11 – El primer golpe
Sirius recuerda. Recuerda, de vez en cuando, su primera tortura. Recuerda que ese día llovía y él se quedó con el ahora mal nacido de su hermano, pero entonces, al fin y al cabo, su hermano. Recuerda a sus padres discutir a gritos, oyó unos cuantos golpes, la verdad, si la había pegado, no sintió pena ninguna. No podía. Su madre no era lo que se dice un trozo de pan. Sin embargo, ese día algo se agitaba dentro de él, un mal augurio y si en ese tiempo hubiese sabido que era eso, posiblemente no hubiese pasado el brazo sobre los hombros de su hermano y acercado a su cuerpo al crío que estaba muerto de miedo.
De lo que se acordará siempre, hasta el día de su muerte o hasta que le lavaran el cerebro, fue la mirada de su madre al salir de aquella habitación. Desquiciada de dolor, muerta de ira, ahogada en amargura.
-¿Qué miras?
-Nada, mamá.
Apretaba la varita con tal intensidad que podría haberse roto la mano.
-Sirius, ven al despacho quiero darte una lección.
Sirius siguió a su madre hacia el despacho, le dolían los huesos, no sabía que pasaba, pero tenía la impresión, tenía la jodida impresión de que no saldría de allí bien parado.
-¿Tienes, querido hijo, la ligera idea de porqué tu padre y yo hemos discutido?
-No, mama.
-Por ti.
-¿Por mí?
-Sí. Yo, a diferencia de tu padre, opino que hay que infundirte ciertas normas básicas. Me ha costado lo mío, como puedes ver- Su madre se levantó las mangas y Sirius pudo ver algunos cardenales recientes- Sin embargo, recuerda siempre, hijo mío, que esto es por tu bien. ¡Crucio!
Por su bien. Por su bien, claro. Sí. Sin duda. Sólo quiere morirse. En el justo instante en el cual la maldición choca con su pequeño cuerpo de ocho años. Y una mierda por su bien.
Con los años, Régulus dejo de ser Régulus para ser un mamón de mierda, hablando claro. Durante años, Sirius se martirizaba pensando, buscando una buena excusa por la cual su madre nunca trató así a su hermano. Y aun ahora sigue sin encontrar la diferencia. Pero la odió. Y la odia. Y la odiará siempre.
Sirius de vez en cuando recuerda, en sueños, y se despierta a las cinco de la mañana empapado en sudor frío, congelado desde el pecho. Pero tiene a Remus ¿Verdad? Sí, durante años ha sido una de las pocas cosas sólidas en su vida. Ha sido el que vela su sueño, el que se despierta cuando siente que algo va mal y lo abraza. "No pasa nada, Sirius" y "ya estoy aquí, Sirius". En esos momentos dan igual los cruciatus, los insultos, las palabras que una madre debería regalar a su hijo y jamás lo ha hecho. Dan igual porque Remus esta de su parte, y James y todos. Él ya tiene su familia, no necesita esa bruja ni a ese hermano desagradecido
Lo que no entiende, lo que no le entra en la cabeza, es cómo alguien como Remus es capaz de querer a alguien como él. Por eso, cuando la ligera idea de que él puede gustarle roza sus pensamientos, la aparta, apoya a esa nueva chica en la puerta y la besa.
Y lo malo de todo, es que el jodido pensamiento no deja de rozar su cabeza cuando imagina que la chica no es la chica.
