LAS GUERRERAS MAGICAS

CAPITULO 18 – EL SACRIFICIO DE ALANIS

Aún cuando la espada Valis había recuperado su energía, Lucy, Marina y Anaís no fueron capaces de derrotar al emperador Megas quien, ayudado por una fuerza oscura, secuestro a Lucy después de un feroz combate. Ninguno de los combatientes, ni siquiera las bestias guardianas de Céfiro pudieron hacer algo para evitar ese terrible suceso.

Lejos del castillo, en el Bosque del Silencio, una pequeña fogata disipaba las sombras dentro de una habitación. Latiz miraba fijamente el ajetreo de las llamas mientras se hundía en la profundidad de sus pensamientos.

-¿Cómo sigue tu brazo Latiz?- le preguntó Caldina al acercarse a la fogata.

-Ya esta mejor.- contestó fríamente y sin siquiera voltear.

-Se que estas muy preocupado por Lucy, pero no habrías podido hacer nada contra él.

-¿Cuál es el estado de GuruClef?- preguntó Latiz para cambiar de tema.

-No ha mejorado, su cuerpo esta perfectamente, pero sigue sin despertar. Es como si su espíritu se hubiera desgastado por completo.

-Iré a verlo.

No muy lejos, estaban Paris y Ascot recogiendo algunos leños para avivar el fuego. Marina y Anaís cuidaban de GuruClef, quien estaba recostado en una cama. La casa de Presea había resultado un buen lugar para descansar, y la anfitriona preparaba un poco de té para calmar los nervios.

-Me alegra ver que mi magia te ha ayudado a recuperarte.- le sonrió Anaís al ver que Latiz se acercaba.

-Nos has ayudado a todos Anaís.- dijo Latiz.

-Si, pero…- Anaís cambió la expresión en su rostro al recordar a Lucy y a Aguila.

-Solo espero que Windom, Ceres y Rayearth también hayan logrado escapar.- dijo Marina.

Ráfaga, que estaba fuera de la casa, vigilaba que nadie se acercara y miraba al cielo, cubierto por nubes negras y relámpagos que irrumpían de vez en cuando aquella oscuridad.

-Me pregunto- se decía a si mismo Ráfaga- cuando más hay que luchar para que el cielo de Céfiro vuelva a ser tan hermoso como lo era antes.

(Flash Back)

Latiz corría hacia la entrada del castillo con la intención de salvar a Lucy, pero decenas de monstruos se interponían en su camino. Presea y Caldina fueron tras él para intentar detenerlo, pues sabían que estaba malherido y que no podría derrotar a tantos enemigos.

-Anaís…- dijo Aguila en brazos de la rubia; su voz era cortada y débil- Debes ir a detener a Latiz…

-No hables Aguila.- le pidió Anaís- Debes guardar tus energías.

-Mírame Anaís…- tocó su mejilla para atraer su mirada- Yo ya he cumplido con mi destino… lo que debe importarte ahora… es Céfiro. Si te quedas conmigo… perderás a más seres queridos.

-Pero, yo no puedo abandonarte.

-Puedo sentir… como la vida se escapa de mi cuerpo. No quiero que… me mires cuando haya muerto. Por favor…

Anaís derramó un par de lágrimas y luego se levantó dejando a Aguila recostado en el piso.

-Haré lo que me pides, pero no te dejaré morir en un lugar como este.- dijo Anaís cabizbaja- Haré que el viento de este mundo sea el lugar donde descanses…

Unas suaves ráfagas de viento comenzaron a envolver a Aguila mientras Anaís empezaba a llorar inconsolablemente.

-Gracias…

Al otro lado, GuruClef luchaba por ponerse en pie, incapaz de hacer algo para evitar que las criaturas entraran al castillo, y aunque estaba a merced del enemigo, todas las criaturas y demonios lo ignoraban pues ya no representaba ningún peligro.

-Tengo que hacer algo…- pensaba GuruClef- La princesa siempre veló por la seguridad del castillo, no puedo permitir que su esfuerzo sea en vano…

Un aura blanca creció alrededor de GuruClef y su báculo también comenzó a brillar intensamente. Las criaturas que apenas llegaban a la entrada se detuvieron cegadas por la intensa luz.

-Esa luz…- pensó Latiz al acercarse a la entrada.

De pronto, GuruClef había recuperado sus fuerzas y comenzó a lanzar hechizos contra los atacantes, reduciéndolos a cenizas con tan solo tocarlos.

-Anaís¿qué esta sucediendo?- le preguntó Marina al ver los rayos provenientes del castillo y al notar que el cuerpo de Aguila ya no estaba.

-Aguila… él esta…

-¿Qué?. ¿El esta que Anaís?

Recordando las palabras de Aguila, Anaís tomó de la mano a Marina y se la llevó rumbo al castillo. Mientras tanto, Latiz luchaba por abrirse paso entre las criaturas sin importar la gravedad de sus heridas, el solo hecho de pensar que Lucy estaba en peligro le preocupaba aún más.

-¡Presea, Caldina!- les habló Ascot, quien sobrevolaba el campo de batalla en un grifo junto con Paris y Ráfaga- ¿A dónde van?

-Es Latiz.- respondió Caldina.

-Tenemos que ir por él y por GuruClef.- dijo Presea.

El grifo descendió casi por encima de las cabezas de las criaturas, y al pasar a Latiz, Ráfaga bajó del lomo del grifo y se interpuso en su camino.

-¡Hazte a un lado Ráfaga!- le ordenó Latiz.

-¿Y después que Latiz¿Piensas derrotar a todas esas criaturas tu solo?

Latiz no respondió, pues sabía que era casi imposible, pero en lugar de rendirse empuño su espada contra Ráfaga y le insistió para que se apartara.

-Vamos por GuruClef,- dijo Paris- si sigue usando ese nivel de magia, va a morir.

-Llévanos a él amigo.- le ordenó Ascot al grifo.

Marina y Anaís habían alcanzado a Presea y a Caldina, quienes intentaban librarse de varias criaturas en su camino, así que de inmediato fueron en su ayuda. La tierra se estremecía con todos los combates. En un momento de distracción, GuruClef no se dio cuenta que una criatura había logrado esquivar sus ataques y ahora se disponía a contraatacar, pero antes de alcanzarlo, el grifo tomó con sus enormes garras a GuruClef y se elevó a lo largo de los pilares del castillo, esquivando los gigantescos pinchos que emergían como resultado de la transformación del castillo.

Aunque sus heridas eran menores, Ráfaga apenas podía mantener combate con Latiz, quien seguía obsesionado con la idea de rescatar a Lucy.

-¡Entiéndelo Latiz! Si seguimos así nunca podrás rescatar a Lucy.

-Por lo menos quiero intentarlo. No puedo quedarme con los brazos cruzados.

-Se que tus sentimientos por ella son muy fuertes, pero piensa en como se sentirá cuando sepa que perdiste la vida de manera inconsciente.

-¡Ráfaga!- gritó Ascot, que se acercaba de regreso.

-Tenemos que irnos y recuperar fuerzas.- suplicó Ráfaga.

Latiz entró en razón y guardo su espada. Luego ambos saltaron al lomo del grifo y se aproximaron a donde estaban las chicas, quienes hicieron lo mismo luego de derrotar a unas cuantas criaturas más.

-¡Esperen!- dijo Anaís mientras buscaba con su mirada en el campo de batalla- ¿Qué pasará con Windom y los otros?

Las tres criaturas mágicas aún seguían combatiendo, pero sus cuerpos poco a poco comenzaron a desvanecerse.

-¡Ceres!- exclamó Marina.

-Deben irse guerreras mágicas.- dijo Windom.

-Nosotros impediremos que estas criaturas los sigan.- siguió Ceres.

-Si perecen aquí no podrán salvar a Céfiro ni a su amiga.- terminó Rayearth.

Después de eso, se alejaron del castillo con rumbo a la casa de Presea en el Bosque del Silencio.

(Fin Flash Back)

-Solo espero que Lucy se encuentre bien.- pensaba Ráfaga…


En el castillo de Céfiro, el emperador Megas celebraba su victoria y admiraba la transformación completa del castillo, pues ahora le pertenecía, al igual que el poder de ambas espadas. Pero no solo el castillo había cambiado, también la apariencia de Megas, pues ahora aparentaba ser un ser espectral de aspecto siniestro y demoníaco.

-Por fin…- murmuró Megas- Lo que he anhelado durante tanto tiempo. Por fin todo el poder de este planeta esta en mis manos. Ni siquiera las guerreras legendarias han podido detenerme.- se acercó a su nuevo trono y se sentó a descansar- Pero aún siguen con vida las guerreras y sus pequeños amigos. ¡Ha! Pero no tengo de que preocuparme, pues ahora que tengo el máximo poder nadie puede derrotarme. Sin embargo…- una mujer entró al recinto de Megas y permaneció entre las sombras- La última vez fui derrotado por mi exceso de confianza, así que será mejor que te encargues de ellos. Y esta vez no me falles… Alanis.- dicho esto la mujer desapareció.

Megas se levantó nuevamente y caminó hacia un gran cristal púrpura que flotaba a la mitad del recinto. Estaba cubierto de polvo pero emitía una tenue luz oscura.

-Que lástima que tengas que vivir así.- le sonrió Megas al cristal- Pero así debe ser. No puedo permitir que mueras, de lo contrario la espada Valis perderá su poder y ya no me serviría de nada.

Megas pasó su mano sobre la superficie del cristal para quitar el polvo, y a través de él, se podía ver a Lucy atrapada en un profundo sueño, incapaz de escapar.

-Descansa guerrera mágica.- continuó Megas- Mientras sigas ahí dentro, este hermoso cristal te mantendrá con vida, de modo que Valis nunca perderá su poder.- una lágrima brotó del ojo de Megas- ¿Qué es esto?- Megas limpió la lágrima de su rostro y la observó confundido- Parece ¿una lágrima¡Ha! Eso ya no importa, ahora que tengo total control sobre este cuerpo, ya nada puedes hacer para detenerme.

Antes de irse, Megas volvió a recargar su mano sobre el cristal, y esta vez, sin que él se diera cuenta, al tocar el cristal la pequeña lágrima conectó a Lucy con los recuerdos de Megas:



En una aldea, apartada del castillo, un niño pequeño jugaba fuera de su casa con una niña rubia de su misma edad. Lucy se había proyectado como un fantasma dentro de aquellos recuerdos, de modo que era invisible para todos. Ambos pequeños se veían muy felices, pues en aquellos tiempos reinaba la paz en Céfiro. Después, Lucy vio que ahora eran tres niños, pues la rubia llevaba de la mano a un niño aún más pequeño. Lucy los miró detenidamente y tenía la sensación de haberlos visto antes, sus rostros le resultaban muy familiares.

El entorno de Lucy cambiaba cada vez que un recuerdo nuevo comenzaba. Mientras todos los habitantes de la aldea se encontraban realizando sus labores como de costumbre, los niños se adentraron en el bosque sin la supervisión de sus padres, fue entonces que un lobo plateado, cuyo tamaño era el doble de un humano, los persiguió de regreso a la aldea. Los hombres intentaron detenerlo, pero mucho murieron en el intento. Varias casas fueron arrasadas por la criatura. Lucy intentó usar su magia contra el lobo, pero era como si atacara un espejismo pues sus ataques lo atravesaban, no tenía otra opción que mirar lo que sucedía, aunque ella hubiera preferido no ver. Cuando el lobo tuvo a su merced a los pequeños, la niña rubia se puso a orar, y de inmediato la bestia retrocedió unos pasos, pero luego saltó sobre ellos para devorarlos. Afortunadamente, un hechicero pasaba por ahí y detuvo a la bestia con un poderoso ataque. "GuruClef…" pensaba Lucy al ver al hechicero.

Esa misma tarde, mientras reconstruían la aldea, le informaban al niño pequeño, amigo de la rubia, que sus padres habían muerto durante el ataque, por lo que el niño corrió a la sombra de un árbol y lloró inconsolablemente toda la tarde hasta caer el sol.

Lucy intentó consolar al niño, pero sus palabras no alcanzaban los oídos del pequeño. Entonces la escena cambió, y Lucy estaba afuera de la posada de la aldea, junto a ella, el niño espiaba por una ventana y escuchaba lo que el hechicero decía.

-Mi nombre es GuruClef, Soy el hechicero real de la princesa Serenity, pilar de Céfiro. He venido hasta aquí para darles una noticia. Me temo que la princesa Serenity ha fallecido, pero me ha encomendado la tarea de buscar un nuevo pilar para Céfiro.

Los comentarios entre los presentes inmediatamente comenzaron a fluir, todos se preguntaban quien podría ocupar el difícil cargo de pilar de Céfiro.

-Lamento mucho lo que sucedió hoy en su aldea, pero mi presencia aquí no es mera coincidencia, pues es en esta aldea donde se encuentra el nuevo pilar de Céfiro. No estaba seguro de quien sería, pero después del lobo plateado, ya no me quedaron dudas. He aquí pues a su nuevo pilar.- GuruClef señaló a la pequeña niña rubia.

-¿Esta seguro de eso?- preguntó un aldeano.

-La fuerza en el corazón de esa niña es muy grande, de modo que pudo hacer retroceder a una feroz criatura con solo una oración. Solo el verdadero pilar de Céfiro tiene ese poder.

Los aldeanos comenzaron a felicitar a la pequeña y organizaron una fiesta en nombre de la que pronto sería el nuevo pilar.

-No temas pequeña.- le sonrió GuruClef, hincándose para estar frente a ella- Mañana partiremos al castillo. ¿Cuál es tu nombre?

-Esmeralda- contestó con temor.

Entonces, el pequeño espía comenzó a llorar de nuevo y se alejó corriendo. Lucy ahora comprendía que esa niña era la princesa Esmeralda y que Paris era el niño más pequeño.

A la mañana siguiente, Esmeralda se despedía de todos los aldeanos, pero faltaba uno, su amigo de juegos. GuruClef hizo aparecer a Fyula con su magia para que los transportara hasta el castillo, pero antes de partir, el amigo de Esmeralda se paró frente a Fyula y extendiendo sus brazos le pidió que no se marchara. Esmeralda se acercó a él y lo abrazó.

-No temas, todo va a estar bien. Ahora que voy a ser el pilar, rezaré todos los días por el bienestar de todos.

-Pero…- reprochó el niño soltando unas lágrimas.

-Puedes ir a visitarme al castillo cada vez que quieras. Paris y yo estaremos felices de verte.

Sin más opción que aceptar, se apartó del camino de Fyula, y mientras Esmeralda se alejaba en el cielo, el pequeño agitaba su brazo con toda su fuerza.

Así pues, Lucy vio que con el pasar de los años, este pequeño se convirtió en un gran espadachín y llegó a ser parte de la guardia del castillo. Pero todo su trabajo y esfuerzo había sido para poder estar cerca de Esmeralda. Sin embargo poco tiempo tenía para verla, pues no se le permitía estar con ella por ser el pilar.

Fue así que los sentimientos del muchacho se hicieron cada vez más fuerte, pues ahora la amaba y sentía una gran necesidad de confesárselo y esperaba que ella sintiera lo mismo, sin importar si era el pilar o no. A los pocos días Latiz y Zagato fueron presentados como capitán de la guardia y guardia personal de la princesa, respectivamente. Casi de inmediato, el muchacho notó que Esmeralda estaba enamorada de Zagato, aún cuando casi no hablaban. Ese amor se reflejaba en sus miradas. Una noche, una voz siniestra llegó a los sueños del muchacho:

-El poder absoluto lo es todo. La princesa Esmeralda representa a la persona con la mayor fuerza del corazón en Céfiro. Si en verdad la amas debes obtener todo el poder absoluto para estar a su nivel, de otro modo seguirás siendo un patético soldado del palacio. Nunca sabrán tu nombre y Esmeralda nunca será tuya. Yo puedo darte lo que deseas. Sigue mi voz y te conduciré al lugar donde he dormido cientos de años. Estaré esperándote.

Motivado por la tristeza, el muchacho abandonó el castillo esa misma noche sin decir nada a nadie. Durante varios días caminó y buscó aquel lugar donde se podría encontrar el poseedor de la voz que había escuchado en sus sueños. No descansó en toda su búsqueda, hasta llegar a los rincones más oscuros de Céfiro pero no fue capaz de dar con el lugar, así que se refugió en una cueva para pasar la noche. Mientras dormía, Lucy se acercó a él y removió el cabello que cubría su rostro y tras un momento de duda, descubrió con sorpresa que se trataba del mismísimo Megas.

-No puede ser.- pensó Lucy.

Nuevamente en sus sueños volvió a escuchar la voz, y al despertar aún la escuchaba. Se adentró en la cueva hasta que encontró una gran espada incrustada entre las rocas del muro.

-Seamos uno mismo. Tú y yo podremos conquistar todo Céfiro, seremos invencibles.- le decía la voz.

-Yo lo único que deseo es estar con Esmeralda.- murmuró el muchacho.

-Una vez que te hayas convertido en el gobernador supremo de Céfiro, Esmeralda te amará como no te imaginas. Ella necesita a alguien fuerte y poderoso. Yo puedo brindarte ambas cualidades. Solo toma la empuñadura de la espada.

-¡No lo hagas!- gritó Lucy.

Pero sus palabras no alcanzaban el corazón del muchacho, por lo que con temor él tocó la empuñadura de la espada con una mano. Una gran energía comenzó a fluir por el cuerpo de Megas lastimándolo e impidiéndole soltar la espada. El joven luchaba por mantenerse en pie. Una gran sombra emergió de la espada. Lucy no tardó en reconocer a aquella sombra, pues ya la había visto antes, cuando se encontró con Rayearth por primera vez, se trataba de Rogles, el antiguo dueño de la espada Leethus. La sombra de Rogles envolvió al muchacho y un aura oscura creció a su alrededor.

-Ahora si, juntos obtendremos lo que tanto deseamos. Pero primero tenemos que revivir a la espada y asegurarnos de que la leyenda de las guerreras mágicas no se cumpla. Desde ahora me conocerán como el emperador Megas.

Después de eso, Lucy pudo ver como Megas construyó su fortaleza con magia y convenció a Paris y Ascot con promesas de poder si se le unían. También Alanis y Nova se le unieron. Y finalmente, Lucy pudo ver como la maldad de Megas había alcanzado el corazón de Luz hasta su mundo.

Y así continuó Lucy viendo los recuerdos de Megas, hasta llegar a uno en particular, donde Megas y Nova se encontraban en la cueva de la espada. Fue ahí cuando Megas asesino a Nova para despertar la espada.

-¿Así que es por eso que la princesa Esmeralda no murió aún cuando Leethus fue restaurada?- pensó Lucy- Es increíble que aún con tanta maldad en su corazón, su amor por Esmeralda no haya cambiado.

Por último Lucy vio el recuerdo más reciente de Megas entrando al castillo después de que ella había sido capturada.


El cuerpo de Megas casi había sido consumido por completo por Rogles. Caminando en la habitación del trono, Megas se detuvo frente a un espejo y observó su aspecto semi-demoníaco. Detrás de su reflejo, pudo ver claramente a Rogles.

-Ya conseguiste lo que deseabas.- le dijo Megas- Ahora dame lo que me prometiste.

-Muy bien.- sonrió Rogles- Te daré a tu preciada Esmeralda.

Las puertas del salón se abrieron y Megas miró con sorpresa a Esmeralda. Corrió hacia ella y la tomó entre sus brazos. Esmeralda le sonrió y lo besó.

-Debo advertirte algo.- le habló Rogles- Las dos guerreras mágicas que quedan y los demás insectos vendrán para quitarme la espada y para separarte de Esmeralda. No puedes permitir que eso suceda. Debes acabar con ellos.

-Ahora estoy con Esmeralda, lo haré después.

Megas se disponía a besar a Esmeralda, cuando ésta comenzó a desvanecerse.

-¿Qué?- exclamó Megas- ¿Qué le has hecho a Esmeralda?

-No he sido yo. Esa persona solo puede manifestarse temporalmente. La única forma de que la vuelvas a tener indefinidamente es que la alimentes con la energía vital de esos individuos. Solo así podrás estar con ella eternamente.

-No tengo que preocuparme de eso.- Megas dio la vuelta y se sentó en su trono- Alanis pronto se ocupará de ellos.


Mientras tanto, en casa de Presea, todos se preguntaban como era que podrían derrotar a Megas sin la espada Valis, y lo que era más importante, como rescatarían a Lucy.

-En estos momentos, el castillo debe estar infestado de criaturas.- dijo Ráfaga- Será muy difícil entrar para buscar a Lucy.

-Pues no parece que tengamos muchas opciones de donde escoger.- habló Caldina- Después de todo tenemos que luchar.

-Lucy no nos habría abandonado.- dijo Marina- Aún si el enemigo fuera invencible, Lucy habría luchado para ayudar a cualquiera de nosotros.

-Marina tiene razón.- secundó Anaís- Si todos luchamos juntos no hay manera de que el enemigo pueda vencernos. Además, lo único que debemos hacer es encontrar a Lucy y liberarla, después pensaremos en como derrotar al emperador Megas.

-Sin embargo, el castillo es muy grande.- interrumpió Paris- Si queremos encontrar a Lucy antes de que Megas nos encuentre a nosotros tendremos que dividirnos para registrar todo el castillo. Eso nos dejaría más vulnerables.

-Quizá haya un modo de distraer a las criaturas o de hacer que salgan del castillo.- dijo Ascot.

Presea y GuruClef entraron a la habitación. El hechicero parecía haber recuperado las fuerzas suficientes para ponerse en pie, pero era claro que aún estaba débil.

-Me alegra ver que ya te sientes mejor GuruClef.- le sonrió Marina.

-Gracias Marina.- la sonrisa de Guruclef fue interrumpida por un fuerte dolor de cabeza.

-¿Qué sucede?- preguntó Presea.

-¡Alanis!- exclamó GuruClef abriendo los ojos y quedando petrificado.

Una serie de explosiones sacudieron el lugar, y de inmediato todos salieron de la casa, excepto Presea y Caldina, quienes se quedaron a cuidar a GuruClef. Una vez afuera, vieron a Alanis flotando en el aire, arrojando dagas de hielo en todas direcciones. Por la expresión en su rostro parecía estar bajo un hechizo.

-Hay que detenerla o destruirá todo el lugar.- dijo Anaís.

-Yo me encargaré. ¡Centella Luminosa!

El poder de Latiz rozó un costado de Alanis y la derribó, y una vez en el suelo, todos se aproximaron a ella.

-Ustedes…- murmuraba Alanis- ¡Ustedes me lo arrebataron todo!

-¿De que estas hablando?- preguntó Marina.

-¡Acabaré con ustedes!

Rápidamente se puso de pie y lanzó cientos de dagas de hielo contra ellos, pero Ascot colocó un escudo mágico alrededor de ellos. Alanis avanzó entre las dagas de hielo que continuaban chocando contra el escudo y de un salto golpeó a Ascot derribándolo a él y al escudo. Marina y Anaís usaron su magia para destruir las dagas de hielo restantes, pero Alanis se acercó a Anaís y la tomó de sus manos, congelándolas hasta el codo y luego la lanzó contra Marina. Al ver esto, Ráfaga y Latiz empuñaron sus espadas y atacaron a Alanis.

-¡Voy a destruirlos, a ustedes y a toda la vida de este miserable planeta!

Entonces, Alanis invocó un puño gigante de hielo que emergió del suelo y sujetó a Ráfaga. Mientras tanto, Paris ayudaba a Marina a romper el hielo que atrapaba las manos de Anaís.

-¡Centella Luminosa!

-¡Dagas de Cristal!

Para su asombro, la enorme daga de hielo de Alanis atravesó la centella luminosa sin problemas, y Latiz apenas tuvo tiempo de esquivar el ataque.

-Ahora ustedes serán los que sufran.

Alanis alzó sus brazos al cielo para invocar un hechizo. Las nubes se agitaron y formaron un remolino.

-¡Mueran!- gritó Alanis.

Entonces, gigantescas dagas de hielo comenzaron a caer del cielo. Aún cuando Marina y Latiz usaron su magia para defenderse, fue inútil. La risa siniestra de Alanis hacía juego con los sonidos causados por las dagas al estrellarse y destruir algo.

Sin más opción de donde escoger, Latiz se movió ágilmente entre las dagas que caían y cortó uno de los costados de Alanis provocándole una gran herida. La lluvia de hielo cesó, y Alanis cayó al piso, pero Latiz la sostuvo entre sus brazos y habló con ella.

Ascot intentaba romper el hielo que sujetaba a Ráfaga cuando Paris, Marina y Anaís se acercaron luego de liberar las manos de Anaís.

-¿Dónde estoy?- Alanis abrió los ojos lentamente- ¿Zagato?- preguntó al ver a Latiz- No, tu eres su hermano.- El brillo en los ojos de Alanis era normal, revelando que el hechizo se había roto.

-Alanis¿sabes donde esta Lucy?- preguntó Latiz.

-¿Lucy?- dijo confundida.

-¡Oh, cielos!- exclamó Marina al ver toda la sangre derramada en el suelo.

-Déjame ayudarte.- Anaís se disponía a curar la herida de Alanis, pero ella la tomó de las manos y le impidió hacerlo.

-No, por favor.

-Pero si no lo hago morirás.

-Ya no queda nada para mí en este mundo. La persona que más amaba ya no esta, y la muerte es mi castigo por traicionar a todos.

-¿Como podemos entrar al castillo Alanis?- insistió Latiz.

-No pueden. Megas los destrozaría en un segundo.- respondió Alanis sonriendo.

-Debe de haber un modo. Tenemos que sacar a Lucy de ahí.

-¿Tanto te interesa esa chica que estarías dispuesto a sacrificar tu propia vida?

Latiz afirmó con la cabeza, y ante el asombro de todos, Alanis se puso de pie sosteniendo su herida para detener un poco la hemorragia.

-Entonces te llevaré con ella. Pero morirán cuando intenten salir.

-Correré ese riesgo si es necesario.

Ascot usó su magia para invocar a un grifo al mismo tiempo que Presea, Caldina y GuruClef salían de la casa para ver que había sucedido.

-Nosotros atacaremos el castillo para distraer a las criaturas,- sugirió Ascot- así te daremos algo de tiempo para que puedas escapar con Lucy.

-Será mejor que ustedes esperen aquí.- le dijo Ráfaga a Presea.

-¿Y perderme toda la diversión?- reprochó Caldina- No, señor, yo iré con ustedes.

-Te necesitamos aquí Caldina.- dijo Paris- Si alguna de las criaturas del Bosque del Silencio atacara a Presea o a GuruClef tu eres la única que puede defenderlos.

-Esta bien…

Los demás subieron al lomo del grifo y emprendieron el vuelo. Latiz esperaba a que Alanis estuviera lista.

-Muy pronto podré alcanzar a mi amado Zagato.- Alanis comenzó a llorar.

-Una vez que lleguemos, curaré tu herida.- le dijo Latiz.

-Tienes un noble corazón, pero no creo que llegue.

Alanis usó la poca magia que le quedaba y, abrazando a Latiz, lo transportó al castillo, pero ella no se movió. Su cuerpo se desplomó ya sin vida. Presea y Caldina corrieron para ayudarla, pero ya era tarde. Lentamente su cuerpo se desvaneció y se elevó al cielo en forma de miles de pequeñas chispas brillantes.

-Pobre Alanis.- pensaba GuruClef- Nuestros corazones la han perdonado después de que nos traicionó, pero ahora la recordaremos con cariño. Verás que tu sacrificio no será en vano.

La magia de Alanis condujo a Latiz a la habitación exacta donde estaba Lucy. Al ver el cristal y a la guerrera mágica encerrada en él, corrió desenfundando su espada y lanzó una centella luminosa, pero cuando el hechizo estuvo a punto de alcanzar el cristal, fue detenido por un escudo mágico.

-¡Ha ha ha!- se escuchó una risa.

-¿Quién anda ahí?

-Me sorprende que hayas logrado llegar hasta aquí.- la voz provenía de entre las sombras, pero en realidad se escuchaba como dos voces que hablaban al mismo tiempo- Debí imaginar que Alanis no sería capaz de derrotarlos.

Entonces, de entre las sombras apareció Megas, empuñando las espadas Leethus y Valis. Sus ojos tenían un brillo rojizo y su voz sonaba como la última vez que se habían enfrentado, pues Rogles había tomado control de su cuerpo. Portaba una ostentosa armadura y un casco negros.

-No puedo permitir que te lleves a la guerrera mágica.- dijo Megas.

-Y yo no puedo permitir que se quede aquí.- respondió Latiz tomando una posición defensiva.

-Muy bien, entonces veremos quien se queda con ella.

Fuera del castillo, cientos de criaturas salían de su interior al sentir la presencia del grifo acercándose. Muchas de ellas usaron bolas de fuego y hasta rocas para lanzarlas cuando el grifo estuvo a la vista. El escudo mágico de Ascot los protegió hasta que llegaron al suelo.

-Anaís.- le dijo Marina mientras bajaban del grifo- Eres una amiga increíble. Voy a luchar con todas mis fuerzas, pero si no llegase a sobrevivir, dile a Lucy que también la quiero.

-Creo que no lo haré Marina.- contestó sonriendo- No dejaré que nada te pase. Ya verás que ambas podremos ver a Lucy sana y salva. Confió en nuestra fuerza.

-Tienes razón. Sería una tonta si me diera por vencida antes de saber que Lucy esta bien.

Con sus armas en la mano, el grupo se lanzó al ataque contra las criaturas con la esperanza de dar el tiempo suficiente para que Latiz rescatara a Lucy, pero ninguno de ellos sospechaba que tal vez Latiz necesitaría algo más que tiempo para poder cumplir su misión.

(Fin del Capítulo)

Un capítulo más. Para aquellos que conozcan la historia de Valis, quizá estén algo decepcionados por como ha ido evolucionando la historia, pero tengo que decir en mi defensa que fue un largo tiempo que me aparte de ser escritor y ya había olvidado la trama original que tenía pensada, así que tuve que volver a idear una. Espero que no sea del todo mala. Si es el caso pueden mandarme sus quejas en los reviews y veré que se puede hacer.

Por cierto, hay un par de detallitos que creo haber olvidado o confundido en algún punto de la historia, la verdad es que no estoy seguro, pero apreciaria mucho si me lo hicieran notar para corregirlos antes de terminar el fic.

Saludos. Angel