Capítulo 2 "Regreso a Hong Kong"
"Nervios, Dudas Y Nuevos Peligros Por Enfrentar"
Era un día nublado y frío, en la sala de espera del aeropuerto de Japón, cuatro figuras esperaban el anuncio del vuelo de las diez de la mañana. El profesor Kinomoto había partido hacía unas cuantas horas rumbo a Osaka por cuestiones de trabajo, no sin antes despedirse cariñosamente de sus hijos y desearles mucha suerte. Una chica de largo cabello negro violáceo y brillantes ojos azul rey corrió hacia ellos desequilibradamente por el peso de una maleta roja que llevaba colgada de un hombro, la larga falda de su vestido ondeaba en el aire detrás de ella al igual que su larga cabellera, sus pasos hacían eco en la enorme sala de espera cada vez que sus zapatos de tacón alto se impactaban con el reluciente piso. Traía puesta una bufanda color azul cielo sobre una blusa blanca de manga larga y en una de sus manos apretaba los guantes que se acababa de quitar mientras con la otra evitaba que el tirante de la bolsa se le resbalara del hombro, llegó hasta ellos jadeando y no pudo articular palabra hasta que se hubo sentado para tomar aire.
- "¡Sakura-Chan!" –alcanzó a decir en cuanto se calmó un poco, tenía las mejillas ligeramente coloradas a causa de la agitación- "¡Qué bueno que llegué a tiempo!"
- "¡Pero, Tomoyo-Chan!" –exclamó sorprendida la aludida al reparar en la maleta que su amiga ahora había asentado junto a ella- "¡Pensé que no ibas a venir con nosotros!"
- "No, no voy a ir, estoy ayudando a mi mamá con el diseño de unos juguetes nuevos…" –aclaró alargándole la maleta a su prima de ojos verdes- "Esto es para ti, son los vestidos que te hice especialmente para tu viaje a visitar a la familia de Li-Kun" –sonrió aún respirando agitada y le dirigió una cálida sonrisa al muchacho- "Por favor, asegúrate de tomar muchas fotos y enviármelas por correo…"
- "¡Tomoyo-Chan!" –se abalanzó sobre ella su amiga de cabello castaño claro, rodeándola con un fuerte abrazo mientras el muchacho sonreía levemente hacia la aludida y de sus ojos amatistas brotaba una tímida lágrima apenas perceptible- "¡Voy a extrañarte tanto! Pero prometo llamarte muy seguido" –ahora las lágrimas corrían a borbotones desde los ojos verdes de Sakura.
La chica Daidouji se separó ligeramente de su amiga ofreciéndole un pañuelo para secarse la cara. Ésta lo aceptó con una sonrisa y volvió a abrazarla después de haberse pasado el paño por el rostro, esta vez la joven de cabello largo correspondió el abrazo y se limpió disimuladamente la lágrima que había brotado de sus ojos unos instantes antes. En el fondo se escuchó una voz femenina anunciando el vuelo que ellos estaban esperando con un tono un poco cantado. Los dos muchachos universitarios que habían estado sentados en silencio observando a las chicas, se despidieron discretamente como dos buenos amigos y una vez que la diseñadora se despidió del chico de Hong Kong, los tres pasajeros se dirigieron a la entrada del avión. Tôuya había comprado un boleto con el número de asiento muy alejado a los de los otros dos, cosa que le dio muy mala espina al pequeño lobo. No podía haber tenido más razón en sus sospechas ya que el muchacho de cabello y ojos oscuros gruñó orillándolo a cambiar de asiento con él para no tener más problemas.
El vuelo había pasado más o menos en paz, salvo por las pocas ocasiones en las que la joven Card Master tuvo que correr al baño para liberar al pequeño guardián con forma de peluche que llevaba oculto en su equipaje de mano. Se quejaba por la falta de aire y de comida, por lo que cuando la azafata pasó por el pasillo ofreciendo bocadillos a los pasajeros, la chica de ojos verdes y cabello castaño claro se vio forzada a pedir doble ración con la cara ruborizada ante las burlas de su hermano mayor y la mirada extrañada de otros viajeros cuando la vieron introducir la segunda ración en el bolso. Pero lo más llamativo fue la forma en que éste lo recibió gustoso como si se tratara de un ser vivo (obviamente era obra de Kero, quien se regocijaba dando vueltas en el diminuto espacio por la tan esperada llegada de un poco de alimento) y la voz que creyeron escuchar surgir de él. Finalmente, después de algunas horas de vuelo, se encontraban frente a la banda automática que les devolvería las maletas que viajaron en el otro compartimiento del avión. Syaoran y Sakura estaban jalando juntos la maleta de la chica mientras el hermano iba a buscar un carrito para transportarlas.
- "Wei llegará por nosotros en cualquier momento" –le anunció el muchacho depositando el equipaje en el piso junto al de él (en realidad él llevaba una pequeña mochila que subió consigo al avión)- "Si no me equivoco…"
- "¡Xiao-Lang!" –una alegre voz femenina llamó desde el otro lado del aeropuerto, donde estaba una chica con un vestido chino de tela de seda, de la misma edad de los chicos, junto a un hombre medianamente canoso vestido con un esmoquin- "¡Kinomoto-Chan!"
- "¡Meiling-Chan!" –exclamó la chica agitando la mano en el aire alegremente, su hermano ya había llegado a su lado y estaba subiendo las maletas de su hermanita en él- "¡Qué bueno que viniste!"
Viajaron en la limusina de la familia Li, conducida por el mayordomo, las dos chicas platicaban emocionadas mientras Syaoran miraba los edificios pasar distraídamente a través de la ventana y Tôuya se revolvía incómodo en su asiento, nervioso y sin saber por qué tenían que ocurrir ese tipo de cosas. El clima era frío pero definitivamente mucho más cálido que en la isla nipona, no había nieve cubriendo las calles aunque soplaba un viento fresco entre los cristales de los rascacielos. El automóvil se detuvo frente a la misma casa que algunos años antes visitaron en busca de ropa seca para la chica de mirada esmeralda, aún era igual de imponente, con sus jardines palaciegos y ese toque tradicional de una casa China, inclusive aún emanaba de ella el gran poder del cual era poseedora la dinastía que la habitaba. En la entrada estaban paradas cuatro mujeres jóvenes, cuyas edades oscilaban entre los 20 y 27 años, todas de cabello castaño rojizo aunque de diferentes longitudes y vestidas en alegres trajes chinos modernos. En cuanto la Card Master bajó del vehículo, las cuatros se abalanzaron encima de ella abrazándola cariñosamente y diciendo que era hermosa.
- "Ya estás en casa, Hsiao-Lang" –la voz serena y penetrante de Yelan hablando en chino se escuchó haciendo que su hijo se pusiera rígido como solía hacerlo cuando era niño- "La ceremonia será mañana" –dirigió la mirada fría hacia la chica que casi estaba siendo sofocada por sus cuatro emocionadas hijas y le habló en japonés para que pudiera entenderla- "Ven conmigo, Kinomoto-San, te llevaré a tu habitación para que desempaques tus cosas."
- "Mmmmh…" –balbuceó la aludida zafándose del abrazo de una de las mujeres gracias a la ayuda de su novio, quien había abandonado su postura de excesivo respeto por un instante para acudir en su auxilio- "Disculpe… Li Yelan-Sama…" –dudó cómo plantear la idea lanzándole una mirada nerviosa a su hermano que estaba parado junto a la limosina.
- "Supuse que algo así ocurriría" –respondió la señora sin dejar de darles la espalda pero deteniéndose en su camino hacia el interior de la casa- "También mandé preparar una habitación para él, síganme por favor."
La habitación que se le había asignado a la chica era la misma que había ocupado aquel entonces cuando se quedó a dormir ahí por primera vez… en compañía de Tomoyo, Yukito y su hermano ¿Sería casualidad? (("En este mundo no existen las coincidencias, sólo existe lo inevitable")) recitó ella casi por reflejo, de algún modo le había llegado a la mente la famosa frase del amo Clow. Pero de todos modos ¿Significaba algo¿Quería su futura suegra decirle con eso que las cosas no habían cambiado? Pero¿Cambiado respecto a qué¿Qué seguía estando de su lado y la aceptaría con la misma amabilidad¿Qué seguía siendo una niña con mucho poder pero ajena a la familia? Se tiró en la cama suspirando mientras el pequeño muñeco de felpa volaba alrededor del cuarto, feliz de por fin tener la oportunidad de estirar las alas. En la habitación contigua, su hermano mayor daba vueltas como león enjaulado preguntándose cómo rayos había acabado dentro de esa mansión llena de gente desconocida y que no tenía nada que ver con él. Extrañaba a su persona especial y en esos momentos casi se lamentaba haberlo dejado en Japón, no haber encontrado la manera de evitar esa separación.
- "No debiste decir que sí tan rápido" –por los amplios jardines paseaban dos figuras como almas en pena, hablando en chino en un susurro que hacía eco fantasmagóricamente en el espacio vacío- "Sabes que es peligroso" –se mordió el labio inferior para resistir la tentación de revelar ese secreto que había estado llevando durante tanto tiempo dentro de su corazón.
- "Si no lo hubiera hecho, ella me hubiera insistido hasta hallar el modo de obligarme" –llevaba las manos dentro de los bolsillos y la mirada perdida en alguna parte del piso- "De todos modos no tengo miedo… tomaré el riesgo que sea necesario… lo lograremos, estoy seguro…"
- "¡Pero tía Yeh-Lang no va a descansar hasta lograr lo que quiere!" –la chica reflejaba preocupación en su mirada rubí- "¡No sé que es exactamente lo que ha estado planeando pero definitivamente no es algo bueno¡Ella quiere que tú tomes tu lugar como el heredero legítimo de la dinastía!"
- "Lo sé Mei-Ling, lo he sabido desde que tengo uso de razón" –confesó miserablemente el muchacho mientras una ráfaga de viento revolvía sus ya alborotados cabellos castaños- "Y al principio yo también quería eso pero ahora… ahora sólo quiero a Sakura…" –en sus ojos marrones había una determinación que hizo que su prima tragara saliva, consternada.
- "Lo siento mucho, Xiao-Lang…" –su voz estaba tan ahogada en un suspiro que su primo no pudo escuchar lo que dijo, aunado a que él también estaba hundido en sus propias especulaciones mientras ambos se dirigían a la casa porque se aproximaba la hora de la comida.
La antigua Card Captor estaba separando los nuevos atuendos que su mejor amiga les había confeccionado, se trataba de algunos modelos muy elegantes, propios para la ocasión y con un ligero toque oriental, muy diferentes a los estrafalarios diseños que la había hecho usar cuando capturaba las, en aquel entonces, cartas Clow. Los había extendido sobre la cama preguntándose cuáles serían las mejores ocasiones para usarlos y cómo distinguirlas, al final, decidió pedirle consejo a su prometido y comenzó a guardar toda la ropa (tanto la que era de ella como la que le había dado su prima) en el armario de la habitación. Alguien tocó a la puerta y ella le indicó que podía pasar con una amplia sonrisa, Kero ni siquiera se molestó en intentar ocultarse ya que en esa casa, toda la familia practicaba magia y podía sentir su presencia (A excepción quizá de Meiling y de Tôuya pero ellos ya lo conocían). La chica de largo cabello negro lacio atado en un odango del cual salía una coleta, entró sigilosamente a la habitación con una sonrisa nerviosa, había sustituido sus dos chonguitos infantiles por uno solo para marcar la etapa de transición de niña a mujer en la que estaba entrando.
- "Mi madre y algunos otros parientes vendrán a comer el día de hoy" –comentó con un tono casual mientras se sentaba en la cama mirando a su alrededor como si fuera la primera vez que entraba al aposento- "Todos quieren conocerte, Kinomoto-Chan."
- "¿Crees que deba usar alguno de estos?" –preguntó tímidamente la aludida extendiendo los vestidos que ya había colgado en el clóset- "Tomoyo-Chan me los dio pero siempre es ella la que elige qué es apropiado para la ocasión… yo no soy buena para esto…"
- "Creo que no es un evento muy especial… sólo es una comida entre familia" –concluyó la chica china de rojas pupilas tras reflexionar un rato con el dedo índice apoyado en los labios- "Si quieres puedo prestarte algo de mi ropa, ven conmigo…" –se levantó y la guió hacia su propia habitación tomándola de la mano.
- "Muchas gracias, Meiling-Chan" –agradeció la joven sonrojándose porque de reojo había visto a Syaoran sin playera a través de una puerta semi-abierta (él se estaba cambiando y por despistado no cerró bien la puerta)- "Estoy muy nerviosa por todo esto…"
- "No te preocupes" –la animó la susodicha abriendo la puerta de su cuarto para dejarla pasar y enseguida se dirigió al armario para abrirlo, luego giró hacia un mueble que estaba a su lado y abrió varios cajones lo suficiente para que se pudiera apreciar su contenido- "Xiao-Lang y tú se aman, eso es lo que importa… elige lo que más te guste" –había algo en su sonrisa que no era natural, pero su interlocutora era demasiado ingenua para notarlo.
- "¡Meiling-Chan¡Yo no puedo hacer eso!" –se ruborizó la Card Master retrocediendo unos pasos y moviendo la cabeza negativamente.
- "Nuestra familia es muy ortodoxa…" –divagó la antes mencionada buscando entre la ropa que le había mostrado a su amiga- "Algunas de las personas que van a venir viven en el siglo pasado así que será mejor que uses algo que no les recuerde demasiado que están pasados de moda, eso podría perturbarlos…"
- "¿Hoe?" –había signos de interrogación flotando alrededor de su cabeza a la vez que se imaginaba a sí misma usando algún tipo de vestido chino ancestral, a su lado, su pequeño guardián amarillo se quejaba impaciente porque ya quería comer- "Muchas gracias, Meiling-Chan, no sé qué haría sin tu ayuda."
La jovencita de lacio cabello azabache simplemente se sonrojó con una sonrisa perturbada dándole un sencillo cheongsam color verde esmeralda con adornos dorados y sacó uno rojo con morado para ella. Ahora más que nunca le estaba pesando seguir guardando ese secreto, sabía que muy pronto éste saldría a la luz pero no lograba entender por qué se los había ocultado, aparentemente no tenía importancia y no había gran diferencia entre si lo sabían o no, de todos modos iban a enterarse tarde o temprano pero… si ella se había esforzado tanto por mantener a su primo informado de todo lo que pasaba en la mansión ¿Por qué había decidido omitir ese detalle¿Podría ser que en el fondo de su corazón ella realmente lo seguía queriendo de la misma forma? No podía permitir que eso pasara ¿O es que en realidad no confiaba en la maestra de cartas¿Realmente pensaba que ella podría ser una mejor esposa para su primo que Sakura? Entonces ¿Por qué la hipocresía? Ella no era así, forzó una sonrisa con todo su empeño y se empezó a cambiar balbuceando que se les haría tarde. La japonesa comprendió el mensaje y salió de la habitación para volver al cabo de unos minutos, ya arreglada.
Juntas se dirigieron al comedor donde ya estaban sentadas varias personas. Era una mesa larga en cuya punta estaba imponente y orgullosa la señora Yelan, rígida como siempre con los labios rojos contrastando drásticamente con la pálida piel de su rostro pero a la vez igual de resaltantes que la negrura de su cabello y sus ojos grises azulados. Vestía un cheongsam con un cinturón de joyas que colgaban y sonaban como cascabeles con cada movimiento. Su expresión era seria y fría como cuando la conocieron, obviamente de ahí había heredado Syaoran su personalidad. A cada lado de ella estaban dos de sus cuatro hijas, con cabello castaño rojizo y vistiendo atuendos igualmente de llamativos pero un poco menos elaborados en cuanto a la incrustación de piedras brillantes, todas sonreían alegremente con un ligero rubor en las mejillas lanzándole miradas a Tôuya quien estaba sentado casi al otro extremo de la mesa, con una camisa de manga larga y pantalón de vestir. A lo largo de la mesa estaban sentados algunos familiares vestidos con ropa no tan elegante pero con toques de tradicionalismo, entre ellos vio a una mujer igual de rígida que la jefa de la familia pero con un aire de amabilidad en los ojos color rubí y el cabello negro y lacio suelto que le llegaba hasta la cintura, inmediatamente la reconoció como la mamá de Meiling.
Sintió una mano cálida tomar la suya y al voltear se encontró con esos ojos marrones que inundaban sus sueños y todas las preocupaciones y el nerviosismo se le escurrieron del cuerpo, él la guió cariñosamente hacia un lugar más o menos céntrico donde se sentó a su lado, al otro lado de él, se sentó la prima de los ojos escarlata. Él estaba vestido con un cheongsam masculino sencillo en color blanco y negro, su cabello ligeramente revuelto contrastaba con la formalidad de su actitud haciéndolo lucir reservado pero a la vez impetuoso. Se quedaron en silencio esperando hasta que la mesa se llenó de gran parte de la familia Li, todos ellos lanzándole miradas inquietas a la recién llegada y casi sin prestar atención a la presencia del hermano mayor. Tomaron sus lugares no sin cuchichear disimuladamente echándole vistazos de vez en cuando cada vez que pensaban que ella no podía verlos. Syaoran apretó su mano cariñosamente por debajo de la mesa para darle seguridad aunque en su rostro no había rastro alguno de las sonrisas con las que siempre le expresaba su apoyo, Sakura entendió bien la razón en cuanto se percató de que los severos ojos de la señora Yelan estaban fijos sobre él, y aunque el pequeño lobo no la veía, estaba segura de que podía sentir claramente esa mirada sobre él.
Al poco rato de que los invitados habían terminado de llegar, sigilosamente, como si se tratara de un ejército completamente sincronizado, los empleados caminaban de un lado a otro llevando y trayendo bandejas llenas de exquisitos manjares, sirviéndolos elegantemente en el centro de la mesa. Al mismo tiempo, del mismo modo en como comenzaron a moverse, los sirvientes se quedaron completamente quietos enfilados junto a la pared como si fueran estatuas custodiando el comedor. La actual líder del clan hizo un ligero movimiento que hizo que su hijo tensara todos los músculos del cuerpo y en cuanto el primer bocado tocó sus labios, los demás dieron por hecho que ya tenían permiso de comenzar a comer y así lo hicieron. Un profundo y sepulcral silencio reinaba en la mansión, sólo se escuchaba de vez en cuando los palillos de plata internarse en alguno de los platos comunales haciendo eco en el enorme espacio del comedor, nadie se atrevió a pronunciar una sola palabra hasta que el personal de servicio hubo retirado los platos vacíos para luego volver a adoptar sus puestos de centinelas inanimados. La chica japonesa no entendía el por qué de ese ambiente tan tenso, ella estaba acostumbrada a comer con su familia platicando alegremente acerca de asuntos aparentemente triviales y ahora comenzaba a contagiarse de esa rigidez que ahora presentaba su novio.
- "Todos están aquí porque saben que mañana se hará una ceremonia muy importante" –habló en chino la líder del clan clavando sus ojos oscuros en su único hijo varón, una vez que todos hubieron terminado de comer- "Sin embargo, no será sino hasta dentro de un mes, cuando se celebre la presentación definitiva de la prometida de mi hijo, cuando haya sido seleccionada."
Se levantó dejando grandes signos de interrogación en las cabezas del recién llegado ¿Qué quería decir con eso¿No habrá querido decir, "Cuando haya sido aceptada"? Esta situación se estaba poniendo muy rara y la chica de rojas pupilas se retorcía incómoda en su silla al ver la consternación en sus primo, porque ella sabía muy bien de qué se estaba hablando y sin embargo, a pesar de haberle escrito insistentemente a su primo para mantenerlo lo más informado posible, había omitido ese detalle a propósito. A pesar de eso no sabía bien por qué lo hizo y ahora ante las palabras de su tía, sabía perfectamente bien que se acercaba el momento de dar algunas explicaciones. Incluso Kero, quien había ocupado su propio lugar en la mesa, volteaba en todas direcciones tratando de captar algunas de las palabras que decían los invitados. Todos comenzaron a levantarse de sus lugares sin dejar de cuchichear por la nueva noticia, si bien entendían lo que la señora Ylean había dicho, eso no había evitado que pensaran desde un principio que la chica japonesa había sido llevada a Hong Kong como la prometida definitiva del joven heredero de la dinastía. Meiling se levantó con la mirada en el piso y les indicó a sus amigos que la siguieran, caminaron por un rato en silencio hasta internarse en uno de los inmensos jardines que rodeaban la mansión.
- "Supongo que se habrán dado cuenta" –comenzó a hablar tímidamente sin atreverse a ver a los ojos a ninguno de los dos interlocutores- "…de lo que mi tía quiso decir hace un momento" –llevaba las manos entrelazadas una con la otra detrás de su espalda.
- "¿Qué fue eso, Meiling-Chan?" –inquirió la chica de ojos verdes acercándose a la aludida pero sin soltar la mano de su novio que sostenía cariñosamente, el leoncito alado volaba tras ellos con las patitas cruzadas y una expresión de enfado por este último detalle- "¿Tú sabes a qué se refería? La verdad no entendí nada porque no hablo chino…" –los dos chicos y el guardián que iban con ella cayeron ruidosamente al piso.
- "Sí sé, Kinomoto-San" – confesó la chica de cabello negro lacio con una gotita de sudor en la cabeza, la joven de cabello castaño corto palideció ante la mención tan frívola y formal de su nombre- "Xiao-Lang… de ahora en adelante ya no pueden confiar en nadie, ni siquiera en mí…" –suspiró lastimosamente- "Tía Yelan ha elegido a cuatro prometidas más para ti, Xiao-Lang… ellas vienen de distintas partes de China y son herederas de clanes muy poderosos" –hubo un silencio en el que los dos jóvenes enamorados la veían con mirada interrogante- "Vendrán para ser evaluadas junto con Kinomoto-San y en un mes se formalizará el compromiso con la que resulte electa."
En una de las desiertas habitaciones de la mansión Li, una figura alta y fornida caminaba dando vueltas con la mirada baja. Se sentía totalmente fuera de lugar, no le importaba demasiado el hecho de ser ignorado por casi todos los presentes, excepto quizá por cuatro molestas mujeres que parecían no aburrirse de pellizcarlo y acariciarlo, irónicamente hasta esto hacía que se acuerde aún más de "él", la imagen de todo un mes sin volver a verlo se le hacía devastadora, pero no podía darse el lujo de volver a Japón, tenía que quedarse a proteger a su hermana menor… especialmente ahora que iba a vivir bajo el mismo techo que ese "mocoso" por un mes, era su deber cuidar de ella, especialmente durante las noches. Sacó de su billetera una pequeña foto tamaño infantil, desde ese diminuto cuadrado le sonreía un muchacho de cabello negro grisáceo y ojos color caramelo a través de unos grandes anteojos, sonrió ligeramente, imperceptiblemente… solamente "él" hubiera podido ver esa sonrisa detrás de su rostro inexpresivo. Volvió a guardar la foto como un tesoro preciado y se tiró en la cama suspirando, ahora tenía que concentrar todas sus energías en resguardar a Sakura de la perversión del "mocoso" de Hong Kong.
- "¡¿QUÉÉÉÉÉ?!" –el peluche amarillo había abandonado de golpe su guerra de miradas con el chico de ojos marrones para abalanzarse sobre la chica que acababa de hablar- "¿Eso significa que Sakura no tendrá que casarse con el mocoso?" –una luz de esperanza brillaba a través de sus diminutos ojitos.
- "¡Esto es horrible!" –se quejaba la antigua Card Captor tapándose la boca con ambas manos ignorando a su impertinente guardián, Meiling estaba sentada sobre un piedra con una expresión miserable y mordiéndose el labio inferior, su largo cabello negro volaba con el viento invernal- "Seguramente todas ellas son hermosas y con grandes poderes…"
- "Pero yo te amo a ti, Ying-Fa" –ambas chicas se estremecieron con el nombre, aunque la chinita lo disimuló atrapando a Kero entre sus manos para evitar que se interpusiera entre la pareja mientras que la japonesa abrazó al chico, agradecida- "Y estoy seguro de que vas a hacerlo muy bien, confío en ti."
- "Gracias, Syaoran" –respondió ella, acomodada entre los fuertes brazos del muchacho- "Tienes razón, debo tener fe en que todo va a estar bien."
Se abrazaron tiernamente mientras la joven de mirada rubí trataba desesperadamente de encontrar algo en donde fijar la vista, estrujando con todas sus fuerzas al muñeco que aprisionaba en su regazo. Había logrado a percibir de reojo, que los labios de sus dos amigos se acercaban peligrosamente y no quería ser testigo de una escena como esa, tanto por que apreciaba la privacidad de los dos jóvenes como por la repentina envidia que comenzaba a sentir sin saber por qué… bueno, sin querer aceptar por qué. Una lucha interna se desataba en su interior, a pesar de haber confesado ese secreto que había estado guardando durante tanto tiempo, no había sido capaz de revelar ese último detalle, la verdadera razón de por qué lo había mantenido oculto. Un grito entusiasmado atrajo la atención de los tres chicos y los hizo correr hacia el lugar de donde éste provenía, cruzaron los jardines de la mansión sin estar seguros de que el sonido hubiese sido provocado por júbilo o por horror. La falta de presencia mágica amenazadora tranquilizaba de algún modo a los dos antiguos Card Captors pero aún así, la mágica no es la única amenaza que existe en el mundo ¿O sí?
Cuando llegaron al vestíbulo, que es el sitio de donde provenía todo el alboroto, una limosina extraña llamó la atención del joven heredero del clan Li. No podían ver bien a causa del congestionamiento de gente que rodeaba a "algo" en el centro del lugar. Sin embargo, ahora se sentían tranquilos de saber que los gritos eran de emoción y que provenían de las locas hermanas mayores del muchacho. Nada de qué preocuparse. Por otro lado, Tôuya llegó hasta ellos abriéndose paso con dificultad entre la gente y se apresuró a interponerse entre los novios intercambiando miradas asesinas con su futuro (¿O no?) cuñado y ante la indignación de la prima de éste. De todos modos estaban demasiado apretados entre los presentes como para intentar iniciar una discusión. La joven maestra de cartas trató de asomarse entre los espacios vacíos, el guardián del sol en su forma falsa volaba sobre todos ellos y vio perfectamente bien qué era lo que estaba en el centro de toda esa multitud… o más bien quién era, un nombre pronunciado por uno de los presentes hizo que Meiling abriera los ojos desmesuradamente y se quedara petrificada.
- "Ha llegado" –dijo con una mirada de terror hacia la nada, su primo, el peluche y los japoneses voltearon a verla con ojos interrogantes.
Era de noche en la mansión Li, casi todos estaban dormidos después de haber tenido una cena llena de sorpresa y sentimientos encontrados entre los diferentes comensales. La señora Yelan había permanecido igual de inmutable que cuando su hijo llegó de Japón, sin embargo, había algo en sus ojos que revelaba una gran satisfacción. Sakura y Syaoran no pudieron hablar mucho porque el hermano de la chica se interponía entre ellos con molesta insistencia, como si esperara que con la llegada de la noche, el novio de su pequeña hermana fuera a sufrir alguna clase de transformación demoníaca e intentara abusar de ella. Finalmente se resignaron a despedirse desde lejos con un beso volado furtivo y una sonrisa de resignación, la chica de ojos verdes entró a su habitación seguida de cerca por su autonombrado centinela, pero de algún modo se las arregló para pedirle a la prima de su enamorado que se quedara a pasar la noche con ella. Al cabo de un buen rato, ninguna de las dos se había dormido y se encontraban sentadas en la orilla de la cama con sus pijamas puestas. En el silencio imperante sólo se escuchaban sus leves susurros acompañados por los murmullos del viento.
- "Kinomoto-San, yo quería preguntarte…" –comenzó la chica de cabello lacio y coloradas pupilas observando distraídamente a su alrededor en busca de un punto donde fijar la vista.
- "Antes que me preguntes cualquier cosa tendrás que hacerme un favor" –la interrumpió la aludida mirándola fijamente, la chinita asintió sin devolverle la mirada- "Deja de llamarme 'Kinomoto', llámame Sakura ¿Sí?"
- "De acuerdo, Sakura-San" –en sus labios se dibujó tenuemente la sombra de una sonrisa llena de tristeza, pero su actitud se hizo un poco más cálida- "¿Cómo es que no entendiste lo que dijo mi tía si desde que Xiao-Lang regresó a Japón, te empecé a escribir poco a poco en chino?"
- "¡¿Hoeeee?!" –se extrañó la chica con la cara sonrojada sin entender completamente lo que su amiga le estaba tratando de decir, inclinando levemente la cabeza hacia un lado.
- "Supuse que le pedirías ayuda a Xiao-Lang…" –continuó la joven de cabello lacio, ahora trenzado y atado con un listón azul al igual que su bata de dormir- "…y que él te enseñaría a leer chino."
- "Le pedí ayuda a Syaoran…" –confesó tímidamente la chica de cabello castaño corto ruborizándose cada vez un poco más y tratando de ocultar el rostro de la vista de su amiga- "Pero cada vez que me llegaba una carta tuya, él me la leía…" –ahora por su mente cruzaba el recuerdo de una imagen de ella acostada en el regazo del chico mientras él sostenía una hoja de papel en alto.
- "¡¡¡QUÉÉÉÉ!!!" –la cara de la chica china comenzaba a brillar de un tono muy parecido al de su amiga japonesa- "¡¿Xiao-Lang leyó todas las cartas que te escribí?!" –repentinamente se tapó la boca con ambas manos con los ojos muy abiertos y miró preocupadamente a la otra chica, pensando que había dicho una tontería.
- "Lo siento mucho, Meiling-Chan" –se disculpó la otra sin haber notado nada peculiar en la segunda frase de su compañera- "Yo no sabía que tú querías que yo aprendiera a leer chino."
- "No te preocupes, Sakura-San…" –le respondió la aludida bajando las manos lentamente con la mirada en su regazo y respirando aliviada- "Debí suponer que algo así pasaría… se suponía que él lo iba a entender, pero creo que es igual de despistado que tú en algunos aspectos" (("Tonto Xiao-Lang")) –pensó con una pequeña gota de sudor resbalando por su frente.
Un muy malhumorado Tôuya con cara de pocos amigos se paró detrás de las cortinas de la entrada de modo que las chicas sólo podían ver su silueta. Gruñó enfadado que se durmieran de una buena vez y las chicas no se atrevieron a cuestionarlo, aunque él tampoco sabía hablar chino muy bien, de alguna forma se había dado cuenta de que algo estaba mal y la distancia entre él y Yukito lo estaba volviendo cada vez más histérico. Kero simulaba dormir plácidamente en una de las almohadas desde que habían entrado a la habitación pero en realidad estaba completamente alerta a cualquier anomalía, al igual que el hermano mayor de su ama, él estaba preparado para cualquier "ataque nocturno del mocoso". Aunque en realidad se tranquilizó un poco cuando sintió la cabeza de su ama recostarse junto a él y el susurro de su voz deseándole buenas noches a Meiling. Ésta, por su parte, permanecía con los ojos abiertos sin que la preocupación le permitiera conciliar el sueño, una vez que estuvo segura de que la Card Master estaba dormida, miró al techo soltando un largo suspiro.
- "Xiao-Lang debió darse cuenta…" –murmuró en chino para si misma de modo que el guardián que aún permanecía alerta sólo pudo escuchar susurros ininteligibles- "Intenté decirle de esa forma que le enseñara chino a Kinomoto para que esto se le haga más fácil…" –volvió a suspirar lastimosamente- "Él creyó que cuando llegaran sólo iba a presentarla ante la familia y que ella no tendría que intervenir más allá en el asunto…" –volteó a verla con una mezcla de remordimiento y compasión- "Nunca imaginó que tendría que hacer méritos ante mi tía y los demás miembros respetables de la dinastía…" –se dio la vuelta dándole la espalda con otro suspiro y se quedó dormida.
Notas de la autora
Bueno, ahora que están en Hong Kong, voy a utilizar dos idiomas diferentes en el lenguaje de los personajes (como ya habrán notado), cuando no especifique en cuál se está hablando, se está dando por hecho que hablan en japonés… cuando lo hagan en chino me encargaré de hacérselos saber, si a la larga se me hace el asunto demasiado complicado, procuraré especificar en qué idioma se habla cada vez que un personaje inicie una conversación. Por ahora, ya están avisados.
También habrán notado que los personajes cambian un poco los nombres dependiendo de su nacionalidad, así, los chinos le dicen Hsiao-Lang y los japoneses, Syaoran. Lo mismo ocurrirá con algunos nombres de ciudades o cosillas que me encuentre por ahí, esto es para marcar una diferencia de acentos o idiomas (locuras mías) así que si ven que algo no encaja bien, búsquenle el parecido con alguna otra palabra y ya está…
Por cierto, en cuanto al título (al igual que en el fic del cual proviente éste) es una frase que forma parte de la canción de Meiling titulada "Kocchi Wo Muite", es una muy divertida versión de la historia de la chinita de ojos rojos así que se las recomiendo mucho y podría decirse que es el tema de este fic, algo así como el Opening. El significado del título es: "Mírame sólo a mí ¿Sí?" (Watashi Dake Mitsumete Ite, Ne?)
Y finalmente, continuamos con el breviario cultural cheongsam es el vestido tradicional chino, si entran al google y buscan imágenes les va a aparecer el que es de cuello alto y ceñido al cuerpo con mangas al gusto, pero investigando un poquito más a fondo, encontré que los que hablan cantonés (la mayoría de la población de Hong Kong) utilizan esta palabra para designar tanto el femenino como el masculino mientras que los demás llaman "qipao" al femenino. De todas formas al usarlo para referirme al que tenía puesto Syaoran, preferí hacer la aclaración para evitar confusiones.
Sin más que decir, me despido esperando comentarios, dudas y todo lo que se les ocurra ya sea vía review o a WarriorZun(arroba)Yahoo(punto)Com(punto)Mx
LunaGitana
