Capitulo 5: Fragmentos.

"Hoy tengo miedo, de salir otra vez, miedo de encontrarte, miedo de lo que pueda pasar en la penumbra; me da miedo que te burles de mi…en mis sueños o quizás pesadillas te encuentro y la vez te pierdo, mi corazón te llama, mi alma te reclama y yo solo quiero escapar!

¿Llorar de que sirve ahora?, pero mis lagrimas brotan de mis ojos, mi alma se fragmenta cada vez que oigo el susurro de tú voz…

Solo quiero llorar en la oscuridad, no quiero que te des cuenta que te necesito aquí…"

Inuyasha abrió los ojos, aun con los fragmentos de aquel poema que lo atormentaba de vez en cuando en sueños confusos para él; estaba casi seguro que la voz que recitaba tan apasionadamente esas palabras pertenecía a una mujer.

Siempre era lo mismo… ese poema o quizás un fragmento del mismo, resonaba en su cabeza, como si la dueña de esas hermosas palabras, lo llamara a gritos, pero el no estaba seguro de la razón. Ese melancólico poema se le hacia presente en muchas oportunidades en forma de sueño, nunca fue capaz de reconocer a la joven que lo recitaba; en los sueños solo veía en la distancia a una joven en medio de la neblina, con luces de colores radiándola como si bailaran a su alrededor, la mujer no se movía, solo estaba plantada en aquel lugar, con sus manos en el pecho, su cabello largo ondeaba con el viento paulatino; él muchas veces quiso acercarse para reconfortarla, pero su imagen se le hacia borrosa, la mujer se desvanecía poco a poco dejándolo solo…

-¿Quién serás?...- se pregunto enfocando sus ojos dorados al techo de la habitación.

Se sentó en la cama, mientras repasaba una y otra vez aquellas frases, ya se sabía el poema de memoria; retiro de su cuerpo las blancas sabanas que lo cubrían y se levanto de la cama. La habitación era amplia, con una magnifica iluminación gracias un gran ventanal, que además le daba una buena vista de los jardines, su cama se encontraba en el medio con una mesa de noche de robusta madera a cada lado, en una esquina se encontraba la vieja chimenea, con hermosos y elaborados grabados en mármol negro, con dos sillas también con exquisita decoración de bronce y cuero y diagonal a la amplia cama se encantaba un muñido sofá de cuero rojo justo al lado del armario de puertas de madera.

Inuyasha examino los leños a medio consumir de la chimenea, era cierto la noche anterior se había quedado despierto frente a la hoguera de su chimenea, meditando sus acciones impulsivas desde que a su vida llego Kagome. Se levanto de la cama con el cuerpo cansado, el día anterior lo agoto por completo entre las reuniones con los organizadores de la boda, las flores, manteles que si las invitaciones, las madrinas entre otras cosas, todavía no estaba seguro como no mando todo al diablo. Se lavo la cara en el lavabo de su baño y sepillo sus dientes; el baño era proporcional con la habitación: el piso era de fina cerámica de color azul, justo arriba del lavabo estaba incrustado el espejo en forma de ovalo con dos pequeñas luces a los lados del mismo, a unos cuantos pasos se encontraba el retrete y en al fondo se encontraba la tina de mármol blanco junto a la ducha de grifería fina. Inuyasha se quito el pijama y dejo que el agua helada cayera sobre su cuerpo agarrotado.

Mientras el agua helada de la regadera recorría cada centímetro de su bien formado cuerpo, recitaba nuevamente el poema en su cabeza, para si darle un significado, pero inevitablemente se colaba el recuerdo de Kagome; el encuentro con la muchacha el día anterior no fue coincidencia el lo sentía, algo lo unía a ese chiquilla.

-Joven Inuyasha- lo llamo unos de sus sirvientes a mientras tocaba la puerta de la habitación-. Joven le llama su prometida, ¿va atenderla?

Inuyasha quiso hacerse de oídos sordos, pero ante la insistencia del sirviente respondió de mala gana:

-Fhe!, dile que estoy ocupado.- mientras retiraba el jabón de su cuerpo.

- Pero, joven ella insiste que debe hablar con usted.

Soltó un gran suspiro, el sabia que no podía dejar esperando a Kikyo, esa mujer era de cuidado, de armas tomar quizás eso le gustaba de ella-. Entra y déjame le teléfono sobre la cama- ordeno.

El largaducho del sirviente entro con cautela a la habitación y dejo el teléfono inalámbrico sobre la cama desordenada de su amo y se marcho cerrando la puerta tras de si.

Salió del baño con la toalla envuelta en su cadera, su cabellera mojada goteaba mojando el piso mientras que se dirigía a contestar la llamada.

Tomo el teléfono y se sentó en la cama-. ¿Qué ocurre Kikyo?

- Cielo, te necesito, hoy vienen de visita mis padres…

- Tendrás que excusarme con ellos, hoy tengo todo el día entre reuniones, además le prometí a la anciana que la visitaría.

- Pero cielo…, bueno me saludas a Kaede- era obvio que estaba conteniéndose e Inuyasha lo sabía.

- Igual a tus padres.- colgó la llamada, y se dispuso a vestirse.

Cuando se estaba terminado de poner los zapatos unas voces provenientes del jardín, se amarro las trenzas y se asomo en la ventana, para su sorpresa las voces pertenecían nada más y nada menos que a la anciana Kaede y Kagome. Termino de arreglarse y fue a su encuentro.

-Kagome, mi niña tranquila- le dijo la anciana cuando entraron a la imponente mansión.

Aunque tratara de calmarse, no lo conseguía ¿acaso la vida se había encaprichado con ella?, no podía creer que se encontraba en la morada de Inuyasha, todavía podía saborear el pastel que el le había ofrecido la tarde anterior. ¿Por qué el destino estaba empeñado que se encontrara con Inuyasha nuevamente?, ya no era coincidencia, y sabia que la mano de su anciana profesora estaba metida en todo esto.

Decidió distraerse con la exquisita decoración del lugar, era increíble la cantidad de objetos históricos de incomparable valor adornaban la habitación, sin duda alguna los Thaisho era una familia adinerada.

-Anciana, pensé que nos encontraríamos en tú casa- Kagome dirigió a la vista hacia el hombre que bajaba las escaleras.

- Solo quise venir.

- Y veo que trajiste compañía- posando la vista en Kagome.

- Si le molesta mi presencia, puedo irme sin problemas- acoto la joven.

- Por supuesto que no, no me molesta para nada tu presencia- acercándose a Kagome.

- No enserio, solo vine a acompañar a la profesora Kaede, así que mi estadía no es necesaria- desafiando la mirada dorada que tenia al frente.

- No Kagome, tu presencia es muy necesaria- intervino la anciana.

- Vez que ahora ya no puedes marcharte- le susurro con picardía.

- Pues…no entiendo…- dijo atropelladamente-. Solo vine a acompañarla…

- Si, y te quedaras conmigo.

- Pero…

- Pero nada, ya escuchaste a la anciana- Inuyasha estaba conteniendo la risa.

Inuyasha las invito a sentarse y ordenó que le trajeran unos bocadillos y tasas de té.

-¿Cómo va los preparativos de la boda?- pregunto la anciana inquisitivamente.

-Bueno Kikyo, se esta encargando de todo.

Lo que restaba de la mañana pasó rápido entre charlas, aneadotas hasta chistes por parte de la anciana e Inuyasha, Kagome participaba de algunas conversaciones y se reía de los chistes de la anciana, por lo demás desviaba la vista hacia la ventana deseosa de que ese día terminara lo más rápido posible.

-Inuyasha, quiero que me ayudes con unas cosas- le pidió la anciana-. Pídele a uno de tus allegados que le muestre los alrededores a Kagome para que se distraiga, la pobre esta muy aburrida.

Kagome se sonrojó hasta las orejas, estaba muerta de pena, se notaba que la anciana influía mucho en aquel hombre de ojos dorados. Inuyasha llamo a uno de sus sirvientes y de inmediato el joven apareció en la estancia.

-Acompaña a la señorita y si ella lo desea muéstrale los alrededores.

- Como usted diga.

- No es necesario, yo estoy bien- argumento la joven.

- Tranquila mi niña, solo será por un par de horas, ni te darás cuenta- le informo la anciana.

Kagome no tuvo más remedio que dejarse guiar por el sirviente, mientras que Inuyasha invitaba a pasar a su anciana profesora a su despacho.

El sirviente le explico que la mansión era casi un monumento histórico, le contó fascinantes historias de demonios perros, maldiciones y venganza.

Luego el sirviente la guió a las afuera de la casa, era increíble la belleza de las jardineras de la mansión había rosas, claveles y una cantidad de flores que no pudo reconocer.

Kagome se sintió observada, giro instintivamente y enfoco la vista en una de las ventanas de la mansión, pero no logro ver nada.

-Estoy paranoica- se dijo restándole importancia, se dedico a contemplar la exuberante belleza de aquel lugar.

Pero lo que ella no sabia, que sin lugar a dudas era observada por unos penetrantes y curiosos ojos dorados desde una de las ventanas del segundo piso.

-Inuyasha deja de espiar a Kagome- le regaño la anciana.

- Solo me aseguraba que todo estuviera bien- se sentó nuevamente en el sillón de fino cuero negro-. ¿En donde estábamos?

El sirviente la acompañaba como una sombra, el silencio de aquel corredor le daba escalofríos, había llegado a un sitio de la mansión algo apartado de las habitaciones principales, ese lugar también estaba hermosamente decorado pero emanaba una atmósfera extraña que a Kagome no le gusto para nada.

-Señorita la esperan en el comedor, ya es hora de que coma algo señorita, la comida la espera.

Kagome fue guiada nuevamente por aquel sirviente hasta el comedor; al llegar para su sorpresa Inuyasha se encontraba esperándola.

-Bienvenida- la saludo cordialmente.

- ¿Y la profesora Kaede, no nos acompañara?- le pregunto al joven de la mirada dorada, que le abrió la silla para que se sentara.

-Tuvo que salir, la llamaron de improvisto por eso, no compartirá la cena con nosotros- le respondió tranquilamente. Kagome lo siguió con la mirada hasta que este también tomo asiento. Se encontraban frente a frente, Kagome tembló ante aquella mirada que despertaba extrañas sensaciones en su cuerpo.

-¿Se ha marchado?- preguntó incrédula- Pero entonces yo no debería estar aquí…

- No te preocupes, ella me ha informado que vendrá lo más rápido posible. ¿Acaso no me vas acompañar a cenar?

-No se lo tome a mal, es que tengo cosas que hacer- le dijo nerviosa esquivando la mirada del hombre.

- ¿Entonces tenias planes con tu prometido?

- No, como usted ya sabrá soy la sacerdotisa del templo de mi familia…

- En tiendo.

- Tiene una magnifica casa, es impresionante.

- Si, pero ya para mi me resulta aburrida, seguramente por lo años que he vivido en esta mansión.

- Yo nunca me aburriría de este lugar- dijo mientras que in brillo de anhelo se vio en sus ojos chocolates-. En este lugar hay historia por donde se le mire.

Inuyasha la contemplo por unos segundos-. Es cierto tú estudias historia Universal- un a sonrisa se dibujo en su rostro, de alguna extraña razón tenia excusa para pasar más tiempo con Kagome, él también sabia mucho de historia y mitología gracias a las historias de abuelo cuando era pequeño-. Puedes venir cuando guste, y con mucho gusto serás recibida, yo te puedo contar la historia de mi familia y de los objetos de esta casa.

Cuneado abrió los labios para decir algo, una menuda sirvienta le coloco un plato de comida frente de ella hizo lo mismo con Inuyasha.

- Buen apetito- dijo la mujer y luego se marcho dejándolos para que comieran in interrupciones.

Comieron tranquilamente el delicioso estofado con puré de patatas y arroz, acompañado con rodajas de pan con ajo, para beber vino tinto. El silencio le resultaba incomodo, Kagome se sentía muy incomoda ante la mirada examinadora de Inuyasha que le daba de vez en cuando.

-¿Cómo esta Houyo?, su prometido- hablo al fin.

-Me supongo que se encuentra bien, debe estar muy aun trabajando- Tomo un sorbo de vino- Tengo que aclarar que el es mi novio, aun no nos comprometemos, aun no estoy segura el por que le dijo eso.

Inuyasha lo lleno de alegría y alivio lo que le acababa de decir la muchacha-. Seguramente pronto se lo propondrá.

-Eso se vera con el tiempo, además yo todavía no me he graduado y solo tengo diecisiete años, aun soy joven.

- Entiendo- disimulando su alegría ante su determinación de la mujer, le sorprendió que una joven estuviera tan centrada en lo que quería.

Terminaron de comer y de inmediato sus platos fueron recogidos de la mesa.

-¿Quieres dar un paseo?- le propuso el hombre.

- Ya es tarde, mi familia me espera… no quiero incomodarlo.

- Para mi no es ninguna molestia.

Kagome no pudo negarse ante tal ofrecimiento. Cuando se disponían a salir al jardín una fina lluvia caía sobre los rosales, haciendo que las gotas de agua de vieran como prismas de colores ante la luz del atardecer.

-Que hermoso- musito ella.

- Si…- Inuyasha arranco una rosa roja y se la ofreció-. Te sonara cliché pero "una flor para una flor".

Kagome se sonrojo hasta la medula-. Gracias…

Corrieron hasta un gran árbol buscando protección de la lluvia que se hacia cada vez más fuerte.

-Siempre llueve cuando nos encontramos- reflexiono el hombre.

- Ayer no llovió- acoto la joven mientras contemplaba a la lluvia caer.

Inuyasha rió a carcajada-. Tienes razón.

-Sabe no se por que vino a mi mente un poema que escribí cuando era una niña…- informo con la mirada perdida en la lluvia.

-¿Si?, he oído de la anciana que escribes- enfocando la mirada en la muchacha-. Si quieres recítame ese poema, no soy tan mal crítico.

-No es que quiera… tengo la necesidad de recitarlo.

Inuyasha la miró con mucha más curiosidad que antes-. Pues nadie te detiene.

Kagome respiro profundo y cerrando los ojos, con la rosa en las manos empezó a recitarlo, aquel poema que escribió cuando era niña, que creyó olvidado:

"Hoy tengo miedo, de salir otra vez,

miedo de encontrarte, miedo de lo que pueda pasar en la penumbra;

me da miedo que te burles de mí…

en mis sueños o quizás pesadillas te encuentro y la vez te pierdo,

mi corazón te llama,

mi alma te reclama y yo solo quiero escapar!

¿Llorar de que sirve ahora?,

pero mis lágrimas brotan de mis ojos,

mi alma se fragmenta cada vez que oigo el susurro de tú voz…

Solo quiero llorar en la oscuridad,

no quiero que te des cuenta que te necesito aquí…

Inuyasha no daba credito a lo que sus oidos captaban, ese era el mismo poema que lo había estado atormentando desde hace largo tiempo.

Pero no puedo engañarme…

¿Cuándo te encontrare en la oscuridad de este mundo tan cruel?

me da miedo las mentiras…

ya no tengo más fe.

Al recitar el último parrado lágrimas brotaron de los ojos aun cerrados de Kagome. Inuyasha todavía no había salido de su asombro, era el mismo poema, pero este estaba terminado, ¿Acaso era el corazón de Kagome que lo llamaba a gritos?, ¿pero como? si nunca había visto. Hasta hora.

Las piernas de Kagome le flaquearon, pero unos fuertes brazos la sujeto antes que cayera en la grama, estaba pálida, temblaba-. Kagome… ¿Kagome?, te encuentras bien?

-Lo siento…no se que me ocurre…

- Dime, ¿tú escribiste ese poema?- le pregunto mientras le apartaba el flequillo de su rostro.

Kagome se incorporo, pero volvió a tambalearse, pero Inuyasha la sujeto nuevamente-. Si…lo escribí cuando tenía quince años…

-Esto no puede ser coincidencia… yo he soñado con cada una de esa palabras desde hace dos años aproximadamente, justo los años que pasaron después que tú lo escribiste.

-Es extraño, yo nunca le comente a nadie sobre lo que escribí- le informo mientras que se sentaba en la grama mojada.

-Estamos conectados- dijo muy cerio.

Kagome no sabía a que se refería Inuyasha pero su estomago dio un vuelco cuando el le dijo: "Estamos conectados", su corazón se acelero a mil por hora, ¿Acaso tenia miedo de la explicación de aquel hombre?...No era miedo lo que sentía, era la ansiedad del momento.

N.A.: No me di cuenta lo rápido que avanzo la historia..Jajaja, bueno veremos que me saldrá para el próximo capitulo XD.