Última viñeta.

Recomendación musical: Kiss me - Sixpence none the richer

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7. Consagración

"Calcetines mojados y sirenas"

Theodore pasó otra página del libro y alzó los ojos hacia el lago. Luna estaba allí, con los pies descalzos y la túnica recogida por debajo de las rodillas, correteando por la orilla con un desordenado chapoteo.

Plof, plof, plof.

De vez en cuando el sonido del agua agitada y de las gotas cayendo como rocío se mezclaban con las risitas ahogadas de Luna que aparecían espontáneamente como si se riera de cosas que sólo tenían sentido en su cabeza.

Theodore sonrió inconscientemente, mientras sus ojos seguían a la muchacha y su plof, plof, plof, pensando que realmente parecía estar un poco chiflada. Y se preguntó si el hecho de que eso le atrajera tanto no significaba que él también lo estaba.

-¿No vas a preguntarme qué hago? –le cuestionó ella y el chico se dio cuenta de que los chapoteos habían cesado y de que Luna le observaba fijamente. El sol la iluminaba desde atrás y su sombra temblaba sobre los brillos del agua. Una de sus pequeñas manos recogía la túnica mostrando parte de sus piernas demasiado blancas.

-¿Estás haciendo algo en concreto? –dijo él entrecerrando los ojos por culpa del sol.

-Sí –Luna asintió exageradamente y le hizo señas con una mano para que se acercara. Theodore cerró el libro y lo dejó sobre la hierba, intrigado. Se levantó y se quitó los zapatos sintiendo la gravilla aplastándose contra la planta de sus pies cuando llegó a la orilla. Luna le sonreía y su pelo refulgía bajo el sol. Ahora que la luz no le cegaba, él podía ver su rostro, los ojos enormes observándole con un brillo especial.

Theodore pensó que parecía una sirena de ojos saltones atrayéndole hacia el mar.

-Vas a mojarte los calcetines –le avisó Luna, pero Theodore se limitó a encogerse de hombros y avanzó hacia la mano que ella le tendía. Los dedos de los pies se le congelaron cuando entró en el agua, pero Luna le envió una corriente cálida cuando los dedos de su mano se enlazaron con los de él.

Últimamente ella solía aparecer de la nada y sin decir palabra le tomaba la mano. A Theodore le gustaba tener su mano allí, tan pequeña, los dedos tan finos y diminutos comparados con los suyos, hasta tal punto que se sentía extraño sin ella.

-¿Y bien? –preguntó él -¿qué vamos a hacer?

Su pulgar se deslizó casi inconscientemente sobre uno de los nudillos de Luna, trazó un círculo a su alrededor y regresó a su posición original. Luna abrió los ojos como un búho observando sus manos, permaneció absorta unos segundos y después parpadeó un par de veces, recuperando la concentración.

-Vamos a espantar la mala suerte –le informó decidida.

Theodore alzó una ceja.

-¿Y cómo vamos a hacer eso?

-Corriendo por la orilla –anunció Luna con una sonrisa dulce y antes de que Theodore tuviera tiempo de asimilar lo ridículo de la idea, ella echó a correr arrastrándole. La túnica de Theodore se empapó por las diminutas ondas que provocaban sus pasos acelerados y las gotas que desperdigaba cada chapoteo, y la risa alegre de Luna le impedía sentirse completamente estúpido, guiándole en la torpe carrera.

Recorrieron unos cuantos metros, venciendo la resistencia del agua, salpicándose a cada paso, hasta que Luna se detuvo tan abruptamente como si alguien la hubiera petrificado. Theodore frenó como pudo y observó totalmente desconcertado la sonrisa enigmática que la muchacha le dedicó.

-¿Sabes? Esto no espanta la mala suerte –le informó risueña.

Ésta vez Theodore alzó las dos cejas, luchando por no sentirse idiota. No entendía nada.

-Eso me parecía –murmuró con tono comedido, porque lo que para él no tenía sentido, para Luna Lovegood podía ser lógico.

-Sólo quería saber si lo harías.

Theodore guiñó un ojo –el sol le estaba molestando demasiado –y miró a Luna preguntándose si estaba riéndose de él. Después de todo le había hecho correr por la orilla del lago empapándose de paso sólo para comprobar si sería lo suficientemente estúpido como para ser capaz hacerlo. Pero no había rastro de maldad o de burla en el rostro de la muchacha, sólo un brillo extraño en los ojos que hacía que sus pupilas parecieran temblar mientras le miraba.

-¿Por qué? –murmuró ella.

-¿Por qué que?

-Por qué lo hiciste.

Porque soy imbécil, pensó Theodore. Pero no lo era, o sí, pero no le importaba.

Y podría haber dicho mil cosas para tratar de sentirse menos tonto, desde un no me dio tiempo a negarme hasta un socorrido no lo sé. Pero era un tonto demasiado franco.

-Supongo que porque me gustas –reconoció sin pudor, pues tal vez era demasiado tonto para sentirlo. O simplemente estaba algo chalado.

-Oh –musitó Luna. Ni sonrojos, ni sonrisas tontas. Sólo Luna, oh, y una gota de agua resbalando junto a su boca. Y Theodore decidió que si había recorrido medio lago en calcetines bien se merecía un premio. Sin vergonzosos titubeos, sin saliva bajando sonoramente por su garganta, ni respiración alterada, Theodore se inclinó sobre Luna con los ojos entrecerrados por el sol. Se posó en sus labios y presionó suavemente imprimiéndolos de una pequeña dosis de humedad y calor. Contó –uno, dos, cinco y diez –y después se retiró despacio. Cuando abrió los ojos ella le miraba fijamente, como si estuviera hipnotizada. Después ocultó los labios y Theodore supo que los estaba tocando con la punta de la lengua en el interior de su boca. Luego los palpó pensativamente con la yema de dos dedos y volvió a mirar a Theo.

-Es… agradable –murmuró con su vocecita.

Una sonrisa torcida se escapó a la boca de Theodore, porque en alguna parte de él sabía que ella diría algo así. Nada de castas huidas o de manos enlazándose en su cuello.

-¿Volverás a besarme? –preguntó Luna con serena esperanza.

La sonrisa de Theodore se torció aún más, como si alguien la hubiera empujado hacia un lado.

-Cada día –prometió y se cernió sobre Luna. Y justo cuando sus labios estaban a punto de volver a encontrarse, ella creyó conveniente aclarar algo.

-Tú también me gustas, mucho –explicó tan rápido que todo sonó como una única palabra. Theo sonrió sobre su boca y supo que Luna no había hablado tan deprisa por vergüenza sino porque quería que la besara ya, a juzgar por la rígida inmovilidad con la que de puntillas le aguardaba. Sin esperar más, Theodore la besó en los labios, acunando su pequeño rostro entre las manos como si fuera la más hermosa de las sirenas. Y cuando ella abrió la boca con la misma serena curiosidad con que hacía todo y la lengua de Theodore recorrió el interior de sus labios, descubrió que como había imaginado Luna Lovegood sabía a sueños y a criaturas mágicas.

Y muy probablemente, cualquier le diría que los sueños no tenían sabor y que nadie iba por ahí lamiendo a snorckarks de cuernos arrugados para saber que gusto tendrían, pero a Theodore Nott no le importaba.

Porque a fin de cuentas, todos estamos un poco locos.


Sí, es la última viñeta y me ha quedado rara. Pero como los protagonistas son rarezas a su manera, supongo que eso no es del todo malo. No sabía por donde coger la última viñeta y hoy en clase me vinieron ideas extrañas acerca de Luna y Theodore corriendo por un lago. Y siempre me imaginé que Luna respondería así cuando alguien que le gustara la besara. ¿Vosotros/as no? Por cierto, la canción es totalmente Luna, sino echadle un ojo a la letra xD me encanta.

En fin, hemos llegado al final de esta pequeña aventura de la Luna y una Serpiente, y como siempre, me gustaría saber vuestra opinión :) Esta vez sí, responderé a todos los reviews, aunque posiblemente tarde siglos xD Si no tenéis cuenta dejadme vuestros mails al firmar, y si me los dejáis dentro del review, ponerles espacios o ff(.)net los borrará. T.T

Sólo me queda daros un millón de gracias por darme un voto de confianza con esta pareja extraña. Fue un poco loco imaginarla y un poco loco escribirla. Imagino que también lo habrá sido leerla.

Porque a fin de cuentas todos estamos un poco locos :)

Gracias, de verdad.

Con mucho cariño, Dry!