuvo, con una mano torturó uno, con la lengua el otro. El rubio gemía desesperado, en un segundo Harry lo había encendido de una manera que ya casi había olvidado. Los años habían hecho de sus encuentros algo más relajados, el sexo seguía siendo maravilloso, pero la pasión y el deseo habían dado lugar a la ternura y al cariño y, en cierta manera, Draco echaba de menos al Harry que no podía controlarse, al que se lanzaba como un loco a por él. Para su suerte, ese Harry parecía haber vuelto esa noche.

- Ahmmm – Draco cerró los ojos y se mordió con fuerza el labio cuando el aliento de Harry golpeó contra su miembro.

El moreno, loco por recorrer cada rincón del cuerpo de su esposo, no se detuvo en la entrepierna, bajó besando y lamiendo los muslos y las piernas, primero una y luego la otra ascendiendo esta vez. Cuando llegó a la altura del miembro del rubio sopló y Draco tuvo que agarrarse con fuerza a las sábanas cuando una oleada de puro placer recorrió su espina dorsal.

- Te deseo tanto – le dijo Harry mirándole a los ojos, el rubio abrió los suyos justo en el momento en el que el otro comenzaba a lamer su glande.

- AHMMMM – estaba completamente extasiado aquello era demasiado, volver a sentir así a Harry, ver el deseo puro en sus ojos verdes, aquello terminaría demasiado pronto si no le ponía remedio – amor, despacio… o yo….

- Shhhh… - el moreno no le hizo caso comenzó lamiendo la punta primero, para descender después por toda la extensión, llegando a los testículos que lamió del mismo modo.

Draco arqueó la espalda cuando la boca de su esposo atrapó la casi totalidad de su miembro, enredó sus manos en los cabellos de Harry y dejó que el moreno marcara un ritmo loco de succiones, tal era el movimiento que creyó morir cuando todo cesó. Abrió los ojos de nuevo y vio a su moreno completamente excitado lamiéndose los dedos con verdadero entusiasmo, primero uno, despacio, la punta primera y luego el resto del dedo. Cuando terminó con el primero empezó a ensalivar el segundo, y luego un tercero. Si Draco no hubiera hecho acopio de todo su autocontrol estaba seguro de que se hubiera corrido en aquel mismo instante.

Harry sonrió satisfecho, había conseguido lo que esperaba con aquello, Draco lo miraba completamente anonadado, sus ojos vidriosos por el deseo le estaban volviendo loco. Retomó la tarea abandonada empezando a lamer de nuevo el miembro del rubio, pero esta vez lo acompañó con un par de dedos traviesos que se colaron juntos, y sin aviso, en la entrada del rubio.

- ¡OHHMMM MERLÍN! – gritó el rubio cuando aquellos traicioneros dedos golpearon en un punto más sensible que los demás.

El moreno sonrió mientras seguía lamiendo con completa desesperación la erección del rubio, sus dedos salían y entraban casi sin dificultad de la entrada del otro, así que aceleró el movimiento de su cabeza sobre el pene de Draco, que gemía y jadeaba sin control.

- Ohhhmmmm… síiii… ahmmmm – una deliciosa presión sobre la punta del miembro del rubio unido con un golpeteo de los dedos en el punto sensible y todo el cuerpo de Draco se contrajo dando lugar a uno de los mejores orgasmos que el rubio recordaba – ¡OHHH JODER! – exclamó derramándose en la boca del moreno.

Harry no permitió que ni una sola gota de ese deseado manjar se escapara de su boca, mientras Draco aún se recuperaba de los espasmos post-orgasmo, el moreno separó sus piernas, murmuró un hechizo de protección y, posicionándose en su entrada, entró de una sola embestida.

- AHMMMM – gritó el rubio casi sin creérselo.

- Oh… Merlín – Harry sintió como cientos de descargas se repartían por su cuerpo llevando a cada célula del mismo todo el placer que acaba de sentir.

Levantó la cadera de Draco para tener mayor acceso a él y le instó a rodear con sus piernas su cintura. El rubio, aún obnubilado por todo el placer que acaba de recibir, accedió sin rechistar. Harry comenzó a moverse lentamente, haciendo que Draco se acostumbrara a él, con una mano se agarró a la pelvis, mientras la otra recorría el pecho del rubio, se inclinó un poco sobre él y consiguió golpear así su próstata.

- OHHH Síii… así…. – le pidió el rubio, su esposo obedeció complaciente y continuó inclinado sobre él y moviéndose cada vez a mayor ritmo.

La fricción del estómago de Harry contra su miembro hicieron que el miembro del rubio despertara, al notarlo el moreno llevo su mano a él y comenzó a masturbarlo, haciéndole recuperar el vigor perdido. Harry se movía como un poseso sobre Draco, o eso le parecía al último, hacía mucho que no le veía tan entregado, tan pasional, y Merlín sabe que el rubio lo agradecía, aquello era sencillamente sensacional.

Harry, enloquecido por los jadeos y gemidos del otro, se abalanzó contra su boca, para capturar su aliento, lo besó con pasión, mordiendo en la mayoría de los casos los labios del otro, llegando a provocarle sangre; al rubio no pareció importarle mucho, puesto que en ese momento gemía desbocado.

- Síii… asíii… ohhhh…

- Te deseo, te deseo – le repetía una y otra vez Harry en el oído, extasiándolo por completo, de tal manera que, con un par de embestidas más, volvió a correrse con un sonoro y ronco:

- ¡HARRY! – que resonó en la habitación.

El moreno sintió estremecerse a su esposo bajo su cuerpo, notando como todos sus músculos se tensaban. En el momento en el que los músculos del trasero de su esposo se contraían producto del orgasmo, el moreno casi tocó el cielo con los dedos.

- ¡OH JODER, SÍ! – una embestida más – ¡DRACO! – sucumbió al orgasmo derramándose en el interior del rubio, después se dejo caer sobre él.

- Ha… Harry – el rubio aún no respiraba con normalidad – ¿se puede saber qué te han dado hoy?

- No sé… sólo sé que te deseaba.

- Eso me lo has dicho… un montón de veces, pero Merlín, hacía… hacía mucho que no te sentía así.

- ¿Así, cómo?

- Tan pasional, tan desbocado.

- … - Harry sonrió y enterró su cabeza en el cuello del rubio – no sé, la tensión, supongo.

- ¡BENDITA TENSIÓN! – bromeó el rubio – AHMMM – jadeó cuando Harry salió con cuidado de él.

- Te quiero, te amo – besó la punta de su nariz – prométeme que tendremos por los menos 100 aniversarios más como éste.

- ¿100? – le miró sorprendido, ante la sonrisa de Harry no pudo hacer nada más que morderse el labio – 100 y los que tú quieras, amor.

- Bien – se abrazó con cariño al rubio – ¿podemos dormir aquí? No creo que pudiera aparecerme ahora en casa, estoy demasiado cansado.

- Sí, tranquilo, pondré el despertador para – miró el reloj – amor, creo que será mejor que no durmamos.

- ¿Por qué?

- Son las 6, deberíamos ir a ducharnos e ir al hospital.

- Está bien, dame 10 minutos – le pidió.

- De acuerdo – abrazó más al moreno y depositó cariñosos besos sobre su pelo.

- Draco… - Harry dudaba si aquel era el momento, pero había pensado en hacerlo esa noche, y no tenía nada que perder

- Dime, amor.

- Quiero pedirte una cosa

- Mientras no sea dinero… - bromeó el rubio.

- … - el moreno levantó la vista y le miró a los ojos – Draco, yo… yo quiero un bebé.

- …- el rubio quedó en shock ante las palabras.

- Sé que tenemos ya cinco niños, pero yo… lo he pensando mucho, amor, y… quiero un bebé.

- … - ni siquiera era capaz a pestañear.

- Los niños ya son mayores, bueno, Delia tiene seis años, pero tenemos a Ann… y ella nos ayuda mucho.

- … - Draco boqueaba intentando hablar pero le era imposible.

- Además yo… lo deseo mucho.

- Quieres… - por fin las palabra salían de su boca – ¿quieres un bebé?

- Sí.

- ¿Otro hijo?

- Sí.

- ¿Otro hijo más?

- Sí – Harry sonreía ante cada afirmación.

- ¿CÓMO ERES CAPAZ DE DECÍRMELO TAN TRANQUILO? – gritó el rubio apartando de un golpe a Harry y tirándolo fuera de la cama.

- Auuuu, mi culo – se quejo el otro poniéndose de pie.

- ¡ME IMPORTA UNA MIERDA TU CULO! – gritó enfurecido – tengo 35 años y he tenido 5 hijos¿y ahora me dices que quieres otro¿TE HAS VUELTO LOCO?

- Draco, escúchame…

- ¿Que te escuche? Si lo hago acabaré cediendo, y no… no y ¡NO! No pienso quedarme embarazado de nuevo, ya tenemos 5 hijos Harry, no uno ni dos…. Ni siquiera tres… ¡TENEMOS 5 NIÑOS! Y tú me pides otros¿te has vuelto loco o qué?

- Rubio, por favor – se acercó a él y le tomó las manos – escúchame…

- ¡QUE NO, NO, NO Y NO! Ahora que soy feliz con mi trabajo y que los niños son mayores, que podemos disfrutar el uno del otro… ¡NO, NO Y NO¡NO PIENSO TENER OTRO HIJO!

- ¡ES QUE NO QUIERO QUE LO TENGAS TÚ, IMBÉCIL! – le gritó.

- ¿Y entonces quién coño lo va a tener?

- Yo.

- … - Draco palideció más aún y tuvo que agarrarse al moreno para no caer – ¿tú?

- Sí, Draco, yo. Te he dicho que quería un bebé, no que tú tuvieras al bebé. Me he hecho las pruebas y yo también soy un mago fértil, puedo tener un hijo, y a mí… me gustaría tenerlo.

- ¿Tú quieres tener un bebé? – el rubio no salía de su asombro.

- Sí, yo… lo he pensado mucho, y deseo hacerlo, quiero sentir a un hijo nuestro creciendo en mi interior – acarició al rubio que seguía aún con cara de no creerse nada – tú siempre me has dicho que es lo más maravilloso que has experimentado nunca, y yo …

- Amor, también te dije después de cada parto que no volvería a dejar que te acercaras a mí.

- Lo sé.

- Y sabes que los embarazos son muy duros…

- Lo sé, créeme, lo sé – Harry no olvidada los cambios de humor, las hormonas alteradas, las peleas absurdas, todo eso multiplicado por 4 le habían hecho dudar, pero luego se acordaba de sus pequeños creciendo en el interior de Draco, y se daba cuenta de que quería aquello, lo necesitaba.

- Harry… yo – Draco no sabía qué pensar, él no quería más niños, estaban bien así, pronto todos estarían estudiando en la escuela o en la universidad y él y su moreno tendrían más tiempo para ellos. Si ahora llegaba otro bebé, serían otros 11 años de retrasos – Amor… ya… no somos unos niños, ahora podríamos disfrutar más el uno del otro, podríamos disfrutar de ese tiempo solos que debimos pasar antes de tener a los gemelos.

- Lo sé, sé todo eso, pero es que yo… - Harry agachó la mirada y con eso acabó de desmoronar al rubio. Sabía que cuando algo dolía de verdad a su esposo éste evitaba mirarle y se hacía el fuerte – supongo que tienes razón…

- … - Draco se abalanzó sobre el moreno, mandó todo al traste y recordó de nuevo aquello que se había prometido tiempo atrás, su moreno no iba a estar triste nunca más. Comenzó a acariciarlo llevándolo lentamente hacia la cama, lo recostó con cuidado y se subió sobre él.

- ¿Qué haces?

- Para tener un bebé hay que practicar – los ojos de Harry brillaron como nunca lo habían hecho antes, Draco, una vez más, cayó preso de ellos.


Muchisisismas gracias a pao y Saiph lestrange por sus comentarios.