Capítulo 6 "La Calle Ladder"
"La Esposa Del Futuro Líder De La Dinastía, Debe Ser Una Mujer Que Esté A Su Altura"
La chica de cabello negro y ojos color carmesí se levantó tímidamente de la silla pero en cuanto estuvo erguida, adoptó una posición rígida y puso una expresión seria y estricta que nunca le había visto su antiguamente considerada "amiga valiosa" de Japón. Se mantuvo de pie durante unos momentos, claramente evitando la mirada tanto de la chica de Tomoeda como la de su primo, quien ahora tenía la boca entreabierta por el asombro y no se había dado cuenta de su falta de compostura. Sakura por su parte se encontraba en medio un conflicto emocional, se sentía dolida por la falta de confianza de su amiga y -aunque no estaba dispuesta a reconocerlo- ligeramente decepcionada por esto, por otro lado se sentía apenada por apenas estarse dando cuenta de lo hermosa que Meiling había quedado, cosa que al mismo tiempo hacía que se muriera de miedo y nerviosismo. La chica de mirada rubí tenía el cabello peinado con un chonguito (odango) del cual salía una brillante y negra coleta de cabello lacio, sobre su cabeza había un hermoso broche chino con forma de abanico adornado con flores blancas de fresa. Vestía un traje de colores azules y verdes finamente bordado con hilo plateado, que intentaba inútilmente ocultar sus curvilíneas y sensuales formas, a la antigua Card Captor la admiró la rapidez con la que éstas se habían desarrollado.
Les tomó unos cuantos minutos recobrarse de la sorpresa tanto a la flor de cerezo como al pequeño lobo, el resto de la familia parecía habérselo esperado de alguna forma al igual que el pequeño guardián amarillo que ahora estaba sentado sobre el regazo de su ama, Tôuya por su parte, no tenía idea de lo que podía estar pasando y se preguntaba si en realidad había hecho lo correcto al dar su autorización para la relación de su hermana menor con el "mocoso". La elegante señora Yelan no volvió a abrir la boca pero en cuanto su sobrina volvió a tomar asiento, le hizo una discreta señal con los ojos al personal de servicio para que comenzara a servir la cena, usualmente la comida era deliciosa pero esa noche se notaba que los cocineros habían puesto un empeño especial, todo se veía aún más elegante y exquisito. A pesar de esto, la joven Card Master no pudo pasar más que unos cuantos bocados obligándose a sí misma a contener las ganas de vomitar que los nervios le estaban causando, ya no se sentía segura y la mano de Syaoran estaba demasiado lejos de la suya como para poder devolverle el valor. El chico, por el contrario, ni siquiera estaba haciendo intento alguno por comer, miraba fijamente a su madre de una forma reprochadora mientras ésta fingía no darse cuenta de ello.
Inclusive los invitados usaban vestimentas particularmente aristocráticas y comían recalcando aún más sus modales, como si estuvieran comiendo en compañía de alguna persona altamente respetable. El uniforme de los empleados también había cambiado, por ligeros detalles que los hacían ver más elegantes de lo normal, además de que tampoco estaban comiendo en el mismo comedor que solían ocupar sino que éste era mucho más grande y tenía una decoración finamente selecta para ocasiones especiales. Nadie parecía notar que el joven de cabello castaño y ojos marrones no había probado bocado sino que esperaba inmóvil a que todos los demás terminaran de comer. Al cabo de un buen rato, los sirvientes levantaban sigilosamente -como si se tratara de sombras surgiendo de la oscuridad para luego volver a integrarse a ella- la vajilla vacía de la mesa, los comensales se retiraban en silencio, susurrando emocionados opiniones acerca de las chicas que se acababan de proponer, ninguno parecía inclinarse por la chica proveniente de la isla de Japón.
- "Kinomoto-San…" –la detuvo en japonés la líder de la dinastía sin desviar la mirada hacia ella, la aludida dudó por un momento si todo había sido producto de su imaginación- "Probablemente no lo sepa pero su conducta es inaceptable…"
- "Lo… lo siento mucho…" –se disculpó ella rápidamente haciendo una reverencia sin saber bien cuál era la ofensa por la cual lo estaba haciendo, las palabras tan respetuosas con las que la mujer se había dirigido a ella acentuaban aún más la frialdad de sus ojos oscuros y azulados- "Yo no…"
- "De ahora en adelante…" –la interrumpió bruscamente la mujer con una dura expresión como si no la hubiese escuchado- "Espero que se comporte como se debe cuando esté cerca de mi hijo, es una falta de respeto hacia su futura esposa y hacia toda la familia que usted se esté exhibiendo de esa manera…"
Y dicho esto, se retiró sin esperar explicaciones, la joven Card Master reprimió con todas sus fuerzas las ganas de llorar perdiéndose entre la gente que salía del comedor seguida de cerca por su guardián alado. En el camino, el chico trató de detenerla tomándola de la mano pero ella sólo lo vio con los ojos vidriosos, Kero no lo pudo resistir y adoptó su verdadera forma abalanzándose sobre él bombardeándolo con amenazas y acusaciones, y en el acto causando que soltara a la muchacha. Ella corrió hacia su habitación ahora con gruesas lágrimas corriendo por sus mejillas, nuevamente chocó con otra persona y ambas cayeron al suelo torpemente, esta vez se trataba de Meiling, quien se limitó a bajar la mirada y comenzar a balbucear algún tipo de disculpa. Sakura no esperó a que la otra chica se decidiera por las palabras correctas, en cuanto se dio cuenta de quién era, se incorporó y prosiguió su carrera hacia la habitación… no se sentía lista para hablar con ella, no por el momento, en cuanto llegó se encerró y se echó a llorar sin fuerzas sobre la cama. En los pasillos de la mansión, un grupo de familiares rodeaba la escena del joven heredero defendiéndose del ataque de la bestia del sello, pero éste, al sentir que perdía fuerzas por la depresión de su ama, volvió a su falsa identidad y se alejó volando en busca de la flor de cerezo, dejando al chico confundido y preocupado, tirado en el piso.
- "¿Estás bien, Li?" – preguntó en chino, arrodillándose preocupada junto a él la chica de largo cabello rojizo y ojos azul verdoso- "¿Te hizo daño ese monstruo?" –insistió tratando de rozarle el rostro con la yema de los dedos.
- "No…" –respondió secamente el aludido, levantándose lo más dignamente que pudo y viendo hacia donde había visto correr a la chica de mirada esmeralda mientras la que le había hablado lo examinaba afligidamente en busca de alguna herida sin intimidarse por la mirada fría que el muchacho le había dirigido- "Mei-Ling" –llamó a su prima alejándose de la chica de Kowloong como si no hubiese notado que estaba ahí.
- "Xiao-Lang" –el nombre se le ahogó en la garganta al mismo tiempo que emprendía la huida hacia su habitación con una expresión de profundo terror.
- "Mei-Ling, necesito hablar contigo" –insistió firmemente en chino tomándola de la muñeca para evitar que escapase- "¿Por qué no me habías dicho nada de esto?" –inquirió una vez que estuvieron solos entre la espesa vegetación de uno de los jardines, la pregunta no sonaba como un reproche, más bien era imposible detectar emoción alguna en la voz del muchacho.
- "Yo…" –su voz seguía resistiéndose a salir y lo único que pudo emitir fue un sonido ronco casi inaudible, lo miró por un rato con los ojos llenos de líquido, para luego fruncir el ceño mientras se soltaba bruscamente de él- "Lo hice porque…" –las palabras seguían atorándosele a la mitad del camino, retrocedió unos cuantos pasos advirtiéndole a su primo con la mirada que no intentara detenerla de nuevo- "Porque yo…" –se detuvo temblorosa mirando hacia el piso, él la miraba ecuánime- "¡Yo todavía te amo, Xiao-Lang!" –esta vez salió un grito de su boca tras el cual la joven salió corriendo y dejó al aludido pasmado e inmóvil en medio del lugar.
En la entrada de la habitación que se le había asignado a la chica de mirada esmeralda, un muñequito amarillo aparentemente de felpa daba golpes a la puerta con su diminuta pata sin obtener respuesta, después de varios minutos de gritar su nombre, la puerta se abrió para dejarlo pasar… la joven intentó inútilmente esbozar una de sus cálidas sonrisas pero lo único que le salió fue una mueca bastante falsa que no engañó al guardián en lo más mínimo. A pesar de que su voz sonaba ligeramente animada (estaba haciendo un gran esfuerzo), fue delatada por los ojos rojos e hinchados, Kero tomó adoptó su verdadera forma para que su ama pudiera llorar en su hombro, ella lo hizo sin esperar una segunda invitación, sabía bien que el felino estaba demasiado conectado con ella como para intentar esconderle sus verdaderos sentimientos. Alrededor de ellos, las cartas volaban preocupadas brillando tenuemente en color rosa, no tenían el poder suficiente para volver a sus formas originales pero eso no les impidió expresar su aflicción y tratar de apoyar a su ama en esos momentos difíciles. Pasó mucho tiempo antes de que se calmara y quedara abrazada en silencio al puma dorado sintiéndose mucho mejor, suspiró tristemente y él la envolvió con sus hermosas alas blancas de ángel.
- "No le hagas caso a esa vieja bruja…" –le dijo tratando de animarla- "Al final, ella va a tener que reconocer que eres la mejor y te rogará que aceptes ser la líder de su ridículo clan."
- "No digas eso, Kero-Chan" –la defendió la chica entre suspiros, ligeramente divertida ante la indignación de su guardián- "Ella no lo hace con mala intención, sólo hace lo que tiene que hacer como dirigente de su familia…" –sonrió tristemente viendo al guardián a los ojos- "Algún día Syaoran será el líder de su clan y necesita una esposa que sea capaz de cargar con esa responsabilidad…"
- "Entonces ¿Por qué no simplemente regresamos a Japón y dejamos al mocoso con alguna de esas tipas que le escogió la bruja?" –sonrío soñadoramente el puma- "Así podríamos volver a ser felices… y podría volver a comer los deliciosos pasteles que hace tu papá… ¡Cómo los extraño!" –un hilillo de baba empezó a colgar de su hocico.
- "¡Ay, Kero-Chan!" –lo reprendió ella sintiéndose más animada- "¡Eres un glotón!" –y se separó de él riendo alegremente, la carta de las flores los cubrió de una lluvia de pétalos de todos los colores y la carta del brillo los rodeó con sus lucecitas, la de las burbujas también hizo su parte esparciéndolas por el aire y la del viento hizo girar tanto pétalos como pompas alrededor de la chica de cabello corto, tanto la canción como la voz hicieron música de fondo- "Muchas gracias" –dijo ella ahora con una sonrisa genuina mientras la carta de los dulces repartía chocolates al viento ante la euforia del felino tragón- "Ahora me siento mucho mejor…"
Fue hasta muy entrada la noche, que las cartas volvieron a sus formas de carta y ahora descansaban guardadas en el libro, el guardián también estaba dormido bajo la forma de muñeco de peluche sobre una de las almohadas que estaba tirada en el suelo, parcialmente cubierto de flores, trozos de dulce y hojas. Toda la habitación estaba desordenada, las sábanas tiradas en el piso y ligeramente quemadas por algunos descuidos de (("The Firey")) quien se había unido a la celebración, habían estado jugando todo ese tiempo y divirtiéndose como solían hacer para convivir con su ama. Ella sonrió complacida, realmente la hacía feliz ver a sus adoradas cartas de tan buen humor… rió divertida ante la escena del muñequito amarillo alado abrazando cariñosamente a una gran barra de chocolate con caramelo, cortesía de la carta de los dulces. Después de pedirle un último esfuerzo a (("The erase")) para borrar todo el tiradero, recogió la sábana y acomodó cuidadosamente al peluche sobre la cama junto a su tan adorada golosina. Se acercó al tocador y tomó la hoja de papel que estaba asentada ahí junto con una pluma rosada de la cual salían dos simpáticas alitas semitransparentes.
- "Cómo me gustaría que estuvieras aquí, Tomoyo-Chan" –dijo tristemente reanudando la escritura de la carta- "Nunca me imaginé lo de Meiling-Chan…" –su rostro se volvió a ensombrecer- "Pero seguramente tiene una buena razón para no habérnoslo dicho ¿No crees?" –sonrió- "¿Tú qué piensas, Tomoyo-Chan?" –se imaginó el rostro sonriente de su mejor amiga y claramente pudo escuchar su voz (("¡Ay, Sakura-Chan! Seguramente ni siquiera ella lo sabía"))- "Tienes razón…" –dijo hacia la nada como si su amiga se encontrara frente a ella en esos momentos.
Sonrío aún más ampliamente y guardó la carta en un sobre antes de acostarse a dormir pensando que al día siguiente la llevaría a la estación de correos. A la mañana siguiente se levantó mucho más optimista y se puso otro de los vestidos que le había hecho su adorada amiga de largos cabellos negros y hermosos ojos azules. Se trataba de un sencillo vestido que combinaba el cheongsam con el kimono, en tonos rosas y verde pastel, con un tenue grabado de flores de cerezo y mariposas. Para el cabello, un broche con listones y mariposas que combinaba con las de la ropa, el peluche también estaba muy contento por la energía con la que había despertado la antigua Card Captor y volaba detrás de ella saboreando golosamente el chocolate con el que había dormido. Ella recordó de repente que con ese traje, su prima y mejor amiga le había hecho un collar para él y se lo puso alegremente, pensando en la mejor forma de acercarse a Meiling para decirle que quería seguir siendo su amiga. Cuando salió, se encontró con que en la sala ya estaban todas las chicas esperando por ella, todas iban vestidas elegantemente, peinadas con chongos y maquilladas con las caras pintadas de blanco, muy al estilo tradicional de China. El chico de ojos marrones no se veía por ningún lado.
- "Llegas justo a tiempo" –le dijo en japonés la señora saliendo por detrás de ella y asustándola ligeramente tanto porque no la había visto como por el tono frío y penetrante de su voz- "Me encontraba a punto de enviar a alguien a llamarte, es hora de irnos" –le indicó con una seña a las demás jovencitas para que la siguieran a la salida pero con una mirada que hizo que la Card Master entendiera claramente que su impuntualidad no le había hecho la más mínima gracia.
- "No asustar, Sakura-Chan" –le susurró al oído en japonés la chica idéntica a ella- "Casamentera no mala, tú sólo ser seria y callada, no sonreír y todo estar bien."
- "Muchas gracias, Yeshén-Chan" –sonrío por un momento pero volvió a ponerse seria recordando el consejo que le acababan de dar.
- "¡Poder sonreír conmigo!" –la tranquilizó riendo silenciosamente para que nadie más se diera cuenta- "Pero no con ellos, a ellos gustar cara seria y espalda derecha" –agregó refiriéndose a toda la comunidad china en general.
La joven de ojos verdes y cabello castaño claro volvió a sonreír a modo de agradecimiento mientras todas se subían a una limosina que estaba estacionada frente a la entrada de la residencia por indicación de la señora Yelan. El viaje fue silencioso e incómodo para la chica japonesa, ciertamente no estaba acostumbrada a tanta formalidad y a la vez sentía el ambiente demasiado tenso, el leoncito alado se quejaba oculto en el bolso de mano de su ama pero tampoco se atrevía a hablar demasiado fuerte por temor a meterla en problemas. Sakura respiró aliviada una vez que pudo bajarse del vehículo y siguió dócilmente a la hilera de chicas que ahora desfilaban sosteniendo sombrillas de papel con dibujos de flores o dragones hacia una casa típica china de tejado verde, desde cuya entrada salió una anciana de cara estricta y ligeramente amargada con una lista en la mano, observando a la maestra de cartas con una mirada desaprobatoria que hizo que le recorrieran escalofríos por la columna vertebral, eso no era una buena señal. Después de examinar a cada una de las chicas de pies a cabeza, la vieja leyó de su lista el nombre de la chica de mirada rubí y ambas entraron a la casa en absoluto silencio. Tras varios minutos durante los cuales no se escuchaba un solo murmullo ambas salieron sigilosamente y la mujer leyó de su lista el nombre de la pekinesa, así pasaron todas hasta que ya sólo quedaba una.
- "Kinomoto Sakura" –leyó la anciana con voz ronca, haciendo un ademán de desagrado y abriendo la puerta para ingresar a la casa sin siquiera esperar a que la chica se acercara al porche.
El interior de la casa estaba ligeramente oscuro, iluminado tenuemente por un farolillo blanco e inundado por el humo danzante de varios incensarios acomodados en distintas partes. Había muchas cajas y objetos antiguos que le daban la apariencia de una tienda de antigüedades que a la flor de cerezo le recordaba mucho el lugar donde había encontrado aquel libro encantado de la hechicera que la hizo viajar a Hong Kong cuando todavía era una Card Captor de diez años. Algunos de ellos estaban cubiertos por una fina capa de polvo que los hacía parecer aún más viejos y en el fondo de la habitación había un amplio ventanal circular que daba a un pequeño jardín de bambú frente a al cual estaba una mesa con una jarra de té y dos tazas que al igual que casi todo en ese lugar, parecía haber resistido el paso de varios siglos. La longeva mujer se sentó detrás de lo que parecía un escritorio y con la mano, apartó de la vista los pergaminos que habían estado extendidos sobre él para meterlos a un cajón, le hizo una seña a la chica para que se sentara frente a ella y apoyó la cara sobre las manos con los codos sobre la superficie del mueble.
- "Yelan me ha advertido sobre ti…" –le dijo en perfecto japonés con una arrugada sonrisa que dejó al descubierto unos dientes amarillentos sobrepuestos unos sobre otros sin el menor cuidado- "Vienes de otro país así que no sabes nada acerca de las pruebas que aplica una casamentera china" –continuó con un aire de superioridad.
- "Vengo de Japón" –replicó ella inclinándose hacia el frente con una sonrisa amable antes de poder contenerse, pero de repente recordó las palabras de Yeh-Hsien y volvió a enderezarse adoptando una expresión seria- "…"
- "Sí, Yelan lo especificó" –rió huecamente la vieja, desconcertando a la muchacha- "Entonces ¿Qué te parece si damos por hecho que no vas a pasar las pruebas habituales y nos saltamos a la parte de los poderes mágicos?" –volvió a reír divertida mientras la chica asentía tímidamente pensando que no le quedaba más remedio, más que una pregunta, aquello le había parecido una afirmación- "Bueno, muéstrame qué es lo que sabes hacer…"
- "Mi magia está basada en las cartas del antiguo mago Clow-San" –respondió la chica imitando el tono formal que había visto en la noche de presentación de las candidatas- "Las capturé y transformé en mías" –completó sacando el mazo de cartas de su bolsa de mano e indicándole al muñeco que podía salir- "Él es Kero-Ch… quiero decir, Cerberus, el guardián del sol."
- "Magia de Clow ¿Eh?" –repitió pensativa la anciana mientras hacía anotaciones en su pergamino con un pincel largo remojado en tinta china- "Interesante… ¿Es todo?" –la joven le dirigió una mirada interrogante que hizo que la casamentera soltara otra risa hueca- "Entonces, no hagamos esperar más a Yelan y las otras chicas…" –enrolló el pergamino y se encaminó a la salida con el rollo en la mano.
- "Espere un momento por favor…" –la detuvo la chica levantándose de la silla desesperadamente- "¿Cuál fue el resultado¿Cómo me fue?"
- "Es muy insolente de tu parte interrogarme de esa manera" –dijo la anciana deteniéndose abruptamente- "No eres una digna esposa para el líder de una familia tan importante, no conoces la manera apropiada de comportarte y no tienes el porte que requiere una mujer de la alta sociedad china, además de que ni siquiera tienes la nacionalidad y provienes de una familia desconocida… con todo eso en contra, lo menos que podrías hacer es saber cuando quedarte callada."
- "Por favor…" –rogó la chica arrodillándose ante sus pies- "Déme una oportunidad… póngame las pruebas habituales… no conozco sus costumbres… pero puedo intentarlo…" –su voz ahora sonaba quebrada por el miedo- "Por favor… haré mi mejor esfuerzo, lo prometo" –Kero la miraba desde la silla con las orejas bajas y una expresión de tristeza.
- "¿Qué te hace pensar que podrás hacerlo bien?" –la mujer había volteado a verla y parecía estar reconsiderando sus palabras- "De nada sirve tu esfuerzo si no sabes qué es lo que debes hacer ¿Por qué insistes?"
Sakura no sabía qué responder ni cómo actuar, si bien era verdad lo que la mujer estaba diciendo, ella no estaba dispuesta a dejar que las cosas se quedaran así. Había estado demasiado tiempo lejos de Syaoran, había pasado por mucho dolor, extrañándolo, esperándolo… eso no podía terminar de esa manera. Sabía que no podía ganar, todas las chicas seleccionadas por la mamá del muchacho de ojos marrones habían crecido en ambientes parecidos al de él, ellas eran parte de su mundo, de ese mundo al cual ella era totalmente ajena. Pero no podía soportar la idea de volver a perderlo, no quería, se puso una mano en el pecho apretándolo con fuerza para tratar de amortiguar el dolor… era un dolor mucho más grande que el que sintió cuando se enteró de que él volvería a Hong Kong… de que ya no volverían a verse. Permaneció inmóvil y en silencio, temblorosa y débil. Al no conseguir respuesta, la casamentera reanudó su camino hacia la salida, dispuesta a entregar su reporte a la líder de la dinastía Li.
- "No estoy segura de poder hacerlo bien…" –empezó a hablar la chica en un susurro pero eso fue suficiente para que la anciana se parara en seco- "Pero de lo que sí estoy segura es de que amo a Syaoran… él es la persona más importante para mí" –la vieja se había quedado inmóvil pero aún le daba la espalda- "Y no voy a darme por vencida… por él… sé que quizá no vaya a ser la mejor esposa que un líder podría desear…" –la voz se le volvía a quebrar y los ojos se le pusieron vidriosos- "Pero voy a esforzarme… y sé que con el tiempo aprenderé… porque todo estará bien… mientras él esté a mi lado…"
- "Eso no es suficiente" –concluyó duramente la longeva mujer, reanudando su caminata y dejando a la chica con las manos y las rodillas apoyadas en el suelo- "Se necesita mucho más que simple esfuerzo para llegar a ser la esposa de un alto dirigente chino…"
La chica se enderezó con la mirada gacha mientras su guardián solar volaba hacia ella para tratar de consolarla, tras dirigirle una sonrisa fingida, se levantó en silencio, guardó las cartas en el bolso de mano que había dejado asentado en la silla frente al escritorio y se dispuso a salir en silencio mientras el muñeco de felpa intentaba inútilmente de hacerla recobrar su optimismo matutino. Afuera las esperaban la señora y las cuatro chicas quienes seguían como estatuas inmutables sosteniendo sus sombrillas de papel de colores y por un instante, Sakura deseó ser como ellas, trató de mantener el rostro inexpresivo pero la tristeza afloraba irremediablemente en sus ojos verdes. Todas subieron ordenadamente a la limusina que las había estado esperando mientras la señora Yelan recibía el pergamino de manos de la casamentera y hablaba con ella en susurros que no se alcanzaban a entender más allá de tres milímetros a la redonda. Durante el camino volvió a imperar el silencio mientras la mujer de ojos gris oscuro azulado y larga cabellera negra brillante leía el pergamino con cara inexpresiva.
- "La primera prueba ya pasó, así que ¿Por qué no vamos a dar un paseo por la calle Ladder para relajarnos y divertirnos un poco?" –sugirió Yeh-Hsien en chino alegremente para tratar de animar a la chica japonesa- "Yo sugerir ir a pasear" –le explicó en japonés en voz baja a la Card Master.
- "¡Es verdad!" –la apoyó alegremente Kuei-Fei en chino, asomándose por la ventanilla- "Supongo que la señorita Zetian no conoce Hong Kong y yo hace tiempo que no vengo… aunque hubiera sido mejor si Li viniera conmi… es decir, con nosotras…"
- "Xiao-Lang no pasearía contigo aunque en este momento viniera con nosotras" –agregó Meiling en un susurro (en chino) lo suficientemente fuerte para que la chica de cabeza zanahoria lo escuchara y comenzaran a intercambiar miradas fulminantes.
- "¿Qué es lo que está pasando, Yeshén-Chan?" –inquirió en japonés la maestra de cartas con signos de interrogación flotando sobre su cabeza, olvidándose por un instante de amargo sabor de boca que tenía en esos momentos- "¿Por qué se están peleando?"
- "Parecer que paseo no ser buena idea después de todo" –confesó cabizbaja (en su intento de japonés) con una gotita de sudor en la cabeza- "Ir de regreso a la casa."
Ambas, la señora Li y la chica proveniente de la ciudad de Pekín permanecían inmutables y en silencio como un par de estatuas de piedra, la primera aún leyendo el pergamino ajena a las palabras de las jovencitas cuyo único movimiento detectable era el ir y venir de sus pupilas a lo largo del reporte de la casamentera. Por su parte, la chica de cabellos azules encontraba incorrecta la exteriorización alguna de sentimientos en público (el estar frente a una sola persona ya era considerado "en público" para ella) pero se mantenía con la vista fija en un punto del asiento frente a ella disimulando su desaprobación de una manera impresionante. Desde una pequeña rendija del bolso de mano de su ama, el leoncito de peluche las miraba preguntándose qué tenía de bueno su forma de comportarse y por qué la flor de cerezo anhelaba con tantas fuerzas ser como ellas… en su opinión, era mucho mejor la actual Sakura que cualquiera de esas mujeres rígidas e insensibles. Cuando llegaron a la residencia de la familia Li, las chicas se bajaron en silencio, excepto por las dos que parecían hermanas gemelas quienes platicaban en murmullos disimulados, en cuanto vio que la campanita de fresa se retiraba sigilosamente, la detuvo poniéndole una mano en el hombro.
- "Por favor, Meiling-Chan… necesito hablar contigo…" –dijo en japonés mientras miraba su nuca fijamente, la susodicha se seguía resistiendo a mirarla pero ella estaba decidida a no dejar pasar más tiempo, la chica de ojos y cabello negro que había estado platicando con ella entendió la indirecta de la frase y se retiró balbuceando una excusa cualquiera- "Sé que es duro pero las cosas no pueden seguir así…"
- "¿Qué vas a decirme, Kinomoto-San?" –respondió insistiendo tercamente en darle la espalda- "¿Qué traicioné tu confianza y la de Xiao-Lang? Eso ya lo sé…" –se soltó bruscamente y caminó con paso apresurado hacia su habitación.
- "¡No… por favor espera…!" –le rogó la japonesa corriendo para alcanzarla de nuevo, en uno de los pasillos de la mansión, logró adelantársele y pararse frente a ella obligándola a detenerse- "¡Escúchame¡Las cosas no son así!" –la otra bajó la mirada reconociendo que no le quedaba otro remedio (("Adelante, dime que soy una traidora ingrata… creo que lo merezco"))- "Meiling-Chan, yo te aprecio mucho" –prosiguió la joven de ojos verdes tomándola de ambos hombros para evitar que la evadiese- "Y quiero que sigamos siendo amigas… no sé qué fue lo que pasó o por qué no nos dijiste nada a mí y a Syaoran… pero eso ya no importa, lo que importa es no permitir que eso termine con nuestra amistad."
- "Kinomoto-San…" –susurró moviendo negativamente la cabeza aún inclinada hacia abajo- "Yo…" –levantó la cara y la miró con los ojos llenos de lágrimas para luego abrazarla agradecida- "¡Yo lo siento mucho¡No sabía que hacer¡Me moría de la vergüenza!" –lloró en su hombro empapándola y apretándola con fuerza.
- "No te preocupes, Meiling-Chan" –le dijo acariciándole la cabeza a modo de consuelo- "Todo eso dejémoslo en el pasado, volvamos a ser buenas amigas como antes ¿Qué te parece¿Puedes volver a llamarme 'Sakura'?"
La aludida asintió aún sollozando y la chica de mirada esmeralda sonrió aliviada, por lo menos algo bueno había resultado de esa mañana tan desastrosa. Mientras tanto, Kero golpeaba las ventanillas cerradas de la limusina en la que habían llegado a la mansión, su ama había olvidado el bolso descuidadamente y ahora que todos se habían bajado lo habían dejado encerrado. Después de gritar por auxilio durante varios minutos, el chofer se percató de su presencia al bajarse del vehículo después de estacionarlo en la cochera y lo liberó. El guardián voló enfadado cargando la bolsita rosada con sus diminutas patitas y buscando el camino hacia la habitación de su ama pero fue interceptado por el aroma de la comida que se estaba cocinando y prefirió seguirlo desviando su camino hacia la cocina al mismo tiempo que se le hacía agua la boca. Estuvo merodeando oculto mientras probaba uno poco de cada cosa que encontraba a medio preparar y reía burlonamente para sus adentros al ver la cara de desconcierto del cocinero cuando descubría porciones faltantes. Finalmente, el lavaplatos lo descubrió y lo tomó de la piel del lomo para sacarlo de ahí mientras se quejaba de la falta de salubridad (pensó que Kero era algún tipo de alimaña)… se disponía a tirarlo a la basura mientras el leoncito lo miraba con cara de cachorro regañado cuando una de las empleadas de servicio entró por la puerta trasera llamando al mayordomo…
- "¡Señor Wei¡Señor Wei, por favor venga rápido… llegaron visitas inesperadas!" –exclamaba presurosa en chino dirigiéndose al vestíbulo- "¡Iré a avisarle a la señorita Kinomoto¡Ya abrí la puerta, por favor vaya a recibirlos!"
- "¿Visitas inesperadas?" –se preguntó el guardián escapando del agarre de su captor aprovechando la distracción de éste- "¿Para Sakura? Pero si ella no tiene conocidos en Hong Kong" –voló lejos del alcance del lavaplatos y se dirigió hacia la salida para husmear.
La joven Card Master se encontraba aún consolando a la afligida chica de ojos carmín cuando llegó frente a ellas la empleada notificándole acerca de las visitas. (("¡Qué raro¿Quién podría visitarme aquí en Hong Kong?")) pensaba dudosa mientras seguía a la muchacha que le había ido a avisar, dejando a Meiling en el pasillo después de que ésta le insistió que fuera a atender a sus visitas (("De verdad, Sakura-San, estoy bien, date prisa que te están esperando")). Se preguntaba si no se trataba de alguna otra persona de la familia que estuviera en contra de su relación con Syaoran, probablemente iba para convertirse en otro obstáculo entre ellos, las piernas le empezaron a temblar dificultándole el caminar. A la mitad del camino, sus ojos se cruzaron con la mirada negra y brillante pero llena de alegría que se parecía mucho a la suya, Yeh-Hsien había notado que algo no estaba bien y se acercó para tratar de darle apoyo. Le habló caminando a su lado para no quitarle tiempo.
- "¿Algo malo pasar, Sakura-Chan?" –inquirió tratando de leer la mirada esmeralda de su interlocutora.
- "No, nada malo… supongo" (("Espero")) -respondió la aludida aminorando el paso levemente pero sin perder de vista a la mujer a la que iba siguiendo- "Alguien vino a visitarme."
Llegaron a la sala en donde encontraron a los dos invitados misteriosos junto con el guardián amarillo que los había interceptado antes de que entraran e ingresado a la residencia junto con ellos. Hubo un momento de silencio durante el cual, la chica de ojos verdes y cabello castaño claro perdió momentáneamente el aliento, ciertamente esto era lo último que se esperaba y se tapó la boca con asombro. La chica de cabello negro había causado igual admiración en los recién llegados pero ahora miraba interrogante a su amiga japonesa preguntándose si su reacción era un indicio de que la visita era una sorpresa desagradable. La más joven de los visitantes se acercó con una sonrisa a las dos chicas que habían llegado a recibirlas y sin dejar de sonreír se lanzó hacia la flor de cerezo abrazándola y haciendo a la chica china de ojos azabache brincar ligeramente por el sobresalto. En la sala, el otro visitante, un joven alto, más o menos de 22 años, de cabello grisáceo oscuro, pálida tez y ojos color caramelo que se asomaban detrás de unos relucientes anteojos las miraba con una dulce sonrisa levantándose educadamente del sofá.
- "¡Sakura-Chan, te he extrañado tanto!" –exclamó eufóricamente la chica de largo cabello negro violáceo y ojos azul rey abrazando a su mejor amiga con júbilo- "¡Y estás usando el vestido que te hice¡Te ves soñada con él!" –agregó emocionada alejándose un poco de ella para observarla mejor.
- "To… ¡Tomoyo-Chan!" –alcanzó a pronunciar la joven aún sin reponerse de la sorpresa pero con lágrimas de alegría en los ojos verdes, mientras la chica de ojos negros y corto cabello del mismo color las veía con una sonrisa casi maternal- "¡Me alegra tanto verte!"
Notas de la autora
Hola, aquí les traigo un capítulo más, y vemos que ya se les hizo la primera prueba a las aspirantes. Sí, ya sé, la casamentera es una malvada, pero bueno, hay que comprenderla, creció en una sociedad en la que los matrimonios por amor solamente existen en los cuentos de hadas. En el próximo capítulo veremos algo de magia y espero tener tiempo para subirlo el próximo mes así que ya saben para cuando darse una vuelta por aquí de nuevo.
Esta vez creo que no hay breviario cultural pero si encuentran algo que no concuerde, pueden escribirme para hacérmelo saber y lo explicaré con mucho gusto. Dudas, quejas y comentarios, ya saben, pueden ser vía review o a WarriorZun(arroba)Yahoo(punto)Com(punto)Mx, como se les haga más cómodo.
Bueno, creo que es todo, me despido esperando que les siga gustando la historia y nuevamente, gracias por leer.
LunaGitana
