# 2. Pureza
Los snorcram no existen
Aunque pudiera parecerlo desde fuera, Theodore Nott no estaba espiando a Lunática Lovegood. En absoluto. Simplemente la estaba observando sin que ella lo supiera, lo cual era algo completamente diferente.
Vale, tal vez que estuviera oculto tras uno de los enormes árboles de Navidad que el guardabosques había plantado en el hall pudiera dar que pensar, pero aún así, aquello no era lo que parecía. O sí, pero tenía una explicación.
Luna Lovegood le intrigaba. Él era considerado diferente en Slytherin, pero lo de Lovegood no tenía comparación con nadie que Theo hubiera visto. No le importaba en absoluto lo que los demás pensaran de ella, sino no iría por ahí con ese collar de corchos y esos pendientes de…¿era muérdago eso que colgaba de sus orejas?, de hecho, sí.
Salía del Gran Comedor tras un grupo de chicas de su casa, distraída, pasando con entusiasmo las hojas de un libro de desgastado cuero granate que era casi tan grande como ella. En la cabeza, entre el largo y despeinado pelo rubio, una diadema con cuernos de reno se sostenía precariamente, iluminándose cada vez que ella se detenía o se ponía en marcha.
Theodore vio cómo Lovegood se detenía, cerraba a su libro y miraba a las chicas que caminaban delante de ella, que se habían detenido sumidas en su conversación. Desde su posición, le llegaban retazos de sus palabras.
-…cumpleaños de Cho y todavía no sabemos qué regalarle –decía una chica de pelo rizado que si Theo no se equivocaba, se llamaba Marietta Edgecombe.
-¿Qué tal una túnica de gala? –sugirió otra.
-Túnicas de gala no, Julia, ya sabes que le recuerdan a Cedric –apuntó una tercera, y las cuatro chicas se sumieron en un silencio incómodo. Luna abrazó su libro y se acercó al grupito.
-¿Y un…
-Yo sé qué podéis comprarle –dijo Luna asintiendo suavemente. Las cuatro chicas la miraron como si acabara de brotar del suelo y mostraron una expresión escéptica.
-¿El qué? –dijo la cuarta chica con hostilidad, una rubia larguilucha -¿un puniper de esos?
Julia y la morena que tenía al lado se echaron a reír por lo bajo, pero Marietta golpeó en el hombro a la que había hablado y se volvió hacia Luna con expresión amable.
-Te lo agradecemos, Lovegood, pero no creo que puedas ayudarnos –dijo educadamente.
-Déjala hablar –sugirió Julia aunque sonreía irónicamente –tal vez pueda darnos alguna idea.
Luna sonrió dulcemente y se acercó un poco más a ellas, y Theodore se dio cuenta con fría ira, de que la tal Julia sólo pretendía reírse de ella. Se aplastó un poco más contra el árbol para poder escuchar mejor, irritándose cuando las ramas del abeto le arañaron una mejilla.
-El otro día la vi en la biblioteca, fue a pedir Las mil y una noches y se puso muy triste cuando Madame Pince le dijo que no lo tenían en Hogwarts –explicó Luna.
-¿Las mil y una noches? –repitió una de las Ravenclaw desconcertada.
-Es un cuento muggle –apuntó la rubia larguilucha mirando a Luna con otros ojos.
-¿Ese cuento que su abuela Mai le leía? –preguntó Marietta con aire pensativo e incómodo –Creo que le gustaría –se tocó los labios dubitativa y miró a Luna con agradecimiento -¿Sabes? Pienso que es el regalo perfecto, gracias, Luna.
Luna se limitó a hacer su sonrisa más amplía. Porque no la había llamado Lunática, ni Lovegood como hacía en las reuniones del ED, sino simplemente Luna.
-Bueno –la tal Julia parecía incómoda y Theo dedujo que se sentía avergonzada por haberse reído inicialmente de Luna, pero a él le seguía cayendo mal –tenemos que irnos, gracias.
-Adiós –respondió Luna despidiéndolas con una mano, mientras las cuatro chicas se alejaban hablando por lo bajo. Volvió a abrir su enorme libro y Theo decidió que ya era hora de dejar de comportarse como un acechador y regresar a su sala común, pero justo en ese momento, otro Ravenclaw salió del gran comedor y avanzó hacia Luna. Pasó por su lado y en un movimiento rápido y fluído le quitó la diadema de cuernos de reno y se la puso sobre el pelo castaño y abultado. Theodore frunció el ceño.
-Ey, Lunática –dijo el chico sonriendo mientras agitaba la cabeza iluminando los cuernos -¿de qué son estos cuernos¿De Snorcram?
Luna negó con la cabeza con aire indulgente y parpadeó, ocultando fugazmente el resplandor de sus ojos azul cielo.
-Todo el mundo sabe que los Snorcram no existen, Terry –replicó ella con paciencia–son cuernos de reno.
-Oh, vaya –el chico se encogió de hombros decepcionado hasta que vio a un puñado de alumnos de su casa atravesando el hall -¡Eh, tíos¡Mirad lo que he encontrado! –exclamó y se alejó corriendo para reunirse con sus amigos.
Para entonces, Theo ya estaba lo suficientemente cabreado –algo inusual en él -como para salir de su refugio tras el árbol. ¿Quién se creía ese tal Boot para quitarle su diadema a Lovegood y largarse con ella?
-Lovegood –dijo con más brusquedad de la que pretendía. Luna se volvió hacia él y pestañeó un par de veces como si estuviera enfocándole.
-Hola, Theodore Nott –le saludó amablemente.
-Boot se ha llevado tu diadema –replicó y acto seguido se sintió estúpido. Luna ya conocía ese hecho.
-No pasa nada –suspiró ella observando los cuernos iluminados de su diadema desapareciendo con Boot y sus amigos al fondo del pasillo.
Theodore se sintió incómodo. ¿Es que a Luna Lovegood le gustaba ese payaso?
-¿Te da igual? –preguntó con prudencia.
-Ya me la devolverá –le explicó Luna volviendo a sus ojos hacia él –a mí no me importa que se la quede si eso le hace feliz.
El Slytherin sintió un peso en su estómago. A Luna Lovegood le gustaba ese Ravenclaw ladrón.
-La gente se lleva mis cosas a menudo –continuó la chica –creo que les resulta divertido y yo quiero que se diviertan. Además, al final siempre me las devuelven.
Theodore miró a la muchacha y se preguntó si era posible que existiera alguien tan inocente y tan buena. ¿No se daba cuenta de que la gente se aprovechaba de ella¿Qué se divertían a su costa¿Qué le faltaban al respeto al llevarse así sus cosas?
Tal vez sí lo hacía, pensó Theodore, tal vez sí se daba cuenta de todo. Pero realmente no le importaba, no porque le gustara Boot o ningún otro, sino porque realmente quería que el mundo se divirtiera, aunque fuera a costa de ella. Porque no le importaba escuchar como se reían de ella, mientras rieran.
Y Theodore, acostumbrado a convivir con los astutos y ambiciosos, con los capaces de todo por el interés propio, no era capaz de concebir semejante bondad en una persona.
-Por cierto –dijo ella sacándole de sus pensamientos -¿Qué hacías escondido detrás de ese árbol?
Él se metió las manos en los bolsillos de su túnica, incómodo. Pensaba que nadie le había visto, mucho menos Luna.
-Bueno… -carraspeó y abrió la boca para darle alguna excusa, pero ella le interrumpió.
-¿Buscabas Elzohairs? –le preguntó maravillada con una expresión de felicidad tal, que Theodore se sintió extraño.
-Pues…-dio una pequeña patada a una piedra imaginaria y se irguió –sí –mintió.
Luna abrió mucho los ojos y sonrió.
-¿Me avisarás si encuentras alguno?
-Sí –repitió él. ¿Qué podía decir?
Luna le miró a los ojos y sonrió suavemente. Se acercó a él y el olor a cerveza de mantequilla y muérdago inundó el olfato de Theodore. Después, se puso de puntillas y le besó en la mejilla, breve pero firmemente.
-Gracias, Theodore Nott –dijo apartándose -Feliz Navidad.
Ella se marchó abrazando su libro y Theodore se llevó una mano al lugar donde ella le había besado. Y deseó que le llamara Theo, solamente Theo. Como nadie aún lo había hecho.
Aquí estoy con la siguiente viñeta, como ya dije, serán 7, una para cada virtud :) A mí no me acaba de convencer pero bueno, es lo que ha salido ;) Muchisimas gracias por la acogida de la viñeta anterior y feliz año para todos/as :D
Con cariño, Dry!
