¡Ay, la leche! Que se me había olvidado por completo actualizar, no si estoy en la parra... mil perdones. Y muchas gracias por los comentarios. Besis
Una sensación extraña invade mi cuerpo cuando recupero la consciencia, cuando despierto de un raro sueño, donde me sentía atrapado, gritaba y nadie me oía. Oigo pequeños ruidos a mí alrededor, no estoy solo, no estoy en casa. Despacio, abro los ojos, pero la claridad me ciega, así que vuelvo a cerrarlos, descansando un segundo. El simple hecho de intentar abrir los ojos acaba con mis fuerzas.
Siento el cuerpo dolorido, como si me hubieran pegado una paliza y la cabeza esta apunto de estallarme. Siento la sangre palpitar en un punto sobre la nuca, es realmente molesto. De nuevo intento abrir los ojos, esta vez más despacio, parpadeando en varias ocasiones para acostumbrarme a la claridad. Todo es borroso, supongo que no llevo las gafas puestas. Intento abrir la boca para pedirlas, pero me doy cuenta de que un hechizo se desliza de mi pecho a mi boca y casi me impide moverme.
Tranquilo, estás en un hospital, no intentes respirar, el hechizo lo hace por ti – una voz afable se esconde tras un borrón que esta a un par de pasos de mi lado – llamaré al medimago Barlow, él terminará el hechizo y hablará contigo.
Intento asentir pero tampoco puedo mover la cabeza. La tengo completamente inmovilizada con otro hechizo, supongo que por eso me duele tanto la cabeza y el cuello. Me asusto pensando que estoy en un hospital y trato de recordar por qué estoy allí. Cierro los ojos y vago por mi mente en busca de recuerdos. Me veo sobre la escoba, entrenando con mi equipo, probamos una nueva táctica para el próximo partido; entonces la imagen de Adam sentado en la gradas me golpea mi mente, recuerdo haberme sentido furioso, muy furioso, y después una punzada en el pecho, otra en la cabeza, y perder el sentido mientras me caía de la escoba.
- Buenos días, Dorian – un hombre borroso se acerca a mí y me coloca las gafas – tus padres las acaban de traer. Bien, voy a quitarte estos incómodos hechizos, cuando yo te diga ya tienes que tomar aire y expulsarlo con fuerza¿de acuerdo? – parpado en señal de asentimiento – muy bien – me apunta con su varita – un, dos… ¡ahora!
Tomo aire, hinchando todo lo que pude mis pulmones, para después expulsarlo con fuerza. Es algo verdaderamente doloroso porque el hechizo parece que arrastra mis pulmones hasta mi garganta. Afortunadamente, el medimago se apiada de mí y me acerca un vaso de agua con una pajita, levanto un poco mi cabeza y con su ayuda pude beber.
- Bien¿sabes dónde estás?
- Hos... – mi voz suena ronca y débil – hospital.
- Muy bien, estás en San Mungo, para ser más exactos¿recuerdas lo que pasó?
- Me caí de la escoba.
- Bien, apunte eso enfermera Wide – una mujer anota algo a Vuela pluma – ¿recuerdas tu nombre?
- Dorian.
- Bien, parece que la memoria no está afectada, apunta también que el habla es correcta. ¿Y qué me dices de la vista¿Ves bien, pequeño?
- Sí – asiento un poco preocupado¿qué era todo eso?
- De acuerdo, probemos ahora la sensibilidad¿sientes esto?
- Au… - un pellizco en la palma de mi mano derecha.
- Parece que sí – sonríe y, acercándose, toma mi mano izquierda para pellizcarla – ¿y qué hay de esto?
- Sí… - le digo enfurruñado¿qué pensaba hacer pellizcarme por todo el cuerpo?
- Bien, sensibilidad de las extremidades superiores correcta, vayamos a las inferiores – después de eso raspa mis pies con su varita produciéndome unas cosquillas que me hicieron reír y después toser, puesto que aún no controlaba del todo la respiración – de acuerdo, esto va muy bien, Dorian. Ahora tienes que ayudarme¿de acuerdo? – asiento – levanta tu mano derecha – así lo hago – perfecto, ahora la izquierda – de nuevo obedezco aunque con más dificultad – ¿te duele?
- Un poco, más bien me cuesta.
- OK - hace una anotación en el pergamino que sostiene la enfermera – bien, probemos ahora si eres capaz de hacer lo mismo con las piernas. Levanta la derecha – obedezco – perfecto, ahora la izquierda – intento hacerlo, puse todas mis fuerzas, pero la pierna no me respondía.
- ¿Qué pasa¿Por qué no puedo levantarla? – le pregunto asustado.
- Tranquilo, es normal, después de la operación…
- ¿OPERACIÓN?
- Verás, Dorian – toma una silla y se sienta a mi lado – llegaste al hospital muy grave, en tu cabeza se había formado un hematoma producto del golpe que recibiste al caer de la escoba, por lo que tuvimos que operarte – llevo la mano a la cabeza y noto que estaba vendada – has tenido mucha suerte, Dorian, el golpe podía haber sido mortal, y apenas si has sufrido daños. Conseguimos eliminar por completo el hematoma y estas pequeñas dificultades que tienes para mover la pierna, pasaran con los días y un poco de rehabilitación.
- ¿Seguro? – pregunto temeroso.
- Si, es solo que el hematoma presiono durante demasiado tiempo una zona en tu cerebro, y tienes las extremidades debilitadas por ello, pero tranquilo, no habrá consecuencias mayores que una cicatriz, que permíteme decirlo, es pequeñísima y podrás cubrirla cuando tu pelo vuelva a crecer.
- ¿CRECER?
- Bueno, tuvimos que raparte la cabeza, vamos, no me mires así… el pelo crece otra vez – bromea – bien, iré a decirle a tus padres que pueden pasar, llevan horas esperando por entrar. Todo irá bien.
El hombre me sonrió saliendo de la habitación, pero a mi todo me daba vueltas. En menos de 5 minutos acaba de saber que podía haberme matado al caer de la escoba, que me habían operado, que mis extremidades estaban debilitadas y que me habían rapado al cero. ¡JODER! Aquello era demasiado para mí, empecé a marearme.
- Enfermera – la llamo con la voz debilitada.
- ¿Sí?
- No me encuentro bien, creo que…
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Harry volvió a levantarse de la silla, era por lo menos la cuarta vez que lo hacía. Desde que habían entrado en la habitación de su hijo no había parado de dar vueltas. Se sentaba un par de minutos y luego volvía a caminar nervioso por la habitación.
- Amor o te estás quieto o te ato a la silla – le amenazó Draco.
- El doctor dijo que estaba bien, que había hablado con él, y… ¿por qué se desmayó entonces?
- Luna dijo que fue la emoción y la sorpresa, aparte, amor, acaban de operarle, está débil – tendió su mano al moreno – ven aquí, siéntate a mi lado y relájate.
- No puedo, quiero que despierte, quiero saber que está bien.
- Amor, lo está, sólo descansa
- Pero…
- Harry¿y tú quieres tener un bebé? – Draco levantó una ceja – vamos a tener que hablar mucho sobre eso, necesitas ser paciente para llevar un bebé en tu interior – el moreno le sonrió y besó su frente para después sentarse a su lado – así me gusta.
(Vuelvo a mi Dorian)
Harry, bebé. Bebé, Harry. Harry es mi papá, Harry quiere tener un bebé. Mi papá quiere tener un bebé. ¡OH, MERLÍN¿POR QUÉ TUVE QUE ELEGIR ESTE MOMENTO PARA DESPERTAR?
- ¿Bebé? – pregunto tímidamente.
- Dorian – mis padres se abalanzan sobre mí.
- ¿Bebé? – vuelvo a preguntar.
- Mi niño¿cómo estás? – pregunta papi.
- ¿BEBÉ? – pregunto esta vez elevando la voz.
- Oh… sí… verás – empieza a explicar papá – tu padre y yo hemos decidido tener otro bebé.
- Otro bebé – musito.
- Sí, sólo que esta vez será tu papá quien cargue con él los nueve meses – se sonríen.
- ¿ESTAIS LOCOS? – en el momento en el que chillo un incesante martilleo comienza en mi cabeza – ohhh, joder, mi cabeza.
- Dorian¿estás bien?
- No, me duele la cabeza, mucho – papá sale como un rayo de la habitación.
- ¿Te duele algo más¿Te cuesta respirar?
- No, papi, sólo la cabeza, parece que tengo un enano dentro que está martilleando.
- Vaya, Dorian, has vuelto a despertar – el medimago se acerca a mí – bien, tu papá me ha dicho que te duele la cabeza – asiento – bien¿cuando empezó¿cuando despertaste?
- No, nos gritó y empezó a dolerle – le explica mi papi.
- Jeje, eso lo explica todo. Elevar el tono de voz no va a ser lo mejor para ti en tu estado, ten en cuenta que hemos estado escarbando en tu cabeza, así que los ruidos fuertes, los gritos, y más si provienen de ti, tenderán a levantarte dolor de cabeza. Voy a darte una poción para suavizarlos, pero lo normal es que durante las primeras semanas los dolores de cabeza sean normales, con o sin gritos. Aunque eso sí, procura no gritar – le tiende un frasco a papá – que la tome ahora, avisaré a las enfermeras para que la introduzcan con el resto de la medicación, os dejo solos.
- Gracias – contesta papá – bien, tómatelo, y ya has oído al medimago, nada de gritos.
- No gritaría – bebo la poción – si no me dierais esas noticias¿cómo vais a tener otro bebé?
- Hablaremos de eso cuando estés mejor – dice papi sentándose sobre la cama – además, eso es asunto nuestro.
- Pero…
- Bueno¿y cómo te encuentras?
- Bien, bueno… no sé… no puedo mover muy bien la pierna izquierda.
- Lo sabemos, el medimago nos lo dijo, pero tranquilo también dijo que era normal.
- Lo sé… sólo es que me asusté.
- Es normal, cariño – papi se acerca y besa mi mejilla – pero ya verás como todo pasa y pronto estarás otra vez en la escuela.
- ¿Cuánto tendré que estar aquí?
- No lo sabemos, el medimago quiere hacer algunas pruebas más – comenta papá sentándose en la silla junto a la cama – hijo… ¿recuerdas algo del accidente?
- Bueno yo… me sentí mal – me llevo la mano al pecho – sentí como si me faltara el aire.
- ¿Cómo en la fiesta de Adam? – pregunta papá.
- Sí, sólo que esta fue peor, casi al instante noté que no tenía fuerzas y me caí.
- Tendré que decírselo al medimago, no puede ser casualidad – comenta papá.
- Papá, no me asustes – me quejo – tengo hambre.
- Ei… eso es buena señal – dice papi – pero el medimago ha dicho que será mejor que no comas nada sólido hasta mañana.
- Pero… tengo hambre – me quejo de nuevo.
- Están administrándote suero – señala unos botecitos que se suspenden en el aire, conectados a mi brazo por una goma – así que es sólo la sensación de querer comer, porque tu cuerpo no necesita comida.
- Pero yo tengo hambre – les insisto.
- Mañana podrás comer algo – me dice papá.
- ¿Se puede? – tras la puerta el rubio cabello del abuelo Lucius.
- ¡Abuelo! – le sonrío feliz.
- Pequeño – se acerca presuroso y deposita un beso en mi mejilla.
- Intenté detenerlo – se disculpa Remus en la puerta – pero ya sabéis cómo es.
- Padre, te dije que yo te avisaría cuando pudieras entrar.
- Lleváis horas aquí y yo me moría por ver a mi pequeño. ¡Tú! – señala a papá – levanta, quiero sentarme junto a mi pequeño.
- Pero… - papá le fulmina con la mirada y, a regañadientes, se levanta pasando al otro lado de la cama junto a papi – tu padre es insoportable cuando quiere.
- ¿Sólo cuando quiere? – se queja Remus.
- Os estoy oyendo, a los dos – les informa – ¿por qué no salís a calmar a la jauría, eh? Yo me quedaré con Dorian.
- ¿Jauría? – pregunto.
- Mya, Jason, Robbie y Adam están fuera con tus tíos – me informa el abuelo una vez mis padres nos han dejado solos junto con Remus.
- Oh…
- Y bien¿cómo estás? – pregunta Remus apoyándose a los pies de la cama.
- Bueno, me duele la cabeza, estoy algo mareado, no puedo levantar la pierna izquierda, me han rapado al cero…
- Entiendo, pero todo eso es pasajero.
- Remus tiene razón, pequeño, todo pasará y pronto volverás a la escuela.
- Sí, seguro, y tu abuelo¿cómo estás? Seguro que te has pasado la noche en vela.
- Ah… no, el enfermo aquí eres tú, de mi olvidaros un rato – se queja sonriendo – estoy bien, pequeño, gracias por preocuparte.
- ¡OYE! A mi no me dices eso, a mi me ladras – se queja el licántropo.
- ¿Ladrar? Eso lo hará el pulgoso de tu amigo, yo soy un Malfoy – puso su pose mas imponente mientras levantaba una ceja – tengo porte y señorío.
- Sí… claro… igual que cuando huyes a la hora de tomar tus medicinas¿no?
- Jejejeje.
- ¿Y tú de que te ríes? – me fulmina con la mirada – ¿qué clase de respeto es ese por tus mayores?
- Vamos, Lucius, si te hubieras visto, sabrías que esa pequeña carcajada es poco para lo que tú haces…
- Lobito, no me calientes – le amenaza.
- Oh… por favor, peleas amorosas aquí no, estoy convaleciente – me quejo.
- Tu nieto tiene razón – le regaña Lupin – compórtate si tan Malfoy eres.
- Grrrr – gruñe el abuelo – a veces me pregunto qué demonios hago contigo.
- Yo también… demasiadas veces – le dice sonriendo
- … - les observo dirigirse miradas cargadas de falso enfado y sonrisas de profundo cariño.
- ¡¡¡¡¡DORIAN!!!!!
- Joder… enano, no grites – me quejo cuando de un salto Robbie se sube a la cama.
- Uppsss – sonríe – ¿te puedo dar un abrazo?
- Ven aquí – me incorporo y dejo que me achuche – AUUUU AUUUU – me quejo falsamente.
- Oh… yo… lo siento, Dorian… yo no…
- Jejejeje – revuelvo su pelo – pero que tontito que eres a veces.
- Oye… no vale… - se queja.
- Vaya, y yo que esperaba encontrarte medio moribundo – la sarcástica voz de Jason resuena en la habitación.
- Yo también te quiero colega, me has echado de menos¿eh?
- Sí, claro… esta noche no he tenido quien me diera la tabarra… fíjate si te habré echado de menos – se acerca a mí y me abraza con cuidado mientras me dice al oído – juro que te mataré si vuelves a darnos un susto así.
- Lo tendré en cuenta – le digo tras separarnos –. Vaya, hermanita¿tan feo estoy que no vienes a saludarme?
- Oh… yo… – Mya estaba apoyada en una esquina y me mira temerosa – lo siento.
- Bueno, será mejor que salgamos, Lucius, somos demasiados – le dice Remus.
- Eso se debe a que estos malditos mocosos son unos maleducados si… - la voz del abuelo se pierde por el pasillo.
- Bueno¿vienes o no a saludarme?
- Sí… sí – temerosa Mya se acerca a mí y me besa furtivamente la mejilla, me abalanzo sobre ella y la abrazo con fuerza, en ese preciso momento comienza a sollozar sobre mi hombro – Dorian…
- Ei… Mya, estoy bien, tranquila.
- Tenía tanto miedo – esconde la cabeza y solloza con más fuerza.
- Ya pasó, Mya, estoy bien, me duele la cabeza y poco más, sólo tendréis que aguantarme por semanas quejándome de mi cabeza pelona… pero nada más.
- Anda, es verdad – Robbie lleva temeroso un dedo a mi cabeza – ¿no tienes pelo?
- Eso parece.
- ¿Y no te has tirado por la ventana? – pregunta irónicamente – ver para creer, ese golpe te debe haber afectado demasiado, el Dorian que yo conozco estaría gritando como un loco por su nuevo look.
- Ja, ja… qué gracioso… ya me aguantaras ya… cuando vuelva al colegio…
- Oye¿sabes qué? – me dice Robbie.
- Cuéntame – insto a Mya a que se suba del todo a la cama y se acurruque a mi lado, se abraza con fuerza a mí y termina de sollozar sobre mi pecho.
- Todos en la escuela decían que te ibas a morir.
- Qué amables – ruedo los ojos.
- Sí, sí… unos chicos de cuarto dijeron que se te había salido el cerebro cuando caíste al suelo.
- Gryffindor supongo.
- Sí¿cómo lo sabes? – pregunta extrañado mi rubio hermano.
- Me enterrarían vivo si pudieran.
- No, yo creo que primero te torturarían, te cortarían las manos para que no volvieras a ser buscador, y tal vez después te enterrarían vivo – bromea Jason.
- Con suerte igual me dejarían vivir manco para el resto de mi vida.
- Bueno, pero la lengua fijo que te la cortarían.
- Jeje, seguramente.
- Basta, por favor – pide Mya –. Has estado a punto de morir y estáis bromeando como si no pasara nada.
- Vamos, hermanita, no ha sido para tanto¿no ves lo bien que estoy?
- Anoche estabas entre la vida y la muerte¿es que no te das cuenta? – se levanta de un brinco – parecéis críos bromeando con algo muy serio.
- Mya… sólo son bromas.
- Bromas de muy mal gusto, mi hermano ha estado apunto de morir y tú le sigues el juego con esas bromitas… eres… - Mya sale corriendo de la habitación.
- ¿Y ahora, qué le pasa a ésta? – pregunto yo.
- Tendrá la regla – suelta sin más Robbie.
- ¡OYE¿Pero quién te ha enseñado a ti eso? – le pregunto con los ojos abiertos como platos.
- No sé, es lo que dice Darko que tío Viktor le dice a la tía Hermione.
- En fin… - observo a Jason que sigue con la mirada fija en la puerta – anda que… vamos¿a qué esperas?
- ¿Perdón?
- Que vayas tras de ella – le digo.
- Pero…
- ¡CORRE, JASON, CORRE! – le grito mientras le veo desaparecer por el pasillo.
- Toc, toc.
- ¿Sí?
- ¿Se puede?
- No.
- Dorian, por favor – me suplica Adam asomando la cabeza por la puerta.
- ¿No has entendido? No, es no… ¿o es que tú también te has dado un golpe en la cabeza?
- Me voy – Robbie pone pies en polvorosa, me parece a mi que mi hermano sabe cuando la tormenta va a estallar.
- ¿Eres tonto o qué? – le digo al verlo entrar – fuera, no quiero hablar contigo.
- Pero yo sí… por favor, Dorian, escúchame.
- No tengo nada que escuchar de ti, tengo las cosas muy claras sobre ti.
- Déjame explicarte por favor, sé que actué como un tonto, que me dejé llevar por los celos pero…
- Poco me importa lo que tú tengas que decirme.
- Dorian… te lo suplico – se acerca a la cama.
- No des un paso más, me duele la cabeza, quiero descansar y tu presencia me lo impide.
- Pero, por favor, perdóname – sus ojos se llenan de lágrimas – sé que no fui justo contigo, que pensé antes de actuar, pero los celos me nublaron… Dorian, yo te quiero…
- ¡ JA! Si crees que tus palabras van a tener algún efecto en mi lo tienes crudo – le digo fríamente – puede que me haya dado un golpe en la cabeza, pero no me he quedado tonto, y no pienso tragarme una sola más de tus mentiras.
- ¿Mentiras? – pregunta extrañado – Yo te quiero, Dorian, de verdad, nunca te he mentido, lo que pasó fue sólo fruto de mi estúpida cabezonería, debí escucharte y, sobre todo, no debí juzgarte sin dejar que te explicaras.
- ¿Que nunca me has mentido? Que bajo puedes llegar a caer… eres despreciable.
- Dorian… por favor – aprieta con fuerza los puños – no digas eso, yo te quiero.
- ¡MENTIRA! – le grito, al momento un incesante golpeteo comienza a propagarse por mi cabeza – ¡MIENTES! Tú nunca me has querido, no soy para ti más que un juego.
- No, pero… ¿por qué dices eso?
- Leí tus cartas, todas y cada una de ellas.
- … - su rostro se pone pálido.
- ¡TODAS, ADAM, TODAS! ME MENTISTE… me dijiste todas aquellas cosas cuando eran mentira.
- No… no… te juro que no, yo te quiero… siempre te he querido.
- ¡NO, NO! Tú nunca lo has hecho… sólo soy un sustituto… un segundo plato.
- ¿QUÉ? No…. No, eso no es verdad – se acerca a mi y toma mi mano.
- ¡NO ME TOQUES! No lo hagas porque me das asco.
- Pero… te quiero, te lo juro.
- ¡MENTIRA, MENTIRA, MENTIRA! – grito desgarrando mis cuerdas vocales, siento la cabeza apunto de estallar.
- ¿Qué demonios pasa aquí? – papá y tío Sirius entran de golpe en la habitación – Hijo¿qué pasa? – me pregunta papá.
- ¿Quieres saber qué pasa? – le pregunto apretando fuerte los puños.
- Sí, claro, dime hijo.
- ¡IBA A CASARSE¡ME DIJO QUE ME QUERÍA Y ÉL IBA A CASARSE!
Mil perdones por la demora, en nada otro capitulo
