Título: La Esperada Visita
Autora: kandra
Rating: PG
Pareja: Err... Tom/Harry (si llegas a cerrar un ojo puede que lo veas...)
Disclaimer: Todo de Rowling. Tú lo sabes... Yo lo sé...
¿Para qué negarlo?
Resúmen: Todos sabemos que lo inevitable es... pues, inevitable.
Nota: Respuesta al reto Lubricus de la semana: Bocado. Precuela (supuesta)
de "Aquel que Debemos Proteger". Supongo que haré de
esta trama una serie de fics... considerando que jamás llego a abarcar
lo que deseo en un solo reto ::sigh:: Pre-slash.
~*~
Su cabeza se sumergía en un mar de confusión. Un caos que abrumaba sus sentidos, impidiéndole comprender la real magnitud de su situación. Si hubiera tenido la fuerza para abrir los ojos, habría constatado que, efectivamente, todo era escarlata.
Oh, pero Harry Potter no necesitaba de aquella confirmación. Sabía que encontraría sangre. El sabor metálico en su boca, la languidez en sus movimientos, su dificultad para respirar, y el agudo dolor entre sus costillas, era más que suficiente. Probablemente verse a sí mismo en ese asqueroso estado sólo le serviría para arrojar lo poco de alimento que había conseguido robar en el almuerzo.
Soltó lentamente el aire en sus pulmones. Si lo hacía muy rápido, experiencia le dictaba que agujas recorrerían toda su corriente sanguínea. Lo que no le convendría, considerando que se hallaba batallando consigo mismo para mantenerse consciente.
Intentó sostener mejor su postura, pero falló terminantemente. Los brazos se negaban a obedecerle y su cuello ni siquiera tenía la energía suficiente para hacerlo levantar la cabeza. Mordiéndose la lengua para evitar gritar de frustración, Harry mantuvo su cuerpo desparramado sobre su baúl.
Era irónico pensar que todo lo que jamás necesitaría para huir de su horrenda prisión (en la forma de su siempre Alacena Bajo las Escaleras), se encontraba a la mano y sin embargo, fuera de su alcance. Ya bien por la expulsión de Hogwarts, su único verdadero refugio, o simplemente... por ausencia de fuerza.
Aunque aquello no sería un problema con el que debía preocuparse. Harry estaba seguro que luego que la visita de los Dursleys se retirara de la casa, sus tíos lo arrastrarían a su "habitación" y esperarían encontrarlo completamente sano en la mañana.
Como todos los días.
Sin embargo, en esta ocasión, el muchacho intuía que su magia había llegado al límite.
No habría un mañana.
Esbozo una sonrisa ácida.
Sí... ese era un pensamiento alentador. No habría un mañana... nunca más. No más Dursleys. No más Voldemort. No más Visiones. No más Maltratos. No más Hambruna. No más... Ya no más.
Tosió, tragando la cálida sustancia que brotó de sus pulmones cuando intentó reír.
-Ya sabes, Dudleykins. El Sr. Thellon es un inversionista muy importante, tienes que portarte como todo un caballerito.
-Afortunadamente, esa anomalía bastarda no estará presente para arruinar el contrato -un rudo golpe se oyó en la puerta de la alacena, seguido del sonido de la rendija al deslizarse sobre sus rieles.- ¿Escuchaste muchacho? No quiero oír ni un murmullo de tu parte, ¡o sino desearás no haber nacido!
Harry decidió que el intentar abrir los ojos era una pérdida de esfuerzo, así que fingió haber caído inconsciente.
-Deberíamos darle bocado, como a esos perros callejeros que son una lacra para la sociedad -gruñó Vernon.
Conteniendo sus risas sarcásticas y contentándose con una desganada sonrisa, el muchacho no pudo sino pensar que cumpliría los sueños de su "familia". Voldemort lo cogería uno de esos días, y a pesar de lo que pensaba la comunidad mágica, él tan sólo era un niño de quince años.
El timbre de la casa sonó en esos momentos. Después de varios sonidos inteligibles (probablemente mayores indicaciones de Vernon), se oyó la puerta principal abrirse.
-Muy buenas noches, Sr. Thellon...
Harry se imaginó al regordete de su tío haciendo su mejor impresión de lameculo. La visión le dio asco.
Silencio.
-¿No nos vas a invitar pasar? -inquirió con cierto desdén una demasiado conocida voz.
Su corazón se saltó un latido.
Imposible.
No podía ser.
No podría entrar.
-Por favor, Señores... Adelante.
No.
¡No!
Un segundo más tarde y casi pierde la conciencia.
Un rincón de su mente estalló en mil pedazos, llevando dolor y absoluto terror a todo cuanto era él. La distintiva característica de sus pesadillas se hizo realidad, mientras su tormento incrementaba con cada paso que Voldemort daba bajo el umbral de su *hogar*.
Pronto, casi pudo sentir su alma salir de su cuerpo. Tenía la ligera sensación de estar presenciando su prisión desde un ángulo demasiado alto. No que pudiera ver algo en la oscuridad, pero...
-¿Se siente bien, mi Señor?
Lucius.
-No... e-estoy bien.
-¿Seguro, Sr. Thellon? ¿Por qué no pasa a la sala a tomar asiento? Se ve un poco pálido...
-Por supuesto, Sr. Dursley -pasos que se alejaban de la puerta.- ¿Es esta su *encantadora* familia? -dijo con tono sarcástico, no que Vernon lo notara.
-Así es -tono orgulloso.- Esta es mi esposa Petunia...
-Mucho gusto.
-Y mi hijo Dudley...
-Es un placer, Sr. Thellon.
Un gruñido del Dark Lord y su death eater.
A través de la niebla de punzadas incisivas, Harry rió mentalmente ante la imaginada escena. El humor logró desensibilizarlo más de su cuerpo, lo que agradeció profundamente. Las costillas rotas eran soportables, pero Voldemort era demasiado para su pobre cuerpo.
-¿Qué hay de...oww? -Lucius.
-¿Perdón? -Vernon.
-Lo que mi compañero quiso decir, era que nos gustaría conocer a *toda* la familia... Nos hará sentir más en confianza, verá...
-¿Señor?
-¡Estoy bien, Lucius! -rugió Voldemort.- Es sólo un mareo...
-Esto es grave... ¿Usted cree que...?
Harry esperaba expectante el resultado de todo el embrollo. Estaba seguro que Voldemort lo encontraría, de eso no tenía duda alguna, pero se preguntaba si seguiría con su fachada toda la noche...
-Arg -pausa.- ¡Maldito Dumbledore y sus conjuros protectores!
"Parece que no."
-¿Co-conjuros?
-¡Al diablo con la charada! -estalló Lucius- Escúchenme muggles desgraciados, ¡¿dónde está Harry Potter?! Si nos lo entregan voluntariamente, prometemos hacer sus muertes completamente rápidas... aunque no sin dolor.
Gritos histéricos que Harry supuso pertenecían a su tía Petunia y Dudley.
Era extraño, pero encontraba difícil preocuparse por ellos. Ni siquiera se preocupaba por sí mismo. ¿Para qué?, una voz le decía. Todo acabará demasiado rápido... Al menos para él.
-Cru...
-¡Espera!
-¿Señor?
Sonido de pasos entre sollozos de fondo.
La oscuridad se estaba levantando. ¿Era eso un dorado demasiado brillante o simplemente blanco?
-No tenemos... tiempo. Algo sucede, Lucius... -jadeó.- Harry... está... Huelo sangre...
No. No era dorado ni blanco. Era luz de un color indescriptible. Oscilaba ante su vista, pero no podía identificar la exacta nominación. Fragancias de un lugar hace mucho tiempo olvidado llegó a él. Lirios y olores dulces abundaban... Y el sonido... ¡Qué hermoso sonido! Era el canto de pájaros... El aleteo de las mariposas. Un riachuelo... sí. Y la sensación... La brisa en su rostro, agitando su cabello. El sol bañando su cuerpo, inundándolo de calor...
El terrible sonido de una explosión lo arrebató de ese hermoso lugar, sumergiéndolo nuevamente en la oscuridad. Harry soltó un suspiro de frustración, de impotencia. Sabía que no era real. De ese material estaban hechos los sueños. Y todo el mundo sabía que las fantasías no eran para vivirse, sino para llorar por ellas.
Fuertes brazos lo levantaron de la superficie de la madera, recordándole lo doloroso que era poseer un cuerpo. Lágrimas de sufrimiento se resbalaron por su rostro ante la presión, todo su sistema nervioso gritaba ante el contacto que quemaba su piel.
"Avada Kedavra... Avada Kedavra, por favor..."
Era el único pensamiento conciente en su cabeza.
