Capítulo 9 "La Elegida"

"El Veredicto Final De La Líder De La Dinastía Li"

Poco a poco, el rostro de la muchacha se fue aproximando al de él, cerrando lentamente los ojos… entreabrió los labios al percibir la cercanía de la cara del chico, se acercó un poco más, recorriendo un tramo que le parecía interminable. Sintió el roce de los dedos masculinos en la barbilla que la hizo estremecer, el roce se fue intensificando hasta convertirse en un firme agarre, tan firme que le imposibilitó seguir aproximándose… ella abrió los ojos sobresaltada por la acción y se encontró con los ojos marrones que la veían con una expresión neutral, ininteligible. El pequeño lobo frunció el ceño sin dejar de mirarla y sin soltarle el mentón para que no fuera a seguirse acercando, movió la cabeza negativamente cuando ella intentó quitarse la mano de la cara para reanudar su intento de besarlo. Se alejó lentamente de ella tratando de no ser demasiado descortés (porque prácticamente la tenía encima) y de la misma forma la fue soltando pero sin romper el contacto visual para asegurarse de que no fuera a lanzársele encima aprovechando que había "bajado la guardia" (ya tenía experiencia por todos los años que tuvo que lidiar con su prima de mirada rubí y ahora con la chica de la isla de Kowloon), no es que no fuera a poder reaccionar a tiempo para evitar que ella lograra su cometido, pues poseía reflejos felinos producto de varios años de entrenamiento marcial pero quería evitarle a ella la humillación de ser rechazada tan abiertamente.

- "Yo no soy quien usted piensa" –comenzó a susurrar lentamente una vez que estuvo a una prudente distancia y hubo comprobado que ella no volvería a intentar nada- "Yo no he hecho ninguna promesa con usted… debe estar confundiéndome con alguien más…" –una punzada en la sien hizo que la imagen de una frívola mujer de largo cabello negro apareciera en su mente.

Hubo una pausa durante la cual la chica estuvo a punto de romper a llorar, quería explicarle que su memoria había sido borrada… que sus padres habían intentado separarlos por una razón desconocida pero que ahora el destino había sido más fuerte y los había vuelto a reunir de una manera aún más inexplicable que la voluntad de sus progenitores. Quería abrazarlo y decirle que aunque no la recordara, ella estaría a su lado para siempre, que podrían compensar los recuerdos perdidos creando otros nuevos aún más hermosos… quería encontrar el modo de que él sintiera lo mismo por ella, pero se tragó las lágrimas y recuperó la compostura inmediatamente… él la miró extrañado, buscando en su mente la mejor manera de aclarar el malentendido pero no se atrevía a hacer ninguna pregunta, ciertamente Zetian parecía haber salido del trance pero era difícil adivinar qué era lo que estaba pensando en ese momento. Bajó la mirada soltando un lastimoso suspiro y se apoyó de espaldas al barandal del balcón.

- "Lo sé…" –dijo con la voz entrecortada, cerrando los ojos con fuerza para suprimir las lágrimas- "¡No¡Tú eres Lao-Tse, recuérdalo!" –se le abalanzó gritando fieramente como poseída por algún espíritu maligno pero justo cuando las manos del chico hicieron contacto con sus hombros para evitar que se acercara más, se desplomó sobre él.

((SUEÑO DE ZETIAN))

Dos chicos de trece años se besan tiernamente frente a una fogata, es un beso dulce e inocente… Xiao-Lang… por los pasillos oscuros de la mansión corre una figura alta vestida con un largo cheongsam de fina tela de seda, su cabello azul rey vuela tras ella como si se tratara de un pliegue más de su larga vestimenta… Xiao-Lang… finalmente llega jadeante a una habitación tenuemente iluminada por velas… Xiao-Lang… a través de la ventana se puede ver que afuera se desata una tormenta eléctrica y junto a ella, sobre la cama, yace un cuerpo semi oculto entre las sombras… Xiao-Lang… una mujer de cabello largo y negro, vestida con un traje ceremonial de color rojo realiza un conjuro con un abanico chino de forma ovalada, está parada en medio de un oscuro jardín lleno de flores blancas y árboles de cerezo… Xiao-Lang…

- "No permitiré que nadie nos separe" –un chico de aproximadamente trece años, ojos color chocolate y cabello castaño ligeramente revuelto la toma de los hombros- "Zetian… tú y yo siempre estaremos juntos… es una promesa" –no se puede distinguir el lugar donde están, todo se ve negro como si estuvieran flotando en medio de la nada.

- "¿Lao-Tse?" –quien pregunta ya no es una niña de trece años, ahora es toda una señorita de quince, lleva el cabello azul profundo cubriéndole parcialmente la cara, contrastando son su piel dorada, una lágrima recorre su mejilla mientras se acerca a abrazarlo con fuerza.

- "¿Por qué me olvidaste, Zetian?" –el niño también se ha transformado en un muchacho de quince años, de cuerpo atlético, ojos color chocolate y cabello negro azabache ligeramente largo amarrado en una pequeña trenza, cuando ella lo mira, sus ojos se tornan de un hermoso azul oscuro, parecido al tono del cabello de la joven y le sonríe tristemente mientras se va desvaneciendo.

((FIN DEL SUEÑO))

La chica abrió los ojos lentamente y le sonrió al chico que la había estado observando preguntándose si se consideraría incorrecto entrar a la habitación de ella aunque fuera solamente para depositarla en su cama y salir lo más rápido posible. Suspiró aliviado por ya no tener que enfrentarse al dilema y le correspondió la sonrisa más por esta razón que por otra cosa, ella se incorporó agradeciéndole que no la hubiera dejado caer al suelo pero luego se soltó a llorar sin darse cuenta, cuando levantó la vista, se encontró con un pañuelo que el chico le estaba ofreciendo amablemente, ella lo aceptó con un intento de sonrisa y continuó llorando hasta que sintió que se había desahogado. Syaoran esperó pacientemente a que ella se calmara, tratando de confortarla de la mejor manera (No sabía que decirle por desconocer la razón de su llanto pero ofreció su ayuda para lo que se pudiese).

- "Por fin lo he comprendido…" –dijo ella finalmente después de secarse la cara con el trapito, tras varios minutos de llorar sin parar- "No fue Lao-Tse quien olvidó a Zetian… fue Zetian quien olvidó a Lao-Tse…"

- "¿Ya se siente mejor, señorita Ts'ing?" –inquirió el muchacho ligeramente preocupado por la aludida- "Si requiere ayuda para encontrar a esa persona, yo haré lo que esté dentro de mi alcance para proporcionársela."

- "No tiene que ser tan amable conmigo, joven Li" –nuevamente en sus labios había una sonrisa alegre, era como si estuviera hablando con una persona desconocida- "Estoy bien, muchas gracias…" –hizo una reverencia sin dejar de sonreír- "Si sigue haciendo cosas por mí, me veré en una gran deuda con usted."

- "En ese caso, hay una forma en que puede pagarme" –agregó el muchacho seriamente, ella se sorprendió pero supo disimularlo inmediatamente- "Sólo quiero que sea amable con la señorita Kinomoto… sé que eso la haría muy feliz" –la última frase la dijo en un susurro, casi en un suspiro, sonriendo inconscientemente mientras sus pensamientos volaban hacia la dulce dueña de su corazón.

- "Entiendo" –respondió ella sonriendo pero ahora había una cierta añoranza triste en su semblante- "Realmente siente algo muy fuerte hacia ella ¿No es así?"

- "Así es" –respondió el muchacho con un ligero rubor en las mejillas después de dudarlo por un momento (("Todas estas pruebas y ceremonias solamente han sido parte de un protocolo para mantener más o menos de buen humor a mi madre, pero sea cual sea el resultado… mis sentimientos no cambiarán… por eso espero que quienquiera que resulte electa no lo tome como una ofensa personal")) desvió la mirada hacia el cielo, cayendo en cuenta de que el sol ya estaba saliendo- "Será mejor que me retire, no es correcto estar tanto tiempo a solas con una señorita."

- "De acuerdo, joven Li" –se despidió ella viéndolo saltar muy hábilmente hacia su propio balcón- "Nos veremos en el desayuno…" –entró a su habitación mirando fijamente el pañuelo que había olvidado devolverle al chico, y a la vez casi sin mirarlo- "Todo ha terminado" –dijo sonriendo tiernamente hacia su propio reflejo que estaba en el espejo de su tocador- "Ahora sé que la señora Li había estado usando su magia para revolver mis recuerdos…"

- "Te hizo creer que Xiao-Lang era Lao-Tse con la memoria modificada" –le respondió una voz desde el centro de su pecho, se trataba del otro ser que vivía dentro de ella- "Ahora lo recuerdas ¿No es así? Yo soy una parte de él que vive en ti, gracias al intercambio de almas que hicieron esa noche…"

- "Sí, también por eso me di cuenta de que el joven Li no podía ser Lao Tse" –continuó ella levantándose de la silla frente al tocador para dejarse caer sobre la cama acolchonada- "Cuando usamos juntos el conjuro de las fuerzas del Yin Yang, él no se transformó, eso quería decir que no tenía parte de mí dentro de él" –rodó sobre la cama envolviéndose con el edredón- "Además Lao-Tse jamás perdió la memoria, eso fue sólo una amenaza infantil de nuestros padres, una táctica para tratar de separarnos… ciertamente no funcionó…" –se tapó la cara avergonzada, a pesar de que en la habitación no había nadie que pudiera verla- "Pero la señora Li utilizó esos recuerdos haciéndome creer que mis esperanzas de que le hubieran borrado la memoria eran reales… mis esperanzas de que él… no hubiera muerto" –se destapó y quedó viendo hacia el techo horrorizada por la imagen de ese día- "Pero eso no es posible, yo lo vi… yo cerré sus ojos cuando murió" –cerró los ojos con una mano apoyada sobre su frente, recordando aquella habitación con velas donde lo vio con vida por última vez y cómo vio extinguirse su existencia al igual que las flamas sucumbían ante la tormenta de afuera.

- "Eso lo supiste todo este tiempo ¿No es así?" –insistió la voz, a quien no le podía mentir pues se encontraba en contacto directo con sus sentimientos más profundos- "Pero te negabas a creerlo, te aferrabas a la idea de tener a Lao-Tse de vuelta… o más bien era el trance en el que la señora Li te tenía atrapada" –la muchacha se levantó quedando sentada sobre la cama- "Sin embargo, en tus momentos de lucidez, seguías luchando por convertirte en la esposa del joven Li, con el mismo ahínco que si se tratara del mismísimo amor de tu vida…"

- "Eso es porque no quería que la muerte de Lao-Tse hubiese sido en vano" –replicó ella cerrando los ojos miserablemente mientras se levantaba hacia el guardarropa, de donde empezó a elegir qué usaría ese día- "Yo sé muy bien que fue mi padre quien lo mató… él no quería que yo me casara con Lao…" -estrujó con furia la tela del vestido que acababa de agarrar- "Lo mató porque se enteró de que esa noche nos íbamos a fugar para casarnos…" –soltó la vestimenta para secarse las lágrimas que se le habían desbordado involuntariamente- "Pero ahora lo que debo hacer es concentrarme en volverme la prometida oficial del joven Li" –en sus ojos color chocolate brillaba una llama de determinación- "Ya verás, Lao-Tse, tu muerte no habrá sido en vano… mi padre te sacrificó para que yo pudiera ser la esposa del líder del Concilio de Hechiceros de Oriente y lo lograré cueste lo que cueste."

- "Después de todo el amor es lo de menos…" –prosiguió la vocecilla mientras la chica daba un ligero respingo- "No importa lo que él sienta hacia la chica de Japón… o lo que tú sientas hacia Lao..." –la joven se sentó en el tocador y comenzó a cepillarse el cabello tratando de aparentar que lo que oía no le causaba ningún efecto- "Frente a un matrimonio tan importante, el amor es algo que no importa…"

El sol ya había salido y se encontraba en un lugar alto del cielo cuando las cuatro chicas se dirigían hacia el comedor (modificado mágicamente por Shiefa, Fuutie, Fanren y Feimei para parecer la sala de un gran teatro) seguidas por un dorado felino alado… (ya que dentro de esa casa todos lo conocían, se le hacía más cómodo mantenerse en su forma original) que cargaba sobre su espalda, una maleta llena de ropa. Los integrantes de la gran familia Li ya comenzaban a tomar sus lugares alrededor del escenario mientras las cuatro emocionadas organizadoras, todas con cabello castaño, tomaban sus lugares en un punto alto frente al escenario, iluminadas por un rayo de luz dorada. La prueba de talentos fue anunciada pomposamente por las muchachas quienes se interrumpían mutuamente con ademanes infantiles ante la mirada reprobatoria de su progenitora. La joven diseñadora de mirada amatista se encontraba tratando de persuadir a su mejor amiga de que saliera del probador provisional, como sonido de fondo se escuchaban los gritos de las dos practicantes de Tai Chi, quienes ya se encontraban en el combate final de su exhibición.

- "¡Vamos, Sakura-Chan!" –insistía la joven de largo cabello violáceo- "¡Ya casi es tu turno¡Te ves divina, ya quiero filmarte mostrándoles a todos tu gran talento!" –fantaseaba con destellos brillantes en las pupilas y la videocámara lista en su mano derecha.

- "No, no, no, no puedo!" –se negaba la aludida estrujando las cortinas del probador para evitar que su prima lo abriera y la dejara al descubierto- "¡Es que me da mucha pena, Tomoyo-Chan!" –chilló infantilmente asomando la cabeza pero sin dejar que se viera su cuerpo, tenía el rostro completamente escarlata.

- "Estoy segura de que al joven Li-Kun le va a dar mucho gusto verte" –vaciló la joven astutamente, haciendo ruborizarse aún más a su interlocutora- "Le traerá muchos buenos recuerdos… últimamente lo he visto en un estado constante de ansiedad… ¿No quieres verlo sonreír?"

Las palabras tuvieron justo el efecto que la joven Daidouji esperaba y casualmente en ese mismo momento, la voz de las cuatro hermanas del joven de ojos marrones anunció el turno de la última participante, ella salió sonrojada pero con una mirada decidida y con paso firme, avanzó hasta el centro del escenario. Su falda rosada de tablones volaba graciosamente detrás de ella pero se quedaba estratégicamente a la altura adecuada para no enseñar de más. Una vez que estuvo en su lugar, sus ojos verdes se encontraron automáticamente con los del chico chino de cabello castaño, él sonrió y el corazón se le detuvo al reparar en dos pequeños objetos redondos, blancos y esponjosos que ella llevaba en una mano. La chica de corto cabello castaño claro asentó los pompones en el piso y levantando la otra mano, comenzó a girar el bastón concentrándose para no dejarlo caer accidentalmente (desde que entró a la secundaria había dejado el club de porristas para unirse al de arte dramático), después de lanzarlo al aire habilidosamente, hizo unos giros impresionantes en el aire que arrancaron exclamaciones de asombro del público, tomando los pompones del piso en la mitad de una vuelta de carro, finalmente cayó al piso abriéndose en split y sin dejar de girar el bastón que había recogido tras volver a depositar las borlas en el piso (todo eso sin dejar de dar piruetas). Se hizo un profundo silencio mientras se levantaba, lanzando miradas furtivas al pequeño lobo para volver a donde la esperaba su mejor amiga.

Precisamente en ese momento, Fuutie conjuraba un micrófono con su abanico chino para anunciar la siguiente prueba mientras las demás hermanas hacían lo propio esperando el momento indicado para quitarle la palabra interrumpiéndola estrepitosamente. Ya se disponía a tomar aire cuando una mirada fulminante le hizo estremecer… su madre se aproximaba al centro del escenario con un terrible gesto de desaprobación, toda la familia se quedó sin respiración pues temían profundamente a la líder de la dinastía. Ella simplemente negó con la cabeza cuando las chicas intentaron preguntar el motivo de su comportamiento, para luego hacer una ligera seña indicándoles a sus hijas que desaparecieran todo lo que habían conjurado, se aclaró la garganta gravemente y se paró en el centro del escenario para atraer la atención de los presentes (cosa que no era necesaria ya que todas las miradas estaban fijas en ella).

- "Es suficiente" –declaró en chino con voz frígida y firme- "Pueden retirarse, anunciaré a la elegida esta noche y se realizará la ceremonia de compromiso…" –luego se dio la media vuelta y se retiró del salón no sin antes indicarles a las cinco posibles prometidas que la siguieran.

Las jóvenes chinas obedecieron dócilmente y la siguieron adoptando esas poses erguidas que ponían tan nerviosa a la maestra de cartas, ella le dirigió una mirada de terror a su mejor amiga quien le devolvió una sonrisa tranquilizante con un brillo alentador en sus pupilas azules. La flor de cerezo asintió tragando saliva nerviosamente y trató de sonreír lo mejor que pudo antes de salir trotando para alcanzar a las chicas que ya casi habían llegado a la salida. Caminó en silencio entre ellas sintiendo la tensión en el ambiente mucho más fuerte que nunca, las piernas le comenzaron a flaquear y el terror era evidente en sus hermosos ojos verdes, tenía un mal presentimiento de todo eso, sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal cuando la señora Yelan volteó a verla y le dirigió una mirada de desprecio a su minifalda de porrista. Yeh-Hsien notó esto último y tomó la mano de la joven de cabello castaño para brindarle un poco de apoyo, ésta se sobresaltó ligeramente al sentir el contacto pero se sintió mucho mejor cuando vio la sonrisa de su amiga, por el otro lado, Meiling le tomó la otra mano y finalmente Sakura pudo sonreír honestamente agradecida por el gesto, sabía que no estaba sola.

- "Les pedí que vinieran porque la decisión ya está tomada" –comenzó a hablar la mujer en chino con una voz estricta (Yeh-Hsien le traducía a Sakura al japonés susurrando en su oído), mirando a la japonesa de arriba abajo con la misma expresión de disgusto que si hubiera estado viendo algo extremadamente vulgar y ofensivo- "Quiero que sepan de una vez para que preparen sus atuendos y sepan los lugares que ocuparán en la mesa…" –continuó hablando mientras miraba a las demás con esa misma cara inexpresiva de siempre- "La futura esposa de mi hijo será… Ts'ing Zetian" –anunció con una sonrisa totalmente imperceptible- "Ahora pueden retirarse a sus aposentos, la ceremonia será a las 8:00pm" –le dirigió una última mirada a la joven de mirada esmeralda quien se había petrificado- "No lleguen tarde" –le dijo en japonés.

La mujer se retiró sin hacer ruido, al igual que la elegida y la chica pelirroja, aunque esta última se fue sollozando levemente y disimulando lo más que pudo hacia su habitación. Las dos chicas chinas de cabello negro intentaban en vano sacar a Sakura de su trance cuando Tomoyo llegó corriendo hacia ellas con una expresión de profunda preocupación, ambas chinas tenían puesto todavía su uniforme de artes marciales y la japonesa estaba parada en una postura ligeramente rígida con su disfraz de porrista color rosa. De alguna forma, entre las tres la llevaron a su habitación pero la vieron tan mal que decidieron dejarla sola y se fueron a la habitación de la campanita de fresa para explicarle a la chica de largo cabello negro violáceo todo lo que había ocurrido. Cerberus, quien no se había atrevido a acercarse para escuchar cuando la señora Li habló con las jovencitas, se rehusó a dejar sola a su ama a pesar de la insistencia de sus amigas y se quedó fielmente recostado a sus pies mientras ella lloraba desconsoladamente sobre la cama. Alguien llamó a la puerta con ligeros golpes pero tanto la chica como el felino lo ignoraron rotundamente. La puerta se abrió sin el menor ruido dejando entrar a la persona sin que ninguno de los dos ocupantes de la habitación se inmutara, ni siquiera se percatara de su presencia.

- "Ying Fa…" –tanto el nombre como la voz hizo que la muchacha levantara la cara de golpe, abriendo los ojos desmesuradamente- "Mi madre ya me lo dijo…" –comenzó miserablemente haciendo que a la chica se le llenaran aún más, los ojos de lágrimas- "Que la elegida…"

- "Así es, Li-San…" –respondió ella incorporándose lo más dignamente que pudo y secándose el rostro con las manos- "Así que supongo que ésta es la despedida."

- "¿Qué estás diciendo, Ying Fa?" –el chico se aproximó a ella pero Sakura retrocedió con una expresión muy seria- "¿De qué estás hablando?" –aunque no lo aparentaba, el hecho de que la joven lo hubiese llamado por su apellido, lo atravesó haciéndolo respingar.

- "Kero-Chan, por favor ve a buscar a Yukito-San y a mi hermano…" –le ordenó firmemente al felino dorado quien se había interpuesto entre Syaoran y ella- "Diles que empaquen sus cosas porque ya nos vamos de regreso a Japón…" –continuó, ignorando las miradas interrogantes del muchacho.

- "No te voy a dejar sola aquí con este mocoso" –replicó el guardián obstinadamente extendiendo sus alas y con la mirada fija en el chico de ojos marrones, sin presentar ninguna intención de abandonar la habitación.

- "No te preocupes, que Li-San ya se va" –agregó ella dándole la espalda para evitar que él viera las lágrimas que brotaban de sus verdes ojos sin control- "Por favor pídeles que se apresuren, yo iré a ver a Li Yelan-Sama para avisarle que no nos quedaremos para la ceremonia de compromiso."

- "¿Qué significa eso, Sakura?" –el muchacho la tomó de la muñeca intentando en vano hacer que lo mirara- "Si no quieres quedarte a la ceremonia, no tienes que hacerlo… si quieres partir a Tomoeda en este preciso momento, que así sea pero no te dejaré sola, iré contigo…"

- "¡No, Syaoran!" –exclamó ella sin poder contenerse, bajando la mirada al piso y moviendo la cabeza negativamente mientras los gruesos canales de líquido corrían por sus tersas mejillas- "Por favor no hagas esto más difícil de lo que ya es" –susurró mientras le indicaba con la mano a Cerberus que saliera de la habitación- "Éste es tu lugar y tienes que quedarte para la ceremonia..."

- "No tengo que hacerlo" –insistió él seriamente, tomándola de los hombros- "Ni siquiera tenía el deber de traerte a Hong Kong…" –ella levantó la mirada, sobresaltada- "Te traje porque era importante para mi madre, pero oficialmente yo ya no soy miembro de la dinastía…" –la chica lo miraba desconcertada con el ceño fruncido- "Durante el tiempo que estuve aquí después de despedirnos en Japón, cumplí con mis obligaciones de entonces y realicé los trámites necesarios para transferir la herencia de la dinastía al hijo primogénito de la mayor de mis hermanas… ella aún no se ha casado pero al tener ya un prometido, la ley me permite hacer la cesión…"

- "¿Pero por qué dices que ya no eres parte de la dinastía?" –el llanto había cesado y había dado paso a una expresión de angustia.

- "Para hacer la cesión de derechos de heredero tiene que desaparecer de la línea de sucesión…" –la voz de la señora Yelan llegó hasta ellos desde el margen de la puerta- "Hsiao-Lang renunció a sus derechos como miembro de la familia… para estar libre y poder irse a vivir a Japón" –la última frase la dijo con un ligero tono de reproche.

- "¿Entonces él…?" –preguntó la joven de corto cabello castaño claro, frunciendo el ceño y asimilando la información que acababa de entrar a su cabeza- "¿Ya no…?" –se sentó en la cama con la mirada perdida y una expresión de horror en el rostro.

- "Sin embargo aún tiene tiempo para reclamar su lugar como heredero de la familia Li" –agregó la mujer dignamente, sacando de golpe de su mundo a la maestra de cartas- "Mientras Shiefa no haya tenido su primer hijo varón, el trámite no se puede cerrar por completo…"

Se hizo un momento de silencio durante el cual la chica se quedó completamente quieta mirando el piso con los ojos abiertos desmesuradamente, se llevó una mano al pecho y apretó su blusa con fuerza mientras cerraba los ojos para contener las lágrimas, su verde mirada buscó los ojos rasgados de la líder de la dinastía Li y se encontraron con una respuesta incierta aunque firme en ellos. Tragó saliva pensando en una trágica solución y resignándose a ella por el bien de la persona más importante en su corazón, volvió a bajar los ojos al piso incapaz aún de reunir el valor necesario para que las palabras salieran de su boca. El muchacho volvió a pronunciar su nombre y eso fue el incentivo que la hizo decidirse a comenzar a hablar.

- "Li-San…" –la dulce flor de cerezo inhaló profundamente dirigiéndose al chico de ojos marrones, después de escuchar todo eso, había tomado una drástica decisión- "No es necesario que me acompañe a Japón…" –luchó con todas sus fuerzas para retener las lágrimas y lo logró únicamente gracias a tantos años de experiencia en el ámbito teatral- "Yo quiero dar por terminada nuestra relación, de ahora en adelante…" –volvió a inhalar para tomar valor y sin atreverse a mirar al joven a los ojos- "Seremos poco más que amigos…"

- "Sakura…" –el pequeño lobo no podía dar crédito a sus oídos, dentro de sí mismo había caído dentro de un abismo profundo y oscuro, el mundo entero se cerró frente a sus ojos en ese momento.

La joven no pudo resistirlo, a pesar de no estar mirándolo fijamente, podía sentir su dolor a través del estrecho lazo que unía sus almas… y es que ese mismo dolor era el suyo propio también. Sin levantar la vista del suelo salió corriendo de la habitación antes de perder el control de sus emociones y soltarse a llorar, al pasar por la puerta rozó ligeramente el hombro de la señora pero tampoco quiso verla, de algún modo, ella era la causa de todo eso... y lo peor del caso era que ni siquiera podía odiarla por eso pues sabía que sólo quería lo mejor para Syaoran. El chico intentó ir tras ella pero fue detenido por la mano de su progenitora que le cortó el paso. Él la miró receloso pero por respeto no se enfrentó a ella, la mujer sonrió cálidamente como sólo pocas veces en su vida lo había hecho y tras dirigirle una mirada tranquilizadora a su hijo, salió de la habitación con paso lento y constante. El joven de cabello castaño no supo cómo interpretar el gesto y se quedó inmóvil en el lugar donde lo había interceptado su madre viéndola alejarse paulatinamente. A través de los elegantes pasillos de la lujosa mansión, la chica de mirada esmeralda se abría paso hacia la salida cuando se cruzó con una alta figura y cayó al suelo tras colapsar con el joven. Cuando el muchacho de ojos color caramelo se inclinó para ayudarla a incorporarse, se percató de que ella lloraba levemente y de sus ojos verde esmeralda emanaban hilillos plateados.

- "¿Qué sucede, Sakura-Chan?" –la interrogó preocupado, tendiéndole la mano amablemente- "¿Por qué estás llorando¿Qué tienes?"

- "¡Yukito-San!" –exclamó ella entre sollozos lanzándose hacia sus brazos y apretándolo con fuerza- "¡Yo…¡Quiero volver a Tomoeda!" –lloró fuertemente hundiendo la cabeza en su pecho y rodeándolo por la cintura con sus brazos.

- "No te preocupes, pequeña Sakura-Chan" –la consoló el joven de cabello grisáceo acariciándole la cabeza tiernamente- "Cerberus ya me dijo que partiremos hoy mismo, To-ya está terminando de empacar sus cosas y yo estaba yendo a avisarte que estamos listos."

La chica lloró un poco más refugiada entre los brazos de la forma falsa de su guardián cuando éste le preguntó la razón de la repentina partida. Cuando casi no le quedaban fuerzas y suspiró sintiéndose desahogada, una figura alta se acercó a ellos como si flotara en el aire. Su largísimo cabello negro brillante ondeaba dándole un aspecto místico y casi fantasmagórico, los cascabeles y círculos metálicos que colgaban tanto del tocado que tenía en la cabeza como de su cinturón no hacían el menor sonido agregándole un toque que reforzaba la impresión de que no se trataba de un ser común y corriente. Había un brillo indefinible en sus ojos negros grisáceos azulados y una amplia sonrisa en sus labios pintados de un carmesí casi líquido. Al notar su presencia, el joven Tsukishiro captó un mensaje que su pequeña y triste ama pasó totalmente desapercibido por lo que se retiró sonriendo amablemente y argumentando que tenía que avisar de su partida a su jefa (recuerden que él llegó como asistente de la representante de la empresa Daidouji). Sakura suspiró hondamente sin imaginar ni remotamente la verdadera razón de la sonrisa de la mujer, se imaginaba que estaría feliz de que su hijo se casara con la chica pekinesa y no se sentía de humor para escucharla regocijarse con su victoria… no obstante, parecía estar atrapada en un callejón sin salida…


Notas de la autora

¡Hola¿Cómo están? Ya nos vamos acercando cada vez más al final de esta historia, sólo dos capítulos más. ¿Qué será lo que quiere la malévola madre de Syaoran? Apuesto a que algunos de ustedes ya se lo imaginan. Por lo pronto los dejo, esperando que visiten mi página de fanarts, donde podrán conocer a los personajes nuevos como las prometidas extras y el amigo de Tomoyo, quien por cierto es el antagonista de la precuela de este fic. ¡¡No dejen de visitarla!! La dirección eshttp://mx(punto)groups(punto)yahoo(punto)com(diagonal)group(diagonal)fragmented(guión bajo)fantasiesque por cierto ya estaba comenzando a pensar que nadie leía esta parte de "Notas de la autora" pero ¡¡¡Gracias Karianita-Chan!!! incluso te inscribiste a mi "numeroso" grupo para que no esté tan solita en la lista de integrantes jeje…

Y además, les dejo un poco de breviario cultural, para los que se quedaron desconcertados y con la duda.

Concilio de Hechiceros de Oriente: Creo que está bastante claro pero, para los que no hayan leído los fics de Mikki-Chan ¡¿Qué esperan¡A leer! Están muy buenos ¿Eh? De ahí es de donde lo saqué… "El último Card Captor" y "En la Torre de Tokio" (además creo que últimamente ha sacado la tercera parte que se titula "El legado de Clow" pero no lo he leído). Ya está, aclaré que ella tiene los derechos de autor y hasta le hice propaganda, creo que con eso ya medio compenso el plagio ¿No? Para encontrarlos pueden buscar en el google o creo que incluso los tiene subidos en Fanfiction.

Vuelta de carro: Bueno, en donde yo crecí, se le llama así al giro… ¿Cómo lo explico? Supongan que cayó de manos sobre el bastón y sin doblar el cuerpo, continuó girando en dirección lateral hasta que sus pies llegaron al piso… (que confuso…). También se le conoce como volantín o pirueta.

Sin más que decir, me despido esperando sus comentarios, dudas, quejas y demás.

LunaGitana