Capítulo 3 "Wu Yeh-Hsien"
"Meditación Zen Al Estilo Kowloon y Wang Yang-Ming "
El sol brillaba tenuemente sobre el cielo y aunque era bastante temprano, la antigua Card Captor estaba recostada sobre la cama con los ojos abiertos. No recordaba con exactitud la razón por la cual se había despertado, no era normal en ella madrugar y se encontraba preguntándose si habría tenido algún tipo de pesadilla… o quizá un sueño profético, esos le llegaban a modo de advertencia cuando algún suceso importante estaba cerca y el nombramiento de la prometida definitiva de Syaoran ciertamente era una ocasión significativa. Sonrió aún a pesar de no recordar nada, cuando vio a su pequeño guardián peludo recostado junto a ella, finalmente el sueño lo había vencido y obligado a dejar de lado su "misión" de proteger a su ama. Al otro lado de ella, la chica de lacio cabello negro también dormía dándole la espalda, la joven de ojos esmeralda se levantó sigilosamente de la cama para no despertar a ninguno de los dos y de la misma forma se cambió de ropa. Se puso un vestido blanco sencillo, de tirantes y falda corta, zapatos de pulsera, de tacón bajo y se hizo una media cola atada con un listón del mismo color. Como hacía un poco de frío, se puso encima un suéter delgado color lila. Caminó distraídamente por los jardines pues estaba convencida de que no podría volverse a dormir.
FLASHBACK DE SAKURA
El guardián del sol, bajo la forma de un león alado de peluche vuela sobre una multitud emocionada que rodea "algo" sin dejar de cuchichear. Su ama mira hacia su lado y siente aún el apretón cariñoso en su mano, su novio no la ha soltado a pesar de intentar ver qué es lo que ocurre en el centro de la multitud, ella nota que su atención se dirige un momento hacia la entrada y por eso ella también trata de buscar algo ahí que esté fuera de lo común, es inútil, no nota nada. Ante el intento fallido, vuelve su atención y energías a intentar descubrir qué es lo que causa tanta exaltación entre la gente que ahí se reúne. Por encima de las cabezas de todos, el muñequito amarillo parece haber logrado divisar lo que sus acompañantes no, la chica de ojos verdes trata de atraer su atención para cuestionarlo, es en vano, el escándalo de los murmullos no le permite hacerlo de manera discreta. De pronto siente que a su otro lado, la chica china de rojas pupilas se ha puesto tensa, casi petrificada… algo la hace llevarse las manos a la boca tapándosela con horror.
- "Ha llegado" –la chica de cabello lacio habla, sin que los receptores de sus palabras entiendan el significado de éstas, dudosos, la voltean a ver.
- "¿Qué sucede, Meiling-Chan?" –pregunta la joven japonesa antes de que cualquiera de los otros pueda reaccionar- "¿Quién llegó¿Tú sabes qué es lo que está pasando?"
- "Kinomoto-San ¿Es que no lo entiendes?" –nuevamente la alusión tan lejana hace que le recorran escalofríos por la espalda a la Card Master, el entendimiento cae como una piedra de una tonelada sobre la cabeza del chico de Hong Kong- "De eso les estaba hablando hace un rato ¿Es que ya se te olvidó?"
FIN DEL FLASHBACK
El corazón de la joven se encogió levemente ¿Por qué Meiling insistía en llamarla de esa forma tan fría? Eran amigas, de eso estaba segura, ella los había ayudado mucho a ella y a su novio… se escribían cartas y desde hacía mucho tiempo, le había escrito una carta donde la llamaba "su amiga valiosa" después de su segunda visita a Tomoeda. Si bien era cierto que aún después de eso la seguía llamando por su apellido, eso no significaba que no le escribiera de una forma más cálida y con mucha frecuencia. De hecho, ahora que lo notaba, últimamente ella ya no la llamaba "su amiga valiosa", ya no lo escribía en sus cartas y Sakura se preguntaba por qué. Sin darse cuenta, sus pies la llevaron hacia el gimnasio de la casa y lo que más le extrañó (a parte de haber llegado ahí sin conocer la casa muy bien) fue encontrar la silueta de una persona en el interior, había absoluto silencio y no podía distinguir bien de quién se trataba, traía puesto un ropaje chino parecido al de Meiling y estaba de espaldas.
- "Hola, buenos días" –saludó alegremente la chica de mirada esmeralda con las manos detrás de la espalda y parada en el umbral de la puerta- "¿Eres Wu-San?"
- "Wu Yeh-Hsien, sí" –respondió la aludida con un acento chino, tratando de hablar japonés- "¿Quién ser tú¿Por qué molestar a mí?" –en el tono de su voz se distinguía claramente su fastidio.
- "¡Lo siento! Yo… yo…" –balbuceó nerviosa la recién llegada, agitando las manos vigorosamente frente a ella- "Yo no quise molestarte, en serio… de todas formas ¿Qué estás haciendo? Es muy temprano" –agregó tratando de entablar una conversación con un ligero rubor en las mejillas a causa del nerviosismo.
- "¿Quién ser tú?" –insistió la chica ahora levantándose y acercándose a la luz de modo que su interlocutora pudiera verla mejor, tenía el cabello lacio negro hasta los hombros y una mirada negra penetrante, a Sakura le asustó un poco ver nuevamente lo parecida que era a ella, recordó con un sabor metálico en la boca la ocasión que la vieron de lejos por primera vez- "¿Quién ser tú?" –inquirió una vez más, casi regañándola.
- "Soy Kinomoto Sakura" –respondió la aludida inclinándose en una reverencia con temor de que la chica que tenía enfrente la golpeara- "Gusto en conocerte, Wu Yeshén-San" –su voz se escuchaba temblorosa y con un poco de miedo.
- "A mí no dar tanto gusto" –replicó la chica sin inmutarse ni hacer el más mínimo intento por inclinarse- "Tú ser rival para prometida de Li Xiao-Lang-San" –le dio la espalda bruscamente y se volvió a sentar en el centro del área de meditación en la que estaba, con las piernas cruzadas.
- "Lo siento…" –murmuró con la cabeza baja la maestra de cartas, dándose la media vuelta para retirarse, la falda de su vestido se levantó graciosamente a su alrededor ondeando en el aire- "Esperaba que pudiéramos ser amigas..."
- "No ir tú" –la interrumpió la china con una nota de incredulidad en su voz- "¿Tú querer ser amiga de mí?" –ahora sus ojos brillaban mirándola con una expresión entre conmovida y alegre, la joven de ojos verdes asintió con una de sus hermosas sonrisas llenas de calidez- "Yo querer… tú y yo ser amigas…" –ahora en su rostro había una sonrisa muy parecida a la de la flor de cerezo.
- "¡¿De verdad¡Qué bueno!" –exclamó la chica dando saltitos de alegría- "¿Puedo llamarte Yeshén-Chan?" –la aludida asintió- "Entonces tú también llámame Sakura ¿Está bien?"
- "Sakura-Chan…" –la chica volvió a asentir sin dejar de sonreír pero de pronto su rostro se ensombreció y bajó la mirada mientras la flor de cerezo se sentaba a su lado en el suelo- "Pero yo no dejar que tú ganar, Li Xiao-Lang-San ser mi futuro prometido…"
"¿Tú lo… quieres?" –le costó un poco de trabajo formular la pregunta mientras se sentaba al lado de la chica de ojos y cabello negro- "¿Desde cuándo?"
- "Yo no conocer Li-San" –le confesó la chica mirando hacia el suelo- "Pero familia… honor, madre querer… ella ordenar ¿Y tú?"
- "Pues… yo…" –se ruborizó levemente dudando si debía o no involucrar el hecho de que él le había pedido matrimonio- "Yo conocí a Syaoran hace poco más de cinco años… fuimos a la misma escuela primaria en Japón" –inconscientemente sonrió con la mirada perdida por la nostalgia de los recuerdos- "Al principio no nos llevábamos bien… pero poco a poco eso fue cambiando…" –el tono de su rostro se hizo más intenso y bajó la mirada sin saber cómo continuar.
- "Yo sentir un gran poder" –cambió hábilmente de tema la otra chica al notar la indecisión de su acompañante- "Tú tener mucha magia… ¿Ser verdad que tener Cartas Clow?"
- "Así es… pero ya no se llaman Cartas Clow" –respondió la joven de cabello castaño claro sacando las cartas rosadas de su bolsillo y mostrándoselas a su nueva amiga- "Ahora son mías."
- "¡Asombro!" –exclamó la chica china recibiéndolas en sus manos y examinando el símbolo que tenían en la parte de atrás- "Ser interesante… pero no ser bueno enseñar esto a mí" –sus ojos negros ahora se habían ensombrecido pero en su rostro se había pintado claramente un halagador agradecimiento.
- "¿Hoe¿Por qué dices eso?" –sobre la cabeza de la pequeña japonesa flotaban signos de interrogación de todos los tamaños- "No entiendo…"
- "¡Kinomoto-San!" –la voz de la prima del codiciado muchacho llegó hasta ellas desde lejos interrumpiendo la escena- "¿Dónde estás?"
- "¡SAKURA¡Rápido chiquilla, puedo sentir su presencia por aquí!" –ahora la voz con acento de Oosaka de su pequeño guardián la secundaba, acercándose cada vez más- "¡Sólo espera a que encuentre a ese mocoso haciéndole algo y va a ver quién soy yo!"
El guardián del sol, con su verdadera forma irrumpió ruidosamente en el gimnasio esperando encontrar a la joven pareja en alguna situación comprometedora y, según él, interrumpiendo oportunamente la situación a favor de su ama. Sin embargo, lo que encontró ahí hizo que se cayera de espaldas casi haciendo un hueco en el suelo, las dos chicas mirándolo con cara de asombro (su ama con una gota de sudor en la cabeza ¬¬) y las cartas mágicas en las manos de la recién llegada rival. Detrás de él llegó Meiling corriendo agitada y todavía vestida con su bata de dormir y pantuflas, se sonrojó levemente por este hecho en cuanto divisó a las dos jóvenes pero enseguida retomó su expresión reprobatoria y regañó a su amiga por haberlos asustado de esa manera a ella y al "muñeco de felpa". Inmediatamente, sus palabras desataron una guerra de miradas entre ella y el susodicho, gotas de sudor aparecieron en las cabezas de las dos espectadoras, el felino dorado desplegó sus alas amenazadoramente pero fue detenido por su ama quien lo regañó abiertamente por estar comportándose de esa manera.
- "¿Qué le estabas haciendo a la señorita Kinomoto?" –interrogó en chino la recién llegada una vez que el guardián hubo vuelto a su forma falsa- "¿Por qué le quitaste sus cartas?"
- "Yo no le quité nada" –se defendió fieramente la aludida en el mismo idioma poniéndose de pie bruscamente y devolviendo las cartas a su dueña- "Ella sólo me las estaba mostrando… y de todos modos eso a ti no te incumbe, señorita Mei-Ling" –en sus ojos nuevamente imperaba esa mirada penetrante y oscura de cuando recién llegó.
- "¡Vámonos, Kinomoto-San!" –ordenó fríamente en japonés sin quitarle la mirada de encima a la china aspirante a prometida de su primo- "Será mejor que te arregles para el desayuno."
La aludida ahora realmente no entendía nada, el por qué de esas miradas, del tono de sus voces, del repentino cambio de actitud de la joven de ojos de ébano pero de todas formas, obedeció dócilmente mirando triste a su nueva amiga sin recibir una mirada de regreso. Tanto Yeh-Hsien como Meiling se estaban involucrando lentamente en una guerra de miradas, más para evitar esto último, la flor de cerezo tomó la mano de la joven de mirada rubí y la arrastró hacia la habitación que habían compartido la noche anterior, Kero volaba detrás de ellas entendiendo un poco más que su ama pero aún así sin comprender del todo. Durante el camino, le fue imposible a la antigua Card Captor entablar una conversación y más aún pedir explicaciones pues su amiga china se limitó a caminar con los brazos cruzados y aporreando ligeramente los pies mientras veía el piso con cara malhumorada. Desde lejos, desde la entrada del gimnasio, la recién llegada las miraba alejarse con una expresión preocupada pero a la vez alegre.
- "No es bueno que me las hayas enseñado con tanta confianza" –susurró en chino para sí misma- "Porque tú y yo somos rivales... pero aunque no esté bien… gracias por confiar en mí…" –cerró los ojos llevándose una mano al pecho, en un gesto que la hacía ver como una réplica exacta de Sakura.
Al entrar nuevamente a la casa, se separaron aún en silencio cada una a su propia habitación para cambiarse, Meiling apenas balbuceó un "Nos vemos en el comedor" igual de seco y frío que su actitud. Cuando Sakura entró al aposento que se le había asignado en la mansión, se llevó un ligero susto al encontrar a la líder del clan esperándola sentada en la cama. Tenía la expresión seria y frívola que ocultaba cualquier rastro de sentimiento humano, un cheongsam ligeramente elegante de color azul cielo y el larguísimo cabello negro recogido en una cola con una peineta de flores que combinaban maravillosamente con su vestimenta. Traía puesto el cinturón con círculos colgantes de metal que sonaba cada vez que hiciera algún leve movimiento. Los ojos color esmeralda se abrieron asombrados al descubrir que se trataba del mismo que había usado la vez que se vieron por primera vez.
- "Me dijo mi hijo que no estaban informados de nada de esto" –le dijo sin reparar en el hecho de que era la primera vez en el día que se veían- "Que la llegada de Yeh-Hsien les tomó totalmente por sorpresa."
- "…" –la chica no entendía bien a dónde iba todo eso o cuál era el punto así que, al darse cuenta de que de su garganta se rehusaba a salir sonido alguno, se apresuró a asentir dócilmente aceptando ir hacia donde la mujer la conducía.
- "Todavía siento un gran poder…" –continuó como si hablara sola, ahora mirando hacia el exterior a través de la ventana, sin expresión alguna en el rostro- "Pero eso no es suficiente… debes estar consciente de que Hsiao-Lang es el único heredero de la dinastía Li" –la chica de ojos verdes volvió a asentir sin habla, sintiendo cómo le empezaban a temblar las rodillas- "Eso significa que la mujer que esté a su lado debe estar a su altura… espero que comprendas bien eso… no podemos darnos el lujo de dejarlo elegir tan a la ligera…"
- "Sí" –finalmente el sonido comenzaba a surgir, sin embargo, se dio cuenta de que lo que le faltaba ahora eran palabras- "…" –Kero estaba ahora sobre el hombro de su ama viendo a la madre del chico de Hong Kong como si fuera alguna especie de objeto muy interesante, examinando cada uno de sus movimientos, escuchando cada palabra que pronunciaba, tratando desesperadamente de leer algo entre líneas.
- "Bueno, hoy en la noche debe llegar una chica más y mañana llegará la última" –anunció levantándose de la cama para irse- "Pasado mañana iremos a la calle Ladder para visitar a una reconocida casamentera que les aplicará la primera prueba" –atravesó las cortinas que cubrían el umbral de la puerta y se fue.
- "Casamentera" –repitió la chica cayendo aterrada sobre la cama, primero sentada para luego dejarse caer acostada y rendida suspirando lastimosamente.
- "Ay, Sakurita…" –le habló el peluche amarillo recostándose cerca de ella y dándole ligeras palmadas de consuelo en la cabeza- "No me gustaría que te casaras con ese mocoso pero yo sé que tú vas a ganar todas esas pruebas."
- "Gracias, Kero-Chan" –lo abrazó cariñosamente sonriendo aliviada, de alguna manera ese pequeño leoncito alado siempre encontraba la manera de animarla cuando se sentía deprimida- "¡Te prometo que pondré todo mi empeño en ello!"
Sintiéndose mejor, se levantó sonriendo alegremente y tomó un cepillo casi sin darse cuenta de lo que estaba haciendo y comenzó a peinarse con el fin de tener las manos ocupadas y disimular un poco que se había vuelto a sumergir en su mundo de pensamientos. Inmediatamente voló al joven de ojos marrones y cabello castaño, desde que habían llegado a Hong Kong (bueno, desde un poco antes porque en el avión se sentaron casi uno en cada extremo) no había podido hablar mucho con él, por un lado porque todo el tiempo tenían a los guardaespaldas auto-nombrados (Kero y Tôuya) y por otro porque también Meiling estaba con ellos casi todo el tiempo. No es que le molestara su presencia, la apreciaba mucho como amiga pero a veces deseaba poder compartir un poco más de tiempo a solas con su novio, deseaba poder hablar con él, escuchar qué pensaba al respecto de la decisión de su madre de elegir cuatro prometidas sin consultarlo con él, qué opinaba de la que ya había llegado… tenía miedo y dudas y temía no poder ser mejor que todas ellas frente a los ojos de la futura suegra. Una luz verde esmeralda la regresó a la realidad y cuando volteó hacia el lugar de donde provino, se encontró precisamente con el chico en el que estaba pensando, sólo que al lado de él estaba el pequeño guardián amarillo dormido sobre la cama.
- "Syaoran ¿Qué estás haciendo aquí?" –preguntó entre sorprendida y feliz, pero de pronto se dio cuenta de que el muchacho sostenía su espada mágica con la mano derecha- "¿Sucede algo malo?" –se apresuró a acercarse a él para verificar que no estuviera herido.
- "No, no te preocupes…" –con un giro de su muñeca, la espada se desvaneció en el aire en medio de destellos aguamarina- "No pasa nada malo, sólo puse a Cerberus-San a dormir" –le tendió la mano caballerosamente- "Ven conmigo, Ying Fa… vamos a pasar juntos el día de hoy."
- "¡Sí!" –exclamó ella irradiando felicidad y tomando gustosa la mano del muchacho- "Pero ¿No deberíamos quedarnos a esperar a que lleguen todas tus…?" –dudó al final, jalando al chico para que se detenga.
- "No lo creo" –la tranquilizó él, haciendo a un lado la cortina de la puerta con su mano libre para salir de la habitación- "De todos modos ninguna de ellas me interesa, lo único que quiero es pasar el día con mi prometida…" –ambos se ruborizaron pero los ojos marrones se clavaron fijamente en los de ella para demostrarle que hablaba muy en serio- "Claro… sí tú quieres…" –vaciló al final bajando la mirada.
Los brazos de la flor de cerezo rodearon el cuello del pequeño lobo y los dos cayeron al suelo, la chica se le había abalanzado encima y ahora lo besaba ardorosamente en el piso. Toda la sangre del chico se le había subido al rostro y sostenía el cuerpo de Sakura sobre el suyo sintiendo cómo se le tensaban todos los músculos y se le imposibilitaba moverse. Ella lo notó y se separó ligeramente de él para verlo a la cara y reír divertida, ambos se levantaron y salieron de la habitación para emprender la huida. Camino a la salida fueron interceptados por el hermano mayor de la joven pero Syaoran la apretó de la mano y la arrastró corriendo hasta que perdieron de vista al susodicho gracias a la oportuna intervención de cuatro emocionadas mujeres que se lanzaron sobre él acariciándolo efusivamente. El chico de ojos marrones sonrió aún corriendo, nunca había imaginado ni por un momento que llegaría el día en que se sintiera agradecido por el comportamiento de sus hermanas. Al cabo de un rato, ya se encontraban en la ciudad, fuera de la mansión y lejos de la tensión que ahora reinaba en la atmósfera del lugar. Ahora eran sólo ellos dos y finalmente estaban solos.
Después de unas cuantas vueltas en el monorriel, llegaron al parque ecológico "Hong Kong Wetlands", una maravillosa fusión entre el espacio modificado por el hombre y la creación pura de la naturaleza, cuya primera impresión hacia el visitante es la de sorpresa ante la grandeza del medio ambiente. Todos los edificios cuidadosamente diseñados para resaltar la belleza de éste y mantenerse en perfecto equilibrio con su contexto natural. Visitaron los diferentes ecosistemas que se crearon en las distintas áreas del parque con el fin de presentar diferentes especies de animales y en el pantano de los cocodrilos, Syaoran señaló una hembra en particular, llamada "Pui Pui" explicándole que era una especie de celebridad en la región después de haber sido rescatada del río Shan Pui en Yuen Long algunos años atrás. Sakura señalaba maravillada la amplia variedad de especies de aves que llegaban ahí por estar situado en un área de migración y arrastraba al chico de la mano como una niña pequeña entusiasmada ante tanta belleza. Él sonreía ante esta conducta natural y espontánea que tanto amaba, seguro de haber tomado la decisión correcta al elegirla como su futura esposa.
En el centro del parque, había un enorme lago en el cual habitaba una gran cantidad de plantas acuáticas y peces que nadaban como sumidos dentro de una danza ceremonial muy elegante. Lo atravesaron sobre un largo puente de madera que trazaba suaves curvas orgánicas sobre la superficie a lo largo del cuerpo de agua. Se detuvieron en un punto de éste sintiendo suavemente los tenues rayos del sol sobre ellos, el muchacho de cabello castaño ligeramente revuelto rodeó a su novia con los brazos y le dio un cálido beso en la frente, ella subió un poco el rostro y le respondió con otro en los labios… casi tan breve y ligero como un primer beso pero igual de dulce… luego recargó su cabeza en el hombro del joven y se refugió en la calidez de su pecho por un momento olvidando todas sus inseguridades, sintiéndose protegida e invulnerable, como si nada pudiera hacerle daño mientras estuviera dentro de ese abrazo, aspirando ese perfume que la hacía sentir en las nubes… nada importaba… todo lo demás podía esperar…pasaron así casi una hora en silencio a pesar de que a ellos les pareció como unos cuantos minutos.
- "Syaoran ¿Sabes quiénes son las otras…" -dudó un momento- "…chicas que tu mamá eligió?" –finalmente susurró en un suspiro.
- "No, no tengo idea" –respondió el muchacho subiendo una mano para acariciar el cabello castaño claro de su novia- "Mi madre no ha querido decirme nada al respecto… dice que todo lo sabremos a su debido tiempo" –se inclinó para mirarla a los ojos, realmente no entendía el por qué de la pregunta.
- "Todas ellas son herederas de clanes mágicos importantes ¿Verdad?" –insistió ella esquivando la mirada marrón- "Y yo… bueno, tú sabes… mi familia…"
- "Eres hija de una de las reencarnaciones del mago más poderoso del mundo" –la interrumpió él tomándola del mentón para besarla levemente, comprendiendo el camino por el que se estaba dirigiendo la plática- "Y además heredera de sus cartas y su poder…"
- "¡Pero eso fue porque todos ustedes estuvieron a mi lado!" –replicó ella aún más preocupada- "¡Sabes bien que sin tu ayuda ni siquiera hubiera podido volver a capturarlas cuando todavía eran cartas Clow!" –por un instante la sombra de una sonrisa cruzó su rostro- "Algunas de ellas tú las capturaste… y me las diste…" –se sonrojó levemente con una tímida sonrisa de culpabilidad.
- "Eso no importa" –la tranquilizó abrazándola con más fuerza- "Todo va a estar bien ¿Recuerdas?" –el rubor de las mejillas de la chica se hizo más intenso y ocultó su rostro en el pecho del muchacho.
No muy lejos de ahí dos chicas merodeaban entre los árboles, una siguiendo a la otra muy de cerca, marcando cada uno de sus pasos y mirándola sospechosamente. La que iba adelante buscaba "algo" con la mirada pero al no encontrarlo, se internó en una parte donde el follaje era más espeso mientras la otra se abría paso entre las ramas maldiciendo para sus adentros y sin quitarle la mirada de encima como si temiese que en cualquier momento se evaporara como humo. Y no es que no pudiera hacerlo… lo que más le molestaba era que, de ser así, no podría seguirla por carencia de poderes mágicos. La primera joven se había sentado en el pasto oculta entre la hojarasca, con las piernas cruzadas en posición de flor de loto y los ojos cerrados… dijo unas cuantas palabras en chino y enseguida una luz comenzó a rodear su silueta, la segunda no sabía qué hacer… para empezar no entendía lo que Yeh-Hsien quería hacer y por si fuera poco, sabía bien que de tratarse de algo malo, no podría hacer nada al respecto. Una neblina densa y traslúcida salió finalmente de ella y se elevó hacia el cielo en donde se desvaneció, el cuerpo de la chica de ojos negros quedó pálido y frío… como si estuviera muerta, pero se mantuvo en la misma posición.
Meiling se tapó la boca horrorizada, nunca había sido testigo de los poderes de Yeh-Hsien y ciertamente la escena de un cadáver en posición de ser viviente resultaba escalofriante. Se acercó cautelosamente pero el cuerpo parecía no notarlo, seguía rígido como una estatua. Desechó la opción de tocarlo pues aparentaba estar tan seco que se pulverizaría con el primer roce, como si fueran las cenizas de un objeto calcinado. Ahora comenzaba a dudar de si se trataba de la verdadera chica o tan sólo era un truco para mantenerla ocupada, por enésima vez, maldijo el haber nacido sin poderes mágicos… el ni siquiera ser capaz de percibir las presencias mágicas… apretó los puños para luego caer de rodillas y suspirar lastimosamente. Se sentó al lado de lo que quedaba de la joven que había estado siguiendo y decidió esperar un momento, sin darse cuenta de por qué o en qué momento sucedió, una lágrima de impotencia resbaló por una de sus mejillas y cayó en su regazo.
- "Xiao-Lang, si tan sólo estuvieras aquí" –murmuró en chino para sí misma con un suspiro que casi la deja sin aire- "Tú sabrías qué hacer para detener a esta bruja…"
- "No me llamarás bruja por envidia ¿Verdad, señorita Mei-Ling?" –la estatua de ceniza había recuperado su color y ahora la chica de mirada azabache se veía igual de viva que cuando recién llegaron al parque- "Sino más bien por mis poderes… de los cuales tú careces" –intercambiaron miradas asesinas.
- "Quisieras que te tuviera envidia, señorita Yeh-Hsien" –respondió finalmente con desprecio- "De nada te servirán tus poderes para ganar el corazón de Xiao-Lang"
- "El joven Li" –la mirada oscura se ensombreció aún más y miró a su interlocutora con tristeza- "Aún lo amas… ¿No es así, señorita Mei-Ling?"
- "Eso es cosa del pasado" –ahora su rostro también estaba sombrío y miraba hacia el piso- "Yo renuncié a él hace mucho tiempo, es mejor así…"
- "No lo hiciste" –Yeh-Hsien había caído en una especie de trance, tenía los ojos cerrados, su voz sonaba como un eco y su cabello negro volaba en el aire, movido por una brisa inexistente- "En tu corazón aún hay esperanza, aunque trates de luchar contra ella" –la chica volvió a la normalidad ahora abriendo los ojos lentamente y señalando un punto en el regazo de Meiling que brillaba intensamente en color rojo, de sus ojos negros también brotaron hilillos plateados.
- "No tienes derecho…" –se quejó la aludida recogiendo el punto con una mano temblorosa, era la lágrima que acababa de derramar- "No te metas en mi vida… esto no te incumbe…"
Se levantó y salió corriendo ocultando entre sus manos la ahora brillante gota de agua, corrió con todas sus fuerzas olvidando la preocupación que le había hecho seguir a la aspirante a prometida de su primo pero ¿Realmente había estado preocupada por…¿Por qué? Se preguntaba una y otra vez sin dejar de correr, corría hacia la nada y fijándose apenas lo necesario para no colisionar con alguna persona u objeto. Se preguntaba si la verdadera razón de su ansiedad había sido por el bien de Sakura o por el suyo propio ¿Le preocupaba que le hiciera daño a la maestra de cartas¿O realmente lo que le preocupaba era que fuera a tomar ventaja y lograra de alguna manera conseguir salir victoriosa y casarse con Syaoran? Pero ¿Ella quería a su primo para la japonesa o para ella misma? Sacudió la cabeza enérgicamente hasta que chocó con un hombre bastante alto y cayó al suelo, al levantar la vista, dos ojos oscuros malhumorados la miraban interrogantes, era el hermano de Sakura. Ella lo miró asustada sin poder levantarse, Tôuya bufó fastidiado y le tendió la mano cortésmente, después de todo, ella no tenía la culpa de que su hermanita hubiese huido con el chico chino.
Aún en el parque, la joven se quedó parada en el mismo lugar que la dejó Meiling, en sus ojos negros se reflejaba una tristeza infinita. Se acercó cautelosamente al estanque de cuyas orillas había visto partir a una pareja de enamorados dulcemente tomados de las manos. Observó su reflejo en el agua y una de sus manos se fue automáticamente a su cabellera, la cual peinó con los dedos viendo distraídamente cómo se movía cada cabello. En su mente volaban recuerdos de lo que acababa de ver… recordaba el momento en el que inició el hechizo de abandonar su cuerpo, ese era su principal poder, el de la mente, le había costado muchos años de preparación y meditación pero al fin lo había logrado dominar. Libre de las limitaciones carnales de un cuerpo, podía viajar libremente y encontrar cualquier cosa que quisiera sin ser percibida, desplazarse a mucha más velocidad, además de que poseía la habilidad de ocultar su presencia mágica. Pero lo que había visto no le gustaba nada… ciertamente no conocía a Syaoran y por lo tanto no sentía nada por él, pero por fin había sido testigo del amor tan grande que existía entre él y la chica japonesa… el tener que luchar en contra de ese sentimiento le partía el corazón, nuevamente una lágrima brotó de sus ojos y cayó sobre la lisa superficie del estanque dibujando leves ondas sobre él.
Ajenos a todo esto, los chicos continuaban con su paseo por la ciudad, visitaron el centro comercial y recreativo de Hong Kong, llamado Tsim Sha Tsui viendo las tiendas y comieron en uno de los puestos ambulantes. Caminaban de la mano, riendo y comiendo golosinas como si no tuvieran problemas, se olvidaron por completo de la familia Li y de la líder de ésta. Ajenos totalmente al hermano de la chica que los buscaba desesperadamente por toda la ciudad después de haber "persuadido" de una forma no muy sutil a la prima del chico para que lo ayudara. Al llegar el atardecer, fueron a un mirador en la costa y observaron el cielo oscurecerse paulatinamente pasando por tonos naranjas, rosados y morados antes de dejar surgir las primeras estrellas de la noche. Se besaron tiernamente disfrutando del espectáculo y la húmeda brisa marina, era el final perfecto antes de volver al mundo real y a las circunstancias que estaban por enfrentar. Regresaron a la mansión ya muy entrada la noche, evitando el asesinato del muchacho por parte de su futuro cuñado gracias a que éste aún se encontraba en la calle buscándolos. Todos los habitantes de la residencia estaban sumidos en un profundo sueño (incluso Kero que aún seguía bajo la influencia de la magia del pequeño lobo) y el silencio reinaba en el lugar, entraron con mucho cuidado procurando no hacer ruido, frente a la entrada de la habitación que se le había asignado a la joven japonesa, el chico le dio un leve beso en los labios para despedirse pero ella lo detuvo tomándolo de la mano.
- "¿Puedo dormir contigo, Syaoran?" –le susurró al oído apretándole cariñosamente ambas manos- "¿Por favor?"
- "Pero…" –el joven estaba completamente escarlata y sentía que su corazón estaba a punto de reventar- "Ying Fa…"
Ella sonrío pícaramente y lo abrazó haciéndolo sonrojar aún más al sentir el calor del cuerpo femenino, luego se separó levemente y lo tomó de la mano para introducirlo en la habitación. Él se dejó conducir dócilmente con una tímida sonrisa y se quedó parado en un rincón mirando a la pared durante unos minutos que le parecieron una eternidad (durante los cuales se libró una encarnizada batalla en su interior, en la que luchaba contra sus propios deseos de voltear a espiarla), observando la sombra de la chica deslizarse sensualmente sobre la pared, sintió el sudor frío resbalar por su frente y el corazón le dolía con principios de taquicardia, mientras ella se ponía su ropa de dormir y se soltaba el cabello, luego levantó cariñosamente al pequeño peluche que dormía sobre la cama y, tras conjurar a la carta del sueño para reforzar el hechizo de Syaoran, lo acomodó sobre una almohada en una silla cercana. La suave mano de la chica volvió a hacer contacto con la del muchacho y ahora lo llevaba hacia el lecho, la chica se acostó y él se acomodó junto a ella sin desvestirse, la abrazó y ella apoyó su cabeza en el fuerte pecho de su novio. Aspirando su fragante aroma, se quedó dormido acariciando su corto cabello castaño claro. Ella sonrió con los ojos cerrados y murmuró las buenas noches antes de sumirse en un profundo sueño sin borrar de sus labios su hermosa sonrisa. En otra de las habitaciones, una chica de cabello y ojos negros daba vueltas sobre su cama, un hilillo líquido dibujado sobre sus mejillas que destellaba un brillo plateado por la tenue luz de la luna.
- "Pero lo que más me duele…" –dijo para sí misma en chino, tapándose la cabeza con la sábana en un intento desesperado por dormirse- "Es que tú también estás sufriendo… Mei…"
Notas de la autora
¡Konnichiwa minna-san! Aquí les traigo un capítulo más, me tardé un poco más de lo esperado porque tuve que hacer algunas investigaciones con respecto al contexto pero espero que piensen que la espera ha valido la pena. Para los próximos capítulos intentaré no tardarme tanto, un mes máximo para actualizar… pero por favor, paciencia…
Muchas gracias a todos aquellos que me han enviado sus comentarios (aunque no hayan sido muchos) quiero que sepan que me impulsan a seguir publicando y hacen que todos mis esfuerzos valgan la pena. Por lo pronto me voy al breviario cultural, si alguien tiene alguna otra duda pueden comunicarse conmigo vía review o a WarriorZun(arroba)Yahoo(punto)Com(punto)Mx
CheongsamSon los simpáticos vestiditos chinos de seda, cuello alto que normalmente no tienen mangas y las faldas son sueltas hacia abajo con aberturas laterales, la falda puede ser de diferentes longitudes al igual que las mangas para ajustarse al gusto y a la ocasión. También se les conoce con el nombre de Quipao pero éste es usado por las personas que no hablan cantonés y ellos utilizan la palabra cheongsam para el traje tradicional de varón. En este caso, decidí usar la otra palabra ya que en Hong Kong el idioma predominante es el cantonés.
Por el momento eso es todo, si se me ha escapado algo, por favor háganmelo saber. Hasta Pronto.
LunaGitana
