Titulo: Cuando la razón es volátil
Autora: kandra
Rating: PG-13
Disclaimer: Err... ya saben... de Rowling? ._.
Pareja: Tom/Harry
Resumen: Harry no está en sus mejores cabales...
Nota: Slash. Respuesta el retro Lubricus. Secuela de "La esperada
visita".
RETO::
componenda.
(Del lat. componenda, t. f. del part. pas. de
componere, arreglar).
1. f. Arreglo o transacción censurable o de carácter
inmoral.
2. f. Cantidad que se pagaba en la dataría por
algunas bulas y licencias cuyos derechos no tienen
tasa fija.
3. f. coloq. Avenencia para evitar un daño.
~*~
Recuperó la conciencia, pero no abrió los ojos. Estaba ocupado resolviendo el dilema del *porqué* no experimentaba dolor. Aunque su magia se encargaba de regenerar su cuerpo día tras día de los maltratos, siempre conservaba los músculos entumecidos y una pequeña sensación de agujas en la carne.
¿Qué había pasado?
Le tomó varios segundos recordar lo sucedido, pero cuando lo hizo, un pánico lo sobrecogió. ¿Dónde estaba? ¿Y por qué estaba vivo?
-Sé que estás despierto. Lo veo en tu respiración. Es inútil ocultar lo obvio.
Lenta y temerosamente, abrió los ojos. La imagen de Tom Riddle lo recibió. Era mayor que su contraparte en el diario y ahora tenía los ojos rojos, pero seguía siendo Tom Riddle, sin duda alguna. Un más experimentado, perturbado, obsesivo, malévolo, cruel, imperdonable, y roído Tom Riddle.
Con una mueca en forma de sonrisa, Tom, es decir, Voldemort, murmuró algo incomprensible. Inmediatamente, varias cadenas ataron sus muñecas y tobillos a los postes de la cama.
¿Cama? ¿Qué hacía en una cama?
Harry se negó a soltar un sonido, contentándose con dirigirle una mirada furiosa a su verdugo.
-Es por tu propia seguridad, créeme -Voldemort ladeó su cabeza divertido.- Debiste ver cómo actuabas anoche... Casi le sacas un ojo a Lucius -rió al recordar.- No quiero sufrir el mismo destino. Disculpa mi falta de... ah... -sonrió entretenido.- Nunca fui un buen anfitrión, me comprenderás.
El tinte demoníaco en la mirada del Dark Lord, delataba que tan buen anfitrión era.
Un helado escalofrío recorrió su cuerpo, tan sólo al imaginar qué es lo que tenía preparado para él...
-¿Tienes frío, Harry? -preguntó con una impenetrable expresión, avanzando los pocos pasos que lo separaban de la cama en eterna lentitud.
El niño cerró los ojos, preparándose mentalmente a la corriente de dolor que estallaría de su cicatriz.
Se sorprendió de no sentir alguna.
En vez del sufrimiento, una presencia cálida inundó su ser. Abrió los ojos en sorpresa.
-¿Qué has hecho? -tono paranoico.
Necesitaba el dolor como una manera de poner una barrera entre él y el Dark Lord. El dolor era importante. El dolor era necesario. El dolor era crucial. El dolor era todo. Una forma de recordarle el sufrimiento que este hombre ocasionaba a los más inocentes. De hacerle olvidar de todas las similitudes que poseía con Tom Riddle. Mas ahora.... Se sentía protegido en su presencia.
Seguro era una trampa.
-Veo que se han alterado tus reacciones -comentó Voldemort, igualmente interesado.- Hmm... Que curioso.
-¿Curioso? -inquirió entre dientes, sin poder detener sus palabras.
Su captor se sentó sobre la cama, una dulce aura calmando los nervios de Harry. Eliminando su temor para reemplazarlo con...
¡Aggg!
Esto estaba mal... ¡Estaba TAN mal!
Conectaron miradas. Una intensa, la otra perdida en ensoñación.
-Dime Harry, ¿qué sientes si hago *esto*?
Y con una mano recorrió delicadamente su mejilla.
Chispas de placer evocó el contacto, enviando puro deleite a la mente del niño. Colores danzaron frente a sus párpados cerrados, mientras fragancias placenteras inundaban su olfato. Oh, era el paraíso. Todo pensamiento racional se disipó, dejando solamente la sensación de la caricia. Una dulce y frágil caricia. Una insuficiente caricia.
La mano pronto se retiró, sumergiéndolo en oscuridad nuevamente.
-¿Qué... -tomó aire- ...fue eso? -intentó controlar su corazón.- ¡¿Me has dado un afrodisíaco?! -acusó incrédulo.
Un brillo divertido se encendió en los ojos de Voldemort. El total parecido con Dumbledore hizo que Harry se asustara más. ¿Qué estaba sucediendo?
-Veo que debe ser algo placentero, ¿verdad? -sonrió cómplicemente, una expresión infinitamente macabra.- Al parecer la magia ha alterado nuestra relación... una vez más -susurró pensante.- Supongo que no será necesario superar esa barrera de dolor que experimentabas en mi presencia... -añadió para sí mismo.
-¿Qué magia? ¿A qué te refieres, maniático? ¡¿Qué me has hecho?!
Voldemort levantó la mirada, su expresión seria.
-Me debes la vida, Harry Potter. Y una deuda de tal magnitud tiene inesperadas consecuencias, sobretodo por la magia. Ésta ha efectuado una mutación en tu Maldición -rozó sus dedos con su cicatriz, distrayéndolo de las palabras y logrando que su espalda arqueara al contacto.- Pero éste no es el asunto de interés hoy -retiró la mano, permitiendo que la información calara en su cerebro.- Tengo un trato que proponerte, Harry. Un ofrecimiento que podría beneficiarnos exquisitamente... -le dirigió una sonrisa misteriosa, acercando su boca a la suya.
Harry tragó saliva y volvió a temblar, pero esta vez en anticipación de las palabras de su captor.
Se mordió el labio, frustrado que cuerpo lo traicionara.
Ojos escarlatas lo observaban con interés, intentando captar todas sus reacciones. La maldita sonrisa aún no desaparecía, y prácticamente podía sentir la respiración del otro en su rostro. Harry temblaba bajo todas las cubiertas de la cama. Podría haberse engañado diciendo que era de frío, pero sabía muy bien que era de excitación. Había sólo una imagen viva en su mente... y le estaba costando toda su concentración intentar eliminarla de su cabeza.
Felizmente, la atención de Voldemort estaba en su rostro... Estaba seguro que preferiría morir a dejar que el Dark Lord descubriera lo que el Niño-Que-Vivió tenía una erección en su presencia.
La sonrisa burlona de su captor, provocó un fuerte sonrojo en las mejillas del niño, quien tenía muchas imágenes indecentes corriendo libres en su cabeza... En las dos.
Tuvo que luchar el impulso de robarle un beso al hombre frente a sí, permitiéndose suspirar de alivio cuando Voldemort decidió romper el contacto visual para susurrar a su oído:
-Creo que tú y yo haríamos un buen equipo, Harry Potter. ¿No te gustaría estar a mi lado como un igual? Estoy seguro que apreciarás la completa libertad que te daré y los privilegios que tendrás en Poder cuando derrotemos a todo cuanto se nos oponga...
-¿Qué... -se obligó a decir por encima de sus estremecimientos- ...te hace pensar... -respiró- ...que yo... ah... ah... -cerró los ojos- ...aceptaré... esta componenda?
Y esta vez, los labios formaron una sonrisa hambrienta.
Harry no tuvo mucho tiempo para disfrutarla, pues esa misma boca bajó hasta la suya, decidiendo que necesitaba saborear todo rincón accesible. Y para su propia vergüenza, él respondió, permitiéndole la entrada con gran esperanza. Luchó con sus cadenas, necesitando forzar al otro a ejercer mayor presión, a consumirlo todo cuanto era él.
No supo cómo, pero las ataduras desaparecieron.
Poco después, las ropas también.
Y así fue como disfrutó, gimió, gritó, abrazó, arañó y murmuró frases producto de su pasión. Pero en toda la aventura, su compañero se mantuvo silencioso. Expertas manos y otras partes del cuerpo que Harry jamás imaginó posible, hicieron de palabras. Cabe decir que era unas hermosas palabras. Palabras intensas. Palabras aterradoras. Palabras cálidas. Palabras comprendedoras. Palabras coercitivas. Palabras consoladoras. Palabras... Millones y millones de Palabras.
Harry aceptó esas y mucho más.
Cuando todo terminó y sólo tenía el sentimiento de seguridad, tranquilidad y satisfacción, Voldemort volvió a hablar.
-Debes aceptar, Harry Potter. Acepta... porque estoy cansado de verte sufrir.
Sin animarse a responder más que con un simple asentimiento de cabeza,
cayó en un reparador sueño, seguro de obtener sus respuestas cuando
despertase.
