A tí, abuelo

19- I close my eyes and buy all my dreams.

Remus lo sabe. No sabe cómo, no sabe cuándo, pero lo único que es capaz de preguntarse es por qué. ¿Por qué mi abuelo? Está muy cansado y calcula que las fuerzas solo le llegaran para alcanzar la cama de su torre. Meterse bajo las mantas y dormir. Dormir una vida si hace falta. Dormir y quedarse inconsciente o, mejor, dar la vuelta al mundo. Tirar atrás en el tiempo. Esta enloqueciendo. Le duele el pecho y el corazón bombea demasiado despacio.

Entra en la habitación, llena de ruido. Sirius tiene puesta una canción gritona que acribilla su cabeza y sus sentidos, pero no se molesta en identificarla. Se cambia en silencio, manteniendo la calma, se mete entre las sabanas y echa las cortinas del dosel. Le duele la garganta de aguantar las lágrimas. Los ojos le escuecen y, sin embargo, el dolor es tan intenso. Tan adentro. Que no se siente capaz de llorar.

Su abuelo le cuidaba mientras mama estaba enferma y papa buscaba un remedio para su licantropía. Le leía cuentos, le enseñaba a cocinar, tocaba jazz y, una vez, le mordió la barbilla. Y le dolió una semana entera. Ahora los recuerdos vienen a su mente y hacen que le pique la nariz y le duela la barbilla.

-¿Remus?

Cierra los ojos. No quiere nada y lo quiere todo. Quiere un abrazo y no tiene ni idea de cómo pedirlo o si el echo de haberse besado un par de veces le da derecho a que Sirius le consuele porque su abuelo ha muerto. Muerto.

-¿Qué?

No es su voz, es algo que suena rasgado, roto, cascado.

-¿Qué pasa?

Sirius se sienta junto a él. Ese no es Remus. Es una especie de masa acurrucada bajo dos mantas. Parece que tiene frío. Incluso más frío que de costumbre.

-No me apetece hablar ahora.

Sirius lo acepta. Más por respeto que por otra cosa. Remus nunca le presiona, nunca le obliga a contarle sus pesadillas, ni sus secretos. Solo espera a que hable. Y supone que ahora le toca a él, para ser justos. Aunque se siente impotente viéndolo así.

Esta a punto de levantarse, pero se lo piensa mejor. Se tumba tras Remus y lo abraza. No sabe cuanto tiempo está así. Acariciándole el pelo y dándole la mano, a veces, Remus deja escapar una par de lágrimas e inconscientemente se aprieta más contra él.

-Mi abuelo ha muerto, Sirius.

Ya es tarde, lo sabe porque el sol ya se ha ido hace un rato y Sirius ha optado por meterse debajo de las mantas, empieza a refrescar.

No sabe que tiene que decir, no sabe consolar, no sabe ser amable con las personas que sufren y no tiene ni idea de lo que es que se muera alguien que quieres porque en su familia no hay nadie a quien quiera. Ni que le quiera.

-Lo siento

Pasan unos minutos y Remus gira sobre si mismo quedando a dos centímetro de Sirius. Le duele todo y a la vez no sabe que sentir.

-Gracias por quedarte.

-Ya, bueno, para algo están los amigos.

-Sí.

-O lo que quiera que seamos.

No le alegra lo que queda de día, pero le hace sentir mejor. Sirius le considera algo más que un amigo y, realmente, se siente algo más que un amigo.

Su abuelo a muerto y el lobo llora, pero el perro, sin saber cómo, le consuela.