¡Dios¡FINALMENTE LO HICE!

¡POR FIN PUEDO TRAERLES UN NUEVO CAPÍTULO!

ESPERO QUE LO DISFRUTEN.

Pilu


Cuando sintió un grito, su cara se puso pálida. Reconoció la voz, enseguida.

"- ¡KINOMOTO, MALDITA MUJER, ABREME LA PUERTA!"

Sakura abrió. Pero antes, decidió respirar profundo unas cuantas veces. Cuando se calmó, inquirió:

"- ¿Qué demonios haces aquí, Shaoran Li?"

"- ¿Qué que hago aquí¿Preguntas en serio?"

"- No todos los días veo a mi ex marido golpear la puerta de mi casa con las obvia intención de tirarla."

"- Empaca lo importante. En tres horas tenemos un vuelo a Hong Kong."

"- Bromeas." – respondió ella, incrédula.

"- ¿Te parece que bromeo?"

"- ¿Y te parece que puedo viajar en este estado, de nuevo?"

"- Mi hijo nacerá en China, Sakura."

"- Vete, Shaoran, por favor. Solamente vete, estoy muy cansada."

Lo dejó parado en la puerta y se dirigió a su cama. Se tapó y sujetó en su mano el cuenco con las frutillas. Shaoran la siguió de cerca, pero ella ni se inmutó.

"- Quiero explicaciones. ¿Por qué no me dijiste que estabas embarazada¿No lo consideras importante?"

"- Li, aléjate. Hablo MUY en serio. Tú siempre pides explicaciones¿no? Largo."

"- ¡Estás embarazada, por Dios¿Cómo voy a dejarte a ti en ese estado¡No dejaría a mi hijo por nada del mundo!"

Sakura lo presentía, pero no quiso creerlo hasta que escuchó aquellas palabras salir de sus labios. Él ya no quería nada con ella, no estaba allí por ella... Si no hubiese un niño en su cuerpo, él ni siquiera se hubiera molestado en llamarla para confirmar que siguiera viva.

"- No sé como pedírtelo en palabras que entiendas, Li, pero debo exigirte que te vayas de mi casa. No te quiero en mi casa, no te quiero en esta ciudad, no te quiero en mi vida ni en la de mi hijo. Contáctame con los papeles del divorcio. Eso es todo."

"- No me iré hasta que me escuches, y vaya que tienes que escucharme. Tengo mucho para..."

"- ¡Claro!" – gritó ella, interrumpiendo el discurso de su marido. "- ¡El señor tiene la palabra, por supuesto! Yo ya escuché todo lo que tenías para decirme en China, Shaoran. Que sólo soy una come-hombres, que sólo iba detrás de tu sucio dinero... No sé quien demonios te crees que eres, o quien crees que soy yo, pero¡aquí tienes a la come-hombres! Viviendo de SU propio dinero, no del tuyo, embarazada y solita. Así que, por favor, lárgate, esto le hace daño al bebé."

"- ¿Y qué querías que pensara¡Estabas besuqueándote con ese tipo!"

"- Para ser un hombre que se jacta de su inteligencia y de su lucidez, déjame decirte, Li, que hasta un ciego podría haber visto lo que pasaba. Ahora te lo pido, encarecidamente, que te vayas de mi casa, en lo posible, de mi vida. ¿O necesitas que te lo explique con un dibujito?"

"- Sabes bien que voy a volver, hasta que te resignes a que me debes una explicación y me la des."

"- Con un poco de suerte, llegará el parto y estaré en el hospital el tiempo suficiente como para que no me molestes. Ahora mismo es tarde, y las mujeres embarazadas no deben estresarse. ¿En qué idioma quieres que te lo diga?"

Shaoran le dirigió una mirada furibunda, que indicaba que eso no se había terminado ahí. Y se marchó. Sakura se arrimó a la puerta para cerrarla, pero Shaoran dio media vuelta y, sin mucha consideración, la estrechó entre sus brazos con una extraña mezcla de pasión y dulzura que Sakura no supo como interpretar, y la besó. Cuando la soltó, por fin. Sakura estaba mareada. Una nueva esperanza estaba a punto de surgir, hasta que escuchó unas crueles palabras:

"- Supongo que beso mucho mejor que él¿no, cariño?

Venganza. Era una simple revancha que él se tomaba por haber decidido salir de su vida para siempre. No era amor. Ya no.

Entonces, decidió pagar con la misma moneda.

"- Pues, no lo creo. Diría que fue bastante frío, en verdad. ¡He recibido mejores!"

Él hizo un amago de volver a acercarse a ella, pero Sakura se le adelantó. Le dio un empujón que lo hizo tambalearse. La miró furibundo y se fue.

Sakura se abalanzó hacia la puerta y la cerró con mucha fuerza. Silenciosamente, se puso a llorar. Apoyó su espalda contra la puerta y se fue dejando caer hasta que quedó sentada. Shaoran, del otro lado, había sentido el portazo y vio la sombra de su mujer resbalarse y tocar el piso. Por unos segundos, quiso pedirle perdón, admitir que podría haberse equivocado, escuchar su versión de la historia. Pero su orgullo herido lo obligó a caminar hacia su auto y lo hizo alejarse de la casa, con la promesa de regresar.

xoxoxoxoxox

Si las frutillas no estuvieran al lado de su cama en esos momentos, entonces no creería, para nada, que Shaoran la había visitado la noche anterior.

Estaba muy cansada. Había llorado durante largas horas al lado de la puerta, en silencio, tratando de encontrar una salida, un modo de escapar. Su casa ya no era segura, puesto que él la había encontrado en lo que se suponía que iba a ser su refugio.

Me encontró. Nos encontró.

Era información que su mente no quería procesar.

Se sobrepuso, hizo un esfuerzo, y se levantó de la cama. Agarró el pote donde se encontraban las frutillas y se dirigió a la cocina. Tiró las frutillas y empezó a hacer el desayuno. No tenía nada de hambre, pero el bebé era primero. Se sujetó con fuerza a la mesada y cerró los ojos con fuerza, bajando la cabeza. Las lágrimas empezaron a brotar solas, sin que ella pudiera detenerlas. Los dedos se le crisparon y se le pusieron blancos. No quería aceptar, bajo ningún precepto, que Shaoran hubiese vuelto. No podía vivir tranquila, sólo quería estar sola con su hijo y ser felices los dos, y que Shaoran desapareciese de su vida.

Dos golpes en la puerta y la armoniosa voz de su mejor amiga la obligaron a calmarse. Contestó al saludo de su amiga y le indicó:

"- Estoy en la cocina, Tomoyo-chan."

Su amiga entró con una sonrisa que no pudo sostener al ver el estado de su amiga. Dejó la bolsa que llevaba arriba de la mesa y corrió a abrazarla.

"- Sé que está en Japón, Saku-chan."

Sakura tragó saliva. Se suponía que sería su secreto. No estaba preparada para enfrentar la ira de su ex marido, pero la compasión le resultaba aún más dolorosa. Ella siempre había podido salir adelante, valiéndose lo menos posible de los demás y saliéndose siempre con la suya. ¿Por qué todos parecían dudar de sus habilidades ahora?

"- Está bien, Tomoyo. No te preocupes, estoy bien."

"- Pero, mírate Saku, estás llorando. Esto no está bien."

"- ¿Y qué se supone que haga¿Qué vuelva a huir¿A dónde?" – respondió la castaña con velocidad y ferocidad, dejando a Tomoyo muy perpleja. Sakura siempre la había ayudado, y generalmente no le pedía ayuda a menos que el dolor fuese demasiado o que la situación fuera realmente incontrolable. Pero que una situación la superara no significaba que trataría mal a quienes la rodeaban.

"- Está bien, yo ni siquiera lo sugerí, fue tu idea. No me ataques. Venga, voy a hacer unos huevos revueltos. Siéntate y descansa."

Debía admitir que su amiga tenía razón. La estaba atacando, pero es que esta vez necesitaba manejar la situación por su cuenta, esta vez, aunque la situación le quedara grande, ella debía ser más fuerte, más por el bebé que por ella.

En cierto modo, era egoísta de su parte negarle a su hijo un padre. Sabía lo que era no tener a uno de tus dos padres mientras vas creciendo. Así como ella había crecido con su padre (que la había criado bien, y con mucho amor) siempre le faltó una madre a quien preguntarle sobre el color de moda, su cabello, sobre algún chico o un problema femenino. Pero ella no podía soportarlo, no por el momento. Quería aún demasiado a Shaoran como para darse el lujo de acercarse a él. Se había prometido no volver a caer y la huída la había ayudado a dar un paso enorme, que Shaoran la había hecho retroceder la noche anterior.

Tomoyo le sirvió los huevos y Sakura se esforzó seriamente por comerlos. Recordó cuando Tomoyo le servía los mismos desayunos en China y de sólo verlos tenía que correr al baño porque sus nauseas matutinas hacían acto de presencia. Recordó leer en una revista médica que las mujeres que buscaban, querían y deseaban al bebé no tenían nauseas nunca durante todo el embarazo, y que el deseo de vomitar era un modo de rechazar al bebé. Ella lo quería, lo deseaba, pero no lo había buscado en realidad. Había sido una especie accidente. Un accidente más que maravilloso.

Tomoyo miró a su amiga comer. Tenía la mirada perdida y con la mano con la que no sostenía el tenedor acariciaba su panza. Estaba muy contenta de ser tía por fin, y moría por tener a su sobrinito en sus brazos, aunque lamentaba la situación de su amiga más que nada. Shaoran siempre la había adorado, no creía realmente posible que alguna vez se separaran, pero lo hicieron. Y su amiga había sido infeliz a pesar de todo.

Todo por aquel estúpido malentendido que Sakura había querido aclarar, y que se rindió ni bien Shaoran decidió que ella mentía.

Si él hubiese sido capaz de escucharla... Pero no, había sido cegado por circunstancias de las que Sakura no tenía ni idea.

Quizás, si Tomoyo se lo hubiera contado, puede que inclusive las cosas hubiesen sido distintas. Pero su amiga necesitaba el cambio y Tomoyo y Eriol decidieron guardar esa información entre ellos, para darle espacio para pensar. Cuando ellos se enteraron, ya era tarde como para resolver algo entre ellos. Así que, por el bien de sus amigos, prefirieron callar y esperar.

Pero, como todo problema de cualquier índole, si uno no tiene todos los datos, algunas veces se imposibilita resolverlo.

Y Sakura jamás resolvería su problema con Shaoran de no saber eso.

O quizás no lo resolvería nunca. Quizá, la información que Tomoyo estaba resolviéndose a darle era inútil.

Pero uno nunca sabe... Muchas veces, un dato que uno cree que debería ubicar fuera del problema... Es uno de los más importantes.

"- Sakura." – Tomoyo llamó su atención. Sakura desvió su atención del plato y la miró, expectante. Quizá percibió algo en el tono de voz de su amiga, que la hizo volver a la realidad abruptamente y con un poco de preocupación. "- Creo que hay algo que debo decirte."

xoxoxoxoxox

Darse la cabeza contra la pared era una idea demasiado tentadora para un hombre de cabellos castaños, que, sentado en el sillón de una habitación de hotel, intentaba pensar un modo para que su mujer reconsiderara.

Por primera vez, realmente dudaba de su criterio. Había una ligera posibilidad de que Shaoran Li hubiese cometido un pequeño error, y de que la hubiese juzgado mal.

Pero sus ojos no lo habían engañado en esa oportunidad, y su peor terror se había vuelto realidad: Su mujer no lo amaba.

Él no tenía miedo de nada, excepto de que Sakura le negara ver a su hijo. De eso no dudaba para nada, ella quería quedar embarazada desde hacía mucho. Aunque nada le garantizaba que ese niño fuera suyo, no podía dudarlo. Hacía siete meses que había estado con ella. Nunca habían hecho un esfuerzo por buscarlo, pero de todas maneras no se estaban cuidando.

Hubo una época en la que él hubiese cruzado un océano nadando solo para verla. Y ahora ni siquiera podían hablarse. Shaoran tuvo que admitirse a sí mismo lo exagerada de su reacción en el momento. Despachar a Sakura de su vida había sido un error, pero él no estaba allí para enmendarlo. Su orgullo, combinado con la falta de predisposición de Sakura a volver a verlo, en esos momentos, era la desalentadora verdad la que se le imponía. Su relación estaba acabada.

Por primera vez, intentó ponerse en el lugar de Sakura. No, no era fácil para ella, en lo más mínimo, tener que enfrentarse a un marido que la había despreciado y tratado mal. Él no se perdonaría a sí mismo.

Porque, aunque le costara admitirlo, había cruzado la distancia que los separaba, de Hong Kong a Japón, sin dudar, con tal de poder pedirle disculpas a esa mujer, a pesar de todo.

No, no debía disculparse. Ella lo había traicionado. Ella y el tal Henry, el amigo de Charlie. Nunca jamás olvidaría a su joven esposa encima de su cama, debajo de aquel hombre, apretando las sábanas con las manos mientras él le tapaba la boca y bajaba sus pantalones. Después de todo lo que había tenido que vivir ese día, las terribles noticias que había tenido que enfrentar... En seguida hizo notar su presencia. Sakura se levantó y con lágrimas en los ojos corrió hacia él, pero no le hizo el menor caso. Horas después, discutieron. Él la acusó de ramera, ella lloró, intentó explicarse. Quiso decirle algo, pero él casi no la dejó hablar. Estaba herido, y temía creer una mentira. Le pidió que se retirara, y Sakura se tomó muy a pecho esas palabras, porque sólo un rato después se iba con un par de cajas con ropa y efectos personales. Después supo que todo el dinero que ella había puesto en la cuenta común había sido retirado. Sin decir adiós, Sakura se fue.

Unas semanas después, él se sorprendió a sí mismo queriendo verla. Necesitaba verla, explicarle todo el dolor por el que había pasado durante ese tiempo. Entre los resultados de los exámenes y no tenerla, la vida estaba volviéndose algo completamente irracional, estúpido, aburrido, sin sentido. Se dirigió a su casa, de la cual sabía la dirección gracias a Eriol, y le dijo que su auto se había quedado sin gasolina y que no tenía dónde pasar la noche. Estaba empapado, afuera llovía a cántaros. Ella le ofreció una toalla y un pijama de hombre. Cuando él le preguntó de quién era el pijama, ella respondió, sencillamente, que era suyo, que eran más cómodos los pijamas grandes, pero no le creyó. Le dijo claramente que no podía ser tan zorra de darle a él, su marido, un pijama de su amante. Sakura le dirigió una mirada gélida que lo congelo al instante, le trajo una cobija y le pidió que para la mañana siguiente estuviera fuera de la casa. Así fue. Se retiró tan pronto como pudo. Por supuesto que su auto no tenía ningún desperfecto, por lo que salió de allí rápidamente y se juró no volver. No volvería a ver a Sakura Kinomoto en su vida.

Por supuesto, sus deseos no se hicieron realidad. De cualquier manera, tendría que enfrentarla. En el despacho del abogado fue donde la vio por última vez. Le pareció que había engordado un poco, pero no por ello la encontraba desagradable. Por el contrario, tenía un aire sano y tierno. Y él odió eso, verla bien aunque no estaba con él. Lo único que desencajaba era la palidez extrema de la chica, pero adjudicó eso al olor a encierro en el despacho o la proximidad que el despacho les hacía mantener. Después de esa cita, en la que ninguno de los dos se habló directamente, nunca más la volvió a ver.

Luego, la carta. La famosa carta, en la que se enteró que iba a ser padre.

Después de todo lo que le habían dicho, él sería padre. Al principio no lo creyó, pero si estaba de siete meses tenía que ser suyo. Hasta siete meses atrás, Henry no había aparecido en sus vidas.

Padre, por Dios. Y ella quería alejarlo de su hijo.

Tenía muchas cosas que hablar con esa mujer.

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"- ¿Qué?" – Sakura inquirió intrigada a su prima.

"- Algo que no te habíamos dicho porque lo consideramos irrelevante pero, en realidad..."

"- ¿Qué, Tomoyo? Me estas asustando."

"- El mismo día en el que se separaron, Shaoran se enteró que no podía tener hijos."

"- ¿CÓMO¡Eso es una locura! Tomoyo, creo que soy la prueba viviente de que Shaoran no tiene ningún problema de fertilidad."

"- Sakura, lo sé. Te he visto durante demasiado tiempo en este estado y soy consciente de la realidad. Pero¿recuerdas que estaba haciendo esos exámenes ginecológicos? Bueno, resulta ser que salieron como que él era incapaz de tener hijos. Lo deprimió, Sakura, muchísimo. Eso iba a decirte cuando te encontró en una posición tan "comprometida". Una noche se lo comentó a Eriol. Poco después de que su auto se quedó estancado tan cerca de tu casa, esa noche que pasó en tu sofá. Estaba mal, Saku. Pero no te lo quise decir para no hacerte sentir mal a ti también. Suficientemente terrible era para Shaoran saber que era bueno... infértil, que no podría dejar descendencia, y de pronto, encuentra a su esposa en la cama con otro hombre. Yo lo sé, Saku. – La cortó antes de que ella pudiera acotar nada. – Sé que no estabas con él, que él te forzó. Pero él no, y ya estaba muy herido y no quería escuchar razones."

"- Por favor, Tomoyo. Vete. Necesito estar sola."

"- Perdóname que no te lo dijimos antes, Sakura, no quisimos herirte en lo más mínimo pero..."

"- Necesito que te vayas." – repitió Sakura sin mirarla.

Tomoyo se fue, sin hacer demasiado ruido. Sakura siguió comiendo con la miraba absorta. No lo podía creer. Ella llevaba un hijo de un hombre¿infértil? Bah, que creía ser infértil. Ella sabía más que bien que no lo era. ¡No tenía el menor sentido! De repente, el timbre sonó. Se levantó para abrir, pensando que Tomoyo podría haberse dejado algo.

Su sorpresa fue mayúscula cuando se encontró a un cansado, barbudo y ojeroso Shaoran en la puerta.

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"- Tenemos que hablar." – dijo ni bien ella lo dejó pasar.

"- Te escucho, Shaoran." – respondió Sakura. "- ¿Qué tienes para decirme?"

"- Quiero oír tu versión de la historia. Quiero saber qué sucedió."

Sakura solo pudo articular dos palabras. "- ¿Por qué?

"- Porque no te escuché. No quise oír y... Quiero oírlo ahora."

"- Esta bien, Shaoran. Siéntate, por favor." - Se sentó. Sakura hizo un poco de té y lo sirvió para los dos. "- Lo que pasó ese día, Shaoran, está muy lejos de lo que tu pensaste. Esa mañana, Charlie y su amigo habían llegado. Henry y yo jamás nos habíamos visto, o al menos yo puedo decir que jamás lo había visto a él. Era una persona normal, sólo me habían pedido una vuelta por la ciudad y eso les había dado, un mini tour. Volvimos, y almorzamos. Yo sabía que ya llegabas y quise mostrarles sus habitaciones. Dejamos a Charlie en el baño de la suya y seguimos caminando. Le señalé la puerta de la que era nuestra habitación. Él me empujó adentro rápidamente. No pude hacer nada, Shaoran. Intenté soltarme, pero había caminado todo el día al rayo del sol y estaba cansada. Él me sujetó y... – hizo una pausa para respirar profundo y evitar que las lágrimas cayeran. – Me sujetó y me dijo que no me dejaría ir. Comenzó a tocarme. Me tapó la mano con la boca, intenté morderle un dedo. Eso fue cuando tú llegaste. Corrí a abrazarte y ni siquiera me miraste. Luego, esa horrible discusión y... Y me fui. Me fui a ese lugar en el que viví todo este tiempo, acosada por vecinos molestos y por el mismo Henry, que me rastreo y que me dejó en paz cuando vio mi panza. Dijo que estaba repugnante, gorda y horrible. Fue un alivio, a decir verdad. Creí que ibas a estar conmigo, pero no."

"- Yo, Sakura... Yo no lo..."

"- ¿No lo sabías? – dijo Sakura con cinismo. – Sí, me doy cuenta que no lo sabías. ¿Qué más da, igualmente? Tu estuviste con esa zorra de Mei y no tuviste reparos en que el mundo lo supiera... Ni siquiera estamos divorciados todavía¡por Dios¿Por qué no puedes dejarme en paz¿Por qué no...?" – Sakura se paró y tuvo que hacer una pausa abrupta en su discurso. Sintió claramente como un líquido bajaba por su pierna. "- No, no puede ser..." – dijo poniendo los ojos en blanco.

"- ¿Qué¿QUÉ PASA?" – Dijo Shaoran fuera de sí. Vio el piso. Estaba mojado.

"- Oh, por Dios, Shaoran. Rompí bolsa. Va a nacer..."

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Nota de la autora:

No, no voy a excusarme por la laaaaaaarga tardanza porque es inexcusable. ¡Lo siento muchísimo! Tuve la típica sarta de problemas que mezclaron el colegio, amigos, falta de inspiración y una computadora sin Internet. Sí, la vida sin Internet es muy complicada¿no?

Espero que el capítulo les guste y que cumpla con sus expectativas. Espero no haber precipitado las cosas, pero la realidad es que no quería hacer el fic muy largo, si no todo lo contrario.

Importante: tengo una pregunta para ustedes. ¿NENA O NENE? Si es una nena, se llamará Nadeshiko. Si es un varón, Hien.

Voten en el review )

Les dejo mi MSN para cualquier cosa: es piluu (guión bajo) casi (guión bajo) iness (arroba) Hotmail . com. Contáctenme ahí por cualquier duda.

Gracias por leer!

Pilar.