Notas de autor: ¡Hola! Bueno, primero agradeceros a todas por leerme, que en serio, es una gran ayuda. Entre hoy y mañana publicaré este y otro capitulo más, ya que gracias a mis padres (Nótese la ironía del asunto) He de irme a un pueblo de 8 habitantes, sin internet, cobertura y con hormigas. Ese es otro tema. En fin, espero que cuando vuelva estéis aquí aun cry cry Os achucha¡Muchas gracias por todo y desfrutad! Espero que os guste

3- Spresso hacia la magia

Remus se acordará toda su vida de su primer viaje en el tren dirección: Hogwarts. Deberíamos empezar por el hecho de que su ropa era realmente grande o, tal vez, era él que se sentía pequeño entre tanta maleta, tanto animal y tanta familia feliz y orgullosa despidiéndose, como contaría años después, solo tenía ganas de a) correr de vuelta a casa y ("y" que no "o") b) vomitar. El único motivo factible por el que recuerda haber tirado de su baúl a través de ese enorme pasillo, chocándose con alumnos mayores y siendo literalmente aplastado por el enorme ego de un tal Malfoy, es que su padre llevaba años buscando una solución para su enfermedad y Remus nunca le había visto tan feliz como cuando, tras la reunión con ese barbudo de Dumbletore o como se llamase, le dijo que iría a un lugar mágico, donde estaría seguro, aprendería mucho y estaría con otros chicos de su edad.

"Pero, papá, entonces tú te quedarás muy solo"

"Yo tengo a tu madre, hijo"

"Mamá esta enferma"

"Pero aún la tengo"

Remus realmente se sentía mal dejando a su padre con una madre moribunda buscando una solución para una enfermedad incurable, dando su propia salud. Realmente se sentía mal.

Recordará siempre que dos chicos, altos, bueno, más altos que él, Y ¿De que te extrañas? Todos son más altos que tú, le pasaron por al lado y se sentaron en el último compartimento vacío de ese vagón. Remus suspiró y se dijo que si los chicos rechazaban que él se sentase, no les culparía, empujaría su baúl a través de una unión de metal (En la que siempre se moría de miedo) y seguiría buscando.

-Perdón, ¿Puedo sentarme, aquí?

-¡Claro!

Después de unos años, una noche de borrachera, Sirius confesaría que el único motivo por el que dejo entrar a Remus fue porque daba pena. Sí, daba pena. Le había visto en el pasillo, pequeño, debilucho y bajito. Le dejó entrar por el mismo motivo por el que accedió a sentarse con Potter, porque sus padres nunca lo aprobarían. Y eso era una gran recompensa. Tras eso, Remus le daría un capote y James le llamaría Chucho, cabrón.

Pero todo eso no pasaría hasta años después por lo que un muy asombrado Remus Lupin, entró en el compartimento. Se sentó junto al que se presentó como James Potter y justo enfrente del tal Sirius Black, Adonis para los amigos, pequeñajo.

Pasó el carrito de las golosinas y Remus no compró nada, pero Sirius compró por los dos.

Y entonces lo vieron. Majestuoso, enorme, oscuro y lleno de luz, sobre un acantilado y junto a un lago enorme.

-Mi padre me dijo, que vendría a un lugar enorme que debía conquistar- Dijo el joven Black con suaves mechones acariciando las mejillas de Remus, ya que todos estaban pegados al cristal.

-El mío me dijo que era el mejor sitio del mundo- Dijo James, asomado por encima de Sirius.

-El mío me dijo que vendría a un sitio mágico- Dijo el pequeño Remus desde abajo.

Años después Sirius, antes de dormirse, le susurraría muy lentamente: "Tu padre es él mas listo, Remus"