Dos Opciones

Capítulo 30

Todo era tan confuso, por un momento le parecía seguir escuchando la música y las risas, las voces y luego…

¿Qué era exactamente lo que la hacía sentir tan bien?

Abrió los ojos con pesadez y vio su rostro muy cerca, luego su olor, su calor, su boca y labios siendo robados salvajemente y con pasión produciéndole un salto en el corazón que palpitaba como loco. Pero quería más, deseaba más. No sabía si era un sueño, pero la sensación agradable y el calor parecían atenuarse y su cabeza le dolía. Trató de mover una mano y empezó a abrir los ojos, en un principio se sintió cegada y alumbrada por una tenue luz, la luz del sol, ya había amanecido.

Todo estaba muy callado, aunque el sonido de las aves atenuaba poco el vacío silencio. Recorrió con la vista el lugar, aun confundida. Esa era la habitación de…

Se incorporó de inmediato, estaba sobresaltada y su estado empeoró cuando escuchó esa voz al lado suyo.

– No te alteres, estás en mi casa.

Kaname la miraba seriamente, estaba sentado al lado de la cama, con los brazos cruzados.

– Uhm, ¿Cómo llegué aquí?

Pero Kaname no respondió, en cambio aflojó los brazos, pero sin quitarle la helada mirada.

– ¿Quién es Ryoma? – le dijo sin más y en tono serio.

– ¿Qué? - Y por primera vez desde que conocía a Kaname sintió escalofríos de sus palabras. – No… sé de que hablas. – dijo ladeando la mirada.

– Contéstame. – reclamó en tono más alto.

¿Por qué Kaname sabía de Ryoma? ¿Y cómo podía contestarle? Estaba entre la espada y la pared, no podía huir.

– No sé de qué me estás hablando. – intentó eludir la respuesta.

– ¡Por Dios! ¡No mientas más! Te he creído todo lo que me has dicho hasta ahora, pero esta vez sé que hay algo que escondes, ¡y lo escondes desde hace mucho tiempo! ¡Ya es tiempo de que me digas que pasa de una buena vez! - dijo poniéndose de pie y golpeando la cama.

– ¡Es que no se a que te refieres! Y además nosotros terminamos, ¡no tengo porqué darte explicaciones de nada! – dijo Sakuno tratando de mostrar indiferencia, pero estaba al borde de comenzar a temblar.

– Ah… no puedo creer que me contestes con eso… – dijo conteniéndose.

– Es que… no entiendo… ¿Qué es lo que pasa? …no entiendo porqué estas tan enojado…

– Ay Rae… – dijo pasándose la mano por la frente, tratando de tomar aire para poder hablar. – Ayer clamabas, rogabas que te besaran, que te acariciaran… yo jamás te había visto tan cariñosa y deseosa. – hizo una pausa recordando la intensidad del beso que recibió de sus labios. – Hasta sonreías… – rió con ironía.

¿Cómo olvidarlo? Si era una tortura lo que recordaba… le pedía que la besara, que la hiciera suya inclusive, y en ese mismo lugar e instante. Toda inhibición y prohibición estaban lejanas en ese instante. Pero para Rae no era él quien estaba a su lado. Todo el tiempo estuvo nombrándolo. Ryoma. En todo momento aquel nombre salía de sus labios, ese hombre era dueño de sus deseos… y dijo que lo amaba.

Eso lo hizo sentir que no era más que un intruso en la vida de la chica.

– Lucías tan distinta, me dejé llevar por todos esos gestos y palabras tuyas. Te besé y fueron mis manos las que te tocaron… pensé que sabías que era yo pero… – suspiró. – Al final terminaste llamando a otro hombre.

Las palabras de Kaname hacían que Sakuno comenzara a recordar y atar cabos.

– Y seguiste implorando, pidiendo que te hiciera suya. No tenías la más mínima idea que era yo, para ti no existía nadie más en el mundo que no fuera ese tal: Ryoma. Y es que incluso… - hizo una pausa, eso era lo que más le dolía. – Le dijiste que lo amabas, y no fue una, si no miles de veces.

Y fue en ese instante que Sakuno recordó lo que pasó. La ternura, la delicadeza, las caricias… todo era muy confuso y daba vueltas. El calor, esos labios tan conocidos para ella, y esos brazos que la hacían sentir en las nubes… si su memoria no la engañaba… esa persona… era Ryoma.

"Ryoma… Ryoma-kun… te amo… "

Pero cuando entre sus pensamientos miró a Kaname, notó como este lucía a punto de estallar y eso la hizo sentir culpable y avergonzada.

– Estás pensando en él. – dijo molesto y con un gran coraje por dentro.

Pero los recuerdos no paraban de fluir. Sakuno comenzó a sentirse molesta consigo misma, y además con el orgullo muy lastimado. Había sucumbido ante Ryoma y este… se había aprovechado se su estado. ¿Cómo podía haberlo hecho? En verdad no le importó que no tuviera conciencia de lo que hacía?...

– Eh… discúlpame… - dijo de pronto Sakuno.

La chica se sumergió en un lío interno, ya no podía más… Kaname ya sabía de la existencia de Ryoma y ella no podía seguir ocultándolo.

– Hay muchas cosas que no sabes de mi, Kaname… todo lo que yo nunca quise contarte… - la quemazón en su garganta se transformaba en un doloroso nudo. - …yo no he sido sincera contigo. Por eso te pedí que termináramos… es que no te mereces que te trate así.

Ahora Kaname también tenía un nudo en la garganta… y cuando vio caer lágrimas de los ojos de Sakuno se sintió miserable.

– Soy una tonta, una ilusa… siempre lo fui, y parece que lo seguiré siendo con él.

Kaname debía suponer que hablaba de aquel hombre.

– Es cierto que fui otra, como te conté una vez. Estudiaba y tenía muchos amigos. – una sonrisa triste se le formó cuando recordó a Kakeru, Ann, Tomoka y Nao. – No imaginaba que terminaría siendo lo que ahora soy. Tenía ilusiones, fantasías y creía que todo podía ser perfecto. Viví un sueño, un hermoso sueño del que nunca quería despertar. Él me hizo tocar el cielo, me hizo la más feliz del mundo… Ryoma. Él… él fue mi primer novio.

¿Su primer novio?... entonces no se trataba de algún estúpido del bar… si ya se sentía miserable, ahora se sentía el mayor idiota del mundo.

– Pero a él no le importó… jugó conmigo como si fuera una chica más… - apretó las sábanas con ambas manos al tiempo que caían lágrimas de amargura sobre estas. – Muy tarde descubrí que sólo estuvo conmigo por una apuesta… todo fue una farsa… – dijo sintiendo vergüenza.

– ¡El sólo quería dinero! Y no había necesidad… en verdad… no había necesidad… – dijo sollozando. – Nunca lo voy a entender. Fue una tontería, no sé cómo fue capaz de hacerme eso luego de todos los detalles que tuvo conmigo, me enamoró completamente, lo amaba como a nadie… nunca había sentido lo que él me hizo sentir, y todo se lo creí! ¡Me sentía suya por completo y luego! – gritó tratando de contenerse. – ¡Ahora no hago más que caer como una tonta nuevamente! Viene y me dice que me quiere, que lo perdone, me llena de su presencia y yo… tengo miedo de que ese sentimiento vuelva a adueñarse de mí…

Iba a seguir hablando cuando los brazos de Kaname la apresaron fuertemente.

– Es aquel hombre de aquella vez… ¿verdad?

– Eh… – la impresión le imposibilitó contestar.

– Shh… tranquila, lo comprendo. – se mantuvo en silencio por un rato y suspiró. – Perdóname, por favor perdóname. Pero no tienes que sufrir más y yo tampoco dejaré que lo hagas, no permitiré que te hagas daño de esa manera.

En un principio no entendió sus palabras, más luego aflojó el abrazo y se separó para verlo directo a los ojos mientras le acariciaba el rostro.

– Ven conmigo a Londres, vámonos de aquí.

Le pareció un pedido desesperado y no era para menos, el mismo Kaname lucía como tal.

– Allá… allá tengo mi consultorio, las empresas que mi familia me dejó, no te faltaría nada, podrás volver a estudiar, tendrás amigos y si quieres hasta los que tenías en Japón podrán visitarte, te permitiría todo… tu mandarías en la casa. – la tomó de ambas manos. – Allá nadie te conoce, podrás empezar una nueva vida y sobre todo… podrás estar lejos de ese hombre… no tendrás porque sufrir más.

Pero Sakuno no contestó, estaba muy confundida, si esa propuesta hubiera sido antes… probablemente la habría aceptado, cuando Kaname y ella tenían una relación y al menos trataba de llevarse bien con él y dejarse quizás volver a amar.

Pero ahora parecía que tenía impregnado a Ryoma por todo su ser, su mente y corazón.

– El tiempo ayuda a olvidar… si vas a un nuevo ambiente el olvido será mucho menos doloroso.

– Es que… no sé si pueda...

– Inténtalo. – interrumpió a la chica.

Era más el miedo a perderla que todo lo demás. No quería escuchar lo que pudiera decir, tenía mucho miedo.

– O al menos piénsalo, no me digas nada ahora, sólo te pido que lo consideres… por favor.

Con eso terminó apartándose y agarrando las llaves de su auto. Le dirigió una sonrisa, aunque sus ojos estaban vidriosos y con llanto contenido.

– Saldré por un momento, ya sabes que estás en tu casa…

Dejó la habitación dejando a Sakuno sin moverse. Las palabras todavía pasaban por su mente.

"Vámonos a Londres."


Pasó por la cocina y lo vio tomar unos analgésicos, luego se sentaba en una silla pesadamente con la cabeza hacia atrás y suspirando. Así que… el dolor de cabeza aun no se le iba…o debería decir…¿resaca?

Jamás se hubiese imaginado ver lo que vió anoche. Ryoma completamente ebrio por segunda vez, esta peor que la anterior, casi cayéndose. Lo trató de ayudar a acomodarse pero no se dejó y se fue directo a su cuarto, con una sonrisa iluminándole el rostro y a la vez cierta melancolía… no sabría como decirlo, muy extraño sin duda.

– ¿Ryoma? ¿Quieres que te ayude con algo?

Abrió los ojos aun con la cabeza hacia atrás para ver a Yukari arriba viéndolo con preocupación.

– No muchas gracias…ya se me va a pasar…– rió con dificultad ante el látigo de dolor que pasó por su cabeza. Cerró los ojos en cansancio.

– Hmm…será mejor que descanses hoy. – le dijo mientras temerosa acercaba una de sus manos y la ponía sobre la frente de del chico, que abrió los ojos al sentirla. Procuró incorporarse sin que Yukari se diese cuenta que evitaba el roce.

Pero fue inútil, Yukari lo sintió muy bien. Y le dolió un poco en el pecho el rechazo.

– Bueno, al menos déjame consentirte hoy, quiero cuidar que estés mejor, yo te quitaré ese dolor de cabeza.—Sonrió dulcemente tratando de ignorar lo que había pasado.

– Tu amigo… Sato ¿no vendrá a verte hoy?

– ¿Eh? — exclamó sorprendida. – Pues… sí, pero le digo que no puedo y ya está. — se acercó para tomarle las manos con delicadeza y mirarlo con igual sonrisa calida.—Por favor, déjame ocuparme de ti, se que... con Sato te he dejado un poco abandonado pero trataré de compensarte este día.

Ryoma estuvo por rehusarse pero Yukari le puso unos dedos en los labios impidiendo que hablase.

– Por favor. — se le acercó apoyándose un poco más sobre él como cachorrito buscando calor.

Mientras durara el dolor de cabeza era imposible que fuese a alguna parte y sabia que ella... Sakuno, también estaría igual, aunque aun permanecía preocupado por lo que había pasado anoche, se moría por verla de nuevo, ojala ese hombre haya cuidado bien de ella…

Luego de lo que había sucedido le había sido difícil dejarla… aunque sabía que si Sakuno llegara a acordarse de lo que pasó… no sabía como reaccionaría.

Le daba gracia y ternura recordarla, pero cuando se le veía a la mente la intensidad del beso... como le respondió, y por completo... Sintió la misma sensación de fundirse los dos en su propio mundo, le respondía con el mismo deseo, disfrutaron ambos como antes, no tuvo duda…y estaba tan acalorada y linda que le provocaba altas temperaturas recordarlo. Unos minutos más y no sabría de que hubiera sido capaz, si ese hombre no hubiera llegado.

Yukari notó ese cambio en Ryoma, como si estuviera en las nubes. Momentos como esos eran en los que recordaba más a esa chica Sakuno y el hecho de que hubiese abandonado tanto a Ryoma cuando estaba con Sato.

– Bebiste mucho anoche… nunca creí volver a verte así Ryoma…

– Anoche…– dijo como suspirando. — Supongo que nada fuera de lo común. Pero… creo que finalmente. Tengo que dejar de vivir acá.

Yukari abrió los ojos de par en par.

– ¿Qué... dijiste?

No se esperaba tal reacción pero debía hacerlo, sabia que era ahora o nunca, aún con esa carita de arrancar llanto que tenía Yukari en esos momentos…

– Si…verás… – se puso de pie y le acarició los cabellos a la menor. — No quiero hacerte daño Yukari, yo… no está bien que me siga quedando en tu casa cuando…

– ¡No! ¡No lo dirás por...! — iba a decir por culpa de Sakuno pero se contuvo y Ryoma hablo en su lugar.

– Son muchas cosas… No puedo quedarme en tu casa sabiendo lo que sientes por mi, no soy el adecuado para que… Realmente te mereces a alguien que te quiera, aprecio tu amistad, eres una chica muy dulce… – le sonrió cálidamente. – Realmente encontrarás a alguien que te merezca… Yo ya estoy demasiado liado con Sakuno y… tú no tienes nada que envidiar a las demás chicas, a nadie. Solo tienes que ver en aquellos lugares que menos piensas.

– No te despidas por favor, Ryoma... no me dejes sola… – Se lanzó a sus brazos llorando. Escucharlo decir que se iba era más doloroso de lo que jamás se hubiese imaginado. Aunque lejos estaba el pensamiento de que se iría, planeaba y anhelaba aunque sea una lejana posibilidad de que se quedara con ella para siempre…

Rodeo el frágil y lastimado cuerpo de Yukari, sintiéndolo más débil que nunca, quería a ese chica…realmente la quería, su cariño lo había tocado, su dedicación y ganas de hacerse querer pero… nunca podría corresponderle.

– No quiero…no quiero que te vayas Ryoma, no se lo que te haga irte… pero... ¡no voy a dejarte ir! — Se aferró con más fuerza a su pecho.

No podía permitir que Ryoma se fuera de su lado, no podía, no quería estar sola de nuevo.


Unas cuantas horas después, Yukari salió a visitar a Sato, necesitaba hablar con alguien y su amigo era el único que podía escucharla. Repentinamente Yukari había llegado, entre hecha un mar de lagrimas y molesta. Con solo verla sabía que se trataba de problemas…

– Y… y… yo no puedo darme por vencida. ¿Verdad? — decía hipando del llanto, pasando sus manos sobre sus mejillas bañadas en lagrimas. — Cuando dijo que se iba a ir…no… no pude aguantar… no quiero que se vaya, no quiero que me deje...

Lo miró con la carita triste y Sato que hasta entonces permanecía escuchándolo solamente, se puso de pie y se agachó hasta quedar a la altura de Yukari.

– No está bien que trates de retenerlo... tú no eres así…

– ¡Pero esto se está saliendo de mis manos! Tengo que hacer algo… y lo voy a hacer. — dijo secándose las lagrimas con desición.

Sato no percibió nada bueno.

– ¿En qué estás pensando?

– Yo… tengo que ir a hablar con esa tal Sakuno.

– ¿De que hablas?... No puedes hacer eso.

No le gustó para nada. Yukari podía estar dolida, después de todo la persona que quería no le correspondía y podía entender muy bien como se sentía pero…llegar al extremo de involucrar a un tercero…no sabía que planeaba exactamente, pero la ex novia de la que aun seguía enamorado ese chico Ryoma no podría tomar muy bien que fuese a verla y decirle quien sabe que cosas.

– ¿Pero que otra solución tengo? Ahora… ahora el tiempo está en mi contra, ¿dime que puedo hacer? — otra vez lo veía con ojitos llorosos y Sato suspiró angustiado.

– Tu misma me dijiste que aun está enamorado de su ex novia, que hables con ella no hará sino empeorar las cosas…– no se le ocurrió otra cosa que decir, aunque fuera lógica simple. – Ryoma podría enfadarse contigo si le dices algo indebido, sin contar que no debe estar enterada que ustedes dos viven juntos.

Y repentinamente Yukari se quedó extrañamente quieta, dejó de llorar y miró a Sato con curiosidad.

– ¿Qué dijiste?

– ¿Eh? — Sato no entendía porque del repentino cambio.

– Ryoma y yo vivimos juntos, ¡claro! Ella… Sakuno no lo sabe y yo... – Hablaba casi como un monólogo.

Todo a su alrededor parecía haberse desaparecido y Sato se dio cuenta de su garrafal error. Ojala y no fuese lo que estaba pensando.

– Yukari… no hagas nada de lo que te vayas a arrepentir luego. — Le advirtió de manera tranquila y la chica dejó de parecer tan animada para moderar sus ánimos. – Piensa bien que lo que hagas puede determinar muchas cosas y ni tu ni nadie debe de hacerlo…el destino hace sus propias cosas.

Escucharlo hablar así hacia que Yukari se sintiera pequeña, ingenua e inmadura, con cada cosa que decía Sato, con ese tono de voz tan serio y los consejos sabios que le daba…

Y aunque realmente quería hacerle caso, no podía...

Necesitaba a esa chica lejos de Ryoma.


– Por Dios Sakuno ¿donde has estado? ¡Estábamos muy preocupados por ti! ¿Que pasó? ¿Estás bien? ¿No te hicieron nada?

Sakuno se encontraba recostada sobre el largo sillón de la sala de la casa de Haine.

– Estoy bien…

Pero no lucia como tal, todavía tenía los ojos rojos, el semblante pálido y apenas podía mantenerse en pie. Estaba muy cansada y el cuerpo le pasaba.

Verlo así no hizo más que Haine y Kyo temieran lo peor.

– Tiene fiebre. – sintió la mano de Haine sobre su frente.

– Traeré el botiquín, quizás podamos hacer algo. – dijo Kyo.

– No me gusta como luce esto… está muy pálida, será mejor que llamemos a Kaname. – exclamó Haine con preocupación.

– Cierto, es su médico después de todo.

Al escuchar su nombre Sakuno abrió los ojos y como pudo trató de articular palabra.

– N...no, ¡no llamen a Kaname!

– ¿Pero que dices? Si estás ardiendo en fiebre.

No quería verlo tan pronto, estaba muy débil, en su estado podría decirle cualquier cosa, además seguro le pediría una respuesta que aun ni ella misma conocía. Y hubiera seguido alegando de no ser por las pocas fuerzas que tenía para discutir con Haine y pedirle que no lo trajera, y es que ambos ignoraban lo que había sucedido la noche anterior.

– Después de todo ustedes quedaron como amigos, no tiene nada de malo. – dijo la chica.

Pero ignoraba que se la quería llevar, no tenían idea y ahora se sentía obligada a contarles. Lo malo era que en verdad no se sentía nada bien, la cabeza comenzó a martillarle más fuerte y pronto las fuerzas la abandonaron para hacerla caer en un profundo sueño, o más bien, ¿se estaba desmayando? No lo supo, pero ya no pudo escuchar nada más.

.

Cuando volvió a abrir los ojos ya estaba oscuro y sólo una pequeña luz iluminaba la habitación, su habitación para ser específicos. Sentía algo en su frente y cuando dirigió su mano alí para saber lo que era se dio cuenta de que se trataba de una bolsa de agua ya tibia. Se la retiró y se incorporó lentamente hasta quedar sentada y comenzar a preguntarse que es lo que había pasado mientras que estuvo dormida.

Pero en eso la puerta se abrió y por ella entraron Haine, Kyo y Kaname. No pudo sostenerle la mirada, aún no podía verlo a los ojos.

– ¿Estás mejor? ¡Que alegría que ya estés despierta! – exclamó la chica de cabellos rojos sentándose al lado de su amiga.

– Tuviste una fiebre fuertísima, menos mal que Kaname es experto en el asunto y supo bajarla de inmediato. – esta vez habló Kyo.

– Por hoy debes descansar, aunque primero debes dejar que te ausculte.

Al hablarle no pudo evitar devolverle la mirada para darse cuenta que Kaname también lucia extraño, no tenía el mismo porte de siempre, estaba… estaba como deprimido, aunque ahora intentara sonreír.

Entre Haine y Kyo intercambiaron miradas, dándose cuenta que algo pasaba allí. El ambiente estaba muy denso, así que…

– Kyo, acompáñame a preparar algo para que Sakuno coma antes de dormir. Y !no te resistas! – señaló a Sakuno que estaba por decir algo. – Digas lo que digas comerás algo, que estás muy delgada.

Haine no acababa de enterarse de lo que acababa de decir tan normalmente. Y salió de la habitación empujando a Kyo con ella. La puerta se cerró y el silencio se hizo sepulcral, para luego….

– ¿"Sakuno"? — No pudo evitar lucir confundido.— ¿Por qué Haine te llamó así, Rae?

OK. Seguro que con eso ultimo Haine estaba por llevarse el trofeo a la más lengua larga del mundo. Tantas veces llamándola por su nombre últimamente que ya ni sabía frente a quien lo decía. Pero no había caso, ya que había comenzando con las verdades…

– Si… – apretó ligeramente el edredón que la cubría con la cabeza agachada. — Rae no es mi nombre. Me llamo Sakuno, pero nadie me llama así desde que me vine a vivir acá. De hecho sólo Haine y Kyo saben que así me llamo.

Esperó respuesta de Kaname, pero esta no llegaba y sin verlo no sabía como reaccionaba.

– Cuando vine acá decidí cambiar completamente, no quería saber nada más de la Sakuno que dejé atrás, que dejé con él. Odiaba seguir escuchando el nombre que el tantas veces había mencionado para llenarme de palabras bonitas y…

– ¿Él te dió también ese collar?

– ¿Eh? – levantó la cabeza

– El collar que yo te pregunté una vez, y que ahora tienes puesto. – Sakuno se cubrió el dije en forma de corazón como reflejo. – Él te lo dio, ¿verdad?

Por el silencio que hizo la respuesta era afirmativa, sin embargo asintió igual con la cabeza que así era. Y vió de nuevo esa actitud furiosa en Kaname.

– Ese miserable no merece perdón. – dijo en un murmullo. — No debes pensar si quiera en volver a verlo, nadie en su sano juicio podría hacerle daño a alguien como tú de esa manera, ¿cómo se atrevió?

– Pero él no me obligó. — Dijo Sakuno dejando sorprendido a Kaname.

– ¿Cómo dices?

– Que no me obligó... todo lo que él hizo... yo le di mi consentimiento. – dijo algo avergonzada. – Todo, cada beso que me daba...

– ¡No! No… digas más… olvídate de eso. — le desagradaba todas las formas en que pudiese imaginárselo. – De todos modos debió haber sido falso. Tu se lo consentías porque… porque… – tratando de buscar las palabras. – No te quedaba de otra, si su propósito era seducirte es normal que hayas reaccionado. Lo aceptabas porque pensabas que era otro tipo de persona...

No sabía porque pero sentía que las palabras de Kaname pesaban mucho para ella….

– Ahora… – se acercó hacia ella y le acarició la cara. – Debes penar en recuperarte, hacer tu vida como debió haber sido, empezar nuevamente.

"Empezar nuevamente" se dijo mentalmente Sakuno.

– Conmigo no te faltará nada… – le besó el dorso de la mano. – Yo cuidaré de ti para siempre, nadie podrá lastimarte otra vez, lo mío es sincero.

Luego de eso y sin que Sakuno pudiese decir algo le siguió la oscultación. Tal parecía que Kaname prefería el silencio antes que una respuesta apresurada y ahora… la revisaba y de vez en cuando le daba algunos besos en su hombros, y se dejaba pero… sin ningún sentimiento por dentro, nada parecía hacerla reaccionar como la otra noche, cuando sintió su cuerpo arder y fundirse en amor y deseo increíble. Era tan fuerte el sentimiento que luego que se había ido dejaba una sensación de vacío en su pecho…


Un nuevo día llegó y tanto Haine como Kyo habían salido a hacer las compras para la casa. Teniendo en cuenta lo exagerado de Haine para con el cuidado de enfermos y lo generoso que era Kyo cuando de complacer los caprichitos de Haine se trataba, esos dos seguro tenían hasta la media tarde en el super.

Así que, ahora tenía la casa vacía para ella, aun echada en su cama, con el pijama puesto y los almohadones inclinados para sostenerla de la misma forma. Miraba hacia un lado donde tenía la ventana, algunas aves se posaban en el marco y hacían un lindo sonido, el viento soplaba y mecía las cortinas. Todo estaba muy pacifico en comparación con el lío que tenía en la cabeza…

Por un momento puso una mano en su pecho jugando con uno de los botones de su su pijama y cerró los ojos. Recordaba esa noche en el bar, los besos de Ryoma… y luego los abría asustada por estar recordando eso a cada momento. Luego se le venía Kaname a la mente.

"Volver a empezar"

Tomó el dije en forma de corazón de su collar y lo observó. ¿Qué era realmente volver a empezar? Cuanto lo odió, lo maldijo y lloró eternas noches y ahora…¿por qué ya no sentía lo mismo?

Y ahora que sabía que fue lo que pasó por la noche lo entendió… Ryoma la había salvado de esos hombres y luego Kaname se encargó de llevársela, los dos hombres de su vida la habían salvado pero ahora… ¿qué debía hacer?

Era matemática simple, tenía dos opciones.

Estaba Kaname, quien estaba segura la trataría siempre como una princesa, le daría cariño y nunca le faltaría nada. Pero no lo amaba.

Y estaba Ryoma... a él...

– Otra vez estás pensando demasiado Sakuno. – se requintó a ella misma, molesta. Si tanto lo deseaba, ¿por qué no encontraba una solución simple? ¿Por qué no se arriesgaba y trataba de intentar saber que era el tal amor que Ryoma le ofrecía? ¿Uno igual al de antes? ¿Otro de mentiras y engaños? Y sí... ¿y si no era así? ¿Qué hacia ella perdiendo el tiempo pensando si era así o no y no iba y lo comprobaba? Después de todo ahora podía defenderse sola y no dejarse engañar tan fácilmente.

¿Por qué negarse intentar ser feliz?

Quizás buenas cosas podrían llegarle a suceder por primera vez…

Y es que aunque tratara de negárselo, seguía amando a Ryoma como antes. Él era su primer y único amor.

– Mi corazón no deja de latirme fuerte… ¿es esa una señal de que estoy en lo cierto? – se preguntó a si misma como si fuese a darse la respuesta. Tocaba su corazón por fuera como si pudiese hacerlo realmente.

Pero en ese momento el timbre de la puerta interrumpió todo. Por la manera como tocaban no era ni Haine ni Kyo. No había nadie más en la casa, debía levantarse él a abrir, aunque estuviera enferma.

Cuando intentó levantarse sintió un pequeño mareo pero lo adjudicó rápido a la falta de trote y horas de horas echada. Caminó sin zapatos hasta la puerta para abrirla y cuando estuvo abierta pudo ver al frente suyo a una jovencita que por la manera como la miraba parecía que estuviese a punto de gritar algo. Sus manos temblaban visiblemente a los lados de su cuerpo.

– ¿Quién eres? – preguntó sin sacarse de la cabeza que… se parecía un poco a ella.

– ¿Tú… tú eres Sakuno?

Y sabía su nombre. Eso la intrigaba más.

– Sí, soy yo.

– Por favor. — se agachó de repente en reverencia dejando más sorprendida a Sakuno. – ¡Deja a Ryoma libre por favor!


TBC.