Cáp. 2: Una fiesta de cumpleaños, sin cumpleañera.

La lluvia le resultaba un fastidio tras otro y un peligro para cualquier conductor, hasta para el más experimentado, pero que le iba hacer tenia que llegar a las siete a la casa de esa quisquillosa anciana, ¿Por qué le había prometido, que iría?, sí, ya lo recordó: porque ella era una madre para él, después de la trágica muerte sus padres, rió con pesar al recordar ese trágico momento. Pero la sonrisa se le borró de su cara bien formada, al divisar a una joven en medio del camino, freno lo mas rápido que pudo, pero no pudo evitar tocarla, aunque apenas la rozo, la joven cayo sobre sus rodillas con una cara de espanto que nunca se le borraría de su cabeza.

-¿Pero que demonios!?-. Masculló con las manos aun en el volante.

Se bajo lo rápidamente del vehiculo, justo antes de que la chica cayera desmayada, la logró sujetar a tiempo.

-Maldición!!-. Bramó con la chica en sus brazos-. Esto era lo que faltaba.

Dio un puñetazo al asfalto, luego respiro nuevamente, para pensar lo que iba hacer, la revisó con detenimiento, asegurándose de que la chica estuviera intacta, y lo estaba, solo había perdido el conocimiento seguramente por el susto que se llevo. La llevo en sus brazos hacia el auto introduciéndola con la mayor delicadeza que pudo, luego se introdujo el también al vehiculo, encendió el motor y puso en marcha el coche.

No podía llevarla a un hospital ya que el camino quedo bloqueado por un gran árbol debido a los fuertes vientos, como había escuchado minutos antes por la radio, no le quedo más remedio que llevarla consigo hasta su encuentro, que por cierto ya iba muy retrazado.

-¿Cómo te llamaras?-. Se pregunto en voz alta, mirando a la joven por el retrovisor.

Esta vez condujo mucho más atento al camino, no quería convertirse en transporte de inconscientes y aparte desconocidos.

Los pocos kilómetros que faltaban para llegar, por fin se acabaron, estaciono como pudo al frente de la vivienda.

Se bajo rápidamente, abrió la puerta de atrás y saco a la joven aun inconsciente en sus brazos, no dejaba de llover, las gotas de lluvia eran cada vez más heladas; camino con la muchacha en sus brazos hacia la pequeña rejilla de la entrada del jardín, se las ingenio para abrirla y corrió por el camino de piedra hasta llegar a la puerta principal, la abrió de una patada, como esperaba la puerta estaba abierta. "que mala costumbre de la anciana" pensó.

Al entrar a la sala se encontró a la anciana mirándolo sorprendida, que permanecía sentada junto a la chimenea, la anciana se llevo las manos a la boca al darse cuenta lo que traía el joven hombre en sus brazos, era…no podía ser, era "Kagome".

-Por Kami!-gimió la anciana al acercarse a la joven-.Pero si es Kagome…pobre niña, pero…¿Qué le ha ocurrido?

-Digamos que la he atropellado-. Le respondió recostando a la joven en el sofá más grande que se encontraba debajo de la ventana.

-¿Qué cosa has dicho?-. Gimió sin creerlo.

-Pero no te preocupes anciana, ella esta bien, solo se desmayo del susto-dijo para calmarla.-ya me asesore de eso, para algo me sirvió el cursillo de primeros auxilios que tome hace un año.-le dijo con una sonrisa burlona.

-¿Estas seguro?

-Claro que si mujer-. Aseguro mirándola a la cara, al ver que la anciana soltó un suspiro de alivio pregunto-. ¿Cómo fue que la llamaste, acaso la conoces?

-Si, ella es Kagome-. Sentándose al lado de la chica- Ella hace unos minutos estuvo aquí-le despejo el rostro de los cabellos mojados- Pero salió a toda prisa, porque hoy es su cumpleaños y la esperaban para celebrárselo.

-Entonces ella tiene nombre, y su cumpleaños es hoy-. Dijo. Más para si mismo.

-La familia debe estar muy angustiada-.Dijo la anciana al joven.

-Seguirán preocupados, porque no hay paso, ya que unos árboles obstaculizaron el camino, al menos que la vallamos a pie, pero eso sería mala idea con esta lluvia que no cesa.- le indico, mientras se quitaba la camisa mojada y posándose frente a la chinea para entrar en calor.

-Deberías quitarle esa ropa mojada, por que se puede enfermar-. Sugería el joven mientras caminaba hasta la habitación de huéspedes, que siempre utilizaba cuando visitaba a la anciana.

La anciana buscó en su habitación algo de ropa seca para Kagome.

-Inuyasha- le llamo-. Ven y ayúdame a llevarla a la habitación.

Inuyasha salio en su ayuda con ropa seca, cargo a la joven de nuevo en sus brazos, y la llevo a través del pasillo, hasta llegar a la alcoba que el mismo había utilizado minutos antes para cambiarse la ropa mojada. La coloco con mucho cuidado en la amplia cama, y se retiro para que la anciana le cambiara la ropa.

La mujer mayor salía de la habitación, sosteniendo la ropa mojada de Kagome, cuando se dio cuenta que Inuyasha estaba que caminaba por las paredes por la ansiedad.

-Tardaste- se quejo.

-No te preocupes, ella está bien.

-Ja!, claro que lo se , se que esta bien-.Gruñó girando la vista hacia la ventana, la lluvia parecía interminable-.Solo me preocupe, al ver que tardabas mucho en salir.

-Ahora esta descansando- le informo conteniendo la risa, le parecía insólito que el orgulloso de Inuyasha se preocupara tanto por una desconocida para el.

-Me imagino, que dormiré esta noche en el sofá.-dijo con fastidio, pero se podía ver en sus ojos la preocupación latente.

La mujer le facilito unas sabanas y una almohada para que estuviera cómodo, o por lo menos tratara de estarlo.

-Papá, Kagome aun no llega- gimió la mujer viendo su reloj de pulsera.

-No te preocupes, seguramente se quedo en la casa de esa profesora, esperando que esta lluvia cese-la tranquilizo el anciano que estaba viendo televisión-. ¿Ella no te dijo que iba a la casa de esa profesora?,¿Cómo dijo que se llamaba?

-Kaede- dijo la madre, mientras que su corazón se le oprimía en el pecho, sabia que algo andaba mal, o quizás estaba exagerando, y su padre tenía razón, seguramente su hija estuviera en la casa de su profesora.

La mujer camino con resignación hacia el pastel de cumpleaños que estaba en la mesa, dando un soplo apago las velas casi extintas.

Solo deseó con todo su ser, que su querida hija estuviera bien, apago la luz de la sala y se fue a darle las buenas noches a su otro hijo Souta; Lamentaba que su hija no estuviera para su propia fiesta de cumpleaños.

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Inuyasha no podía dormir, ya había probado todas las posiciones existentes para conciliar el tan deseado sueño, pero no podía, también le resultaba incomodo ese maldito sofá, tenia que doblar las piernas para que su cuerpo entrase en el.

-Debe ser todavía el susto-.Pensó en voz alta quitándose la sabana de su bien formado cuerpo, se levanto para buscar un poco de agua en la cocina, camino hasta ella con los pies descalzos y con solo un pantalón de pijama y una franelilla.

En su camino de regreso paso frente a la habitación donde descansaba la joven, que casi atropella esa noche, la puerta estaba abierta, seguramente la anciana la dejo abierta para escucharla si se despertaba-pensó-recostando su pesado cuerpo a la puerta y la observo desde la penumbra: Parecía un ángel, un delicado ángel allí acostada, con el cabellos a los lodos de su perfecto rostro, tenia las mejillas un poco pálidas, pero con los labios rojos y provocativos, se notaba su bien formado busto debajo del camisón, tenia las manos a la altura de su vientre.

Se vio tentado de entrar y acariciar su mejilla, pero saco rápidamente esa idea de la cabeza, no era prudente, si ella llegara a despertar seguramente se asustaría al verlo cerca de ella.

Termino de beber la poca agua que quedaba en el vaso de vidrio que sostenía en la mano derecha y siguió su camino hacia su improvisada cama, en la sala.

-Definitivamente es un ángel, un ángel caído del cielo-mascullo mientras se arropaba hasta el cuello con la sabana de lana y colocaba el vaso en la mesita a su derecha-.Un ángel que no asistió a su propia fiesta de cumpleaños.-dijo con pesar.

"Que forma de conocer a alguien"- pensó divertido, mientras le ganaba el sueño-Su estadía en la casa de la anciana, sería interesante, muy interesante…-.Cerró los ojos cayendo en los brazos de Morfeo.

Una media hora después la lluvia cesó, dando paso a la luna llena y unas cuantas estrellas. "¿Que le tenia preparado el destino?, solo el Señor de las alturas sabía, el papel que iban a desempeñar…"-.Pensó la anciana observando la hermosa luna desde su ventana.