LAS GUERRERAS MAGICAS

CAPITULO 17 – MISTERIOS

Después de una dolorosa batalla, Lucy consiguió derrotar a Luz gracias a la ayuda de la princesa Esmeralda y de sus amigas Marina y Anaís, pero el precio de la victoria fue la vida de Luz. Durante el combate, Zagato también tuvo que dar su vida para salvar a Latiz, quien estaba agonizante. Y la situación empeoraba a cada momento, pues el emperador Megas había llegado al castillo, y lo único que lo mantenía fuera de él era el escudo mágico que GuruClef había colocado alrededor del castillo.

Poderosos rayos y truenos partían el cielo con su fuerza, y algunos incluso golpeaban el escudo que protegía el castillo. El emperador Megas esperaba pacientemente desde su fortaleza a que el escudo mágico fuera derribado. En su mano sostenía una copa con un líquido rojo. Junto a él descansaba la espada Leethus, la cual comenzó a brillar de pronto.

-Así que- murmuró Megas- la espada Valis ha sido restaurada a su poder original. Lo que significa...

Megas se levantó de su asiento y lanzó la copa contra la ventana, manchando el cristal.

-¡Malditas Guerreras Mágicas!- gritó- ¡Acabaré con ustedes!

-Muy bien…

La voz de un hombre llegó a los oídos de Megas. Era una voz siniestra y maligna como ninguna otra que hubiera escuchado, y sin embargo no le era desconocida.

-¡Eso es!- continuó diciendo la voz- Concentra todo tu odio para que seas más fuerte. Mientras más odio sientas el poder absoluto de Leethus te hará invencible.

-Juró que voy a destruir a esas niñas.- dijo Megas.

-Juntos lo lograremos. Recuerda que me perteneces y harás lo que yo diga. Y una vez que cumplas el trato te daré a tu preciada Esmeralda.

-Pero si la espada Valis está a su máximo poder, eso solo significa una cosa, que Esmeralda esta...

-¿Y eso que? Cuando te encontré te prometí que te daría aquello que más amas. Mi poder sobrepasa los límites de la vida y la muerte. Cumple con tu promesa y haré que Esmeralda vuelva a la vida.

Una explosión sacudió la fortaleza e interrumpió la conversación. Megas se acercó a la ventana y vio que una gran batalla era librada entre el castillo y la fortaleza, luego tomó la espada Leethus y con un ligero movimiento destruyó por completo su trono demostrando el poder de la espada.

-Ahora les mostraré el verdadero poder de Leethus.


Después de derrotar a Luz y de salvar a Marina y Anaís, Lucy y los demás corrieron al salón del trono donde los esperaba Presea.

-¡Lucy!- sonrió Presea al verlos llegar- Me alegra ver que se encuentran bien.

-Todo se lo debemos a Lucy.- dijo Marina.

-Si, ella luchó valientemente para protegernos a todos.- secundó Anaís- Por cierto¿dónde esta Paris?

-¿Qué pasó con GuruClef?- preguntó Marina angustiada.

-No se preocupen chicas.- respondió Presea- Ambos se encuentran bien. Tuvieron que arriesgar sus vidas para protegerlas, tal y como lo hizo Lucy.

GuruClef descansaba en su trono. Una vez invocado el escudo mágico, GuruClef solo tuvo que mantenerlo durante poco tiempo antes de que se hiciera estable. Después de eso quedó inconsciente por el excesivo uso de su magia, y aunque no perdió la vida como Presea había temido, su cuerpo estaba débil y cansado, como si agonizara.

-¿Qué debemos hacer ahora?- preguntó Presea.

-Tenemos que detener a Megas.- dijo Lucy.

-No podemos permitir que esto continúe.- dijo Marina.

-Hay que salvar a Céfiro y a todos sus habitantes.- dijo Anaís.

-No será cosa fácil.- dijo Latiz- Hay que enfrentarse al ejército de Megas primero, y son cientos de criaturas y demonios.

-¿Qué pasa Latiz?- sonrió Aguila- ¿Acaso le temes a un par de enemigos?

-Zagato dio su vida para salvarme. Un par de criaturas no van a derrotarme tan fácilmente.

-Yo estoy con ustedes.- intervino Ráfaga- Como miembro de la guardia real es mi deber proteger este castillo.

-Nosotras también iremos.- dijo Presea- No pienso quedarme aquí sin hacer nada. Además le prometí a GuruClef que haría lo que fuese necesario para proteger el castillo.

-¡Así se habla!- interrumpió Caldina dándole una palmada en la espalda- Ese el espíritu Presea. En ese caso yo también iré con ustedes. Las chicas bellas también sabemos pelear.

-¿Enfrentarse a todo un ejército?- por uno de los pasillos entró Paris al salón- ¡Deben estar locos!

-¡Paris!- sonrió Anaís al verlo- Que alegría ver que estas bien.

-Deberías quedarte y descansar Paris.- dijo Presea- Tus heridas aún no han sanado por completo.

-¿Y dejar que ustedes se lleven todo el crédito y la diversión?- dijo sarcásticamente- ¡Eso si es una locura!

-¡Yo también quiero ir!- ahora era Ascot quien entraba al salón.

-¡Ascot!- exclamaron las chicas.

-Hasta ahora no había causado más que problemas, es necesario que enmiende mi error. Le haré pagar a Megas por haberme utilizado como su juguete de destrucción.

-Pues en ese caso- dijo Ráfaga- será mejor que partamos cuanto antes.

-¡Esperen!

GuruClef había despertado, e intentaba ponerse de pie apoyándose en su bastón. Las heridas que le había provocado Luz aún no sanaban, y la falta de energía empeoraba su estado. Marina corrió hacia él para ayudarlo a levantarse.

-No creo que sea conveniente.- dijo Marina preocupada- Nosotras nos haremos cargo.

-Gracias Marina, pero- GuruClef se acercó y le susurró al oído- no quiero que nada malo te pase.

Al escucharlo, Marina se sonrojó y miró a sus amigas intentando hallar una respuesta sobre si debían permitir que los acompañara.

-Yo me haré cargo.- dijo Anaís- ¡Viento Curativo!

El cristal esmeralda de Anaís comenzó a brillar intensamente aumentando los poderes curativos de Anaís. Las heridas de todos fueron curadas de inmediato, y la misma magia de viento alimentó los espíritus de cada uno, devolviéndole sus energías y poder.

-¡Anaís, tienes un poder asombroso!- dijo Lucy.

-Gracias Lucy.

-Hay que darnos prisa.- interrumpió Latiz- La batalla ya comenzó.

Cuando GuruClef se sintió totalmente recuperado, utilizó su magia para crear una pantalla en el centro del salón para poder observar lo que sucedía en el exterior. En efecto, la batalla había dado inicio. El ejército de Megas era enorme, y contaba con cientos de criaturas y demonios, algunos familiares, otros eran desconocidos e incluso quizá no pertenecían a Céfiro. El escudo del castillo aún permanecía intacto, salvo por los rayos que lo golpeaban de vez en cuando. En tierra, el ejército de Megas se enfrentaba a tres poderosas criaturas a las que reconocieron de inmediato las chicas: una gigantesca ave de cuatro alas de color esmeralda, un imponente dragón de color azul y un poderoso león de color rojo.

-¡Windom¡Ceres¡Rayearth!- exclamó cada una de las chicas.

-¿Qué dicen?- preguntó Latiz asombrado.

-¡Son los guardianes de Céfiro!- dijo Lucy.

-¿Te refieres a que esas criaturas son los tres caballeros que salvaron a Céfiro en el pasado?- preguntó Paris.

-Es cierto Paris- dijo Anaís-. El ave gigante es Windom.

-Y si no me equivoco, el dragón debe ser Ceres.- continuó GuruClef.

-Tienes toda la razón.- afirmó Marina.

-Entonces- dijo Latiz-, el león es...

-Rayearth.- murmuró Lucy.

Las tres criaturas se enfrentaban al ejército en un feroz combate. Windom utilizaba sus enormes alas para volar sobre el enemigo y lanzar fuertes ráfagas de viento mágicas. Ceres envestía a las criaturas con su cola y también podía volar para lanzar grandes torrentes de agua de su hocico. Rayearth cortaba todo a su paso con sus enormes garras, y cuando una criatura lograba alcanzarlo era incinerado por las llamas de su piel.

-La princesa Esmeralda- dijo Lucy en voz baja-, dio su vida para restaurar mi espada. Es por eso que lucharé para terminar esta guerra y devolver la paz a Céfiro.

-Nosotras te ayudaremos Lucy.- dijo Marina tomándola por el hombro.

-Marina...

-Reconozco que en un principio no me interesaba otra cosa más que conseguir la espada para derrotar yo sola a Megas. Pero ahora me doy cuenta de que luchando sola jamás hubiera logrado nada. Tú me has enseñado lo maravilloso de una amistad y lo mucho que significa para ti Céfiro aún cuando no perteneces aquí.

-Estoy de acuerdo con Marina.- dijo Anaís acercándose del otro lado.

-Anaís...

-Antes de conocerte Lucy, nunca me había atrevido a pelear por nada, siempre fui muy tímida. Y después de lo que pasó con la princesa Esmeralda, comprendí por tus acciones lo importante que es luchar por todo aquello que amas. Siempre has sido muy valiente, incluso cuando la situación es crítica tu nunca has perdido la esperanza y el valor.

-Marina... Anaís...- dijo Lucy conmovida- La verdad es que... cuando aún estaba en Tokio, mi única y verdadera amiga era Luz. Y cuando ella se fue, me sentí muy sola. Mis hermanos siempre estaban ahí para mí al igual que mis padres, pero aún sentía el vacío que Luz dejó con su partida. Pero ahora que se ha ido para siempre ya no me siento sola, por que ustedes están conmigo. Nos conocimos hace poco y ya somos grandes amigas. Siempre tendré un lugar en mi corazón para Luz, pero gracias a ustedes, no volverá a existir un lugar vacío de nuevo.

-Esto es muy hermoso.- dijo Caldina derramando una lágrima.

-Así es.- dijo Presea.

Las tres guerreras se tomaron de las manos y se miraron mutuamente. Había amor en sus ojos y un calor recorría su cuerpo.

-Alguien quiere un gran abrazo.

Caldina corrió para abrazar a las chicas, pero GuruClef la detuvo con su bastón y les pidió a todos que observaran lo que pasaba. Los cristales mágicos de las chicas empezaron a brillar. La luz de cada cristal se combinó con las otras dos y poco a poco envolvieron a las chicas.

-¡Por Céfiro!- gritaron las tres a una sola voz.

Las luces combinadas las cubrieron y transformaron sus armaduras y armas. Las antiguas armaduras se convirtieron en bellos trajes de colores con largas capas. Anaís obtuvo un vestido de color esmeralda, una diadema con alas similares a las de Windom y una espada larga. Marina recibió un traje entallado abierto por el frente de color azul marino, en su diadema sobresalían dos pares de puntas, que representaban los bigotes de Ceres, y un espadín con el mango en forma de dragón. Finalmente Lucy vestía un vestido de color carmesí y dorado, en el frente de su tiara salían varias puntas similares a una corona, y la espada Valis también había cambiado pues ahora su hoja era más ancha y ligera, y el mango tenía forma de llamas.

-¿Qué pasó?- preguntó Marina desconcertada.

-Nuestras armaduras... cambiaron.- dijo Anaís.

-¡Guerreras Mágicas!- dijo GuruClef- Por fin se han convertido por completo en las guardianas de Céfiro. Esas armaduras son la prueba de ello.

-Entonces ya estamos listas para vencer a Megas.- dijo Lucy convencida.

Las tres criaturas sagradas continuaban luchando, pero la intensidad de sus ataques había disminuido por el cansancio. Windom, que volaba bajo, fue capturado por una criatura enorme con tentáculos, y aunque se movía de un lado a otro no podía liberarse. Varias ráfagas de viento ayudaron a Windom cortando los tentáculos de la criatura. Una vez libre, Windom uso toda su fuerza para volar lejos a su captor. Luego aterrizó y miró a quien lo había ayudado: Anaís.

Del otro lado, Ceres se enfrentaba a otro dragón negro casi tan fuerte como él. Subían velozmente al cielo para combatir y en tan solo un segundo regresaban al suelo para atacarse con sus garras. El dragón negro logró derribar a Ceres con su cola, y cuando estuvo a su merced lo atacó con su aliento de fuego, pero un dragón de agua consumió las llamas y lanzó lejos al dragón. Ceres se incorporó y miró a Marina antes de volver al combate.

En el centro del campo, donde el mayor número de criaturas se encontraba, Rayearth había sido acorralado. Varias criaturas corrieron o saltaron para atacarlo, pero antes de alcanzarlo un círculo de fuego se formó alrededor de Rayearth y lo protegió. Entonces, Lucy apareció de un brinco dentro del círculo de fuego y apuntó la espada Valis al enemigo. Las flechas de fuego salieron de la punta de la espada y golpearon a cada enemigo que los rodeaba. Rayearth miró a Lucy e hizo una pequeña reverencia, y ella contesto de la misma manera.

Por su parte, Ascot y Paris luchaban con ayuda de una criatura que Ascot había invocado. Ráfaga, Caldina y Presea usaban sus espadas para eliminar a cuanta criatura se topaba en su camino. Latiz y Aguila peleaban mano a mano, combinando sus ataques y defensas logrando destruir decenas de criaturas en tan solo unos instantes.

Anaís, que había subido al lomo de Windom para atacar desde el cielo, se dio cuenta de que por cada criatura que derribaban a lo lejos aparecía otra más de entre las nubes o del suelo para tomar su lugar.

-¡Es inútil Windom!- dijo Anaís- No importa a cuantas criaturas derrotemos, siguen apareciendo más.

-Mientras la fortaleza de Megas exista- escuchó la voz de Windom- las criaturas de la oscuridad continuaran renaciendo.

-¿Quieres decir que hay que destruir la fortaleza flotante?- Anaís estaba atónita- ¡Ni si quiera nuestros poderes combinados podrían derribar algo tan grande!

-La fortaleza se sostiene por el poder absoluto de la espada Leethus. Solo derrotando a Megas podrán derribar la fortaleza.

-Entendido.

Bajo la fortaleza, Anaís divisó una figura un tanto familiar y, aunque la había visto solo una vez, era inconfundible aún entre tantas criaturas, era el emperador Megas.

-¡Lucy!- le gritó Anaís- El emperador Megas ha salido de la fortaleza, tengan cuidado.

Aún entre el alboroto, Lucy pudo escuchar perfectamente lo que Anaís dijo, pero estaba preparada, y avanzó entre las criaturas para buscarlo.

Megas observaba tranquilamente a Windom mientras surcaba el cielo, entonces apuntó su espada y disparó un poderoso rayo púrpura atravesando una de las alas de la gigantesca ave. Tras el ataque, Windom se desplomó y Anaís con él.

-¡Anaís!- gritó Marina al darse cuenta de que su amiga estaba en peligro.

De inmediato, Ceres levantó el vuelo y alcanzó a sujetar a Windom con sus garras y a Anaís con su cola justo antes de llegar al suelo. Megas se preparó para volver a atacar, y aunque Anaís usó el viento de defensa, el poder de Megas era superior e hizo añicos el escudo lastimando uno de los costados de Ceres. Ambas criaturas chocaron contra el suelo. Ceres mantuvo su cola en alto para proteger a Anaís del golpe. Marina se acercó a ellos para ver como estaban al tiempo que Ceres soltaba a Anaís...

-¡Cuidado Marina!- le advirtió Anaís.

Megas había lanzado otro rayo contra ellas, y Marina utilizó el dragón de agua para contraatacar, pero al igual que la magia de Anaís no era lo suficientemente poderoso, de modo que el rayo las alcanzó creando una gran explosión.

-¡Marina¡Anaís!- gritó Lucy.

-¡Ve Lucy!- dijo Latiz.

-Nosotros nos encargaremos de las criaturas.- secundó Aguila.

Rayearth sujetó a Lucy de la capa y la subió a su lomo, y avanzaron velozmente hacia el lugar de la explosión. Tanto Ceres como Windom usaron sus cuerpos como escudo para proteger a las guerreras, pero recibieron un gran daño. El emperador Megas apenas se había movido de su lugar cuando iba a lanzar otro rayo, pero la flecha de fuego de Lucy le hizo retroceder.

Lucy saltó del lomo de Rayearth y blandió su espada contra Megas. El choque de espadas fue tal que liberó mucha energía en forma de luz. Mientras tanto, Rayearth se acercó a las otras dos guerreras. Marina y Anaís estaban bien, solo tenían un par de rasguños. Al ver que Lucy se enfrentaba con Megas de inmediato empuñaron sus espadas y fueron a ayudarla.

Megas había superado con facilidad a Marina y Anaís, pero el poder de Lucy era completamente distinto. Los dos tenían un buen control sobre sus espadas y no habían logrado rozar si quiera al contrario.

-Ahora me doy cuenta- dijo Megas- de por que has sido elegida para portar a Valis. Tu poder está por encima de las otras dos.

-¡Eso no es cierto!- contestó Lucy- Ellas son las que me hacen tan fuerte.

-¿Cómo?

-Gracias a ellas e podido llegar hasta aquí. ¡Y no pienso perder!

-¡Tonterías! El poder lo es todo. El poder de esta espada radica solo en mí.

-Es por eso mismo que te vamos a vencer. ¡Flecha de Fuego!

El hechizo de Lucy golpeó a Megas levantando una nube de polvo, pero inmediatamente Megas salió de entre el polvo y blandió su espada con todas sus fuerzas. Lucy casi no alcanzaba a detener o desviar todos los ataques de Megas, pues cada uno esta lleno de ira y rencor que crecía a cada momento.

-¡Vaya!- dijo Megas con un dejo de asombro- Veo que después de todo la princesa Esmeralda supo escoger bien a las guardianas de Céfiro, pero aún así no estas a mi nivel. Te mostraré un poco del poder de mi espada.

Megas levantó su espada y dibujó un círculo con ella. Un rayo de luz oscura se marcó por donde la espada había pasado, y en el centro del mismo se comenzó a formar una pequeña esfera negra.

-Siente la fuerza del poder absoluto. ¡Explosión Sombría!

La esfera negra pronto se convirtió en un potente rayo. Lucy estaba lista para defenderse de la magia, pero antes de ser alcanzada por el hechizo, Anaís y Marina intervinieron haciendo uso de sus poderes combinados para frenar la magia oscura.

-¡Lucy, ahora es el momento!- dijo Marina.

-¡Atácalo ahora!- gritó Anaís.

Lucy se disponía a usar su magia cuando vio que del cuerpo de Megas emergía una gran sombra maligna la cual se dividió en dos y se precipitó sobre Marina y Anaís.

-¡Cuidado chicas!- intentó advertirles Lucy.

Pero en el momento en que terminó de decir esto, la sombra golpeó a las dos guerreras, deteniendo su magia y dejando el campo libre contra Lucy, quien al distraerse para ayudar a sus amigas recibió un golpe directo de la magia de Megas.

-Es muy fuerte.- murmuraba Lucy mientras se reponía del poderoso ataque- Pero no me rendiré nunca.

-No solo eres fuerte,- se burló Megas- también eres resistente. Me da gusto saber que podré hacerte sufrir a ti y a tus amigas antes de eliminarlas.

Ceres y Windom, que recién se habían recuperado de los últimos ataques fueron a ayudar a las chicas después de haber acabado con un par de demonios y criaturas. Combinando sus ataques, lograron golpear a Megas, pero en vez de debilitarlo únicamente lo hicieron enfadar más.

-¡Criaturas estúpidas! Acabaré con ustedes de una vez por todas.

Megas se preparó nuevamente para usar su magia, pero esta vez fue el resplandor de Latiz quien lo obligó a detenerse. Una segunda magia lo atacó, y esta venía de Ráfaga. Megas comenzó a reírse entre dientes y después soltó una carcajada. Todos los combatientes tomaron posición de defensa esperando el siguiente ataque.

-¡Es increíble! El poder que poseo supera con creces al de cualquiera de mis adversarios. Incluso las guerreras mágicas no pueden hacerme daño. ¿Por qué no se rinden de una buena vez? Les aseguro que si lo hacen quizá me apiade de ustedes y los acabe sin tanto sufrimiento y de un solo golpe.

-¡Nunca!- intervino Marina- Este es nuestro planeta y no permitiremos que un loco como tú lo destruya. Nosotras lo protegeremos hasta el final.

-¿Destruirlo?- sonrió Megas.

-Todas las personas que habitan aquí tienen un buen corazón.- continuó Anaís- No es justo que solo por que alguien desea tener el poder tengan que sufrir.

-Sufrir…- Megas comenzó a reír entre dientes- El destino de este planeta y de sus habitantes no me interesan en lo más mínimo, mientras sea yo el que lo controle acabaré con todos aquellos que se interpongan.

Un aura oscura comenzó a crecer alrededor de Megas. El ambiente se tornó pesado y se podía sentir un poco de tristeza en el aire.

-No podrán detenerme.

Megas alzó las manos al cielo y una gran energía fue liberada, semejante a una explosión. Todos los combatientes del lugar fueron despedidos varios metros a lo lejos o en el aire, incluso el escudo que protegía el castillo fue destruido. Al final, solo quedó un gran cráter con una columna en el centro, donde estaba Megas.

Lucy abrió los ojos para ver que era lo que había sucedido. A lo lejos pudo ver a sus amigos inconscientes por la explosión. Junto a ella la espada Valis había comenzado a brillar intensamente. Cuando vio a Megas notó sobre él una gran sombra con forma demoníaca.

-Es la misma sombra que atacó a Marina y Anaís.- pensó Lucy.

Megas saltó de la columna y caminó por el cráter en dirección a Lucy. La espada en su mano también había comenzado a brillar de la misma manera que Valis.

-Tantos años de soledad…- decía Megas mientras se acercaba amenazando a Lucy con su espada- Lo único que yo deseaba era ser feliz, pero todo me lo arrebataron, y es justo que ahora sea yo quien les arrebate todo lo que amen.

-¿De que estas hablando?- preguntó confundida Lucy.

Megas comenzó a reír, pero Lucy pudo distinguir otra risa más siniestra que se ocultaba tras la voz de Megas, y poco a poco esa voz se hacía más clara.

-Me forzaron a vivir entre las sombras durante mucho tiempo, y creyeron que no me volverían a ver, pero estaban equivocados.- la voz de Megas había cambiado completamente, incluso parecía que era la sombra quien hablaba en su lugar- Primero destruiré a aquellos que me impusieron ese destino tan detestable, y luego destruiré cualquier forma de vida de este planeta.

Lucy corrió contra Megas y blandió su espada con todas sus fuerzas pero fue inútil pues Megas detuvo el ataque con su propia mano y se dispuso a devolverle el golpe, pero ahora fue Rayearth quien intervino, sujetando la espada Leethus con sus afilados colmillos.

-¡Bestia despreciable!- Megas empujó a Lucy al suelo con una patada y colocó su mano en la frente del león mientras intentaba arrancar la espada de su hocico- La última vez fuiste tu quien me venció, pero esta vez es mi turno.

Megas generó un hechizo justo en el rostro de Rayearth y lo lanzó varios metros lejos.

-¡Rayearth!- gritó Lucy.

-No te preocupes, muy pronto los reuniré a todos en el infierno.

-¿Quién eres en realidad?- Lucy empuñó su espada con más fuerza.

-Mi nombre ya lo sabes, y me sorprende que aún no me hayas reconocido… guerrera mágica.

Lucy buscó dentro de sus recuerdos y se quedó paralizada al darse cuenta de que ya había escuchado esa voz antes.

-"¡Ven a mí, jovencita del Mundo Místico¡Ayúdanos a proteger nuestro mundo… Guerrera Mágica!"- dijo Megas cambiando totalmente su tono de voz.

-¡Imposible!- pensó Lucy al recordar aquellas palabras.

-Veo que haz recordado.- continuó Megas.

-Pero si fue Esmeralda quien…

-¿Esmeralda¡Ha! Ella solo fue una pieza más de mis planes, y cayó justo en mi trampa.

-¿Qué dices?

-Por si no lo recuerdas todo en este mundo se divide en la fuerza del corazón y el poder absoluto. Y de igual manera ambas espadas están unidas por esas energías. Si una gana energía, entonces también la otra lo hará, es la fuente del balance de Céfiro, no puede haber más bondad que maldad en el mundo. Así que si deseaba revivir a Leethus, entonces necesitaba que Esmeralda llamara a los nuevos guardianes de Céfiro, de modo que una vez que el elegido tuviera a Valis en sus manos, Leethus ganaría el mismo poder, pero aún así necesitaba la fuerza vital del pilar para romper el sello que retenía su poder. Esmeralda te trajo a este mundo por que fui yo quien le mostró donde debía buscar. Digamos que solo tuve que intervenir un poco con mi magia en su mente para que te escogiera. Y tengo que admitirlo, gracias a ti ambas espadas han obtenido estos poderes tan asombrosos.

-¡No lo escuches Lucy!- le gritó Latiz, que venía malherido y sujetándose a su espada.

-La verdad es que no importa si me crees o no.- rió Megas- Lo único que hace falta para obtener el control total de Céfiro es arrebatarte esa espada.

-¡Jamás!- exclamó Lucy.

Con todas sus fuerzas, Lucy volvió a blandir su espada y Megas esperó el golpe sin mover un solo dedo, únicamente mostraba una sonrisa en su rostro. Entonces, una ilusión de la princesa Esmeralda apareció frente a Lucy y la detuvo.

-No le hagas daño…- murmuró la princesa.

-¿Qué esta pasando?- pensaba Lucy confundida- Princesa Esmeralda…

-¡Esto es asombroso!- rió Megas- Incluso la princesa Esmeralda esta de mi lado.

Tanto Latiz como Lucy miraban asombrados lo que había sucedido y no comprendían la razón de la presencia de la princesa Esmeralda.

-Siendo así…- murmuró Megas- ¡Muere guerrera mágica!

Lucy apenas podía moverse debido a la sorpresa y confusión, y no tuvo tiempo de reaccionar ante el ataque de Megas.

En ese momento, Marina despertó y se encontró junto a Anaís. Ignorando lo que estaba sucediendo se apresuró a despertar a su amiga.

-¿Marina?- dijo Anaís al abrir los ojos.

-¿Te encuentras bien?- preguntó preocupada.

-Solo tengo un par de rasguños. ¿Qué sucedió¿Dónde esta Lucy?

Ambas chicas buscaron con la mirada en los alrededores y con gran sorpresa descubrieron a lo lejos que la espada del emperador Megas había atravesado un cuerpo, pero no era el de Lucy, sino el de Aguila, que en un intento por proteger a Lucy usó su propio cuerpo como escudo.

-¡Rápido Anaís, hay que ir a ayudar!- le ordenó Marina.

Olvidándose de las heridas, las guerreras se levantaron y corrieron a donde estaba su amiga. Mientras tanto, GuruClef abandonaba el castillo, pues ahora que ya no había escudo que lo protegiera, él mismo debía cuidar que las criaturas no entraran al interior del castillo. Sujetándose de su báculo, GuruClef miró la cantidad interminable de criaturas que se aproximaban, pero era su deber como hechicero real proteger el castillo a cualquier precio.

Cada vez que una criatura se acercaba, GuruClef la eliminaba con su magia, y aún cuando estaba cansado, no parecía rendirse ni un poco, pero tampoco lo hacían las criaturas.

-Aguila…- murmuró Lucy, paralizada.

-Lo siento Lucy…- dijo Aguila con voz débil- No podía permitir que te hicieran daño.

-¡Aguila!- gritó Latiz.

-¿Lo ves ahora?- preguntó Megas- Mientras más se resistan más personas sufrirán.- lentamente retiró la espada del cuerpo de Aguila, y éste cayó al piso- Si lo deseas yo puedo evitar que muera. Lo único que tienes que hacer es unirte a mí, juntos dominaremos este mundo y cualquier otro que queramos.- Lucy se soltó a llorar y abrazó a Aguila- Solo tienes que decir que si y curaré a tu amigo.

-¿Y después que pasará?- dijo Lucy.

Guiado por la ira, Latiz atacó a Megas con la centella luminosa y después con su espada, dándole tiempo a Marina y Anaís para que llegaran al lugar.

-Lo haz hecho bien… Lucy.- la voz de Aguila sonaba cada vez más débil.

-¿Por qué lo hiciste Aguila?- las lágrimas de Lucy mojaban todo su rostro.

-Ustedes son las únicas que pueden salvar Céfiro. Jamás… lo he dudado.

-¡Lucy!- gritaban Marina y Anaís al acercarse.

-No te preocupes por mí Lucy. La batalla aún no esta perdida.

-Pero… Aguila…

-Yo estaré bien Lucy…

En cuanto Anaís llegó con Aguila invocó el viento curativo, y detuvo la hemorragia, pero la herida no sanaba.

-Marina, Anaís.- los ojos de Lucy se escondía tras su cabello, pero las lágrimas aún seguían saliendo- Cuiden a Aguila, por favor.

-Lucy…- Anaís sujetó a Aguila entre sus brazos mientras Lucy se alejaba.

-¡Lucy!- le gritó Marina- ¡No debes enfrentarlo tú sola!

-Lo siento Marina, pero no quiero arriesgar a nadie más.

Dicho esto, Lucy alcanzó a Latiz en la batalla, mientras Anaís seguía intentando usar su magia para curar a Aguila. Al otro lado del cráter, Presea, Paris y Caldina despertaban, encontrándose rodeados por decenas de demonios.

-¿Tienes algún plan Paris?- preguntó Presea.

-En estos momentos desearía estar tomando unas vacaciones en Cizeta.- decía Caldina sarcásticamente.

-Supongo que mientras las guerreras mágicas no derroten al emperador Megas tendremos que seguir luchando.- dijo Paris empuñando su arma.

-¿Hasta el fin?- preguntó Caldina sonriente.

Los tres se miraron entre si y afirmaron con la cabeza antes de retomar el combate. Ceres, Windom y Rayearth también continuaron luchando con las pocas energías que les quedaban y cada vez que eran amenazados por alguna criatura, Ráfaga los protegía con su corte de tierra y Ascot contraatacaba con ayuda de sus criaturas mágicas. Sin embargo, parecía que la batalla podría durar una eternidad.

-¿Entonces, haz considerado mi oferta?- le dijo Megas a Lucy mientras combatían.

-Nunca te ayudaré, jamás me lo perdonaría.- respondió Lucy molesta.

-Supongo que tendrá que ser de la manera difícil.

Con un rápido movimiento, Megas esquivo un ataque de Latiz y lo tomó por la espalda. Lucy no tuvo más remedio que bajar su espada y esperar.

-Siendo la elegida para portar la espada Valis no hay manera de que yo obtenga ese poder, pero lo que puedo hacer es evitar que sea usado en mi contra.

Entonces Mega lanzó a Latiz en el aire y aprovechó la guardia baja de Lucy para invocar su hechizo explosión sombría el cual la golpeó directamente. Al caer al suelo, Latiz se incorporó lo más rápido que pudo y busco a Lucy entre la nube de polvo que se había levantado por la explosión. Marina también corrió para ayudar a Lucy. De pronto, Megas salió velozmente hacia el cielo flotando de entre la nube de polvo.

-Por ahora los dejaré vivir un poco más.- dijo Megas- Tengo un trono y un castillo que ocupar, así es que debo marcharme.

En sus brazos, Megas cargaba a Lucy y a la espada Valis. Después, una fuerte explosión se escuchó a lo lejos. Latiz, Marina y Anaís veían como su amiga les era arrebatada, al mismo tiempo que una gran cantidad de humo provenía de la entrada del castillo, pues las criaturas mágicas habían conseguido derrotar a GuruClef.

-Lucy…- GuruClef yacía en el suelo, incapaz se usar magia y viendo como las criaturas corrían junto a el adentrándose al castillo- Anaís…- en cuestión de segundos el brillo de los pilares del castillo se torno oscuro y tétrico- Marina… discúlpenme…

La figura de Megas comenzó a desvanecerse junto con Lucy y Latiz intentó detenerlo con su magia, pero Marina lo detuvo explicándole que podría herir a Lucy si utilizaba su hechizo. Al final solo la risa de Megas permaneció haciendo eco en los corazones de todos.

Latiz corrió hacia el castillo suponiendo que Megas y Lucy se encontrarían allí, pero antes de llegar, el castillo comenzó a transformarse, de las torres emergieron pinchos negros y de la base crecían torres más pequeñas retorcidas.

Inconsciente, Lucy solo pensaba en la auténtica razón por la que había sido traída a Céfiro, en el por que la princesa Esmeralda había protegido a Megas y en la verdadera identidad de la sombra detrás del emperador. Pero en aquellos instantes, parecía que nunca hallaría las respuestas a esas interrogantes.

(Fin del Capítulo)

Es increíble que ya hayan pasado 3 años desde que comence esta historia y que no haya sido capaz de terminarla hasta ahora. Pido una disculpa a todos aquellos que esperaban el descenlace del fic, pero es que ha habido tantos cambios en mi vida que hubo un tiempo que le perdí el interes a la historia, eso y que tuve que formatear mi computadora, me quede sin internet y cometí el error de perder mi contraseña de login y de mi e-mail... :p

Pero ahora que regresé, ya tengo escrito todo el resto de la historia así que solo resta subir los capítulos. También hice una pequeña corrección en el capítulo 14, donde Latiz le declara su amor a Lucy, y es que era una escena muy mala... tengo que admitirlo. Pero ya esta un poquito mejor, por lo menos siento que va un poco más con Latiz. Si quieren revisarla está casi al final del capítulo 14 (Deseo Inquebrantable).

A continuación envió un capítulo extra para que no se queden picados... jejeje...

Saludos. Angel.