Tal vez después


"¿Cuánto tiempo llevamos de conocernos?"
"Yo diría que mucho."
"¿El suficiente?"
"¿El suficiente para qué?"
"Para pedirte..."

Estaban en el departamento de Tomoyo, como casi siempre que se encontraban. Lo que había entre ellos comenzó lentamente a lo largo de años de compartir clases, algunos trabajos, incluso amigos.

"¿No vas a decirme nada?", preguntó él.
"No sé..."

Bajó la vista. No quería que lo viera. Pero Tomoyo sabía qué era lo que le pasa, y no era la primera vez que sucedía. Y es que él era mucho más... "frágil" de lo que podía parecer a simple vista. Y es que ella podía ser mucho más cruel de lo que mostraba a la gente, aunque pocos la acusarían de esto.
Tomoyo miró por la ventana y se dio cuenta de que ya no llovía, ahora nevaba. Aún no se explicaba cómo es que siempre el clima parecía saber cómo se sentía. Tal vez es solamente que se identificaba con lo que hacía cuando se fijaba.

"No te pongas así. Sabes que te quiero, a pesar de todo. Es solamente que... no estoy segura de que sea lo mismo. Pero te quiero. En serio."
"No me digas eso."
Lo miró y puso su mano en su hombro, pero él la rechazó.
"No me toques. No ahora."

Tomoyo no sabía qué decir. Realmente no era por lástima que estaba con él, ni por aburrimiento, ni por venganza. Aún después de haberse enterado quién era en realidad, había llegado a quererlo honestamente. Pero no esperaba que llegara más lejos.
Cuando lo supo, había pensado en no volver a hablarle, volver a los tiempos cuando lo único que hacía que ella supiera que él existía era la sombra que sentía que estaba tras su espalda.

"A ti te da igual lo que pase conmigo."
"No es cierto. Te necesito."
"Me necesitas solamente para una cosa. Que ni siquiera fue idea tuya. A veces pienso que me usas demasiado."
Él escuchó algo. Levantó los ojos y vio a Tomoyo con lágrimas en los ojos.
"Oye¿qué te pasa?"
"Eso quiero saber."
Él no sabía qué hacer. Nadie le había dicho que esto podía pasar, no estaba preparado para una situación así.
"Tranquila", dijo tocando la cabeza de Tomoyo con su mano.
"¿Qué... vas a pensar de mí ahora?"
"No pasa nada."
"Sí, no pasa nada."
"¿Ya estás bien?"
"¿Tú estás bien?"
"Sí."
"Yo también."

Tomoyo sonrió y se levantó para ir a la cocina.
"No entiendo cómo lo haces."
"¿Qué?"
"Sonreír ahora cuando hace menos de un minuto estabas llorando."

- - -

Tomoyo se había hecho el propósito de no salir con nadie con quien tomara clases o tuviera que trabajar; sabía que eso complicaba las cosas, tanto la parte de la relación como la parte académica, lo había visto muchas veces. Pensaba que tener que ver a alguien todos los días en la escuela, tomar clases juntos, tener las mismas presiones y los mismos amigos, y además tener que verlo en fin de semana para salir sería demasiado, y a la larga, aburrido.

Él era alguien con quien Tomoyo no tenía nada en común más que todo lo que quería evitar en un hombre. No estudiaba lo mismo que ella, pero llevaban materias en común, y ella estaba segura de que él procuraba que las tomaran en la misma clase.
Después de un tiempo, se encontró con que sus amigos se apartaban de ella cuando sentía cerca esa sombra, y sus amigas miraban divertidas y soltaban risitas. Fue así que empezaron a hablar, a trabajar juntos y luego algo más.

Tomoyo fue conociéndolo. Era un muchacho algo mayor que ella, inteligente pero impulsivo, gruñón pero amable, con buenas intenciones pero su genio lo dominaba. Más tarde conoció su parte devota y leal, pero al mismo tiempo vengativa y enfocada únicamente a ganar. Supo que si había una persona que seguiría algo --una causa o una persona-- hasta el final, ese sería él. Tal vez era eso lo que tenían en común más que cualquier otra cosa. Aunque él nunca lo diría ni lo aceptaría en público.
Porque, finalmente --no, desde el principio-- ese era el perfil que su trabajo requería.

Fue así que lentamente, sin apenas notarlo, naturalmente como si fuera algo que debía suceder, y a pesar de que los ojos de él le decían a Tomoyo que parara, habían llegado al punto sin regreso en el que se encontraban aquella noche. Después de todo¿cuándo había hecho caso ella de las señales que veía?

- - -

Tomoyo lo miró, y al encontrarse con sus ojos supo que no era broma.
"Tengo que pensarlo. Dame tiempo, hasta que regrese."
"¿Cuándo regresas?"
"En una semana, o semana y media."
"Bien. Puedo esperar. Pero prométeme que lo pensarás bien."
"Sí."'no quiero arrepentirme otra vez'

Se quedaron acostados como habían estado toda la tarde.
"No es normal que te vayas en primavera. Y a mitad de semestre."
"Tengo que ir a un evento importante."
"No eres de las que dejan de ir a clase. Habría sido más difícil para mí si lo fueras."
"No pude regresar el invierno pasado, y después de tantos problemas que ella tuvo. Seguramente este tampoco iré, porque las cosas serán diferentes y ella no va a seguir ahí. Pero tengo que verla."
"Uhm..."
"Es la boda de mi mejor amiga."

De pronto él se tensó y Tomoyo se dio cuenta.
"¿Qué pasa?"
"Eso me hace pensar que no vas a volver."
"No va a ser como la película."
"Es eso justamente lo que me preocupa"

Tomoyo tardó un momento en comprender, y recordó que él sabía lo que había pasado antes de que ella llegara a estudiar, y luego lo que sucedió en segundo año. Y lo apreciaba por respetar esa parte de ella, no porque sus sentimientos no le dejaran otra opción, sino porque fue parte de la razón por la que él se apareció en su vida. Los sentimientos surgieron después, y cuando ella pensó que estaba reponiéndose, que podría llevar una relación normal, estable y probablemente a largo plazo con alguien, todo volvió a desplomarse.
Empezó a pensar que no tenía nada de suerte. Pero él le mostró que aunque lo que los puso en el mismo lugar fue la voluntad de alguien más, lo que habían encontrado era real. Y no había sido con una confesión dramática, ni un arrebato de romanticismo por parte de ninguno de los dos, solamente sucedió que eran dos personas en la misma etapa de la vida, con objetivos similares que se encontraban a gusto en compañía del otro.

"No voy a ir a romper ninguna boda, ni a robarme a nadie. Hace un tiempo que dejé la idea."
"¡¡¡Entonces sí lo habías pensado¿¡Cuándo fue eso?!", gritó sentándose.
"Si eso es lo que te preocupa, es algo que pensé cuando estaba en preparatoria y no ha cruzado por mi mente desde hace mucho tiempo."
Él se cruzó de brazos y se echó sobre las almohadas.
"Me encanta cuando te enfadas."

- - -

El recorrido en el coche había pasado en silencio. Ella se había sentado a su lado, a pesar de que a él no le gustaba que lo hiciera. Él se había vestido de negro, pero no como todos los días, sino con un traje y corbata, a pesar de que a ella no le gustaba que lo hiciera, ya que le recordaba por qué lo había conocido.
"Bueno, ya es hora. Gracias por traerme."
"Es lo menos que podía hacer. Aunque sigo insistiendo en que yo debería acompañarte, podría visitar a mis padres. Pero al menos estoy seguro de que llegarás sin problemas."
"Quiero estar sola en el avión. Necesito pensar."
"No es como si tuviera que ir yo también a la boda. Creo que debería ir contigo porque si no se va a enojar..."
"¿Mi madre? Estará pensando en otras cosas. Además estaré todo el tiempo acompañada. Hay otros guardaespaldas allá."
"Hmm..."

Tomoyo supo que eso no lo calmaba, sino todo lo contrario.
"No te enfades. Eres el mejor de todos. Por eso te envió y aunque debería estar enojada con ella, no puedo porque por eso nos conocimos."
"Hmm...", pero él sabía dónde estaba parado en cuanto a Tomoyo.
"Entonces nos vemos en dos semanas."
"Vengo por ti. Llámame o escribe para que sepa a qué hora llegar."
Tomoyo se quedó muy callada.
"¿Qué pasa?¿Vas a decirme lo mismo que la vez pasada?"
"Solamente quiero... que sepas que realmente te quiero. Por eso, si conoces a alguien más a quien llegues a querer y te corresponda igual, quiero saberlo."