# o6. Desinterés
"La estela de la Luna"
Ser diferente no era fácil. Theodore había notado a lo largo de sus años en Hogwarts que lo más sencillo para salir bien parado era no llamar la atención, lo cual significaba confundirse con el resto, unirse a la normalidad. Las personas que no eran normales nadaban contracorriente, golpeándose, sin querer, con los que sí lo eran. Y a la gente normal no solía gustarle los que no eran como ellos, porque eso les asustaba, les desconcertaba, creaba una brecha en el bucle de su rutina. Les hacía ver que había otras opciones si miraban a su alrededor y eso les daba miedo, porque era mucho más sencillo hacer lo que tantos otros hacían, seguir el mismo camino, en línea recta. Siempre en línea recta.
Pero entre esa marea que avanzaba sin salirse del sendero, una jovencita con el pelo tan largo como una banshee y tan claro como un rayo de sol, caminaba en zigzag. Giraba sobre sí misma, rodeaba a los demás, saltaba a un lado y corría por los margenes.
Theodore podía notarlo, aún cuando ella hacía cosas normales como caminar con sus compañeros hacia la siguiente clase. Porque Luna no encanjaba entre los uniformes oscuros, las lecciones cuchicheadas y los libros abiertos. Parecía perdida en otro plano, luminosa y única. Era un pie derecho en un zapato izquierdo. Y a Theodore le gustaba que lo fuera, le gusta porque lo era, y no pensaba permitir que nadie tratara de obligarla a ser lo que no era.
Por eso, posiblemente por primera vez en su vida, Theodore sintió rabia. Luna no había pasado frente a su clase a tercera hora como hacía cada jueves y Theodore se había extrañado. Por eso había cogido el pasillo por el que siempre había aparecido Luna y lo había seguido en dirección contraria a la marea de estudiantes, escurriéndose entre los huecos y mirando a todas partes, tratando de encontrarla. La localizó, arrinconada contra la estatua de una bruja embarazada, rodeada por Malfoy, Crabbe y Goyle. Draco estaba más cerca de ella y con un dedo tiraba de la tanza del collar de corchos de Luna, tensándolo de un modo que obligaba a la chica a inclinarse hacia él para no cortarse el cuello. El cabello de Luna caía como dos cortinas doradas ocultando su rostro, excepto sus ojos. Esos ojos tan saltones, ligeramente separados y tan límpidos como un cielo sin nubes. Y en ellos no había miedo, ni siquiera sumisión. Observaba a Draco Malfoy con una serenidad rayana en la compasión.
Pero Theodore Nott no se sentía tan sereno, de hecho, quería pegarle a alguien. A poder ser rubio, larguilucho y gilipollas.
-Eh, Malfoy –bufó acercándose.
-Nott –lo saludó el chico con un movimiento de cabeza sin dejar de sonreír con satisfacción –mira lo que hemos pescado. Dime, Lunática¿todos estos corchos son de botellas de whisky de fuego que te has bebido¿Es ese tu secreto?¿No estás pirada sino borracha?
Y se echó a reír, muy ufano por sus ingeniosos comentarios, coreados por las risas torpes y graves de Crabbe y Goyle. Theodore miró a sus tres compañeros de casa y pensó que nunca le habían parecido tan estúpidos. Bueno, Crabbe y Goyle sí, pero Malfoy no. Podía entender que se metiera con los hijos de muggles porque le habían educado para sentirse superior a ellos, incluso siendo comprensivo pasaba por alto que aterrorizara a los alumnos más pequeños, pues lo consideraba una manera de reafirmarse y demostrarle a todos su lugar en la jerarquía de Slytherin. Pero los sangre sucia podían defenderse y los pequeños crecían. Luna en cambio no pertenecía a ninguno de estos dos grupos. Su sangre no era impura ni estudiaba en los primeros cursos. Simplemente era objeto de las burlas de Malfoy porque era diferente y porque, según sospechaba Theodore, él sabía que no podía intimidarla y eso le enfurecía.
-No me gusta el whisky de fuego –repuso Luna con su vocecilla.
-¿Entonces quién es el borracho?¿tu padre? –Malfoy soltó una carcajada y tiró con más fuerza del collar de la muchacha, obligándola a inclinarse un poco más.
-Suéltala.
-¿Qué? –el chico se giró hacia Theodore que de una zancada se había plantado junto a él y le miraba friamente, sin expresión.
-Ya me has oído, he dicho que la sueltes y la dejes en paz –repitió Theodore en un tono neutro, pero matizado por una nota de acero.
Malfoy le miró con una mueca, como si no pudiera dar crédito a lo que estaba sucediendo. Theodore Nott nunca se metía en asuntos ajenos, y ni siquiera tenía asuntos propios. Todo Slytherin sabía que no se metía con nadie y que tampoco interfería cuando los demás lo hacían, simplemente se mantenía al margen. Y eso, precisamente eso, fue lo que hizo que Draco Malfoy soltara a Luna. Si cualquier otro le hubiera hablado de esa manera, posiblemente Malfoy le hubiera llenado la cara de verrugas, pero que fuera Theodore Nott lo dejó totalmente desconcertado.
-¿Qué problema tienes? –preguntó ladeando el rostro y mirando a Theodore como si quisiera entenderlo.
-Ninguno –repuso Theodore tranquilamente, cogió a Luna por una muñeca y la sacó de entre el grupo de Slytherin. Crabbe y Goyle se volvieron hacia Draco preguntándole silenciosamente qué hacer, pero el muchacho simplemente arrugó los labios y buscó a alguien nuevo a quién molestar.
-¿Por qué me has ayudado? –le preguntó Luna cuando se alejaron unos pasos –Son tus amigos.
-No son mis amigos –replicó él con indiferencia y se dio cuenta de que Luna observaba la mano con la que él la sujetaba por la muñeca, pero no la soltó. La muñeca de Luna era frágil y delgada y encajaba perfectamente en su mano. Le gustaba tenerla ahí. Del mismo modo que le gustaba que ella le mirara de esa manera, fijamente, como si no hubiera nadie más en el abarrotado pasillo.
-Eres raro, Theodore Nott –anunció ella y Theodore no pudo menos que esbozar una sonrisa torcida, porque la chica más peculiar del colegio lo considerara raro a él. Luna sonrió enigmáticamente como si supiera exactamente lo que Theodore estaba pensando y escurrió la muñeca entre los dedos del Slytherin. La mano de Theodore quedó colgando a su costado vacía y laxa, como si hubiera perdido su función, hasta que los dedos fríos y delgados de Luna se colaron entre los de él. Theodore los estrechó afectuosamente y ambos tardaron unos segundos en darse cuenta de que se habían detenido en medio del pasillo. Después reanudaron la marcha sin decir nada porque no hacía falta.
Y Theodore comprendió que nadar contracorriente era más fácil cuando seguía la estela de la luna.
Hola gente!
Sí, he tardado siglos en actualizar pero me he tirado dos semanas enferma, así que no podía acercarme al ordenador y mi inspiración estaba demasiado drogada para hacer gran cosa xD Esta es la penúltima viñeta, Consagración -la siguiente- y finiquitamos. Espero que os haya gustado. Es sencillita, como todas xP pero me he puesto un poco profunda hablando de lo difícil que es diferente. Supongo que todos sabemos lo que es serlo, y Luna es un ejemplo de cómo serlo y no avergonzarte nunca de ello. En la diferencia está la riqueza. Para mí ser raro es ser especial. Ser normal es muy aburrido¿no:)
Un beso enorme para todas/os, gracias por seguirme en estas viñetitas y tenerme paciencia. Como siempre, se aceptan críticas, ropa interior y flores :)
Con mucho cariño, Dry.
